Capítulo 15:

Saltarse un latido

Lo primero que pensó Draco fue que estaba mareado, aún sin haberse despertado del todo, y que tenía una arcada atascada en el estómago queriendo subir por su garganta. Abrir los ojos fue un suplicio y cuando lo consiguió, se dio cuenta de que podía parpadear con el ojo derecho, lo que significaba que ya no estaba del todo hinchado. Sus piernas se sentían entumecidas, no tenía sensibilidad en el brazo derecho y los músculos de su espalda estaba agarrotados. Exhaló con fuerza por la nariz para desatascar sus vías respiratorias, expulsando un coágulo de sangre y luego respiró profundamente. Se arrepintió de hacerlo en cuanto percibió el hedor a humedad y a excremento de rata. Gimió al palparse la cara con la mano izquierda; al menos su nariz parecía recta. Se recostó sobre su espalda, lo cual provocó otra ola de mareos. Cerrar los ojos tampoco ayudaba, así que se tumbó sobre su costado, parpadeando lentamente.

—¿Estás despierto?

Su mente se sentía tan borrosa y pesada que le costó darse cuenta de que le estaban hablando. Levantó el rostro para mirar hacia Astoria, que estaba también tumbada en el suelo. Intentó contestar, pero su voz solo emitió un sonido ronco.

—Sí —respondió, después de carraspear.

—Creí que ya no ibas a despertar.

—¿Cuanto tiempo he dormido?

—Casi dos días —soltó un suspiro, volviendo a su postura recostada. Dos días. Ahora entendía porque le dolía todo—. ¿Estás bien?

Relamió sus labios, notando lo secos que estaban. Aparte de la náusea constante en su estómago, se dio cuenta de que también tenía hambre.

—Necesito agua —respondió.

—Tendrás que esperar a mañana. Por la noche nadie viene aquí.

—¿Es de noche? —preguntó.

Miró a su alrededor por instinto como si pudiese comprobarlo, a pesar de que sabía que la habitación no tenía ventanas.

—Es lo que me imagino —contestó ella—. Todo está más tranquilo por la noche, ¿no?

Draco se quedó en silencio, prestando atención a su entorno más allá de donde estaban. Podía escuchar a alguien caminando, a un hombre riendo a lo lejos y el sonido de las olas de fondo, pero no había ese habitual barullo de gente merodeando en un mismo sitio.

Supuso que Astoria tenía razón, entonces.

Se alegró de que fuese así. No se veía capaz de ser lidiar con alguien como Smith o con algún otro carroñero mientras intentaba contener las náuseas y el dolor en el cuerpo. Se sentía cansado, a pesar de haber estado inconsciente durante dos días. Intentó acomodarse lo mejor que pudo en el espacio que le dejaba la jaula y volvió a cerrar los ojos.

Su sueño fue inestable y ligero. Podía jurar que sólo habían pasado unos pocos minutos desde que se había quedado dormido, pero era obvio que se equivocaba, porque cuando despertó, el barco parecía que había vuelto a la vida. Había ruido por todas partes.

—Vaya, parece que nuestra alteza por fin se ha despertado.

La adrenalina y el miedo hicieron reaccionar a su cuerpo antes que a su mente. Se irguió con velocidad, quedando en una posición sentada. Parpadeó rápidamente para aclarar su visión borrosa e intentar que su cabeza dejase de dar vueltas. Cuando lo consiguió, vio a un hombre corpulento, con el cabello marrón oscuro enredado a lo largo de sus hombros, unos ojos tan negros que ocultaban sus iris y una sonrisa grotesca en la cara. Estaba inclinado sobre su jaula, lo que hacía que sus hombros y su pecho pareciesen amenazantemente anchos.

—Greyback —adivinó. El hombre ensanchó su sonrisa, pronunciando su mandíbula cuadrada.

—Draco Malfoy —pronunció. La manera en la que lo dijo, tan prometedora, le provocó un escalofrío—. He estado buscándote durante mucho tiempo.

—Ya me has encontrado.

Fue un milagro que su voz no se quebrase al hablar. Apoyó la espalda en la pared tras él y se llevó las rodillas al pecho para esconder el temblor de sus manos.

—La verdad es que cuando escuché a Pettigrew decir que Potter tenía un áureo no me lo creí, pero luego encontré a Smith —relató—. Y luego tu amiga Parkinson nos dijo hacia dónde habíais tomado rumbo. Una chica muy servicial, sin duda.

