Disclaimers: Los personajes mencionados en este relato no me pertenecen, son de Chris Carter, Fox y Disney. No pretendo obtener beneficio con ello.
Nota: Esta historia continúa a la última escena del capítulo All Things, y está inspirada por la siguiente conversación entre John Locke *guiño guiño* y Dana Scully del capítulo Trust No 1:
"Esta ropa que llevo, es de mi talla ¿cómo demonios sabe mi talla?"
"¿Su talla? Sé su grupo sanguíneo, su ritmo cardíaco en reposo, su miedo infantil a los payasos, sé el nombre de su primer novio, su verdadero color de pelo, su clave del cajero automático, sus obras de caridad, sus manías, sé que se siente sola, y sé que una de esas noches solitarias invitó a Mulder a su cama"
- Capítulo 1 -
Me desperté completamente desorientada y con mil puñaladas incidiendo en mi cuello, apenas unos segundos bastaron para ser consciente de que me encontraba en casa de Mulder, miles de sensaciones llegaron a mi mente, sus cosas, su olor, su presencia impregnada en cada milímetro a mi alrededor.
Pero estaba sola, en su sofá, con una manta encima que no recuerdo haberme echado y que también olía a él, ese olor que me hacía sentirme como en casa aunque no estuviera en ella, cualquier lugar del mundo, cualquier motel de mala muerte recorrido durante estos años eran mi hogar siempre que el olor de Mulder me acompañara, siempre que Mulder me acompañara.
Giré mi cabeza intentando recomponerme, dolía horrores pero más iba a doler si no lo colocaba todo en su sitio. Me estiré y miré mi reloj de pulsera, eran las 5 de la mañana. Elevé los ojos al techo y suspiré. ¿Qué hago aquí? ¿Qué pasó anoche?.
Y como si de unas diapositivas se trataran, multitud de imágenes comenzaron a materializarse en mi mente, la tristeza de reencontrarme con Daniel, mi profesor, mi amante, tendido sobre una cama de hospital al borde de la muerte y todos los recuerdos del pasado trajo consigo, cómo prácticamente huí de la medicina para huir de él, de su matrimonio, de romper las normas, ocasionando igualmente un caos a mis espaldas. Se me hizo un nudo en la garganta y las ganas de llorar volvieron repentinamente, pero las contuve, como hacía siempre, ni estando a solas me permitía flaquear.
Lo mejor era que me fuera a casa y me escondiera en mi cama bajo capas infinitas de edredones hasta que este dolor desapareciera.
Me froté la cara y me incorporé soñolienta, doblé la manta para colocarla en el reposa brazos del sofá y miré alrededor buscando mis cosas, visualicé mi abrigo y al tratar de alcanzarlo pasé delante del dormitorio de Mulder, y la visión de su presencia me dejó petrificada.
Estaba plácidamente dormido, transmitía una paz y una calma inquebrantables, debía dormir sólo con unos boxers, ya que todo lo que las sábanas dejaban al descubierto las sábanas era piel desnuda, sus brazos y sus piernas…
Mi garganta quedó seca, con otro nudo, pero no por las mismas razones que hacía unos minutos. Me imaginé a mí misma adentrándome en ese dormitorio, desnudándome lentamente, intentando no hacer el más mínimo ruido, para que, cuando sólo quedase mi ropa interior, apartar las sábanas del cuerpo de Mulder y así poder verle al completo, glorioso, exudando sexo en cada poro de su piel, y si con eso no conseguía despertarle, acercarme a su cara y rozar mis labios suavemente con los suyos para que, cuando por fin abriese los ojos, no dejarle retroceder, no dejarle escapar de mí.
Allí, apoyada en el marco de la puerta, noté como mi sexo palpitaba y se humedecía y me obligué a censurar mis pensamientos, como había hecho ya tantas veces, pero esta vez había llegado más lejos.
