Capítulo 11:
La valiosa sinceridad
Estaban a tres días de Hufflepuff. Al menos eso era lo que le había dicho Dean, lo que significaba que tenía que esperar tres días para poder salir del barco. Porque iba a marcharse del Fénix, eso lo tenía claro.
Jadeó sintiendo los músculos de sus brazos cansados y las rodillas doloridas. Se tumbó en el suelo del barco haciendo que su espalda crujiese y cerró los ojos disfrutando del sol y del fuerte viento que azotaba su rostro y refrescaba su sudor. No creía que fuese a acostumbrarse nunca a eso de limpiar la cubierta por mucho que Colin insistiese en lo divertido que era.
Tragó en seco cuando una sombra se alzó sobre él. Su corazón se aceleró nervioso, su respiración vaciló y casi tuvo miedo de abrir los ojos. Se relajó cuando vio que solo era Blaise.
—Ya he terminado —dijo Draco, irguiéndose para sentarse.
—Ya lo veo.
—He pensado que podría arreglar el mascarón.
Zabini le estudió más tiempo del necesario para después arquear una ceja de manera suspicaz.
—Te has levantado muy solícito hoy.
Se encogió de hombros y se puso en pie con la vista fija en el trapo que sujetaba.
—Quiero ayudar.
—¿Sabes que he aprendido de ti en este tiempo? —preguntó Blaise con una sonrisa burlona— Que cuanto más inocente pareces, más culpable eres.
Se esforzó en parecer lo más indiferente posible. Algo así solía decir su padrino también.
—Solo quiero distraerme.
Distraerse y, a poder ser, evitar al capitán hasta que tomasen tierra.
Se había pasado parte de la noche tenso e inquieto, con su mente rememorando una y otra vez la disputa en la taberna y su conversación con Potter. Ni si quiera tenía una razón sólida para haber cometido semejante locura como el haberle besado, simplemente no lo había pensado. Había mirado a Harry y había querido borrar esa expresión dolida de su rostro. Había querido demostrarle lo culpable que se sentía, lo muy abatido que estaba por lo que había ocurrido en el pasado. Lo que sí sabía seguro era que había sido una estupidez, y la mirada sorprendida que le había dirigido el capitán era prueba de ello.
Por eso se había levantado al amanecer y se había escondido con Theo en la bodega hasta que el chico se había cansado de él y le había echado. Había tenido algo de pavor de salir al exterior, pero rápidamente se dio cuenta de que el capitán estaba en la sala de mapas, así que Draco aprovechó el tiempo para limpiar la cubierta y así tener una distracción y evitar desviar la mirada cada diez segundos para comprobar si Potter había salido.
—Bien —respondió Blaise, trayéndolo al presente—. Ven conmigo.
Draco asintió, siguió a Zabini de camino a la bodega para elegir un trozo de madera lo suficientemente grande y una gubia* y volvió a cubierta.
Tallar no era su fuerte, pero se defendía y sobretodo le ayudaba a relajarle, así que era la actividad perfecta para esa mañana. Además, no necesitaba reconstruir toda la figura del fénix, sino parte del ala derecha, por lo que no debería suponerle demasiado esfuerzo.
Se sentó en el suelo en la proa del barco, que en ese momento era la zona más tranquila, y observó de vez en cuando el ir y venir de la tripulación o cómo las nubes grises empezaban a empañar el cielo. Se concentró tanto en su tarea durante las siguientes horas que cuando se quiso dar cuenta, el cielo ya estaba totalmente cubierto de nubes oscuras y un fuerte viento empezaba a alzarse.
—Arriad las velas para que no las rasgue el viento. Tenemos que empezar a ganar velocidad antes de que llegue la tormenta.
Tensó los hombros cuando se dio cuenta de que Potter había salido a cubierta.
