Ohayo! Esta soy yo con una nueva actualización! Para que vean que el que quiere puede! Ojala sea así para todas las futuras actualizaciones ya que se me acabaron las vacaciones!
Espero disfruten mucho este nuevo capítulo de esta linda historia y recuerden que Kishimoto es dueño de todos los personajes de Naruto los que no aparecen en el anime son de mi creación!
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Cap. X. Tu Deseo por lo Prohibido.
El suave sonido de las aves rompía el silencio que cubría totalmente el dojo, sus ojos se centraron en el ciruelo a unos metros del lugar intentando en vano recuperar la calma. Un ronroneo a su lado la hizo estremecer pero no separo sus ojos del gran árbol que se movía suavemente con las corrientes de aire, el refrescante aroma del otoño inundo sus sentidos aturdiéndola momentáneamente.
-Ya me hablaras?- Una ronca voz sonó a sus espaldas haciéndola soltar un suspiro, giro un poco su cuerpo para encontrarse con la mirada arrepentida de su acompañante.
-No hay razón para dejar de hacerlo- Dijo suavemente intentando mantener la calma, los intensos ojos azules del chico la miraban fijamente haciéndola sonrojar de golpe. –Deja de hacer eso- Se quejo empujando suavemente al rubio, bajo su mirada encontrándose con los verdes ojos de un pequeño gato.
-No estoy haciendo nada- Respondió divertido al ver el rostro rosado de su compañera, la vio negar con suavidad mientras agarraba el pequeño gato grisáceo y lo colocaba en su regazo. –Ino!- Llamo acomodándose en su lugar haciendo que la aludida subiera su mirada.
-No es gracioso Naruto- Se quejo nuevamente sintiendo el ligero ronroneo del animal contra sus piernas, vio como el rubio sonrió y sin permiso tomo al pequeño animal haciéndolo maullar con temor. –Déjalo!- Exigió apoyándose en sus rodillas y extendiendo las manos para intentar alcanzar al indefenso felino.
-No le hago nada- Dijo sonriendo mientras sujetaba fuertemente al gato, procurando no moverlo demasiado al mantenerlo alejado de la rubia. –Si te lo doy me prestaras atención?- Reto mirando fijamente a la chica, esta se congelo y centro sus ojos en del rubio.
La rubia se congelo en su lugar, sus ojos azules no podían separarse de los de su compañero, sintió como su corazón golpeaba fuertemente contra sus costillas y su respiración se entrecorto al sentir el fuerte aroma del rubio chocar contra su nariz.
-Ino?- Susurro el rubio algo preocupado, las facciones de la rubia demostraban lo avergonzaba que se encontraba y sin pensarlo mucho puso al pequeño gato en el suelo y se movió hasta colocar sus manos a cada costado del cuerpo de su compañera.
Sintió el calor acumularse en sus mejillas al tiempo que el aliento del rubio rozaba su rostro, intento retroceder pero una de sus manos se apoyo en una del rubio y asustada se alejo perdiendo el equilibrio.
Naruto se movió con rapidez atrapando el delgado cuerpo de la rubia, la escucho jadear entre sus brazos y empezar a removerse incomoda, el solo pudo sonreír débilmente mientras la colocaba con suavidad en la fría madera.
-Para que quieres mi atención?- Dijo con dificultad, su corazón se había acelerado de tal manera que podía sentir su cabeza dando vueltas, el fuerte y varonil aroma del rubio la ponía demasiado intranquila.
-No le vayas a decir nada…- Murmuro cambiando su expresión divertida a una mucho más seria, el sabía que había cometido un error al confesarle al pelinegro lo que la ojiblanca sentía. –Lo hice sin siquiera pensar bien lo que revelaba- Dijo avergonzado, sus ojos se clavaron en las líneas disparejas de la madera brillante del dojo, vio con asombro como las delgadas manos de la rubia aparecían en su campo de visión y tomaban suavemente su rostro.
-Ella lo beso- Dijo intentando quitarle aquel malestar al rubio, le dolía tanto verlo así, sabía que ambos le tenían mucho cariño a Hinata por lo que comprendía el dolor que debía estarle causando haberle confeso aquello a Sasuke. –No había razón para seguir ocultándolo- Explico sintiendo un escalofrío bajar por toda su columna al encontrarse con la profundidad de los ojos azules de Naruto.
