Ohayo! Aquí una nueva actualización de esta historia! La más pequeña de todas mis historias, que ha sido bien recibida y espero siga así! Naruto y demás son de Kishimoto yo solo los utilizo para el sasuhina que es lo mejor! Ahora a leer!
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Cap. VIII. De Vuelta Al Feudo Hyuuga.
Las hojas empezaban a colorearse de un amarillo opaco empezando a cambiar el paisaje de uno alegre a uno mas melancólico, dentro de poco tiempo seria otoño y el feudo Hyuuga se debería estar preparando para los festivales de cambio de estación, sus ojos se fijaron en una única flor que parecía resistirse a caer, luchando contra su propia naturaleza, luchando contra lo que debía seguir.
Detuvo su caminata al escuchar el rumor de unas risas más adelante, frunció el ceño y se quedo unos segundos en el mismo lugar, comprobando que las risas se hacían más fuertes, apareciendo ante el la delicada figura de la ojiblanca junto a su prometido.
-Kotaro-san… Mire- Murmuro intentando regularizar su tono de voz, su mano señalaba la pequeña flor que todavía se mantenía pegada a su tallo. –Es raro… Ya no debería haber flores-
-Son curiosidades de la naturaleza Hinata…- Empezó acercándose hasta el árbol que antes el había detallado. –Parece que todavía durara unos cuantos días mas- Completo girándose donde se había detenido la pequeña mujer.
-Demo… Porque?... Pensaba que las flores morían al mismo tiempo- Comento clavando su perlada mirada en el rostro de su acompañante, un ligero tono rosado cubrió sus mejillas ante la cercanía del hombre.
-No todas florecen al mismo tiempo… Y por eso algunas son mucho más bellas que otras… Como esta- Dijo sonriendo mientras pasaba de señalar la pequeña flor al rostro de la ojiblanca que ante la indirecta solo consiguió sonrojarse aun mas.
-Que cosas dice Kotaro-san…- Murmuro bajando su rostro mientras intentaba contener la sonrisa que insistía en adornar sus labios, la risa complacida del castaño lleno el ambiente mientras tomaba a la chica de los hombros invitándola a que lo mirara.
Cerro los ojos irritado y se giro en su lugar para marcharse por donde había llegado, todavía podía escuchar el leve murmullo de ambas voces, pero intentaba no concentrarse en escuchar ninguna otra palabra de esa romántica pareja.
"Tiene casi dos semanas evitándome" Se quejo mentalmente apretando sus puños, abrió los ojos pesadamente encontrándose nuevamente con el pasillo de la sala principal, su mirada paseo por el lugar viendo a unas cuantas mujeres pasar de un lado a otro, atareadas por los arreglos de última hora.
La idea de volver al feudo Hyuuga le había sorprendido, tenían planeado estar mucho más tiempo en aquel lugar, por lo menos un mes y medio y ella, de un día para otro decidió que tenía que volver haciendo que más de uno se sintiera frustrado.
Sus ojos se detuvieron al reconocer la silueta de la pelinegra, parecía bastante feliz y paseaba tranquilamente por uno de los pasillos, tarareando alguna nueva canción, llevaba un kimono verde claro decorado con flores moradas, su cabello como era su costumbre estaba suelto, bailando lánguidamente con las débiles corrientes de aire que paseaban por el lugar.
-Sasuke-kun…- Su cantarina voz lo alcanzo justo cuando iba a seguir su camino, acompañando la felicidad que se pintaba en su rostro. –Donde ibas?- Pregunto cayendo ágilmente sobre el césped, un sonido seco muy bajo llego hasta el pelinegro obligándolo a girarse.
-Debo terminar de arreglar unas cosas- Explico cruzándose de brazos, la sonrisa se amplió en el rostro de la mujer que empezó a avanzar lentamente hacia él.
-Ya lo hice… Sé que es bastante pesado el viaje de regreso- Comento plantándose delante del pelinegro y subiendo sus manos hasta su pecho intentando controlar el frenético palpitar de su corazón. –Es de dos días verdad?- Pregunto mientras se dedicaba a mirarlo fijamente.
-Iie… No nos detendremos esta vez- Respondió resignándose a la compañía de la mujer, su paso fue lento, guiándolo hacia la gran sala principal, deseando que la pelinegra decidiera marcharse, necesitaba poder ordenar sus pensamientos, intentar encontrar alguna respuesta para su estado de confusión.
