CAPÍTULO 5
"El nido"
Tres meses han pasado desde que la reina Diana comandó que se hiciese la búsqueda del nido de Aracknos, desde la aparición de esas criaturas en el reino, que ya habían provocado la muerte de un soldado por sus toxinas, se habían registrado otros 5 avistamientos, 4 de ellos en el bosque y uno más cerca de la ciudadela, donde los guardias lograron acabarla antes de que escalase la muralla norte.
Ella puso a Darío Moon como encargado de la búsqueda y él envió a su vez a varios escuadrones al bosque para averiguar la ubicación del nido, pero a pesar de sus esfuerzos las tropas no lograban ubicar con exactitud el nido y regresaban solo con reportes de haber sido atacados por otros Aracknos, entre esas misiones perdieron a 2 soldados más, lo cual era algo lamentable pero las expediciones no podían detenerse.
Por suerte para ellos tenían antídoto suficiente, en sus exploraciones se habían topado con la planta necesaria para fabricar la anti-toxina y esta era llevada de regreso al castillo para que fuese procesada, aunque también la reina hacía que enviasen una parte de esta hacia el pony Blue Knife, quien era el que sabía preparar el antídoto con más eficacia, y él siempre cumplía con los pedidos de entrega pero se seguía negando a ayudar de primera mano con las situaciones del reino.
-¿Alguna noticia nueva comandante?- Preguntó la reina Diana a Darío.
Ambos estaban en una de las habitaciones del castillo, la sala de comando, amplia con una mesa en el centro sobre la cual había un mapa de las regiones del reino crepuscular, en este mapa marcaban la zona del bosque y las áreas donde habían sido recibidos reportes de Aracknos, extrañamente, pueblo verde, el pequeño poblado dentro del bosque no había reportado ninguna clase de ataque hasta ahora pero de igual manera Diana había enviado tropas ahí para que resguardasen el lugar por si acaso.
-No majestad, en estos tres meses hemos explorado los sectores del 1 al 17 del bosque y fuera de encuentros casuales no hemos hallado pista del nido, aún queda más de la mitad del bosque, sectores 18 al 40, pero eso nos podría llevar mucho más tiempo del pensado- Comentó Darío mientras ponía la figura esculpida de un pony sobre otro sector del bosque que ya habían explorado.
-Es imperativo que localicemos ese nido cuanto antes, para este punto tal vez ya se haya formado otro más, y si ese es el caso entonces esto se tornará en una situación muy difícil- Mencionó la reina preocupada, la plaga de Aracknos podría incluso obligarla a incendiar el bosque tal y como lo hizo su madre en su momento de locura.
-¿Cuáles son sus órdenes majestad?- Preguntó Darío que se mostraba igual de preocupado.
-Sigan buscando, pero esta vez enfóquense en los lugares donde hayan cavernas conocidas, viejas minas y por si acaso, cerca del pantano al este del bosque, puede que ahí se escondan- Contestó ella dando un suspiro, buscar, era todo lo que de verdad podían hacer de momento.
-Como usted lo mande mi reina- Respondió Darío haciendo reverencia.
-¿Alguna otra novedad?- Preguntó Diana dejando el mapa de lado.
-La frontera norte con la nación del frío está en paz su majestad, una reciente carta de sus majestades, el rey Cold Blood y la Reina Míaquerisia, confirman su asistencia a la reunión del gran consejo junto con los jefes de las provincias de su nación, también los líderes de nuestras provincias han anunciado su asistencia majestad- Respondió el comandante dejando las cartas de confirmación sobre la mesa, Diana sonrió un poco ante esto, hace mucho tiempo que no veía a Mía, y la verdad era que ahora la gran reunión consejal era el único momento en el que podía ver a su vieja amiga.
-Una buena noticia al menos, ¿Qué hay de las tierras de Equestria y sus reinos?- Preguntó de nuevo ahora por ese otro mundo.
-También han confirmado su asistencia majestad, no está claro quiénes serán los representantes pues al parecer las situaciones en Canterlot están, tensas- Mencionó él refiriéndose la hija de la princesa Luna, a él también le causaba pesar eso por lo que pasaba la hija de su amada –Pero, vendrá alguien, también han mandado una invitación para los juegos interescolares que ellos realizan, invitan sobre todo a nuestros reclutas más prometedores para participar en competencia, esperan su respuesta majestad- Mencionó él entregando la invitación a Diana quien la tomó con su magia y se dispuso a leerla de manera rápida.
-Por mucho que deseemos asistir, la situación en estos momentos es más apremiante, necesitamos todo soldado, lamentablemente tendremos que declinar- Respondió ella doblando la carta.
-Si su majestad me permite- Habló Darío –Lamento diferir con su majestad en esto pero creo que una buena opción sería aceptar la invitación, la verdad es que nuestros jóvenes reclutas pueden obtener una gran experiencia de esto, además de que no hemos tenido mucho contacto con las tierras de Equestria recientemente, sin mencionar que en aquel lugar están varias de nuestras familias que decidieron vivir en ese lugar, se vería bien si su majestad enviase no solo equipo sino también una embajada para asegurar que todo está en orden y que las acciones para controlar cualquier problema están siendo tomadas- Comentó él lo cual hizo pensar a la monarca, el comandante tenía razón.
