Uno más para que tengan una buena lectura! Que disfruten…
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Cap. VII. Donde Esta Tu Corazón?
El delgado cuerpo se apretaba totalmente contra él, una corriente eléctrica había pasado por todo su cuerpo haciendo que su mente se nublara totalmente al sentir los labios de la ojiblanca sobre los suyos, los temblorosos dedos de la chica se enrollaron en su cabello al tiempo que el la abrazaba por la cintura.
Gimió ahogadamente al sentir las manos de el apretarse contra su estrecha cintura, su respiración se agito y se separo lentamente intentando descifrar la mirada que adornaba el semblante del pelinegro, sintió su rostro caliente y como pudo intento incorporarse pero la presión en su cintura la hizo volver a caer sobre el cuerpo del pelinegro que gruño apretando sus labios contra los de ella, sintiendo la calidez que esa pequeña niña destilaba.
"Que estoy haciendo?" Su mente empezó a trabajar de nuevo al sentir la respiración entrecortada de la ojiblanca golpear sus labios, ella había intentado separarse nuevamente, la miró fijamente sin poder entender que era lo que brillaba intensamente en esos perlados ojos.
-Hinata-san…- Su voz salió ronca por el deseo que ella había encendido en él, la vio sobresaltarse en su lugar y bajar el rostro, todavía sentía la necesidad de probarla más profundamente. "Que estoy pensando!" Se regaño tomando a la ojiblanca de los hombros y levantándola al tiempo que el se ponía de pie.
-Sasuke-kun… Yo…- Su voz ligeramente perturbada por la excitación choco contra el raciocinio del pelinegro amenazando con volver a controlar sus acciones, la escucho suspirar intentando tal vez infundirse algo de valor.
-Hinata!- Una aguda voz sonó cortando de golpe la fantasía que se había formado en la mente de la ojiblanca, unos cuantos murmullos empezaron a aparecer a unos metros de donde se encontraban haciendo que el pelinegro gruñera ante la intromisión.
-Gomen- Soltó bruscamente al tiempo que la tomaba de la cintura y la cargaba, sintió un grito ahogado contra su haori mientras la veía esconder su rostro, el pelinegro gruño irritado mientras empezaba a caminar lentamente en la dirección que habían salido las voces.
-Hinata…- Susurro la castaña siendo la primera en percatarse de la presencia del pelinegro, la luz tenue de las lámparas de aceite bailaban irregularmente dejando a la vista el cuerpo de la ojiblanca esconderse entre los brazos de su guardián.
-Que le sucedió?- La voz amable del castaño de coleta baja sonó apareciendo detrás de su hermana, el pelinegro suspiro intentando contenerse y la movió un poco dejando a la vista su rostro sonrojado, ahora con la luz sobre su cuerpo podía definir el camino que habían recorrido las lagrimas y la tierra húmeda ensuciar su porcelanado rostro.
-Hinata-san… Esta nerviosa- Hablo firmemente, su voz todavía estaba un poco ronca llamando la atención de sus espectadores, el castaño hizo ademan de tocar el rostro de la ojiblanca pero Sasuke se aparto inconscientemente.
-Sasuke-kun… Mi aniki necesita verla- Regaño la castaña tomando al pelinegro del brazo impidiendo que este siguiera retrocediendo, sus verdosos ojos centellearon amenazantes, Sasuke solo se limito a gruñir y se detuvo para dar libre acceso al hombre que lo miraba con algo de confusión.
-Hinata…- La amable voz sonó muy cerca de su rostro y unos dedos movieron su cabello dejando su rostro expuesto. –Estas molesta por el compromiso?- Soltó haciendo que se hiciera un silencio sepulcral a su alrededor, Hinata parpadeo confusa, era la primera vez que alguien le preguntaba cómo se sentía con respecto a eso.
-Yo…- Su suave voz apenas y llego hasta el castaño que tuvo que inclinarse un poco para escucharla mejor. –No se… Que sentir- Dijo entrecortadamente mientras dejaba a la vista su rostro dolido, sus ojos cristalizados amenazaban con dejar escapar algunas lágrimas más.