-No creo que importe mucho si llegan hoy o mañana- Dijo la pelinegra marchando a su mismo paso, el concentrado aromas de petunias ya no afectaba a Sasuke, lo conocía demasiado bien como para verse perturbado por él. –Sus festivales… No empiezan sino hasta dentro de una semana-
Sasuke se limito a asentir mientras seguía su camino, el aire arrastraba el aroma de sauces y algaborros que eran el símbolo principal del feudo; sintió la falta de las lluvias en el aroma seco que los rodeaba, concentrando los olores de una manera más pura, más fácil de reconocer.
El cálido ambiente de la mansión lo relajo un poco; con el poco tiempo se había acostumbrado a esa vida tranquila, era incluso más pacifica que el feudo Hyuuga, las mujeres parecían estar concentradas en sus cosas y los soldados únicamente se centraban en entrenar cuando no estaban de guardia, dos mundos separados, donde las obligaciones estaban por encima de cualquier sentimiento que los confundiera.
"Un lugar al cual podría acostumbrarme" Pensó suspirando, sabía bien que cuando la ojiblanca se casara él se quedaría con ella, viviría para procurar su seguridad incluso después de que dejara de pertenecer al feudo Hyuuga, y el, el seria su esclavo de por vida.
-Sasuke-kun…- La aguda voz de su acompañante lo saco de sus pensamientos, la chica iba mirando al suelo siguiendo lentamente los pasos que marcaba el pelinegro. –Que harás?... Después de que ella venga a vivir para acá?- Interrogo subiendo su azulina mirada, sus ojos reflejaban una tristeza que él no pensaba conocer nunca de esa mujer.
-No te entiendo- Acepto intentando no dar a conocer esa información, sabía que era algo que se practicaba muy poco en la actualidad pero, el padre de la ojiblanca no la veía como una simple propiedad y el, era únicamente parte de su dote.
-Digo… Tú siempre has sido su guardián… Entonces?... Que harás cuando ella ya no te necesite?- Intento explicarse sin separar sus ojos de los del pelinegro, Sasuke se detuvo a unos tres pasos del pasillo para acceder a la gran sala intentando buscar una respuesta que la dejara satisfecha, una mentira.
El silencio los cubrió poco a poco, la pelinegra parecía negarse a romper el contacto visual ansiosa por una respuesta, el pelinegro solo se limitaba a observarla impasible, detallando cada rasgo de aquel rostro, intentando descifrar ese comportamiento tan peculiar y cambiante.
-Kumiko…- Una profunda voz sonó a espaldas del pelinegro haciendo que la aludida se sobresaltara e intentara mirar por encima del hombro de Sasuke. –Sabia que eras tú- Hablo nuevamente la voz haciéndose cada vez más cercana, la aludida sonrió radiante mientras asentía para dejarse ver totalmente por su jefe.
Sasuke se limito a mirar de reojo la escena, viendo como la ojiblanca detallaba de manera despiadada a la pelinegra, sus manos se apretaron temblorosas bajo los pliegues de su kimono mientras forzaba una sonrisa cuando el castaño se giro hacia ella.
-Tendrás que esperarme un poco Hinata… Debo arreglar unas cosas antes de tu partida- Hablo nuevamente el castaño mientras le indicaba a la pelinegra que empezara a caminar hacia la mansión.
-Iie… No se preocupe Kotaro-san…- Dijo suavemente mientras veía como el castaño sonreía abiertamente y se acercaba a ella, una presión golpeo su cuerpo cuando sintió la suave mano del hombre sobre su mejilla.
-Es algo rápido… Algo que le mandare a tu Otosan- Explico sin necesidad clavando sus ojos verdes en los perlados de la chica, Hinata se sonrojo nuevamente mientras asentía de manera nerviosa.
-Lo esperare- Murmuro muy bajo mientras rompía sutilmente el contacto, el castaño sonrió y asintiendo se giro para empezar a caminar hacia el interior de la mansión, Hinata suspiro resignada mientras concentraba su atención en el césped amarillento que cubría ahora todo el jardín.
-Serán unos minutos- La ronca voz del pelinegro la sobresalto, su tono había salido más grosero de lo que pretendió sorprendiéndose también a sí mismo, vio como el frágil cuerpo de la ojiblanca tembló ante sus palabras y concentraba aun mas su mirada en el suelo, intentando ignorarlo.
"Debo olvidarlo… El… El está con esa mujer" Pensó intentando controlar su respiración entrecortada, había evitado totalmente quedarse a solas con él, por dos semanas se había refugiado en la compañía de su prometido o en la de Misaki que al parecer se irritaba cada vez que el pelinegro andaba cerca.