-Muy bien, informaré entonces que aceptaremos su invitación a los juegos, claro, aclararemos que solo lo haremos en cuestiones atléticas dado que los conocimientos de nuestros mundos siguen siendo un tanto diferentes, aún hay tiempo, comandante, dejo todo en sus capaces cascos, Solo espero que podamos encontrar ese nido cuanto antes- Respondió Diana un poco insegura de su decisión, pero el tener de vuelta contacto con Equestria podría ser algo bueno para su situación actual.
-Así se hará majestad, seleccionaré a nuestros mejores reclutas, de esa manera los soldados podrán enfocarse en la búsqueda del nido, asignaré a los oficiales disponibles para el entrenamiento de los participantes también, le prometo de igual manera que hallaremos ese nido, y lo erradicaremos- Comentó el Comandante Darío y después de un saludo militar, salió para hacer como había dicho.
-Por el bien de nuestro reino, espero que así sea- Pensó Diana mientras observaba aun el mapa del bosque hasta que le informaron que unos visitantes habían llegado y le esperaban en el salón del trono, ella asintió y se retiró de ahí igualmente sin saber que desde las sombras alguien observaba todos los movimientos del castillo.
-Así que… la reina está preocupada por esto, ¿eh?- Dijo una sombra en el techo –Si tanto se preocupa quizás pueda ayudarle a encontrar el nido que busca y también, enviar un par de, "refuerzos" para sus tropas jeje- Agregó esa sombra con un dejo maligno en su voz y desapareció del salón.
NACIÓN DEL FRÍO
Esculpida en la ladera de la montaña más alta, se alza la majestuosa ciudadela de la nación del frío, la más grande de sus ciudades, la más grande de todo su reino, posiblemente la más grande de toda la tierra de Ankalia.
Todo el lugar era una verdadera obra arquitectónica esculpida por siglos hasta ser terminada, sus muros, muros legendarios por haber resistido incontables embates de hordas enemigas, ninguna logró jamás traspasar su perímetro, esos muros, altos, fríos y gruesos, hechos de hielo azul, el material más resistente, en dureza igual a la piedra de los muros de la ciudadela del reino crepuscular, era el sitio mejor defendido de todo ese mundo, catapultas actuaban como medida de contrataque en varios puntos de la muralla que se extendía por kilómetros y cada nivel arriba había más muros con más defensas listas, ballestas y arqueros siempre vigilantes.
Sus habitantes viven en total seguridad, pues aun sitiados, gracias a su metabolismo más lento podrían sobrevivir por mucho tiempo dentro y las provisiones no se agotaban rápido, ese lugar estaba diseñado para una cosa, ganar batallas por agotamiento, además gracias al clima helado de la nación del frío, si algún ejército llegaba hasta los muros de su ciudadela, era garantía de que estarían cansados y débiles para pelear una batalla larga.
La diplomacia con sus vecinos del sur fue tensa no hace mucho tiempo, pues un supuesto atentado contra la entonces princesa Royal Shine, llevó a ambos reinos al borde de la guerra, las tensiones aumentaron cuando los habitantes de ambas fronteras participaron en una batalla territorial causando la movilización de ambos ejércitos, por suerte una de las provincias de la nación del frío comprobó que todo se trató de un complot por parte de traidores del reino crepuscular para que la guerra estallase entre ambas tierras y así ellos salir beneficiados de la destrucción.
Hoy en día sus relaciones son de completa paz, armonía y prosperidad, su alianza con el reino crepuscular para ir a la defensa de Equestria en la gran batalla fue un hecho sin precedentes en la historia, su nuevo rey, Cold Blood, tenía ideas menos ambiguas que las de sus predecesores, manteniendo una mente abierta y una nueva disposición para trabajar por el bien de su gente, pero el mayor factor que influenció a toda la nación fue el matrimonio de su Rey con una oriunda del reino crepuscular, aquella que en un pasado había sido una humilde sirvienta en el castillo del crepúsculo, la Reina Míaquerisia Diamond, Mía, íntima amiga de la reina Diana y de su supremo comandante, una crepuscular sentada en el trono del invierno, nunca en la historia había sucedido algo de tal impacto social, cultural y político en ningún lugar de Ankalia.
-¿Ya está todo preparado entonces?- Preguntó el rey Cold Blood, el antes príncipe de nieve, ahora rey de toda la nación del frío.
-Así es majestad, todo lo estará según sus órdenes, el carruaje partirá mañana mismo, será un viaje de tres días hasta nuestros pueblos fronterizos para de ahí tomar el expreso real que les estará esperando a vosotros y de ahí llevarlos directo a la ciudadela del crepúsculo, sus majestades- Explicó uno de los guardias del castillo mientras se mantenía arrodillado ante los monarcas.
-Buen trabajo, puedes retirarte- Dijo el rey moviendo su casco, el guardia entonces hizo una reverencia ante los reyes y salió del salón del trono, fue ahí cuando Cold Blood volteó a ver a Mía que mantenía una sonrisa en su rostro –Por lo que veo estas emocionada por el viaje al reino crepuscular, ¿no es así querida?- Preguntó él a la pegaso.
-Pero claro que lo estoy, no hemos ido al reino crepuscular desde la reunión consejal de hace un año, la verdad es que desearía poder visitarles más seguido- Contestó Mía, su apariencia había cambiado con el paso de los años en esa tierra, su cuerpo se empezó a adaptar a las condiciones del lugar, perdió color en su pelaje y sus labios estaban más morados, su pelaje y crin se habían vuelto más gruesos y fuertes e incluso su metabolismo había disminuido pero nada de esto había cambiado su actitud y, a pesar de los cambios físicos que había sufrido, seguía manteniendo la fortaleza física característica del clan de los Diamond.
