Konichiwa! Aquí reportándome con una nueva actualización de este mi más reciente fic! El más pequeño de todos y el que realmente me tiene inspirada! Ya que siempre me gusto más este tema de los feudos! Igualmente Naruto y compañía pertenece a Kishimoto, excepto por supuesto los personajes que son de mi creación para crearle más intriga a la historia…
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Cap. VI. El Prometido de Hinata.
La habitación adornada con unas cuantas pinturas del mar, un mueble de madera lisa en una de las esquinas cargaba con un delicado y prolijo adorno floral, en medio del lugar una mesa tallada laboriosamente donde descansaban tres tazas de té, un plato con algunos dulces y la jarra con té todavía humeante, unos cuantos cojines de un azul rey intenso brillaban dispersos por el tatami.
Sus ojos se dejaron hipnotizar por el gran jardín de diversas plantas que estaba a unos cuantos metros de donde se encontraban, el sonido de los pájaros la tenia maravillada mientras admiraba como las pequeñas aves danzaban en el césped totalmente verde resaltando así su plumaje de colores brillantes.
-Tuvieron un buen viaje?- La mujer hablo centrando su atención en el pelinegro, este pareció sobresaltarse ante la pregunta haciendo que la castaña riera por lo debajo. –Ella no me responderá nunca- Comento juguetonamente mientras lo miraba analíticamente.
-Hinata-san es así… Disfruta de la naturaleza… Sobre todo pintar- Comento intentando no sentirse tan incomodo, realmente eso de cuidar a la ojiblanca se estaba complicando con cada hora que pasaba y ahora debía responder por ella.
-Pinta?!- Pregunto incrédula la castaña poniéndose de pie de golpe sobresaltando a sus acompañantes, sonrió intentando excusarse y salió del lugar rápidamente, al parecer la mención de aquel talento la había alentado a buscar algo.
-Sasuke-kun…- La ojiblanca se giro para mirar al pelinegro una vez que se supo a solas con él. –Arigatou…- Dijo sonriendo tiernamente mientras se ponía de pie y caminaba hacia el pasillo, dejando que la refrescante tarde relajara un poco su tensión.
-Es mi trabajo- Dijo restándole importancia a lo que hacía su protegida, conocía por parte del rubio esa extraña fascinación que tenia la ojiblanca por sentirse en contacto con la naturaleza.
-Iie… Realmente no era su trabajo excusarme delante de esa mujer- Continuo viendo de reojo la posición del pelinegro, este todavía estaba a espaldas del pasillo, su espada descansaba a su lado mientras el tomaba el té de manera tranquila.
-Sabe?... No pensé que usted seria quien me diera la fuerza que me faltaba- Hablo dejando que su voz tomara un tono seguro. –Ni siquiera Naruto-kun lograba darme el valor que me hacía falta- Dijo dejando que una risita infantil escapara a través de sus labios, haciendo que el pelinegro frunciera el ceño irritado.
-Debería dejar a Naruto- Comento girándose un poco para detallar mejor las expresiones que podrían pasar por el rostro de la chica. –Usted tiene una vida en este lugar… Y Naruto se quedara en el feudo Hyuuga- Dijo dejando de lado la delicadeza con la que tenía que tratarla.
-Naruto-kun… Dijo lo mismo- Murmuro subiendo sus manos y apretándolas contra su pecho, intentando calmar el rápido palpitar de su corazón. –Demo… El solo es mi amigo…- Aclaro sonriendo y girándose totalmente hacia el pelinegro que se congelo en su lugar.
-Nani?- Dijo incrédulo ante lo que acababa de escuchar, la sonrisa en el rostro de la ojiblanca se amplio y un rosado se apodero de sus mejillas haciéndola ver más infantil de lo que realmente era. –No me mienta Hinata-san… Se lo que vi- Reto haciendo un ademan de ponerse de pie, la aludida se precipito hacia el deteniéndolo en un ágil movimiento quedando muy cerca de su rostro.
-Sasuke-kun… Naruto-kun únicamente es mi amigo… El gusta de otra persona- Aclaro intentando controlar su respiración, podía sentir el cálido aliento del pelinegro chocar contra su nariz y sus labios mientras sus manos descansaban sobre sus rodillas impidiéndole que se pusiera de pie.
