Capítulo 12:
¿Me amas?
Sus labios hormigueaban y podía sentir cómo su cuerpo entero palpitaba. Se removió en su sitio y observó que Potter pasaba sus manos a través de su pelo en un gesto nervioso. Se había separado un par de pasos de él, mientras que Draco había continuado con la espalda pegada a la pared porque sabía que sus rodillas iban a temblarle si se separaba.
Escuchó a alguien bajando por las escaleras, lo que le hizo erguirse e intentar que su expresión fuese lo más neutra posible. Poco después se topó con el rostro sorprendido de Oliver.
—Capitán —llamó con algo de duda, como si supiera que estaba interrumpiendo algo—, Theo tiene algunas dudas sobre el registro de mercancías.
—Dile a Ron que se encargue de ello.
—De acuerdo.
A pesar de su respuesta, Oliver no se movió de su sitio, sino que se quedó mirando a Draco como si estuviera fascinado. Por mucho que intentase parecer indiferente, sus mejillas coloreadas y su cabello desaliñado hablaban por sí solos.
—Wood —murmuró Potter en tono bajo y casi amenazante—, desaparece de mi vista.
—Sí, lo siento.
El chico se dio la vuelta y volvió a subir las escaleras prácticamente corriendo. Draco desvío su atención hacia sus pies, sintiéndose avergonzado. El silencio reinó en el pasillo por lo que pareció una eternidad, lo que sumó más nerviosismo en su interior.
—Pagaría para saber en qué estás pensando.
Negó con la cabeza, soltando una risa ahogada. Apenas podía pensar en nada en ese momento que no fuera la sensación de los labios de Potter sobre los suyos.
—Yo podría decir lo mismo —respondió—. Llevo dos días intentado adivinar qué está pasando por tu cabeza.
Harry suspiró, se acercó a él y rozó la parte exterior de su mano con sus dedos. Draco se estremeció ante la caricia.
—He pensado en muchas cosas —admitió—. Pensé en todas las cosas que mi padrino me contó de tu familia, en cómo le sentaría saber que estás aquí, en la primera vez que te vi —Sostuvo su respiración cuando la mano del moreno subió por su brazo hasta llegar a su hombro y luego pasó a su cuello con un gesto cariñoso—, en cómo debería tomarme que hubieras huido después de besarme... —Draco había cerrado los ojos para ese momento y Harry aprovechó para entretenerse en acariciar sus pestañas—. Pensé tanto en ese beso. Y en ti. Creo que no he dejado de pensar en ti desde que subiste a este barco.
Jadeó con fuerza y se inclinó hacia delante. Potter atrapó su boca para besarle con ganas, lo que le hizo retorcerse de satisfacción. Nunca había pensado que un beso pudiera hacerle sentir de esa manera. Era como tener un intencional en su estómago, como si estuvieran calcinando cada una de sus venas.
—Harry —suspiró.
Ni si quiera se había dado cuenta de que había pronunciado su nombre hasta que el aludido emitió un sonido entre un gruñido y un quejido y lo aplastó un poco más contra la pared. Hacía unos segundos que había dejado su boca solo para poder repartir besos y mordiscos en su mandíbula y en su cuello. Draco casi que lo agradecía porque sentía que apenas podía respirar bien y su cuerpo no paraba de retorcerse.
Mordió su labio inferior y enredó los dedos en el cabello de Harry cuando éste consiguió sacarle la camisa del fajín y acarició la piel de su estómago. El roce le quemaba, ardía a través de su dermis y entumecía sus nervios, por eso no pudo evitar gemir cuando el moreno arañó suavemente su espalda.
—Debería parar.
La voz de Potter era respirada, como si le costase pronunciar palabra y parecía hablar consigo mismo. Draco le contempló a unos pocos centímetros de distancia, llevando sus dedos hacia su rostro para apreciar la sensación áspera de la barba incipiente bajo sus yemas. Era maravilloso. Él, sus ojos verdes, sus sonrisas, sus expresiones e incluso sus sarcasmos.
Pensó en negarse, en pedirle que no parase pero sabía que Harry tenía que volver a cubierta y cumplir con sus responsabilidades, que estaba a en medio del pasillo y que no tenía ganas de que alguien les pillase al igual que Oliver.
—Sí —contestó con más abatimiento del que pretendía.
