Cap. XII. La Fiesta de Cumpleaños.
Apretó el mango de su katana inconscientemente, sus ojos se posaron discretamente en la silenciosa figura en medio de la cabaña, estaba concentrada en una de sus pinturas sin terminar, la vio morder su labio inferior mientras tamborileaba el pincel contra su mejilla.
Era el primer día en una semana y media que ella salía de su habitación por lo que casi de inmediato había corrido hacia su pequeño pero tranquilo refugio, él ya se había hecho a la idea que los días siendo guardián de esa joven serían mucho menos molestos que con la hermana menor.
Sonrío prepotentemente al ver como ella se sonrojaba al ser descubierta clavando su mirada en él, bufo fingiendo molestia y rompiendo el contacto visual se centro en el dojo donde solía entrenar dándose cuenta que desde esa cabaña tenía una vista perfecta de aquel lugar.
"Fue así" Se dijo al darse cuenta que ella todos los días que subía a pintar algún paisaje probablemente en alguna distracción como la que había tenido hacia unos segundos lo haya visto entrenar y de esa manera fue que empezó a gustarle.
-Sasuke-kun…- La suave y sumisa voz de su protegida lo saco de sus pensamientos, se giró para ver a la delgada mujer apretar sus manos nerviosas frente a sus piernas y no poder mantenerle la mirada. –Debo… Debo ir al santuario…- Dijo con dificultad subiendo su mirada sonrojada, el pelinegro asintió viendo como ella le devolvía el gesto al tiempo que mordía su labio inferior.
La delgada silueta de movió ágilmente entre los cojines y la mesa para empezar a guardar todos sus oleos y dejar los pinceles en limpiador hasta el día siguiente, la veía sonreír infantilmente al mirar alguna pintura ya terminada y suspirar al pasar junto a algunas que no había podido terminar por razones desconocidas para él.
Sus níveas manos recorrieron su cabello brillante colocándolo sobre su hombro, dejando su pálido y largo cuello al descubierto, brillaba intensamente contra aquella seda lila del que estaba hecho su kimono, la vio detenerse en la entrada de la cabaña y girarse para verlo, su mirada demostraba la ansiedad que sentía al mantenerle la mirada y entendió que ella quería que bajaran juntos.
-Sabe que puede ir sola al santuario- Explico al llegar de un salto a la posición donde se encontraba la ojiblanca, esta asintió avergonzada empezando a caminar, un suspiro satisfecho escapo de sus rosados labios confundiéndolo levemente.
-No me gusta ir sola- Confió dejándose acariciar por la fría brisa del final del verano, vio de reojo como el pelinegro asentía y se cruzaba de brazos, sus ojos estaban fijos en un punto lejano como siempre que estaba con él, eran más silencios los que los acompañaban que cálidas conversaciones pero, extrañamente ella lo prefería así.
-Hanabi-san estará ahí?- Pregunto sin saber muy bien porque quería escucharla hablar, en la semana que había pasado ella se había dedicado a permanecer en silencio a su lado y aunque no le molestaba le parecía extraño que se hubiera distanciado tanto luego de demostrar todo lo contrario.
-Hai… Hanabi-chan siempre me acompaña en mis rezos- Dijo sintiendo como su corazón se aceleraba, era la primera vez que él le preguntaba algo y eso la había alegrado a un punto que no sabía que existía. –Como dije no me gusta estar sola…- Repitió apretando levemente sus manos sobre la fresca seda que se deslizaba suavemente por su cuerpo.
-Hmp- Gruño sintiendo como aquel delgado cuerpo se agito ante lo último que había pronunciado, era extraño que fuera ella la más delicada de los tres hermanos, siempre la había visto como la más altanera por ser la que menos ordenaba en la mansión y siempre distante le daba la impresión de que era una mujer engreída, muy lejos a lo que le había demostrado en el tiempo que tenía siendo su guardián.
-Siempre…- Empezó pero se cortó deteniendo su marcha, sintió el movimiento del pelinegro detenerse delante de ella, su varonil aroma la inundo obligándola a suspirar suavemente. –Otosan siempre ha dicho que yo no parezco una Hyuuga- Murmuro apretando la delicada seda entre sus puños, no sabía muy bien que la había motivado a decir aquello pero lo dijo, sin pensar demasiado.