-Yo igual desearía eso mi amada, pero sabes bien que tenemos que ser precavidos, esa casa de asesinos y traidores siguen por el reino, lo sé, y de seguro esos fanáticos intentarán algo en contra de nuestra hija como lo hicieron hace años, pero te prometo que una vez eliminada la casa de Acimbaro por su atentado, todo regresará a la normalidad- Dijo él con notable rabia en su voz y tensión en su cuerpo.
-Cold Blood, amor, tranquilo- Mencionó Mía tomando su casco para serenarlo un poco, esto de verdad traía muchos malos recuerdos y emociones al rey.
Años atrás, apenas unos meses después del nacimiento de la princesa de la nación del frío, hubo quienes intentaron asesinarla, un grupo de fanáticos que al enterarse de las condiciones de nacimiento de la pequeña aseguraban que ella traería la llamada, "Profecía de la destrucción", una que acabaría con la nación del hielo y traería una nueva época de caos sobre su reino.
Ese nacimiento había sido sin precedentes de igual manera, cosas así se estaban volviendo costumbre en la nación del frío. El nacimiento no solo fue particular porque una hembra había nacido en la casa real de Helia, sino de igual manera porque nunca antes en la historia de la nación del frío había nacido una pegaso, exacto, la hija de los monarcas había nacido con un par de alas cristalinas en su lomo, era la primera raza de pony distinta nacida en ese lugar.
-¿Dónde está ella ahora?- Preguntó el rey.
-Para esta hora debe estar terminando con sus clases privadas- Respondió Mía sin soltar el casco de su esposo, podía sentir que la tensión no abandonaba su cuerpo.
-Entonces princesa, ¿Puede describir a grandes rasgos cómo fue que la casa de Helia recuperó el trono de nuestra nación?- Preguntó una institutriz puesta para la educación de la princesa.
-Sí, maestra- Respondió la princesa.
Ella de verdad era una excepción a la raza de su reino, no solo por ser pegaso, sino de igual manera por su aspecto, poseía pelaje celeste y alas como de cristal, su crin y cola eran negras y sus ojos, dorados, la marca de todo el que tuviese sangre crepuscular en sus venas.
-Ocurrió cuando la entonces regente casa de Aurora dio a luz a una hija para heredar el trono y ella eligió entonces a un macho de la casa de Helia como esposo, lo cual derivó en que la casa de Helia retomase una vez más el trono, esto se hizo más contundente en el momento en que se matrimonio dio a luz a un macho como príncipe- Respondió ella y la institutriz asintió muy complacida con la respuesta de la princesa.
-Excelente respuesta majestad, ahora, dígame el nombre de la princesa de dicha casa- Siguió ella con la clase.
-Sencillo, la princesa Aurora Madeline- Respondió ella de nuevo.
-Correcto nuevamente, muy bien, por hoy eso sería todo princesa, la espero entonces para su siguiente sesión, repase por favor los capítulo de la historia de la casa de Alto Monte y dé un repaso general a lo que vimos hoy, con su permiso- Mencionó la maestra haciendo reverencia a lo que la princesa también hizo una antes de salir de su cuarto de estudio seguida por dos guardias que siempre le acompañaban para su protección.
-Me gustaría estar a solas unos momentos caballeros- Comentó ella al llegar a su habitación, ambos guardias se miraron y asintieron el uno al otro, uno de ellos entró primero a la habitación de la princesa para registrar el lugar en busca de alguna trampa o asesino oculto mientras el otro se mantenía con la princesa en espera de su compañero, esto de verdad estresaba un poco a la princesa.
-Todo despejado, es seguro entrar majestad, estaremos aquí afuera por si nos necesita- Dijo el guardia al salir de la habitación de la princesa.
-Se los agradezco- Respondió ella y entró a su habitación, una vez ahí dio un largo suspiro -¿Por qué a mí?- Dijo ella lamentando su situación, desde que tenía memoria, siempre había un par de guardias que la vigilaban y cuidaban en todo momento, entendía que sus padres se preocupaban por ella después de lo que ocurrió pero esto era algo que ya no soportaba, no tener la suficiente privacidad -¿Por qué?, ¿Solo por ser diferente?, yo no les hice nada malo- Se decía a sí misma sin entender el porqué de esas acciones en su contra.
-Hija, ¿Te encuentras bien?- Se oyó decir a la voz de Mía que estaba en la puerta del cuarto de la princesa.
-Si madre, me encuentro bien- Respondió ella mientras se sentaba en su cama, Mía entró y tomó asiento junto a ella, la pegaso crepuscular no necesitó decir palabra alguna o que su hija le dijera algo, sabía lo que pasaba por la cabeza de la princesa de la nación del frío.
-Créeme hija, entiendo cómo te sientes, pero, es por tu propia seguridad, no soportaríamos si algo te llegase a pasar- Mencionó Mía para luego acariciar la crin de su hija.
-Lo sé, lo sé, solo me gustaría poder pasear por el castillo o salir a alguna parte sin que un escuadrón de soldados me siguiese todo el tiempo- Dijo dando un suspiro de frustración –Oh al menos, quisiera tener tu fuerza madre, ¿Por qué no la tengo?, se supone que también soy una Diamond, ¿No es así?- Preguntó ella levantándose de nueva cuenta, era verdad, a pesar de tener sangre de ese clan, ella aun no desarrollaba la fuerza característica de los Diamond ni su resistencia sobrenatural.