-Tranquila… Todavía falta un poco para la boda… Puedes quedarte cuanto quieras- Dijo sonriente limpiando un poco la mejilla de la chica, Hinata trago fuerte y se quedo mirándolo fijamente, delineando sus facciones firmes y esa sonrisa perfecta que parecía iluminar todo a su alrededor relajándola.
-Sasuke-kun… Vamos a la mansión- Ordeno la castaña empujando un poco al pelinegro, este gruño entre dientes mientras empezaba a marchar con la docena de soldados que habían salido a acompañar a sus jefes; todavía sentía la confusión que había causado en su interior la repentina acción de su protegida.
"Porque… Lo hizo?" Pensó bajando su mirada, el rostro de la chica iba apoyado contra su pecho, sus ojos estaban perdidos en la oscuridad que dejaban a sus espaldas haciendo centellear su mirada, su cuerpo todavía temblaba cada cierto tiempo y sus manos se apretaban firmemente a su haori.
Hinata tenía sus ojos fijos en las sombras que se movían irregularmente ante la escasa luz que tenían los soldados, podía diferenciar perfectamente la forma de la amplia espalda del pelinegro y su caminar seguro, sin siquiera inmutarse por la discreta amenaza que había soltado la menor de los Mizumaki.
"Sasuke-kun… Tiene un sabor intenso" Reflexiono subiendo una de sus manos hasta sus labios, los rozo con suavidad sintiendo todavía la presión salvaje con la que el pelinegro había tomado su segundo beso, haciéndola estremecer completamente.
Los pasos de la pequeña multitud hacían crujir las hojas a su paso, llenando todo el bosque con los sonidos ahogados de sus intrusos, las ligeras llamas parpadeaban continuamente apenas iluminando a sus portadores, las siluetas en el medio de la docena de soldados parecían distraídas y un poco ansiosas, Sasuke detallo la preocupación que parecía cubrir totalmente el rostro del hombre que iba tomando de la mano a su hermana intentando tal vez brindarle seguridad.
-Sus lámparas se apagaran- Hablo con voz fría haciendo que los portadores de los objetos se giraran para verlo. –Están centelleando demasiado… La mansión esta a 100 metros hacia adelante…- Explico justo cuando las lámparas empezaron a apagarse, un grito agudo corto la silenciosa atmosfera del bosque justo cuando la única mujer del grupo se agachaba cubriendo su rostro.
-Sasuke-kun…- Un gemido ahogado escapo de los labios de la ojiblanca apretándose más contra el pecho del pelinegro, sus manos nerviosas se enrollaron en su haori mientras este seguía caminando sin inmutarse por la oscuridad que ahora los cubría.
-Como… Lo supiste?- Interrogo la voz quebrada del castaño deteniendo su marcha, la mirada fría del pelinegro lo hizo retroceder dos pasos ante la amenaza que parecía representar ese hombre.
-Kotaro-san… Tome a Misaki-san y sígame- Ordeno prepotentemente sintiendo como su cabeza empezaba a palpitar, un fuerte dolor de cabeza lo atacaría una vez que se dedicara a descansar.
-Demo…- Intento refutar pero el contacto de una cálida y suave mano contra su muñeca lo hizo mirar en la oscuridad la brillante mirada de su prometida.
-Kotaro-san… Escuche a Sasuke-kun, el sabe lo que hace- Aseguro sintiendo como la mano del hombre se entrelazaba con sus dedos, Hinata abrió los ojos sorprendida ante el atrevimiento sin saber cómo reaccionar, deseaba separarse pero, no podía seguir causando problemas para su padre.
-Tome- Dijo fríamente el pelinegro moviendo con ligereza el delgado cuerpo de la ojiblanca tendiéndola hacia el castaño, este pareció dudar sin entender muy bien que era lo que quería. –Yo llevare a Misaki-san…- Explico justo cuando sintió las manos del castaño tomar con suavidad el frágil cuerpo de la ojiblanca, las manos de ella se negaron por unos segundos liberar la haori pero, al final cedió, como siempre lo hacía.