Se alegró de que la mujer tuviera la mirada gacha, no quería tener que explicar que esa confesión lo tomo totalmente desprevenido como si respondiera una pregunta que todavía no se había formado en su mente, el aroma de la Hyuuga se había hecho algo común para él ya podía sentirlo en todo su sistema sin perder el control del deseo que todavía le producía.
-Gomen yo…- Empezó sintiéndose totalmente avergonzada de haberle dicho eso al pelinegro, el silencio que los inundo le dio a entender que el realmente no estaba interesado en decirle nada con respecto a lo anterior y solo atino a disculparse nuevamente con él. –No se… Porque lo dije- Se disculpó haciendo una ligera reverencia y sin ver al pelinegro paso a su lado casi corriendo.
La agitación en la respiración de la mujer lo despertó de sus divagaciones y vio el delgado cuerpo pasar junto a él y sin pensarlo mucho la detuvo apretando su brazo, sintiendo como ella se estremecía al sentirlo aún por encima de la siempre fría tela, se sintió satisfecho al ver que los días no habían afectado su reacción ante él y centro sus ojos en los sorprendidos de ella.
-Hiashi-sama alguna vez comento que usted era el vivo retrato de su difunta esposa- Dijo recordando una conversación que por error había escuchado hacía ya muchos meses atrás, una conversación sobre como entregar la dote de la mujer que tenía justo frente a él, temblando por su contacto y por el miedo que parecía cubrirla siempre que se mencionaba a su padre. –Debe sentirse orgullosa de ser una Hyuuga- Concluyo liberándola del agarre, vio como automáticamente las facciones de la mujer se oscurecieron dejando pasar un sentimiento de decepción.
-Sasuke-kun se sentiría satisfecho y orgulloso si no pudiera siquiera opinar sobre su propia vida?- Interrogo sin dejar de verlo fijamente, vio un rayo atravesar su estoica mirada pero fue tan rápido que no supo que sentimiento le causo aquello que le había dicho. –Cree acaso que mi Nii-sama está satisfecho? O que Hanabi-chan vaya a seguir actuando igual cuando la cambien por una propiedad?- Sintió la frustración correr por su cuerpo y acumularse rápidamente en sus ojos todavía sin perturbar la mirada de su oyente.
-Cree que es más fácil tener la libertad pero no tener los recursos?- Se sorprendió al verse contestando aquel debate que ella parecía saberse de memoria, lo que siempre ensombrecía su tranquila mirada. –Vivimos en un mundo injusto entonces- Concluyo cruzándose de brazos al ver que la mujer no tenía como refutar su pregunta sintiéndose extrañamente molesto por no haber recibido una respuesta.
-Iie…- Soltó desviando su mirada, el ligero chapoteo de sus peces la relajo un poco, se sentía frustrada ese hombre creía que era mejor no tener control de ti mismo mientras tuvieras una posición cómoda en la sociedad. –Nos resignamos a vivir así- Bajo su mirada sintiendo un nudo alojarse en su garganta, nuevamente su idea de escapar se hizo latente pero, como podría hacerlo? Ese hombre se negaría a dejarla partir y probablemente la encontrara demasiado rápido.
-Huir no es una solución viable- Dijo roncamente al reconocer la expresión que tomo posesión de las facciones de la mujer, la vio tensarse y apretar ligeramente sus puños, mordió sus labios y la vio negar débilmente un gimoteo contenido le dio a entender que estaba llorando.
-Lo se…- Dijo entrecortadamente, la rabia corrió por su cuerpo causándole indignación y giro todo su cuerpo para quedar frente a un sorprendido Sasuke, lo miro directo a los ojos y apretó sus puños aún más a cada lado de su cuerpo. –Tu no me dejarías llegar muy lejos- Confeso sintiendo sus lágrimas recorrer velozmente sus mejillas, subió su mano para limpiárselas con la seda, no podía llegar con esa apariencia delante de su madre.
-Tiene razón- Acepto viendo como ella limpiaba furiosamente las lágrimas que no parecían querer dejar de fluir, sintió la incomodidad volver a correr por su cuerpo como tenia días sin sentirla. "Siempre que hablamos de algo es que me siento así" Razono al percatarse que el tenía esa reacción siempre que debatía algo con aquella malcriada mujer, puede que fuera más delicada y torpe que sus hermanos pero, seguía siendo una niña malcriada e irritantemente sensible.
