Capítulo 16:
Until the very end
Harry miró el barco de Greyback con la respiración ligeramente ahogada. Su camisa se sentía pegajosa en su estómago por la sangre de algún carroñero y tenía una herida en el brazo izquierdo que iba a conllevar un buen cosido, pero no era nada que no pudiera soportar. Parecía que nadie de su tripulación había salido gravemente herido y, como había dicho Ernie, lo carroñeros empezaban a retroceder, así que se lo podía tomar una victoria.
O eso fue lo que pensó hasta que escuchó el grito de George.
—¡Fred!
Ron pasó corriendo por su lado, llamando a su hermano. Harry lo siguió con la mirada y maldijo en voz alta cuando vio a Fred en el barco de Greyback, herido y a punto de caer al suelo desde varios metros de altura. Corrió detrás de Ron y su respiración se sostuvo expectante durante un segundo cuando George sobrevoló el barco para alcanzar a su hermano. No lo consiguió.
—Joder —murmuró.
Los carroñeros aullaron, como si estuviesen disfrutando de tener a una presa entre sus manos.
Por eso precisamente les había dicho a los gemelos y a Draco que se quedasen en cubierta.
Detuvo su carrera en seco y se dio la vuelta para buscar a Draco frenéticamente. Lo encontró en lo alto de un mástil, enrollando una cuerda alrededor de su cintura. Abrió la boca para llamarle, pero era demasiado tarde. El rubio se lanzó hacia el otro navío como si nada más importase. Sus hombros se tensaron y se sostuvo a la baranda de madera con fuerza mientras veía a Draco aterrizar justo al lado de Fred. Los segundos pasaron lentos a su alrededor, mientras que su mente iba a toda velocidad. Pensó en decirle a Dean que volviese a virar pero sabía que iban a tardar demasiado. Calculó que subirse a un mástil y cruzar hacia el barco de Greyback el mismo tampoco iba a surtir efecto porque la cuerda de Draco estaba tensa y le estaba arrastrando hacia atrás mientras todavía intentaba atar a Fred.
La impotencia de no poder hacer nada rugió en su pecho. La última vez que se había sentido tan inútil fue cuando era un crío y aún vivía con sus tíos.
Hubo voces a su alrededor, pero sus oídos parecían estar bajo el agua de repente ya que apenas podía escuchar nada. Vio cómo la cuerda terminó de arrastrar a Draco, cómo él y Fred cayeron al vacío y el momento exacto en el que el rubio se descolgó y aterrizó en la cubierta del barco con un montón de carroñeros a su alrededor. Sabía que estaba gritando porque su garganta ardía, aunque ni si quiera era consciente de lo que estaba diciendo. Su vista se nubló por un momento y se preguntó si ya había perdido suficiente sangre o era el dolor de perder a Draco lo que le estaba afectando.
Cerró los ojos y forzó a que sus pulmones respirasen lentos y constantes. Necesitaba poder pensar. No podía dejarse llevar por sus emociones; no él, de entre todas las personas. Había demasiada gente que contaba con él como para darse el lujo de entrar en pánico. Draco le necesitaba ahora más que nunca.
Su pecho se apretó, y sintió que las astillas de madera se clavaban en sus manos por estar agarrando el barandal con demasiada fuerza. Los carroñeros ya había empezado a cambiar su orientación, mientras que ellos continuaban navegando recto. Podían cambiar el rumbo, pero sabía que iba a ser inútil. El Fénix era rápido, aunque no lo suficiente. Para el momento en el que quisieran desviarse, Greyback ya habría tomado suficiente ventaja.
Y entonces no volvería a ver a Draco, porque caería en las manos de Umbridge en cuanto los carroñeros se aburriesen de él y ella lo mataría sin pensárselo dos veces. No podía permitir que eso pasase.
—¿Capitán? —abrió los ojos, respiró un par de bocanadas de aire, se aferró a cada gota de autocontrol que tenía y se giró para enfrentar a Dean— ¿Desvío el rumbo?