-Esa es una cuestión para lo que no tengo una respuesta hija, es posible que la sangre de tu padre sea más dominante en ti o tal vez esa fuerza siga dormida en ti y de ser ese el caso, despertará en su momento- Le dijo Mía para tratar de tranquilizarla un poco.
-Y… ¿Si nunca despierta?- Preguntó ella un tanto triste por lo que su madre se levantó y puso su casco en su hombro.
-Nada cambiará, fuerza o no fuerza Diamond, tu padre y yo siempre te amaremos por quien eres y no solo porque tengas nuestra sangre hija mía- Habló ella y su hija sonrió para darle un abrazo que Mía correspondió.
-Gracias madre, por cierto, ¿Crees que Papá me dejaría volar un poco fuera del castillo?, llevo tiempo sin utilizar mis alas en un espacio abierto y no quisiera que se atrofiaran- Comentó ella y aleteó un poco para relajar sus alas, se elevó un par de metros y dio una vuelta a su habitación antes de volver a aterrizar junto a su madre.
-Ya lo veremos hija, la verdad ahora que lo mencionas, yo tampoco he volado mucho- Dijo Mía extendiendo sus alas para cerciorarse de que no se hubieran congelado.
PLAZA CENTRAL DEL CASTILLO
Los pasos resonaban todos juntos como tambores a marcha de guerra pues un nuevo escuadrón de soldados hacía su entrada a la plaza central del castillo, cualquiera que viera sus armaduras diría que eran guardias listos para hacer sus rondas pero si uno se fijaba en sus rostros podía ver que se trataba de un nuevo escuadrón de guardias recién graduado de las instalaciones militares de la nación del frío, retirado en las montañas más allá del castillo y la ciudadela, todos tenían la clásica armadura de la nación del frío pero quien les dirigía portaba una insignia color azul fuerte que lo distinguía como el líder, era un nuevo pelotón de al menos 50 nuevos soldados que estarían al servicio de la guardia del castillo.
-¡ALTO, YA!- Gritó el líder del nuevo escuadrón y todos se detuvieron al unísono –FIRMES- Volvió a gritar a los soldados.
-Así que, teniente- Habló un pony que ya esperaba a esos nuevos reclutas –Usted y estos novatos son lo mejor de nuestras instalaciones por lo que veo, para mí lucen verdes todavía- Agregó este pony que vestía una armadura azul fuerte y una insignia de color blanca, un capitán.
-Con todo respeto capitán, nosotros fuimos lo mejor de lo mejor y por tal razón nos asignaron a la seguridad del castillo- Respondió él lo cual impresionó al capitán, más que nada por la respuesta del teniente.
-Bueno, bueno, un boca floja al parecer- Dijo el capitán con un poco de molestia -¿Sabe lo que es insubordinación verdad soldado?- Preguntó el pony pasando frente a las filas de los nuevos guardias.
-Sí señor, lo sé- Respondió él mostrándose firme.
-Bien, porque si vuelve a responder de esa manera lo llevaré a corte marcial por eso mismo- Contestó el capitán de manera seria -¿Me expresé bien, teniente?- Preguntó él con algo de desdén.
-Señor, sí señor- Respondió el teniente sin mirar al capitán.
-Capitán- Otra voz entro en escena y al reconocerla el capitán dio un pequeño sobresalto.
-Mi rey- Dijo el ver al monarca de la nación del frío tras él, hizo una reverencia y los demás reclutas también lo hicieron.
-Puedo ver que ya le está dando la, "bienvenida", levántense- Ordenó él y los soldados volvieron a posición de firmes –Bueno, teniente, escuché que sus compañeros aquí son lo mejor de lo mejor que nuestro entrenamiento dio, ¿Es eso verdad?- Preguntó él ordenando al capitán apartarse para poder hablar de frente con el teniente recién llegado, no hacía falta decir que se encontraba muy nervioso con el monarca ahí.
-Majestad, así es majestad, mis compañeros y yo somos el grupo mejor entrenado y sobre todo, leales a la nación y usted- Respondió él agachando la cabeza en señal de respeto.
-Lealtad, es lo más importante en nuestras tropas, sacrifico, entrega y dedicación, pero la lealtad deber ser ante todo absoluta, capitán, quiero que evalué a los nuevos guardias y les dé una posición adecuada a sus capacidades- Ordenó el rey y su capitán asintió, luego el monarca volteó de nuevo hacia el teniente –Y para usted, tengo una asignación especial, como teniente asignado supongo que fue el más capaz de todos, por lo cual necesitaré de sus servicios personales directos con la seguridad de la familia real, ahora, sígame- Ordenó el monarca pero el teniente habló.
-Si su majestad me permite- Dijo él lo cual captó la atención del rey y también del capitán quien ahora se sentía más molesto por la actitud de este soldado.
-¿Qué ocurre?- Preguntó el monarca.
-Soy teniente por mi mayor conocimiento en tácticas y coordinación de estrategias señor, así como conocimiento en el campo de batalla, pero, soy segundo en todo lo referente a combates físicos y adaptación a la situación en el campo, por lo cuál es mi deber informar a su majestad de que no soy el más apto para la tarea que me pide, mis disculpas señor, pero si me lo permite de igual manera, hay ay alguien en este mismo escuadrón que cumple con lo que su majestad pide e incluso puede que supera las expectativas de mi rey- Habló él y todo se hizo silencio por momentos, todos esperaban que otro par de guardias llegara y se llevara al nuevo teniente de ahí para encerrarlo en las catacumbas debajo de la ciudad.