Apretó los dientes, sintiendo todo su cuerpo burbujear de furia. Intentó que sus emociones no se reflejasen en su rostro, aunque por la mirada complacida de Greyback, sabía que había tocado un nervio sensible.

Las palabras eran un arma poderosa si sabías qué decir para herir a alguien.

—Qué suerte la tuya —espetó con desprecio.

—Sí, mucha suerte. Nada me hace más feliz que tenerte aquí, y para que veas lo buen anfitrión que soy, te he traído esto —Fenrir se agachó y dejó una jara de madera en el suelo, junto con algo envuelto en tela. Draco lo miró con desconfianza, sin moverse un sólo ápice—. Comida y agua. No podrás quejarte.

Su boca se secó todavía más ante la perspectiva de poder dar un trago de agua pero en vez de abalanzarse hacia la jarra como estaba deseando, lo que hizo fue resoplar por la nariz y alza una ceja.

No le hacía falta observar mucho a Greyback para saber que era la típica persona que le gustaba sentirse en una posición dominante ante los demás. Era el capitán de un barco donde no habían más que carroñeros que disfrutaban torturando gente. Debía tener un carácter fuerte y verse por encima de todos ellos solo hacía crecer su ego. Por eso se encontraba tan a gusto ahí, sonriendo cínico, mientras Draco estaba dentro de una celda de un metro de ancho, lleno de sangre y con el cuerpo dolorido. Por eso le daba miradas laterales a Astoria y se relamía los labios. Porque estaba en una situación de poder y le encantaba. Debía sentirse muy orgulloso de sí mismo, el maldito cabrón.

—¿Le has pedido permiso a tu capitán antes de traerme eso? —preguntó con voz dulce. Relajó las piernas para cruzarlas y sentarse de una manera más cómoda. Greyback le observó con los ojos entrecerrados—. Si se entera de que has venido aquí sin decírselo, podría echarte del barco.

La risa de Fenrir era como un ladrido, basta y fuerte. Echó la cabeza hacia atrás mientras lo hacía y Draco nunca tuvo más ganas de cortarle a alguien la garganta.

—El único capitán que hay aquí soy yo.

Aunque su tono era arrogante y despreocupado, había una chispa de coraje en sus ojos.

—¿En serio? —parpadeó con los ojos muy abiertos, como si no creyese lo que estaba escuchando—. Yo habría jurado que ese era Smith. Al menos eso me ha parecido a mi, porque está claro que él es quien da las órdenes, ¿no?

Draco se tensó usando Greyback se abalanzó hacia la jaula. Sus nudillos estaban blancos por la fuerza en la que agarraba los barrotes de la jaula y miraba al rubio con una rabia ciega.

—Ten mucho cuidado con lo que dices —escupió—. Le he cortado la lengua a la mitad de mi tripulación por no saber cuándo callarse y Umbridge te quiere vivo, no intacto.

La mención de Umbridge hizo que su estómago se retorciese. Recordó cómo Harry le había dicho algo parecido, que su lengua algún le iba a traer problemas, pero ya estaba lleno de problemas, así que no vio ninguna razón para retenerse. No es como si le quedase mucho tiempo de vida.

—No entiendo cómo Smith aún conserva su lengua, entonces.

Hubo un segundo de silencio y luego Greyback sonrió con dientes amarillentos y extrañamente afilados y le miró con una maldad que le hizo suspender su respiración.

—Supongo que has heredado esa soberbia de tu padre, ¿no? —Draco se tensó y volvió a encoger sus piernas en un acto reflejo. Su corazón latía fuertemente en su pecho— Cuando le atrapamos tampoco supo guardar silencio.

—¿Qué?

—¿No sabías que fuimos nosotros? Te lo he dicho, llevo mucho tiempo buscándote. Tu padre fue igual de orgulloso que tú, siempre con esa maldita altivez encima. Tu madre en cambio... tu madre gritó como una perra.

Se lanzó hacia delante con tanta velocidad que incluso se sorprendió a sí mismo. Fenrir por otro lado, parecía esperarlo porque se alejó de la jaula con una mirada triunfante en su rostro. Draco se aferró a los barrotes, apretando los dientes con fuerza y sintiendo que la ira burbujeaba en sus venas.

—Maldito hijo de puta. Te voy a...

El carroñero se inclinó con un puñal en la mano. Chasqueó la lengua, mientras balanceaba la cabeza de un lado a otro.

—Te lo repito: ten cuidado con lo que vas a decir. Podrían ser tus últimas palabras —apretó los labios, respirando con fuerza por la nariz. Las lágrimas fruto de la impotencia empezaban a correr por sus mejillas. Si tan solo pudiera alargar la mano y destrozarle la sonrisa a Greyback—. Buen chico.