-El ni siquiera tenía idea Ino…- Revelo tomando entre sus manos aquellas siempre suaves, le gustaba mucho sentir la cálida piel de la rubia contra la suya, le daba una sensación de tranquilidad que le encantaba. –No entendía porque ella lo había hecho y porque después se la pasaba con su prometido ignorándolo- Explico al tiempo que su sonrisa se iba ampliando en sus labios confundiendo un poco a la rubia.
-Demo… Porque le molestaba que ella estuviera con su prometido?- Interrogo confundida por el camino que llevaba esa conversación, sabía que no tenía ningún sentido que el pelinegro se molestara por algo que en primer lugar no tenía nada que ver con él.
El rubio abrió la boca pero, no tuvo una explicación para aquella duda, estaba seguro que el pelinegro no sentía lo mismo que estaba seguro sentía Hinata por él, entonces porque razón aquel comportamiento le había irritado.
Una brisa fuerte golpeo sus cuerpos recordándole que pronto caería la noche y ellos no podían permanecer ahí todo el tiempo que Sasuke decidiera tomarse para rechazar a la Hyuuga, aunque fuera una verdadera crueldad.
-Ino…- La ronca voz del rubio hizo que su compañera se sobresaltara obligándolo a reír por lo debajo, se movió un poco para quedar justo frente a la chica viendo como un adorable sonrojo cubría sus mejillas y su nariz obligándola a bajar su mirada. –Porque ya no llevas el cabello suelto?- Soltó con curiosidad viendo como el cuerpo de la aludida se tensaba.
Sus azules ojos brillaron nublados por un sentimiento que se sorprendió no poder leer, el calor en su rostro se negaba a abandonarla y más teniendo tanta atención por parte del rubio que le quitaba el aliento, soltó el aire que sin darse cuenta estaba conteniendo y subió su mirada encontrándola con los ligeros tonos pasteles del cielo.
-No lo sé- Acepto sintiendo la inconformidad correr por el cuerpo del hombre, sonrió débilmente sin apartar la mirada de las nubes que se movían lánguidamente ante sus ojos, otra brisa arrastro los frescos aromas del cambio de estación mezclados con aquel olor tan fuerte que desprendía su compañero. –Solo un día empecé a recogerlo y así ha permanecido desde entonces-
-Te queda mucho mejor suelto- Murmuro sintiendo como un pequeño cuerpo saltaba hasta el regazo la rubia haciendo que su melodiosa risa llenara todo el ambiente, describió lentamente las facciones que se sabía de memoria, desde el primer día que había visto a la rubia. –Deberías dejarlo así- Dijo ampliando su sonrisa y en un rápido movimiento libero la cascada de cabellos dorados que intensificaron su aroma a azucenas turbando un poco sus sentidos.
-Naruto!- Exclamo con un jadeo apretando contra su regazo al pequeño felino que solo ronroneo ante el gesto, sus ojos se encontraron con los del chico viendo como su rostro se había quedado serio con una sonrisa a medio formar. –No hagas tonterías- Regaño empujando levemente al rubio haciéndolo reaccionar de golpe.
-Creo que ha pasado mucho tiempo- Soltó de golpe recordando que ellos se encontraban allí esperando para consolar a la ojiblanca del frio rechazo que seguramente le habría dado el pelinegro.
-Hai…- Acepto la rubia y con un ligero movimiento coloco al gatito a un lado escuchándolo maullar decepcionado, la ronca risa del rubio llamo su atención viendo como él ya había empezado a caminar nuevamente hacia la colina.
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El tiempo parecía haberse congelado, podía sentir la pesada y embriagante respiración del pelinegro chocar contra su rostro, todo su cuerpo reaccionaba a el mucho más intensamente de lo que alguna vez había imaginado, un sonido gutural abandono la garganta del hombre haciéndola jadear automáticamente.
-Que… Que es lo que quieres?- Pregunto apretando su mandíbula, era consciente de como a cada respiración suya aquel frágil cuerpo reaccionaba haciéndole cada vez más difícil el poder controlarse.
