Gomen! Me atrase nuevamente para actualizar! Espero este capítulo lo compense, ya está a punto de comenzar el sasuhina sé que lo amaran tanto como yo! Este fic me tiene totalmente enamorada! Me encanta escribirlo! Recuerden que los personajes de Naruto son de Kishimoto, los demás son de mi propiedad! Que disfruten!
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Cap. V. La Llegada al Feudo Mizumaki.
El sol estaba justo en medio del cielo cuando ella decidió salir de la habitación, todos sus sentidos estaban saturados del aroma de menta y roble que caracterizaban a su guardián, no deseaba sentir ninguna fragancia mas ya que únicamente junto a esa se sentía segura, era el único hombre en el cual podía confiar fuera del feudo.
-Sasuke-kun?- Lo llamo sintiendo un vacio golpear fuertemente su pecho, hacia unos minutos que el había abandonado su habitación, no podía soportar encontrarse sola, sola y a merced de esas manos que la habían tocado sin vergüenza.
Sus pasos cortos y torpes la llevaron lentamente por el largo pasillo, justo como esa mañana su mirada viajo rápidamente por las pinturas, detallando los trazos mas no el paisaje, quería olvidarlo, deseaba olvidar esa posada y esos paisajes lo más pronto posible.
Su cuerpo se congelo al sentir el aroma de canela y césped en uno de los pasillos cercanos a su posición, el olor que la había inundado horas antes, sintió nuevamente su cuerpo temblar nervioso y se dejo caer al suelo en un sonido sordo, no podía, no quería que la encontrara, no podía volver a verlo.
"Sasuke-kun" Llamo intentando no hacer ningún sonido, no podía, ni siquiera quería respirar su mismo aire, mezclando su esencia con la de el produciéndole una amarga sensación en sus sentidos, una combinación destructiva, dañina para su delicado corazón y de pronto desapareció dando paso al característico aroma que la había relajado, sus ojos se movieron con rapidez para ver a unos metros el cuerpo del pelinegro, no estaba solo.
-Me vas a decir que no lo hiciste apropósito?- Se quejo irritado cortando el paso de la pelirroja de ojos chocolates, esta bufo exasperada mientras intentaba librarse del pelinegro. –Haruko… Porque la dejaste sola?- Exigió saber empujando a la pelirroja contra una de las paredes atrapándola totalmente.
-Yo no quería que la atacaran…- Acepto gimiendo al sentir el aliento del pelinegro chocar contra su rostro. –Solo la deje sola en el baño… No pensaba que fuera tan débil- Hablo intentando controlar su excitación por sentir tan cerca el cálido cuerpo del pelinegro.
-Ella nunca ha estado sola… Nunca…- Soltó ácidamente apretándose más contra la pelirroja la sintió gemir bajo su cuerpo y coloco su rostro justo sobre su oído. –Si vuelves a hacer algo así te matare… Y a Junko también- Amenazo gruñendo sobre el cuello de la pelirroja sintiendo como esta se estremecía rozando inconscientemente su cuerpo, Sasuke se separo rápidamente de la delgada figura de la pelirroja que se tambaleo todavía apoyada contra la pared.
-Sasuke-kun…- Llamo al ver como el pelinegro se había dado la vuelta y empezaba a caminar en dirección hacia la habitación de la ojiblanca. –Cuál es el gran problema con ella?... Porque… Porque no puede ser de nadie?- Logro preguntar haciendo que el aludido se detuviera de golpe, vio como se giraba para verla con prepotencia y sonreía de manera macabra.
-Porque ella ya tiene un dueño… Y yo debo vigilar que llegue con el- Aclaro tragando fuerte, vio como la pelirroja se tambaleo un poco mas dejándose caer lentamente hasta el tatami, sus ojos se centraron nuevamente en su camino topándose con la silueta encogida de la ojiblanca apoyada contra una pared sin hacer ningún sonido, ni siquiera podía sentir su siempre agitada respiración.
