Capítulo 10:
Antiguas cicatrices, nuevas heridas
Había un zumbido grave, sonoro y molesto que entraba por su oído, atravesaba su cabeza y se quedaba en la parte de atrás de su mente. Podía sentir como palpitaban sus sienes, la tensión en los músculos de su mandíbula y una dolorosa presión en el puente de la nariz que le hacía querer cerrar los ojos y apretar sus párpados contra las palmas de sus manos.
—¿Cómo lo estáis pasando por aquí?
Draco dejó que su mirada vagase desde el vaso que sostenía, hasta el borde la mesa de madera oscura donde estaban sentados y luego la alzó para encontrar a Romilda frente a él.
Era una chica bonita, con el cabello negro hasta la cintura, ojos negros, pómulos altos y un vestido azul pálido que contrastaba con el tono tostado de su piel. Su voz era engañosamente dulce y su sonrisa no llegaba a sus ojos.
La odiaba.
—Bien, gracias —respondió Neville.
Ella no pareció escucharle, porque deslizó la silla vacía que estaba junto a Draco y se sentó a su lado mientras le miraba con reticencia.
—No te había visto nunca por aquí.
Tragó toda la rabia que se le había acumulado en la garganta, se removió en su asiento, respiró hondo y miró a Potter charlando con Ron, antes de observar a Romilda con todo el desdén que tenía en su organismo.
—¿Será porque nunca había estado aquí? —ni si quiera había intentado disimular el desprecio y sarcasmo en su voz.
Ella rió como si acabase de escuchar una broma genial. Miró a sus amigos, preguntándoles con la mirada si la chica era tonta.
—Tenemos un hombre con carácter aquí. Supongo que no llevas mucho tiempo en el Fénix, ¿verdad? —preguntó Romilda. No dejó que respondiese, sino que añadió:— Ahora entiendo tu actitud.
—¿Actitud?
—Sí, esa... —agitó la mano y le sonrió presuntuosamente—...molestia. Ginevra debe sentirse identificada contigo porque ella pasó por lo mismo cuando se enteró de mi relación con Harry.
Draco entreabrió la boca pero no era capaz de articular palabra. Su corazón palpitó con fuerza y su mente se congeló en la palabra "relación".
—Te agradecería que no hablases ni de mí, ni conmigo —espetó Ginny.
—Ella era un niña enamorada en aquella época y fue una sorpresa ver nuestra unión —continuó la chica, ignorando a la pelirroja. Debía estar poniéndose pálido, si la sonrisa de satisfacción de Romilda significaba algo—. Como supongo que lo estará siendo para ti, porque las miradas que me has dirigido durante toda la noche son esclarecedoras. Es normal que estes celoso, Harry es... único. Cualquiera lo querría tener a su lado.
Tragó el nudo que se le había formado en la garganta e intentó respirar hondo. Podía jurar que nunca, jamás en su vida había sentido tanta rabia en su vida. Nunca había sentido tanto rechazo hacia una persona como lo sentía hacia la mujer a su lado.
Miró por encima del hombro de Romilda, para encontrarse con la expresión preocupada de Potter, lo que hizo que su corazón se hundiera en su estómago.
—¿En qué clase de mundo paralelo vives? —preguntó Ginny. Casi parecía ella más molesta que él—. Estas loca si piensas que el capitán siente algo remotamente por ti.
—Ginevra, ¿no crees que es hora de que lo superes? Harry te dejó porque necesitaba a una mujer de verdad y la encontró conmigo.
—¿Y donde está? Porque yo lo único que veo es a una arpía.
—Que soez eres, querida —replicó Romilda para luego dirigirse nuevamente a Draco—. Si yo fuera tú, haría lo mismo que tú amiga y me olvidaría de cualquier ilusión tonta que hayas tenido con Harry, porque lo que él y yo compartimos es especial, mágico y...
—Y aún así, te deja aquí, ¿no? —habló por primera vez. Su voz temblaba por la ira y podía jurar que el corazón momento se le iba a salir por la boca en cualquier momento. Los únicos que le habían dicho qué debía hacer con su vida eran sus padres y Severus, así que no iba a dejar que Romilda se tomase esas libertades—. Porque él ahora está aquí, pero dentro de un rato se irá, volverá a su barco y, ¿cuantas veces crees que pensará en ti? Ni una sola. De hecho creo que en todos estos meses que llevo en el Fénix no he escuchado que te nombrase jamás. Tienes razón, desbordáis amor.