-Gomen Hinata-chan- Hablo suavemente el castaño al sentir el pequeño cuerpo de la mujer chocar contra su pecho, la sintió sobresaltarse pero se resigno a su agarre. –Esto no se te está haciendo fácil verdad?- Susurro sonriendo en medio de la oscuridad.
-Kotaro-san…- Susurro sorprendida dejando de lado su desconfianza y mirando por primera vez al hombre que la llevaba en brazos, no a su prometido, no al hombre que le habría arruinado la vida, solo, lo miraba a él, a ese hombre tan amable que tomaba en cuenta lo que sentía.
-Gomen… Mi aniki suele ser difícil a veces, si eso te asusto lo lamento- Siguió hablando mientras la luz empezaba a brillar tenuemente a unos cuantos metros delante de ellos, la pesada madera se movió dejando que toda la escolta entrara nuevamente a la mansión.
-Kotaro-san… Gomenasai- Se disculpo sonrojándose ante las finas facciones del castaño, su rostro enmarcado perfectamente por algunos mechones de cabello que se habían escapado de la coleta hacían resaltar sus ojos verde olivo, un verde que siempre le había gustado.
-No te disculpes- La corto agachándose un poco para hacer que sus pies tocaran ligeramente la fría madera del pasillo principal, sonrió dulcemente mientras las manos de la ojiblanca se soltaban lentamente de su cuello. –Espero que este primer encuentro no le dé una idea errónea de mi familia-
-Iie…- Negó efusivamente sintiendo el calor apoderarse de sus mejillas. –Al contrario… Yo… Lo arruine todo- Confeso nerviosa mientras se acomodaba en medio del pasillo, estaba al mismo nivel del rostro del castaño que todavía se encontraba parado en el jardín, sin hacer movimientos de querer marcharse pronto.
-No arruinaste nada Hinata-chan… Me pareces interesante- Dijo sonriendo ampliamente mientras volvía a tomarse la libertad de limpiar suavemente la tierra que todavía cubría las mejillas de la chica.
-Le… Parece?- Comento nerviosa al sentir las cálidas manos del hombre rozar su piel, una corriente eléctrica recorrió su cuerpo sintiendo el pesado sabor del pelinegro en sus labios, haciendo que rechazara la caricia de los dedos del hombre sobre su rosada boca.
-Hai… Definitivamente pareces diferente a todas las mujeres que he conocido hasta ahora- Aseguro separando su mano del rostro de la chica, había sentido su sutil rechazo y prefirió no forzarla más, suficiente con haberla tomado en brazos sin su autorización.
-Kotaro-san… Estuvo comprometido antes?- Soltó infantilmente mientras se empezaba a acomodar su cabello, repentinamente no se sentía presentable para estar conversando de esa manera tan cercana con alguien que se suponía había arruinado su vida.
-Solo una vez debo admitir- Empezó soltando un suspiro cansado, dio un pequeño salto para sentarse junto a la ojiblanca que contuvo un gritito al verlo moverse con tanta libertad portando esa amplia ropa. –Ella… No era compatible conmigo- Siguió mientras intentaba contener la risa de ver la expresión sorprendida que tenía su compañera.
-Misaki-san dijo algo así… Sobre que… Le gustaría mi arte- Dijo tartamudeando recordando vagamente las pocas palabras que había cruzado con la castaña, vio como el hombre asentía y se giraba para mirar fijamente el cielo estrellado, disfrutando de la noche.
-Eso fue lo que me dio más peso para aceptarte… Tu aparente don natural hacia las artes… Tu Otosan estaba orgulloso de ti cuando lo mencionaba- Recordó suspirando al sentir la fría brisa pasear entre ellos moviendo con dificultad su cabello atrapado.
-Otosan?... El… Ya le había hablado de mí?- Dijo con incredulidad sintiendo una emoción sembrarse en medio de su corazón. –Yo pensé que… No podía mencionar mucho cuando se pactaba el compromiso- Confeso avergonzada por su completa ignorancia hacia el tema.
-A mi Otosan no le agradaba mucho que fuera mi segundo compromiso y me permitió hacer algunas preguntas…- Dijo divertido mirando de reojo a la ojiblanca, el fuerte aroma a lavanda había logrado relajarlo mientras la tenía a su lado.