Draco cerró los ojos cuando Fenrir salió de la habitación. Su garganta se sentía apretada y tenía un agudo dolor en el pecho. No quería pensar en sus padres, no podía permitirse ese lujo, pero ya era tarde. Las palabras de Greyback se repetían una y otra vez en su cabeza. Se preguntó si era verdad lo que decía, si su madre había sufrido, si su padre se había mantenido estoico. Se preguntó qué hubiera pasado si se hubiera quedado, si podría haberlos salvado.

Se tumbó en el suelo en posición fetal, aferrándose a sus rodillas. Era consciente de que debía parar de llorar, porque cada vez le costaba más respirar, su cabeza no paraba de dar vueltas y su visión estaba empezando ser devorada por un túnel oscuro.

No supo cuánto tiempo se quedó así, pero en algún momento las lágrimas se habían detenido, sus ojos le escocían y le era imposible inhalar por la nariz. Se irguió lentamente, sintiendo unas agudas palpitaciones en sus sienes, hasta que estuvo lo suficiente estable para coger la jarra de agua. Bebió tragos cortos, disfrutando de la sensación del líquido calmando su garganta. Miró hacía Astoria, quien estaba ahora sentada con la cabeza gacha. Se preguntó qué pensaba ella de lo que había escuchado y del destrozo que había hecho de sí mismo.

—¿Quieres agua? —la chica levantó la vista. No parecía juzgarle, ni había lastima en sus ojos. Draco lo agradeció.

—No, gracias.

Estaba relativamente cerca de su jaula, así que pasó la jarra para tendérsela. Ella negó con la cabeza.

—Toma —insistió.

Astoria aceptó esta vez, cogió la jarra y bebió con cuidado. Alcanzó el trozo de tela, lo desenvolvió para revelar un trozo de pan sorprendentemente blando y se lo ofreció también a ella.

—Deberías comértelo tu —rechazó la chica—. Llevas dos días inconsciente.

—No tengo hambre.

Su estómago estaba cerrado y el nudo en su garganta todavía era tan solido que se sorprendió de que pasase el agua. Astoria agarró el pan, lo cortó por la mitad y le devolvió un trozo.

—Come —le ordenó. Un parpadeo de compasión pasó por sus ojos y añadió:— Siento lo de tus padres.

Negó con la cabeza, parpadeando rápidamente cuando sus ojos se volvieron a aguar.

—No pasa nada.

Cogió el pan, rompió un pequeño trozo y se lo llevó a la boca. Se sentía seco en su lengua pero se lo tragó igualmente. Ni si quiera sabía porque estaba comiendo. Era alargar su agonía. Era mil veces mejor morir de deshidratación o de inanición a tener que seguir ahí con Grayback o enfrentarse a las torturas de Umbridge.

—Yo tenía una hermana —comentó Astoria—. Se llamaba Daphne. Ella... desapareció.

—Lo siento.

—¿Tienes más familia?

Harry le vino a la mente, con sus ojos verdes y su sonrisa descarada. Pensó en Ginny, en Neville, en Colin, en Blaise, en todo lo que había vivido en el Fénix, en las risas que habían compartido, en las bromas de los gemelos... Recordó incluso el abrazo maternal que le había dado Molly nada más verlo.

—La tenía.

Tenía una familia y un lugar en el que se encontraba seguro. Tenía una persona a la que amaba. Y lo iba a perder todo.

A pesar de estar acostumbrado a que la gente le persiguiese, a pesar de que su padre le había dicho que la muerte era algo natural, Draco estaba aterrorizado. No quería dejar su vida atrás, por eso se estaba tragando el pan y bebiendo agua. Por eso deseaba internamente que en algún momento Harry viniese a sacarlo de allí.

Por primera vez en su vida, Draco tenía miedo a morir.


Había estado allí al menos otros dos días y había visto a Astoria vomitar tres veces. Se había preocupado al principio, pero ella había negado y le había explicado que siempre se mareaba cuando el barco se zarandeaba con fuerza. Ese era otro más de los inconvenientes de estar allí: debían estar atravesando una tormenta y el navío no para de balancearse de un lado a otro. Draco estaba cansado de chocar contra la jaula cuando no era lo suficientemente rápido para agarrarse a uno de los barrotes.

El temporal arremetió con fuerza por la noche, haciendo imposible que tanto él como Astoria pudiesen dormir. Por suerte, el viento se sosegó por la mañana y, justo cuando pensó que ya había llegado la calma y que por fin tendría un día sin mareos, apareció Smith.