-Su comportamiento… Eso no puede ocultarlo… Usted siente algo por Naruto- Dijo fríamente tomando las manos que estaban apoyadas sobre sus rodillas, las sentía temblar entre las suyas, estaban frías y húmedas, su mirada se concentro en el temblor que había tomado posesión de los labios de la Hyuuga.
-Eso… Fue hace algún tiempo…- Confeso tragando fuerte, la presión de las manos del pelinegro se tensaron alrededor de las suyas cortándole un poco la respiración. –El se convirtió en mi guardián y yo… Descubrí que únicamente admiraba su manera de ser… Tan diferente a la mía- Explico todavía sin poner distancia entre ellos, el aliento del pelinegro chocaba a intervalos regulares contra sus labios y nariz turbándola momentáneamente.
-No le creo- Sentencio liberando con algo de fuerza las manos de la mujer y empujándola para alejarla de su cuerpo, la sensación de ese calor sobre su cuerpo lo molestaba. –Lo digo para evitarle más sufrimiento…- Concluyo cruzándose de brazos y volviendo a su posición inicial.
Detallo deliberadamente el perfil de Sasuke, sus facciones tensas dejando a la vista su molestia, su postura rígida le daba ese aire prepotente que siempre lo había caracterizado y sus manos cruzadas apretaban con firmeza sus brazos dándole ese toque que lo hacía único, totalmente resaltante entre una marea de personas, el era diferente.
El shoji se abrió con rudeza dejando a la vista el equilibrado cuerpo de la castaña que había llegado con una sonrisa triunfal adornando su rostro, entre sus manos traía un pequeño caballete mientras que dos mujeres llevaban la gran caja de pinturas y los lienzos, haciendo que la ojiblanca se tensara en su lugar.
-Creo que encontrar algo para divertirte fue más fácil de lo que esperaba- Dijo burlescamente mientras se dejaba caer nuevamente en el tatami a unos tres pasos de donde se encontraba sentada la ojiblanca, ignorando el hecho de que esta no descansaba sobre ninguno de los cojines.
-Yo… No sé si pueda- Confeso avergonzada poniéndose de pie con ligereza, podía sentir la necesidad de llorar, nuevamente se había perdido entre sus recuerdos, no vio llegar a la castaña sino a una pelinegra, mostrándole por primera vez lo que era el arte de la pintura.
-A Kotaro-kun le encantaras!- Aseguro ampliando su sonrisa y dejando el caballete a un lado para abrazarse al cuello de la ojiblanca. –Sera excelente tenerte como cuñada!- Soltó satisfecha mientras empezaba a reír todavía abrazada a la chica.
Hinata sintió un nudo en la garganta cuando la escucho decir aquello, ella? Una cuñada excelente? Su cuerpo se tenso al sentir como los cálidos brazos de la mujer pasaban por su cuello apretándose un poco más fuerte, un leve gruñido la alerto intentando soltarse sutilmente del agarre de la hermana de su prometido.
-Etto…- Murmuro Hinata, abrió los ojos avergonzada al darse cuenta que no sabía el nombre de la castaña, tal vez lo había mencionado en una de sus tantas divagaciones y ella no había prestado atención, busco la ayuda del pelinegro pero este parecía cada segundo más irritado.
-Gomen… Nunca me presente- Dijo la castaña al ver la expresión de confusión que ensombrecía la tierna mirada de la recién llegada. –Soy Misaki y mis hermanos llegaran hasta dentro de algunas horas- Explico sentándose erguida frente a la chica, detallando como su semblante iba relajándose con el pasar de los segundos.
-Her… Hermanos?- Repitió haciendo énfasis en el plural, ella no sabía que su prometido tenia hermanos, nunca lo había escuchado, ni siquiera se había molestado en investigarlo, siempre había existido una idea latente de acabar con su vida antes de que ese día llegara.
-Hai… Kotaro-kun, tu prometido y nuestro aniki Ryusei-san… Yo soy la menor de los tres- Hablo fluidamente todavía sin perder esa cálida sonrisa que parecía querer relajarla pero, Hinata estaba demasiado tensa como para siquiera disfrutar el te blanco que le sirvieron, uno muy difícil de conseguir y lo suficientemente valioso como para alimentar por varios días a una familia.