-¿Enserio?, bien, te escucho- Comentó el rey y dio permiso al teniente de seguir hablando.
-Majestad, para lo que me solicita yo no soy apto, pero si mi rey ha de elegir a uno, entonces recomiendo al siguiente soldado- Habló el teniente y volteó hacia el grupo de guardias –Bjor, paso al frente- Ordenó y el pony llamado hizo como se le pidió, estaba sorprendido de lo que ocurría pero mantenía su serio temple.
-A sus órdenes majestad- Comentó el pony llamado Bjor, hizo un saludo militar al teniente y luego una reverencia ante el rey.
-Entonces, tú me aseguras que este pony, es de verdad apto para esta asignación de tal importancia, ¿Es verdad?- Comentó el monarca examinando a Bjor, había algo familiar en él pero la seguridad de su hija era primordial y no estaba tan convencido.
-Majestad, se lo aseguro, Bjor es el mejor soldado que hay y un gran amigo, le confiaría mi vida- Respondió el teniente sorprendiendo un poco a Bjor quien volteó a ver al teniente y ambos asintieron, la verdad era que ellos se habían vuelto muy buenos amigos durante su tiempo en la base militar.
-Muy bien, si lo dices así tomaré tu palabra entonces- Dijo el monarca y volteó hacia el pony –Bjor, mmm, ¿De qué provincia eres soldado?- Le preguntó el rey mientras lo examinaba con la mirada, ¿Qué había de familiar en este pony?
-De la provincia de Alto Monte, majestad- Respondió Bjor firme pero por dentro estaba nervioso ya que él si recordaba haber visto al rey antes.
-Bjor de Alto Monte, mmm, Un momento, creo que ya te recuerdo, ¿Tu padre es Fristo Montel cierto?- Preguntó el monarca lo cual causó que todas las miradas se centraran en él por un momento.
-Así es majestad, mi padre es el Barón Fristo Montel y mi madre la Baronesa Aluz Linayra de Montel- Aclaró el pony aun con la cabeza baja.
-No puedo creerlo, Bjor Motel, tus padres son buenos amigos míos, disculpa que no te haya reconocido antes chico, vaya, aquel potro que vino a la fiesta de mi hija en el último cumpleaños privado, ahora un guardia real, como pasa el tiempo, bien, esto me convence por completo, ven conmigo Bjor, tengo una asignación especial para ti y dado que eres un viejo amigo de mi hija esto no resultará difícil para ti- Mencionó el rey dando media vuelta mientras Bjor lo seguía no sin antes despedirse de su amigo y teniente.
-¿Cuál es mi misión majestad?- Preguntó él intrigado pues el rey había mencionado también a la princesa
-Pronto lo sabrás, ahora ven- Ordenó él y Bjor solo asintió.
-¿Para qué crees que nos haya llamado papá?- Preguntó Algo nerviosa la princesa, creía que había hecho algo que molestase a su padre.
-Tranquila hija, yo tampoco lo sé, pero de seguro solo desea hablar contigo- Respondió Mía tratando de calmar a su hija, ambas caminaron escoltadas por un par de guardias, más bien, solo la princesa iba escoltada, Mía por su parte no necesitaba una escolta había demostrado lo que la sangre Diamond podía hacer.
-Bueno, aquí vamos- Dijo ella cuando un par de guardias más les abrieron las puertas del salón del trono a ella y a su madre.
-Ah, Mi reina, hija mía, pasad, pasad, las he estado esperando- Habló el rey al ver a su esposa y a su hija. Al escuchar que el resto de la familia real estaba ahí, Bjor se estremeció un poco de la sorpresa.
-La reina… y… La princesa- Pensó Bjor y tragó algo de saliva, exactamente qué era su misión, se dio la vuelta e hizo reverencia ante la reina y la princesa, pero levantó su vista un momento para mirar a la hija de los monarcas, la princesa notó esto y solo levantó la ceja algo confundida para luego mirar a su padre, ella nunca había visto a ese guardia antes por lo que le intrigaba un poco.
-¿Para qué nos llamaste padre?- Preguntó la princesa.
-Nada en especial hija, solo quería que tú y tu madre conocieran a tu nuevo guardaespaldas- Al decir esto tanto Bjor como la princesa levantaron la cabeza sorprendidos y se miraron el uno al otro sin saber qué decir.
-¿Qué?, padre, con todo respeto, yo no necesito un guardaespaldas- Replicó ella algo molesta por la decisión que había tomado su padre sin preguntarle antes.
-Es por tu propia seguridad hija, en unos días iremos a la reunión del consejo de naciones y aunque sé que las defensas y seguridad del castillo del crepúsculo son muy fiables, me hará sentir más seguro si estás en compañía de uno de nuestros propios soldados durante el tiempo en que nosotros estemos dentro de la sala del consejo, por lo cual he asignado a este soldado para estar contigo todo el tiempo y protegerte- Explicó el monarca causando más disgusto en su hija que solo volteó a ver al soldado y luego de regreso a su padre para dar un suspiro.
-Padre, esto no es necesario, creo que es una medida exagerada, ¿No es suficiente tener ya a soldados siguiéndome por todo el castillo?- Comentó ella dando un paso al frente.
