Capítulo 7:

Ravenclaw

Llevaban tres días en Hogwarts y Draco no podía quejarse. Era un lugar agradable y sereno, a veces demasiado tranquilo para su gusto, pero agradecía un poco de calma. Había conocido a la gemelas Patil, quienes se encargaban del área de sanación y, para su fortuna, le habían quitado la venda de las costillas. También le habían presentado a Lavender Brown, una chica habladora y sonriente que le había contado con demasiado detalle la vez que había encontrado a Seamus y Dean acostados en la misma cama, que Cedric y Cho tenían una relación en secreto —ni si quiera sabía quienes eran esos dos—, o que era inútil que Blaise y Hermione compitiesen por la atención de Ron porque era ella quien le gustaba al pelirrojo. Draco había procurado no volver a toparse mucho con Lavender. No sabía relacionarse con las personas demasiado alegres y mucho menos cuando éstas eran tan indiscretas.

Su segundo día allí había pasado lentamente. Ginny le había intentado enseñar a disparar con arco, pero la puntería a larga distancia no era lo suyo, así que había convencido a los gemelos para que le enseñasen bien la técnica que utilizaban para pasar de un lado a otro colgándose de las cuerdas.

—El capitán se enfadará —objetó Fred.

—Y nos matará. No sin torturarnos antes —continuó George.

Hubo un momento de silencio en el que se miraron el uno al otro, antes de sonreírle a Draco.

—Lo haremos —sentenciaron al unísono.

No había sido fácil al principio. Tenía que acostumbrar a su cuerpo a mantener el equilibro, a aterrizar correctamente y sobretodo a no caerse. Se había dado un par de golpes fuertes contra uno de los mástiles del barco, se había enredado innumerables veces con la cuerda y la piel de sus manos estaba magullada por agarrarse con demasiada fuerza. No se había atrevido a saltar de un lado a otro en Hogwarts porque una cosa era aterrizar sobre la cubierta del barco, y otra era caerse directamente al mar. Aún así, Draco no había desistido. La sensación de ligereza y libertad que le daba balancearse en el aire, la adrenalina que sentía justo antes de impulsarse y el orgullo que le inundaba cuando lograba posarse correctamente eran incomparables.

En ese momento había decidido practicar su equilibrio sobre la baranda de madera del Fénix aprovechando el poco oleaje que había ese día. Sonrió cuando llegó hasta el final de proa y se dirigió a popa con los brazos en alto, nivelando su peso sobre sus pies y manteniendo su cuerpo lo más recto posible. Los nervios se le acumulaban en el estómago cuando miraba a su izquierda y veía el agua pero intentaba mantener la concentración y seguir avanzando hacia adelante.

—¡Vamos, Draco! Lo estás haciendo genial.

Sonrió al escuchar a Colín, y si no fuera porque debía mantener los ojos en sus pies, los habría puesto en blanco.

—Sí, porque sería una pena que cayeras.

Se detuvo en seco. Su cuerpo se mantuvo completamente inmóvil. Si no fuera por la situación, los gemelos le habrían felicitado por lograr tal equilibrio. Giró la cabeza para mirar a Smith, que estaba de pie no muy lejos de él, observándole con una sonrisa maliciosa.

Respiró hondo antes de hablar.

—Estoy de tan buen humor, que creo que te voy a ignorar.

—Claro. Alguien tan extraordinario como tú no debe tenerme en cuenta.

—No soy extraordinario —contestó, continuando su marcha con la mitad de la atención en sus pies y la otra mitad en Smith—. Fascinante, tal vez.

Hubo una amarga carcajada por parte del otro.

—Fascinante y consentido por el capitán. Parece que lo tienes todo.

Entrecerró los ojos y apretó los dientes. Desaceleró su paso hasta estar a la altura de Smith y bajo a cubierta con un ágil salto.

—¿Qué se supone que quieres decir con eso?

—Que tienes suerte de estar bajo la protección de alguien como Potter. Si no fuera por eso...

Había tenido suficiente. Desde que había pisado ese barco, había tolerado las miradas mortíferas que siempre le enviaba Smith e incluso había evitado contestar a algunas burlas que le había lanzado con la esperanza de que tarde o temprano se cansase, pero en ese momento se dio cuenta de que eso no iba a pasar. Zacharias parecía tener una obsesiva fijación por él y eso nunca iba a extinguirse. Y Draco había perdido la paciencia.

—No te sientas cohibido por Potter porque no necesito que nadie me proteja; eso ya lo sé hacer por mí mismo. Soy una persona a la que le gusta discutir las cosas, así que puedes decirme exactamente cuál es tu maldito problema conmigo y así terminamos con esto.

Smith sonrió con soberbia, acercándose más a él.

