Capítulo 6:

Hogwarts

El Fénix no podía estar demasiado tiempo en un solo sitio, así que habían decidido marcharse esa misma noche, en cuanto hubieron conseguido todas las provisiones que necesitaban.

La despedida con Molly estaba siendo triste. La mujer le abrazó cariñosamente mientras sollozaba en su hombro. Draco le acarició suavemente la espalda intentando confortarla. Nunca se le había dado bien consolar a la gente.

—Tienes aquí tu casa, Draco. Si alguna vez tienes algún problema o quieres venir a visitarnos, las puertas estarán abiertas para ti.

—Gracias.

Se apartó de ella para que Ginny pudiese abrazar a su madre. Ambas empezaron a llorar. Desvío la mirada para darles algo de privacidad.

—¿Seguro que no necesitas un herrero en tu barco? —le preguntó Charlie a Potter, aunque estaba mirando a Draco.

—Tu madre te necesita más de lo que te necesita el Fénix.

El pelirrojo no pareció decepcionado por esa respuesta, como si ya se la esperase.

—Supongo que esto es un adiós —le dijo sonriendo amistosamente.

Hizo ademán de tenderle una mano a modo de despedida, cuando Charlie le apretó en un abrazo que le hizo tensar todo el cuerpo. Miró sobre el hombro de Weasley para observar al capitán pelando una manzana con el ceño fruncido.

—Ya puedes subir al barco, Draco —dijo Potter con voz tranquila. Parecía una amable sugerencia, aunque sonaba como un orden.

Por una vez en su vida, tuvo ganas de obedecer.

—Adiós —contestó, separándose del otro

Tenía la sensación de que la aparente serenidad del moreno era como la calma antes de la tormenta. Se dio la vuelta en cuanto llegó a cubierta, movido por la curiosidad de ver qué pasaba. El capitán continuaba con su aire sosegado mientras cortaba la manzana en rodajas, pero Charlie tenía el rostro pálido y parecía amedrentado, como si estuvieran amenazándolo. Draco sonrió sin darse cuenta.

Caminó hacia su camarote con aire cansado. La noche de insomnio le estaba empezando a pasar factura y la despedida con Molly le había dejado sin ganas de nada. No veía la hora en la que pudiera tumbarse y echarse a dormir. El agotamiento se esfumó en cuanto vio lo que había encima de su cama. Abrió la boca sin podérselo creer, acercándose a toda prisa para ver qué realmente era lo que creía.

Era un preciosa camisa de seda gris, suave, fresca y brillante. Se llevó la tela hacia su mejilla para admirar su tacto. Le encantaba hacer eso cada vez que iba a dormir en su antigua casa. Se preguntó si había sido Potter quien había dejado la prenda allí, y su respuesta fue afirmativa cuando vio que aparte de la camisa también había un sable*. Un sentimiento cálido barrió el cuerpo de Draco mientras admiraba el arma, desenfundándola para apreciar su hoja larga y afilada. Sonrió al ver que en la empuñadura había un dragón forjado en oro.

—Vaya, parece que ya no soy la favorita del capitán.

Casi soltó el sable del susto. Se giró para mirar a Ginny, quien le sonreía divertida aunque sus ojos estaban rojos e hinchados de llorar.

—No te creas —contestó, restándole importancia—, si me ha dado esto es porque le grité que estaba herido porque no me podía defender.

—¿Y la camisa también es para defenderte?

Draco se removió incómodo, mirando a la chica sentarse en su propia cama. Buscó algo en ella que le indicase que estaba molesta o celosa, pero no encontró nada. Simplemente parecía igual de cansada que él. Se maldijo interiormente por sus pensamientos. Si Ginny y Potter habían tenido una relación no era de su incumbencia, y sobretodo no era lo más importante en ese momento.

—¿Estás bien? —le preguntó, acercándose a ella.

Ginny le había consolado cuando se había venido abajo, y no era justo que él estuviese con sus disputas mentales cuando la pelirroja estaba pasándolo mal.

—Sí, siempre es difícil dejar a mamá atrás, pero mañana ya estaré bien —Draco la abrazó cariñosamente, sintiéndose culpable por la actitud infantil que había tenido las últimas horas—. ¿Cómo era tu familia?

Se recostó en el camastro de la chica, abrazándola por los hombros mientras fijaba su vista en el techo.

—Mi padre era muy estricto, quería que estuviera listo para cualquier situación. Supongo que tenía que me pasase algo. Mi madre era elegante y cariñosa —carraspeó cuando sintió que su voz temblaba—. También tenía a Severus, mi padrino, él me ha enseñado todo lo que sé.

