Mminiaudiofic elaborado por Yuleni Paredes.

Estelarizado por Candy y Albert, personajes protagónicos de la serie animada Candy Candy

Lunes, siete de mayo de 1917.

Albert se había pasado todo el fin de semana laborando en el restaurante, realmente estaba agotado por haber lavado cantidades incalculables de platos.

Necesitaba dinero y más aún después de que hace un año, cedió al amor. Fue un momento confuso e inexplicable; pero se dio.

Suponen que… siguieron los latidos de sus corazones, sin importar el famoso: ¿Qué dirán? Simplemente lo que contaba eran sus sentimientos y nada más.

Es así, como Candy, la pura y dulce jovencita que un día decidió enfrentar a todos para vivir al lado de ese hombre importante en su vida, hasta el punto de perder su puesto de enfermera en el hospital Santa Juana con tal de estar junto a él: una noche, abrazados, sin una milésima de separación entre ellos, bailaron aquel vals que se escuchaba en el edificio de al lado; se distanciaron por un breve instante, un poco, para verse a los ojos y sin detenerse a pensar, unieron sus labios en un profundo y cálido beso que los llevó más allá de lo permisible, fue lindo e irracional.

Ya había pasado ¡¿Cómo corregirlo?! Al día siguiente ambos, en especial Candy, trataron de hacer de cuentas de que nada había sucedido. Para ellos, lo más importante era preservar la dulce amistad que se había cosechado durante años.

Sentarse hablar de lo sucedido sería doloroso, al quizás descubrir que esa noche mágica para ambos fue producto de un simple arrebato de necesidad de amor.

Las consecuencias de aquella noche no tardaron en hacerse presente. A los tres meses, los síntomas aparecieron. Ella le confesó a su amado que pronto serían tres.

Albert sabía lo que se le venía encima, su Candy estaría en boca de todos y él no quería eso para ella. Así que buscó otro apartamento ubicado a las afueras de Chicago. Ahí: iniciaron una vida de pareja, formalmente constituida frente a los demás, muy a pesar de seguir sin memoria.

Candy estaba extremadamente apegada a la crianza del pequeño Bert, por lo que el dinero les alcanzaba para lo básico.

Él era feliz a su lado; por ello, ante tantas restricciones económicas quiso hacerle un obsequio especial en el día de su cumpleaños. Hizo triple turno en el restaurante por lo que a duras penas llegaba para dormir.

¡Al fin tuvo la cantidad deseada!

Ese día, salió temprano de su empleo, caminó hasta una boutique en donde entró y habló con una de las vendedoras para pedirle asesoría.

Quería comprarle a Candy un bonito abrigo para la primavera.

La vendedora, con una linda sonrisa, le dijo:

──Tenemos este, señor ──Albert devolviéndole la amabilidad con una dulce sonrisa, miró la etiqueta.

Sorprendido por el costo, carraspeó para disimular su asombro. Nunca, imaginó que podría valer tanto. Era lógico el monto, pues ese diseño era parte de la colección exclusiva de JEANNE LANVIN, reconocida modista de la época, por lo que no escatimó en hacer el gasto.

Su Candy se merecía eso y mucho más, tras ser la mujer, que sin pedir nada a cambio, le dio una bella familia, un motivo para ser feliz en la vida.

Él quiso comprar un lindo pastel; pero en sus bolsillos tan solo quedaba: un dólar con 20 centavos. Abatido, se sentó en una banca y dijo:

──Ni modo, será solo el abrigo ──expresó, resignado.

De pronto, se percató que un grupo de bailarines daban un espectáculo en el parque a cambio de dinero.

Así que se le ocurrió la idea de dar un show infantil para los niños. Sabía de malabarismo y canto. Su amada en más de una vez lo había elogiado, diciéndole que su voz es dulce, hermosa para cantar. Luego de que un día sin poder explicar ¿cómo?, entonó en "gaélico" una bella melodía.

Armado de valor, con lo que le quedaba, compró una docena de naranjas y al tiempo que hacía malabares con ella, cantó una canción que decía así:

"Las princesas son hermosas, porque su bondad se reflejan en sus acciones.

Pueden existir egoístas; pero ellas, las princesas, los cambian con su amor.

¡Atrévete a amar! Pues el amor es la esperanza de la vida".

Varios le aplaudieron, colocando en esa modesta bolsa de papel, en donde le habían despachado las naranjas, el dinero como retribución a su talento innato.

Dos horas después de ofrecer cinco funciones más, contabilizó el dinero recaudado; encontrándose con la sorpresa de que no solo hizo para comprar el pastel, sino para llevar a Candy a cenar a un modesto restaurant.

Por fin, después de tanto tiempo, podría llevar a Candy y a su pequeño Bert a un restaurante, en el cual comerían de todo. Incluso, le compraría una muda de ropa al pequeño para que se viera más elegante y para él quizás unos zapatos nuevos (definitivamente, le hacían falta).

Eran las cuatro de la tarde, Candy terminaba de dar de comer a su pequeño, cuando Albert entró por la puerta con su hermoso regalo de cumpleaños.

Ella feliz lo recibió, por su rostro rodaba lágrimas de felicidad. Entendió que todos esos días en los que él llegaba tarde, era para ofrecerle lo mejor a su pequeño y a ella.

Agradecida a Dios, por haberla premiado con tan bello hombre capaz de amar de la nada, lo abrazó y besó.

Fin.

Gracias por haber oído esta modesta historia, si desean más compartan el canal, denle me gusta y comenten. Gracias. ¡Dios nos bendiga!

#Elprincipedelacolina