Sonrió lentamente al ver que la seguridad de la chica se agrietaba. Ella se recompuso rápidamente mientras se levantaba de la silla.
—Yo no me adelantaría tanto, puede que hoy sea el día en el que Harry se quede en tierra.
—Buena suerte con eso —espetó.
—La vas a necesitar, querida —apoyó Ginny con voz burlona. Cuando se volvió hacia él, su mirada era preocupada—. No le hagas caso. Romilda siempre ha tenido ese enamoramiento por... bueno, por cualquiera que tenga algún tipo de buena posición. Es una interesada.
—¿Y Potter? —preguntó. Su voz era mucho más pequeña de lo que esperaba—. ¿Está... interesado?
—Es por conveniencia, más bien. Ella sabe muchas cosas y siempre viene bien enterarte de qué está pasando.
—También por la soledad —habló Neville por primera vez—. A veces es duro estar tanto tiempo sin nadie a tu lado.
—Pero no es nada serio —añadió rápidamente la pelirroja—. Ella siempre arremete contra quien cree que puede serle una amenaza. También lo hizo conmigo cuando Harry yo acabábamos de romper con nuestra relación.
Era la primera vez que Ginny hacía alusión a su relación sentimental con el capitán y Draco se dio cuenta de que ya ni le afectaba ni le causaba la más remota curiosidad. Tal vez era porque sabía que ya no había nada entre ellos dos o porque su conversación con Romilda ocupaba todas sus preocupación.
Tal vez por eso no se imaginó que Pansy iba a pasar por detrás suyo y le iba a dejar caer una jarra de agua por encima.
Se sobresaltó por la sensación del agua fría recorriendo su piel, abrió la boca sorprendido, casi hipnotizado por las manchas negras que estaba dejando el carbón en sus pantalones. Cerró los ojos y se llevó las manos al rostro. El carbón. Casi se había olvidado de él.
—Sabía que era tú. No has cambiado nada, Draco Malfoy.
Alzó la mirada para encontrarse a Pansy observándole con una sonrisa astuta y orgullosa.
—Tú tampoco has cambiado, sigues siendo una perra.
—¿Malfoy? —el susurró de Ginny fue como un grito en sus oídos.
La miró alarmado y entonces se dio cuenta del silencio sepulcral que había en la taberna. Cerró los ojos, y tragó saliva con nerviosismo.
Se podía dar por muerto.
—Pero mira que tenemos aquí —murmuró uno de los caza-recompensas. Casi se había olvidado de ellos también—. Qué maravillosa casualidad.
Nadie dijo nada por un momento, hasta que una silla chirrió sonoramente contra el suelo de madera en medio de toda esa atmósfera densa que se había formado. Draco se giró para ver cómo Potter se levantaba con la más auténtica calma.
—Nos vamos —dijo.
Su tono no tenía ni un ápice de intranquilidad.
—Por supuesto que os vais —contestó el hombre, quien también se puso en pie y avanzó hacia la mesa del capitán—, pero el chico que queda aquí.
—Yaxley, siéntate —advirtió—. No estoy de humor para tus tonterías.
—Estás loco si piensas que voy a dejar que te lo lleves.
Yaxley mostró una sonrisa desagradable y grotesca, a la vez que llevaba su mano hacia la funda de su puñal.
Harry resopló mientras cabeceaba tranquilamente y chasqueaba la lengua, como si estuviera viendo a niño haciendo travesuras. Se inclinó sobre la mesa, apoyando las manos sobre esta. Sus músculos se tensaron bajo su camisa y su mirada afilada sumó tensión al ambiente.
—¿Quieres ver cómo te rompo todos los dedos de una mano antes de salir por la puerta con Draco?
Su voz era baja, grave y de alguna manera hizo que el hombre dudase por un instante. No le extrañaba, porque no tenía pinta de ser una amenaza vacía.
—Harry —dijo Romilda, con esa voz pastosamente dulce—, déjalo. Es un Malfoy y un áureo. La muerte les persigue. Sería mejor que le dejases aquí y...
—Muchas gracias por tu opinión, Romilda —interrumpió el moreno—, pero no recuerdo habértela pedido.
Podía parecer estúpido —y más en la situación en la que estaba—, pero su respuesta había sido un bálsamo para el corazón acongojado de Draco.
—Vas a tener que pasar por encima de nosotros.
La sonrisa de Potter se ensanchó. Parecía satisfecho.
—No esperaba menos.