Se dio cuenta de que en algún momento Ginny se había quedado dormida. Decidió descansarle él también, mientras cobijaba a la chica durante todo su sueño.

La mañana siguiente fue mucho más amena que la noche. Ginny ya había recuperado su humor, la tripulación parecía contenta de poder navegar libremente otra vez y Draco se encontraba exultante con su nueva arma y su camisa de seda. También estaba el hecho de que Blaise le había dicho que no necesitaba que hiciese ninguna tarea y que podía irse a disfrutar del paisaje. Y eso es lo que estaba haciendo: admirar el paisaje que era ver a Potter, Ron, los gemelos, Oliver y Blaise colocando la vela en el palo mayor*.

—Me siento raro por estar aquí.

—¿Por qué?

Neville se encogió de hombros, mientras Draco dividía su atención en la pieza de madera que estaba tallando y los hombres frente a él. Ambos estaban sentados en el suelo de la cubierta, con el sol a su espalda.

—Me ha acostumbrado a estar en la cocina.

—Pero no estás ahí recluido, puedes salir y socializar un poco —replicó—. Mira ahí está Theo.

El chico miró hacia la dirección donde señalaba y se sonrojó violentamente. Draco río en voz baja, terminando de tallar la ardilla en la madera. Se había dado cuenta de que amigo se alteraba cuando Theo pisaba la cocina y no perdía oportunidad en molestarle cada vez que podía.

—Eres bueno en eso —alabó Neville—. Deberías pedirle a Blaise permiso para reconstruir el mascarón.

—No creo que pueda.

La figura del fénix en la parte delantera del navío había sido dañada en su choque contra el corsario de Fudge. Draco era decente en ello, pero no tenía la destreza suficiente como para restaurar una figura tan grande e importante. El Fénix era la imagen del barco.

—¡Tirad!

Sus ojos y toda su atención se enfocaron en el panorama frente a él. Potter y los demás hombres tiraban de las cuerdas de la vela, mientras los gemelos la fijaban desde arriba del mástil. Draco contempló cómo los músculos del capitán se tensaban bajo su camisa, como su ceño se fruncía y apretaba la mandíbula. Su cabello se revolvió con un golpe de aire a la vez que el pulso del rubio se aceleraba.

—Y luego tienes el valor de reírte de mi —se quejó Neville.

—No sé de qué me estás hablando —replicó—. Toma, te la regalo.

Le tendió la ardilla de madera, y al parecer eso fue suficiente para olvidar el tema del que hablaban porque Neville sonrió contento y agradecido.

—¡Yo también quiero una!

Miró a Colín, quien le observaba con unos ojos grandes y esperanzados.

—Consigue un trozo de madera y veré qué puedo hacer.

El chico salió corriendo, provocando que Draco negase con la cabeza mientras rodaba los ojos.

—Qué ganas tengo de llegar a Hogwarts

—¿A dónde?

—A Hogwarts —repitió Neville.

—¿Y qué demonios es eso?

—Ya lo verás.

Estuvo a punto de interrogar a su amigo, cuando la voz de Potter volvió a escucharse.

—¡Tirad!

Entonces su atención se desvío completamente, dejando atrás el tema.


Hogwarts no fue nada de lo que supuso. Había esperado un pueblo, un valle o algo parecido, pero lo que tenía delante iba más allá del alcance de su imaginación.

Estaban en medio del mar, y allí mismo emergían unos enormes pilares de hierro sostenían varias plataformas las cuales servían de sustento para las casas de maderas que estaban construidas a varios metros sobre el agua. Draco contó que debían haber al menos entre doce y quince casas, todas conectadas unas a otras a través de redes de pesca a forma de puentes.

Las personas pasaban de una plataforma a otra, mandando diversas escaleras de cuerdas hacia el barco. La tripulación del Fénix se puso a trabajar a toda prisa, echando el ancla y cargando lastre para que él el navío estuviese estabilizado. Draco miraba todo con asombro, hasta que vio a toda la gente a su alrededor subiendo hacia las plataformas. Se acercó cauteloso, aún anonadado por lo que veía.

—Vamos, pequeño dragón —le instó George.

Trepó por la escalera hasta llegar a arriba. Una vez allí se encontró con una chica que le sonrió felizmente. Tenía el cabello castaño y alborotado y una mirada inteligente.

—Hola, soy Hermione.

—Draco —contestó, estrechando su mano.

—Bienvenido a Hogwarts.