-Ya veo- Murmuro sorprendida mientras una tímida sonrisa se dibujaba en sus labios, vio con curiosidad como el castaño subía sus manos hasta la coleta que mantenía prisionero su largo cabello soltándola y dejando que este se moviera lánguidamente al ritmo que marcaba el aire.
-Gomen… Disfruto mas de tener el cabello suelto- Se disculpo al sentir la intensa mirada de la ojiblanca sobre su nuca pero, una tímida risa alcanzo sus oídos unos segundos después haciéndolo girarse totalmente hacia la chica.
-Iie… Es lo mismo que siente mi Aniki… El cabello largo se ve mejor suelto- Comento relajada mientras intentaba calmar su suave risa ante el recuerdo de su hermano, podía incluso verlo sonreír tranquilo al soltar su cabello, justo como había hecho ese hombre.
-Es una buena sensación- Completo siguiendo la línea de las suaves risas que había marcado su prometida, al parecer su convivencia no sería tan difícil como había imaginado cuando la vio por primera vez.
-Kotaro-sama…- Una cantarina voz sonó a espaldas de la pareja haciendo que la ojiblanca se girara y el castaño se pusiera de pie en un rápido movimiento.
-Hinata-chan… Ella es Kumiko… Es mi ayudante- Dijo tendiéndole la mano para que pudiera ponerse de pie, los ojos azules de la recién llegada brillaron con rabia al ver el ligero contacto que tenia la extranjera con su jefe.
-La vi antes…- Comento Hinata ignorante de la mirada rencorosa que le dedicaba la pelinegra. –Kumiko… Bonito nombre- Dijo sonriendo mientras liberaba la mano del castaño.
-Arigatou- Susurro la pelinegra inclinándose ante la familiaridad con la cual se estaba moviendo la extranjera, su mirada se clavo discretamente en el castaño que la admiraba divertido, apreciando cada detalle que cubría a la ojiblanca.
-Kumiko ayuda a Hinata-chan en su habitación… Luego puedes irte a descansar- Ordeno estirándose un poco y empezando a caminar hacia el interior de uno de los oscuros pasillos.
-Demo… Kotaro-sama…- Intento rebatir pero una negación por parte del aludido la hizo guardar silencio, girándose con desgana hacia la mujer que todavía sonreía mirando fijamente la dirección que el castaño había tomado.
-No tienes que quedarte conmigo… Solo muéstrame donde esta mi habitación- Murmuro la ojiblanca cuando se sintió segura de hablar, vio como la pelinegra la miraba con recelo al pronunciar aquellas palabras.
-Iie… Kotaro-sama dijo que la ayudara… Debo hacerle caso- Dijo suavemente mientras empezaba a caminar hacia uno de los pasillos. –Hinata-san sígame onegai- Pidió girándose para ver la silueta rígida de la extranjera mirarla con cierta desconfianza.
"Sasuke-kun… Porque no has aparecido" Pensó dejando que la presión que había estado conteniendo en su pecho saliera nublando nuevamente su rostro, sintió como su cuerpo empezó a moverse por inercia y la sensación de desolación corrió por su interior, el nunca correspondería sus sentimientos, ni siquiera ahora que se los había podido expresar, sencillamente Sasuke Uchiha no era de los hombres que se enamoraban.
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La brisa fría golpeaba su cuerpo mientras descansaba contra una de las murallas de la mansión, su cabeza había empezado a palpitar con fuerza unos segundos después de dejar en medio de la gran mansión a la menor de los Mizumaki, ella se había marchado a los pocos segundos dejándolo disfrutar de su tan ansiada soledad.
-Kuso- Gruño al sentir movimientos luminosos a su alrededor, sabía que todavía faltaban unas dos horas para que toda la mansión quedara totalmente a oscuras pero, eso no le quitaba la irritación de sentir las luces moverse irregularmente por los pasillos a su alrededor.
Unos suaves pasos sonaron contra el césped marcando un caminar lento y un tanto nervioso, gruño un poco mas fuerte cerrando los ojos violentamente mientras se cruzaba de brazos esperando que su aversión por las interrupciones fuera notoria; sintió a los pasos detenerse y como la respiración del intruso también era contenida unos segundos, pero luego siguieron su marcha haciendo que el aroma de canela con menta se hiciera cada vez mas fuerte turbándolo en su posición.
