Epílogo
Volver a zarpar
Dio un barrido horizontal con su espada y luego una estocada que hizo que Viktor perdiese el equilibrio. Un segundo después tenía la hoja bien afilada sobre su garganta.
—Vuelvo a ganar —se jactó.
El búlgaro elevó las manos en signo de rendición mientras Draco sonreía victorioso. Rodó sus hombros, satisfecho de no notar ni molestia ni dolor, sólo la tirantez por el esfuerzo físico y se sentó en uno de los bancos de piedra que había en el jardín de la Madriguera.
—Quiero mi revancha —exclamó Charlie.
Draco exhaló con cansancio, cerró los ojos y se recostó en una posición como para disfrutar de un merecido descanso. El único sonido que escuchaba era el de Molly tarareando una canción mientras tendía la ropa y el del metal contra metal por el duelo entre Viktor y Charlie, lo que provocaba una atmósfera de tranquilidad que era inusual pero a la que se estaba acostumbrando.
De los dos meses que llevaba viviendo allí, apenas podía recordar nada del primero. Sabía que había estado postrado en una cama, delirando por la fiebre. Tenía en su mente imágenes vagas de ver a Molly refrescando su rostro con un paño mojado de agua helada, de Severus observándole como si su pecho fuese a dejar de elevarse en cualquier momento y de Harry sosteniendo su mano con cuidado. Había sido como una angustiosa pesadilla que no terminaba nunca, pero después había llegado el día en el que pudo mantenerse consciente, aunque su cabeza se sentía como si estuviera a punto de estallar y apenas podía levantar el brazo. Molly había llorado de la alegría al ver que su fiebre ya no era tan severa.
Le había costado otra semana poder levantarse de la cama y un par de días más en acostumbrarse al barullo de vivir con todos los Weasley sin colapsar en el intento. Pero lo había conseguido, se había recuperado casi en su totalidad, aunque eso no fuese suficiente para volver a navegar.
Hacía dos semanas que el Fénix había tenido que zarpar hacia Hogwarts. Draco había esperado esa noticia tarde o temprano. Sabía que el navío no podía quedarse demasiado tiempo en un solo lugar, al igual que era consciente de que no estaba preparado para embarcarse en un viaje. Todos se habían marchado y habían dejado el lugar como si nunca hubiera vivido allí.
—¿Quieres un poco de té? —preguntó Astoria, sentándose a su lado.
Ella tampoco había estado preparada para subirse a un barco —Draco dudaba que algún día lo estuviera—, y se había quedado en la Madriguera ante la insistencia hospitalaria de Arthur y Molly.
—¿Está caliente? —preguntó.
A pesar de ser un día soleado, el viento era frío y las noches empezaban a ser heladas, signo del cambio de estación. Su sudor se estaba refrescando rápidamente a causa de la brisa y su piel pronto se quedaría destemplada, así que una bebida caliente era todo lo que necesitaba.
—No demasiado —Draco sonrió, aceptando la taza. Envolvió sus dedos alrededor de la porcelana y gimió cuando el líquido bajó por su garganta—. Cuánta testosterona.
Elevó la mirada para observar el duelo entre los dos chicos. Charlie jadeaba, sus mejillas estaban enrojecidas y parecía estar sudando por todas partes. Aun así, se veía estoico y decidido. Krum, por otro lado, se notaba cansado, seguramente por su anterior pelea con Draco, pero sus golpes seguían siendo fuertes y no había perdido ni un gramo de sus reflejos. Debía admitir que el búlgaro era excepcional con el manejo de cualquier arma, aunque eso no le sorprendía demasiado.
El Durmstrang había atracado en el puerto de Ottery St. Catchpole una semana atrás. Era oscuro, con unas inusuales velas negras y ninguno de sus tripulantes parecían amigables. Igor Karkarov, su capitán, había desembarcado con un halcón en el hombro y una mirada austera en el rostro. Los vecinos del pueblo se habían mantenido distantes y recelosos hasta que el techo del cobertizo de los Weasley se había derrumbado, y Arthur había aparecido con un grupo de hombres que formaba parte de la tripulación del Durmstrang dispuestos a ayudar. Charlie y Viktor había congeniado bien después de que el búlgaro le pidiese forjar una espada diseñada solo para él, y después se había convertido en una costumbre que se batiesen en duelo todas las tardes para comprobar quién era mejor.