Sasuke se giro hacia el gran jardín, no tenía muchos ánimos de estar escuchando ese tipo de conversación, era una reunión privada de la ojiblanca, estar interactuando con la familia de su prometido era parte de la tradición y un guardián, no podía sencillamente estar ahí, tomando el té como si pudiera decidir en algo.
-Hinata-san…- Su ronca voz hizo que las risas de la castaña se cortaran de golpe, sus ojos se fijaron intensamente en los de la ojiblanca haciendo que se sonrojara de golpe, se puso de pie con lentitud y se inclino pidiendo permiso para retirarse.
-Demo… Sasuke-kun- Empezó pero se corto al ver la mirada desafiante del pelinegro, el debía marcharse ella lo sabia claramente pero, no podía sentirse tranquila si él no estaba cerca, apretó sus manos arrugando la seda de su kimono y bajo su cabeza asintiendo.
-Sasuke-kun si lo desea puede ir a su habitación- Recomendó la castaña al ver la creciente tensión entre sus invitados. –Cualquiera de mis ayudantes lo llevaran cuando guste- Completo sonriendo ligeramente mientras veía fijamente al pelinegro.
-Hai- Dio como simple respuesta y salió del lugar inclinándose nuevamente, necesitaba urgentemente alejarse de esa charla de mujeres, empezaba a dolerle la cabeza y las miradas de esa castaña le parecían extrañas, le recordaban de alguna manera a las chicas del feudo Hyuuga.
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Sus ojos siguieron de manera nerviosa la dirección que había tomado el pelinegro, su corazón dio un salto causándole una presión que la hizo soltar un gemido involuntario, no deseaba quedarse a solas con esa mujer, una mujer que hacia cada vez más palpable una realidad de la cual quería huir.
-Así que… Tu guardián?- La suspicaz voz de la castaña la hizo dar un brinquito sorprendida mientras se giraba para verla. –Su comportamiento es algo raro para ser… Solo un guardián-
-Iie… Es solo que… Soy bastante torpe y…- Se cortó automáticamente, no podía revelarle a nadie, mucho menos a la familia de su prometido que alguien había intentado tomarla a la fuerza. –El suele salvarme la mayoría de las veces- Termino sintiendo nuevamente el sonrojo cubrir sus mejillas.
-Ya veo…- Murmuro con un tono pícaro en la voz, sus ojos verdes se clavaron en Hinata haciéndola sentirse incomoda. –Entonces… Es solo tu guardián?- Volvió a preguntar sonriendo de una manera que la ojiblanca no pudo descifrar.
-Hai… Siempre ha sido mi guardián- Aclaro intentando disipar las dudas que parecían formarse en la cabeza de la mujer con respecto a su relación con el pelinegro. –Es muy… Sobreprotector- Comento sin saber si era realmente una mentira o una verdad bien disimulada.
-Se le nota!- Dijo volviendo a su tono alegre, Hinata suspiro entre dientes mientras sonreía al saberse a salvo de las preguntas incomodas de la mujer. –Entonces… Pintaras algo para nosotros?- Su voz sonó algo retadora, como una orden muy discreta.
-No funciono así- Revelo intentando quitarse el malestar que empezaba a formarse en el medio de su estomago. –Debo ver algo… Algo que valga la pena ser retratado- Explico tomando el lienzo de entre las manos de la castaña y deslizando uno de sus dedos con ligereza sobre el material, trazando líneas invisibles.
-Es más que solo ver algo… Es sentirlo- Comento delineando todavía sobre el lienzo, una nariz perfilada, unos finos labios inexpresivos, su alborotado cabello que cubría un poco sus ojos; sonrió entre una línea y otra dibujando mentalmente su imagen, disfrutando la sensación de esa oscura mirada sobre ella.
-Así que… Debes sentir algo- Dijo luego de unos segundos admirando como la ojiblanca dibujaba algo que no podía entender sobre el lienzo en blanco. –Debe ser lo mismo que pasa con Kotaro-kun cuando escribe…- Murmuro haciendo que la chica levantara su mirada intrigada.