-Go…- Se cortó al escuchar un ronco gruñido escapar de la boca del hombre justo cuando él apoyaba su cabeza en el hueco entre su cuello y hombro haciéndola temblar nuevamente.
-No te disculpes- Regaño sintiendo como el cuerpo de la chica se desvanecía entre sus brazos, se dejó caer con ella hasta el frio bambú de aquel pequeño escondite que ella se las había ingeniado para conseguir.
-Sasuke-kun…- Llamo intentando controlar la tonalidad de su voz, sentía que cada palabra que pronunciaba provocaba algo extraño en el hombre que desde hace algún tiempo le robaba el sueño. –Yo…- Se cortó al sentir nuevamente las manos de el cobrar vida apretándola aún más hacia su cuerpo.
-Te lo dije…- Gruño sintiendo la seda áspera a su tacto, sabía que aquel cuerpo era mucho más suave y se regañó nuevamente por pensarlo. –Deja de jugar- Completo separándose con dificultad de la ojiblanca para verla directamente a los ojos.
-Iie- Se quejó sintiendo el calor cubrir su rostro, nunca había tenido el valor de hablarle, nunca se había atrevido a verlo fijamente, siempre durante muchos meses se había limitado a admirarlo desde lejos, preguntándole tontamente a Naruto por el hasta que no pudo ocultarle más sus sentimientos.
El brillo de decisión que apareció en los perlados ojos de la mujer lo confundió, no entendía que era todo aquello, de un día para otro resultaba que la mayor de las hijas del feudal que le había tendido su ayuda gustara de él, no tenía lógica, nunca habían hablado.
-Hiashi-sama…- Murmuro separándose totalmente del cuerpo tembloroso como si lo quemara, era la hija del hombre que lo había rescatado a él y a Naruto, y por encima de eso una mujer comprometida, era una simple misión para él.
-Sasuke…- Susurro la ojiblanca al verlo ponerse de pie de un salto, sus ojos se nublaron sintiendo el rechazo en aquel acto, una de sus manos se extendió delante de si tomando su hakama sintiendo como él se congelaba en su posición.
-Hmp- Un gruñido ronco salió entre sus dientes sintiendo el calor volver a nublar su mente, esa niña malcriada lo estaba confundiendo y el, él era su guardián nada más, no podía haber nada más.
-Hinata-san!- La aguda voz de la rubia irrumpió en el lugar viendo con horror como una sonrojada Hinata se sujetaba a la tela de la ropa del pelinegro, sintió su propia vergüenza atravesarla y con un movimiento rápido libero al pelinegro.
-Teme…- La voz de Naruto fue mucho más baja incrédulo de lo que sus ojos habían visto, podía escuchar el gimoteo de la ojiblanca al tiempo que el pelinegro se apretaba el puente de la nariz intentando relajarse.
-Vamos!- Rugió el pelinegro tomando a Naruto por el brazo, no toleraba aquel sonido, esa voz melancólica sollozando lo ponía intranquilo y alguien debía aclararle que era lo que realmente estaba sucediendo ahí.
La rubia se giró sorprendida viendo como el pelinegro arrastraba a un Naruto confuso al exterior, la brisa fresca de la noche la rodeo dándole a entender que debían irse de ahí, si Hiashi-sama se daba cuenta de la prolongada ausencia de su hija se molestaría demasiado.
-Ino-chan…- Dijo entre sollozos intentando quitarse aquel varonil sabor de sus labios, todavía podía sentir el peso de las manos del pelinegro aferrarse a su cintura y los salvajes besos que le había quitado el aliento, su cuerpo volvió a estremecerse y gimió dejando escapar algunas lágrimas más.
-Hinata-san onegai…- Suplico la rubia intentando poner de pie a la ojiblanca, podía sentirla temblar entre sus brazos, le dolía la intensidad con la que su cuerpo había reaccionado al rechazo del pelinegro. –Tranquilícese onegai- Volvió a suplicar empezando a avanzar fuera de la cabaña de pintura.
Sintió como su cuerpo era llevado a la fuerza fuera de su cabaña, gimió por lo debajo intentando con toda su fuerza tranquilizar la tristeza que aquello le había ocasionado, su cuerpo estaba demasiado pesado y todo se volvió más denso ante sus ojos.