-Gomen…- Su alegre voz sonó baja, intentando no molestarlo demasiado se agacho hasta quedar al nivel de su rostro y noto la tensión en sus facciones. –Sasuke-kun…-
-Que sucede?- Gruño de mala gana rindiéndose a la intromisión de la mujer, sabía que si no le respondía podría ponerse a insistir y eso de seguro le aumentaría el malestar que sentía.
-Solo le quise traer esto… Como agradecimiento- Dijo algo nerviosa acercando al pelinegro una bandeja de madera blanca con un taza de té blanco con esencia de canela. –Le quitara el dolor de cabeza- Agrego dejando la pequeña bandeja en uno de sus costados.
-Hmp- Sasuke soltó un gruñido abriendo sus ojos, la luz todavía brillaba a unos metros de ellos, dejándolos en una sema oscuridad bastante agradable para su visión, vio las rodillas de la castaña temblar frente a él, tal vez por no estar acostumbrada a estar tanto tiempo en esa incómoda posición.
Detallo la pequeña bandeja que descansaba a un lado de su cuerpo, el aroma del té se le hacía tentador, el vapor que bailaba sobre la taza le invitaba a acabar con su fuerte malestar, tomo la taza de manera recelosa sintiendo la intensa mirada de la castaña estudiar cada uno de sus movimientos.
-Hinata… Es muy importante para ti verdad?- Interrogo viendo como el pelinegro tomaba con calma el contenido de la taza, su negra mirada centelleo con rabia ante la mención de su protegida. –Lo digo por… Como saliste detrás de ella… Sin dudarlo demasiado- Explico sintiendo el temor de sentir esa mirada sobre ella, reduciéndola a una simple presa, para él no parecía haber distinciones de jerarquía.
-Es mi protegida… Mi trabajo es cuidarla- Dijo con brusquedad; era la tercera vez en menos de 24 horas que le preguntaban si esa niña era algo de él. –No es mi culpa que sea tan nerviosa- Se quejo abiertamente tomando un poco mas de té, justo cuando la risa de la castaña sonó inundando todo el ambiente con ese melodioso sonido.
-Entonces… Cuando se venga definitivamente para acá… Estarás más tranquilo?- Interrogo apoyando uno de sus codos en sus rodillas, intrigada por la respuesta que le daría, intentando descubrir algún tipo de señal que le diera la razón a sus especulaciones.
-Es probable… Ella habrá cumplido su destino y yo el mío…- Dijo de manera distante empezando a irritarle la compañía de la mujer, le recordaba de cierta forma a Ino, preguntando cada razón de cada paso que quería dar, buscando algún significado oculto entre sus respuestas.
-Es solo una misión- Suspiro tranquila poniéndose de pie casi de un salto, el pelinegro siguió con discreción la línea de la figura femenina que se levantaba ante él, haciendo que el deseo que había sentido en el bosque volviera latiendo de manera frenética en su cabeza y estremeciendo cada parte de su cuerpo.
Guardo silencio esperando con cierta ansiedad que la mujer decidiera marcharse, no había ninguna otra razón que la mantuviera junto a él; los segundos empezaron a correr y la castaña no daba señales de querer abandonar su silenciosa compañía reforzándole sus ideas de que las mujeres realmente no sabían lo que querían en ningún momento de sus vidas.
-Alguien espera por ti?- Interrogo de golpe sintiendo como sus mejillas ardían ante su indiscreción, desde que había visto al pelinegro había sentido deseo por él, por poseerlo y el, únicamente se había limitado a ignorarla, centrando toda su atención en la ojiblanca, en su misión.
-Iie…- Soltó fríamente justo cuando terminaba de beberse el ultimo sorbo del te blanco, sus ojos volvieron a recorrer la silueta de la castaña entendiendo el significado de aquella pregunta, haciéndolo gruñir inconforme.