-Kotaro-kun… El… También disfruta del arte?- Interrogo algo confundida, siempre había pensado que su prometido era un hombre mayor, interesado únicamente en su dote y en su cuerpo sin marcas anteriores a las que el dejaría, ser su único dueño.
-Hai… Kotaro-kun debe tener más o menos la misma edad que Sasuke-kun…- Dijo pensativa girando su mirada por donde minutos antes se había retirado el aludido. –Disfruta mucho el arte por eso me emocione cuando Sasuke-kun dijo que pintabas… El disfrutara mucho tu compañía- Hablo sinceramente haciendo que la ojiblanca se revolviera en su lugar.
-Me entusiasma conocerlo- Mintió intentando sonreír, la castaña solo asintió soltando un suspiro cansado, su rostro se relajo de la felicidad que parecía haber estado despidiendo toda la tarde dejando a su paso un rostro que parecía estar marcado por la tristeza, una melancolía que Hinata reconoció al instante.
-Al parecer mi Otosan hizo algo bien- Comento distraídamente soltando un sonoro suspiro, uno que arrastro totalmente la empatía que sentía la ojiblanca hacia ella, devolviéndola a la realidad. –Eres realmente perfecta- Admitió clavando sus intensos ojos verdes en ella, Hinata ante la mirada se sintió atravesada, algo le empezaba a dar un mal presentimiento.
-Yo… No creo ser perfecta… Tal vez solo comparto el amor al arte con Kotaro-kun- Dijo sin mucha emoción, sus ojos empezaron a dibujar las líneas verticales del tatami, su mente viajo a esa mañana, el bello paisaje que se había presentado ante su balcón.
Sin esperar alguna invitación por parte de la castaña tomo el caballete acomodando el lienzo y abriendo con rapidez la gran paleta de colores que brillaron ante sus ojos, Hinata suspiro complacida mientras tomaba un pincel delgado, y empezaba a trazar esas líneas, esa imagen de tranquilidad que había sentido en aquel lugar, con la pesada respiración del pelinegro a unos cuantos pasos, protegiéndola.
Miro con curiosidad la pieza que empezaba a tomar forma ante sus incrédulos ojos, los trazos fluidos parecían tener vida propia mientras Hinata solo deslizaba el pincel con cadencia sobre el lienzo, se concentro en el rostro de la recién llegada percatándose de la seriedad que adornaba su rostro mientras se concentraba en la pintura, era más que un dibujo era la sensación que parecía recordar al ver esas imágenes en su cabeza, queriendo plasmar eso para que otros lo disfrutaran.
-Hinata…- Murmuro acomodándose a su lado, vio como la mano de la ojiblanca se detuvo por unos segundos, sus ojos centellearon sacándola de un trance en el que parecía haber caído y lentamente se giro hacia su acompañante.
-Go… Gomen Misaki-san… Yo me concentre en algo que deseaba pintar- Se excuso bajando su mano y centrando su atención en la castaña, esta pareció entusiasmada y negó con frenesí señalando nuevamente el cuadro que estaba empezando a tomar forma ante sus ojos.
-Tranquila… Pintas con una naturalidad envidiable- Murmuro contenta mientras juntaba sus manos al nivel de su pecho, sus ojos brillaron con intensidad al ver como la ojiblanca bajaba su rostro avergonzada por su comentario.
-No… No es para tanto- Dijo nerviosa, era una técnica que había perfeccionado con el pasar de los años, en la silenciosa compañía de su soledad, de sus deseos reprimidos por ser libre, esas montañas significaban eso, su libertad rasgada por su realidad.
-Por Kami… Pintas como una experta!- Rebatió tomando entre sus manos una de las manos de la ojiblanca. –Tienes un don natural para esto… Realmente fascinante!- Gimió emocionada mientras apretaba con firmeza la mano de su compañera.
-Ari… Arigatou- Agradeció dudosa mientras se sentía incomoda por la cercanía de la castaña contra su propio cuerpo, una sensación de ansiedad la cubría cuando se sentía tan cerca de ella, y la necesidad de alejarse empezaba a ahogarla.
-Solo digo la verdad!- Dijo alegre mientras liberaba la mano de su compañera haciéndola suspirar tranquila, retrocedió un poco en su lugar y con ligereza se puso de pie de un salto.
