- Capítulo 2 -
Eran poco más de las 5 y media de la mañana cuando Mulder y yo habíamos estado a punto de besarnos, cuando su cuerpo semidesnudo, apoyado levemente sobre el mío, casi me hace perder la razón y el autocontrol.
Otra vez tan cerca, otra vez su aliento en mi boca convirtiendo mi piel en fuego y mis sentidos en gelatina, derribando mis muros levantados con tanto esfuerzo durante años, como si fueran un absurdo castillo de naipes que pueden caer con un soplido.
Sólo un halo de raciocinio en el último instante me hizo irme de allí… pero quizá era demasiado tarde… o quizá no.
Éramos dos auténticos expertos en hacer como si nada hubiera ocurrido, pero ni tanta experiencia había conseguido que desapareciera el rubor de mis mejillas.
A primera hora de la mañana, me metí en la ducha esperando olvidar, pero el agua no conseguía aplacar el deseo que se había despertado en mí, y mientras me dejaba mojar, cerré los ojos e imaginé lo que podría haber pasado si hubiera dado el último paso, mis dedos traviesos comenzaron a bajar como si tuvieran vida propia, dibujando senderos entre mis piernas, imaginando que eran los suyos.
El orgasmo auto satisfecho sólo me dejó cierta satisfacción perecedera, la imagen de Mulder a mi lado en la cama volvía una y otra vez a mi mente, no podía dejar de pensar en sus ojos desnudándome y atravesándome la piel. Necesito una abeja que me ponga al borde de la muerte para conseguir superar esto, un millón de abejas.
Por suerte era sábado, tenía todo el fin de semana para intentar superarlo, intentarlo al menos, aunque dudaba de tener éxito, pero para lo que si tenía tiempo era para reconstruirme la máscara de científica fría y ausente de cualquier deseo sexual.
Pasaron las horas de forma lenta y agónica, no paraba de pensar en él, se estaba convirtiendo en una obsesión que se mezclaba con la tristeza del encuentro con Daniel, y eso me hacía sentirme débil, y a la vez culpable, culpable por manchar el recuerdo de algo que fue tan significativo en mi vida con mis deseos más oscuros.
Entonces me di cuenta de que una cosa llevaba a la otra… revivir los momentos vividos con último hombre por el que me había sentido querida... me producía el deseo imperioso de estar con el hombre al que yo más quería.
La noche opacó mis pensamientos, estaba exausta y apenas me había movido del sofá en todo el día, mi cabeza no paraba de enfrentarse a mi corazón y a mis más bajos instintos, en una lucha sin tregua. Ojalá hubiera un botón de off en mi cerebro, estaba perdiendo la razón.
El timbre del portal me sacó de mi ensimismamiento, miré el reloj, las 22:17, ¿quién podía ser?... será… no será… cogí el telefonillo con manos temblorosas.
"Scully… soy yo"
Oh, mierda, no, tu no, aún no está lista mi máscara, aún no me puedo enfrentar a ti Mulder, no me hagas esto.
"Me abres, por favor" me dijo tras no escuchar respuesta por mi parte.
Y seguí sin decir nada, simplemente apreté el botón, dejé la puerta entre abierta y me senté en el sofá, evitando así el primer contacto al cruzar la puerta y dándome unos segundos más de margen hasta tenerlo en frente.
Escuché sus pasos adentrándose en mi apartamento, la sombra alargada que provacaba la luz del pasillo contra su cuerpo me avisaba de que estaba a pocos metros de mí, me tensé quedándome sin aliento.
Cerró la puerta tras de si y escuché sus pasos acercándose.
Me quedé ahí, sentada, con la cabeza apuntando al suelo, como si eso me pudiera volver invisible, mi corazón latía a mil por hora, mis manos temblaban sudorosas, cerré los puños con fuerza intentando tranquilizarme.
Se sentó justo frente a mi, en la mesa de centro, llevaba una de sus sudaderas desgastadas y unos vaqueros ajustados, dios, como podía ser tan sexy, esto no ayudaba nada a mis nervios.
Puso su mano en mi barbilla para hacerme alzar la mirada y cruzarla con la suya.
"Scully… tenemos que hablar de lo de anoche"
"No hace falta Mul…"
"Quería pedirte disculpas" enmudecí de repente… ¿él me estaba pidiendo perdón a mi? Yo que le he fustigado con una indiferencia fingida durante años, ¿soy la que tiene que perdonarle? "se que estabas sensible por todo lo que habías pasado ese día, y no quiero que pienses que quería aprovecharme de la situación… porque nada más lejos de la realidad" esta vez era él el que agachó la mirada, yo en cambio no podía contener mi asombro. "No quiero que esto estropee nuestra relación Scully" Me miró de nuevo con una profunda tristeza, sus ojos se hicieron más claros si cabían, parecían de cristal. "Eres muy importante para mi".