Sasuke camino con seguridad hacia ella, tal vez se había tardado demasiado en buscar explicaciones en aquella mujer, gruño un poco al comparar su comportamiento con el de una novia celosa y más cuando él había dejado claro que ella no tenía ninguna relación con el, de ningún tipo.
-Hinata-san debemos irnos- Hablo tomando a la chica de los hombros, ella solo asintió todavía sin mirarlo a los ojos, su mirada parecía concentrada en alguna otra cosa, un punto distante lejos de su rostro, perturbando visiblemente su semblante siempre tranquilo.
Hinata tembló ante la realidad de lo que significaban las palabras de Sasuke, ella no podía estar con nadie, ella desde hace mucho tiempo pertenecía a alguien, a una persona que nunca había conocido y que pronto tendría en frente; sintió la calidez de las manos de su guardián rodear sus hombros ayudándola a ponerse de pie mientras se erguía veía a la pelirroja sollozar débilmente al otro lado de la habitación; parecía frustrada tal vez porque muchos habían sido dueños de su cuerpo, sin reclamarla en ningún momento para algo mas, tal vez deseaba ser ella y no pensar nunca en alguien que la reclamara, en alguien que se sintiera su dueño sin siquiera haber cruzado palabras.
"Yo… Debo estar loca" Pensó de golpe moviendo su cabeza de un lado a otro, intentando alejar las ideas de tener siquiera alguna similitud con esa chica, su cuerpo vibro levemente al sentir el calor que emanaba del pecho del pelinegro, nuevamente la estaba cargando, apretándola contra su cuerpo, protegiéndola.
Sasuke sintió un ligero forcejeo entre sus brazos, su mirada delineo el rostro sonrojado de la Hyuuga haciéndolo sonreír de lado, se comportaba aun mas infantil que Hanabi y eso era bastante sorprendente para alguien de su edad, las facciones de la chica desaparecieron por su flequillo justo cuando ella bajo su cabeza.
-Ahora seguiremos directo hasta el feudo Mizumaki- Informo neutralmente cuando llego frente a la carreta, el bajo con cuidado viendo como la chica solo asentía nerviosa todavía sin dignarse a mirarlo, bufo irritado y se giro nuevamente hacia la posada.
-Matte…- La aguda voz de la ojiblanca salió sin siquiera pensarlo, no quería estar sola en un lugar tan abierto. –Onegai- Suplico dando torpes pasos hasta llegar donde se había detenido el pelinegro, tomo nuevamente su haori tirando de ella en dirección a la carreta.
-Debo buscar sus cosas Hinata-san… Todavía están en la posada- Aclaro girándose un poco, la mano de la chica no se movió ni un centímetro y a causa de esto su nívea mano quedo expuesta nuevamente pero, ella solo lo miraba nerviosa sin importarle realmente si veía o no algo inapropiado.
-Vámonos… Onegai Sasuke-kun… Deseo irme- Su voz apagada sonó como una súplica, un sollozo apagado que escapo por aquella delgada garganta, sus ojos vibraban nerviosos al encontrarse luego de tantas horas con esa oscura y fría mirada que parecía estar procesando su petición.
-Espéreme solo unos minutos- Dijo lo más tranquilo posible, ese comportamiento lo empezaba a fastidiar, no solo tendría que vigilarla más de cerca sino que ahora además tendría que soportar tenerla encima de el a cada segundo del día, con esa cara de asustada.
-Sasuke-kun… Onegai- Pidió una vez más, la mirada del pelinegro brillo con molestia justo cuando sus dedos se fueron soltando a la fuerza de la haori, una de las manos del pelinegro se deslizo con agilidad sobre su mano empezando a liberarse, dando por terminada su discusión.
-Solo serán unos minutos… Espéreme dentro de la carreta- Ordeno dejando caer la mano de la ojiblanca, vio como la extremidad caía inerte a uno de los costados de ese delgado cuerpo, la empujo un poco haciéndola caminar hacia la carreta, podía sentir en cada roce el cuerpo de ella temblar nerviosa.
