Capítulo 13:

Despertar de un sueño

Sí.


Harry dormía de manera pacífica y tranquila. No se revolvía, ni se inquietaba. A Draco le hacía gracia pensar que su serenidad se mantenía incluso durmiendo. Se despertaba como si nunca hubiera dormido, porque en un segundo estaba soñando, y al siguiente le veía hablar con alguien en el pasillo. Supuso que su estado de alerta era normal al tener que estar pendiente de un barco entero. Se pasaba la mayor parte del tiempo acostado sobre su espalda, vestido solamente con unos pantalones holgados de color blanco, la sábana tapándole hasta la cintura y el pecho al descubierto. Tenía una extraña y pequeña cicatriz cerca del hombro. Era de color blanquecina, apenas visible y en forma de espiral. No creía que fuese un corte porque era precisa y demasiado suave al tacto.

Draco se había entretenido los últimos minutos acariciando la cicatriz y, si alguien le preguntase, negaría vehementemente que se hubiera pasado gran parte de la noche atesorando la imagen de Harry es su cabeza.

—Fue la peor idea de Ron —se sobresaltó al oírlo. Al azar la mirada, se encontró con unos ojos verdes y atentos.

—No sabía que estabas despierto.

—Puedo escuchar a tu cerebro intentando averiguar cómo me la hice.

Draco esbozó una sonrisa. Podía notar que sus mejillas se coloreaban, pero no apartó la mano.

—¿Cuál es la historia, entonces?

—Eramos unos críos y a Ron le apreció buena idea quemarnos con uno de los moldes que Charlie utilizaba para sus espadas.

—¿Para qué?

—Para que ambos tuviéramos cicatrices gemelas. Él se la hizo en el brazo.

—Qué dulce.

—Ron tuvo una época muy sentimental —contestó con seriedad aunque su mirada burlona le delató.

Soltó una carcajada, negando con la cabeza.

—Me cuesta creerlo.

Harry resopló divertido antes de apoyarse en su costado para encararle. Draco dejó caer su mano contra la almohada y cerró los ojos cuando Potter tanteó su brazo con suavidad.

—¿Estás bien? —preguntó con cautela.

Suspiró, parpadeando ligeramente. Mentiría si no dijese que en su mente todo era borroso, todo era como un sueño que había sucedido demasiado rápido y del que se había despertado de repente. Pero era real, y Draco recordaba cada pequeño detalle de la noche anterior, y no podía dejar de maravillarse ante la idea de que estaba frente al hombre que le amaba. Si había algo de lo que se arrepentía, era que no había podido corresponderle. En cuanto había escuchado la respuesta a su pregunta, su corazón y su cuerpo se habían desplomado con alivio y se había quedado dormido inmediatamente.

Yo también te amo, pensó, pero ese momento, con Harry dándole toda su atención, no se veía capaz de pronunciar las palabras que tenía en mente.

—Perfectamente —contestó con una sonrisa—. ¿Y tú?

—Nunca he estado mejor —sonaron tres golpes en la puerta. Draco alzó el rostro, pero no escuchó nada más. Buscó en Harry una respuesta, quien se levantó y dejó un beso en su sien—. Es Blaise, tengo que relevarle en la guardia. Duerme un poco, todavía es temprano.

Dudó que pudiera volver a dormir mientras el capitán se vestía y salía de la habitación pero se equivocó. Se acurrucó en la cama y antes de que pudiera darse cuenta ya estaba soñando.

Cuando despertó ya era de día, y Hufflepuff se veía como un paisaje borroso en el horizonte. Draco observó el tranquilo oleaje, reclinado contra el barandal y con una pequeña sonrisa en el rostro. El aire arremetía con fuerza, revolviéndole el cabello y haciéndole entrecerrar los ojos. Nunca antes se había dado cuenta de lo agradable que era el olor a mar.

—Qué ganas tengo de llegar.

Asintió ausente a la declaración de Ginny. Llegar a tierra significaba comida fresca y algo de descanso, por eso había esa habitual atmósfera impaciente y expectante dentro del barco. Hasta el día anterior, llegar a Hufflepuff para Draco habría significado abandonar el Fénix, despedirse de sus amigos y no volver a verlos. Ahora, en cambio, sólo era un nuevo lugar al que visitar.

