En una audiencia celebrada en la sala del amo absoluto, Hercólubus mando a llamar a su mejor guerrero, Cib-Tzolkin, para felicitarlo en persona por su lealtad, pero sobre todo, por detener unas fuerzas insurgentes en una de sus prisiones, con total éxito.

—Me siento muy alagado, sobre todo viniendo de su parte, mi señor —dijo el soldado buitre—. Pero no merezco el crédito. Quién se lo merece es mi compañero Bill.

El rey de reyes no tomo ese comentario para nada bien.

—¿Bill?... ¿Bill Cipher estuvo contigo en ese momento?

—Por supuesto. Él se encargó de encerrar a todos los prisioneros.

—Sé muy bien que tienen una gran cercanía, pero ya no confío en ese ente. Sus refinerías y su deslealtad no me agradan para nada.

—Con todo el respeto que merece, señor… Bill Cipher es uno de los seres más capacitados y poderosos que he conocido.

—¡Y también el más impredecible! Yo también confié en él y me traicionó de la peor manera. Sus caprichos y sus amistades le nublaron su mente. Ya no muestra interés en defender a su pueblo. Me ha decepcionado su falta de compromiso.

El soldado buitre se mantuvo. No quiso contradecirlo, luego de ver algo muy contrario en su mejor amigo.

»Es de agradecer que con el paso de los milenios, las dimensiones se vayan separando lentamente, pero eso no es suficiente. He usado mucho de mi poder para crear una barrera que trascienda las dimensiones con tal de contener a seres que nos quieren invadir desde otras dimensiones. Agradezco que no sean capaces de crear agujeros interdimensionales, pero después de tanto, estoy llegando a mi límite. En este proceso, más que nunca, necesito que se logre una alianza multidimensional, estoy vulnerable ante cualquier ataque.

—Supe que usted ha hablado con señores de otras dimensiones.

—Exacto, ellos han tenido el mismo problema con los inconscientes, y apenas son capaces de sostenerse, están a punto de desaparecer. Hemos planeando unificarnos y enfrentarlos con todo. Si todo sale bien, tendré dominio total en la alianza. Y Cuando recupere mis fuerzas, reuniré a todos mis súbditos para destruir definitivamente a los inconscientes. Y es esa la razón por la que necesito a la gente más confiable de mi lado.

—¿Y Bill?

—Pienso deshacerme de él y castigarlo como es debido. Y es la otra razón por la que he llamado: quiero saber de qué lado estás, tomando en cuenta tu amistad. ¿Lo defenderás para perder tu posición privilegiada y recibir un castigo por desobediencia?, ¿o seguirás con nosotros, con tu señor y con tu pueblo?

Cib-Tzolkin, tomado por sorpresa, mantuvo su mutismo durante mucho tiempo, miró a todos lados lentamente. Luego miró a Hercólubus, mientras, al contrario de su sentir, gesticulaba una sonrisa.

—Por el bien… de nuestro pueblo y su gloria... Bill Cipher debe ser…

El soldado no se mostraba seguro de lo que iba a decir.

»…Eliminado.

Repentinamente, un estridente sonido se escuchó en las lejanías. Cib y Hercólubus miraron al exterior y vieron a lo lejos un enorme brillo, proveniente de una supernova. Fue lo suficientemente poderosa para romper la barrera interdimensional creada por Hercólubus, puesto que criaturas extrañas habían ingresado desde ésta y deseaban invadir a toda costa la dimensión. Un fenómeno de esa magnitud era casi imposible de producirse por las propiedades de la Segunda Dimensión, se requería de un poder descomunal y solo pocas criaturas eran capaces de lograrlo, como por ejemplo…

—¿Por qué?... ¡¿Por qué ahora?! —exclamó con ira el rey de reyes—. ¡Cib, preparemos a los soldados, es hora de atacar!

En un instante, el todopoderoso desapareció, se teletransportó al exterior de su mundo, iniciando el ataque despiadado.

Cib se movió lo más rápido que pudo para reunir a los seres más poderosos de la Segunda Dimensión. Cuando los preparativos estaban casi completados, ocurrió lo inesperado: una cruz se abrió en las arribas del mundo. Era una especie de grieta portal, por donde salieron criaturas grotescas, pero muy familiares para Cib-Tzolkin.