-Vuelve pronto- Suplico con voz apagada al saberse derrotada, a sus espaldas escucho un gruñido ahogado y sintió la frustración recorrer su cuerpo, Naruto no la habría dejado sola, Naruto se habría encargado de matar a ese hombre que había osado verla desnuda, habría protegido su dignidad.
Sus manos tocaron la lisa y fría madera de la puerta, los escalones firmes a unos centímetros de sus pies marcando el camino que debía llevar, un deseo irrefrenable de correr la tentó haciendo que se girara un poco hacia el bosque se que abría delante de ella, quería huir y volver a su feudo, no quería conocerlo, no quería conocer a nadie más que no fuera su propia gente, la gente con la que había crecido y que la conocían tan bien, gente que no dudaba en complacerla cuando se encontraba débil y asustada.
Una mueca triste adorno su rostro al darse cuenta de sus pensamientos, era la primera vez que alguien no seguía una de sus ordenes, ella no era partidaria de dar órdenes pero, cuando se sentía débil esperaba que se cumplieran sus deseos y el, Sasuke se había negado a complacerla, a cumplir con algo que la tranquilizaría, solo se limito a seguir el plan que había formado en su cabeza, sin interesarle lo que a ella le hiciera mejor.
-Sasuke baka- Susurro subiendo el primer escalón con cuidado, una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo al sentir como la seda rozaba su pierna al subirla haciéndole recordar la sensación del aire frio cuando el pelinegro la había salvado esa mañana, siendo el segundo hombre que veía su desnudez y la había tocado sin siquiera inmutarse.
No había deseo en sus roces y extrañamente esa realidad había sembrado un sentimiento extraño en el medio de su pecho, su mente viajo al momento en que encontró al pelinegro, rozando descaradamente a la pelirroja, haciéndola gemir sin importarle el lugar donde se encontraban, entonces las lagrimas de la pelirroja tuvieron una razón en su cerebro, Sasuke no la reclamaba como suya, ni ahora ni nunca y tal vez, eso se debía a que ella se había dejado usar alguna vez.
"Mujer idiota" Su mente soltó la frase ácidamente sorprendiéndola, subió el segundo escalón con más seguridad, cerró la puerta con firmeza intentando borrar todas esas ideas de su mente, no había razón para desperdiciar el tiempo preocupándose por esas mujeres que se dejaban usar, y más si eran hombres tan insensibles como el pelinegro, alguien que nunca cambiaria.
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El fuerte olor a incienso inundo totalmente el pasillo, el shoji que daba acceso al altar estaba ligeramente abierto, dejando a la vista una delgada silueta inclinada totalmente, rezando frente al retrato de una mujer pelinegra que sonreía amablemente; suspiro y se dio la vuelta para seguir su camino, ella no era tan fuerte sin su hermana mayor por la mansión.
-Ino-chan!- La aguda voz de una chica la hizo detener su marcha, unos brazos la rodearon por la cintura sorprendiéndola y haciendo que se sobresaltara. –Acaban de darme una buena noticia!- Continuo alegremente sin separarse de la estrecha cintura de la rubia.
-Te escucho demo… Suéltame- Pidió lo más amable que pudo ante la incomodidad que le producía esa demostración de afecto impulsivo, sintió como la chica asentía aun pegada a su obi y se separo dejando ver su amplia sonrisa enmarcada por su brillante cabello rosado.
-Seré la ayudante de Sasuke-kun!- Revelo empezando a reír infantilmente, la rubia retrocedió dos pasos haciendo que la sorpresa se dibujara totalmente en su rostro. –Aunque… Debo ayudar de vez en cuando a Naruto demo… El no tiene demasiado tiempo libre- Razono cruzándose de brazos sin notar la expresión atónita de su compañera.
-Sakura… Eso… Eso no puede ser posible… Nosotras…- Empezó algo nerviosa subiendo sus manos hasta su pecho, la expresión de felicidad que portaba la pelirrosa le indicaba que no mentía. –Nosotras solo servimos al señor feudal y a sus hijos… Si es a soldados…- Se cortó ante el pensamiento, no podía creer que volvieran a aplicar algo tan antiguo.