A Draco le venía bien, porque era lo que necesitaba para poder volver a desarrollar los músculos que había perdido después de estar tanto tiempo sin levantarse de la cama, y nada le quitaba el orgullo que sentía cuando los vencía a ambos dos.
—Creo que ganará Viktor esta vez —comentó, observando que el pelirrojo ya empezaba a flaquear.
—No sé porque lo sigue intentando si siempre... Oh.
Giró la cabeza hacia Astoria ante la pequeña exclamación. Ella se tensó y dirigió su mano libre hacia su estómago levemente abultado.
—¿Te duele? —preguntó, ligeramente ansioso.
—Creo que se ha movido.
Draco no contestó. Aún le costaba trabajo asimilar que Astoria estaba embarazada, que había estado embarazada probablemente desde que la había conocido. Sus vómitos había continuado aunque estuviera en tierra, y el cansancio y los mareos habían sido síntomas que Molly reconoció de inmediato después de haber dado a luz seis veces. La mala alimentación hizo que su estómago fuese menos voluminoso y si se vestía con ropa holgada apenas se le notaba. Astoria sabía que era probable que su bebé no fuese a desarrollarse del todo o que podía ser un parto adelantado debido a las circunstancias desfavorables que había vivido. Aún con todo eso, ella había sonreído como si le hubieran dado la mejor noticia del mundo y el brillo de sus ojos no se había apagado desde entonces.
Draco la admiraba por ello. En su situación, no sabía si él sería capaz de vivir con algo que le recordase permanentemente el calvario por el que había pasado y su aprecio por ella solo había aumentado cuando Astoria le dijo que no le importaba la manera en la que su hijo había llegado allí, que iba a amarlo incondicionalmente.
—¿Ya sabes qué nombre le vas a poner? —preguntó al ver que la chica ya había vuelto a su posición relajada.
—Todavía no lo he decidido —contestó. Desvío su mirada hacia él y sonrió algo decaída—. Me gustaría que fuese un niño.
—¿Por qué?
—Tenéis una vida más fácil —respondió, encogiéndose de hombros—. No quiero que, si es una niña, sufra lo mismo que yo.
—Yo no lo he tenido fácil —contradijo—. Ni Neville, ni Colin, ni Theo, ni Harry,... La vida a veces es difícil para todos, pero tú tienes la suerte de contar con nosotros.
Guardaron silencio durante unos minutos mientras bebían su té. Frente a ellos, Charlie daba por terminado el duelo, dejando a Krum la victoria.
—¿Qué nombre le pondrías a tu hijo? —cuestionó Astoria al cabo de un rato.
—Scorpius.
—Suena elegante. Me gusta.
—Scorpius Greengrass —pronunció. Luego sonrió—. Queda bien.
—¿Y si fuera una niña?
—Daphne.
Astoria lo miró largamente y luego asintió.
—Sí —susurró—. Se llamará Daphne.
—Es tiempo de irme —interrumpió Viktor.
Malfoy le miró divertido. Tenía un acento gracioso, pronunciaba demasiado las erres y a menudo formaba mal las frases. Él les había explicado que venían del norte y allí se hablaba en otra lengua, por eso les costaba hacerse entender.
—Hasta mañana —se despidieron.
—Yo voy a darme un baño —dijo Charlie.
Draco se quedó allí en el banco incluso después de que Astoria terminase su té y entrase a la cocina para comer algunas galletas y recostarse en el sofá. Estuvo sentado mientras el sol descendía y la temperatura bajaba, observando el jardín.
—Deberías ir a dormir ya antes de que empiece a helar —miró a Molly y afirmó con la cabeza, sin embargo su cuerpo todavía se rehusaba a moverse—. No te preocupes, volverán. Lo harán tarde o temprano. Harry no te dejaría aquí.
—Lo sé —murmuró.
Dos semanas era pocas teniendo en cuenta que el viaje hacia Hogwarts era largo y sabía que no debía estar intranquilo, pero no podía evitarlo.
Soltó un suspiro, negando con la cabeza y poniéndose en pie. Le dio un beso en la mejilla a la mujer y subió las escaleras hasta el baño para ducharse antes de ir a su habitación. Le costó quedarse dormido y, cuando lo hizo, sintió que las mantas no eran suficientes para protegerle del frío. Se acurrucó de lado y, en algún momento de la noche, el calor lo envolvió.
Olía a sal, a mar y a Harry y, aunque que solo fuese en sueños, se sintió reconfortado.
Le despertó un enorme alboroto fuera de su habitación. Draco gimió y juró que iba a matar a alguno de los gemelos si habían vuelto a atascar el baño.