—Son los prisioneros del teseracto —dijo el buitre carmesí, en forma analítica.

Eran las criaturas que Bill humilló y que se habían liberado sin razón aparente. Recordaba que su líder se llamaba Hectorgon, el cual reconoció de inmediato entre los cientos que habían ingresado.

El dios creador también se percató de la grieta producida mientras luchaba y, mediante telepatía, le solicitó a Cib defender al pueblo del peligro. El buitre se vio obligado a cambiar de planes, tuvo que llevar a los reunidos y los guardias para defender a los habitantes de la segunda dimensión. Se dividieron para cubrir rápidamente a los criminales, teniéndolos de acabar sin piedad. «Sin prisioneros» fue la orden de Cib-Tzolkin.

Cuando parecía que lograban contenerlos, vio como un grupo de guardias fue consumido por los poderes de Chupete, Cerradura y Dientes, 3 de los más peligrosos criminales y responsables del amotinamiento en el momento que fueron detenidos junto a Bill. El buitre fue con su tropa a derrotarlos y se encontró con la agradable sorpresa de que los 11 criminales estaban reunidos, porque sabía que los podía derrotar fácilmente. Por desgracia, cuando los guardias de Cib preparaban su ataque a los prisioneros, alguien entre ellos los desmoralizó de una manera contundente.

—No puede ser…

Reconocieron a un ser triangular dorado, de un solo ojo, entrecerrando sus ojos, preparado para una batalla. Bill Cipher, su gran amigo, estaba al mando. Era imposible suponer que lo tenían prisionero, su enorme poder los podía desintegrar en un chasquido de dedos. Pero no querían creer que la mano derecha del amo y señor fuese un traidor y el artífice de la invasión. Aun así, eso respondía muchas preguntas.

Lo peor vino cuando Cib-Tzolkin se ganó junto a los súbditos.

—Bill...

El poderoso triangulo solo miró con su ojo entrecerrado, emulando una sonrisa.

—Lo sabemos —dijo uno de los guardias— El señor Bill es un traidor.

—Señor Cib-Tzolkin —exclamó otro soldado, consumido por la rabia, incapaz de medir el real poder del triángulo dorado—, denos la orden para acabar con él.

—¿Piensas enfrentarme, Cib? —dijo Bill, determinado en su ambición, con la cual llevaría a acabar con cualquiera que se interpusiera, sin importar cuanta cercanía tuviese.

El buitre soldado se puso en frente de su tropa, su intención era dejarle un mensaje personal a quien fuese su mejor amigo. Una habilidad destacada de Cib-Tzolkin era la de producir antimateria, partículas inversas que al unirse con la materia existente, esta se neutralizaba y por defecto, desaparecía, saltándose el principio universal de transformación de materia. Ese poder le dio un aspecto intimidante, cambiando de su color carmesí a un azul lapislázuli, produciendo en sus brazos una especie de vapor que, al mirar objetos a través de los mencionados, les invertía sus colores, como el negativo de una foto. Fue tal la transformación, que los criminales liberados por Bill sintieron temblores en sus cuerpos.

Bill se ganó en frente de su amigo para iniciar el combate, el último había liberado mucha energía para su ataque más devastador. No había retorno...

Para sorpresa de Bill y sus secuaces, Cib-Tzolkin dio media vuelta y usó su poder para asesinar a su propia tropa.

Los soldados no alcanzaron a reaccionar, se desvanecieron al instante. El buitre no mostro una sola pizca de duda o arrepentimiento de su acción, sonrió tranquilamente y dio la vuelta para mirar al triangulo que, aun sorprendido, aplaudió con fervor.

—Mira lo que me hiciste hacer, Bill —dijo Cib-Tzolkin sonriente, con tal frialdad que lo hizo parecer un asunto sin importancia.

—¡Viejo amigo, sabía que no me decepcionarías!

El triángulo soltó una leve carcajada, la que fue creciendo gradualmente, hasta formar una de las más desagradables risotadas que hubiese soltado alguna vez. El soldado buitre también lo acompaño con una risa macabra, bajo las miradas de los aliviados criminales, que se sentían afortunados de tener a su lado a entidades prácticamente invencibles.