-Lo siento hija pero esto no está a discusión, como he establecido, es por tu seguridad y es una orden- Contestó él poniéndose de pie para reafirmar su autoridad.
-Como digas padre- Respondió ella al darse por vencida.
-Bien, me alegro que lo entiendas, ahora, salgan, tengo algo que hablar con tu madre- Dijo él en lo que Mía se sentaba en su trono –Tú, desde ahora eres encargado de la protección y seguridad de mi hija, no me decepciones, porque te haré responsable de cualquier cosa que le ocurra a ella- Apuntó muy serio al pony quien tragó saliva nervioso.
-Como ordene Majestad- Contestó Bjor haciendo reverencia y salió junto con la princesa, él la miraba y sonreía cuando ella no le veía, luego se paró frente a ella e hizo reverencia –Estoy a su servicio princesa- Dijo él cortésmente.
-Eso puedo verlo- Contestó ella de mal humor –Escucha, no quiero un guardaespaldas, pero parece que no tengo opción, así que creo que podemos arreglar esto, no hables y podré pretender que no estás aquí y…, ¿estás riendo acaso?- Preguntó ella al ver la sonrisa del pony que la miraba y negaba con la cabeza para luego dar una pequeña carcajada.
-No princesa, yo solo recordaba algo- Respondió él mirando otra vez a la princesa y sonrió.
-¿Te parece graciosa mi situación soldado?- Preguntó ella ahora molesta por esta osadía del guardia.
-No majestad, para nada, lo único que me parece gracioso es que aún no me reconozcas, claro, ha pasado un buen tiempo desde la última vez que nos vimos, Snowy- La princesa quedó sorprendida y dio pasos hacia atrás, solo un pony en toda la nación la llamaba Snowy además de sus padres cuando ella era pequeña.
-No, ¿Eres tu…?- Preguntó ella y en eso el pony se quitó su yelmo para darle el rostro a la princesa de la nación del frío –¡¿Bjor…?!- Exclamó ella al por fin reconocer al guardia real.
-Ha pasado tiempo, Snow Wing- Dijo él y ambos quedaron en silencio.
REINO CREPUSCULAR (Bosque Verde)
La vegetación se extendía hasta donde la vista alcanzaba, no era la misma que la de hace años antes de que Royal Shine decidiera quemar parte del bosque en su arranque de locura e intento por acabar con los rebeldes que se habían levantado contra su gobierno, pero el bosque recuperaba su vitalidad día tras día, año tras año, los animales regresaban y las aves cantaban tranquilas la mayor parte del tiempo.
Pero en esos momentos, todo se encontraba en un silencio, uno que parecía casi espectral, los únicos sonidos que se escuchaban eran los pasos de los soldados ponys que exploraban el bosque, el choque de sus armaduras y una que otra conversación de no más de tres frases pues el silencio era crucial para esta misión de búsqueda. El grupo era de al menos 50 guardias crepusculares armados con espadas, lanzas, arcos y flechas, además de varias armas de fuego, cortas y largas, todos dirigidos por el capitán Strong Hoof y su teniente, de paso también su hijo, Brave Hoof.
-Estén atentos a cualquier sonido soldados, si escuchan algo investiguen, no dejen nada sin revisar y no bajen la guardia, porque si lo hacen, podría ser el último error que cometan- Instruyó el capitán a sus soldados cercanos y ellos pasaron la voz a sus demás compañeros mediante señales.
-Padre… digo, Capitán, ¿Cree que estemos cerca del nido?- Preguntó Brave Hoof.
-No lo sé, pero por los dioses del crepúsculo espero que si estamos cerca, nos demos cuenta antes de que esos insectos se den cuenta de nuestra presencia, por lo que nos han dicho de esas cosas, podríamos estar ya en una de sus trampas- Respondió Strong Hoof sin apartar la mirada del camino.
-Seguro que mi madre me mataría si se entera de dónde estoy en este momento- Dijo el teniente tratando de causar un poco de humor para disminuir el ambiente tenso.
-Je, bueno, si tu madre se entera, a ti te hará dejar el ejército y a mí me tocaría el sofá por los siguientes 10 años- Respondió Strong Hoof y ambos sonrieron un poco hasta que levantó su casco para ordenar a sus tropas que se detuviesen, movió su casco al frente para que dos guardias avanzaran y revisaran un área entre los árboles.
-Despejado señor- Informaron ambos.
-Muy bien, la noche está cayendo, acamparemos aquí, continuaremos la búsqueda en la mañana- Dijo Strong Hoof y sus soldados empezaron a montar el campamento para todos y preparar rápido unos pocos alimentos pues no podían darse el lujo de estar desprevenidos, algunos de ellos solo tomaron un poco de heno seco y un trago de agua.
La noche cayó y con ella una oscuridad profunda, Strong Hoof ordenó rondas de vigilancia en grupos de diez mientras otros descansaban, quienes tuvieron la primera ronda encendieron antorchas que pusieron en los límites de su campamento, el fuego podría atraer a los depredadores, pero el número del grupo y la ventaja del fuego les daría la mejor protección posible, o al menos eso esperaban.
-Mañana revisaremos los sectores restantes de nuestra área, y si no encontramos nada regresaremos a la ciudadela para dar nuestro informe- Explicó Brave Hoof las órdenes de su padre a los demás soldados.