El pelinegro soltó un gruñido ante el comportamiento de la ojiblanca, no entendía como podía ser tan infantil, su comportamiento lo confundía a cada paso que daba y lo que le molestaba aun mas era ese mutismo que se presentaba cuando estaban solos, le irritaba intentar comprender que era lo que pasaba por la cabeza de esa mujer.
-Yo… Iré a buscar algunas cosas- Dijo nerviosa subiendo su mirada, sus ojos se encontraron fugazmente con los del pelinegro haciendo que su corazón brincara e inconscientemente contuvo la respiración.
-Nuevamente se va?- Dijo sarcástico, se había cansado de aceptar en silencio todas las excusas, vio como los ojos de la chica temblaron y sus labios se abrieron nerviosos, intentando pronunciar alguna otra cosa.
-Yo…- Murmuro con dificultad, la mentira se quedo presa en su garganta al ver la rabia marcar las facciones del pelinegro, su poca paciencia se había agotado para ella y eso la ponía realmente nerviosa, el era un hombre que no dudaba ante nada ni siquiera ante la jerarquía que la protegía.
Se movió con agilidad atrapándola por los brazos, su cuerpo tembló ante el contacto y el solo pudo soltar un gruñido ronco, el fuerte aroma a lavanda volvió a cubrirlo, llenándolo como hacía semanas no lo llenaba, perturbando cada célula de su cuerpo.
-Sasuke-kun…- Su voz apenas y se escucho, la sorpresa no la dejaba decir alguna otra cosa, el estaba muy cerca, demasiado cerca como para poder ocultar su dolor, ocultar lo que tenia años sintiendo.
-Que hizo?- Interrogo ácidamente mientras apretaba fuertemente esos delgados brazos, vio como sus ojos se abrieron y su boca se apretó atrapando un gemido de dolor que había querido escapar.
Hinata negó suavemente intentando controlar su nerviosismo, las palabras parecían no querer salir de su garganta y solo lograba controlar su agitada respiración, sus ojos parecían atravesarla, deseando encontrar la respuesta pero, como decirle lo que esperaba?
-Debemos irnos dentro de poco… Dígame porque lo hizo- Volvió a hablar, empezaba a exasperarlo el nuevo mutismo de la chica, siempre era igual, cuando intentaba encontrar en ella las respuestas solo callaba, solo se marchaba inundándolo de más interrogantes, haciendo que la odiara cada día que pasaba.
-Yo…- Volvió a hablar sintiendo el aliento del chico chocar contra su rostro, mordió su labio inferior nerviosa, añorando la sensación de esos labios contra los suyos, recordando que él prefería a alguien más.
-Usted qué?- Insistió moviéndola un poco, su paciencia se había acabado hace bastante rato y estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no gritarle, para no exigirle que le respondiera, que le explicara porque jugar de esa manera con él.
-Olvídalo!- Grito fuera de sí, sus lágrimas corrieron libres todavía sin apartar su perlada mirada del rostro del pelinegro, vio como el rostro del pelinegro se contrajo tal vez sorprendido, tal vez decepcionado, no lo sabía bien, solo deseaba que dejara de tocarla, que dejara de provocarle dolor.
Sus manos inertes cayeron a ambos lados de su cuerpo, intentando procesar la tristeza que escapo del rostro de la ojiblanca justo cuando le grito, ella todavía seguía ahí frente a él, bañada en lágrimas y temblando, intentando controlar algo que no estaba dispuesta a confesar.
Hinata respiraba con dificultad, sus ojos intentaban descifrar esa mirada, esos ojos negros fijos en ella, inexpresivos, fríos y distantes, como todo en él, como siempre había sido, como le había gustado; se ahogó con sus propias lágrimas y empezó a retroceder, tenía que alejarse, tenía que evitar que la vieran así.
"Debo irme… Debo esconderme de Kotaro-san" Pensó frenéticamente aumentando paulatinamente sus pasos, todavía no podía girarse, todavía no podía dejar de verlo, dejar de desear entenderlo, saber que pensaba de ella, de lo que había hecho, un quejido escapo sin permiso de sus labios traicionándola, trayendo a la realidad al pelinegro.
"Que hace… Porque se comporta así?" Nuevas preguntas rondaron su cabeza, sus ojos la encontraron a pocos metros de él, jadeando con dificultad, intentando controlar ese dolor que no parecía pertenecer a esa escena, estaba fuera de lugar, ella no tenía ninguna razón para estar sufriendo de esa forma.