Miró hacia el frente, donde Fenrir y su barco se había alejado considerablemente. Su cerebro giró con un montón de pensamientos. No le sorprendió las inmensas ganas que tenía de estrangular a Greyback y en cómo iba a perseguir a Umbridge hasta verla en el fondo del mar. Imaginó qué iba a pasar con Draco de ahora en adelante. Su mente se detuvo ante esta última idea.
Se enderezó, cuadró los hombros y se afianzó a toda la determinación que poseía en ese instante. Moriría antes de dejar que Greyback y Umbridge se saliese con la suya.
—No —dijo. Su voz sonaba desgastada—. Necesito que vengas a la sala de mapas conmigo.
Dean asintió obediente y le siguió mientras caminaba por cubierta. Se dirigió hacia el tumulto de gente que había en proa, que se despejó en cuando se acercó.
Fred estaba tumbado en el suelo, su camisa había sido quitada y su pecho al descubierto dejaba ver una herida en su costado izquierdo. Tenía la cara hinchada y un corte en la pierna. George estaba a su lado, limpiando toda la sangre que podía con un trapo, mientras que Ron tapaba la herida en su torso y Ginny intentaba coserla.
—¿Cómo está? —preguntó.
Ginny levantó la mirada por un momento. Habían lágrimas recorriendo sus mejillas pero sus ojos brillaban con determinación y supo que ella no iba a dejar ir a su hermano.
—Esta inconsciente y ha perdido sangre, pero debería estar bien si consigo cerrar las heridas y que no se infecten.
Asintió, sabiendo que Fred estaba en buenas mano. Ron estaba ocupado, así que llamó la atención de Blaise para que lo acompañase.
Se dirigieron hacia la sala de mapas, y una vez allí, Harry se inclinó ante la mesa. La sangre había empezado a gotear por su mano y Dean le miraba con algo que iba entre la preocupación y la compasión.
—Hay que ir a por Umbridge —señaló un punto en el mapa, que era donde ellos estaban, y luego un punto cerca de Hogsmade—. Sé que su barco siempre atraca en algún lugar cerca del pueblo, pero no sé exactamente donde, por eso tenemos que ir antes al Paraíso. Mañana es luna llena y si Sirius está allí, podrá decirme cómo encontrar a Umbridge.
—También hay que ir a Hogwarts —apuntó Blaise.
Se alegró de que el hombre no pareciese afectado por lo que acababa de decirle. No cualquier barco iría tras Umbridge pero sabía que su tripulación confiaba en él e iban a seguirle allá donde dijese.
—Sí —coincidió. La cacería de Greyback le había retrasado demasiado y necesitaban llevar suministros—. Pondremos rumbo al Paraíso, para ver si los Merodeadores han llegado, y luego iremos a Hogwarts. Greyback se ha ido en dirección contraria, así que todavía tienen que cambiar la ruta y dar la vuelta. Aunque sean más rápidos, nosotros tenemos más ventaja.
—Tenemos el viento a favor —habló Dean—. Creo que se mantendrá así hasta por la noche y, si hacemos algunas guardias más largas, podríamos ganar velocidad.
—Bien. Ve a poner el barco en rumbo —le ordeno al Thomas—. Y Blaise, hazme el favor de hablar con Theo y comprobar la carga. No creo que se hayan llevado nada, pero por si acaso.
—Capitán —llamó Zabini antes de irse—, Draco estará bien, ya lo verás.
Potter rió de manera amarga y negó con la cabeza. Un nudo se formó en su garganta, pero se obligó a calmarse.
—No, no estará bien —aseguró. Nadie estaba bien siendo prisionero de Greyback—, pero al menos lo mantendrán vivo.
O eso esperaba.
Harry apenas había dormido.
Se mantuvo ocupado —estar encerrado en su camarote hacía que sus pensamiento se desviasen continuamente en dirección a Draco y necesitaba estar centrado—, asumió la guardia de Ron para que fuese a cuidar de Fred, ayudó a Ginny con los heridos después de haberse curado a sí mismo y se preocupó, junto con Terry, de que las velas estuviesen en la posición indicada según soplase el viento.