Nos quedamos unos segundos en silencio, mirándonos fijamente.
"Anoche me dijiste que yo lo era todo para ti" Por qué dije eso! Él estaba retrocediendo, tendiéndome un puente para volver a la zona de confort y yo en cambio, en vez de aceptarlo, voy y le ataco con algo que le salió de lo más profundo de su ser.
Me miró confuso, era obvio que no entendía mi respuesta, ni yo misma lo entendía, sólo acertó a asentir con la cabeza.
En ese momento entendí que él merecía más, si en ese momento estaba dispuesto a rebajarse, a pedirme una disculpa que no merecía, sólo para protegerme, para que no me volviese a alejar de su lado, es que estaba siendo muy injusta con él, le estaba haciendo daño por no hacerme daño a mí misma, estaba siendo una egoísta.
Alargué mi mano para posarla sobre la suya, la apreté con fuerza sin dejar de mirarle a los ojos.
"También me dijiste que jamás te perdería, pasara lo que pasara, que todo lo que hemos vivido estaba por encima de esa posibilidad" volvió a asentir enmudecido por mi repentina fortaleza.
Un remolino de sentimientos cruzó mi cuerpo y mi mente, soledad, tristeza, vulnerabilidad, egoísmo, culpabilidad, deseo, pasión, fortaleza, decisión...
En una milésima de segundo acorté la distancia que nos separaba y mi boca se apoderó de la suya. A él le costó unos segundos reaccionar, como en aquel beso fugaz que nos dimos con la entrada del año 2000, sólo que en aquel fui yo la que se quedó en shock.
Luz verde Mulder, ¿captas la señal?
Señal captada, sus labios comenzaron a moverse, y descubrí que Mulder sabía a sal, a fruta escarchada, a cielo en el infierno e infierno en el mar. Su mano se coló en mi cintura intentando atraerme hacia él con unas ganas incontestables. Nuestras lenguas chocaban en una batalla sin cuartel, electrificando mi cuerpo en cada contacto.
Me separé de él escuchando un gruñido por su parte que venía de lo más hondo de sus frustraciones. Yo sonreí, había hecho gruñir a Fox Mulder como un perro malherido.
Me levanté y le tendí la mano, pidiéndole así que me acompañara.
Dimos unos pasos hacia el dormitorio y en medio del camino me soltó la mano, le miré confusa.
"Si no estás segura de esto… prefiero dejarlo aquí" me dijo con un sufrimiento infantil que sólo me enterneció aún más. Yo estaba nerviosa, pero su inseguridad era tan abrumadora que sólo me hacía desearlo más.
Me acerqué a él, lo agarré de la sudadera y lo atraje para darle otro beso, aún más fiero y profundo que el anterior, y mientras lo besaba, empecé a desabrocharme el pantalón y subirme el jersey, me separé de él para terminar de quitármelo, y sus ojos se posaron en mi cuerpo sólo cubierto por mi ropa interior.
Agarré su sudadera por la parte baja y tiré de ella hacia arriba. Él se dejaba hacer, estaba tan rendido a mis acciones que sólo me hacía quererle y desearle aún más. Con el torso desnudo volví a besarle, esta vez lentamente, con una cadencia estremecedora. Sus manos temblorosas no sabían dónde posarse… tímidamente las colocó en mis brazos… con miedo a ir un poco más lejos y estropearlo todo. No importa Mulder, esta noche voy a ser yo la que lleve las riendas, voy a compensar cada instante en el que me esforcé en apartarte de mí, porque sé que este tu inseguro, este Mulder tan alejado del hombre que investiga conspiraciones con una fortaleza casi irreal, este Mulder que sólo es la sombra del que ha compartido mi vida durante 7 años, es sólo mi culpa.
Mordisquee su labio inferior y empecé a descender por su cuerpo, primero su cuello… luego su torso… mi lengua dibujaba el camino del peligro.
"Me vas a matar" escuché decirle en un gemido entre dientes. Sólo pude sonreír mientras desabrochaba su pantalón vaquero que tan loca me volvía. Mi lengua entretenida en su ombligo, cada vez más cerca del borde de su pantalón, sintiendo su inminente erección al bajar la cremallera.
Me detuve y miré hacia arriba, Mulder tenía los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás, expectante, indefenso.
"Mírame" le ordené "mírame Mulder". Agachó la cabeza y entreabrió los ojos, cogí una de sus manos y metí dos de sus dedos en mi boca sin dejar de mirarle… sus ojos comenzaban a lagrimear, humedecidos por el deseo que no era mayor que el que yo sentía, sus ojos y su boca entreabierta, su expresión de sorpresa y lujuria sólo me ponían más caliente.