Todo ocurrió en apenas un parpadeo: Ron se levantó de su silla, le propinó un codazo a uno de los hombre, mientras Blaise y Seamus se encargaban del otro. Potter por se parte cumplió con su amenaza, cogió a Yaxley con un movimiento rápido, lo inmovilizó por el cuello y le retorció la mano. Podía jurar que había escuchado el sonido que hacían sus huesos al romperse.
—Vámonos —escuchó que decía Neville.
Su cuerpo reaccionó instintivamente. Se levantó, siguiendo a su amigo por la taberna, esquivando los golpes y las sillas que volaban por los aires. Estaba a punto de llegar a la puerta cuando alguien lo agarró de la camisa y lo estampó contra una pared. Gruñó cuando su cara impactó contra la superficie, apretó los dientes por el dolor y se retorció bajo el peso del otro.
Estaba empezando a cansarse de que le agrediesen.
Le propinó un cabezazo y apoyó las manos en la pared para impulsarse hacia atrás. Estaba a punto de darle un puñetazo cuando uno de los gemelos rompió una silla en la cabeza del hombre, haciendo que cayese inconsciente al suelo.
—Me daba la impresión de que necesitabas ayuda —sonrió Fred.
—Gracias —jadeó.
—Salgamos de aquí.
Le siguió hasta fuera sin perder un segundo más de tiempo. Se sobresaltó cuando la lluvia chocó directamente en su cara pero un segundo después Ginny está tirando de su brazo para instarle a moverse. Corrió con rapidez entre las calles del pueblo, siguiendo con la mirada a algunos de los tripulantes del barco. Cuando se dio la vuelta, observó a Harry corriendo junto a Ron unos metros más atrás.
Soltó un suspiro aliviado.
Correr por el bosque en plena lluvia fue un poco más complicado, por eso cuando llegó al barco se encontró lleno de rasguños, hojas y barro por todo el cuerpo.
—Nos vamos. ¡Ahora! —rugió Potter. Era la primera vez que lo veía mínimamente alterado.
Se pusieron en marcha a la velocidad de la luz, dejando Slytherin atrás como una mancha oscura y borrosa.
Una vez que la adrenalina se había evaporado, su cuerpo empezó a resentirse. Caminó hacia su camarote con el frío en los huesos y el cansancio bajado los párpados.
Se encontró con Ginny sentada en su camastro, intentando desenredar pequeñas ramas en su pelo. Había un silencio incómodo entre los dos, pero Draco intentó ignorarlo mientras se quitaba la ropa empapada y se secaba el pelo.
—¿De verdad eres un Malfoy?
Exhaló suavemente, se tumbó en su cama ya con ropa seca y cerró los ojos. Todo había sido demasiado; Romilda, Pansy, la pelea, Potter,...
Estaba agotado, física y mentalmente. Lo último que quería era tener esa conversación.
—Sí —murmuró, porque conociendo a Ginny, no le iba a dejar ir sin una respuesta.
—¿Por qué no lo dijiste?
Parpadeó, mirando a la chica con cansancio. Parecía dolida, más que enfadada o disgustada. Eso hizo que Draco se sintiese culpable.
—No quería añadir más motivos a la lista de porqué debería estar muerto.
Ser un áureo ya era una maldición, ser un Malfoy solo añadía sal a la herida.
—Es solo un apellido, no significa nada. Deberías haber confiado en nosotros.
—Lo siento —contestó con sinceridad.
Ella le observó con reticencia, pero al final acabó asintiendo con una pequeña sonrisa.
Mientras cerraba los ojos y el sueño se lo llevaba a la deriva, pensó que su conversación con Potter no iba a ser tan sencilla.
Harry tardó exactamente dieciséis horas en encararle.
—¿Podemos hablar?
Era una pregunta, pero sabía que no había opción a una respuesta negativa, así que se podía considerar más bien un orden. Asintió con la cabeza, soltando un suspiro y siguiendo al capitán hasta la bodega.
—Sí, soy un Malfoy —dijo cuando la puerta se cerró porque no tenía sentido andar rodeando el tema cuando ya sabía perfectamente qué era lo que le iba a decir.
—¿Cuándo pensabas decirlo?
—¿Nunca? —sonrió tentativamente. La mirada cortante de Potter le hizo saber que no era un buen momento para bromas—. Mira, lo siento. Yo... sé lo que la gente piensa de mi familia. No somos bien recibidos en ningún lugar, nadie nos tendería una mano.