Cuando llegó la hora de que el sol despuntase el cielo, Potter sentía el cansancio bajo sus párpados. Aún así, se dirigió hacia el camarote donde descansaba Fred, que ya había recuperado la consciencia aunque se veía como si hubiera caído de un precipicio.
—¿Cómo te encuentras?
Se sentó en una silla al lado de la cama. Fred estaba apoyado en una almohada, sujetando un vaso precariamente en su mano. Sus ojos apenas eran visibles y su cara estaba totalmente amoratada. No llevaba camisa y su pecho estaba casi totalmente cubierto por las vendas pero aún así eran visibles las marcas de los golpes en sus hombros y brazos.
—Como si Crabbe y Goyle me hubieran pisoteado —bromeó.
Su boca tiró de una pequeña sonrisa. Al parecer, se necesitaba algo más que unos cuantos golpes para extinguir la gracia de un gemelo Weasley.
—Ginny ha hecho un buen trabajo contigo, si todavía puedes hacer uso de tu exasperante ingenio.
—Sabes que te encanta nuestro humor, capitán —dijo George, entrando en el camarote.
Potter resopló y rodó los ojos, pero no lo contradijo. Le sacaban de quicio la mayoría de días, pero había crecido con ellos. Eran su familia y no sabía qué haría si perdía a alguno.
—Y Ginny está siendo mil veces peor que mamá —se quejó Fred, gimiendo dramáticamente.
Se rió por primera vez en todo el día.
—No dejes que te escuche o terminará con lo poco que queda de ti.
Fred intentó carcajearse, pero al final sólo salió un quejido, esta vez sincero. Le vio tumbarse en el cama, mientras su rostro se volvía inusualmente serio.
—Lo siento, capitán —dijo, en voz baja—. Fue culpa mía. Smith estaba allí y él sabía que Draco...
—No te disculpes —interrumpió, negando con la cabeza—. No es culpa tuya.
El silencio que reinó durante un momento hizo posible que escuchase a Ernie gritar que había avistado tierra. Se puso en pie, intuyendo que el pelirrojo se había quedado dormido y dejó que George ocupase su asiento junto a su hermano. Estaba a punto de salir cuando la voz de Fred le hizo detenerse.
—Sacaremos a Draco de allí, ¿verdad? —preguntó con voz preocupada
—Sí —afirmó.
Mientras tuviera una oportunidad, haría todo lo posible para intentarlo.
—Bien —contestó George, con una sonrisa traviesa—, porque no podemos perderlo ahora que hemos encontrado una nueva manera de molestarte.
Puso los ojos en blanco pero cuando salió del camarote, se sintió un poco más ligero.
El cansancio se diluyó de su sistema en cuanto vio el panorama en cubierta. Tener el viento a su favor había sido una gran ventaja porque no recordaba cuándo había sido la última vez que habían llegado tan rápido al Paraíso. Ordenó a McLaggen que replegase las velas y a los demás que preparasen las anclas para perder velocidad.
El barco de los Merodeadores no estaba allí, lo cual no se le hizo extraño. Habían llegado demasiado temprano, por eso ya había pensado en un plan secundario.
—Necesito que dirijas el barco hacia Hogwarts —le explicó a Ron, una vez que éste situó a su lado—. Yo me quedaré aquí a esperar a que lleguen Sirius y Remus.
El pelirrojo frunció el ceño. Sabía, antes de que abriese la boca, que no le gustaba la idea.
—Podemos ir y volver de Hogwarts antes de mañana por la noche.
—Hoy es luna llena —replicó—. Y si nos surge algún inconveniente que nos retrase, no seremos capaces de llegar antes de que ellos se vayan. Tengo que hablar con Sirius, por eso me quedaré en el Paraíso mientras vosotros os vais. Tardaremos menos de esta manera.
—¿Y si no llegan hoy?