-Hinata-san…- Un murmullo sonó a lo lejos y con dificultad giro su rostro hacia donde sonaba la voz, un remolino en escala de grises apareció ante sus ojos haciéndola gemir y haciendo su respiración más pesada, no sentía sus piernas y sus brazos y poco a poco el sonido el rumor nocturno se fue haciendo más lejano obligándola a dejarse arrastrar por la oscuridad que empezaba a crecer a su alrededor como unos gruesos muros que intentaban asfixiarla, que intentaban apagar lo que ella representaba.
"Sasuke-kun" El rostro del pelinegro apareció ante sus ojos ya cerrados, sus rasgos despiadados la hacían estremecer al tiempo que sus oscuros y vibrantes ojos la atrapaban sumiéndola en la inconsciencia definitiva.
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Apretó un poco más sus dedos alrededor del brazo del rubio para cerciorarse que siguiera ahí, la fresca brisa nocturna intentaba aplacar el calor que todavía recorría su cuerpo, intentando apagar el hormigueo que sentía en los dedos que apretaban posesivamente el delgado cuerpo de su protegida contra el suyo propio, gruño moviendo la cabeza de un lado a otro intentando liberarse de aquel intenso deseo que había liberado la irritable heredera.
Noto el ligero temblor en los dedos que se sujetaban fuertemente alrededor de su brazo, otro gruñido escapo de lo más profundo de la garganta del pelinegro recordándole a un animal herido, suspiro intentando mantener a raya su propia molestia para poder enfrentarse a su amigo.
-Teme que fue lo que paso?- Soltó sin rodeos apretando los puños a cada lado de su cuerpo, el rostro irritado del pelinegro lo hizo fruncir su propio ceño en señal de inconformidad. –Que le dijiste a Hinata-chan!- Exigió sin dejar de mirarlo, vio el cuerpo del pelinegro tensarse ante la mención de la joven mujer y gruño roncamente.
-Desde cuándo?- Soltó irguiéndose totalmente ante el rubio, solo había una pregunta en su mente y era, como esa niña malcriada había empezado a gustar de él, sus ojos despiadados se clavaron en su compañero viendo como su expresión cambiaba de molestia a confusión. –Te he preguntado desde cuando sabes eso de Hinata-san?- Se explicó mordiendo cada nueva palabra que dejaba salir de su boca.
-Eso qué importancia tiene?- Murmuro el rubio relajando sus manos y cruzando sus brazos en el pecho, podía sentir la molestia del pelinegro pero el simplemente la ignoraba.
-Dímelo- Exigió tomando al rubio por la haori, no tenía paciencia para jugar a las adivinanzas, ya el tema de la ojiblanca había colmado su nula paciencia. –Naruto… Dímelo- Ladro roncamente apretando aún más el agarre al ver que el rubio solo lo miraba, sus facciones dejaban ver un sentimiento que el no supo reconocer.
-Como seis meses después de que empecé a ser su guardián- Confeso subiendo sus manos hacia donde el agarre del pelinegro se hacía más fuerte. –Hinata-chan sabe que no debe sentir eso y desde que me lo confeso ha intentado librarse de ese sentimiento- Dijo con cierta tristeza, sus ojos dejaron los del pelinegro y se clavaron en el césped que se movía lentamente por la suave brisa, sintió para su sorpresa como el agarre se iba aflojando hasta que pudo separarse totalmente.
-Ella es una heredera como… Se fijó en un guerrero?- Pregunto entre dientes apretando sus puños a cada lado de su cuerpo, vio como el rubio sonrió tristemente y retrocedió dos pasos subiendo su mirada hacia el cielo estrellado veraniego.
-Créeme que ella sabe eso- Murmuro con cierta impotencia, desde el día que ella le había confesado su irremediable amor por el pelinegro se habían hecho más unidos, era increíble como ella había dejado de ser tan soñadora para ser una dulce compañía. –Y Hinata-chan es solo Hinata-chan… Ella no te considera diferente a ella, simplemente eres un hombre y ella…. Una mujer- Lo último lo dijo dudoso todavía sin apartar su mirada de las brillantes estrellas, las veía titilar en el cielo produciéndole una agradable sensación.