La vio girarse lentamente, sus cabellos volaron libres cuando la pequeña peineta salió despedida por su brusquedad, el olor a lavanda volvió a inundar el ambiente, llenándolo por completo y deteniéndolo, el no debía ir tras ella, el era únicamente su guardián.
"Solo es una misión" Se repitió suspirando, la inexpresión volvió a esconder su perturbación de los demás, sus ojos todavía no podían apartarse del camino que había tomado la ojiblanca, deseando una vez más las respuestas, ella nuevamente se había negado a dárselas y dejo en el aire algunas mas, unas que pensaba nunca aparecerían en su mente.
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Las hojas empezaban a desprenderse de las ramas, volaban libres jugando con el aire, creando murmullos con su danza, hipnotizando a cuanta persona decidiera admirarlas, llenando de una belleza melancólica el paisaje.
-Este año el otoño se adelanto- Murmuro una rubia, su mirada estaba fija en las pequeñas hojas que flotaban en el inmenso jardín. –Todavía faltan unos cuantos días para que se termine Julio- Recordó al tiempo que un profundo suspiro sonó a su lado.
-Significa que Sasuke-kun no estará aquí para su cumpleaños- Dijo soltando un nuevo suspiro, sus manos dejaron caer la cesta de ropa que debía doblar y se giro hacia donde se encontraba la rubia, esperaba alguna respuesta que la ayudara a sentirse menos miserable.
Ino suspiro resignada girándose hacia donde se encontraba la pelirrosa, estaba totalmente erguida y sus ojos verde intenso brillaban con una mezcla de nostalgia e inseguridad, algo muy difícil de ver en esa enérgica chica.
-Sakura… Eso es parte del trabajo de Sasuke-kun… Su deber es estar con Hinata-san…- Intento explicar, el rostro de la pelirrosa se contrajo molesto, cruzándose de brazos se dejo caer contra la columna más cercana intentando controlar un poco su explosivo carácter.
-Demo… Desde hace dos años que Naruto cuidaba a Hinata-san… Porque el cambio?- Soltó mirando fijamente a la rubia, la vio cerrar los ojos y un nuevo suspiro escapo de ella intentando de alguna manera calmarse. –Tu sabes algo de eso cierto?- Dijo recelosa al ver como nuevamente los ojos azules la miraron, suplicando de alguna forma que dejara de preguntar algo que no podría responder.
-Se lo mismo que tu… Hiashi-sama cambio a los guardianes…- Empezó sintiendo una presión en su corazón, el alivio que brotaba a través de sus labios en forma de suspiro. –Sasuke-kun… Su única responsabilidad ahora es el bienestar de Hinata-san…- Concluyo desviando su mirada, no podía seguir viendo a la pelirrosa, no podía intentar consolarla cuando esa noticia la había aliviado tanto.
-Porque?... Naruto era lo suficientemente fuerte para protegerla… Sasuke-kun apenas supo el cambio pasaba los días irritado… Aislándose aun más de nosotros- Comento indignada, su corazón latía nervioso al ver como la rubia se limitaba a esquivarla, sin dar ninguna otra respuesta.
La rubia dejo que el espacio entre ellas se llenara de un silencio incomodo, un silencio que ella había prometido esperando que aquello no resultara mal, que las decisiones que había tomado la ojiblanca fueran las mejores, únicamente confiando en ella.
-Ino… Respóndeme- Pidió bajando un poco su voz, empezaba a sentir la ansiedad bullir por su cuerpo, haciéndole imposible controlar la tristeza que implicaba la nueva tarea del pelinegro. –Acaso el…- Se corto al escuchar un ligero murmullo acercarse a ellas, obligándola a guardar silencio.
-Sakura-chan!- La alegre voz inundo todo el pasillo, haciendo que la aludida gruñera por lo debajo dándole la espalda al recién llegado. –Y ahora porque estas molesta?- Interrogo deteniéndose a unos cuantos pasos de las dos mujeres, viendo fijamente como la pelirrosa negaba y agarraba una cesta que estaba junto a sus pies.
-Tengo cosas que hacer… Nos vemos en la cena Ino- Dijo a modo de despedida ignorando olímpicamente al rubio, este soltó un gemido adolorido viendo como la pelirrosa se perdía cruzando en la esquina más cercana, desapareciendo definitivamente de sus ojos.
-Ino-chan… Que está molestando a Sakura-chan?- Interrogo cambiando su semblante a uno más serio, sus ojos se fijaron en la rubia que solo suspiro moviendo la cabeza de manera negativa.