-Sasuke-kun…- Gimió suavemente viendo como el pelinegro se ponía de pie de manera desganada, avanzo ágilmente hasta colocarse frente al aludido mientras soltaba un poco su obi agrandando notoriamente el escote de su kimono dando mayor acceso a sus grandes senos.
-Gomen…- Se disculpo tomando los bordes del kimono con suavidad y cerrándolo justo donde se exhibian mas de lo que debían esos grandes pechos, clavo su despiadada mirada en los nerviosos ojos de la castaña. –No busco aventuras- Aclaro soltando la fría tela y empezando a caminar dejando a la mujer en medio de la semi oscuridad.
A sus espaldas escucho un bufido de inconformidad y los pasos que antes habían marchado hacia el de manera nerviosa se alejaban furiosos, moviéndose bruscamente sobre el césped, sus ojos se movieron a través de la oscuridad y de la infinidad de pasillos de la mansión intentando encontrar su habitación.
"Solo espero que este día se acabe de una vez" Se quejo mentalmente mientras recorría inconscientemente el borde de su katana, disfrutando de la cercanía con esa arma que le daba tanta seguridad, que le otorgaba el poder para no inclinarse ante cualquiera.
Sonrió para si al recordar los entrenamientos con Naruto, el único guerrero que consideraba como su igual, el único al que le habría cedido su lugar como capitán; Naruto era quien hablaba, era el que razonaba con las personas el no, el no servía para otra cosa que no fuera luchar, esa era su verdadera razón de existir.
Su cuerpo se movía por si solo guiándolo en la dirección que había tomado esa tarde, hundiéndolo en una espiral de diferentes aromas, concentrados y ligeros, dulces y amargos, olores que se encargaban de opacar a los de la naturaleza, olores que provenían únicamente de las mujeres deseosas por ser vistas.
Sasuke se tenso al sentir en medio de esa marea de olores, el ligero y dulce olor a lavanda, una muy pequeña corriente de ese aroma que se perdía en medio de los oscuros pasillos, esparciéndose sin dejar una dirección fija, confundiéndolo para luego huir y desaparecer bajo el fuerte aroma de sándalo y sauce que predominaba en uno de los pasillos.
-Kuso- Gruño irritado al recordar nuevamente el extraño comportamiento de la Hyuuga, tenía que encontrar la manera de hablarle, de hacerla confesar con qué objetivo se había lanzado sobre él, con qué razón se había decidido a tentarlo de esa manera.
Su cuerpo se detuvo frente a un amplio shoji, y solo en ese momento se percato de que la noche brillaba intensamente a sus espaldas, iluminando totalmente ese pasillo donde solo habían dos habitaciones mas y ningún movimiento se sentía en varios metros a su alrededor, lo abrió con lentitud y paso hasta el interior de su habitación soltando un suspiro cansado mientras se encerraba y dejaba caer la katana justo al lado del futon.
-Esa niña… Es igual de caprichosa que su hermana- Murmuro soltando en un solo movimiento su haori, liberándose por primera vez en dos días de aquella pesada prenda, sintiendo su espalda agarrotada por la incomodidad que significaba andar con aquellas ropas.
Se tumbo boca arriba en el futon admirando los escasos rayos plateados que conseguían colarse por las rendijas del shoji, flotaban creando diferentes formas en el liso techo iluminando el marrón de la madera y creándole una sensación de tranquilidad.
Dejo que su cuerpo se relajara totalmente al no sentir peligro alguno en los alrededores, cada musculo de su cuerpo se estiro produciéndole una sensación de bienestar que lo hizo gruñir roncamente, cerró los ojos recordando involuntariamente el beso de la ojiblanca, sus suaves y dulces labios contra los suyos, únicamente rozándolos, regalándole su fragancia, una calidez que nunca antes había experimentado.
-Kuso- Gruño apretando sus manos a cada lado de su cuerpo, no podía conseguir borrar la sensación de ansiedad que crecía cada vez más en su interior, un deseo prohibido de probar mas allá de sus delicados labios, una imagen de mujer que se colaba sobre su misión, tentándolo a tomar lo que le pertenecía a otro hombre, algo que ella parecía querer darle.