Ella asintió y se giró en un movimiento elegante, la vio subir el rostro y lanzar de un solo golpe su brillante cabello hacia atrás cubriendo la nívea piel de su cuello, su marcha empezó siendo lenta pero segura, cuando logro colocar unos pasos de distancia entre ellos la vio avanzar con más rapidez, era hora de dejarla sola.
"Estará toda la tarde en el santuario" Se dijo cruzándose de brazos y dirigiendo su mirada hacia el dojo, la fría brisa acaricio su rostro invitándolo a estirar sus músculos, sonrió al darse cuenta que tenía muchos días sin entrenar como a él le gustaba.
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La habitación estaba totalmente en silencio, fresca como cada vez que entraba a cambiar las flores, suspiro algo incomoda al tomar el hermoso florero de cristal que brillaba intensamente como siempre que lo movía para limpiarlo.
"Deben estar por llegar" Se dijo mientras salía al pasillo del jardín y dejaba caer la poca agua que quedaba dentro del florero, se arrodillo para limpiarlo suavemente, saco un paño que descansaba en medio de una cubeta más ancha que alta y exprimiéndolo en la tierra del jardín paseo sus dedos por el fino cristal delineando alegremente los tallados de lirios, la flor favorita de la mujer.
Dos pares de pasos corrían rápidos hacia ella, uno más ligero parecía llevar ventaja mientras el más pesado parecía indeciso de querer alcanzar realmente a la primera persona, sonrió para si al reconocer exactamente de quienes se trataba, desde el cambio de guardianes toda la mansión se llenaba con aquellos correteos infantiles.
-Hanabi-san onegai- Se escuchó la lamentable suplica del hombre al tiempo que los ligeros pasos rápidos se detenían junto a la rubia que se giró para ver la triunfal sonrisa de la castaña que se cruzaba de brazos y giraba su vista en la dirección que seguramente venia llegando Naruto.
-Iie… No quiero trabajar con arcilla hoy- Refuto moviendo su rostro de un lado hacia el otro. –Además que debo estar con mi Onee-san- Agrego al ver llegar a un rubio con una expresión bastante lamentable lo cual la hizo ampliar su sonrisa de victoria.
-Onegai… Hiashi-sama me regañara si sabe que tienes toda la semana sin trabajar con ella- Pidió nuevamente el rubio arrodillándose ante la pequeña niña, no comprendía como Sasuke había tolerado aquel torbellino durante tanto tiempo. –Onegai- Suplico inclinándose totalmente ante la castaña, sintió un movimiento nervioso frente a su rostro y luego el escaso peso de la niña caer frente a él.
-No hagas eso!- Dijo avergonzada la castaña tomando el rostro del rubio para que lo levantara, ella odiaba que los guerreros se inclinaran de aquella manera. –De acuerdo mañana trabajare con arcilla demo… No vuelvas a arrodillarte así- Completo incomoda cruzándose de brazos y girando su rostro hacia el interior del santuario.
-Arigatou Hanabi-san!- Grito feliz el rubio envolviendo fuertemente el pequeño y delgado cuerpo de la castaña que gimió asustada intentando liberarse de aquella muestra excesiva de cariño.
-Naruto suelta a Hanabi-san- La suave y cantarina voz de la rubia lo hizo obedecer de inmediato dejando a un lado el cuerpo tembloroso de la pequeña que agitaba compulsivamente el rostro de un lado a otro intentando hacer desaparecer su sonrojo. –No está acostumbrada a tales tratos- Explico viendo como era el rubio ahora el que se coloreaba sutilmente.
-Gomen…- Murmuro dirigiéndose a la castaña y se inclinó rápidamente. –No volverá a pasar Hanabi-san…- Prometió viendo como la pequeña hacia un puchero y entraba a grandes zancadas al santuario.
-No te lo está haciendo fácil cierto?- Comento divertida la rubia al percatarse que la castaña estaba lo suficientemente lejos, sintió al rubio asentir a su lado y se giró para verlo totalmente. –Sasuke era muy estricto con ella y ni pensar si corría por la mansión- Recordó los primeros meses de la pequeña con el pelinegro.
-No sé cómo tuvo tanta paciencia- Dijo sorprendido al reconocer que aquella niña era realmente un torbellino ambulante. –Ano… Hinata-chan todavía no ha llegado- Se percató al ver que la rubia colocaba tranquilamente los lirios frescos en el florero de cristal.