—¿Y puedes culparlos? —replicó Potter—. Abraxas Malfoy fue el culpable de que Slytherin se consumiese en llamas. Quemó el pueblo entero, con toda la gente que vivía allí.
Draco aún no había nacido cuando eso ocurrió, pero su padre le había contado la historia.
Los Malfoy habían crecido en Slytherin generación tras generación. Eran una familia respetada y valorada en su pueblo. Nadie se había atrevido nunca a cruzarse en su camino. Incluso siendo áureos, nadie había intentado a tocarles. Eso fue hasta que llegó el hambre y la gente empezó a ver a sus seres queridos enfermarse hasta morir. Los habitantes empezaron a desesperarse, y aquellos que nunca habían arriesgado a hacerles daño, de repente vieron en ellos una solución. Una esperanza.
Les acosaron, les amedrentaron y les persiguieron hasta que Abraxas Malfoy, el abuelo de Draco, en un último recurso, quemó su propia casa y escapó del lugar. Nunca había imaginado que sus acciones iban a tener tales repercusiones, pero su padre siempre le había dicho que Abraxas no se arrepentía de ello, que cada persona de ese pueblo se lo merecía.
Desde ese entonces, los Malfoy no habían vuelto a pisar Slytherin hasta que Draco nació y Severus había convencido a sus padres de volver. Decidieron regresar con otro apellido y con la esperanza de encontrar ahí el refugio que había supuesto para su familia todos esos años.
Lo consiguieron durante un tiempo, hasta el momento en el que Draco había decidido confiar en Pansy, porque él era un niño ingenuo y ella su mejor amiga y le reveló su verdadero apellido.
Aún recordaba cómo al día siguiente habían tenido que salir huyendo, porque absolutamente todo el mundo iba tras ellos.
—Mi abuelo estaba desesperado —rebatió ferozmente. No era la primera vez que tenía esa discusión con alguien, y sabía que lo iba a terminar bien.
—¿Y la gente inocente que estaba allí? ¿Cómo crees que sé sintieron?
—¡No había gente inocente allí! Lo único que querían era matar a mi familia para poder solucionar sus propias vidas. Eran personas crueles.
Potter le observó callado y con una mirada llena de dolor que Draco no comprendió.
—Mis padres estaban allí.
Dejó de respirar.
Su visión se nubló durante un segundo y su mente se mareó porque seguramente su corazón había dejado de latir y la sangre ya no corría por sus venas.
—¿Que? —preguntó, aunque lo había escuchado a la perfección.
—Mis padres estaban de viaje y se hospedaron en Slytherin. Yo solo tenía un año, así que me quedé con mi tía porque se suponía que ellos iban a estar en casa en menos de dos días, pero nunca volvieron. Murieron allí, en ese incendio.
Su cuerpo se sacudió como si hubiera sido golpeado. El pecho se le empezó a comprimir dolorosamente y su estómago se revolvió como si quisiera hacerle vomitar. Cuando parpadeó, se dio cuenta de que estaba llorando.
—Lo siento —susurró.
—¿Por qué no has podido ser sincero conmigo, Draco? ¿Por qué has tenido que ocultármelo?
No sabía qué decir. Su abuelo le había destruido la vida, le había arrebatado a sus padres y en ese momento Draco se sentía tan miserablemente culpable que no encontraba palabra suficientes para borrar la mirada herida y decepcionada del rostro de Potter.
Quizás por eso su cuerpo decidió actuar por voluntad propia y acercarse a Harry hasta que sus labios se encontraron.
Fue un roce ínfimo y sutil, ni si quiera podía considerarse un beso y Draco se separó como si de repente fuese consciente de lo que estaba haciendo. El aire pareció condensarse mientras Harry le observaba con una expresión de auténtico asombro.
Entonces decidió hacer lo que mejor se le daba: salió huyendo.
Hoooooooooola
¿Me habéis echado de menos? Jaja
Bueno, qué dramático todo, ¿no?
En realidad esta era la parte que tenía planeada publicar tres capítulos antes pero que me pareció demasiado precipitado así que decidí escribir algunos capítulos más para establecer algo de contacto entre Draco y Harry y luego llegar a este momento.
Sé que a lo mejor la historia no queda del todo clara, porque en mi mente todo se entiende de maravilla pero no sé si lo estaré expresando correctamente, así que si tenéis alguna duda, podéis preguntar. Espero que no esté siendo muy confuso.
Y nada, el siguiente domingo ya será 2020, así que: ¡feliz año nuevo a tod s!