Era increíble lo mucho que cambiaban las cosas de un momento a otro.

—Espero que hayan manzanas —contestó. Porque esa era su única preocupación.

—¿Habían manzanos en Slytherin?

Sus hombros se tensaron ante la pregunta. Su tono era inocente, casi divertido, y en el rostro de Ginny no había maldad alguna, pero era la primera vez que su amiga hacía alusión a su pasado y, aunque ella no se había mostrado enfadada por ser un Malfoy, Draco todavía se sentía algo culpable por no habérselo dicho. Había estado tan obcecado en abandonar el barco, que no se había planteado darle explicaciones a nadie.

—Sí, sí habían —contestó, incómodo.

—No me importa —dijo Ginny con voz suave—. Lo de tu familia y todo eso. Eres mi amigo, eso es lo primordial.

Soltó el aire que estaba reteniendo y sus músculos se relajaron.

—Mi madre hacía una tarta de manzana increíble.

Ambos sonrieron y la atmósfera entre ellos volvió a ser ligera y casual.

—Ginny —llamó Ron—, Goyle necesita que revises su rodilla.

La chica rodó los ojos, asintiendo hacia su hermano y se despidió de él con un ademán. Draco miró el paisaje durante un momento, antes de decidir ocupar su tiempo con algo. Se acercó a Terry Boot y a Cormac McLaggen, los cuales estaban desparramados en el suelo, uno reparando una red de pesca y el otro creando una nueva. Se sentó junto a ellos, anudando las cuerdas más despacio que los otros dos. Cormac tenía práctica en ello, aunque se notaba que no era su fuerte. Terry en cambio iba a toda velocidad, creando nudos que a la vista de Draco eran imposibles.

Su trabajo era lento, pero se aseguraba de que la red fuera firme. Sus dedos iban resintiéndose mediante avanzaba y la piel de sus manos empezaba a escamarse por el roce de la cuerda. Miró con envidia a Boot y su destreza. Tal vez debería haberse escondido en la cocina con Neville.

—¿Está bien así? —preguntó cuando ya tuvo unos metros de red.

—Debes apretar un poco más está parte, pero sí, está bien.

Asintió, siguiendo su orden y observando la manera en la que Terry ataba algo de lastre en una de las esquinas de la red.

—¿Cuantos nudos diferentes sabes hacer? —cuestionó con curiosidad.

—Más de los que puedo contar —respondió de buen humor—. Mi padre era pescador, así que llevo haciendo redes toda mi vida.

Se preguntó si Harry también sabía hacer una de esas ataduras tan complicadas, sabiendo que su tío también era pescador. Probablemente sí, porque Potter parecía capaz de hacer cualquier cosa.

—¿Cómo era aquel nudo que me enseñaste? —intervino Cormac.

—¿El de la ligada redonda?

Cuando McLaggen asintió, Terry cogió una cuerda algo más gruesa, como las que utilizaban para amarrar las velas, luego sujetó una más fina que eran las que estaba usando en las redes, y las empezó a envolver una con otra utilizando movimientos fluidos para luego terminar en un lazo extremadamente complicado y resistente.

—Alucinante —expresó con asombro.

—Es un buen nudo cuando quieres unir cabos de distinto grosor.

—Y uno de los más seguros que existen —interrumpió George.

—Perfecto cuando quieres atar a alguien a tu cama —continuó Fred, dedicándole una mirada insinuante. Su hermano asintió con aire solemne.

—¿Lo decís por experiencia? —provocó Cormac, riendo.

—Por supuesto —contestaron a la vez. No parecían avergonzados.

Draco rodó los ojos y negó con la cabeza, aunque su boca se torció en una sonrisa. Esos dos no tenían remedio.

Los otros se carcajearon, pero no tuvieron tiempo de discutir nada más porque Harry anunció que estaban a punto de tomar tierra. Todos se pusieron a trabajar en ello, recogiendo las velas y amarrando el Fénix al puerto. Draco dejó momentáneamente su tarea con las redes de pesca para caminar hacia estribor y admirar la vista frente a él.