-Ella suele alterarse por cualquier cosa- Comento mientras volvía a su tarea principal, su cuerpo de movió con ligereza al pasar frente al rubio entrando en la habitación que ocupaba la ojiblanca, dispuesta a terminar de ordenar algunas cosas.
-Hai, hai…- Acepto el rubio girándose sobre sí mismo, siguiendo cada paso que daba la rubia. –Porque haces esto todas las tardes?... Hinata-chan no volverá hasta mediados del próximo mes- Comento cruzándose de brazos mientras veía como la rubia se agachaba empezando a doblar algunos kimonos.
-Es costumbre…- Respondió con simpleza, una sonrisa tímida adorno sus labios mientras acariciaba con delicadeza la seda entre sus manos. –Tengo casi toda mi vida sirviendo a Hinata-san… No puedo pasar ni un día sin venir a esta habitación- Confeso todavía sin mirar al rubio, la tristeza se apodero de su corazón, haciendo que sus recuerdos con la ojiblanca aparecieran en su mente.
-Como puedes haberle servido tanto tiempo? Tienen la misma edad!- Dijo sorprendido viendo como la rubia sonreía nostálgicamente mientras negaba, vio con sorpresa como la mirada azulina se cristalizaba viéndolo fijamente.
-Es que… Cuando era niña… Yo era su compañera de juegos… Crecimos juntas y con el tiempo aprendí a cuidarla, viendo e imitando a su ayudante- Empezó dejando el kimono extendido sobre sus rodillas, la lavanda todavía estaba presente en la habitación, trayendo consigo la amabilidad que caracterizaba a la ojiblanca.
-Demo… Porque te cambiaron?... Digo si eras su compañera de juegos… Como terminaste siendo su ayudante?- Interrogo poniéndose al mismo nivel de la rubia, apoyándose únicamente en el marco del shoji viendo como los colores del atardecer brillaban intensamente en los azules ojos de su compañera.
-Fue un poco antes de que Sasuke-kun y tú se integraran a la mansión… Su ayudante debía marcharse, se había comprometido con uno de los aldeanos y debía abandonar su trabajo en la mansión… Hinata-san me rogo que me quedara con ella…- Dijo ampliando un poco su sonrisa, recordando su adolescencia, el tiempo donde se hicieron más cercanas, donde realmente se volvieron amigas.
-Demo… Ahora que lo pienso, mientras Sasuke y yo estábamos en el pueblo nadie hablaba de las actividades en la mansión, era como si… La gente de aquí dentro fuera totalmente independiente del poblado- Analizo dejando que su mente recorriera sus primeros años en el feudo, sus primera peleas y su inestable comportamiento.
-Hai… En la mansión se tratan las cosas de manera diferente… Luego de que Hinata-san se marche… Yo me ocupare de Hanabi-san…- Murmuro dejando de ver al rubio para concentrarse en doblar el kimono que tenía en su regazo, intentando dispersar la comodidad que sentía al estar cerca de Naruto.
-Y que pasara con Karin-chan?!... Ella es su ayudante! Y se casara con alguien que es un soldado de la mansión!- Dijo alzando la voz, sus ojos se abrieron sorprendidos viendo como la rubia solo se limitaba a negar mientras movía la delicada prenda ya doblada hacia un lado, tomando otro de color rosado.
-Es una norma Naruto-kun… Las esposas de los soldados no pueden estar dentro de la mansión, es una distracción para ambos tener a sus parejas en el mismo lugar… Haciendo ineficaces a ambas personas- Murmuro sintiendo un nudo en la garganta, ella conocía todas y cada una de las normas y debido a eso se había jurado nunca enamorarse.
-Me parece injusto- Resoplo molesto dejándose caer totalmente en el suelo, se cruzo de piernas y brazos y se resigno a ver la labor que estaba realizando la rubia, sus ojos siguieron cada débil movimiento que aplicaba con sus manos, doblando la seda de manera que ninguna esquina quedara arrugada, conservando así la belleza natural del kimono.
Pasaron algunos segundos en silencio, disfrutando de la compañía del otro, dejándose envolver por los sonidos nocturnos, controlando con dificultad sus respiraciones y sus deseos de decir algo mas, de evitar sentirse tan cómodos con el otro, intentando desaparecer esas nuevas costumbres.
-Naruto-kun…- Lo llamo colocando un último kimono en la pequeña pila que había doblado ese día, sus ojos se encontraron con el rostro serio del rubio que la miraban intensamente esperando a que terminara de hablar.