-Hiashi-sama dijo que sería por el bien de Hinata-san… Que alguien tenía que cuidar de Sasuke-kun- Explico notando la expresión de horror que tenia la rubia, su corazón se contrajo al sentir que algo no estaba bien en la escena, su amiga debería alegrarse por ella, por cumplir su sueño.
-Hiashi-sama… No te dijo mas nada?- Soltó dudosa tragando con dificultad, vio como la pelirrosa negó lentamente relajando su expresión, al parecer se había percatado del miedo que la estaba perturbando.
-Ino… Hay algo malo con eso?- Pregunto viendo como la rubia tragaba con fuerza y cerraba los ojos, vio como su pecho subía y bajaba lentamente buscando relajar sus facciones. –Ino… Que sucede?- Inquirió tomando a la rubia de la mano, sintiendo como esta se sobresalto y abrió los ojos de golpe.
-Yo… Eso no se hacía desde hace mucho tiempo Sakura…- Revelo mordiéndose ligeramente el labio inferior, el rostro de la pelirrosa parecía no muy convencido, haciéndole más difícil la tarea de articular palabras. –Sasuke-kun es un guerrero notable y… Tal vez por eso decidieron darle ese honor- Hablo desviando su mirada, no podía siquiera mirar a la chica ante su escasa explicación.
-Entonces… No es algo malo?- Dijo dudosa al ver como la rubia había inclinado su rostro, la vio negar con lentitud ante su pregunta y nuevamente dejo que la emoción por su cambio la hiciera reír, no podía pedir más en esa vida.
La rubia sintió como su mano era liberada al tiempo que la melodiosa risa de la pelirrosa llenaba todo el pasillo, el ligero aroma a cerezo se fundió con el olor del incienso perturbándola notoriamente, su rostro busco el de la pelirrosa encontrándose con la plena felicidad de su compañera.
-Solo quería darte la noticia… Debo ir a seguir con mis labores- Su voz sonó más aguda captando la atención de la rubia, vio como se giro de un salto y casi corriendo se alejo por el largo pasillo.
"Genial… Que será lo que planea Hiashi-sama?" Se pregunto soltando un suspiro cansado, de todas las noticias que pensaba podía haber escuchado esa era definitivamente una que no esperaba escuchar nunca más.
La brisa corrió a su alrededor llevando las fragancias del jardín hasta ella, llenando sus sentidos con la naturaleza y relajándola, su corazón golpeo débilmente contra sus costillas causándole un mareo mientras empezaba a caminar nuevamente, casi era la hora para las manualidades de la menor de las Hyuuga y todavía debía preparar el salón.
-Hanabi-san hoy quería trabajar con tulipanes- Murmuro mientras avanzaba por el pasillo, sus azules ojos recorrían las grandes extensiones de arbustos floreados, los que quedaban en toda la mansión intentando en vano encontrar la flor que había pedido la castaña.
-Los tulipanes ya no florecerán más… No hasta la próxima primavera- Una juguetona voz sonó a unos pasos de ella deteniéndola, sus ojos todavía seguían clavados en el arbusto donde creían unas bellas flores rosadas, amapolas aterciopeladas se mecían con ligereza ante el viento que jugaba con ellas.
-Lo se… Solo esperaba estar equivocada- Dijo con tristeza mientras apretaba sus manos, su mirada se desvió para encontrarla con su acompañante que la miraba detenidamente ampliando su sonrisa a cada segundo que pasaba.
-Tu misma me enseñaste eso Ino-chan…- Se burlo empezando a caminar hacia la rubia, esta asintió algo tensa bajando nuevamente su mirada. –Solo quería agradecerte el té de ayer… Realmente lo necesitaba- Hablo revolviendo sus dorados cabellos avanzando un poco más hacia la delicada mujer.
-No hay problema… Fue una casualidad que los escuchara- Le resto importancia sonriendo en su posición, sintió como la mano del rubio se acomodaba en su hombro recogiendo algunos mechones que flotaban libres a su alrededor.