-Siempre me dio curiosidad saber qué fue lo que ella te vio…- Dijo centrando su mirada intensa en el rostro inexpresivo de su amigo, vio la confusión brillar en sus pupilas negras y sonrió sintiendo lastima por su delicada amiga. –Aunque… Debo decir que ella no tiene buen gusto para los hombres- Soltó seguido de una ligera carcajada que hizo que el pelinegro se relajara en su lugar, el rubio solo quería aliviar la tensión que los rodeaba.
Sasuke dirigió su mirada hacia la cabaña de la ojiblanca, el calor corrió pesadamente por su cuerpo reclamándole la distancia que ahora había entre él y el pequeño cuerpo de aquella mujer, gruño intentando quitarse aquellas sensaciones justo cuando vio la silueta de la rubia avanzar rápidamente por el pequeño puente, olía a miedo y tocando el hombro del rubio empezó a avanzar inconscientemente hacia ella.
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Sintió el peso muerto de la heredera y sintió una ola de terror correr por su cuerpo, el perfecto rostro de la chica se había relajado dándole paso a su tranquila expresión de cuándo dormía.
-Hinata-san…- Murmuro todavía sosteniendo la cabeza de la ojiblanca al tiempo que la dejaba acostada en el césped, sus manos aplastaron la fría hierba haciéndola estremecer, no podía dejar mucho tiempo aquel delicado cuerpo ahí tendido.
"Sasuke…" Pensó de inmediato, el pelinegro debía seguir cerca, él nunca estaba en la mansión sino que prefería recorrer los jardines y ahora casi siempre se la pasaba en el dojo.
Se puso de pie con dificultad y retorció su cabello en su mano para hacer un suave nudo para que su cabello no le entorpeciera la visión, sus músculos se tensaron ante la adrenalina que corría por sus extremidades y empezó avanzando dos pasos acelero hasta empezar a correr hacia el dojo de la mansión.
El aroma refrescante del final de verano parecía irreal al sentirlo chocar contra su kimono y su rostro, solo sentía real el miedo que corría por su cuerpo de saber que la ojiblanca estaba desmayada.
-Ino…- Escucho un gruñido ronco llegar de todas las direcciones justo cuando sus ojos se encontraron con unos intensos ojos negros obligándola a detenerse antes de chocar con aquel duro cuerpo.
-Ino-chan- La nerviosa voz del rubio la hizo girarse hacia él y de golpe recordó a la durmiente ojiblanca a unos metros de ella, avanzo hasta el rubio y lo tomo de la manga empezando a jalarlo en la dirección de la cual venia.
-Hinata-san…- Murmuro sintiendo sus manos temblar, el cálido roce de la mano del rubio la sorprendió haciendo que nuevamente sus ojos se quedaran fijos en esos intensos ojos que intentaban tranquilizarla.
El pelinegro gruño y se separó de los rubios, el reconocía el olor de la ojiblanca en medio de todos los olores del verano, la lavanda estaba un poco más amarga como si se hubiera mezclado con el roble y la canela haciéndolo apretar sus puños.
"Kuso.." Maldijo internamente empezando a caminar hacia donde provenía ese aroma, era el suyo mezclado perfectamente con el siempre delicado aroma de la mujer, el deseo se intensifico al encontrarla acostada en medio del césped, y avanzo dando largas zancadas hasta quedar junto al cuerpo.
-Sasuke!- Gruño el rubio tomándolo por los hombros, su fría mirada se encontró con la expectante mirada azul de su amigo. –Deja que yo la lleve- Pidió agachándose y tomando aquel frágil cuerpo entre sus brazos, el rostro tranquilo de la mujer descanso sobre el pecho desnudo del rubio haciendo que una molestia se extendiera rápidamente por el cuerpo del pelinegro.
-Hinata-san es mi protegida- Gruño entre dientes el pelinegro cortándole el paso al rubio, vio la confusión bailar en la clara mirada de su amigo y extendió sus brazos tomando la cintura de la delgada mujer. –Soy yo quien debe llevarla a su habitación- Concluyo al encontrar resistencia en los brazos del rubio que apretaron más el cuerpo de ella.