-Espérame aquí… Buscare algunos bocadillos… Deja que tu inspiración fluya libre… Prometo no molestarte- Dijo juguetonamente mientras volvía a desaparecer detrás de un amplio shoji sus ojos vieron la silueta de la castaña prácticamente correr por el pasillo interior.
"Sasuke-kun… Ojala vuelva pronto" Pensó apretando fuertemente el pincel entre sus delicados dedos, la madera crujió ante su presión lastimándola levemente, sus ojos viajaron desde la pintura hasta sus dedos, la madera del pincel había cedido dejando unas cuantas astillas clavadas en sus dedos, gimió por lo debajo conteniendo sus deseos de llorar, más que por el punzante dolor quería llorar por su suerte, una suerte irónica la había llevado hasta ese lugar.
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El silencio cubría totalmente aquella parte de la mansión, el frio de la noche se acercaba a cada paso que daba el sol para esconderse totalmente, sus ojos pasearon de manera perezosa por las cercanías, viendo desde su posición a varias mujeres caminar distraídamente por la mansión, una chica de largo cabello negro hasta la cintura llamo su atención.
Su cuerpo se movió involuntariamente para seguir la delgada figura que caminaba lentamente hacia él, un murmullo bajo golpeo sus oídos destruyendo en unos segundos el silencio en el que había estado hundido por más de dos horas, detallo su rostro viendo como unos ojos azul intenso adornaban su rostro mientras sus rosados labios se movían lentamente produciendo una delicada melodía.
El sonido de las pesadas puertas opaco totalmente la dulce voz que parecía hipnotizar a cualquiera que pasara junto a la delicada mujer de largo cabello negro, la vio detenerse de golpe y una sonrisa tierna adorno su rostro al tiempo que se inclinaba, Sasuke agudizo su mirada encontrándose con un castaño de largo cabello atado a una coleta baja que acariciaba el hombro de la chica haciendo que se irguiera.
"Estos deben ser" Pensó viendo como otro castaño más alto que el anterior y de cabello corto llegaba hasta donde estaba el otro, vio con curiosidad como la mirada de la chica cambio de ser una tierna a una recelosa e inclinándose empezó su marcha para perderse por los pasillos de la mansión.
Soltó un gruñido agitado mientras se dejaba caer en medio del jardín, sus ojos viajaron a las dos siluetas que caminaban lentamente hacia los pasillos interiores de la mansión, buscarían a Hinata y el debía estar con ella, giro su cuerpo totalmente y sonriendo empezó a correr sigilosamente por el amplio jardín.
Sus ojos se giraban de vez en cuando para intentar localizar las dos figuras masculinas a través de los tantos shoji que separaban la mansión en muchas habitaciones, salas de espera, estudios y comedores, cada uno con la cantidad exacta de tatamis dispuestos para la actividad para la que fue decorada la habitación.
La melodiosa risa de la ojiblanca cubrió enteramente sus sentidos haciéndolo sonreír, todavía no llegaban aquellos hombres, él había sido más rápido y había dado con ella mucho antes, diviso a unos cuantos segundos la única habitación que estaba totalmente iluminada y la silueta de dos mujeres se dibujaban muy cerca del pasillo.
Bajo la velocidad conforme la distancia entre la habitación y él se hacía casi inexistente respirando de manera calmada, dejando que el aire bailara a su alrededor juguetonamente y no como un acelerador de su habilidad, sus ojos se fijaron instantáneamente en el frágil cuerpo de su protegida que pareció notarlo y se giro lentamente.
-Sasuke-kun…- Su tono de voz salió alegre, complacido por verlo luego de dos horas de ausencia, el se detuvo en seco al admirar la tierna sonrisa que se dibujaba en los labios de la chica mientras dejaba a un lado un pincel y se apresuraba a acercarse hacia él.
-Descanso más de lo que esperábamos- La burlesca voz de la castaña sonó por encima de los delicados pasos de la ojiblanca que se inclinaba hacia él, Sasuke retrocedió dos pasos al ver la cristalina mirada de la chica, una mano de ella se aferro a su haori dándole a entender lo nerviosa que se encontraba.