Tiré de los pantalones y los boxers con brusquedad, dejándolo al descubierto ante mí, imponente, duro, deseándome con toda la extensión de la palabra.
Yo sentí como me humedecía y palpitaba… ahora era yo la que se derretía, si pensaba que antes conocía el olor a Mulder estaba muy equivocada, así olía Mulder, olía a café tostado, a incienso húmedo, olía a problemas y a soluciones, olía a olvido… y me moría por descubrir a qué sabía.
Deslicé mi lengua desde la base hasta la punta y el gemido de Mulder se alteró unos agudos.
"No sé si podré mantenerme en pie" le escuché decir con la respiración agitada. Vamos a descubrirlo.
Abrí mi boca y me introduje su sexo hasta el fondo, con ganas de que llegase a tocarme el alma y lo dejé ahí, unos segundos, inmóvil.
Mulder acarició mi pelo con suavidad, como pidiéndome que continuase… luz verde doctora Scully.
Empecé a mover mi boca con un ritmo pausado, lento y suave al principio… rodeando su tronco con mi lengua, jugueteando con la punta y cerrando de nuevo mis labios alrededor, resbalando con mi saliva en un bamboleo delicioso. Escuchaba los ruidos guturales de Mulder y el lento vaivén de sus caderas contra mi boca.
"Parrr… para… no… no quiero…"
Sabía lo que quería decirme sin necesidad de terminar la frase.
Dejé el objeto de mi deseo momentáneamente, no sin antes darle un pequeño toque con mi lengua a la punta, Mulder volvió a gruñir, esta vez sonaba diferente, ya no había miedo en su voz, había posesión, ganas y rabia.
Me levanté, le miré a los ojos y me di la vuelta caminando hacia el dormitorio, de paso comencé a quitarme el sujetador y lo dejé caer al suelo.
Mulder terminó de quitarse los pantalones y los boxers que habían quedado a sus pies y me siguió con la ilusión de un niño que se despierta un 25 de Diciembre.
Ni siquiera había alcanzado los pies de la cama cuando me agarró por un brazo y me hizo girar hacia él, me besó decidido, salvaje, con las ganas acumuladas de muchos años de necesidad, de soledad y de fantasías no cumplidas.
Una mano se posó en mi cintura atrayéndome hacia él, su erección contra mi sexo separados por la tela de mis bragas, la única prenda de ropa que aún nos quedaba… una prenda que me encantaría quemar ahora mismo pero no podría aunque quisiera por la humedad concentrada en ella.
Intento bajármelas pero Mulder me detiene. Me mira con unos ojos oscuros que jamás había visto, ¿dónde se había quedado su verdor? ¿Por qué la oscuridad de sus pupilas tenían la profundidad de un pozo al que no puedes evitar querer asomarte?
Me empujó suavemente, haciéndome caer sobre la cama, totalmente expuesta y un tanto avergonzada, nunca había estado muy orgullosa de mi cuerpo, de mi pequeña estatura, toda la fortaleza que había demostrado hasta ahora se había visto empañada por mis complejos, en cambio Mulder volvía a ser ese hombre de la pasión desmedida… sólo que esta vez esa pasión no era por ningún expediente x, era por mí.
Se puso sobre mí, pero sin apenas tocarme, dejando los centímetros justos para que pudiera sentir su cuerpo pero necesitara más. Hizo el amago de besarme y se separó en el instante en el que yo reclamé su beso. Y sonrió de una forma que me hizo sentir miedo y excitación a la vez. Lo siguiente que sentí fue su nariz y su boca deslizándose por mi cuello, subiendo por uno de mis pechos y deteniéndose en mi pezón duro y sensible, tan sensible que no pude evitar exclamar cierto dolor al sentir apenas el roce de sus dientes en él.
Mulder lo entendió a la perfección, y sus dientes fueron sustituidos por su lengua, una lengua que en ese momento me iba a llevar a la locura, podría ser encerrada en un manicomio y no culpar a nadie por ello… bueno si, a Fox Mulder, el causante de mis enajenaciones y del arqueamiento de mi espalda en este instante… deseando que su boca cubriera al completo mi pecho y cambiar mi piel por una capa de su saliva… porque su saliva ahora era el recuerdo del recorrido de su lengua y yo quería tatuármela a fuego.
Lo peor fue cuando, al notar sus dedos colándose dentro de mis bragas, me di cuenta de que mis delirios aún no habían alcanzado su máximo esplendor, aún podía ir a peor… mucho peor.
Me llevé el puño a mi boca intentando acallar mis gemidos, pero él me cogió de la muñeca para evitarlo.
"Quiero escucharte, no te contengas" me dijo aumentando el ritmo de sus dedos dentro de mi.