-Te ves mejor con el cabello suelto- Comento sintiendo el fuerte aroma de azucenas llenar su olfato, sonrió inconscientemente ante la cercanía que se permitía con esa delicada mujer.
-Ayer… Fue una casualidad como dije… No pensaba andar con el cabello así- Explico sintiendo una fuerte exhalación a su lado haciendo que el aliento del rubio chocara contra su oreja erizando su piel.
-Qué significa?- Interrogo retrocediendo un paso y mirando fijamente el rostro de la rubia, esta cambio su expresión a una de confusión ignorando el mechón de cabello que el todavía llevaba entre las manos. –Las azucenas… Una vez me lo dijiste demo… Lo olvide- Acepto rascándose ligeramente su nuca mientras reía nerviosamente.
-Las… Azucenas- Repitió nerviosa retrocediendo un paso, la mano que sostenía su mechón de cabello la detuvo al sentir la punzada de estar tirando de su cabello, sus ojos se volvieron a encontrar con los intensos de Naruto mientras este la mirada expectante.
-Vamos… Tu sabes que significan todas las flores de esta mansión…- Pidió medio en broma mientras volvía a acercarse a la rubia, la vio tragar con fuerza mientras parecía meditar como responder a su interrogante.
-Para… Que deseas saberlo?- Dijo intentando recuperar la calma de su voz, ella estaba consciente de que este le preguntaba por su olor personal pero, eso no le quitaba el nerviosismo de dar ese significado.
-Para saber que significas- Dijo con tono juguetón mientras seguía sonriendo, disfrutaba inmensamente del aroma de las azucenas, era la flor favorita de su madre y cuando conoció a la rubia siempre se sintió atraído a su aroma.
-Naruto… Deja de hacerte el idiota- Dijo nerviosa mientras subía su mano para liberar el pequeño mechón que pasaba de un dedo a otro entre la mano del rubio que cerro su puño atrapando definitivamente el cabello sobresaltándola.
-Ino-chan… Dime que significa… Onegai- Dijo con tristeza fingida mientras sujetaba con un poco más de fuerza los cabellos entre sus dedos, vio como la chica suspiraba riéndose al fin y sus ojos se clavaron en las amapolas que seguían bailando al ritmo que les daba el viento.
-Las azucenas significan corazón inocente, delicadeza y pudor- Recito relajando su cuerpo al tener tan cerca el masculino aroma del rubio, podía sentirlo tan cerca que casi podía imaginar rozar la figura del rubio.
-Cierto… No has cambiado con los años- Dijo divertido liberando el mechón de cabello y colocándolo detrás de la oreja de la rubia rozando ligeramente su cuello, la escucho suspirar complacida ante su contacto.
-Solo te estabas burlando de mí- Dijo indignada girándose para encarar a su amigo, este sonrió abiertamente al saberse descubierto y separándose un poco de la chica empezó a caminar en la dirección contraria que ella llevaba.
-Nos veremos más tarde Ino-chan- Dijo a modo de despedida agitando su mano vivazmente mientras se giraba totalmente para darle la espalda, la rubia solo suspiro viendo como el mechón que antes había estado atrapado entre los dedos del rubio se volvía a escapar para bailar frente a sus ojos.
"Naruto baka…" Se quejo mentalmente al tiempo que una sonrisa discreta adornaba sus rosados labios, dejando libre unos cuantos suspiros, todavía podía sentir el aroma del rubio acariciar sus sentidos, relajándola como el primer día, el día en que llego a vivir con ella.
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Los cristales brillaban intensamente cuando un rayo de sol los alcanzaba directamente, sentía el calor del verano ahogarla en el pequeño espacio que ocupaba y que compartía con otra persona, soltó un suspiro cansado mientras sacaba su abanico color lila y empezaba a relajarse.
"Sera que él no tiene calor?" Se pregunto mirando de reojo como el pelinegro se mantenía impasible frente a ella, su rostro tranquilo ligeramente inclinado hacia adelante, mantenía los ojos cerrados mientras sus manos estaban cruzadas sobre su abdomen descubierto muy cerca del mango de su katana.