El se alejó lo suficiente para que sus cuerpo ya no se tocasen, pero seguirán lo suficientemente cerca para que Draco aún tuviese su camisa aferrada por los hombros.
—Tienes que dejar de mirarme así o no voy a poder irme —parpadeó y desvío su atención hacia abajo. Contempló el pecho de Harry, que subía y baja rítmicamente, con la camisa pegada a la piel por el sudor. Se relamió los labios inconscientemente—. Draco, por favor.
—Lo siento —dijo mientras le soltaba para llevarse las manos hacia su propio rostro y ahogar un suspiro.
Necesitaba tranquilizarse, así que respiró hondo e intentó relajar su pulso.
—No lo sientas.
Sintió como le abrazaba mucho más cariño e inocentemente que antes. Hundió su rostro en la clavícula de Harry y exhaló con suavidad cuando este le dejó un beso sobre el cabello.
Si alguien le hubiera dicho que se sentiría tan confortado y protegido en los de un pirata se hubiera reído por mil años.
—¡Capitán!
—Voy, joder.
Draco soltó una pequeña risa cuando el otro prácticamente gruñó su respuesta. Se irguió aún con el fantasma de una sonrisa en su rostro y le miró condescendiente.
—Vete antes de que tu maravilloso Fénix se hunda.
—¿Y si decido quedarme aquí? —cuestionó con voz sugerente.
—¿A riesgo de perder tu barco? —retó.
Potter le dedicó una sonrisa torcida, acercando su rostro para que sus narices se rozasen. A Draco se le volvió a acelerar el pulso.
—Te elegiría sobre mi barco sin dudarlo pero me debo a mi responsabilidad.
Le dio un último beso casto y se dio la vuelta para abandonar el pasillo, dejando al rubio tembloroso y azorado.
Encerrarse en su camarote ya no era una opción. Todo su cuerpo cosquilleaba como si hubieran millones de hormigas bajo su piel, sus manos temblaban continuamente y sentía la imperiosa necesidad de moverse, de gritar, de saltar o de correr. No hizo nada de eso. Por el contrario, Draco ayudó a Goyle y Crabbe a llenar los cañones de pólvora, desenredó una red de pesca con McLaggen, evitó magistralmente a Oliver y terminó en la cocina con Neville, lijando una de las pata de la mesa de madera que estaba mal nivelada.
—¿Qué pasa? —interrogó a su amigo.
Desde que había entrado ahí no había parado de recibir miradas suspicaces y estaba empezando a preocuparse.
—¿Estás drogado?
Dejó de lijar inmediatamente, sorprendido por la pregunta.
—¿Por qué lo dices?
—No has parado de sonreír en todo el tiempo que llevas aquí.
Draco negó con la cabeza... sonriendo. Se obligó a poner una es presión neutral mientras cabeceaba de manera incrédula.
—Claro que no.
Recordó a Harry y a la sensación que dejaban sus beso en su boca.
Volvió a sonreír.
—Ahí está otra vez —acusó Neville, señalándole con el dedo—. ¿Por qué estás tan feliz?
—¿Porque la vida es maravillosa? —intentó en vano—. No lo sé, sólo estoy... bien.
—Cualquiera diría que estás enamorado.
El rubio enmudeció, tragó saliva con nerviosismo y se irguió para sentarse en una de las sillas, aparentando indiferencia.
—¿Qué te hace pensar eso? —dijo, intentando reír como si el pensamiento fuese absurdo.
—No paras de sonreír, a veces te pierdes en tus pensamientos y estás flotando en las nubes.
Una cosa era pensarlo, admitírselo a sí mismo, y otra era decirlo en voz alta, hacerlo real. Respiró hondo y luego asintió lentamente con la cabeza.
—Estoy enamorado —contestó en voz baja. Neville ni si quiera parecía sorprendido.
—De Harry.
Asintió de nuevo.
—¿Como lo has adivinado?
Su amigo rodó los ojos con una sonrisa amable, sentándose a su lado.
—Cualquiera que os mirase diez minutos se daría cuenta de que giráis uno alrededor del otro —se sonrojó y no pudo suprimir otra pequeña sonrisa en su cara. Su padrino seguramente le reprendería por comportarse de tal manera—. Y supongo que por la felicidad que irradias que él siente lo mismo.
Su emoción murió al instante. Se removió en su silla de manera algo incomoda.