-Llegaron sus hermanos Misaki-san- Anuncio accediendo al pasillo de un salto, tomando con cuidado la cintura de la ojiblanca para que no cayera ante su acción, sabía que no soltaría su haori hasta que se sintiera nuevamente segura.
-Hai… Oímos la carreta- La voz de la castaña salió maliciosa mientras veía con curiosidad el agarre que la ojiblanca ejercía en la haori de su guardián. –Vino únicamente por esa razón?- Se atrevió a preguntar encontrando sus verdes ojos con los del Uchiha.
-Hai… Hinata-san necesita que este aquí- Aseguro seriamente, vio como la mirada furtiva de la mujer volvía a clavarse en el agarre de la ojiblanca, sabía que aquel comportamiento podía traerles problemas pero, por los momentos no encontraba una forma en el que ella se sintiera segura sin que lo estuviera tocando.
El sonido de un ligero toqueteo hizo brincar a Hinata en su lugar mientras el pelinegro solo gruñía resignado y la risa de la castaña opacaba cualquier otro sonido que no fueran las voces que se hacían cada vez más fuertes al otro lado de la puerta corrediza.
-Gonbawa- Saludo cortésmente la castaña inclinándose, Hinata se agacho un poco mientras que el pelinegro solo giraba su mirada intentando no toparse con las miradas desafiantes de esos dos recién llegados.
-Misaki… Veo que has atendido bien a nuestros invitados- Una voz tan burlesca como la de la mujer resonó por toda la habitación, Sasuke gruño al sentir la presión aumentar contra su haori, se giro encontrándose de frente con unos ojos verdes que ya conocía.
-Tu…- Gruño roncamente tomando el mango de su espada, el hombre se había quedado congelado al reconocer al pelinegro de la posada y sus ojos recayeron totalmente en la silueta que temblaba junto a este.
-Sasuke-kun onegai- Suplico la ojiblanca al reconocer el sonido afilado de la katana deslizarse fuera de su funda, sin pensarlo mucho sus manos se concentraron en las manos del pelinegro deteniendo un ataque precipitado.
-Misaki-oneesan…- Otra voz, más tranquila y grave capto la atención de todos los presentes, justo a su lado estaba la pelinegra que Sasuke se había dignado a admirar, este al igual que los otros dos tenía el cabello de un castaño brillante y unos ojos verdes intensos.
-Kotaro-kun… Hace poco llego tu prometida!- Anuncio recuperando su tono divertido mientras acaparaba la atención de todos, dándole sin saberlo oportunidad a Hinata y a Sasuke de acomodarse en sus lugares, ambos con las emociones revueltas.
-Tu prometida?!- Repitió divertido el de cabello corto sonriendo centrando su atención en el hombre que estaba a su lado. –Es que ya tiene 18 años la niña?- Comento haciendo que la ojiblanca se tensara y bajara su rostro intentando borrar la sensación que empezaba a correr nuevamente por su cuerpo amenazándola con romper su imagen serena.
-Este año los cumple… Vino a hacernos una pequeña visita- Explico la castaña dándole una mirada reprobatoria al mayor de los dos hombres. –Hinata… Ellos son mis hermanos- Hablo la mujer dirigiendo su mirada hacia la ojiblanca, se turbo al notar la mirada vacía que ahora adornaba su tierno rostro.
-Gon… Gonbawa…- Dijo entre tartamudeos inclinando su cabeza, el collar colgó dejando ver el símbolo del feudo al cual pertenecería en unos cuantos meses, su peso pareció aumentar considerablemente bajando un poco mas su cuello.
-Bastante bonita no crees Kotaro?- Reto el mayor siendo el primero en acercarse, se agacho hasta quedar al nivel de la joven ampliando su sonrisa, era la misma que se había topado en la posada, sus manos avanzaron con rapidez hasta posarse en la barbilla para alzar su rostro.
-No la toque- Amenazo fríamente el pelinegro haciendo que el castaño detuviera su acción, centrando su atención en su acompañante, al parecer un guardián bastante posesivo.
-No sabía que los guardianes podían estar en estas reuniones- Dijo retadoramente sin dejar de mirar al pelinegro, su mano libero el tembloroso rostro de la ojiblanca volviendo a ponerse de pie y cruzándose de brazos.