El primer pensamiento que le vino a la mente respecto a Hufflepuff fue que era más grande de lo que había imaginado. El pueblo estaba situado alrededor del puerto, para su sorpresa, no parecía haber ninguna playa cerca, pero lo que sí habían enormes llanuras de trigo que relucían al sol y se mecían con el vaivén del viento. Los techos de las casas eran de color negro y resaltaban de una manera extraordinaria con el color amarillo de los campos.

—Hay muchísima gente —comentó, observando la cantidad exagerada de personas que caminaban por el pueblo.

—Es época de cosecha —reconoció la voz de Harry incluso antes de girarse para encararle—, celebran una especie de ritual para que los frutos sean prósperos.

—No sacrificarán a ninguna virgen ni nada de eso, ¿verdad?

Potter rió de manera baja y burlona. Draco se fascinó por cómo la risa de Harry siempre parecía nacer de su interior y retumbar en su pecho hacia fuera. Quizás por eso siempre se emocionaba cuando lo escuchaba reír.

—No, solo se emborrachan y recogen la primera siembra —contestó. Luego le dedicó una mirada traviesa—. De todas maneras, tampoco tendrías que preocuparte, ya que eres de todo menos virgen.

Resopló, pero decidió no argumentar nada. Ya tenía asumido que era imposible lucha contra el descaro de Potter. Con lo que no contaba era que Ginny estaba a unos metros de ellos y miraba al capitán de manera sospechosa.

—¿Y tú cómo sabes eso?

—Ve a ayudar a tu hermano —ordenó Harry. Cuando la chica abrió la boca para protestar, añadió:— A cualquiera de ellos.

—Ahora entiendo porqué anoche no dormiste en tu cama.

Draco se obligó a encogerse de hombros con aire desinteresado cuando ella les miró descaradamente antes de obedecer a Potter e irse. Se estaba dando cuenta de que tener vida privada en ese barco iba a ser una tarea complicada.

—¿Vas a querer bajar?

Lo reflexionó durante un instante antes de negar con la cabeza.

—Hay demasiada gente y estoy cansado —sabía que eso podría no suponer un problema, pero las multitudes aún le ponían nervioso. Cuando le volvió a mirar, Harry sonreía con algo que solo podía denominar como orgullo. Se abstuvo de poner los ojos en blanco—. Cállate.

—No he dicho nada.

—Puedo imaginar lo que tu mente desvergonzada está pensando.

Potter ensanchó su sonrisa, le agarró de la camisa y tiró de él para abrazarle. Draco miró brevemente a su alrededor, pero nadie parecía tenerles en cuenta. Soltó un suspiro y se hundió en la caricia sin importarle nada más que enterrar su rostro en el hombro del otro y dejarse arrullar por su calidez.

Se sentía tan natural quererle, que parecía que lo había estado haciendo toda la vida.

—Harry —murmuró. Su corazón empezó a acelerarse y cerró los ojos con fuerza. Harry no había dudado a la hora de responderle, había afirmado que le amaba y había parecido seguro y satisfecho de decirlo. Se merecía lo mismo por parte de Draco—. Te amo.

Sintió que el abrazo se estrechaba y que Harry acariciaba su espalda con cariño.

—Eliges momentos muy peculiares para expresar tus sentimientos —bromeó el moreno. Alzó el rostro, dispuesto a quejarse, pero los ojos de Harry eran suaves y brillaban como nunca antes, y le fue imposible articular palabra—. Intenta no meterte en ningún problema mientras esté fuera.

—Nunca me meto en ningún problema —replicó, inocente. Potter arqueó una ceja de manera recelosa.

—Le diré a Blaise que se quede aquí por si acaso.

Esta vez sí puso los ojos en blanco.

—No me digas que ahora te vas a poner sobreprotector.

—¿Quieres que te cuente dos secretos? —susurró en su oído. Su piel se erizó acto seguido— Siempre he sido sobreprotector contigo.

Su pecho vibró, cálido y complacido. A parte de sus padres y Severus, nunca había tenido nadie que se preocupase de él. La sensación de sentirse protegido era algo que siempre le iba a emocionar.