No negaré que he deseado a Mulder casi desde el principio, no sé decir exactamente desde cuando, fue una transición lenta, antes incluso de conocerle en persona, ya le admiraba por lo que contaban de él, por su fama de mente prodigiosa para los crímenes violentos, comprobar, cuando empezamos a trabajar juntos, que era cierto pero creyendo que su don estaba siendo malgastado en una tarea que no llevaba a ninguna parte, comenzó destruyendo mis barreras y mis creencias en cada nuevo caso, las noches de moteles en lugares recónditos, puerta con puerta, las conversaciones nocturnas…
No sé desde cuando empecé a sentir esta atracción hacia él, no sólo una atracción mental, sino una atracción física que se escapa de mi papel de científica y que me convierte, cada vez que estoy frente a él, en una simple mujer vulnerable, deseosa de ser acariciada, besada y embestida por aquel hombre que ahora estaba durmiendo profundamente en una cama delante mía.
Pero cada vez que mis pensamientos se iban en esa dirección, no les dejaba llegar más lejos, eso no debía pasar nunca, porque si pasaba lo estropearía todo entre nosotros.
Pero esta noche me sentía triste, más vulnerable frente a él que nunca, le necesitaba con toda mi alma, necesitaba que me hiciera sentir que no estoy sola, que alguien puede volver a quererme y desearme como una vez lo hizo Daniel.
Es curioso, siempre he sido la correcta Dana Scully, con mi moral y mis creencias intachables, pero cuando me enamoré de Daniel no me importó romper esa barrera entre profesor y alumna, la diferencia de edad, su mujer... tantas cosas estaban terriblemente mal y a mi no me importaban, en cambio me veo incapaz de hacer lo mismo con Mulder, todo lo contrario, durante esos años me he dedicado a elevar más y más esas barreras, alejándome de él en cuanto sentía que la intimidad entre los dos se volvía más tangible.
¿Por qué hacía eso? ¿Por qué lo alejaba de mí cuando quería con todas mis fuerzas justamente lo contrario?
Y entonces vi la respuesta con una claridad abrumadora. Mulder no era Daniel, desde el mismo momento que conocí a Daniel, sabía que era mi presente y que sería mi pasado algún día. Desde que conocí a Mulder, todas mis certezas se derrumbaron, mi suelo se convirtió arenas movedizas bajo mis pies y mi único punto fijo era él, con una fe por encima de todo y de todos. Sabía que podría soportar la pérdida de Daniel, no tenerle más en mi vida… ¿pero podría soportar perder a Mulder? Sólo pensarlo me ahoga, me quema la sangre y me hace arder en dolor.
Sin darme ni cuenta, entre las divagaciones de mi mente, mi cuerpo se había movido por decisión propia hasta los pies de su cama. Entonces lo vi, entreabrir sus ojos en medio de su ensoñación, mis alertas se activaron como si de la central nuclear de Chernobyl se tratara, y sólo pude quedarme inmóvil, esperando que no se diera cuenta de mi presencia.
Pero qué podía esperar del agente Mulder, el de la equis en la ventana, el experto en conspiraciones, el que aunque no lo parezca, siempre duerme con un ojo abierto esperando el ataque desde cualquier parte.
Pero yo no quiero atacarte Mulder, bueno, o quizá sí, pero no de esa manera.
Sus ojos, cada vez más abiertos, empezaron a enfocarse en mí, yo no sabía qué hacer para salir de esa situación.
"¿Scully?" dijo, frotándose los ojos, miró su reloj despertador y vió que eran apenas las 5:30 a.m.
"Me… me he des-despertado y…" ¿estaba tartamudeando?, tragué saliva e intenté sonar firme "disculpa Mulder, no quería despertarte, me voy a casa."
Y cuando comencé a girarme, de repente sentí una mano agarrando mi muñeca, su tacto en mi cuerpo era electrizante y sobrecogedor. Mulder había elevado su torso rápidamente para alcanzarme y retenerme, dejando al descubierto más piel del que estaba dispuesta a ver si quería mantener mi compostura.
"Ven" – me dijo, tirando de mí hasta hacerme caer en la cama sin que yo opusiera resistencia, no sé si por lo inesperado de aquel momento o porque mi subconsciente no quería oponerse – "Anoche me hubiera gustado traerte a dormir aquí pero no quería despertarte, ya es muy tarde, duerme un poco más, yo me voy al sofá". – me recostó a su lado y comenzó a quitarme los zapatos, como si fuera una niña pequeña que necesita que la cuidaran.