—No lo sé, no hemos hablado de nada —respondió, evitando hablar de los besos que se habían dado—. Además él tiene a Romilda y yo... no sé.
—Puede que tenga a Romilda pero ella no lo tiene a él. Es difícil llegar a Harry, pero creo que tú te has metido bajo su piel sin proponértelo.
Draco soltó un resoplido y enterró el rostro en sus manos. Estaba enamorado de Potter pero no sabía si sus sentimientos eran recíprocos al mismo nivel. Esa misma mañana tenía decidido que iba a quedarse en tierra porque estaba seguro de que el capitán iba a decapitarle y sin embargo habían acabado besándose. No sabía qué pensar de lo que iba a pasar de ahora en adelante.
—Tengo que hablar con él —concluyó.
Necesitaba aclarar las cosas.
La conversación con Neville le había dejado la duda metida dentro de la cabeza y pasó el resto del día con los nervios anudados en el estómago. A pesar de sus intenciones, no encontró el suficiente valor para abordar a Harry. Necesitaban tener una conversación, aclarar lo de su familia y averiguar si lo que sentía Potter por él iba más allá de una atracción, pero le atemorizaba saber la respuesta. No quería exponerse al rechazo y tampoco sabía cuál era la mejor manera de encarar la situación sin sentirse ridículo.
Por eso Draco estaba en ese momento acostado en su camastro, dando vueltas sin encontrar una posición cómoda y suspirando por décimo novena vez. Estaba agotado físicamente porque no había parado en todo el día, pero su mente parecía correr y correr a toda velocidad sin darle un solo respiro. Observó el techo como si allí estuviesen todas las soluciones a sus problemas, hasta a que finalmente se dio por vencido y se irguió para sentarse. Pasó los dedos por su cabello con cansancio y ahogó un quejido en el fondo de su garganta.
Iba a volverse loco si continuaba así.
Ginny había tenido la suerte de caer en un profundo sueño un par de horas antes, así que se levantó con cuidado para no despertarla, cogió una de las lámparas y salió del camarote haciendo el menor ruido posible. La determinación llegó a él en cuanto comenzó a avanzar por el pasillo y caminó a paso seguro hasta llegar a la habitación de Harry. Su confianza se desplomó en cuando vio la puerta frente a él.
¿Qué iba a decirle? No creía que una buena opción para empezar una conversación fuese soltarle un: "Hola, ¿estás enamorado de mi?"
Respiró hondo, cerró los ojos y decidió que tal vez era mejor irse a dormir y que mañana fuese otro día. Quizás unas horas de sueño le hacían ver todo con más claridad. Estaba a punto de darse la vuelta cuando el chirrido de la puerta abriéndose le hizo congelarse en su sitio.
Harry le miraba confundido, con el ceño fruncido y el cabello revuelto.
Y sin camisa.
—¿Ha pasado algo?
Era de esperarse que le hablase con ese tono de preocupación porque Draco estaba seguro de que ahora mismo su rostro estaba pálido, sus ojos extremadamente abiertos y todo su cuerpo tenso.
—No, yo... —sus mejillas enrojecieron de golpe y su pulso empezó a enloquecer—. No podía dormir.
El moreno no dijo nada durante un segundo, como si estuviese asimilando lo qué decía. Luego relajó su expresión y se echó hacia atrás para dejarle pasar. Draco, por el contrario, no se movió de su sitio.
—¿Vas a quedarte ahí toda la noche?
No sabía porque, pero tenía la sensación de que estaba entrando en la boca del lobo.
Dio un par de pasos tentativo, agarrando la lámpara casi con demasiada fuerza, así que decidió dejarla encima de la cómoda cuando se dio cuenta de que el camarote ya estaba iluminado. La habitación continuaba igual que la primera y única vez que había estado ahí; una cama con dosel, una mesita, un baúl y la cómoda. Draco se quedó parado en medio de la habitación, mientras que Harry avanzó hacia uno de los postes de la cama y se apoyó en él.
Lo intentó, pero no pudo evitar que su mirada viajase hacia el torso del capitán. Era más delgado de lo que parecía, sus músculos eran firmes y definidos, sus brazos marcados y sus hombros anchos. Se sintió maravillado por cómo brillaba su piel bronceada con la luz de la lámpara. Tenía vello oscuro salpicado en sus pectorales y sus brazos, la cicatriz que le había enseñado en el antebrazo y otra más en el lado izquierdo de su cadera. Se preguntó cómo la había conseguido.