—¿Y el segundo?

—Que yo también te amo.

Draco soltó una carcajada entre nervioso y feliz justo en el momento en el que Harry se separaba de él para unirse a Ron y bajar al puerto. Tardó unos minutos en dejar de sonreír como un idiota y en recomponerse lo suficiente para que su corazón dejase de enviar sangre hacia sus mejillas.

Volvió a su tarea con las redes, esta vez solo ya que Terry y Cormac estaba en tierra. Trabajó hasta que el cielo se oscureció y el ruido festivo se hizo presente en el pueblo. Se desperezó con calma, disfrutando de la tranquilidad que había en el barco cuando estaba casi vacío y se apoyó en el barandal para ver el pueblo. A pesar de la poca visibilidad, podía ver a gente bailando y riendo entre las calles, mientras algún tipo de música se escuchaba de fondo. Sonrió con calma, preguntándose si Harry, Ginny o Neville estaban disfrutando de la fiesta. Soltó un suspiro cansado y se dirigió a su camarote. Su cuerpo están tan agotado que se quedó dormido en cuanto se acostó.


Despertó de golpe, alertado. Su cuerpo se quedó rígido sobre la cama, mientras sus ojos parpadeaban en medio de la oscuridad. Se irguió hasta quedarse sentado, intentando que sus oídos captasen algún sonido inusual. Frunció el ceño cuando escuchó algunos golpes fuera de su habitación.

Fue sigiloso a la hora de levantarse, cogió su sable que descansaba encima de su baúl y abrió la puerta con lentitud. La adrenalina recorrió todas sus venas mientras miraba atentamente a lo largo del pasillo, imaginando quien habría sido capaz de atreverse a irrumpir en el Fénix.

Su aliento se atascó cuando vio una figura caminando torpemente y murmurando algo que no entendió, para luego expulsar el aire con pesadez al reconocer al hombre.

—¿Oliver? —llamó.

El chico alzó la mirada, sonriendo brillante y avanzando hacia él.

—¡Draco! —exclamó— Te estaba buscando.

Su cuerpo se relajó, aunque no pudo evitar bufar con hastío. Le había dado un susto de muerte. Se dio la vuelta para dejar el sable en su baúl nuevamente, cuando Oliver tropezó al entrar en su camarote.

—¿Qué haces aquí?

—Necesito hablar conmigo —frunció el ceño y arrugó la nariz al notar el olor a alcohol que desprendía Wood.

—Será conmigo.

—Sí, conmigo.

—Contigo no, conmigo.

—Contigo —murmuró por fin. Draco elevó la vista al techo, implorando paciencia. Tenía demasiado sueño como para lidiar con un ebrio—. Quiere que dejes de evitarme.

—No te estoy evitando.

La verdad era que sí le estaba evitando. De hecho había pasado esos dos últimos días esquivándole totalmente. Todavía no podía quitarse de la mente la imagen bochornosa que había visto Oliver de él, sonrojado y desaliñado, cuando se había besado con Harry y no quería enfrentarse a la vergüenza que le iba a dar que el chico comentase algo al respecto.

—Escúchame... —balbuceó Oliver— Somos amigos, ¿verdad?

—Sí.

—Y yo, tú... podemos estar juntos. Como amigos. Aunque tu cara es preciosa.

—Claro —contestó.

Deseaba que el chico se marchase ya de su camarote para poder volver a dormir.

—Porque Harry Potter siempre consigue lo que quiere. El maldito cabrón con suerte.

—Creo que deberías irte a dormir —concluyó.

Wood se tambaleó, agarrándose a los brazos de Draco para enderezarse. Dijo algo que no entendió y luego osciló peligrosamente hacia atrás.

—Creo que voy a vomitar.

—Ni se te ocurra —advirtió Draco.

Fue demasiado tarde, porque el rubio vio a Oliver inclinarse hacia él con todo su peso, tirándole hacia la cama de manera brusca. No vomitó, pero tampoco parecía reaccionar mientras estaba sobre Draco, aplastándolo con todo su peso.

Se quejó por el golpe y zarandeó al moreno para que se apartase. Estaba totalmente aplastado, con la cara enterrada en el pectoral derecho del moreno y las manos atrapadas entre ellos de manera incómoda.