—ΜΛΦΛΜ—

Hercólubus pudo recibir ayuda de parte de algunos de sus súbditos, quienes deseaban acabar con los invasores. El ataque sorpresa no alteró la serenidad del rey de reyes, a pesar de su agotamiento. Incluso durante el combate, estaba más pendiente en entender cómo fue que se abrió una grieta espacio-tiempo dentro de su reino.

Fueron horas eternas de combate, pero a pesar de agotar mucha energía en repeler a las criaturas, Hercólubus logró sobrevivir victorioso, mas no los soldados que lo acompañaron. Luego de vencerlos. Intento ir al corazón de su mundo y ayudar a los suyos. A pesar de no estar en óptimas condiciones. Sin embargo, aparecieron unos molestos obstáculos en la forma de criaturas deformes y pintorescas.

—¡Su alteza! —dijo Hectorgon, uno de los criminales que escapó de una de las prisiones, un hexágono rojo con boca y bigote.

»¡Señor Hercólubus! ¡Es un honor conocerlo!

—Vaya, es mucho más atractivo de lo que cuentan —dijo Pyronica, con una engañosa picardía.

Esas criaturas, 11 en total, venían con perversas intenciones: acabar con el dios creador. El último no parecía intimidado en lo más mínimo, solo tuvo que mirarlos un momento para descubrir que, aunque eran fuertes, no representarían una verdadera amenaza.

Fue en ese momento en que Cib-Tzolkin apareció por teletransportación.

—Agradezco tu presencia, Cib-Tzolkin —dijo enorgullecido el dios creador—, aunque no necesito que malgastes tu energía ahora.

—Señor, me ofendería si me deja fuera de esto.

Hercólubus agradecía que uno de sus mejores soldados se presentase a la batalla descarnada, sin saber siquiera el maquiavélico plan del buitre, que preparó energías para su devastador ataque.

Las criaturas corrieron para iniciar una lucha directa, El todopoderoso iba a dejar que su soldado se encargara de la molestia. Sospechosamente, pudo sentir un irregular aumento de poder de Cib-Tzolkin, era raro, porque no requería de un poder tan abrumador para acabar con aquellos seres inferiores. Inmediatamente, las criatura se detuvieron a una distancia prudente y en ese breve instante, el buitre, a sus espaldas, usó todo su poder para atacarlo y dar un golpe certero. Hercólubus pudo esquivarlo en parte porque aun así recibió parte del ataque en su espalda, pareció sentir el daño, pero luego se irguió como si nada.

Los criminales, quienes vieron el golpe, quedaron casi boquiabiertos por la endemoniada resistencia de Hercólubus. Conocían de antemano la leyenda que lo relacionaba, pero debían verlo en carne propia para creer en verdad. En cuanto al atacante, estaba completamente agotado, soltando una sonrisa de desdicha, esperando su sentencia. Siempre supo que no serviría de nada, pero era lo suficientemente soñador para haberse ilusionado por una posibilidad de que ocurriese lo contrario.

—Cib-Tzolkin... De entre todos, tú eras al que menos deseaba destruir.

El líder, sin devolverle la mirada y sin hacer un gesto notorio, convocó un agujero negro sobre el traidor, tan repentino y de gravedad tan poderosa que desintegró su forma astral en un segundo. Éste gritó por la angustia, pero se demostró que era poderoso, porque, aun perdiendo su forma anterior y tomando la forma de un esqueleto de ave en llamas azules, siguió en pie. Pero en ese estado ya nada podía hacer.

El miedo recorrió en los criminales que lo acompañaron, luego de ver tan cruenta escena. El primero en huir fue Kriptos, quien gritaba de la cobardía, seguido de Cerradura cuando vio correr a su compañero. Los demás los siguieron de inmediato para no correr el mismo destino.

El amo absoluto, mirando fijamente a los criminales huir e ignorando a Cib, escuchó el repentino y ensordecedor sonido de un destello. Pudo percibir otra presencia, mientras la de quien fuera su mejor aliado desapareció. Con ello, logró deducir que Cib-Tzolkin recibió el tiro de gracia de parte de la persona a quien menos quería ver, alguien familiar, aquel que se mostraba casi fresco… como si nadie le hubiese hecho un solo rasguño… como si nunca hubiese combatido. El rey de reyes no tenía que voltear su mirada para saber que se trataba de Bill Cipher, su mano derecha.