-Iie… Debe estar por llegar- Dijo acomodando suavemente las flores, le encantaba la sensación de las húmedas hojas rozar sus dedos y la aterciopelada sensación de los pétalos cuando los movía para darles una dirección especifica. –Estaba ansiosa por ir nuevamente a su cabaña- Ella también compartía esa felicidad, en algún momento de su amistad los placeres de la ojiblanca se habían vuelto los placeres de ella misma.
Se contuvo de comentar algo al ver como la rubia se ponía de pie en un prolijo movimiento, un kimono verde pastel con flores de muchos colores resaltaban su rosada piel y combinaba perfectamente con su largo cabello que ella se empeñaba en esconder detrás de peinados elaborados donde se lo trenzaba todo y ni un rebelde mechón podría escapar así tuviera voluntad propia.
-Naruto-kun…- Sonrío al escuchar su nombre en aquella siempre alegre pero sumisa voz, se giró viendo como ella algo sonrojada le sonreía tiernamente. –Tenia días sin verte- Reclamo avanzando los dos pasos que los separaban demasiado.
-Hanabi-san me ha tenido ocupado- Confeso revolviendo nerviosamente su cabello, una sensual risa escapo de su boca embobándolo momentáneamente, un fuerte aroma lo puso a la defensiva cosa que corto la risa de la mujer inmediatamente.
-Nii-sama…- Murmuro la ojiblanca inclinándose un poco al ver al castaño por aquella parte de la mansión, sus manos descansaban dentro de las mangas largas y gruesas de su yukata veraniega de un tono azul oscuro con un sobrio diseño. –Necesita algo?- Se apresuró a preguntar, él nunca iba para allá a menos que necesitara algo de ella.
-Hinata…- Murmuro avanzando hacia su hermana menor, frunció levemente el ceño al ver que el rubio no se movía ante su inesperada aparición. –Ohayo Naruto-kun- Saludo haciendo que el aludido reaccionara y se inclinara agradeciendo el saludo.
-Neji-niisama?- La aguda voz de la menor de los hermanos llego hasta ellos, obligándolos a girarse y ver a la pequeña sujetando la mano de la rubia que se sonrojo y se separó causando un gruñido de protesta en la niña. –Que haces por aquí?- Soltó haciendo un pequeño puchero al ver que sus dos hermanos mayores se habían quedado congelados al verla tratar de aquella manera tan fraternal a la rubia.
-Vine a acompañarlas en sus rezos- Revelo por fin liberando el aire que extrañamente había contenido, vio como la pequeña castaña asintió volviendo a desaparecer en el interior de la amplia habitación.
-Nii-sama que agradable sorpresa- Soltó la ojiblanca haciendo una pequeña reverencia, vio como el mayor asintió y empezó a caminar lentamente al interior del santuario al tiempo que la rubia hacia una reverencia dándole paso y quedando codo a codo con la ojiblanca.
-Neji-sama nunca viene al santuario- Murmuro la rubia viendo como la ojiblanca asentía también algo extrañada de aquella inusual aparición. –Cree que…- Se cortó al ver la advertencia brillar en los ojos perlados y verla negar débilmente, la rubia asintió y retrocedió dos pasos hacia un Naruto todavía sorprendido de ver aquella interacción tan poco apreciada de los tres hermanos.
-Ah Ino-chan…- Hablo finalmente el rubio girándose hacia la aludida. –Sakura-chan me estaba preguntando si ya tienes la comida toda lista- Comento viendo como la rubia sonreía y asentía recuperando su expresión alegre.
-Hai… Sasuke-kun quisiera que después de tantos años en algún momento se nos olvidara- Dijo burlescamente la rubia tomando del brazo a Naruto y enrollándolo para empezar a alejarse.
-Esta vez sí creo que se enfadara mucho más- Comento entre risas casi saboreando la reacción que tendría el pelinegro, era ya una tradición ver que tan amargado se podía poner al saber que ellos organizarían este año un gran banquete en su honor.
"Es verdad… Hoy es el cumpleaños de Sasuke-kun" Reflexiono la ojiblanca sintiendo su corazón chocar contra sus costillas de manera irregular, un suspiro de decepción escapo de sus labios al tiempo que deslizaba el shoji para quedar dentro de aquel maravilloso pero melancólico santuario.