—Oliver —gruñó, intentando sacarlo de encima suyo. Estaba empezando a costarle respirar—, levántate.

El aludido se removió y emitió un sonoro ronquido. Puso los ojos en blanco. Bueno, al menos sabía que estaba vivo.

Liberó sus brazos con bastante esfuerzo y clavó los codos sobre el camastro y utilizó toda la fuerza que pudo reunir para apartar la parte superior del cuerpo de Wood y así poder respirar algo mejor. Nunca imaginó que una persona podía llegar a pesar tanto.

—Oh, por el amor de todos los cielos.

Estiró el cuello, alarmado cuando escuchó la voz de Colin. El chico estaba bajo el marco de la puerta, mirándole con ojos anchos y la boca entreabierta. Había conmoción en su rostro, seguramente por haber encontrado a alguien en una postura tan comprometedora.

—Colin —jadeó con urgencia—, ayúdame.

—¿Qué ha pasado?

—Tú ayúdame a quitármelo de encima y luego te lo explico.

—Espera, mejor iré a buscar ayuda.

Ni si quiera le dio tiempo a replicar nada cuando Creevey ya había salido corriendo. Draco se llevó las manos hacia el rostro y ahogó un grito exasperado. Empujó a Oliver un poco más fuerte, hasta que pudo apartarlo lo suficiente para sentarse, haciendo que Wood quedase tirado en su regazo. Fue entonces, cuando sus piernas estaban enredadas y Draco intentaba quitarse de encima al moreno sin tirarlo de la cama, cuando el capitán apareció.

¿De entre toda la gente que había en el barco, había tenido que llamar a Harry?

—¿No había nadie más? —le espetó a Colin, quien pareció ridículamente culpable.

—¿Qué se supone que estáis haciendo?

La voz de Potter era como la calma antes de la tormenta. Su mandíbula estaba apretada, así como sus hombros y sus brazos cruzados sobre su pecho. No parecía que estuviera enfadado, pero había una atmósfera a su alrededor que hacía que la habitación se sintiese sofocada. Solo se había quedado así de abrumado por él la primera vez que lo vio.

—Estaba borracho. Él, yo no —y encima se ponían a balbucear como Colin cuando estaba nervioso—. Vino a hablar conmigo y se desmayó encima mío.

—Se desmayó encima tuyo.

Se percató en ese instante que Harry tenía la capacidad de repetir sus palabras y que sonasen como un delito.

—Sí —murmuró—, está inconsciente. No puedo quitármelo de encima sin tirarle al suelo.

—Tranquilo —contestó Potter. Su tono era sosegado—, yo te ayudo.

Lo que pareció un amable gesto por parte del capitán, rápidamente se volvió en todo lo contrario. Avanzó hacia ellos, cogió del cabello a Oliver y lo arrastró hacia afuera como un saco de harina. Wood gritó acto seguido, revolviéndose y pataleando por el pasillo mientras Harry lo arrastraba. Draco corrió detrás de ellos, impactado por la escena que veía.

—¡Lo siento! —chillo Oliver. Precia mortalmente sobrio de repente— No volverá a pasar, lo siento.

—Harry, detente —pidió el rubio, sin resultado alguno.

—Capitán, por favor. Lo siento, no lo haré de nuevo.

Avanzó con rapidez cuando Potter estampó a Oliver contra el barandal de madera, haciendo que la mitad de su cuerpo quedase en en el aire.

—Espero que esto te ayude a refrescar tus ideas —dijo, y acto seguido lo tiro al agua.

El aire abandonó los pulmones de Draco cuando vio cómo Wood caía directo al agua. Se llevó las manos a la boca y no pudo evitar suspirar con alivio cuando lo vio emerger.

—Podrías haberlo matado —le recriminó.

Debería haberlo matado —replicó Harry—. Oliver no bebe. No le gusta el alcohol, nunca se ha emborrachado en su vida. Era solo una manera estúpida de llamar la atención.

Parpadeó. Dos veces.