Un sonido al otro lado de la puerta lo puso en alerta, contuvo la respiración girando sobre sí mismo y tomando su katana, sus ojos alcanzaron a delinear una figura delgada a través del papel del shoji el aroma a lavanda lo turbo haciendo que frunciera el ceño ansioso.
El shoji se deslizo hacia un lado sin romper el silencio que todavía reinaba en el exterior, el largo cabello negro brillo intensamente bajo los rayos plateados y la figura avanzo hacia el con los ojos cerrados y la respiración agitada, haciendo que soltara la katana de la impresión.
Ella se movió con agilidad al cerrar la puerta y se agacho quedando sobre sus rodillas, su yukata traslucida marcando el bien definido contorno del cuerpo femenino que se presentaba ante sus ojos, un gruñido ronco escapo a través de sus dientes mientras el aroma de lavanda daba paso a uno más predominante, la petunia, la flor de las travesuras y picardías.
-Se dio cuenta- Murmuro sensualmente viendo como el pelinegro arrugaba nuevamente su rostro y tensaba su cuerpo. –Sasuke…- Gimió por lo debajo mientras empezaba a moverse a gatas hasta la posición del pelinegro.
-Que hace aquí?- Pregunto ácidamente viendo como la mujer se levantaba ante él y enrollaba sus manos por su cuello apretando sus pechos contra el suyo desnudo, el olor penetro con más fuerza su nariz mientras la mujer sonreía acortando lentamente la distancia que separaba sus rostros.
-Solo… Deseo conocerte- Susurro contra su oído mientras se apretaba mas contra el duro cuerpo del pelinegro, delineo con sus dedos su cuello y comienzo de la espalda disfrutando del contacto con esa cálida piel. –Se que deseas lo mismo… Lo vi en tus ojos- Gimió cuando sus labios estuvieron a milímetros de los del pelinegro, sus ojos se movieron con agilidad hasta quedar fijos en los oscuros que la miraban con duda.
-Hmp- Sasuke gruño irritado al ver la lujuria que parecía brillar con vida propia en esos intensos ojos azules, unos ojos que lo habían detenido horas antes, su cuerpo reacciono ante las ligeras caricias de la mujer y apretando los dientes se rindió, lanzándose contra los rojos labios que lo tentaban descaradamente.
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La fresca brisa de la madrugada se coló entre sus sabanas rozando su piel haciéndola sonreír entre sueños, el olor a tierra húmeda inundo sus sentidos despertándola a medias mientras se giraba para intentar escapar de la mañana que empezaba a hacer acto de presencia.
"Paso tan rápido" Pensó tomando consciencia de donde se encontraba, sus ojos se fueron abriendo lentamente mientras veía el reflejo rosado del shoji indicarle que ya empezaba a amanecer, bostezo pesadamente mientras se incorporaba lentamente.
Su mente paseo por las escenas de la noche anterior, desde la agradable compañía de Misaki hasta el momento en que escapo de la mansión, su cuerpo se tenso placenteramente al recordar el beso con su guardián, de golpe un calor invadió su cuerpo haciendo que se despojara de las sabanas de un tirón, la mañana se había vuelto demasiado caliente de golpe.
-Debo hablarle- Razono por lo debajo sintiendo como su corazón latía violentamente contra sus costillas, se puso de pie con lentitud acostumbrándose al mareo que le causaba la sensación de las calientes manos del pelinegro sobre su cintura, apretándola contra el con el deseo impreso en sus oscuros ojos.
Trago fuerte sintiendo como su cara empezaba a colorearse de un carmesí intenso y cuidando de no hacer demasiado ruido tomo una yukata gruesa saliendo definitivamente de su habitación.
Sus pasos eran torpes, guiados únicamente por la escasa explicación que le había dado la pelinegra la noche anterior, sus labios se secaron mientras inspiraba con dificultad por la boca intentando en vano tranquilizar el fuerte latido de su corazón, juraría que de no ser por sus costillas este ya habría rebotado fuera de su cuerpo quitándole esa amarga sensación de no ser correspondida.