Y antes de que se levantara, fui yo la que, en un acto reflejo, lo retuve, ahora que lo había sentido conmigo, a mi lado en la cama, no podía dejarlo ir, lo necesitaba con desesperación.
"Quédate, por favor" – agarrándolo de la muñeca, le hice abrazarme mientras juntaba mi espalda a su torso – "sólo necesito esto… esta noche".
Noté su sorpresa inicial, pero no dijo nada. Su aliento golpeó cálido contra mi cabello, necesitaba su cercanía física, su cuerpo contra el mío era el mayor abrigo que podía sentir… en realidad necesitaba mucho más que eso, pero era lo único que podía permitirme.
Tenía la certeza, desde aquel pasillo, desde aquella abeja, que Mulder estaba más que dispuesto a derribar las barreras que hicieran falta para estar más cerca de mí, sabía que era yo la que se empeñaba en detenerle, mi miedo a perderle sobrepasaba y eclipsaba cualquier otro deseo que pudiera tener hacia él. Sabía que él haría lo que hiciera falta por mí, que llegaría hasta donde yo le dejara llegar, pero que jamás se atrevería a hacer nada si yo no le daba luz verde para ello.
Y esta noche estaba realmente tentada a activar esa luz, cerrar los ojos y dejarme llevar por una vez en mi vida, sentir su fuerte brazo a mi alrededor, su mano apenas unos centímetros más abajo de mi pecho, su pulgar moviéndose lentamente acariciando mi vientre, intentando transmitirme confort y seguridad, pero lo único que lograba era activar un cosquilleo que me erizaba la piel y me recorría todo el cuerpo.
Notaba sus ojos abiertos, mirándome fijamente, aunque estuviera a mis espaldas, lo sabía, había una comunicación entre los dos que traspasaba lo lógico y lo racional, no podía explicarlo pero siempre había sentido los ojos de Mulder instalándose en mí, escrutándome, memorizando mis pasos, mis acciones, mis palabras, como si fuera el mayor expediente X que le ha acompañado durante los últimos 7 años. Sería complicado que alguno de los dos lograse conciliar el sueño en lo que quedaba de noche.
"Mulder" mi voz sonaba apenas en un susurro.
"Dime"
"No quiero perderte" – el nudo volvió en un torrente de sensaciones que se escapaban de mi cuerpo.
Mulder se incorporó un poco, apoyándose sobre su codo, y me hizo girar hasta que mi espalda quedó completamente sobre la cama. Sus ojos me atravesaron en la oscuridad, podía verle gracias a una tenue luz que entraba desde la ventana y se posaba entre nosotros, sus ojos me miraban con una intensidad que dolía.
"Después de todo lo que hemos vivido, ¿crees que a estas alturas eso sería posible?" me dijo con tanta seguridad que me estremeció, una lágrima se deslizó sin que yo fuera ni consciente de ella…sólo sentí mis ojos nublarse repentinamente y la mano de Mulder atrapar esa lágrima con su pulgar… deslizándose por mi mejilla. "si alguien debería tener miedo de perderte, tendría que ser yo… tú lo eres todo para mi Scully… todo".
Nos quedamos en silencio mientras sus ojos me atravesaban el alma, tras unos segundos bajó su mirada hasta mi boca… no pude evitar morderme el labio en una insinuación que no sabía hasta qué punto era voluntaria. Su rostro se acercó al mío, sus labios a apenas 2 centímetros de los míos, se detuvo, esperando que fuera yo quien diera el último paso, esperando mi luz verde… como si fuera un imán, mi cabeza se inclinó un poco… 1 centímetro… menos… y cuando ya sentía el roce de sus labios con los míos, un click se activó en mi cerebro.
Lo aparté con brusquedad y me levanté de la cama como un resorte, buscando mis zapatos con nerviosismo.
"Scully…" no lo miré "espera… ¿puedes parar por favor?" sonó a una súplica que preferí ignorar, en cuanto terminé de ponerme los zapatos salí de su dormitorio y de su apartamento como alma que lleva al diablo, huyendo de nuevo de esas ganas irrefrenables de hacer algo para lo que no habría vuelta atrás.