—¿Qué? —negó con la cabeza y luego entrecerró los ojos. ¿Cuantas veces iba a olvidar que estaba en un barco lleno de piratas?— Debería haberlo matado yo mismo.

Escuchó a Harry chasquear la lengua y exhalar profundamente. Su ceño estaba fruncido, su rostro y la tensión en sus hombros demostraba que aún estaba cabreado.

—Menos mal que te dije que tuvieras cuidado.

Mordió su labio inferior y agitó las pestañas de las mismas manera que lo hacía cuando su madre se enfadaba con él y quería salir indemne de castigo.

Aunque a una pequeña parte de él le gustaba ver a Potter fuera de esa serenidad que tenía siempre.

—¿Puedo dormir contigo? —preguntó cándidamente.

Harry le dedicó una mirada difícil de interpretar pero que le hizo estremecer.

—Hay ocasiones en las que solo tengo ganas de matarte.

—¿Eso significa que sí?

Fue espectacular la forma en la que el cuerpo del capitán se desinfló y su rostro pasó a la divertida calma de siempre.

—Sí. Vamos a dormir, anda.

Draco sonrió victorioso.


Oliver le pidió perdón a la mañana siguiente. Draco realmente le hubiera hecho sufrir si no fuera porque el chico parecía genuino en su arrepentimiento. Aceptó sus disculpas, dejaron todo lo que había sucedido atrás y establecieron que su realización iba a ser puramente amistosa. Fue como quitarse un peso de encima, porque era bastante difícil evitar a alguien cuando estaba en un barco.

Zarparon temprano, lo que fue un calvario para los que de verdad se habían emborrachado la noche anterior y tomaron rumbo hacia Hogwarts. Draco se alegró por el destino, porque era un lugar que quería volver a visitar. Debían tomar una ruta larga, sin embargo. Dean les había avisado de que tardarían al menos una semana en llegar y eso suponía que iban a encontrarse a demasiada gente por el camino.

Llevaban dos navíos abordados en apenas tres días, lo que conllevaba a que parte de la tripulación estuviese herida, y la mayor parte cansada. Draco tenía las dos. Estaba agotado, y su hombro derecho se había resentido después haber aterrizado mal cuando sobrevolaba con una cuerda. Había recibido una reprimenda de Ginny y unos nuevos vendajes para su hombro.

—Deberías descansar —le dijo Neville. No podía quitarle la razón, porque se estaba quedando dormido ahí sentado—. No creo que...

Se interrumpió cuando escucharon la voz de Ernie desde fuera. Draco suspiró, elevando la vista.

Que Macmillan hablase significaba que había avistado algo, y estando tan lejos de tierra, solo significaba un nuevo encontronazo.

—Voy a matar a alguien —murmuró—, ahora vuelvo.

No esperaba que en cubierta todo el mundo estuviese en un silencio inquieto y tenso. Frunció el ceño, mirando a su alrededor para darse cuenta de que los demás parecían atentos a algo que ocurría en popa.

—Dean, vira el barco a babor —ordenó el capitán—. No podemos dirigirnos a Hogwarts con ellos detrás.

Caminó hacia la parte trasera del barco, con el ceño fruncido y una sensación de mal presentimiento. Vio a Harry mirando fijamente al horizonte, demasiado serio para su gusto.

—¿Qué pasa? —le preguntó a Blaise al llegar a su lado.

—Hay un barco siguiéndonos. Probablemente sea el de Greyback.

La respuesta cayó como un balde de agua fría. Sintió que la sangre abandonaba su rostro y que su corazón se hundía en su estómago.

Fenrir Greyback era el mercenario personal de Umbridge pero él no buscaba tesoros o reliquias, sino gente. Los cazaba y luego se los entregaba a Dolores para que hiciese con ellos lo que quisiera. Sus padres se habían pasado toda la vida huyendo de esa mujer.

—¿Nos alcanzará?

—Si es el, sí —fue Harry quien respondió. Su voz era ronca y sombría—. En un par de horas más o menos.