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El agua cayo caliente sobre sus músculos que se relajaron agradeciendo el contacto, sacudió su rostro dejando que algunas gotas bajaran desde su cabello escuchando el ligero tamborileo de las mismas contra el bambú.
"Ha pasado mucho tiempo" Pensó para sí limpiando distraídamente los restos de tierra y sudor que se adherían a su pálida piel, el pasar del tiempo no había disminuido la sensación de vacío que una guerra que ahora parecía un sueño borroso le había dejado.
El agua corría lentamente por el bambú causando un gorgoteo rítmico que lo invitaba a olvidar, el ligeros rayos naranjas se colaban por las ventanas del baño privado dejando a su paso diminutas columnas de partículas que flotaban a su alrededor, suspirando se dejo caer otra cubeta de agua caliente sobre su cuerpo.
"Kuso…" Maldijo bajando su rostro, fijo su mirada en las gotas que caían una tras otra entre sus pies uniéndose a la corriente que desaparecía en medio del bambú frio, la impotencia recorrió su cuerpo, él no hubiera podido hacer nada igualmente, era tan solo un niño, un niño que lo que necesitaba era sobrevivir.
"Bajando mi cabeza ante el hombre que me salvo" Reflexiono poniéndose de pie y tomando la yukata para salir de aquel lugar, sus ojos se concentraron en el cielo rosado y naranja que indicaban que ya pronto moriría el día y con él los peores recuerdos que cualquier persona podría tener.
Marcho lentamente disfrutando casi de manera obsesiva del fresco olor a verano, le gustaba la sensación de los primeros vientos nocturnos sobre su piel húmeda, le erizaba la piel y secaba sus cabellos llevándose también los pensamientos que rara vez lo abandonaban.
Deslizo sigilosamente el shoji dejando que un relajante sonido llenara toda la oscura habitación, suspiro cerrando detrás de sí y el mismo sonido envolvió sus oídos, dejo caer la yukata en un movimiento rápido y tomo otro más grueso de un brillante color negro, el borde de toda la yukata estaba decorado de un blanco perlado y como todos los años tomo la gargantilla que había salvado en su huida, la gargantilla que lo identificaba como un miembro de un clan guerrero, el clan Uchiha.
"Otro año más que he logrado sobrevivir" Pensó sintiendo nuevamente la incomodidad moverse lentamente por su cuerpo, recordando extrañamente el fresco aroma a lavanda que caracterizaba a su protegida, un suspiro de deseo contenido escapo de sus labios al tiempo que unos ligeros toques lo hacían gruñir por saberse interrumpido en sus meditaciones.
-Ne Sasuke vamos a cenar- Llamo la siempre alegre voz del rubio, su sonrisa se amplió al ver el ceño fruncido de su amigo que siempre lo miraba con incredulidad ante ese comportamiento. –Vamos no seas tan amargado, es solo una cena- Dijo distraídamente haciendo que un presentimiento de catástrofe vibrara en cada célula de su piel.
-Dobe…- Llamo ácidamente al ver que el rubio parecía más feliz de lo normal, sintió un punzante dolor en el lado derecho de su cabeza y un gruñido amenazante escapo de su boca. –Que has hecho?- Interrogo entendiendo que el rubio jamás se había inmutado ante su comportamiento asesino, si pudiera diría que hasta disfrutaba ver hasta dónde podía llegar su mal carácter.
-Yo no he hecho nada- Dijo inocentemente, sus ojos brillaron con una emoción expectante y una sonrisa malévola adorno su siempre feliz semblante. –Esta vez no he sido yo- Se corrigió cerrando los ojos adquiriendo una mueca zorruna que hizo que el malestar explotara totalmente contra su cráneo y un jadeo gutural escapo de la garganta del pelinegro.
-Kisama…- Murmuro entre dientes al ver que la expresión divertida del rubio parecía aumentar a cada paso que se acercaban a un muy agitado comedor principal, las lámparas de aceite brillaron con intensidad justo cuando sus ojos se encontraron con todos sus compañeros que reían abiertamente y abrieron su boca al mismo tiempo.
-Feliz cumpleaños Sasuke-kun!- Las voces coreando aquello hizo que se le nublara la vista, definitivamente ese año mataría a su rubio amigo, disfrutaría de cortar cada parte del rubio mientras este agonizaba bajo su espada.