Durante todas las horas que su mente le había mantenido despierto, había imaginado un montón de reacciones por parte del capitán y había llegado a una clara conclusión: no le iba a gustar. No veía a Potter encantado de la vida y sonriéndole como si nada hubiera pasado. Si era sincero consigo mismo, tampoco le veía correspondiéndole. Su abuelo era el culpable de la muerte de los padres de Harry, y un hecho de ese calibre no se dejaba pasar como si nada. Tenía bastante seguro que el moreno como mínimo le iba a increpar, si no es que terminaba tirándole por la borda o despellejándolo vivo. Por el amor a todo lo sagrado, era un maldito pirata. Uno con una espada afilada, la cual sabía utilizar con maestría.
Así que cuando Potter pasó por delante de él no contaba con que este le diera una breve e inescrutable mirada y volviese su atención al resto de marineros que se movían de un lado para otro. Por un momento se olvidó de la tarea que estaba llevando a cabo y simplemente observó al capitán, sintiéndose algo perdido y descolocado. El moreno no se volvió hacia él ni una sola vez más, de hecho Draco estaba seguro de que incluso estaba esquivando deliberadamente pasar por su lado.
El alivio le inundó al principio —al menos sabía que no iba a morir pronto—, pero la incertidumbre de no saber qué estaba pasando por la cabeza del capitán instaló en cuerpo una pequeña molestia que solo se hizo mayor mediante pasaba el día. Draco podía afirmar que estaba empezando a inquietarse cuando la oscura noche hizo presencia junto con una tormenta que obligó a que todo el mundo se quedase dentro de sus camarotes y cuando la lluvia continuó durante la mañana siguiente, el rubio estaba seguro de que la desesperación había hecho mella en él.
Se había preparado para todo, pero no para lo ignorasen. No entendía cómo él se había pasado toda la noche dándole vueltas al asunto, intentando asimilar las posibles consecuencias, recordando una y otra vez la osadía que había tenido al dar ese efímero roce de labios, el rostro asombrado de Harry, e incluso imaginando su posible reacción si no hubiera salido huyendo del lugar mientras que el otro no parecía afectado en lo más mínimo. Si estaba enfadado con él, e iba a echar a Draco del barco, prefería que se lo dijese cuanto antes y no estar en medio de esa incertidumbre que le estaba matando.
—Vaya, te está quedando genial —miró a Ginny desde su camastro, y luego se encogió de hombros para volver su atención al ala del fénix que ya tenía casi terminada—. ¿Estás bien?
—Perfectamente —contestó. En seguida se arrepintió de su tono distante—. Lo siento, es que estoy cansado, el temporal no me ha dejado dormir bien.
No le había dicho nada a Ginny, de hecho a ella también había intentado evitarla todo lo posible, al igual que a Neville. No había sido capaz de explicarles lo que había ocurrido y que tenía planeado quedarse en tierra en poco menos de dos días. Sabía que se iban a disgustar, y no iba a ser capaz de mirarles a la cara y decirles adiós. Sonaba egoísta, pero prefería mantener a sus amigos en la ignorancia para evitar ver cómo les lastimaba.
—Sí, es una asco cuando el oleaje es tan brusco.
Asintió dándole la razón, para después ponerse en pie.
—Iré a colocar esto —comentó, señalando la figura de madera.
Esbozó una pequeña sonrisa antes de salir. El cielo ya había empezado a despejarse aunque la cubierta aún continuaba mojada y de vez en cuando alguna ola azotaba el barco. No pudo evitar observar a su alrededor cuando salió al exterior hasta encontrar a Potter apoyado en la barandilla con Ron a su lado. Tal vez eso era lo peor: que ni si quiera podía dejar de pensar en él o buscarle con la mirada. Por eso había preferido encerrarse en un camarote con la excusa de la tormenta y esperar que llegasen pronto a tierra.
Suspiró cuando llegó a proa, se subió al bauprés* con cuidado, se sentó a horcajadas sobre el mástil y se dispuso a colocar el ala. Le había pedido a Goyle el día anterior que instalase una viga de madera que sirviese de soporte, así que solo debía encajar la pieza faltante para que la figura quedase restablecida. Una ola chocó contra el navío, haciendo que se zarandease. Se sujeto a la viga con fuerza y aunque intentó no mirar al profundo mar que había debajo suyo, no pudo evitar que sus ojos se desviasen hacia el agua y que músculos se tensasen ante la idea de caer. Quizás debería haberle dicho a alguno de los gemelos que le atase por seguridad.