—Su reputación le respalda, rey de reyes —dijo Bill, confiado—, pero me hubiese encantado que las criaturas acabaran con su vida, o Cib-Tzolkin. Así me hubiere evitado sentir culpa por manchar mis manos.

—Bill Cipher, ¿sentiste compasión por Cib-Tzolkin para liberarlo de su dolor?

—Llámelo así si quiere. No sabe cuántas ganas tenía por deshacerme de él con mis propias manos, aunque me siento agradecido con él. Aportó su granito de arena a mi humilde proyecto personal: ¡mi consolidación como rey de reyes, como siempre debió ser!

—Así que fuiste tú, ¡bastardo infeliz!

El triángulo amarillo sentía en su interior una sádica felicidad, porque estaba a un paso de concretar su plan definitivo.

—Pero vaya que me costó crear la supernova. Use gran parte de mi poder en ello, Menos mal que los inconscientes fueron atraídos rápidamente por la explosión.

—¿Y acaso querías destruir a los tuyos, a tu propio pueblo, para cometer tus caprichos?—dijo Hercolubus con una aparente impotencia.

—No, no, claro que no, señor Hercólubus. Solo quiero la más jugosa recompensa de la Segunda Dimensión: su vida. Además, necesito subordinados para mi pronto ascenso.

—Siempre te considere un parásito, pero jamás pensé que caerías tan bajo, Bill. Engañaste a otros, nos traicionaste. Te traicionaste a ti mismo.

Bill puso su mano en forma de pistola, y de su dedo índice, se empezó a reflejar un destello.

»Maldito cobarde, además de no querer mirarme a la cara... me quieres atacar por la espalda.

La risa sádica de Bill no se hizo esperar. El rey de reyes levanto su cabeza para mirar arriba. Por más que lo detestara, había aceptado su destino: el ser ejecutado por la criatura más indigna que haya existido desde el principio de los tiempos.

»Nunca pensé en aceptarte como rey y no lo haré ahora. Los habitantes no merecen que un canalla como tú los gobierne.

—Tal vez, pero ellos no tienen por qué saberlo, ¿o sí?

Bill uso casi todo su poder en aquel ataque. Sabía muy bien que Hercólubus era un ser mucho más poderosos que él. Así que, aprovechando su debilidad, la fatiga por enfrentar a los invasores y la marca de su «amigo», debía de dar un golpe certero. El rey fue cubierto por completo en aquel potente haz de luz, los que provocaron diminutos agujeros negro que desaparecieron al instante.

Las carcajadas sicóticas de Bill se hacían más sonoras y desagradables, pero al frenar su ataque, cambió su estado de ánimo en una forma muy extrema. Se sintió aterrado como jamás volvería a sentirse en millones de años: en rey de reyes estaba intacto, y Bill, agotado y sin capacidad de combatir, estaba desprotegido e indefenso. Cuando vio que el primero dio la media vuelta y caminó hacia él lentamente, como si no hubiese recibido daño alguno, Bill se paralizo. No tenía la capacidad suficiente para escapar de ese ser tan poderoso y no podía confrontarlo. Si su ataque más mortífero no le hizo daño, ¿Que podía hacer estando agotado?

—¡POR FAVOR, REY DE REYES! —gritó Bill, rogando clemencia con desesperación—, ¡TENGA PIEDAD!

Sin embargo, el rey comenzó a emitir una diminutas partículas luminosas de su propio ser, que al principio parecían imperceptibles y gradualmente aumentó su cantidad. Mientras más se le acercaba al traidor, más se desintegraba, volviéndose polvo de luz. Y antes de siquiera tocarlo, había desaparecido por completo.

Bill quedó paralizado un par de minutos, no creyó en principio lo que vio con su propio ojo. En cuanto se fue tranquilizando, emitió unos breves gestos de tosiduras, seguidos de unos sonidos de risas por sentirse beneficiado por el destino mismo, aumentando su sonoridad hasta formar una sádica y desagradable carcajada de victoria, la cual se extendió por largos minutos. Rodeado de todos los caídos y acompañado de sus secuaces, el rey se alzaba sobre todos ellos, mostrándose como el auténtico dominador del multiverso.