-Tal vez es tu culpa que este así- Comento el rubio sin apartar su mirada del pelinegro, vio la rabia marcar sus siempre tranquilas facciones y retrocedió un paso apartando las manos del pelinegro de aquel frágil cuerpo.
-Es mi responsabilidad- Gruño avanzado el paso que el rubio había retrocedido pero esta vez tomándolo a él por el hombro. –Tú no tienes siquiera que preocuparte- Dijo clavando sus dedos en el hombro que tenía preso viendo como una mueca de dolor hacia que el rubio apretara su boca.
-Es mi amiga!- Dijo indignado intentando romper el fuerte agarre del pelinegro, su mirada todavía seguía clavada en él, sin poder contener la furia que se dejaba ver brillar en esos oscuros ojos. –A ti que te importa!- Grito moviéndose bruscamente para separar los peligrosos dedos del pelinegro de su hombro, estaba haciéndole daño en serio.
Sasuke iba a responder justo cuando un ligero gemido escapo de los rosados labios de la mujer en cuestión, sus ojos se clavaron en ella viendo como su rostro cambio de uno tranquilo a uno adolorido, vio cómo su rostro se apoyó aún más contra el pecho desnudo del rubio donde sus rosado labios rozaron aquella piel causando un estremecimiento en su amigo.
-Suéltala- Dijo roncamente el pelinegro arrancando de brazos del rubio el liviano cuerpo, aprovecho la confusión que aquel roce había causado para tomarla en sus brazos. –Es mi responsabilidad… No lo olvides- Soltó amenazante sin dejar de ver el rostro de la heredera.
El rubio apretó sus puños irritado y soltó un ronco gruñido justo cuando iba a lanzarse sobre el pelinegro una pequeña silueta se puso delante de él llenando sus sentidos con el suave olor a azucenas relajando sus emociones automáticamente.
-Detente- Murmuro la rubia colocando sus manos en el pecho desnudo del rubio, una corriente eléctrica corrió por sus manos llenándola de vergüenza, sus ojos buscaron los de su compañero que la veían con curiosidad. –Vamos a buscar ayuda para Hinata-san- Continuo intentando hacer retroceder al rubio dos pasos.
-Demo…- Iba a reclamar pero vio como los azules ojos de su amiga brillaron con preocupación y derrotado bajo sus puños separando su cuerpo del cálido contacto de la rubia. –Teme… Ni creas que esto se queda así!- Gruño dándose la vuelta y subiendo sus manos hasta colocarlas detrás de su nuca.
"Baka" Pensó divertido el pelinegro, la molestia había desapareció justo en el momento que sintió el aliento de la chica chocar débilmente contra su haori, podía sentir el deseo recorrer su cuerpo pero estaba decidido a relegarlo a un último plano, su misión estaba primero.
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Su mirada paseo nuevamente por su comedor viendo la preocupada mirada de sus dos hijos presentes, los veía mirar fugazmente la entrada principal esperando la llegada de su siempre descuidada hermana.
-Otosan…- Una aguda voz sonó muy cerca de su cuerpo al tiempo que una pequeña mano jalaba un poco su yukata. –Onee-san nunca se demora tanto- Confeso removiéndose en su lugar intranquila, sus largos dedos todavía se sujetaban firmemente a su yukata.
-Neji…- Llamo haciendo que el castaño menor saltara en su posición y se girara automáticamente a verlo. –Busca a Hinata…- Ordeno, el castaño menor asintió y se acercó al shoji que lentamente se deslizo para dejar salir al primogénito de la familia Hyuuga.
-Gomenasai- La suave voz de la rubia dejo escapar un gemido de sorpresa al tiempo que se dejaba caer en reverencia ante el mayor de los hermanos Hyuuga. –Hiashi-sama…- Llamo sin levantar su mirada, sintió como el castaño menor le dio unas palmaditas en el hombro indicándole que podía erguirse.
-Donde esta Hinata?- Soltó el patriarca clavando su fría mirada en la rubia que apretó sus labios y soltó un suspiro contenido y girándose totalmente hacia el clavo su mirada en su gran emblema que colgaba en el pecho.