-Te he dicho que este año no lo he hecho yo- Se burló el rubio separándose lo suficientemente rápido para evitar el agarre del pelinegro que gruño por lo debajo y apretó sus puños resignándose a que jamás mientras siguiera con esas personas se libraría de ese tipo de situaciones.
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Las risas y el murmullo se colaba fácilmente hacia su tranquila habitación, el castaño menor era para sorpresa de las hermanas el que tenía la expresión más seria, parecía molesto por el escándalo que se estaba haciendo en el comedor principal.
-Otosan porque les permitiste hacer eso?- Fue la voz aguda a su lado la que rompió el silencio que ellos habían mantenido al escuchar la felicitación del pelinegro unos minutos atrás. –Sasuke-kun es un amargado, no disfruta de ese tipo de celebración- Dijo abiertamente causando incomodidad en la mayor que se regañó por sentirse amenazada de que su hermana menor supiera manejar mejor el carácter de aquel hombre.
-Sasuke-kun es un buen guardián y un excelente guerrero que se ha sabido ganar el aprecio de todos con los cuales convive- Explico el patriarca sin demorar su mirada en la irritada mirada de la menor de sus hijas. –Además Ino-chan fue la que me pidió permiso para realizar ese banquete-
-Tienes favoritismo por esa ayudante Otosan- Se quejó la siempre serena voz del mayor de los hermanos, sus manos se habían cerrado en dos puños a cada lado de su comida. –Ella siempre consigue que le des permiso de hacer lo que quiera en esta mansión!- Su voz se volvió más grave ante la acusación golpeando ligeramente la mesa.
-Demo Nii-sama!- Reclamo la única pelinegra de la familia. –Onegai no diga esas cosas de mi ayudante ella, siempre ha sabido comportarse- Defendió sintiendo una incomodidad al tener que enfrentarse así a su hermano.
-Es verdad- Secundo la menor de todos sorprendiendo a sus hermanos, el patriarca solo comía en silencio escuchando atentamente cada argumento de sus hijos. –Ino-chan se encargó de entrenar personalmente a tu ayudante y a la mía, conoce mejor que nadie la mansión y nunca ha dejado que nada falte, que tiene que Otosan cumpla las pocas peticiones que hace?!- Grito poniéndose de pie intentando controlar el temblor de su delgado cuerpo, estaba azorada y avergonzada de haberle gritado así a su hermano mayor.
-Recuerda que ella sabe todo eso porque su Okasan fue nuestra primera ayudante- Murmuro el castaño haciendo caso omiso a la falta de respeto de la menor. –Obviamente tiene mayor ventaja de todas las demás ayudantes que han ido reemplazando a las anteriores, alguna debe enseñarles a las demás- Explico encontrando su mirada con la sorprendida de su hermana pelinegra.
-Ino-chan trabajo desde muy joven con nosotros- Murmuro la pelinegra sintiendo un nudo en su garganta, no hubiera imaginado nunca que su hermano tuviera esa opinión de su querida rubia. –Incluso te ayudo en varias ocasiones siendo de mi misma edad y tu… Nii-sama piensas esas cosas tan feas de ella…- Dejo de hablar al sentir que su voz se quebraría, no quería recibir un regaño de su padre y menos luego de estar peleando con su hermano mayor.
-Neji- Llamo el patriarca haciendo que los tres se giraran a verlo, su rostro impasible parecía levemente perturbado pero no dejaba escapar nada en su tono de voz. –Ino-chan ha crecido entre estas paredes al igual que todos ustedes, lo conoce y respeta incluso más que ustedes que son sus herederos, nunca me trajo problemas y como dijo Hanabi son contadas las veces que ella me ha solicitado algo directamente, tiene una capacidad de mando innata que heredó de su Okasan así que no encuentro tu inconformidad con ese evento- Dijo sinceramente viendo como sus dos hijas relajaban sus facciones para luego dejar ver una muy pequeña y casi imperceptible sonrisa.
-Demo…- Intento decir pero un bufido por parte de su padre lo detuvo, apretó sus manos con frustración y dejo sus palillos sobre su bol de sopa. –Con su permiso Otosan- Murmuro por lo debajo y sin esperar respuesta salió del lugar a grandes zancadas.