—ΜΛΦΛΜ—

—Nuestro rey se ha sacrificado para nuestro bien. Los inconscientes han mostrado ser una amenaza terrible y no podemos quedar de brazos cruzados. He contactado con los señores de otras dimensiones, que ya habían hablado con nuestro dios, para forjar la mayor alianza multiversal que haya existido. Al fin tendremos la oportunidad de vivir en paz y probaremos que el sacrificio de los caídos no será en vano. Los grandes nombres se alzarán, Hercólubus, mi gran amigo Cib-Tzolkin… todos ellos serán recordados por los milenios venideros, porque su recuerdo será la energía que nos lleve a destruir a los inconscientes restantes.

»Nuestro dios, Hercólubus, ha dejado un enorme legado en lo que podemos llamar nuestros corazones, así que me siento en la obligación, como su antigua mano derecha, de tomar su lugar. ¡Es hora de invadir y derrotar a los monstruos, porque el rey de reyes así lo hubiese querido!

—¡Viva el nuevo rey, Bill Cipher!

—¡Larga vida al rey Bill! ¡Larga vida al rey Bill!

El triángulo dorado se sintió extasiado de las alabanzas, disfrutaba cada instante de estar en la posición que siempre deseó. Muy en su interior, deseaba que gente bajo su mandato lo llamasen «líder», «emperador»… «Rey».

Desde ese momento ya existen registros más exactos de la historia. El soberano Bill Cipher llevó a todos sus súbditos a las zonas fuera de las dimensiones, donde residían los inconscientes, y acabó con todos sus enemigos, gracias a su reducción en número por las batallas anteriores, libradas por Hercólubus.

Lo que la historia no ha contado fue sobre un oscuro placer que el nuevo rey ocultó por mucho tiempo. Sentía adicción por destruir dimensiones ajenas, sin justificación alguna, al punto de provocar en él una excitación perversa. Se ha rumorado que al no poder acceder directamente, buscó nexos vivientes, seres de mentes influenciables pero de gran utilidad, los que hizo cumplir sus más grandes deseos a cambio de que cumplieran un cierto «favor». Cuando lo lograba, procedía a su más macabro plan: transformar la dimensión a su retorcido antojo y acabar con toda la vida existente. Este tipo de genocidio lo llamó, «cariñosamente», el «Raromagedón».

Con el pasar de los milenios, los caídos fueron olvidados y el esplendor de su hogar fue desvaneciendo, porque Bill solo pensaba en destruir otras dimensiones. Gracias a sus decisiones, crímenes cometidos y las sospechas confirmadas de volverse un destructor de mundos, la alianza interdimensional, legado de su predecesor, se quebrantó.

En tanto, los habitantes de la Segunda Dimensión se fueron dando cuenta poco a poco que su señor era un tirano, pero ya era tarde: Bill acumuló tanto poder que ningún otro ser podía oponerse, y nunca más volvió a existir otra entidad tan poderosa como Hercólubus. Quienes se revelaron, fueron destruidos, pero la sedición fue tan prolongada que provocó que el triángulo perdiera la paciencia y destruyera su propia dimensión natal, para evitar mayores molestias. No sintió una pizca de compasión en ello, lo tomó como algo tan insignificante como estar sacando la basura. Escogió a unos pocos sobrevivientes y los llevó a una de las tantas dimensiones destruidas para volverla su nuevo hogar, transformándolo gradualmente hasta dejarlo como lo que hoy se le conoce como el Reino de las Pesadillas.

Todo el esplendor que el antiguo monarca se esmeró en forjar, se esfumó y los pocos habitantes que quedaron se convirtieron en seres sin voluntad propia, bajo los caprichos de los camaradas criminales, adquiriendo personalidades desadaptativas y viviendo únicamente para venerar la magnificencia de Bill Cipher, una entidad nacida para obedecer, y que dobló la mano del destino para volverse el emperador, aun si eso significó caer bajo y traicionar a otros para lograrlo.

Eso lo convirtió en el auténtico rey de reyes.


Gracias por leer mi historia, espero les haya gustado.