Se irguió de golpe y parpadeó furiosamente. No era sueño, ni imaginaciones suyas. Realmente había ruido fuera. Su corazón latió emocionado cuando saltó de la cama y corrió por el pasillo. Su trayectoria hacia las escaleras se vio interrumpida cuando unas manos sujetaron por la cintura y le inmovilizaron contra la pared. El grito que tenía en la garganta se extinguió en cuanto vio a Harry.
—¿A dónde ibas tan rápido?
Draco se congeló durante un segundo, su respiración se enganchó y todo su cuerpo se quedó paralizado. Y de repente todo se estaba moviendo. Sus labios chocaron contra los de Harry, sus manos se enredaron en su pelo, sus cuerpos se apretaron el uno contra el otro y gimió largo y profundo cuando el moreno profundizó el beso.
—Te he echado de menos —jadeó.
Lo sintió sonreír sobre su boca y se estremeció cuando las manos de Harry cepillaron la piel de su espalda.
—Si hubiera sabido que me ibas a recibir así, habría venido antes.
Intentó reír, pero de su garganta solo salió un sonido ahogado al notar los leves mordisco que el otro había empezado a dejar en su cuello.
Un carraspeo les sacó de su atmósfera. Draco recogió sus manos y miró a Arthur con las mejillas enrojecidas por el bochorno de haber sido descubierto en tal posición
—Qué bonito es el amor joven —comentó el mayor, sonriendo cómplice.
—La privacidad también es preciosa —murmuró Potter. El rubio se preguntó cómo lo hacía para no parecer avergonzado en lo más mínimo.
—Sí hubierais entrado en una habitación, al menos —rió Arthur—. Es mejor que bajéis a desayunar antes de que Molly suba aquí.
Exhaló profundamente, intentando calmar toda la excitación que llevaba encima. Mordió su labio inferior e intentó pensar en algo que no fuera una cama y poca ropa. Soltó un lloriqueo y luego cabeceó para despejar su mente. Ya había tenido suficiente vergüenza por un día. Se separó de la pared, evitando a toda costa la mirada del otro y se dirigió hacia las escaleras. Sus pasos fueron deliberadamente lentos y rezó para que en el momento en el que bajo el último escalón, su rostro no evidenciase nada.
—Buenos días —saludo Charlie cuando entraron en la cocina—. Bueno, por tu cara diría que son unos buenísimos días.
Draco lo ignoró, sintiéndose orgulloso de no sonrojarse todavía más y decidió sentarse al lado de Astoria, mientras que Harry ocupó el asiento contiguo al suyo. Los gemelos estaban entretenidos hablado de algo en voz baja, Arthur vertía té en cada taza que le iba pasando Charlie y Molly estaba tostando pan y llenando platos con fruta. Ron y Ginny llegaron poco después, sentándose frente a ellos y luego entró Neville, que todavía parecía medio dormido.
—Viktor —exclamó Molly—, llegas temprano hoy. Vamos, pasa y siéntate. Chicos, este es Viktor, sed amables.
Se volteó hacia el búlgaro cuando terminó de entrar en la cocina y dirigirse hasta la mesa. Sonrió agradecido cuando Krum le tendió una manzana verde. Harry observó la acción con un interés tranquilo. Miró la fruta, a Draco y finalmente desvió su atención al recién llegado. Abrió la boca para decir algo, pero se vio interrumpido por la llegada de Blaise.
—Buenos días, familia —canturreó. Se detuvo al lado de Viktor, quien aún estaba decidiendo dónde sentarse—. Tú no eres de la familia, ¿no?
—Viktor Krum —se presentó, extendiendo la mano—, primer oficial del Durmstrang.
—Blaise Zabini.
—Encantado.
Draco se dio cuenta de que el búlgaro se veía realmente encantado de conocerle, porque cuando Blaise se sentó, el otro se situó a su lado de forma automática.
—¿Como ha ido el viaje? —preguntó Arthur.
—Cedric rompió con Cho y tuvimos que llevarla de vuelta a Ravenclaw —contestó Ginny. Parecía exasperada— ¿Sabes qué es tener que aguantar sus lloriqueos durante cuatro días? Casi me corto las venas.
—Y no metimos en una tormenta durante dos días.
Todos conversaron entre sí, aunque estuvieran al otro lado de la mesa. Discutieron por las últimas tostadas y se rieron los unos de los otros. Draco observó en silencio, agradecido de que la tranquilidad por fin había terminado.