Tragó con fuerza, esperó a que el barco se estabilizase y colocó el ala del fénix. Desde su posición parecía estar bien, era del mismo tamaño que la parte izquierda original, pero tendría que esperar a que el barco atracase para poder ver cómo se veía desde fuera. Se entristeció al pensar que seguramente esa sería la última vez que vería al Fénix.
Se dio la vuelta y se encaminó hacia cubierta. Sus ojos se encontraron directamente con Potter, quien estaba parado a unos metros de él con su habitual aire templado y su mirada perspicaz.
—¿Qué? —su voz salió áspera y violenta.
Era un modo de supervivencia: atacar antes de ser atacado.
El viento azotó el rostro del capitán, lo que hizo que su flequillo saliese disparado hacia varios lados y sus ojos verdes quedasen aún más a la vista. Draco cruzó los brazos, como si eso le ayudase a mantener su compostura. Había pasado los últimos tres días queriendo que Potter hablase con él y ahora lo único que quería era volver huir.
—¿Con el oleaje que hay y se te ocurre hacer eso ahora? Podrías haberte caído —le recriminó.
Dejó escapar el aire temblorosamente. No sabía si debía sentirse aliviado porque al parecer aún se preocupaba por él o indignado porque solo se había acercado a él para regañarle.
—¿Qué más da?—replicó con falsa despreocupación—. No debería importarte.
Le vio arquear una ceja como si estuviese sorprendido por sus palabras y luego se apoyó con tranquilidad en el mástil que tenía al lado. A Draco le dieron ganas de zarandearlo para ver si así conseguía romper la maldita compostura que parecía mantener al milímetro.
—No debería —concedió—, pero eso no significa que no lo haga.
Desvío la mirada y se encogió de hombros a falta de una respuesta mejor. No sabía que quería decir con eso, y si era sincero consigo mismo, tenía miedo de preguntar.
—No será por mucho tiempo —murmuró en voz baja.
—¿Perdona?
Potter se enderezó y caminó hacia él con una mirada calculadora. Draco se obligó a no retroceder.
—Me voy —contestó. Podía notar el temblor en su voz y cómo su corazón se iba acelerando—. En cuanto lleguemos a Hufflepuff yo... me quedaré ahí.
—¿Por qué?
Porque su abuelo la había destrozado la niñez, porque era un áureo, estaba condenado, no estaba destinado a tener un futuro fructífero y no iba a arruinarle la vida a Potter por ello.
—Porque quiero.
Y porque le había besado en el peor momento posible.
—¡Barco a la vista!
Escuchó a Harry resoplar. Por un momento pareció que iba a protestar, pero lo único que dijo fue:
—Luego hablamos.
Tomó una larga y profunda respiración antes de avanzar a cubierta, donde todo el mundo estaba ya organizándose y a la espera de encontrarse con el navío que navegaba en dirección a ellos.
Era un buque de defensa marítima de algún territorio próximo, lo que significaba que eran más difíciles de abordar que cualquier otro barco porque estos iban bien preparados.
Draco se dio cuenta de ello cuando se cruzó con el primer tripulante del navío adversario. El hombre no mostró ningún signo de reconocimiento cuando le miró, apenas cruzó un segundo de curiosidad en su mirada antes de eliminarla de un parpadeo y automáticamente dio el primer ataque. Sus movimientos eran más cuidadosos que los de un mercenario y mucho más extravagantes. Le recordó a sus entrenamientos con Severus. Quizás fue por eso que no le costó dejarle inconsciente con un rápido golpe en la cabeza.