A las 4 de la madrugada, hora de la cuarta guardia, los ponys encargados de vigilar escucharon ruidos extraños cerca del perímetro de su campamento por lo que un par de ellos fueron a investigar en lo que enviaban a otro a despertar al capitán o al teniente, quien encontraran primero e informarle de la situación.
El crujir de hojas en el suelo advirtió entonces a los ponys de la presencia de algo que se acercaba o que ya estaba ahí pero todos mantuvieron su posición, sacaron sus espadas y otros sus armas largas apuntando a donde escucharan un ruido pero sin disparar pues solo tenían un tiro y tardarían un momento para recargar, fue entonces que el capitán apareció en la escena con sigilo y su arma larga ya desenfundada y preparada.
-¿Dónde?- Preguntó el capitán en voz baja a uno de sus soldados.
-Hacia allá capitán- Respondió el pony soldado al momento que otro crujido sonaba, esta vez más cerca que antes.
-¿Qué ocurre padre?- Preguntó Brave Hoof.
-Da la alarma hijo, que los soldados se preparen- Dijo él y Brave Hoof asintió y regresó al campamento.
Unos momentos después casi todos los soldados estaban en posición, pues al llegar, Strong Hoof repartía órdenes e instruía hacia dónde quería que estuviesen los soldados ubicados y apuntando sus armas de fuego, aquellos que las traían.
10 Soldados al frente con sus armas largas como mosquetes listos para disparar a la señal del capitán, detrás de ellos, 15 ponys con lanzas listos para asumir posición, otros 15 tras ellos con arcos cargados y flechas clavadas en el suelo para su rápido acceso, y por último 10 en la retaguardia listos con sus espadas desenvainadas para cargar cuerpo a cuerpo.
-A su orden capitán- Dijo Brave Hoof al ver a los soldados listos.
-Nadie hará nada hasta que veamos a los objetivos y estén a tiro- Ordenó él y su teniente asintió para luego trasmitir esas órdenes a los demás soldados –Esas cosas atacan en grupo así que mantendremos posiciones, debilitaremos su línea de ataque y acabaremos con el resto de manera rápida, no permitan que su veneno los alcance o pueden darse por muertos- Explicó él y tomó también su mosquete mientras su hijo sacaba su espada y esperaba en la retaguardia.
No pasó mucho antes de que otro sonido de crujido les llegara, luego otro, otro y uno más, de pronto sonidos inundaron sus oídos hasta que de la maleza salieron decenas de Aracknos de diferentes tamaños en una estampida que parecía más un éxodo masivo.
-¡Ahora!- Gritó el capitán y sus soldados hicieron una maniobra diferente, los pegasos con mosquete saltaron y atacaron a la línea trasera de las arañas que venían hacia ellos, varias cayeron al instante mientras otras se tambalearon un poco pero no se dispersaron ni se detuvieron como el capitán esperaba, los pegasos bajaron y esa fue la señal para los arqueros de disparar sus flechas, varias de ellas clavaron Aracknos en el suelo pero otras quedaron encajadas en los exoesqueletos de los Aracknos que no se detenían.
-Fuego- Dijo el capitán disparando su mosquete al igual que otra ronda de guardias lo imitaba y derriba más Aracknos pero no se detenían –¡Lanceros ahora!- Gritó Strong Hoof y los ponys levantaron sus lanzas para clavar a las criaturas que llegaban, varias de las cuales caían muertas y otras quebraban las lanzas, pero no había señal de que si quiera disminuyeran su paso.
-¡Al frente sin temor!- Gritó Brave Hoof y su compañía de espadachines cargó hacia la batalla cortando al enemigo que alcanzaban, fue después de haber visto como varios de esos monstruos esquivaban la espada que el teniente notó algo extraño. Miró alrededor y vio como ninguno de los soldados había caído, prestó atención y observó como los Aracknos esquivaban los golpes pero no contraatacaban, solo huían en cuanto veían una oportunidad, heridos e incluso con miembros faltantes.
-Pegasos en el cielo, tomen arcos y acaben con ellos desde el aire- Ordenó Strong Hoof blandiendo ahora su espada hacia el suelo.
-Padre, padre alto- Dijo de pronto el pony llegando con su padre.
-¿Qué ocurre? Estamos en medio de una batalla- Casi gritó Strong Hoof.
-Padre, mira, no están pelando, observa, se retiran- Comentó Brave y señaló a los Aracknos, Strong Hoof dejó de atacar al enemigo y en efecto, a pesar de estar ahí de pie, sin defenderse, los monstruos no le prestaban la menor atención.
-¡Alto al fuego!- Ordenó y los soldados se detuvieron para notar lo que pasaba, ninguno de ellos había caído y los Aracknos desaparecieron entre el bosque sin hacerles daño alguno.
-¿Ganamos acaso?- Preguntó uno de los soldados.
-No lo creo, algo no está bien, no parecía que estuviesen interesados en atacarnos, parecía más como si, estuvieran huyendo- Mencionó Brave Hoof –Pero… ¿Huyendo de qué?- Comentó de nuevo el teniente cuando de pronto un gruñido se escuchó de entre la maleza por donde habían surgido los Aracknos.
-¡Posiciones de batalla ahora!- Gritó Strong Hoof -¡Esas cosas huían de algo, y ese algo viene para acá!- Siguió el capitán alzando la voz, sus tropas cambiaban las lanzas rotas, preparaban arcos y recargaban sus armas de fuego mientras los espadachines se formaban en fila.