Draco estaba tumbado sobre su espalda cuando Zacharías abrió la puerta. Tenía las rodillas dobladas y echadas hacia un lado ya que la jaula no era lo suficientemente larga para que pudiese estirar las piernas, sus párpados pesaban y tenía la boca completamente seca porque solo les habían dado un vaso de agua y un pequeño trozo de pan el día anterior.

—Adivina a dónde estamos a punto de llegar —canturreó Smith.

Respiró hondo, echó todo el sueño que tenía hacia la parte final de su mente y se irguió para sentarse. Le regaló al otro una mirada desdeñosa y aburrida y se encogió de hombros como si el tema no fuese con él a pesar de que sus nervios ya se habían anudado en su pecho.

—¿Al infierno?

—Algo parecido —concedió Smith alegremente, mientras se agachaba delante de él—. Umbridge te recibirá con los brazos abiertos.

—Estoy saltando de la emoción —contestó, sarcástico.

—Yo también, te lo aseguro. Lo que no me tiene tan feliz es que le hemos dado a tu capitán cinco días de ventaja y... —el otro alzó los hombros y sus ojos parpadearon como si estuviesen incrédulos— Ni si quiera ha hecho amago de perseguirnos, simplemente siguió con su rumbo. Curioso, ¿verdad?

Draco apretó los dientes e intentó no fruncir el ceño para que la molestia no se viese reflejada en su cara. A Smith le encantaba provocar, sabía en qué herida meter el dedo y no iba a darle el gusto de verse afectado.

—Harry tiene cosas más importantes en las que pensar que en perseguirte a ti.

—¿Y esas cosas son más importantes que venir a rescatarte? —la voz de Zacharias era dulce mientras preguntaba, aunque su sonrisa estaba llena de maldad. Respiró hondo, manteniendo su expresión cuidadosamente en blanco y se negó a responder—. Vi cómo te miraba. Creí que eras importante para él, pero al final va a resultar que no eres tan valioso. Es una pena que se haya demostrado de esta manera que no significabas nada para Potter, ¿no? —Smith apoyó los codos en sus rodillas y se inclinó hasta que su cara estaba entre dos barrotes, mirando directamente a Draco—. Me arriesgaría a decir que tus sentimientos sí eran genuinos pero, qué se le va a hacer... Aunque quiera hacerse el noble, Harry Potter es un pirata, y nosotros nos dedicamos a ir y tomar lo que necesitamos. Diría que a él ya le satisficiste lo suficiente y, bueno, ya no le haces falta.

Exhaló con fuerza.

No era verdad, lo sabía. Harry le amaba y estaba seguro de que él nunca lo abandonaría de esa manera. Casi podía imaginárselo dando órdenes para seguir a Greyback y sacar a Draco de ahí. Pero también sabía que el Fenix era un barco mucho más grande y lento que este, que saldría perdiendo al embarcarse en una persecución. Era consciente de que toda la gente en Hogwarts dependía de ellos y que Potter, como capitán, tenía prioridades más importantes que ir a rescatarle. No culpaba a Harry por anteponer la vida de muchas personas a la suya, que sólo era una. Lo entendía. Nunca lo culparía por no haber llegado lo suficientemente rápido. Draco estaba ahí por sus propias acciones, por no haberse quedado en cubierta como debería haber hecho. Había saltado a un barco lleno de carroñeros y nunca sabría si había merecido la pena porque jamás volvería a ver a Fred.

—Das asco —murmuró Astoria.

—Tú cállate, perra —espetó Zacharias.

La puerta se abrió en ese momento. Greyback entró acompañado de dos hombres que eran igual de corpulentos que él, cada uno empuñando una espada. Astoria guardó silencio automáticamente y se apiñó en un rincón, como si intentase hacerse pequeña. Smith en cambio se levantó con una sonrisa de oreja a oreja.

Fenrir caminó hacia él, sacó una llave robusta de su fajín y abrió el candado de la celda. La parte de arriba se abrió hacia arriba con un chirrido, como si fuese un baúl. El pulso de Draco empezó a acelerarse mientras miraba al carroñero por encima de él.

—Levántate.

No esperó a que cumpliese con su orden, sino que le cogió del brazo y tiró de él hasta que se puso en pie. Sus tobillos y sus rodillas chasquearon ante el movimiento y los músculos de sus piernas se tensaron con dolor después de no haber caminado durante días.