Harry soltó un suspiro y se encogió de hombros. Trabajaban a contrarreloj, y sería un gran inconveniente no encontrar a su padrino, porque entonces no sabría exactamente cómo localizar a Umbridge. Tendría que buscarla por sí mismo y eso los retrasaría, lo que a su vez conllevaría no llegar a tiempo y no poder hacer nada por Draco.
Prefería no pensar en eso último.
—Entonces me resignaré a que volváis pronto.
Se preparó para la protesta de Ron, pero se sorprendió cuando el otro asintió sin añadir nada más.
Se dirigió a la bodega para repasar sus suministros con Theo y saber qué tenían que dejar en Hogwarts, habló brevemente con Dean y Terry, dejándoles pequeñas asignaciones antes de irse y le explicó a Blaise lo que iba a hacer para que se lo comunicase al resto de la tripulación. Harry se fue a su camarote después de eso, recogió algunas mantas, agua y un poco de comida —aunque su estómago se había mantenido cerrado todo el día— y volvió a salir mientras los demás anclaban el barco.
Enrolló una cuerda a su brazo derecho, se meció y se deslizó por ella con facilidad para aterrizar en la playa. Se dio la vuelta para mirar el navío. Sabía que Ron haría un gran trabajo, así que no estaba preocupado por ello, pero le era extraño dejar atrás el Fénix. Aún así, no se sentía culpable por ello. Ya se lo había dicho a Draco una vez: le elegiría a él antes que a su barco.
Respiró hondo, extendiendo la manta en la arena. Anochecería dentro de poco y le vendría bien dormir. Tampoco tenía nada mejor que hacer mientras esperaba y era mejor dormir a imaginarse qué estaban haciendo Greyback o Smith en ese instante.
—¿Vas a tirarte ahí?
Se giró para enfrentar a Ron, que llevaba sus propias cosas bajo el brazo.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó, al ver al otro extender un trozo de tela a su lado.
—No voy a dejarte tirado en una isla desierta. ¿Has pensado en qué pasaría si los Merodeadores no vienen y el Fénix tampoco? Te quedarías aquí solo —respondió, tumbándose con tranquilidad.
Se cruzó de brazos y le envío a Ron una mirada irritada. Debería haber supuesto que su amigo no aceptaría su decisión con tanta calma. Ronald podía acatar cualquier orden, siempre y cuando no comprometiese la seguridad de algún familiar cercano y Harry era como un hermano para él.
—Ronald —gruñó por lo bajo.
—No uses ese tono conmigo, no te funcionará. Mi madre es Molly Weasley; estoy bien entrenando.
—¿Y a quién demonios has dejado al cargo?
—Blaise se ocupará del Fénix.
Abrió la boca para discutir, pero de repente se encontró demasiado cansado. Ron era demasiado obcecado para su bien y el Fénix ya había empezado a zarpar. Se tumbó en la manta con aire de derrota, gimiendo al poder descansar por primera vez en más de un día.
—¿Crees que ha sido buena idea dejar que Blaise lidie él solo con Hermione? —no pudo evitar que una sonrisa maliciosa se formase en su rostro mientras preguntaba.
—Hará un buen trabajo —comentó, encogiéndose de hombros.
Harry no lo dudaba. Zabini había sido una de las pocas persona que se había plantado frente a él y le había pedido un puesto en su barco con la excusa de que era bueno en lo que hacía. Le había aceptado por curiosidad, para saber exactamente qué era lo que se le daba bien hacer y pronto se había dado cuenta de que a Blaise, simplemente, se le daba bien hacer todo. Era eficaz, rápido y sabía mantener un perfil bajo. Se adaptaba bien a su entorno y pronto se había hecho cercano a todos los que estaban allí. Harry, como capitán, era respetado porque confiaban en él. A Blaise, en cambio, lo respetaban por la familiaridad que proporcionaba. Es ese entonces, supo que Blaise era la pieza de comunicación perfecta para unir a su tripulación.
—Eres consciente de que no va a dejar escapar la oportunidad de decirle a Hermione le prefieres a él, ¿no?