—¿Y qué es Hogwarts exactamente?

—Es mucha cosas —dijo ella—. Es una población, es un lugar secreto, es la libertad para muchos, la tranquilidad para otros.

—Genial.

—Vivimos en comunidad, todo lo que ves aquí son casas compartidas, excepto esas dos de allí, que una es la cocina y la otra el área de sanación —continuó la chica, señalando dos casas frente a él.

Se fijó en que la gente caminaba a través de las redes de pesca como si fuese tierra firme. Había algunos incluso que iban de plataforma a plataforma colgados de una cuerda, como hacían los gemelos entre sus velas.

—¿Cómo ha ido todo por aquí? —escuchó que preguntaba Potter.

Sabía que no iba dirigido hacia él, así que se dedicó a observar todo a su alrededor.

—Muy bien. Llegáis justo a tiempo porque nos estábamos quedando sin reservas de agua dulce. Hola, Ron.

Draco giró su rostro cuando la voz de la chica cambió de sonar eficiente y locuaz a un tono más dulce. Vio al pelirrojo sonreír, pero no pudo contestar porque Blaise se le adelantó.

—Granger —espetó el moreno con bastante hostilidad.

—Zabini —respondió ella con la misma actitud.

Ron, por su parte, decidió que era buen momento para continuar con su camino hacia una de las plataformas.

—Qué agradable todo —murmuró Draco.

Potter le regaló una mirada divertida.

—¿Por qué no vas a enfermería a que revisen tus costillas?

Asintió, mirando hacia el lugar donde Hermione le había dicho que estaba la enfermería. Era una tarima delante de él, a unos cuentos metros. Iba a tener que atravesar un par de puentes. Se encaminó hacia el primero, tragando saliva cuando vio el océano debajo de él. La red de pesca se hundió bajo su peso cuando dio el primer paso. Su corazón se aceleró y el miedo se adueñó de él. Un chico al otro lado caminó hacia su dirección, atravesando el puente con un equilibrio magistral. Las cuerdas se tambalearon, y Draco decidió entonces que eso no era lo suficiente estable para que el pudiese cruzar.

Un carraspeo a su lado le hizo saltar en su sitio.

—Me parece que necesitas ayuda, bonito —dijo Fred con una sonrisa encantadora.

—¿Y quién mejor para ello que nosotros? —continuó George, de pie en su otro lado.

—Somos expertos en equilibrio.

—Reyes en el aire.

—Maestros de las cuerdas —comentó Fred con voz sugerente—. En todo su amplio sentido.

—Somos los dueños en el cielo.

—Los líderes del...

—Sí, vale —cortó el rubio—, ya lo he captado. ¿Me ayudáis a cruzar o no?

Ambos sonrieron cómplices antes de tenderle un brazo. Draco se sujetó a ellos fuertemente, temblando interiormente cuando la red oscilaba. La sangre se le congelaba solo de pensar en la cantidad de metros y metros de profundidad que debía haber bajo sus pies.

—No mires hacia abajo —dijo uno de los gemelos.

—Concéntrate en el punto a donde quieres llegar.

—Tienes que ser consciente de tu cuerpo.

—Y de donde pisas.

—Has de estar seguro de ti mismo.

—Cerrad la boca —gruñó.

—Enfoca tu cuerpo como si fuera parte de la red.

Draco alabó al cielo cuando llegaron a la plataforma. Estaba a punto de renunciar a ir a la enfermería, cuando los gemelos le agarraron cada uno de un brazo y le arrastraron al próximo puente.

—No, no, no...

—Vamos, si no lo intentas nunca aprenderás.

—Pero...

—Vamos.

Gimió desesperado, pisando con cuidado las cuerdas. Esta vez no fue tan difícil, y llegó al otro extremo sin que él ataque de pánico lo dominase por completo, lo cual ya era una mejora.

Fred y George no se detuvieron allí, y lo hicieron recorrer por todas las redes del lugar, una y otra vez, hasta que Draco tuvo el valor suficiente para caminar por sí solo. No se le estaba dando tan mal, tenía bastante equilibrio, y si se concentraba, podía cruzar antes de mi si quiera pensar en qué ocurriría si cayese al agua

—Ahora salta.

Se detuvo a medio camino, solo para mirar a ambos pelirrojos. No sabía cuál de los dos había hablado, pero ambos parecían igual de dementes.

—¿Que haga qué?

—Salta hacia ese puente de allí. Atajarás camino.

—¿Has perdido definitivamente la cabeza?

—Pero si está ahí al lado.