-Demo… El nunca ha estado con nadie- Se dijo intentando infundirse un poco de valor, a su lado el sol empezaba a pintar lánguidamente el cielo de unos tonos naranjas mientras dejaba que algunos rayos traviesos iluminaran las copas de los arboles que bailaban pesadamente produciendo unos ligeros sonidos cuando sus hojas se encontraban unas con otras.
Sonrió al darse cuenta que todavía no había movimiento en la mansión, todavía era muy temprano para que las ayudantes estuvieran despiertas lo que le daba la oportunidad perfecta para poder aclarar lo que había pasado unas horas antes; su cuerpo tembló ansioso cuando encontró el pasillo de tres habitaciones donde se suponía estaría durmiendo su guardián.
La ojiblanca se congelo asustada cuando escucho un shoji deslizarse lentamente, chocando muy suavemente con el marco dejando a la vista la delgada figura de una pelinegra que salía de la habitación acomodándose su yukata transparente.
Retrocedió dos pasos intentando no ser vista pero sus ojos se encontraron con los azules que la miraban de manera juguetona, vio como una sonrisa empezaba a marcar el liso rostro de la pelinegra que se había quedado estática viéndola, delatando en silencio su presencia por aquel lugar.
-Vete- Una ronca voz sonó suave a unos metros de ella haciendo que su corazón se detuviera de golpe, la figura del pelinegro se deslizo de manera pesada hasta quedar recargado en el marco de la puerta, lo único que llevaba puesto era la hakama negra que lo caracterizaba.
Su cuerpo empezó a temblar al mismo tiempo que su vista se hacía borrosa, se sujetó de lo que tenia más cerca intentando desaparecer de aquel lugar, de borrar aquella escena que esperaba nunca ver en su vida.
"Iie… Sasuke-kun… Sasuke-kun nunca…" Su mente procesaba frases incoherentes mientras sus pies se movían torpemente todavía intentando alejarse de la figura del pelinegro que miraba de manera serena a la pelinegra que parecía no querer abandonar la habitación todavía.
Sus pies se enredaron con la yukata que tenia colocaba a medias y cayó de espaldas produciendo un sonido sordo, sus labios se apretaron conteniendo el grito que quiso escapar para liberar el punzante dolor que empezaba a quemar la parte baja de su espalda.
-Hinata-san?- La grave voz del pelinegro sonó muy cerca de ella, más cerca de lo que deseaba tenerlo en esos momentos, unas manos rodearon sus brazos haciéndola abrir los ojos bruscamente encontrándose con los confundidos de su guardián.
-No importa- Se apresuro a decir liberándose violentamente del agarre, podía sentir el aroma del pelinegro ligeramente alterado, una fragancia más suave flotaba entremezclada con la de él y sus ojos dejaron de verlo para ver a la todavía sonriente pelinegra, no se había movido ni un centímetro.
-Hinata…- Intento hablar pero la ojiblanca solo negó y forzando una sonrisa se inclino para darle la espalda rápidamente, su corazón se contrajo haciendo que un jadeo lastimero escapara por sus rosados labios obligándola a presionar sus manos contra su pecho.
-No… No importa- Dijo nerviosa al sentir como el volvía a acercarse, avanzo dos pasos dudosa de si podría mantenerse de pie, el dolor parecía haber tomado control de su cuerpo haciéndolo más torpe, avanzo otros dos pasos y el vértigo corrió desde su cabeza hasta el estómago creando una sensación de vacío.
"Debo… Debo irme" Pensó con dificultad sintiendo como su cuerpo empezaba a reaccionar y la fuerza con la que había dado sus anteriores pasos la empezaron a llevar con más velocidad, sin percatarse en qué momento había dejado de caminar y empezado a correr hacia el interior de la mansión, intentando olvidar todo lo referente a esos dos días, intentando olvidarse de la calidez que todavía ardía sobre sus rosados labios, un calor que declaraba al Uchiha como dueño de su primer beso.
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Este si esta de muerte lenta! Y ahora si debo decir que será hasta la próxima actualización! Solo quiero sus reviews para motivarme a actualizar más pronto (un pequeño chantaje por aquí) jajajajaja… Gracias por leer mis historias y espero sinceramente no demorarme demasiado para colocar las próximas actualizaciones! Matta ne!