Hinata volvió a girar su mirada hacia el paisaje viendo como el bosque parecía moverse pero sin que hubiera alguna variación realmente significativa en el sendero, las hojas que empezaban a secarse bailaban frente a los cristales produciendo sonidos al crujir contra las ruedas de la carreta.
El bosque brillaba en un intenso verde mientras las copas de los arboles bailaban lánguidamente al ritmo del viento que flotaba a su alrededor, arremolinándose y corriendo libre entre las hojas caídas mezclando todas las fragancias en una sola, produciendo una sonrisa involuntaria en la ojiblanca.
-Veo que esta más tranquila- La ronca voz del pelinegro la hizo sobresaltarse en su lugar, el abanico cayo a sus pies en un golpe seco mientras sus ojos se clavaban en el, intentando estudiar tal vez su expresión serena.
-Hai- Dijo con dificultad al ver que el pelinegro se estiraba en su posición, sorprendida se percato de que él estuvo durmiendo desde que habían salido de la posada, haciéndole imposible mantener una conversación con él.
-Estamos a unos cuantos minutos del feudo- Dijo centrando su atención en el exterior, los grandes algaborros se hacían cada vez mas continuos dejando a la vista uno que otro olivo a cada lado del sendero, el árbol representativo del feudo al cual iban.
-No quiero ir- Se quejo cruzándose de brazos, no tenía mucho resultado el quejarse con el pero, por lo menos sabia que el pelinegro nunca diría nada de cualquier cosa que dijera y por eso se dio la libertad de ser malcriada.
-Debe ir- Murmuro apretando los dientes al escuchar la frase, una frase que le traía recuerdos de las muchas veces que peleo con la menor de las Hyuuga, la pequeña tenía un carácter muy fuerte pero ella, Hinata había demostrado ser bastante tranquila, mucho más ingenua e infantil pero más tranquila al fin.
-Iie…- Se negó girando su rostro para ver los grandes árboles empezar a marcar un sendero uniforme, la entrada del feudo estaría a la vista en unos cuantos minutos más. –Porque razón debería cumplir con esto?- Murmuro su verdad, desde que se había ido su padre ella se había dedicado a analizar las razones por las cuales debía obedecer ese compromiso arreglado.
-Por su familia- Dijo serio viendo como la figura de la ojiblanca se tensaba ante sus palabras, su cuerpo rígido tembló mientras sus ojos todavía seguían clavados en el paisaje, tal vez intentando armarse de valor para seguir con el berrinche.
-No soy una propiedad… No deberían tomar en cuenta mi opinión?- Su voz cambio a una más baja, dejando de lado su idea de ser malcriada soltó aquello para ver la reacción del pelinegro, quería conocer que opinaba con respecto a esa situación, una situación que ni siquiera Naruto se atrevía a desafiar.
-Hinata-san…- Empezó bajando su mirada, el pequeño abanico todavía estaba en el suelo moviéndose lentamente ante las irregularidades del camino, el pelinegro se inclino intentando relajarse para continuar y lo tomo deslizándolo con agilidad entre sus dedos.
-Cree que tendría opción?- Soltó con voz grave sin despegar su mirada del abanico, este se balanceo al ritmo que el movía sus dedos. –Todo en el mundo tiene un lugar… Su lugar es junto a este hombre- Hablo deteniendo de golpe su juego y mirando fijamente a la ojiblanca, su rostro estaba sonrojado y su mirada seguía puesta en el abanico que había quedado estático entre sus dedos.
-No lo conozco- Murmuro subiendo un poco su mirada, sus ojos se encontraron con los de su guardián y descanso, la tensión desapareció al ver la seguridad que parecía brillar en medio de la oscuridad que escapaba por las pupilas del pelinegro.