-Es que Hinata es muy tímida… No había salido de su feudo y Sasuke-kun siempre ha cuidado de ella- Resumió la castaña llegando junto al mayor que todavía seguía admirando fijamente al pelinegro, un gruñido amenazante escapo por entre los dientes del pelinegro sorprendiendo a la castaña.
-Parece un perro rabioso- Se burlo el castaño agachándose nuevamente pero ahora para quedar frente al pelinegro. –Eres un guardián muy explosivo no es cierto?- Reto dejando de verlo por un segundo para centrar su atención en la blanca piel de su compañera y volviendo a mirarlo.
-Deja de molestarlos aniki- La serena voz del otro hombre hizo que todos se giraran, se había sentado detrás de la muralla que habían creado sus hermanos. –Onegai… Disculpen su comportamiento… No tuvo un buen despertar- Confeso moviendo sus manos para que ambos hermanos se sentaran justo a cada lado de su posición.
-Ya veo- Soltó sin pensar el pelinegro irguiéndose totalmente en su posición y cruzándose de brazos, la respiración de su compañera había empezado a ser cada vez más lenta y eso empezaba a preocuparlo, ahora más que resultaba ser que el hombre que la había atacado viviría en algunos meses con ella.
-Hinata-san?- La amable voz del castaño de coleta la hizo brincar en su lugar subiendo su mirada involuntariamente, este sonrió y asintió intentando brindarle seguridad a la chica. –Te sientes bien?- Murmuro al notar la extrema palidez que cubría el rostro liso de su prometida.
-Yo… Yo…- Empezó nerviosa sintiendo como todo su cuerpo vibraba ante la mirada penetrante del otro hombre, no podía respirar, su corazón golpeo fuerte contra sus costillas y poniéndose de pie se dio media vuelta y entre sollozos salió torpemente de la habitación.
-Hinata!- Gritaron al unísono los castaños menores, Sasuke se levanto en un segundo pero de detuvo al escuchar un ligero sonido por encima de las voces de los feudales, se giro viendo como la azulina mirada de la ayudante se había clavado en él.
-Que le paso?!- Interrogo asustada Misaki poniéndose de pie también y corriendo hacia el pasillo. –Que fue lo que la asusto tanto Sasuke-kun?- Interrogo centrando su atención en el pelinegro que parecía congelado en su posición.
La pelinegra parecía hipnotizarlo desde su aislada posición, mirándolo fijamente, controlando su primera reacción, gruño irritado haciendo que la chica se sobresaltara y se girara hacia el castaño de coleta baja.
-Debo ir a buscarla- Anuncio inclinándose un poco y sin esperar respuesta salto hacia la oscuridad de los jardines que rodeaban la mansión.
No podía estar muy lejos, su condición física no le permitiría correr demasiado, la noche había caído rápido mientras ellos habían estado atrapados en esa habitación, la había sentido nerviosa y asustada, de alguna manera tan atrapada como el, gruño al aire mientras corría intentando localizar alguno de los sonidos característicos de la Hyuuga o sino su fuerte aroma de lavanda.
La silenciosa noche se rompió con el correr del viento produciendo que las ramas de los arboles chocaran unas con otras creando sonidos indescifrables, sus ojos se agudizaron totalmente mientras sentía la frustración recorrer velozmente su cuerpo, nuevamente la pequeña niña le había causado problemas y uno bien grande.
-Kuso… No podía ser hermano de otro estúpido- Se quejo roncamente mientras seguía corriendo en dirección a la salida de la mansión, el aire cambio de dirección chocando contra su cara y dejando que una estela de lavanda le indicara que llevaba el camino correcto.
Salto las puertas perdiéndose entre la copa de los arboles sin siquiera ser notado por los vigilantes de la mansión, sonrió ante su destreza y agudizo su delicado olfato sintiendo como la lavanda se hacía más fuerte a cada uno de sus saltos y entonces apareció, la dificultosa respiración que tanto la caracterizaba estaba a unos cuantos metros de su posición.