Sus ojos se encontraron y no hizo falta que le hablase para recibir el claro mensaje. Draco iba a ser el objetivo principal. Seguramente, iba a ser el único. Recordó su encuentro con Pettigrew en Gryffindor. Habían pasado meses y parecía una memoria lejana. Su vida había cambiado tanto, que ese momento había quedado desterrado en un rincón de su mente. Estúpidamente, había pensado que en el Fénix no había peligro de que ese tipo de gente le encontrase porque iban moviéndose continuamente y apenas se dejaba ver, pero ahora veía cuán equivocado estaba.

—Podemos deshacernos de lastre —propuso Theo, trayéndolo al presente.

Tragó saliva con fuerza, notando que le estaba empezando a costar respirar. Elevó su mirada hacia el horizonte; el barco de Greyback era un punto negro en medio de un montón de azul.

—Su barco es más pequeño. Ni aunque vaciásemos el Fénix conseguiríamos ir más rápido —contestó Ron.

Draco se alejó, caminado a paso inestable y se encerró en su camarote. Su mente estaba en blanco y su cuerpo parecía haber colisionado contra una pared. Se sentía entumecido en todas partes. Ni si quiera se percato del momento en el que Harry entró y se sentó en la cama de Ginny frente a él.

—Ve a mi camarote cuando asalten y no salgas de ahí.

La frase le hizo evocar el recuerdo de la primera vez que había estado en medio de un abordaje, cuando Potter era sólo un pirata que lo ayudaba sin razón alguna, que lo protegió y lo escondió hasta que la situación estuvo bajo control.

En ese momento, no se veía capaz de quedarse sentado en una cama, con una lámpara de aceite como arma.

—No.

—Draco...

—Llevo toda mi vida así; escapando, pasando miedo, escondiéndome,... Y nada de eso ha funcionado. Saben que estoy aquí y sé que tú también eres consciente de ello. Tú mismo me dijste quién era Pettigrew —se detuvo, respirando hondo—. Tal vez es hora de hacerles frente.

Hubo un segundo de silencio, y luego Harry habló con voz ausente.

—No puedo dejar que te expongas. No contra alguien como Greyback.

Soltó un gran suspiro, mirando firmemente las manos en su regazo. Sentía unas terribles ganas de llorar.

—No puedes hacer nada. No pudieron hacerlo mis padres, ni Severus, ni nadie. Siempre me van a perseguir, siempre va a haber alguien que quiera algo de mi, pero estoy cansado de huir. Quiero sentirme seguro en algún sitio y aquí lo estoy, así que no me voy a esconder.

Potter se acercó a él y se arrodilló en el suelo para sujetar sus manos. Era un contraste bonito, porque la piel de Harry estaba tostada por el sol y marcada con algunas heridas antiguas, mientras que la suya era naturalmente blanca, con algunas abrasiones por las cuerdas. Las acarició con suavidad, haciéndole sonreír tenuemente.

—¿Como voy a arriesgarme a perderte, cuando por fin te tengo?

El aire se quedó atascado en su garganta. Se arrepintió de haber levantado la mirada, porque el rostro de Harry estaba lleno de aflicción y sus ojos lo observaban con una súplica que no creía que sería capaz de ver jamás.

—No me vas a perder.

Rezó para que fuera cierto.


Hooooooooola holita, vecinitos.

¿Podéis creer que he cambiado el final del capítulo en el último momento? Tenía en mente algo completamente diferente, pero esta última escena me ha venido mientras escribía y he pensado que si mi cerebro, con lo mucho que le cuesta pensar a veces, lo ha querido así, quién soy yo para negarlo.

En realidad, nada de esta parte es lo que tenía en mente, porque en un principio no iba a poner la respuesta de Harry a la pregunta del anterior capítulo, pero pensé que sería cruel. De hecho se me han ocurrido un montón de respuestas a la pregunta, pero no quería hacer sufrir a nadie, así que aquí lo tenéis.

Sé que he tardado en publicar, pero como he dicho, tenía muchas opciones y varias escenas que quería escribir pero no sabía cómo juntarlo todo y que quedase cohesionado, por eso he tardado tanto. También he de decir que es el capítulo de transición más largo que he escrito.

Solo espero que os haya gustado y que podáis esperar con paciencia el siguiente. Intentaré no tardar en publicar. Lo intentaré, de verdad.

¡Hasta pronto!