Jadeó con fuerza, enderezó su espalda y apretó el sable con fuerza. Uno de los Weasley pasó por encima de su cabeza para después balancearse hacia el buque y golpear a un par de hombres. Draco no se lo pensó dos veces cuando subió por el mástil mayor, desató una de las cuerdas que sabía que no afectarían a las velas y la enredó en su brazo derecho. La adrenalina corrió rápido por sus venas y el nerviosismo se endureció en su estómago, pero decidió no pensarlo demasiado antes de dejarse caer al vacío.
Pateó la cabeza de un hombre cuando sobrevoló el buque y esquivó un navajazo de otro. Una sonrisa floreció en su cara cuando se columpió de nuevo hacia el Fénix y osciló con más fuerza hacia el otro barco. Si había algo que iba a echar de menos de vivir ahí, era precisamente eso. Se balanceó un par de veces más, intentó golpear a quien se pusiera delante de su trayectoria y mantuvo todo el equilibrio que pudo. Alguien consiguió agárrale en uno de sus vaivenes, haciendo que el pánico se apoderase de él por un momento. Zarandeó sus piernas con todas sus fuerzas mientras hondeaba su sable con su mano izquierda y consiguió cortarle el brazo. Cuando volvió al Fénix, lo hizo más temblorosamente que las otras veces.
Para su alivio, unos minutos después el buque estaba totalmente abordado y la alegría de la victoria es lo único que reinaba en el ambiente. Fue entonces cuando bajó del mástil y se dirigió hacia su camarote para pasar las próximas cuarenta y ocho horas allí encerrado. Al menos esa fue la intención, si Potter no lo hubiera agarrado por el hombro y lo hubiera pegado contra la pared del pasillo.
—¿Vas a volver a huir? —increpó el moreno. Sus ojos verdes centelleaban con enfado y algo de indignación.
Cerró los ojos, apretó los dientes y rezó para que la paciencia acudiese a él. Estaba demasiado cansado para esto.
—¿Qué diablos te importa? —contestó. La paciencia no parecía haberle escuchado—. Llevas más de un día ignorándome. Bien, pues continúa haciéndolo. Dentro de poco me iré y no tendrás que preocuparte por un Malfoy nunca más.
La mirada de Harry ardía.
Se preguntó durante un segundo qué significaba eso pero el moreno lo aprisionó contra la pared antes de encontrar una respuesta. Su cerebro se mareó, su párpados cayeron por inercia y su mente no era capaz de concebir que estaba ocurriendo. Fue consciente en ese instante de los labios firmes y demandantes de Potter contra los suyos.
—No quiero que te vayas —prácticamente respiró las palabras en su boca.
Parpadeó en blanco, paralizado y confundido. La frase hizo eco en su mente hasta que una diminuta parte de él entendió lo que eso significaba. Acortó la distancia para volver a besarle y esta vez se permitió afianzar una mano contra el hombro del capitán, arrugando su camisa entre sus dedos mientras éste profundizaba el contacto.
—No quiero irme —admitió.
Sabía que una parte de él se hubiera arrepentido toda su vida de haber dejado ese barco.
—Creo que es la primera vez que estamos de acuerdo en algo.
Pudo sentir la sonrisa de Harry contra su boca, y pensó que era una de las cosas más bonitas que había sentido nunca.
*Gubia: es un formón de mediacaña que usan los carpinteros, los tallistas y otros profesionales de la madera para las obras delicadas
*Bauprés: Palo grueso, horizontal pero algo inclinado hacia arriba, que en la proa de los barcos sirve para asegurar algunas velas o cabos del trinquete.
¡Hooooooola!
¿Como va todo por aquí?
Estaba muy emocionada porque tenía ganas de llegar a esta parte (supongo que vosotr s también) y la verdad es que estoy bastante contenta de cómo ha quedado porque lo que tenía en mente no ha sido para nada lo que he publicado, pero creo que está mejor así.
¡Espero que os esté gustando!
Nos leemos el próximo domingo.
PD: ¡Feliz cumpleaños a katherinevbc10 ! Espero que pases un día genial y que hayas disfrutado del capítulo.