-Ella se encuentra mal Hiashi-sama…- Confeso apretando sus manos en su regazo intentando darse fuerza para decir lo que nunca pensó que diría. –Creo que se encuentra enferma- Mintió sintiendo su corazón golpear contra su pecho ante el nerviosismo.
-Nani?!- Dijo exasperado el castaño poniéndose de pie y arrastrando consigo a la menor que seguía colgada de su yukata. –Es imposible! Estaba bien hace algunas horas- Agrego deteniéndose justo frente a la rubia que se inclinó aún más en su posición intentando regular su respiración.
-Otosan…- La siempre monocorde voz del único hijo hizo estremecer a la rubia que se encontraba inclinada, esperando su castigo. –Recuerda que llego hace poco de otras tierras, es posible que mi imoto haya enfermado- Dijo razonablemente retrocediendo dos pasos, un sonido muy bajito capto la atención de la rubia que subió su mirada hacia esos profundos ojos perlados que le indicaban que se apartara de la entrada.
-Gomen Hiashi-sama- Se disculpó sintiendo el calor acudir a sus mejillas y en un grácil movimiento se retiró de la entrada quedando a un paso del castaño menor, sus ojos se encontraron con los asustados de la hermana menor y el remordimiento golpeo su cuerpo sin compasión.
-Donde esta Sasuke-kun?- Interrogo el patriarca dirigiendo su mirada a la rubia que inmediatamente la aparto y bajando su rostro suspiro para empezar a hablar.
-Sasuke se encuentra cuidando de Hinata-san… El me ayudo a llevarla a su habitación- Dijo, unos segundos pasaron en silencio, segundos que ella sentía un agudo pitito golpear sus oídos mareándola un poco, nunca pensó que llegaría mentirle a ese imponente hombre.
Un cálido contacto en su hombro la hizo salir de sus pensamientos y sus ojos se encontraron con unos perlados intensos que le dieron la confianza de removerse un poco y relajar la postura que empezaba a hacerle doler la espalda.
-Ino-chan viste si Hinata tenía fiebre o algo similar?- La voz de terciopelo choco contra su rostro invadiendo sus sentidos y perdiéndose momentáneamente en aquellos ojos que la miraban intensamente.
-Iie…- Confeso bajando su mirada, sabía que era una mentira por lo que no tenía que comprobar ninguno de esos síntomas más sin embargo se sintió culpable de no hacerlo igualmente. –Gomen Neji-sama…- Se disculpó haciendo una reverencia y escuchando un suave bufido de inconformidad salir de los perfectos labios del Hyuuga.
-No te preocupes- Soltó al tiempo que se volvía a poner de pie, el cuerpo de la pequeña rubia se encogió en su lugar una pequeña sonrisa traicionera adorno sus labios y se giró para quedar justo frente a la chica. –Vamos Ino-chan…- Invito viendo como la joven mujer subía su mirada incrédula y un rosado pálido cubrió de golpe todo el puente de su nariz.
-Hai Neji-sama…- Murmuro confundida, él siempre la había tratado con mucho respeto pero asociaba eso al hecho de que siempre estaba en compañía de la ojiblanca que siempre había sido apegada a ella pero, ellos ahora estaban solos en una de las habitaciones de la gran mansión Hyuuga.
"Solos" Repitió aquello girando su rostro al ver que efectivamente estaban solos dentro de aquella habitación, se puso de pie de manera nerviosa viendo como el siempre tranquilo rostro del castaño la miraba intensamente.
-Gomen…- La ronca voz de Naruto inundo todo el lugar haciendo que en el pecho de Ino el corazón se congelara, bajo su rostro intentando esconder el calor que sabía cubría sus mejillas y avanzo un paso más hacia el castaño.
-Gonbawa Naruto-kun- Murmuro tranquilamente el castaño avanzando dos pasos hacia el rubio que acababa de aparecer. –Sasuke-kun se encuentra con Hinata-san…- Comento mirando de reojo como la mujer se acercaba nuevamente a él obligándolo a suspirar levemente.