—La cuestión es que tú eres un problema. La gente como tú solo existe para beneficiar a la persona indicada, y ese voy a ser yo.

Vio con claridad cómo el otro cerraba la mano en un puño y balanceaba su brazo hacia atrás. Se apartó en el momento justo para que el golpe no impactase contra su rostro. Se dio la vuelta, le pegó un codazo en la nariz, le agarró con una mano la parte de atrás de la camisa y con la otra tirar de su cabello e impactó su cara con la barandilla del barco. Hubo un crujido y un gemido lastimoso. Draco vio como la sangre del rubio caía por su camisa mientras se quejaba en el suelo. Una emoción satisfactoria recorrió su cuerpo. Si hubiera sabido que se iba a sentir tan bien hacer eso, lo hubiera hecho mucho antes.

—Espero no volver a tener esta conversación contigo.

Se dio la vuelta encontrándose de frente con Blaise, que le miraba entre suspicaz y jocoso. Parecía un poco asombrado también. Estaba a punto de decirle algo cuando vio de reojo como el capitán también se acercaba a ellos. Su expresión era mucho menos divertida que la de Zabini.

Respiró durante unos segundos para intentar serenarse antes de tener que enfrentarse a Potter.

—¿Se puede saber qué ha pasado?

Echó un rápido vistazo a Smith, quién se había erguido para sentarse en el suelo y parecía maldecir al aire. Luego se encogió de hombros.

—Tropezó —parecía más una pregunta que una afirmación.

Harry entornó los ojos incrédulo y su ceja arqueada era un signo claro de su escepticismo.

—¿Y cayó contra tu puño? —replicó con sarna.

—Cayó contra el candelero —intervino Blaise—. Y capitán, si puedo dar mi opinión, diría que alguien tan torpe no debería estar en el Fénix.

—¡No es verdad! —Smith se levantó, escupió en el suelo la sangre que había tragado, se limpió la cara con la manga de su camisa y le señaló acusador—. Ese maldito...

—Cuidado con lo que vas a decir de mi.

—¿Me estás amenazando?

—Zacharias —Harry cortó la replica que Draco tenía en la punta de la lengua—, creo que debemos tener una conversación.

—Pero...

—A menos que quieras que te eche ahora mismo —amenazó—. Y déjame decirte que el agua está helada.

Smith parecía a punto de estallar pero al final terminó por apretar los dientes y mirar al capitán con rencor.

—Como quieras —espetó antes de irse.

—Necesito que vengas conmigo —le pidió a Blaise para luego mirar a Draco—. Y tú, a ver si puedes estar más de un día sin meterte en un problema.

Abrió la boca, indignado.

—Si yo no he hecho nada.

Blaise soltó una carcajada. Potter rodó los ojos como única respuesta antes de darse la vuelta.

Soltó un suspiro mientras se apoyaba en el barandal, sin ánimo de continuar probando su equilibrio. Se quedó allí unos minutos, notando que su pulso acelerado por la adrenalina se iba ralentizando.

—Tenéis quince minutos para despediros —ordenó el capitán en voz alta cuando volvió a cubierta—. Después levad el ancla e izad las velas. Nos vamos rumbo a Ravenclaw.

Draco se encaminó hacia Hogwarts como estaba haciendo todo el mundo. No tenía nadie en concreto del que despedirse porque no había convivido demasiado con ellos, pero le parecía irrespetuoso no hacerlo. Por eso se sorprendió cuando Lavender le arrolló en un abrazo apretado.

—¡Es una pena que tengas que irte! —lloriqueó en un hombro.

—Sí.

Su cuerpo estaba tenso y se sentía incómodo pero no quería ser brusco y apartarla de golpe. Alzó una mano para palmear la espalda de la chica a modo de consuelo mientras le enviaba una mirada de auxilio a Ginny cuando pasó por su lado. La chica se limitó a observar la escena y sonreír.

—¡Oh, Ro-Ro! —Draco se sobresaltó ante el chillido.

Lavender salió disparada hacia el pelirrojo dispuesta a arrojarse a sus brazos, pero el chico la detuvo por los hombros antes de que eso pasase.

—Te he dicho que no me llames así.

Hizo amago de soltar una carcajada, provocando que Ronald le fulminase con la mirada, así que terminó por fingir que estaba tosiendo.

—Pero... Ro-Ro...

—Tengo que irme. Ya nos veremos.

—¡Te estaré esperando! Te quiero Ro-... Ron —corrigió Lavender.

El aludido se dio la vuelta para volver al barco mientras Lavender le miraba con expresión anhelante. Draco se sintió mal por la chica.

—Hasta pronto —se despidió el rubio.

—Oh, Ro-Ro —se burló Ginny cuando bajaron hasta el Fénix.