—¿Cuándo dices que te vas, Krum?
Ron, que había estado y usualmente callado, habló justo en el momento en el que menos ruido había, lo que provocó que todos le prestasen atención. Viktor dejó su conversación con Blaise para mirarle algo confundido por el tono hosco.
—¿Ansioso de deje de acaparar a Blaise, Ronnie? —preguntó Charlie.
—Solo tengo curiosidad.
—Ya llevamos una semana aquí. Partiremos pronto.
—Ya.
—¿Hueles eso, Fred? —preguntó George de repente.
—Oh sí —contestó su hermano, olisqueando el aire— Huele a pan, a la tarta de nueces de mamá y a los celos de Ron.
—Cerrad la boca —replicó el aludido—. Solo lo digo porque me gustaría que dejase desayunar en paz a mi...
Draco nunca había escuchado un silencio tan denso y expectante.
—¿Tu...? —instó Blaise.
Se miraron durante unos segundos, como si estuvieran teniendo una conversación mental.
—Mi novio —dijo Ron, por fin.
—¡Oh! —gritó Molly. Ella se levantó y fue a abrazar a Blaise inmediatamente— No me lo puedo creer. Estoy tan feliz. Enhorabuena, cariño.
—¿Por qué le estás felicitando a él, si tu hijo soy yo?
—Porque él es el que tiene que aguantar.
—Brindo por eso —rió Charlie—. Porque Ronald ha encontrado una persona que le soporte.
Todos empezaron a carcajearse mientras cogían las tazas de té y las elevaban para brindar.
—Qué mal me caéis todos —murmuró Ron con la cara enrojecida y la mirada llena de rencor.
—Brindemos también por la familia —sugirió Arthur.
—Y porque pronto habrá un Greengrass más en el mundo —añadió Draco. Astoria sonrió a su lado.
—Y por el primer beso de Neville —exclamó Ginny.
—¡Salud! —todos alzaron sus tazas y brindaron entre risas.
—¡Yo no he besado a nadie! —protestó el chico.
—¿Con quien ha sido?
—Con Theo —respondió la pelirroja con una expresión emocionada, ignorando a su amigo.
—No puedo creer que me lo haya perdido —se lamentó Draco.
—Que no me he besado con él —repitió el chico—. Estábamos moviendo las cajas y chocamos.
—¿Chocasteis en la boca del otro? —preguntó Harry con ese tono que hacía sentir abochornado a cualquiera. Luego se giró hacia Draco con una sonrisa sugestiva— ¿Quieres chocarte conmigo?
Se carcajeó sin poder evitarlo, a la vez que negaba con la cabeza y rodaba los ojos.
—Qué idiota eres.
Potter rió, de esa manera áspera y grave que le hacía retorcerse.
—Ya empezaba a extrañar que me insultases —comentó divertido—. Supongo que eso significa que ya estás listo para navegar otra vez.
—Sí —afirmó, sin dudarlo.
—Adivina que idea acabo de tener, George —dijo Fred.
—¿Vender la ropa interior de Ginny en el mercado de hoy?
—Y la de Astoria —declaró su hermano.
—Ni se os ocurra, par de estúpidos —protestó la pelirroja.
—Quiero la mitad de vuestras ganancias —dijo Astoria, sin embargo.
—¡Trató hecho! —exclamaron los dos antes de salir corriendo de la cocina, siendo perseguidos por su madre.
Draco volvió a reír con la escena y observó una vez más a su familia. Buscó la mano de Harry por debajo de la mesa, y entrelazó sus dedos.
Sí, estaba listo para volver a zarpar.
¡Heeeeeello!
Tengo tanta pena interior. Siempre me pasa lo mismo cuando termino una historia y creo que nunca me voy a acostumbrar a ello.
Empecé este fic con mucha ilusión y lo termino con todavía más ilusión. Es la historia más cerca de algo original que he escrito y, sé que no es perfecta ni nada por el estilo, pero estoy muy orgullosa de ella.
Quiero agradecer todo el apoyo porque la verdad es que no lo esperaba. Cuando alguien lee un fic de Harry Potter espera encontrar magia, Hogwarts y la rivalidad entre Draco y Harry y no a todos les gustan los piratas, así que no esperaba que tanta gente me mostrase su cariño.
Muchísimas gracias, de corazón ❤️
PD: He subido un nuevo capítulo de "En la oscuridad", que es el fic que voy a continuar ahora.
PD2: ¿Por qué estoy llorando?