Lo arrastraron fuera de la habitación hacia un pasillo. Draco sintió la ya familiar sensación de mareo en su cabeza y parpadeó con rapidez cuando un centenar de puntitos de colores empañaron su visión. Tropezó cuando llegó a unas escaleras, lo que hizo que el agarre de Greyback se volviese aún más doloroso cuando tiró de él para que subiese. Tuvo que cerrar los ojos al llegar a cubierta cuando el sol pegó directamente en su cara y provocó un pinchazo agudo en sus sienes.

Sus ojos escocían y las lágrimas habían empezado a rodar por sus mejillas al parpadear. Elevó su brazo libre para taparse del sol. Poco a poco, fue capaz de enfocar sus pies descalzos mientras caminaba y un instante después pudo mirar a su alrededor con cierta dificultad.

El barco de Umbridge era de una sorprendente madera clara bien pulida, con sus velas blancas e impolutas perfectamente recogidas en los mástiles. No había nadie esperándoles en cubierta, pero eso no parecía extraño porque cuatro hombres colocaron una tabla a modo de puente como si fuese habitual.

—¿Qué fue lo que me dijiste la última vez que nos vimos? Ah, sí. Buen viaje —Smith se carcajeó mientras agitaba una mano a modo de despedida—. No creo que vayas a volver.

Greyback le empujó para que subiese a la tabla y cruzase hacia el otro lado. Su respiración se hizo superficial mientras caminaban por el navío. Fenrir estaba aferrado a su lado izquierdo y, al voltear la cabeza, vio a los dos hombres que habían venido con él en la habitación. Detrás de ellos, Smith aún estaba despidiéndole con la mano desde el otro lado.

Llegaron a unas escaleras por las cuales bajaron, que daban a un largo pasillo con un montón de puertas a los lados.

—Esperad aquí —los hombres que iban con Greyback asintieron y se posicionaron uno a cada lado de las escaleras, custodiándolas.

Draco se sorprendió cuando sus pies rozaron algo suave y, al mirar, se dio cuenta de que el suelo estaba recubierto con una alfombra rosa. Para el momento en el que llegaron a la última puerta, el corazón de Draco estaba atascado en su garganta, el sudor le recorría la espalda y sus manos había empezado a temblar. Cerró los ojos mientras exhala al tembloroso. Solo esperaba no sufrir demasiado antes de morir.

La puerta se abrió de manera silenciosa y se cerró de la misma forma detrás de ellos. Había una gran mesa en el centro con cuatro sillas en ella. Estaba cubierta de pergaminos, plumas y tinta, pero aún así parecía ordenada. A su derecha había una ventana y un enorme catalejo colocado frente a ella, supuso que para poder vislumbrar el horizonte desde allí.

—Estaba empezando a preguntarme si me había equivocado de barco, con lo mucho que habéis tardado.

Giró su cabeza hacia la izquierda tan rápido que la habitación dio vueltas durante un par de segundos y luego tuvo que parpadear furiosamente para asegurarse de que no era una alucinación y de verdad lo estaba viendo allí sentado en un enorme sillón, con el pie derecho apoyado sobre su rodilla izquierda en una pose casual.

Potter —gruñó Greyback.

Su corazón se saltó un latido y entonces supo que realmente, realmente estaba allí.


¡AAAAAAAAHHHH!

No sé porque estoy gritando internamente, la verdad. Bueno, sí lo sé. Es porque me emociono con mi propia historia, lo cual es un poco ridículo porque yo sí sé qué va a pasar.

En fin.

Siento haber tardado en actualizar, pero un día, mi cerebro tuvo la maravillosa idea de abrir Netflix y claro, vi "Sex Education", donde en el primer capítulo me ponen a un chico gay y a un matón escolar que le hace la vida imposible y, con esa premisa tan Drarry, ¿qué iba a hacer? Pues sí, me vi las dos temporadas enteras. No iba a quedarme con la duda, obvio. (Sí, también me he visto "El Hoyo")

Fue maravilloso. Es una serie extraordinaria.

Sobre este capítulo; medité mucho sobre cómo iba a transcurrir la historia aquí. Si Draco iba a ser torturado o no, si le iban a rescatar o le iban a dejar ahí, la aparición de Umbridge, la aparición de Harry, si hacer todo en plan súper-heroico o ser mas sutil,... Bueno, un montón de cosas. Me he decidido por dejar el capítulo con esta sorpresa al final y escribir el siguiente capítulo totalmente diferente.

Espero poder actualizar pronto, si Netflix me deja.

¡Gracias por leerme!