Su amigo le conocía lo suficientemente bien como para no caer en la provocación. En cambio se dedicó a ignorarle mientras veía al sol esconderse en el horizonte. Era una pena, porque a Harry le encantaba apretar los botones de la gente. Era una de las muchas cosas que le encantaban de Draco; lo sencillo que era hacerle saltar.
Su pecho se comprimió al pensar en él, extinguiendo por completo todo su humor.
No había querido ahondar en lo mucho que lo extrañaba, porque entonces empezaría a preguntarse si podría haber hecho algo para no estar en esa situación, si estaba tomando buenas decisiones o si incluso sería suficiente. Sirius le había enseñado que tenía que tener determinación en sus propósitos, pero Harry nunca había tenido tanto miedo de perder a alguien. Nunca había experimentado que una sensación de vacío podía clavarse aguda en su pecho como una espina. Necesitaba a Draco, porque perderlo supondría vivir el resto de su vida con esa espina clavada y Harry no sabía si sería capaz de soportarlo.
—¿Crees que lo conseguiremos?
Parpadeó repetidamente cuando se dio cuenta de que se había formado un nudo en su garganta y llenó sus pulmones de aire antes de responder a Ron.
—Lo intentaremos hasta el final.
Hubo un segundo de silencio, antes de que el pelirrojo volviese a hablar.
—Vi a Smith allí. No sé cómo pudo haber llegado a ese barco. Estaba prácticamente muerto cuando le dejamos en Ravenclaw.
Harry se encogió de hombros. No le importaba cómo Smith había sido capaz de sobrevivir, le preocupaba qué estaba haciendo con Draco en ese momento.
—Los carroñeros debían estar de cacería por eso zona y se lo encontraron allí.
—¿Crees que buscaban a algún familiar de Luna?
—Probablemente.
No le extraña si esa hubiera sido su manera de dar con los Malfoy: explorando bosques, saqueando casas y amenazando a la gente para conseguir información y, entonces, hacerse con su presa.
—Le salvó la vida a Fred —susurró Ron. Sus pensamientos también debían haberse trasladado hacia Draco.
—A pesar de que le dije que se estuviera quieto —respondió.
—Sí, pero son pocas las veces que te obedece —Harry no pudo evitar que una sonrisa afectuosa se extendiese en su rostro—. Supe que iba a ser un dolor de cabeza en cuanto lo vi.
Potter asintió, recordando aquella primera vez que vio al rubio, la manera en la que se había descubierto el rostro y se había quedado ahí parado en medio de un grupo de piratas con la cabeza bien alta y la mirada llena de orgullo.
—Yo también —coincidió.
—Y aún así te gustó desde ese primer día, ¿verdad?
—Sí —contestó sin dudar.
Su amigo soltó una pequeña carcajada a su lado mientras negaba con la cabeza.
—Solo a ti te podría atraer alguien que te llevase la contraria —se burló. No respondió. Cayeron en silencio durante unos segundos hasta que la mano cálida de Ron apretó su hombro. Cuando le miró, vio una férrea determinación en sus ojos azules—. Lo intentaremos hasta el final.
Harry asintió, agradecido de tenerle a su lado en estos momentos.
Hasta el final, pensó, antes de que el cansancio le dejase dormido.
Hoooooooooola holita vecinit s
Tenía taaaantas ganas de escribir esta parte. Se me ocurrió en el último momento, pero creí que era adecuado ver un poco de la perspectiva de Harry. Sé que a lo mejor puede llegar a ser un poco implicado ubicar el momento dentro de la historia. El capítulo empieza desde el momento en el que Draco salva a Fred y cae en el barco de Greyback, etc. Lo he intentado dejar claro desde el principio para no descolocaros demasiado. Espero que se haya entendido.
Como he dicho, tenía tantas ganas de escribir esta parte que la he dividido en dos capítulos porque al final ha sido mucho más larga de lo que había pensado y, ¿sabéis qué es lo mejor? ¡Que hay doble actualización!
¡No vemos en el siguiente capítulo!