-Iie… Vine a buscar a Ino-chan…- Confeso haciendo que la aludida subiera su rostro y lo mirara fijamente, su rostro de un ligero rojo brillaba por la confusión de lo que acababa de decir haciendo que un bufido inconforme escapara de los labios del recién llegado. –La necesitan en el comedor- Explico desviando su mirada, le incomodaba aquella actitud que ella siempre tenía cuando el mayor de los hermanos estaba cerca.
-Gomen demo… Ino-chan debe ir conmigo donde mi imoto- Su voz sonó más tensa que la primera vez causando un escalofrío recorrer el cuerpo de la única mujer presente. –No podemos esperar más- Dijo girando su rostro a la rubia que asintió y empezó a caminar hacia el oscuro pasillo dejando atrás a ambos hombres.
-Sumimasen Neji-sama…- Murmuro el rubio y se giró en la dirección opuesta sintiendo la incomodidad de haber tenido que intervenir al ver que la rubia y el hijo mayor de los Hyuuga no salían de la habitación.
-Naruto-kun…- La aterciopelada voz del castaño lo detuvo a unos pasos de distancia, su cuerpo se puso rígido como cuando estaba ansiando una pelea, apretó y aflojo sus puños intentando mantenerse tranquilo durante los eternos segundos que transcurrieron en silencio. –Olvídalo- Dijo al final el castaño cerrando con más fuerza de la normal el shoji y empezaba su marcha por el camino que anteriormente había tomado la rubia.
"Kuso…" Pensó impotente el rubio apretando fuertemente sus puños, desde que tenía memoria la rubia siempre estaba igual cuando el castaño aparecía y él siempre había intentado mantenerlos separados, no podría soportar que ella sufriera, nunca lo permitiría.
Avanzo dos pasos más escuchando el murmullo del gran comedor que los trabajadores de la mansión tenían para ellos, avanzo otros dos pasos sintiendo la claridad de las lámparas de aceite golpear sus ojos que no se había percatado había cerrado.
-Naruto-kun…- Una suave pero siempre enérgica voz llego a sus oídos haciéndolo abrir los ojos de golpe encontrándose con unos brillantes ojos preocupados, la chica sonrió levemente todavía sin desviar la mirada.
-Sakura-chan…- Soltó entre dientes viendo como ella ampliaba su sonrisa obligándola a cerrar los ojos. –Demo… Que haces por acá?- Interrogo al darse cuenta que la comida había sido servida hace algunos minutos y él todavía estaba a dos shoji de distancia.
-Los estaba buscando a Sasuke-kun a Ino-chan y a ti- Confeso retrocediendo dos pasos pero sin dejar de ver al rubio. –Supe que Hinata-san tampoco había llegado al comedor familiar y me preocupe- Murmuro desviando su mirada hacia algún punto específico del amplio jardín.
-Hai…- Dijo distraídamente mientras se cruzaba de brazos, él era quien le había dado esa idea a la rubia y debía ponerla en práctica.-Al parecer Hinata-chan se encuentra enferma, Sasuke e Ino-chan se encuentran con ella en su habitación- Concluyo avanzando un poco más rápido pasando el delgado cuerpo de su acompañante.
-Demo… Es algo grave?- Murmuro la pelirrosa algo contrariada, tenía demasiado tiempo sin escuchar que alguno de los hijos del feudal se enfermara e inmediatamente una oleada de temor la inundo.
-Supongo fue el cambio de ambiente…- Reconoció encogiéndose de hombros, mordió la frase que quiso escapar antes de que alguien más supiera de ese desastroso episodio. –Hinata-chan es fuerte!- Dijo cambiando su tono a uno más relajado y tomando a la pelirrosa del brazo la arrastro con el hacia el amplio comedor.
"Luego podre hablar con Ino-chan" Se auto convenció recordando que la rubia ahora se quedaría en la habitación de la ojiblanca, si estaba enferma lo más lógico era que se quedara su ayudante. "Y el teme.." Reconoció agitando su cabeza de un lado a otro, nunca hubiera imaginado que esa situación se complicaría hasta ese nivel.
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Que tal quedo? Espero que les haya gustado! Ya empezó lo bueno, si entienden a lo que me refiero jajajajajaja… Espero sus reviews con muchas ansias! Debo saber que llevo una buena línea con la historia aunque ya tengo muchos capítulos adelantados! Kissus nos leemos pronto! Espero!