-Otosan- Llamo la pelinegra al sentir que su hermano había cruzado el shoji para retirarse. –Neji-niisama nunca había hablado así de Ino-chan incluso parecía agradarle su presencia demo…-
-Hinata hay cosas que un heredero no se puede permitir, una de esas cosas para Neji es Ino-chan- Dijo seriamente desviando su vista hacia el shoji, el desde el primer momento había reconocido el cambio de su hijo pero, él era su primogénito y como tal tenia obligaciones. –Es algo que no entenderían que a él lo molesta- Concluyo colocando sus palillos y poniéndose de pie lentamente, ambas se inclinaron sin decir nada al ver salir a su padre.
"Algo que Neji-niisama no se puede permitir?" Repitió mentalmente viendo los restos de su propia cena, su corazón dio un vuelco y su respiración se volvió irregular al escuchar nuevamente en voces cantarinas el nombre del pelinegro, sería una larga noche para ella.
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Suspiro una vez más al saber que había sido derrotado por su rubia amiga, la vio sonreírle al otro lado de la mesa y cerro sus ojos intentando relajarse, recordó como casi una hora antes había visto volver a la cocina a las ayudantes del patriarca de la familia lo que indicaba que ya habían terminado de cenar.
"Baka… Esas niñas malcriadas no recuerdan esas cosas" Pensó para sí, sabía bien que la menor de las hijas era deliberadamente rencorosa por lo que en sus dos cumpleaños anteriores le había regalado siempre esculturas de guerreros, uno en madera perfectamente tallado y otro de arcilla pintado exquisitamente, era su extraña forma de molestarlo, había descubierto como el intencionadamente evitaba esa fecha.
-Ne teme…- La voz del rubio lo saco de sus recuerdos de la menor de las Hyuuga y vio como la duda parecía brillar en sus azules ojos. –Hanabi-san… Como lograbas controlarla?- Soltó la pregunta bajando su mirada avergonzado por tener que dejar claro que no podía con ella.
-Ella es temperamental, muy diferente a Hinata-san por lo que pudiste haber notado- Comenzó viendo como el rubio asentía y relajaba poco a poco su cuerpo. –Al principio ella quería que yo la persiguiera por toda la mansión demo, yo jamás hice eso- Aclaro recordando los primeros meses con ese torbellino y lo difícil que había sido lograr controlarla.
-Aprendí a reconocer su olor de entre todos los demás de la mansión- Confeso viendo como el rubio subía su mirada incrédulo de lo que escuchaba haciendo que el pelinegro se removiera un poco incómodo. –Suele esconderse mucho por lo que también aprendí a reconocer su forma de respirar, yo esperaba que ella corriera cuanto quisiera por toda la mansión y seguía su recorrido demo por otros pasillos para que ella no me viera y cuando menos lo esperaba la atrapaba y la arrastraba hacia sus clases- Dijo frunciendo el ceño, había olvidado lo difícil que había sido aquella malcriada al principio.
-Esa niña- Se quejó el rubio entre dientes haciendo sonreír al pelinegro, era una venganza apropiada para el rubio el tener que convivir con ese torbellino. –Por cierto… Ella me dio esto para ti- Dijo cambiando su expresión a una más divertida al ver cómo era ahora el pelinegro el que fruncía el ceño soltando un sonido grave.
"Esta mocosa" Se quejó mentalmente sintiendo como la caja era muy ligera en comparación a las anteriores que ella personalmente le había entregado, su mirada se encontró fugazmente con el rubio que todavía parecía divertido ante su reacción.
Abrió con cuidado la pequeña caja y un brillo extraño salió de la misma al ponerse en contacto con la tenue luz del lugar, sintió la curiosa mirada del rubio taladrar su cabeza para ver mejor aquel obsequio.
-Mira que es talentosa la Hyuuga- Se burló el rubio al ver como en las pálidas manos del pelinegro descansaba una tintineante cadena, era de acero pulido y muy grueso se leían los kanjis con el nombre completo del pelinegro turbándolo un poco en su posición.
"Esa enana" Se quejó mentalmente regañándose por acariciar con suavidad cada kanji labrado en ese difícil material que colgaba de una igualmente gruesa y brillante cadena que cuando los eslabones chocaban creaban un tintineo algo incómodo.
-Bueno…- La voz de la rubia al otro lado de la habitación capto inmediatamente la atención de los dos hombres así como de los pocos que todavía quedaban ahí. –Es hora de retirarnos recuerden que mañana es un día importante para el feudo- Dijo sonriendo abiertamente al ver como poco a poco los pocos que todavía quedaban en aquel lugar se iban poniendo de pie y empezaban a deslizarse rápidamente por los oscuros pasillos de la mansión.