El rubio miró hacia donde señalaba. El puente de al lado estaba a más o menos un par de metros de él. No era mucho, Draco sabía que era capaz de saltarlo. Aunque también podía ir hasta allí caminando, como la gente normal.

Entrecerró los ojos, se aseguró de apoyar bien sus pies, y saltó.

—¡Draco!

El grito de Neville lo asustó. Sus piernas flaquearon y perdió impulso. Por un momento creyó que no llegaría, pero la mitad superior de su cuerpo aterrizó contra las cuerdas. Se aferró a ellas, notando como su cuerpo se iba deslizando hacia el abismo.

—No te muevas...—chilló George.

—Ahora vamos —completó Fred.

—¡Como si pudiera ir a algún lado, idiotas!

Los gemelos estuvieron a su lado en un segundo. Lo agarrón por los brazos, subiéndole hasta quedar a salvo. Draco podía sentir como su corazón quería salirse de su pecho y abofetearle por haber sido tan imprudente.

—¿Estás bien? —preguntó Neville, con la culpabilidad escrita en su cara.

El rubio lo miró, antes de estallar en carcajadas.

—Llevo toda mi vida intentando que nadie me mate, y voy yo y casi me suicido accidentalmente —ríó.

Neville le miró sin entender, mientras que los gemelos se unieron sus carcajadas.

El día fue mucho más ligero para él después de eso. Su pavor a cruzar se había ido casi por completo, siempre y cuando no mirase la profundidad del mar. Se había atrevido incluso a saltar de puente a puente un par de veces, captando la mirada reprobatoria de Blaise, al cual sonreír angelicalmente siempre que le pillaba.

A pesar de que Hogwarts era un lugar seguro, tampoco podían quedarse allí indefinidamente. Las personas que vivían ahí dependía de los suministros que recibían del Fénix, así que cuanto antes zarpasen, antes podrían abordar un barco, hacer intercambios en los comercios y antes podrían volver.

Así que esa noche se quedaron anclados, la tripulación durmiendo en el barco, porque no había suficiente espacio para todos en las plataformas y partirían al amanecer.

Draco había dormido bien y no había hecho mucho durante el día aparte de pasearse de un lado al otro, así que se encontró sin sueño cuando cayó la noche. Se apoyó en el barandal mirando la luna llena que brillaba en el cielo, el silencio que reinaba y el movimiento rítmico de las olas.

—Me preguntó que estará pensando esa cabeza tuya.

No se sorprendió por la presencia de Potter a lado. No había sido extremadamente ruidoso al andar —suponía que iba descalzo—, pero sí había hecho el ruido suficiente para que supiera que se acercaba a él.

—En realidad sólo estaba admirando el paisaje.

—¿Como esta mañana?

Abrió la boca, pero las palabras murieron en su mente. Sintió que sus mejillas se sonrojaban y se alegró de que la noche, a pesar de que estaba bastante iluminada por la luna, fuese lo suficientemente oscura como para ocultar su tubos.

—Solo estaba haciendo lo que Blaise me había ordenado.

Harry rió, baja y profundamente. El sonido fue directo al pecho de Draco.

—Qué voy a hacer contigo —se giró para mirarle. A pesar de la oscuridad, pudo distinguir perfectamente sus ojos verdes que lo miraban con intensidad—. Ven, quiero enseñarte algo.

—¿El qué? —preguntó, sólo porque se sentía demasiado nervioso de repente.

—Algo.

—Pero...

—De verdad, a veces no entiendo cómo te aguantas.

El comentario ligero y sardónico de Potter le hizo rodar los ojos, pero luego una sonrisa se instaló en su rostro.

—Era difícil al principio, pero luego te conocí y me dije a mí mismo que siempre habría alguien peor que yo.

—Qué bonito —contestó el otro, irónico—. ¿Vienes?

Asintió con un suspiro interno. Se encaminaron hacia la parte contraria del navío, subieron los escalones que daban al castillo de proa* y se acercaron al pasamanos. Frunció el ceño al ver que el paisaje, obviamente, era el mismo.

—¿Qué...?

—Espera —interrumpió Potter.

Se quedó callado, jugueteando con sus manos y clavando las uñas en las vetas de madera. Estuvo a punto de volver a internar preguntar qué hacían allí, cuando sus ojos captaron movimiento en el mar.

—¿Son ballenas? —preguntó.

—Orcas —Draco contempló maravillado a los animales y cómo la luna se reflejaba en el agua que salpicaban cuando salían a la superficie y volvían a hundirse—. Siempre pasan por aquí por esta época del año.