-Tu… Crees alguna vez enamorarte?... Estar dispuesto a dejar todo lo que conoces… Por esa persona?- Interrogo intentando mantener fija su mirada en la del rubio, lo vio agitarse en su lugar y ponerse de pie lentamente.
-Hai… Dejaría todo esto y mucho más si esa persona me correspondiera- Dijo sonriendo mientras se acercaba a la rubia, le tendió la mano para ayudarla a ponerse de pie mientras detallaba el casi imperceptible sonrojo que se había formado en las mejillas de su compañera.
-Entonces… Estas enamorado… De alguien de la mansión- Dijo nerviosa al comprender las palabras del rubio, este asintió ampliando su sonrisa, sus dedos se apretaron sobre la mano de Naruto, utilizando mas fuerza de la normal en ponerse de pie.
-Es difícil de explicar… Al principio no lo entendía- Comento liberando a la chica de su contacto y cruzándose de brazos empezó a caminar hacia el exterior. –Ino-chan… A ti te gusta alguien de la mansión?- Interrogo girándose un poco, de reojo vio como la rubia se tenso, congelando sus manos alrededor del shoji justo cuando iba a moverlo.
-Yo… Yo me prometí a mi misma nunca enamorarme- Revelo luego de unos segundos en silencio, no soportaba pensar en esos sentimientos, eso que la hacía tan vulnerable e inútil. –Igual… Si lo estuviera… El quiere a otra persona- Murmuro muy bajito mientras deslizaba el shoji, esperando que el rubio no pudiera entenderla del todo.
Naruto abrió los ojos sorprendido, en silencio vio como la mujer empezaba a caminar hasta el, podía escuchar como intentaba controlar su respiración, esconderle la ansiedad que había producido esa indiscreta pregunta, obligándolo a dudar de sus propias sensaciones.
-Naruto-kun…- Pronuncio muy bajito, viendo como el rubio parecía volver a la realidad, haciendo que esos ojos azul intenso se clavaran en ella, esperando. –No deberías esperar mucho más… Si realmente sientes eso por Sakura… Hazlo pronto…- Dijo intentando sonreír, sus labios temblaron ante la mueca que había intentado realizar.
El rubio contuvo su respiración cuando la escucho pronunciar esa frase, trago con dificultad viendo como la chica se inclinaba y empezaba a caminar, alejándose lentamente de él, dejando en el aire una confesión a medias y unos sentimientos no correspondidos.
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El viento frio choco contra su rostro haciéndola fruncir el ceño, las noches empezaban a ser mas frías, incluso en sus tierras, aunque la temperatura no bajaría mas hasta dentro de unos meses no podía entender cómo era posible que sintiera tanto frio, un frio que parecía llenarla por completo desde lo más profundo de su ser.
"Es por el" Pensó viendo de reojo a su acompañante, sus ojos se mantenían cerrados, con la katana bien sujeta entre sus manos, apenas y podía escuchar su respiración tranquila, descansando tal vez de su más reciente pelea.
Hinata suspiro melancólica mientras volvía a apoyar su rostro en la ventana, dejando que la fría brisa nocturna acariciara su rostro, llenándola de recuerdos, llenándola de pensamientos que no podía volver a tener.
Sus ojos delineaban perfectamente cada árbol en la oscuridad, disfrutando de la tenue iluminación de la luna, escondiendo sus misterios entre las sombras y protegiéndose, unos a otros de quienes desearan obtener sus secretos.
"No volverá a insistir… Sasuke-kun… No volverá a hablarme luego de cómo le grite" Sus pensamientos la deprimieron y su corazón se contrajo haciéndola gemir dolorosamente, el sonido escapo sinuoso de sus labios tan bajo que nadie más que ella podría haberlo escuchado, cerró los ojos dejando que su mente solo se concentrara en la sensación del viento contra su rostro, de las caricias que la naturaleza deseaba regalarle.
La silueta rendida de la chica se dibujaba ante sus ojos, el perfecto rostro marmoleado de su compañera parecía estar contraído por el dolor, un dolor que no era capaz de entender, algo que estaba más allá de su razonamiento.
"Ha estado todo el maldito viaje quejándose" Pensó tensando su rostro, el ligero olor a madera mojada y lavanda inundo sus sentidos, vio la ventana abierta de la carreta donde ella parecía haber dejado volar sus pensamientos.