Un carraspeo le obligó a levantar la mirada.
—¿Qué? —preguntó con voz ahogada.
—¿Ya has averiguado si tengo algún hueso roto o quieres seguir mirando?
Se obligó a no sentirse avergonzado, en cambio levantó la barbilla muy dignamente y le fulminó con la mirada.
—No soy yo el que recibe a sus visitas a medio vestir.
Potter rió en voz baja, levantando las manos en son de paz mientras se erguía para acercarse a él.
—No me estaba quejando —contestó con humor—. Puedes mirar todo lo que quieras, no me molesta.
—Qué amable —replicó, aunque no había intención en su voz.
—Además, tu expresión ensimismada es fascinante. ¿Sabías que te muerdes el labio inferior cuando te concentras?
Su voz baja y vibrante hizo que respiración oscilase y su espalda se tensase con expectación.
—¿En serio? —preguntó, aunque no tenía toda su atención puesta en la conversación—. ¿Y qué más has averiguado?
—Que me encanta besarte.
No había venido a eso. Su intención era tener una conversación, aclarar todo lo que había ocurrido ese día e irse a dormir, pero Harry estaba a unos pocos centímetros de él, había pasado a acariciar su mejilla izquierda con reverencia y le miraba tan intensamente que apenas podía formar un pensamiento. Su propósito de hablar murió cuando el moreno lo atrajo lentamente hacia él para juntar sus labios. Draco cerró los ojos y se derritió ante el contacto mientras sus dudas se trasladaron a la parte posterior de su mente.
Entendía todos y cada uno de los discursos que Severus le había dado sobre cómo el amor te volvía inservible, porque en ese momento no podía pensar en nada más que en el pulso acelerado del capitán, en su piel cálida y en sus músculos tensándose bajo sus manos.
—Creo que es injusto que no estemos en las mismas condiciones.
Jadeó en busca de aire y todo su cuerpo se congeló cuando Harry tiró de la parte baja de su camisa. Dudó por un instante, pero luego alzó los brazos obedientemente. Se sintió autoconsciente de su cuerpo en cuanto la prenda cayó al suelo y el aire frío golpeó su piel. Tenía muchas más cicatrices que Potter. Estaban en su pecho, en su estómago, en su espalda... Draco no estaba orgulloso de ello, porque su aspecto sólo era un reflejo de la crueldad de la gente.
—Yo...
—Eres precioso —se estremeció, su garganta se apretó y no pudo evitar soltar un lloriqueo cuando Harry besó la cicatriz de la quemadura de su hombro—. Precioso, precioso.
Había una genuina sinceridad en su voz. Era la primera vez que alguien le elogiaba por ser él, por ser Draco y no por su aspecto físico o por ser una futura solución a un montón de problemas.
Tragó saliva con dificultad mientras una sensación de vacío se anudaba en su estómago. Su pecho se oprimió y llevó sus manos hacia los hombros del capitán solo para tener algo a lo que aferrarse.
—Te necesito —susurró.
—Draco —gimió sobre su clavícula—, no creo que vaya a ser capaz de pasar si vamos más allá, así que tienes que estar seguro de esto.
El rubio buscó su boca para darle un profundo beso, enredando sus dedos en el cabello oscuro del otro y ahogando un gemido.
Le necesitaba tanto que dolía, que su cuerpo se estremecía y sus nervios se agarrotaban. Tanto que apenas podía respirar en ese instante. No iba a sentir eso por nadie más. Era Harry. Era él, su falta de vergüenza, su valentía, su risa grave, su manera de mirarle y hacerle sentir seguro.
—Por favor —pidió, pegando su cuerpo para que viera cuanto deseaba eso.
—Vas a conseguir que pierda la cordura.
No pudo contestar, porque inmediatamente después se encontró siendo guiado y tumbado en la cama con el moreno encima suyo, besándole con hambre. Se tomó su tiempo en desvestirle, como si no quisiera terminar nunca y adoró hasta la más pequeña parte de él. Besó su rostro, sus párpados y su cuello, acarició cada una de las marcas que tenía en su piel y mordisqueó su estómago cariñosamente.