-Maldita miedosa- Se quejo fuertemente mientras se dejaba caer al suelo en un sonido sordo, la onda de aire que provoco levanto algunas hojas que descansaban tranquilas en medio de los senderos y empezando a caminar buscaba lo que desde las alturas había logrado sentir.
Unos sollozos ahogados llegaron hasta su posición deteniéndolo en seco, la copa de los arboles cubría totalmente el cielo evitando que los rayos de la luna iluminaran el camino que debía seguir, suspiro resignado y marcho con los ojos cerrados, únicamente escuchando el ahogado sollozo de su protegida.
-Hinata-san…- Llamo prepotente deteniéndose a unos tres metros de donde debería estar el cuerpo de la chica, abrió sus ojos divisando en medio de la oscuridad la silueta temblorosa de la ojiblanca, avanzo hacia ella con paso lento dándole algunos segundos a que se acostumbre a su intromisión.
Hinata ahogo sus gemidos de dolor al escuchar la potente voz del pelinegro en algún lugar en medio de la oscuridad, sus lagrimas seguían cayendo por sus mejillas intentando tal vez disminuir el dolor que se había apoderado de su pecho.
-Debe volver… Su prometido está preocupado- Volvió a hablar desde la oscuridad, Hinata contuvo un grito desesperado y cubrió nuevamente su rostro deseando desaparecer, no quería, no tenia deseos de volver a esa mansión, ella no tenía ni el más mínimo deseo de sentir algún tipo de agrado por ese hombre.
-I… Iie- Negó entre tartamudeos escondiendo su rostro justo cuando los arboles volvieron a sonar a su alrededor aumentando su temor. –Yo… No quiero verlo… No quiero volver…-
-Quiere irse a casa?- La interrogante salió sin pensar de entre sus labios haciéndolo fruncir el ceño, podía apenas distinguir la silueta encogida de la ojiblanca, realmente parecía perturbada y no únicamente por encontrarse con el hombre de la posada.
-Iie… No quiero volver… Mi Otosan me dará a alguien más… Y si me quedo aquí… Ese hombre no se detendrá hasta tenerme… No quiero volver… Quiero desaparecer!- Grito entre sollozos sintiendo su peso aumentar considerablemente, su corazón, su corazón tenía demasiado tiempo sufriendo, sufriendo sin que nadie se percatara de ese dolor existente.
-Hinata-san… Debe pensarlo mejor- Hablo intentando contener la rabia que parecía fluir por su cuerpo, se estaba conteniendo totalmente para no tomarla de la cintura y llevarla para encerrarla en una habitación con su prometido.
-No lo entiendes!- Grito subiendo su mirada, entre la oscuridad pudo distinguir la silueta del pelinegro y nuevamente su corazón dio un vuelco, no podía evitarlo, el dolor era demasiado fuerte, tal vez aquello había sido un error justo como le había dicho el rubio.
-Explíqueme!- Dijo exasperado agachándose al estar lo suficientemente cerca de la ojiblanca, vio entre la oscuridad sus perlados ojos brillar intensamente, vio como se había detenido a admirarlo, tal vez pensando en cómo responder aquello.
-Yo… No debería…- Murmuro apoyándose totalmente en sus rodillas, sus manos rozaron la fría tierra que habría hecho un desastre su kimono, sintió su corazón contra sus costillas por la ansiedad, sus labios se secaron ante la única forma que había encontrado su mente para explicarse.
-Hinata-san… No puedo hacer nada por usted si no me explica que la tiene tan asustada!- Soltó entre gruñidos apretando sus puños, si no le explicaba en los próximos minutos la llevaría contra su voluntad de vuelta a la mansión Mizumaki.
Hinata contuvo su respiración, cerró los ojos y se impulso contra el cuerpo del pelinegro atrapando con sus labios los cálidos labios del pelinegro, sus manos se enrollaron en su cuello haciéndolo perder el equilibrio y tumbándolos a ambos en medio del bosque, dándole la única cosa que realmente había deseado desde hace demasiados años.
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Que tal quedo? A que no quedo de muerte? Simplemente diré que como estoy tan inspirada para este les tengo un doble capitulo! Sip, ahora al siguiente capi sin tener que esperar más.. Eso sí, espero reviews por ambos! Ya que lo hice con mucha ilusión!