—Cállate —espetó su hermano.

—Ro-Ro, te voy a echar tanto de menos —continuó.

Draco se mordió el labio inferior para no reírse. En esos momento, adoraba tener una amiga como Ginny para alegrarle el día.

—Es un bonito nombre para un gato —dijo. La pelirroja no disimuló nada su carcajada.

—Ro-Ro, ven aquí bonito —llamó ella, como si estuviera hablando con un animal.

Ron se dio la vuelta hacia ellos con el rostro colorado —no sabía si de ira o de vergüenza—, sus ojos azules y peligrosos entrecerrados y les señaló amenazante.

—Seguid así y os mataré.

Ambos guardaron silencio inmediatamente, aunque Draco aún estaba aguantándose la risa.

—Claro que sí, Ro-Ro —contestó Ginny cuando Ron se había alejado lo suficiente.

Volvieron a estallar a carcajadas.

—0—

El viaje hasta Ravenclaw fue largo y tedioso. Al tercer día Draco se arrepintió de haber abandonado Hogwarts. No había visto nada más que océano en los diez días que habían estado navegando, el cielo había estado cubierto de nubes la mitad del tiempo y habían atravesado algunas rutas con oleaje brusco. Habían tenido que destilar agua del mar para poderla beber, y hacía dos días de la última comida en condiciones que había ingerido. Por ello casi saltó de alegría cuando Ernie anunció tierra a la vista. Y fue también por eso mismo que su alma se hundió cuando Potter le dijo que no iba a poder salir del barco.

—Pero se supone que Ravenclaw es seguro.

—Mataron a su princesa en medio del festival de invierno —contestó el capitán. Draco se preguntó cómo sabía con exactitud eso—, ¿qué crees que harían contigo?

Quiso replicar algo, pero sabía que tenía razón. Había rodeado Ravenclaw cuando se había dirigido hacia Gryffindor, pero no se había adentrado en el pueblo y aunque se suponía que era un lugar seguro, no podía estar convencido del todo. Al fin y al cabo, la gente solía decir muchas cosas y la mayoría no eran ciertas.

—Bien.

Harry llevo una mano hacia su brazo y lo apretó tentativamente.

—Lo siento —le dedicó una sonrisa comprensiva—, sé que es duro estar encerrado tantos días y quieres salir de aquí como todos pero prefiero no arriesgarme.

—Lo sé —contestó Draco en voz baja—, no pasa nada.

—Cúbrete si vas a salir a cubierta, por favor.

Asintió y soltó un suspiro cuando Potter se dio la vuelta para marchase. Se apoyó en la pared del pasillo con el ánimo por los pies, observando cómo todo los demás salían de sus camarotes para bajar a tierra. Decidió sentarse en el suelo ahí mismo con un nuevo trozo de madera listo para tallar. Se sorprendió cuando levantó la vista y vio a Smith siendo arrastrado por Ron hacia arriba. No había visto al rubio desde su discusión semanas atrás y por lo que había escuchado de Theo, parecía que Potter le había invitado a abandonar el barco en cuanto atracasen en tierra.

—Buen viaje —le deseó con una falsa sonrisa.

—Nos veremos pronto, Draco —prometió el otro. Su rostro aún estaba amoratado.

Su cuerpo se sacudió mientras le veía perderse por las escaleras hacia cubierta. No podía estar más aliviado de saber que no iba a tener que volver a verle nunca más.

Estuvo ahí sentado hasta que el barco se quedó vacío y en silencio. El único sonido que escuchaba era el murmullo de la gente que estaba en el poblado. Se levantó cuando se dio cuenta de que había pasado demasiado tiempo ahí sentado porque el ruido había ido disminuyendo poco a poco, guardó su trozo de madera y se dirigió a su camarote. Rebuscó en su baúl la capa con capucha que había utilizado al huir hacia Gryffindor. Su cabello había crecido hasta casi llegar a sus hombros, así que corto un cordel y lo utilizó para sujetar su cabello en una coleta baja, para después colocarse la capa. Hacía tanto tiempo que no la utilizaba que por un momento se sintió extraño, lo cual fue sorprendente bueno. Significaba que no había sentido la necesidad de ocultarse desde que había llegado al Fénix.

Subió hasta cubierta para observar cómo el cielo ya estaba oscurecido, el viento soplaba frío y todo parecía en una absoluta calma. Se apoyó en el palo mayor mientras apreciaba el paisaje. Ravenclaw estaba situado en lo alto de una colina y bajaba hasta dar a un puerto pesquero. Habían cientos de lámparas de color bronce iluminando las pequeñas calles que contrastaban con los estandartes azules que habían por todas partes. No parecía que viviese mucha gente allí porque apenas habían unas pocas personas por las calles. De hecho el silencio era tal que podía escuchar a los gemelos cantando en algún lugar del pueblo.