-Su lugar Hinata-san es junto a un hombre así…- Agrego recordando la única razón por la cual quisiera volver a la mansión, una razón con nombre y apellido, un simple guerrero. –Es hija de un feudal y su lugar es junto a otro feudal-
-Iie!- Grito haciendo que el pelinegro abriera los ojos sorprendido. –No diga eso Sasuke-kun… Yo… No quiero pertenecer a otro feudal!- Hablo sintiendo un nudo en su garganta, la tristeza de los últimos meses la golpeo con fuerza mientras la joya en su cuello se hacía cada segundo más pesada, más fría, lastimando su delgado y níveo cuello.
Sasuke se quedo sin palabras, los perlados ojos que lo miraban llenos de tristeza parecían querer estallar en cualquier momento, llorando nuevamente, dejando libre la tristeza que parecía rodear siempre el apacible carácter de la ojiblanca.
-Yo debería poder decidir- Susurro mordiendo con fuerza su labio inferior, deseaba ser fuerte, deseaba poder huir, escapar de esa realidad, una realidad que la hundía cada día más en la depresión, deseando únicamente morir, llenándola de deseos egoístas, el hecho de complacerse era un pecado pero, ella deseaba fervientemente pecar.
-Iie… Usted no tiene voluntad- Dijo ácidamente al notar como los perlados ojos se opacaban ante sus propias palabras. –Si deseara realmente eso… Tal vez… Lo intentaría- Murmuro apretando sus puños, ella al igual que él no tenían voluntad, odiaban sus realidades pero, no hacían nada para cambiarla, solo se limitaban a quejarse para seguir viviendo en ellas, cómodos y sin sorpresas, sin nada que altere sus estilos de vida.
-Qué dice?!- Se sobresalto ante la respuesta del pelinegro, jamás había esperado que él, Sasuke Uchiha, el mejor guerrero de su padre le insinuara si quiera la idea de luchar contra su destino. –Estas… Insinuando…- Se corto al escuchar un gruñido escapar de los labios del pelinegro, este le extendió el abanico justo cuando la carreta se detuvo totalmente.
-Olvide lo que dije Hinata-san- Ordeno mirando fijamente el rostro sorprendido de la ojiblanca, los ojos perlados brillaron ante la orden, desafiantes, turbándolo en su posición.
-Sasuke-kun…- Llamo suavemente tomando al pelinegro de la muñeca haciendo que se detuviera justo antes de bajarse de la carreta. –Sus deseos…- Murmuro sintiendo una seguridad correr por su cuerpo, una que nunca antes había sentido. –Son iguales- Concluyo sintiendo el temor recorrerla a la par que la seguridad, solo había un paso entre el desafío y la rendición y ella no estaba dispuesta a rendirse.
-Hinata-san… Olvídelo- Ordeno girando su muñeca entre los delgados dedos de la chica para tomarla de la muñeca, enrollando sus dedos en la suave piel de la mujer. –Usted ya está frente a su destino- Concluyo tirando de la muñeca de la chica para sacarla de una sola vez, dejándolos frente a una gran mansión, ante la mirada recelosa de unas cuantas docenas de personas.
-Bienvenidos- Una aguda voz hizo que ambos cortaran el contacto girándose en dirección de donde provenía la voz, una mujer de cabello castaño achocolatado y de intensos ojos verdes los miraba fijamente con una sonrisa bastante misteriosa.
Hinata se quedo en silencio esperando que el pelinegro dijera algo, el era siempre el que hablaba, decidiendo por todo sin pedirle su opinión, sus perlados ojos se fijaron en los verdosos de la mujer que la miraban intensamente dándose cuenta de que nuevamente tenía el poder.
-Sasuke-kun?- Pronuncio nerviosa girándose hacia el pelinegro, el rostro del aludido se contrajo irritado ante su mención y Hinata retrocedió un paso dándose cuenta del error que había cometido.
-Gomen- La grave voz del pelinegro resonó por el lugar haciendo que el murmullo que crecía a espaldas de la castaña se detuviera de golpe, se irguió totalmente para quedar al mismo nivel de ella. –Hinata-san está nerviosa- Explico de manera distante girándose un poco para ver de reojo a la ojiblanca, esta respiraba con dificultad, como cada vez que sabía que cometía un error.