Mis gemidos fueron subiendo de intensidad, gemidos llorosos y fundentes que se escapaban de mi cuerpo sin ningún control. Me estaba matando en cada centímetro de sus dedos que se introducía dentro de mí, mis piernas se retorcían contra su mano, quería que parara en este momento y no quería que parara jamas.
Se detuvo en seco sin que pudiera evitar exclamar un lamento desgarrador desde mi garganta.
"No, aún no Scully… aún no" me bajó las bragas lentamente y noté su nariz rozándome mis rizos pelirrojos, ¿Qué estabas haciendo Mulder… y porqué me había negado durante tanto tiempo a ESTO?.
"Si haces eso… va a ser si, ya, si" le dije entrecortada, le miré y él seguía sonriendo con esa expresión maquiavélica que me dejaba sin aliento.
Colocó mis piernas en sus hombros y me miró. "Aguanta" me dijo un segundo antes de introducir su lengua en mi sexo, OH POR DIOS, ni mil doctorados en medicina conseguirían hacerme describir científicamente lo que estaba sintiendo en este momento.
"Mullldeerrrr" ¿esa era mi voz? si, creo que era mi voz, una voz licuada, una voz que desprendía humedad, saliva y ausencia de aire para respirar.
Su lengua se movía frenética a ratos y lenta y suave cuando sentía que iba a estallar… "aguanta" me volvió a repetir mientras jugueteaba con mi clitoris. ¿Qué aguante Mulder? es más fácil seguirte por todo el mundo buscando monstruitos que aguantar en ESTE momento.
Pareció oír mis súplicas mentales, porque empezó a recorrer el camino de regreso de mi sexo a mi boca… por supuesto deteniéndose de nuevo en el otro pecho que antes dejó desatendido, tenía ganas de llorar… no pensaba que se podía llorar de placer, ¿7 años para descubrirlo? por dios, debería estar en el corredor de la muerte, no había castigo suficiente para semejante herejía.
Cuando llegó hasta mi rostro, se detuvo unos segundos, observándome. Había tantas sensaciones escondidas en esos ojos que por un momento se me olvidó donde estábamos, y qué estábamos haciendo… sólo existíamos los dos en el mundo y esos ojos que me capturaban y me dejaban vacía y llena a la vez.
Hasta que sentí su miembro entrando lentamente en la humedad de mi ser. Los dos exclamamos un gemido sincronizado y nuestros alientos chocaron antes de encerrarlos en un beso que ya no contenía ni un ápice de rabia o frustración, era el beso de alguien que me quiere por encima de sus posibilidades y de las mías, un beso sobrecogedor que mi mente era incapaz de procesar… y que acallaba los gemidos de cada una de sus embestidas.
Se separó de mí para mirarme mientras entraba en mi cuerpo… primero lentamente, a cada embestida suave una corriente eléctrica me recorría desde las uñas de mis pies hasta el último pelo de mi cabeza, mis manos agarraban con fuerza las sábanas, y aún así no me permití cerrar los ojos, quería verle, quería ver su deseo hacia mí, sus ganas de estar dentro de mi.
El ritmo lento comenzó a cambiar… errático, nervioso, cada embestida era más intensa que la anterior… Mulder enterró su cara en mi hombro y yo me dejé llevar, escuchaba sus gemidos mezclados con los míos, le apreté fuerte contra mi, hundiendo mis dedos en su espalda.
No pude aguantar mucho más, noté las sacudidas de un orgasmo salvaje, no era el primero de mi vida pero lo parecía, este sin duda había opacado cualquier rastro de placer pasado… Mulder siguió moviéndose un poco más, notando mis espasmos en su miembro, haciéndole estallar por fin dentro de mi.
Se quedó unos segundos extasiado, encima de mi cuerpo, con su miembro aún semi erecto en mi interior… me gustaba sentir el calor de su cuerpo sudoroso mezclándose con el sudor del mio.
Pero una sensación de vacío inundó mi estómago cuando se separó, cuando salió de mi.
Se tumbó a mi lado, ambos mirando al techo, incapaces de mirarnos a la cara ni de pronunciar palabra, hasta que giró su cabeza hacia mi y me regaló una media sonrisa a la que correspondí.
Se quedó a dormir, esa noche nos permitimos ser otros Mulder y Scully, sólo un hombre y una mujer lejos de conspiraciones, de alienígenas, lejos del peligro que nos acechaba a cada minuto… sólo los dos y nadie más, dormimos abrazados, regalándonos caricias y besos furtivos… porque ambos sabíamos que no nos podíamos permitir dejar de ser quienes éramos, que nunca seríamos una pareja feliz, que eso no estaba hecho para nosotros ni era nuestro destino. Pero esa noche fue nuestro oasis en el desierto, y eso nadie nos lo iba a quitar jamás.