—Es genial.

Hubo un silencio cómodo entre ellos. El rubio apoyo sus antebrazos en el barandal, sonriendo y disfrutando de la imagen que le brindaba la naturaleza. Su expresión soñadora se mantuvo en su rostro incluso después de que las orcas desapareciesen.

Observó de reojo al capitán, sintiendo su pesada mirada sobre él. Cuando se giró para encararle, reparó en que Harry no tenía la vista fija en su cara, sino en su antebrazo. Se removió incómodo, bajando las mangas de su camisa para cubrir su piel expuesta.

—No es lo que piensas.

—¿Qué es lo que pienso?

Agachó la mirada hacia sus brazos, frunciendo el ceño.

—Que me herí a mí mismo a propósito —dijo.

Apretó su mano contra su piel. Casi podía sentir el relieve de la cicatriz bajo su ropa, aunque sabía que era imposible. Era fina, alargada y blanquecina, así que se sorprendió de que Potter hubiera sido capaz de verla.

—¿Y no fue eso?

—Me obligaron —contestó en voz baja—. Dos hombre me retuvieron, y me forzaron a cortarme. Creían que así mi sangre se haría de oro o algo así.

—¿Qué edad tenías?

—Ocho años.

Hubo un corto silencio.

—Debió ser duro.

Sonrió agridulce.

—Lo fue —afirmó. Calló durante unos segundos, antes de llevar su mano hacia la camisa de su cuello, y tirar de ella hacia su hombro izquierdo—. Intentaron quemarme vivió cuando tenía cuatro años —explicó, mostrando una cicatriz arrugada y pálida en un hombro—. Es el primer recuerdo que tengo. También tengo otra cicatriz en el estómago de cuando me apuñalaron a los doce. Después de eso nos fuimos a vivir a las afueras.

Esperó algún comentario. Incluso una exhalación sorprendida, pero nada de eso llegó. Levantó la mirada, solo para encontrarse el rostro pensativo de Harry. No lo contemplaba con lástima, con sorpresa o pena. Simplemente reflexionaba sus palabras. Draco lo agradeció, porque nunca le había gustado sentirse como una víctima. No necesitaba la compasión de nadie.

—Yo tengo una parecida —comentó Potter después de un tiempo. Se remangó la camisa de su brazo derecho hasta el codo, y le dejó ver una cicatriz irregular en el exterior de su antebrazo. No era tan larga como la suya, pero era mucho más gruesa y parecía más dolorosa—. Me la hizo mi tío cuando me enseñó a nadar. Era pescador, así que se le ocurrió que era buena idea clavarme un arpón para sacarme a flote cada vez que me hundía. Solo hizo falta que me sacase una vez para aprender la lección.

—Eso es horrible —opinó sin poder aguantarse.

El moreno sonrió levemente, encogiéndose de hombros como si eso no tuviera importancia alguna.

—La parte buena es que ahora soy un excelente nadador.

Miró hacia el mar, admirando el suave oleaje que había.

—Yo no sé nadar —admitió. Esa era el motivo principal de su recelo al cruzar los puentes de Hogwarts. Si caía al agua estaba perdido.

—Es una desventaja bastante grande estando dentro de un barco.

—Sí.

—Pero no tienes de que preocuparte —comentó el otro, con un tono travieso en su voz—, solo intenta estar cerca de mí y no te pasará nada.

Puso los ojos en blanco.

—Imbécil egocéntrico.

Harry río de forma fresca y desenfadada. Su corazón latió acelerado mientras contemplaba la forma en la que el rostro del moreno se iluminaba. Parecía mucho más joven de repente. Su respiración se estancó en su garganta durante un segundo.

Se preguntó si su estómago iba a oscilar de esa manera siempre que le viera reír.


*Palo Mayor: En los barcos de vela de tres palos, el palo mayor es el que ocupa la posición central

*Castillo de proa: es la parte de la superestructura de un barco que se eleva sobre la cubierta principal en el extremo de proa.


¡Ya estoooooy aquí!

Un poco tarde, porque he estado todo el día fuera, pero he llegado jaja

Creo que ya he dicho que me encanta Harry, pero si hay algo que me guste casi tanto como él es poner a Ron de rompecorazones. Me parece tan entretenido. Pero la duda es: ¿Hermione o Blaise?

Y para Draco: ¿Harry o Charlie?

Y para Harry: ¿Draco o Ginny?

Y para Neville: ¿Theo o, no sé, Dean?

¿Y para Ginny?

¡Nos leemos la semana que viene!