-No te preocupes… Ya no tienes que encargarte de ella- Hablo la mujer caminando con rapidez hacia ellos, Hinata abrió los ojos ante la sorpresa y sin pensarlo mucho se acerco dos pasos al pelinegro temiendo la cercanía de esa extraña.
-Ella decidirá eso- La voz del pelinegro sonó acida y prepotente borrando de golpe la sonrisa que adornaba del rostro maquillado de la castaña. –Hinata-san…- Hablo dirigiéndose únicamente a la ojiblanca, centro su atención en los perlados ojos que le pedían ayuda de manera silenciosa.
-Gomenasai- Soltó al descifrar la mirada oscura que se había detenido a admirarla, brindándole una silenciosa seguridad, nada pasaría mientras se mantuviera cerca de él. –Es la primera vez que salgo de mi feudo- Explico girándose un poco hacia la castaña, intentando no perder de vista la silueta de su guardián.
-Tranquila querida- Dijo de manera cantarina la mujer tomándola del brazo y jalándola hacia el interior de la mansión, Hinata paseo fugazmente sus ojos por el paisaje viendo con recelo los grandes árboles que ondeaban muy cerca de los pasillos de la mansión.
-Yo… Quisiera descansar un poco- Pidió dejando de caminar, sus ojos viajaron a la serena figura del pelinegro que caminaba a unos cuantos pasos detrás de ella, suspiro y centro nuevamente su atención en la castaña. –Sasuke-kun también lo necesita- Murmuro viendo con confusión como los ojos de la castaña se abrían sorprendidos.
-Claro… Deja que el chico descanse en su habitación… Tu puedes acompañarme- Dijo amablemente halando un poco el brazo de la ojiblanca pero, esta negó con suavidad sonriendo tiernamente mientras se liberaba con sutileza.
-Preferiría que nos acompañara…- Pidió amablemente mientras suspiraba, su rostro se transformo mostrando totalmente su ingenuidad deslumbrando momentáneamente a la castaña. –No estoy acostumbrada a estar sin el- Mintió sonriendo infantilmente sin despegar ni un solo segundo sus ojos de la castaña.
-Tranquila querida… Lo entiendo…- Acepto la mujer suspirando y sonriendo maternalmente mientras se giraba hacia el pelinegro. –Chico vamos… Ambos necesitan descansar- Hablo y con una seña de la mano todos los guardias desaparecieron dejando únicamente al pelinegro con las mujeres.
-Domo…- Susurro muy bajito inclinándose ante la castaña, esta rio y el tomo de los hombros tensándola.
-No tienes que agradecer… Es tu guardián después de todo- Agrego tranquilamente mientras empezaba nuevamente su marcha, Hinata se retraso unos cuantos pasos para quedar más cerca del pelinegro que había empezado a caminar como por inercia.
Sasuke todavía no salía de su sorpresa, su rostro lo disimulaba bien pero no había podido apartar su mirada de la delgada figura que iba un poco más adelante, dando cortos pasos para mantenerlo cerca, silenciosamente había aceptado su compañía.
"Que le pasa?!" Se quejo mentalmente todavía sin despegar su mirada de la estrecha espalda de la ojiblanca, era la primera vez que alguien lo trataba de esa forma, ella realmente se había arriesgado por él, pidiéndole a una desconocida que lo tratara como igual, únicamente por ser su guardián.
Hinata suspiro relajándose un poco, podía sentir el lento caminar del chico a sus espaldas, su aroma empezaba a funcionar como un tranquilizante y no podía mantenerse mucho tiempo sin él, en unas pocas horas él se había convertido en su base, la única cosa segura dentro de esa nueva realidad que afrontaba.
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Que tal quedo? Espero sus review para saber cómo va la historia para ustedes! Yo particularmente empiezo a emocionarme desde aquí! Espero sus review con ansias y poder actualizar lo más pronto posible! Gracias por leerme! Nos vemos pronto! Matta ne!