Sasuke se puso de pie estirándose levemente, la sorpresa de lo que le había hecho esta vez la menor de las Hyuuga todavía lo tenía un poco confundido por lo que empezó a caminar hacia el pasillo donde estaba su habitación.
-Hasta mañana teme- Escucho a sus espaldas la voz del rubio seguido de un sonoro bostezo que lo obligo a sonreír y levantar la mano en señal de despedida, definitivamente era un milagro que el después de tantos años todavía no hubiera asesinado a ese hiperactivo rubio.
-Me quedaría totalmente solo- Reflexiono al cortar su imaginación de ver al rubio de su amigo despedazado entre sus manos, la humedad del ambiente capto su atención obligándolo a girarse el cielo totalmente despejado brillaba tenuemente con la luna llena dejando caer a la tierra sus plateados rayos levantando ese agradable aroma a su alrededor.
Respiro un poco más hondo para llenar todo su cuerpo con la sensación de tranquilidad que le daba aquel amplio y ahora no tan llamativo jardín, el aroma a tierra mojada y plantas secas llego hasta el siendo totalmente ajeno a ese paisaje un ligero pero constante aroma a lavanda irrumpió en su olfato tensándolo en su posición.
-Sasuke-kun…- La aterciopelada voz llego a sus oídos obligándolo a apretar sus puños impotente, nuevamente lo había sorprendido. –Espero se haya divertido en su reunión- Murmuro avanzando dos pasos hacia el pelinegro que los retrocedió automáticamente.
-No debería estar sola por este lado de la mansión- Reclamo el pelinegro cruzándose de brazos, ella era una fascinación para casi todos los guerreros y verla sola y en vestimentas casi traslucidas era un tentación demasiado grande. "La yukata!" Pensó recordando la blanca yukata que ella solía usar para dormir y sin pensarlo demasiado la tomo de la muñeca y la jalo hasta sacarla del pasillo.
Su cálido agarre la agito pero se dejó guiar hacia donde sea que él quisiera llevarla, solo deseaba darle un feliz cumpleaños y entregarle lo que había hecho para él, el varonil aroma choco contra sus sentidos cuando una fría brisa los golpeo haciéndola estremecer.
Empujo el frágil cuerpo al interior de la habitación y cerro con fuerza el shoji intentando así calmar su propia excitación, escucho un jadeo escapar del cuerpo tembloroso de la mujer que yacía frente a él, totalmente sonrojada y como lo había imaginado con una escasa prenda cubriendo su perfecto cuerpo.
-Sasuk…- El nombre quedo a medias en su garganta, los grandes brazos del pelinegro se enrollaron posesivamente alrededor de su cintura empujando su delgado cuerpo contra el de él haciéndola gemir involuntariamente.
-Eres demasiado difícil- Gruño roncamente sobre el cuello de la mujer, el deseo corrió por su cuerpo al ver como la piel de ella se erizaba al sentir su aliento, su respiración se hizo más pesada y el pequeño cuerpo contra el de él se calentó a un nivel que él pensó era imposible para alguien tan pequeño como ella.
-Gomen…- Gimió sensualmente al sentir los calientes labios del pelinegro sobre su cuello, la sensación la hizo desfallecer y se sujetó del cuello del hombre para evitar que sus piernas cedieran bajo su peso, lo escucho reír contra su piel mientras sus manos acariciaban su espalda pesadamente, más lento de lo que a ella le hubiese gustado.
-Hmp- Gruño ante la nueva disculpa de la mujer, exhalo fuertemente en el camino de su cuello hasta su oreja sintiéndola estremecerse entre sus brazos, coloco su mejilla sobre la de ella sintiendo el calor que indicaba que estaba sonrojada, su autocontrol se perdió en mitad de aquellas reacciones y solo pudo hacer lo que su cuerpo necesitaba, besar salvajemente aquellos deliciosos y prohibidos labios.
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Que tal quedo? No que Hinata es muy tímida? Jajajajaja me encanto escribir este capítulo, fue realmente difícil imaginar cómo actuarían pero bueno espero sus opiniones! Y que esta doble actualización les compense mi ausencia! Nos leeremos pronto! Matta ne