Solo unos segundos después algo saltó de entre la maleza, era muy rápido por lo que varios solo alcanzaron a ver una sombra, los arqueros dispararon confundidos pero sus flechas se clavaron en la tierra y en los árboles de alrededor.
La criatura entonces fue alcanzada por una flecha que hirió su pata y lo hizo tropezar para luego rodar hasta unos arbustos, algunos soldados se acercaron cuando un chillido salió de entre esa maleza y casi de inmediato fue respondido por más chillidos de donde esa cosa había salido, los soldados entendieron tarde que lo que fuese esa criatura, venía acompañada de más.
Más de esas bestias saltaron hacia ellos derribando a varios soldados que ahora se batían en un combate cercano por sobrevivir, algunos de ellos fueron arrastrados hacia el bosque sin oportunidad de escapar pues fueron atacados por un gran número.
-¡Resistan!- Gritó Strong Hoof que logró clavar una lanza en una de esas cosas soltando un chillido.
Los pegasos empezaron pronto a atinar a los monstruos, los unicornios crearon escudos de magia para proteger al resto y los espadachines empezaban a ganar terreno, pronto los mosquetes estuvieron listos.
-Padre, armas listas- Dijo Brave Hoof.
-Fuego entonces- Ordenó el capitán y los soldados dispararon.
El ruido espantó a las criaturas que salieron corriendo de ahí, varias cayeron pero una buena cantidad de ellas escapó, aun así, esta batalla con un inesperado enemigo había tenido un coste para las tropas.
-Señor, por aquí hay uno- Mencionó uno de los guardias que estaba herido de una pata pues se veía sangrando.
-Por todos los dioses, ¿Qué es esto?- Dijo el capitán sorprendido al ver a la criatura que los había atacado.
El aspecto de la criatura era semejante a un perro sin pelo, nada salvo unos cuantos cabellos brotando de su sarnosa cabeza, la criatura hedía y los soldados se tuvieron que alejar un poco por el olor, sus dientes amarillos, puntiagudos y en hileras podían observarse abiertamente pues no tenía labios y si alguna vez los tuvo, parecía que le habían sido arrancados de su puntiagudo hocico, por su espalda salían unas cuantas espinas en forma de línea que seguían hasta su larga y pesada cola, uno de los soldados tocó a la criatura con su lanza y una de las espinas salió disparada en su dirección y casi lo atraviesa.
-Con cuidado, preparen el cuerpo para llevarlo a la ciudadela- Ordenó el capitán pero tuvo que repetir la orden ante la tardanza de sus tropas.
-¿Qué es eso padre?- Preguntó Brave Hoof al capitán.
-No tengo idea, nunca en mi vida había visto algo así, pero si los Aracknos que buscábamos huyeron de esto, significa que es algo demasiado peligroso- Respondió Strong Hoof y luego tapó su nariz, las demás criaturas que lograron abatir, hedían también, así que ordenó que al resto de los cuerpos de los monstruos los quemaran de inmediato, pero bajo un fuego controlado y encargó a su hijo que supervisara que la orden se cumpliese al pie de la letra.
El capitán pasaba revista de los demás soldados cuando sintió algo detrás de él, se dio la vuelta con rapidez y pudo observar entre la oscuridad del bosque un par de ojos rojos que lo observaban directamente, se talló los ojos y parpadeó, estaba seguro que esos ojos no estaban ahí hace un momento, cuando volvió a abrirlos eso que había visto había desaparecido. Estuvo en shock hasta que uno de sus soldados vino para avisarle de un descubrimiento que acababan de hacer.
-Por este camino capitán- Dijo un pegaso que guiaba al pony entre la maleza, él había enviado a un grupo a revisar el área para asegurarse de que no hubiese más ataques por sorpresa de cualquier otra criatura que estuviese por ahí –Es aquí capitán- Mencionó el pony señaló con el casco a donde debían mirar.
-Santo cielo… ¿Es eso lo que creo que es?- Dijo él sorprendido.
-Sí señor- Respondió el guardia mostrando al capitán una serie de telarañas enormes que al parecer se extendían por varios cientos de metros, posiblemente kilómetros a la distancia de ellos –Hemos hallado el nido- Agregó él pegaso.
-Pero, este lugar está abandonado, lo que quiere decir que esas arañas que vimos procedieron de aquí- Comentó él y dejó que el guardia lo guiara a otro lugar donde había varios cuerpos de arañas muertas, destazadas, al igual que cuerpos de las criaturas que les habían atacado pero en menor cantidad.
-Entonces eso pasó, una batalla entre estas dos especies de monstruos- Dijo él inspeccionando el cuerpo de uno de los monstruos –Avise a todas las tropas que se preparen para partir a la primera hora del amanecer crepuscular, tenemos heridos que necesitan atención y un informe que darle a la reina respecto a lo ocurrido- Comentó el capitán y el soldado junto a él asintió.
-¿Y el nido señor?- Le preguntó el guardia.
-Quémenlo- Respondió y regresó al campamento mientras los demás soldados se preparaban para un fuego controlado en esa sección del bosque.
Ahora que había terminado con la misión, tenían que regresar a la ciudadela, la reina debía saber sobre estos acontecimientos lo más pronto posible, tal parecía que nuevos tipos de males aparecían en el crepúsculo cada día.
CONTINUARÁ EN EL CAPÍTULO 6 "EL CONSEJO DE LOS REINOS"