Delineo con cuidado ese delicado rostro, sus rosados labios entreabiertos dejando escapar suspiros que no podía escuchar, sus ojos perdidos en un punto distante en medio de la oscuridad, por primera vez se digno a mirarla mas allá que una simple niña malcriada, encontrándose con esas delicadas curvas que la marcaban como una mujer.
Se movió con pesadez cerrando sus ojos, las llamas brillaron con intensidad justo cuando reconoció las murallas de su feudo, soltó un nuevo suspiro y se dejo caer totalmente en el asiento, cerrando la ventana y cruzando miradas con su acompañante.
-Llegamos y todavía sigue quejándose- Dijo irritado el pelinegro, su mano apretó el mango de la katana al verla tan vacía, sus ojos parecían haber perdido algo y una sonrisa forzada se dibujo en sus rosados y resecos labios.
-Gomen…- Se disculpo muy bajo, el gruñido del pelinegro la hizo bajar su rostro instantáneamente, sus manos se apretaban y aflojaban entre los pliegues de su largo kimono, intentando en vano relajarse.
-La acompañare a su habitación… Ha esta hora ya nadie está despierto en la mansión- Informo neutralmente, sus ojos siguieron los movimientos frenéticos de las manos de la chica entre las telas, no entendía porque razón parecía siempre tan nerviosa.
-Yo… Puedo llegar sola…- Dijo nerviosa mientras seguía viendo como la seda parecía querer adaptarse a su piel, para que ella pudiera ver sus dedos y calmarse, necesitaba mantener la calma ante él, sabía que el pelinegro no tenía demasiada paciencia.
-Iie…- Negó roncamente mientras lanzaba un manotazo entre las manos de la chica, esta gimió asustada encontrando nuevamente sus ojos perlados con los de él. –Debería dejar de hacer eso…- Dijo autoritario mientras la miraba despectivo intentando comprender el miedo que se reflejaban en esos blanquecinos ojos.
-Go… Gomen…- Su tartamudeo regreso y sus mejillas se sonrojaron al escucharse, no recordaba estar tan asustada, nunca nadie se había atrevido a prohibirle algo, ni siquiera la mas mínima maña que pudiera poseer.
-Deje de disculparse- Comento hastiado cruzándose de brazos, sintió el peso de la katana deslizarse lentamente por su costado, dejando que el peso del arma se perdiera miro fijamente a la ojiblanca, intentando una última vez conseguir una respuesta, solo una de todas las que tenia.
-No… No puedo… Evitarlo- Se explico todavía sin poder separar sus ojos de la oscuridad que se abría ante ella, de esa mirada fría que parecía querer absorberla, borrarla de toda la tierra, llevándola a un lugar donde tal vez, todo sería mejor.
-Qué clase de noble es?- Dijo incrédulo al escucharla admitir abiertamente su debilidad, ella no tenía que darle explicaciones a nadie, ni siquiera estaba obligada a disculparse por nada pero, ella lo hacía, ella hacia todo lo contrario a lo que debía ser su normalidad.
-Yo… Solo soy… Yo- Murmuro bajando su mirada de golpe, la sorpresa que corrió efímeramente por el rostro del pelinegro la perturbo, nunca antes un sentimiento se le había hecho tan nítido como aquella sorpresa, el nuevamente se molestaría.
Gruño exasperado al verla nuevamente de esa forma, degradándose ante él, el que era un simple guardián, la odiaba, odiaba saberla tan sumisa, tan resignada a su destino a todo lo que le ordenaran, ella nunca tendría el valor de desafiar nada de lo que le pidieran.
La carreta se detuvo de golpe, Hinata se sorprendió al escuchar un fuerte golpe más sus ojos se cerraron intentando protegerse, ocultarse de la rabia que parecía fluir libremente por el cuerpo de su compañero, unos fuertes dedos se enrollaron en sus brazos y la jalaron hacia el exterior.
-Vamos- Dijo entre dientes mientras sentía como la suave tela se hundía ante su contacto haciéndole perceptible el hueso de la ojiblanca, Hinata no se resistió ni se quejo, solo se dejo guiar en medio de la oscuridad que era la mansión, confiada y temerosa de su compañero, deseando fuertemente que el solo le gritara, que le pidiera a la fuerza que se sincerara.
Su frustración crecía a cada paso que daba, los pasillos de la mansión estaban en total quietud, sus ojos se fijaron en el cielo dándole a entender que eran casi las 2 de la madrugada, los torpes pasos detrás de si volvieron a irritarlo y la jalo con mas rudeza hundiendo sus dedos hasta unirlos unos con otros todavía sin escuchar ninguna queja.