—Si supieras las veces que he imaginado esto —murmuró Harry, besando de manera húmeda el interior de sus muslos—. Desde el primer maldito día que de vi.
Gimió profundamente cuando Potter acarició su entrepierna con lentitud mientras volvía a unir sus bocas. Sus ojos rodaron bajo sus párpados, sus pensamientos volaron lejos y su espalda se arqueó en busca de más contacto. Era electrizante, emocionante. La adrenalina le recorría como si estuviera saltando desde un acantilado. Una parte de él quería llorar por lo abrumado que se sentía y la otra parte de él no podía tener suficiente.
—No pares —suplicó ahogadamente al notar que el moreno hacía ademán de detener sus movimientos.
Harry sonrió sobre sus labios, con la mirada oscurecida y la respiración acelerada.
—Ya te lo he dicho, no pienso detenerme.
No se detuvo, sino que continuó tocándole con fervor, besándole con ganas y preparándole con mimo. Y cuando entró en él, Draco pudo jurar que nunca se había sentido tan conectado a alguien, nunca había sentido tal deseo por nadie.
—Harry —gimió al sentir que su placer se aceleraba.
—Sí, cielo.
Su cuerpo se endureció, envolvió las piernas en las caderas del moreno con fuerza, enterró las manos en su cabello y echó la cabeza hacia atrás cuando el orgasmo le arrolló. Potter emitió un quejido unos segundos después, culminando con su propio placer en su interior.
Se quedó ahí tumbado durante un momento, intentando calmar su respiración. Se dio la vuelta hacia un costado y acarició el pecho de Harry cuando este se tumbó a su lado, casi tan agotado como lo estaba él. Su cabello era un lío gracioso sobre la almohada y podía asegurar que nunca había visto una expresión tan relajada en su rostro. Cuando sus miradas se encontraron sintió que su estómago se volvía a anudar nerviosamente.
—¿En qué piensas? —preguntó al ver que el capitán le estudiaba de manera reflexiva.
—¿De verdad ibas a marcharte al llegar a Hufflepuff?
Draco sonrió perezosamente. Esa idea parecía tan lejana en ese momento.
—Era mi intención.
—Cambiaré mi pregunta: ¿De verdad pensabas que te dejaría ir sin darme al menos una explicación?
Soltó un gran suspiro, notando como los párpados empezaban a pesarle.
—Creía que me odiabas —admitió—, así que no esperaba que te importase si me marchaba o no.
—Nunca te odiaría y menos por algo que no fue tu culpa.
Una parte de él se tranquilizó al escucharlo, como si acabasen de quitarle un enorme peso de encima, pero todavía había una pregunta en el fondo de su mente que le mantenía pendiendo de un hilo. Y, después de la manera en la que se habían unido esa noche, necesitaba una respuesta.
—Harry —susurró. El aludido había cerrado los ojos pero emitió un pequeño sonido para hacerle saber que estaba escuchándole—, ¿me amas?
Hooooooooola
Sé lo que estáis pensando: ¿después de todo lo que has tardado en actualizar, me vas a dejar así?
Pues sí. ¿Qué gracia tendría la vida sin un poco de emoción?
Tengo muchas cosas que decir de este capítulo y lo primer es que ha sido tormentoso escribirlo porque no me gustaba nada cómo quedaba y lo eliminé y lo reescribi unas tres veces, por eso me he retrasado con la actualización. Lo segundo es que el lemon no se me da bien, lo sabéis (y si no lo sabíais ahora si lo hacéis) y siempre se me hace difícil. Al final no he querido profundizar mucho en el tema porque no quería que tuviese una excesiva importancia pero quería incluirlo porque era una parte que siempre había estado en mi mente en esta historia. Espero que haya quedado decente.
Lo tercero es que muchas gracias a todos por leerme, me siento tan feliz por el apoyo que estoy recibiendo. En serio, gracias.
Y lo más importante: ¿Sabíais que las perchas perpendiculares a los mástiles, que es donde se enganchan las velas, se llaman "vergas"?
Me parecía un dato curioso para añadirlo a este capítulo jaja
No diré que actualizaré el domingo porque no sé si me dará tiempo, yo intentaré que si, pero sino, nos leeremos la semana siguiente.
PD: lo siento si hay algún error garrafal. Es culpa de mi autocorrector y de mi pereza para revisar el capítulo.