Desvío su atención hacia la larga cubierta del barco. Vio a Theo con Crabbe, Goyle y algunos chicos más que recontaban los suministros recién adquiridos. Pensó en ir a ayudarles, pero algo llamó su atención. Encima de uno de los mástiles de las velas, estaba Potter.

La curiosidad invadió a Draco quien se irguió y se encaminó hacia allí, desató una de las cuerdas atadas al palo y trepó por ella hasta llegar arriba. El capitán se encontraba sentado, mirando hacia Ravenclaw como había hecho él minutos atrás.

—Algún día te caerás haciendo eso —fue lo primero que le dijo.

—Es divertido.

—Divertido será el golpe que te des. Porque, créeme, me voy a reír.

Draco rodó los ojos.

—Eres tan agradable y le quitas tanta gracia a la vida —bufó irónico, mientras se sentaba a su lado. Desde esa altura, Ravenclaw parecía aún más impresionante—. Creí que ibas a estar en tierra.

Harry se encogió de hombros y le tendió la mano cerrada en un puño. Extendió la suya para que el moreno depositase algo en ella.

—Son almendras —explicó cuando le miró interrogante. Las masticó con cuidado, alegrándose de probar algo diferente a la cecina y al pan duro—. No tenía nada que hacer allí abajo y siempre me han gustado las vistas de este sitio.

—¿Has venido mucho aquí?

—Mi tío me hacía viaja a pie desde Surrey hasta aquí cuando no conseguíamos pescar nada.

—¿Está muy lejos? —preguntó. No sabía exactamente dónde estaba Surrey, pero no le sonaba a nada cercano.

—Bastante. En épocas de frío el viaje se me hacía eterno y cuando hacía calor el hedor de los pescados era horrible. Mi tía solía espaciarlos con curry o azafrán y los vendía más baratos.

—Tu familia era algo... —se detuvo para reflexionar el adjetivo. Potter lo miró con una divertida expectación— ... peculiar.

El otro rió en voz baja.

—Yo los hubiera llamado otra cosa peor, pero supongo que peculiar también es aceptable.

Se quedaron en silencio durante un momento. Draco reflexionó lo que acababa de decirle, junto con la incógnita que llevaba rondándole en la cabeza toda la tarde.

—¿Como sabías lo de Lovegood? —cuestionó— ¿Como sabías que fue en el festival de invierno?

—Estaba aquí ese día —respondió—. Conocía a Luna. Creo que todo el mundo la conocía porque le encantaba pasear por el pueblo, hablaba con todos, se perdía por los valles... Nunca se comportaba como una princesa.

Miró su perfil atentamente. No parecía gravemente afectado, pero había algo de tristeza en su voz y nostalgia en su expresión.

—Fue horrible —comentó. Recordaba cómo su madre se había espantado cuando Severus le había dado la noticia. Si una princesa no estaba a salvo por ser una áurea, entonces nadie lo estaba.

—Es por eso que no quería que bajases. La gente aquí sigue añorando a Luna y no sé cómo reaccionarían si te viesen.

—Lo entiendo —murmuró comprensivo.

Escuchó un resoplido proveniente de Harry, cuando lo miró este le observaba exageradamente incrédulo.

—¿Estás enfermo? —le preguntó divertido— Creo que es la primera vez que me das la razón sin protestar.

Esbozó una sonrisa pícara. Se preguntó si, por una vez, podría ser igual de descarado que el moreno.

—Puedo llegar a ser muy complaciente cuando quiero, capitán.

El aludido ensanchó su sonrisa y se dedicó a estudiar su rostro detalladamente. No parecía avergonzado en lo más mínimo. Draco, por el contrario, se esforzó por no acongojarse ante el escrutinio, agradeciendo que estuviesen a oscuras porque así no podía ver sus intensos ojos verdes.

—Eso me deja en medio de un dilema, porque no sé si me gustas más rebelde o complaciente.

Al final se sonrojó, soltó una carcajada nerviosa y desvío su rostro hacia el frente.

Sin duda Harry le sacaba años de ventaja en ser un desvergonzado.


¡Ya estoy aquí un domingo más!

Supongo que habréis notado que me gusta acumular tensión sexual. Sé que algunos estaréis deseando llegar ya al punto álgido de la relación pero no soy de las que les gusta apresurar las cosas. Aunque llegaremos a ese punto, no os preocupéis. Solo espero que no os aburráis por el camino jaja

¿Qué os parece Ron como rompe-corazones? Deberíamos añadir a Lavender a la apuesta contra Hermione y Blaise xD

¡Hasta la semana que viene!