"Sasuke-kun… Que… Que le pasa" Pensó subiendo su mirada, el agudo dolor en su brazo le molestaba pero, extrañamente no era insoportable de alguna manera le daba seguridad, porque sabía que él no le haría daño, por más molesto que pudiera estar, nunca había lastimado a nadie sin razón.
Llego hasta la habitación de su protegida en cuestión de dos minutos, sus pasos habían sido rápidos y silenciosos, guiando con extrema destreza los torpes y ruidosos de su compañera, un jadeo llego a sus oídos obligándolo a girarse encontrándose con los confundidos ojos de la ojiblanca.
-Sas… Sasuke… Kun- Jadeo intentando erguirse en su posición, la mano del pelinegro seguía bien sujeta en su brazo, todavía presionando y liberando produciéndole constantes descargas de dolor y alivio que solo lograban confundirla más.
-Acaso no piensas reclamarme?!- Dijo perdiendo la escasa paciencia que le quedaba, la confusión se apodero del rostro de Hinata haciéndolo gruñir violentamente. –Soy tu guardián! No tengo el derecho de tratarte así!- Insistió liberando el brazo de la ojiblanca y empujándola ligeramente contra el shoji de la que era su habitación.
-Yo…- Empezó pero su voz se quedo atascada en su garganta al sentirlo tan cerca, ahí estaba nuevamente perdiéndose en esos ojos negros, la ira y la frustración brillaban intensamente en sus pupilas haciéndola temer por sus acciones, porque el, podría decirle algo que la lastimara.
-Usted es una Hyuuga…- Gruño guturalmente tomando con una mano el rostro de la ojiblanca, apretando sus mejillas, viendo como sus ojos temblaban pero, no había temor en ellos, brillaban de una forma deseosa justo como la noche en la que lo había besado.
-Yo… Solo soy Hinata- Murmuro intentando controlar el calor que empezaba a moverse cándidamente por su interior, haciéndola más consciente de su alrededor, haciéndola totalmente indefensa a aquellas manos, a ese cálido roce que la sujetaba con brusquedad, intentando hacerla reaccionar.
-Iie… Usted no es igual que yo- Comento acortando la distancia entre sus rostros, sus ojos intentaban descifrar que era eso que brillaba con tanta intensidad en ella, eso que parecía descontrolarlo.
Hinata se movió con suavidad rozando involuntariamente su cuerpo con el del pelinegro, este gruño y se apoyo más contra ella sintiendo el cálido aliento golpear su rostro, embriagarlo de ese olor tan característico de ella.
-Iie… Yo… Soy como tu- Susurro sintiendo como sus labios rozaron los del pelinegro mientras hablaba, el masculino aroma la envolvió obligándola a cerrar los ojos, solo deseando que el terminara lo que había empezado, solo deseando que el sucumbiera como ella lo hacía.
Sasuke se detuvo unos segundos, estudiando el delicado rostro que se relajo al momento que cerró los ojos, su respiración se hizo más entrecortada, y sus labios se volvieron a abrir rozando ligeramente los suyos, volviendo a tentarlo.
-Kuso…- Gruño muy bajo mientras se apoyaba mas contra el delicado cuerpo de la chica, sintiendo por encima de la seda la silueta de su compañera libero el rostro de la ojiblanca apoyando la mano a un lado de su cabeza apoyando su frente contra la de ella, intentando controlar sus propios impulsos.
Inhalo con dificultad sintiendo como su rostro era liberado y su corazón salto contra sus costillas al sentirlo tan cerca de su rostro, en un contacto tan intimo, lo sintió respirar contra sus labios haciendo que una corriente eléctrica corriera por su cuerpo haciéndola gemir ante la espera.
-Buenas noches- Dijo con dificultad separando su rostro del de Hinata, su cuerpo se negaba a abandonar esa cómoda posición, donde disfrutaba la sensación de ese pequeño y delicado cuerpo brindándole seguridad y confianza, poniéndolo a su nivel, demostrándole que para ella, el solo era un hombre y ella, una mujer, dándole igualdad, una igualdad que él nunca había esperado.
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Que tal quedo? Dejen sus comentarios a ver si subo dos antes de que termine el año, ya que de esta historia si me dio el golpe de inspiración y escribí y escribí y escribí pero voy actualizando poco a poco, la intriga y como se disfruta la historia depende también de cómo se vaya presentando! Estaré esperando sus review ansiosa! Kissus! Nos leemos pronto!
