Konichiwa! Aquí actualizando la historia que tengo más adelantada, esperando que les agrade y me dejen aunque sea un review para saber que tal me ha quedado el capitulo. Kishimoto es el dueño de Naruto y sus personajes, solo los uso para crear historias interesantes principalmente de Sasuke y Hinata. Ahora sin algo más que decir… Buena Lectura!

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Cap. XIV. La Nueva Integrante de la Familia.

El murmullo de las voces al otro lado del shoji se fundían armónicamente con el murmullo de la noche, la fresca brisa nocturna rozaba su rostro lánguidamente regalándole tranquilidad, los rayos de la luna dibujaban formas en el césped amarillento mientras dejaba en el ambiente el aroma de hojas secas y los pocos perfumes de las flores que aun se mantenían contra el otoño venidero.

La madera se deslizo suavemente a sus espaldas haciéndola suspirar débilmente, el cítrico aroma se mezclo con los olores nocturnos produciendo que una ansiedad indebida se arremolinara en la boca del estomago, centro su vista en las pequeñas formas irregulares que se deslizaban por el amplio jardín intentando relajarse.

-Bonita noche- La grave voz a sus espaldas se deslizo tranquila hasta sus oídos, ella asintió débilmente mientras unos pasos tranquilos y pesados se acercaban a su posición secándole la boca de golpe. –Porque abandonaste el salón?- Interrogo al tiempo que lograba sentarse junto al delgado cuerpo de la joven que se encogió al saberlo tan cerca.

-Yo… No me siento bien- Confeso sintiendo la pesada mirada de aquel hombre sobre ella, cada movimiento parecía estar siendo analizado por lo que intento respirar superficialmente para no hacer un movimiento exagerado. –Gomenasai Otosan- Se disculpo apretando sus manos al borde de la madera fría donde se encontraba sentada.

-Debes compartir la llegada de la futura esposa del próximo patriarca de la familia- Dijo neutralmente sin despegar sus ojos de la pequeña y frágil figura de su hija mayor. –Los Hyuuga somos conocidos por nuestros excelentes modales- Le recordó viendo como la pelinegra parecía hacerse más pequeña a cada palabra que le dedicaba.

-Otosan…- Llamo sintiéndose tonta, ella pronto dejaría aquellas tierras, pronto dejaría atrás a su familia para unirse a otra, exactamente igual a como lo estaba haciendo esa noche la castaña recién llegada. –Yo seré parte de la familia Mizumaki en unos cuantos meses- Aclaro subiendo su mirada, intentando darse valor para enfrentar los siempre inexpresivos ojos del mayor.

-Es un buen y tranquilo feudo, tu prometido no es demasiado exigente y es más bien tranquilo como tú, que es lo que te cuesta entender del compromiso?- Sus palabras fueron acidas y directas, la frustración invadió esos perlados ojos que la miraban desde unos centímetros más arriba.

-No lo conozco- Mintió despegando su mirada de esa acusadora que parecía querer atravesarla. –No me gusta ese clima y el anihue de mi prometido me hace sentir incomoda- Se sincero abrazándose fuertemente, recordar a aquel castaño hacia que cada fibra de su cuerpo gritara por ser protegida.

Una corriente de aire se corto bruscamente al tiempo que un sonido seco de piel chocando contra piel perturbaba todo el ambiente nocturno, el sabor metálico lleno su paladar que la obligo a cerrar sus ojos instintivamente, sus manos cayeron al frente deteniendo por puro reflejo el choque contra la dura y fría madera.

-Tú no puedes volver siquiera a pensar en lo que me has dicho- Gruño apretando la mano que le ardía al brusco contacto con la tersa piel de su hija. –Tu te casaras y te iras al feudo Mizumaki como está acordado y deberás comportarte como un Hyuuga debe hacerlo- Sentencio poniéndose de pie en un ágil movimiento, sus pasos resonaron por todo el desierto pasillo aturdiéndola un poco más.

"Debo ser fuerte" Se empezó a repetir intentando controlar sus deseos de salir corriendo de aquel lugar, de desaparecer en ese mismo instante para no volver a sentirse tan impotente, un gemido escapo de sus labios causándole un agudo dolor que la hizo derramar lagrimas, lagrimas silenciosas que dejaban fluir el intenso dolor que agujereaba su alma y su corazón.

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Sonrío tontamente a lo que sea que le haya dicho el castaño, este tomo un poco más de su te separándose de la mujer que bajo la mirada algo decepcionada y empezó a remover lo poco que quedaba en sus platos fingiendo estar ocupada, la incomodidad entre ambos era palpable pero parecían hacer el mejor intento para soportar su compañía.

-Nunca pensé que estas reuniones fueran tan aburridas- La frase fue seguida por un sonoro bostezo, su amigo seguía desparramado en cualquier posición y tenía una expresión de cansancio pero igual seguía viendo fijamente a la futura pareja de casados.

-Naruto…- Gruño la castaña menor que golpeo discretamente la pierna que tenía más cerca del aludido, este lloriqueo en silencio retirando totalmente su cuerpo del lado de la castaña que bufo aburrida.

"Donde habrá ido Hiashi-sama?" Medito el pelinegro dándose cuenta que hacía mucho rato que su protegida había abandonado también aquella habitación, el aroma de la delicada mujer seguía presente en las corrientes que se colaban por las pequeñas aberturas de los shoji por lo que no podía estar demasiado lejos.

-Donde habrá ido Otosan- Se quejo por lo debajo la castaña retirando sus platos con ambas manos para apoyar su rostro en la fría madera haciéndola suspirar, tenia mas cansancio de lo que habría imaginado.

-Hanabi deberías retirarte a descansar- La aterciopelada voz del mayor de los Hyuuga alerto a los dos guardianes que se giraron para verlo, la castaña abrió la boca para decir algo justo en el momento que el shoji se deslizo violentamente hacia un lado dejando ver la imponente e irritada figura del patriarca.

-Otosan!- Dijo alegre la castaña irguiéndose en su posición al ver como el castaño mayor la miraba y cruzándose de brazos se sentaba junto a la nueva integrante de la mansión.

-Otosan, le decía a Hanabi que fuera a descansar- Comento el heredero haciendo que todos se giraran a verlo, el patriarca cerró los ojos y frotándose el puente de la nariz asintió de mala manera.

-Pueden retirarse también Sasuke-kun Naruto-kun- Murmuro clavando su intensa mirada en ambos guardianes que asintieron y se pusieron de pie lentamente, estirándose un poco por el tiempo que estuvieron descansando en la misma posición.

-Demo Otosan!- Se quejo la castaña haciendo que el rubio la viera desesperanzado, el pelinegro solo pudo sonreír burlescamente mientras avanzaba hacia la salida de aquel comedor.

-Mala suerte dobe- Se burlo al pasar junto al rubio que solo gimió tristemente, se detuvo en el shoji y se giro para inclinarse suavemente. –Que tengan buenas noches- Se despidió al tiempo que se abría ante el la salida de aquella tensa reunión.

El olor a sangre fue lo primero que llego a su olfato al centrar toda su atención en el ambiente nocturno que lo rodeaba, el agua salada mezclada con el aroma a lavanda lo hizo apretar sus puños e instintivamente gruño roncamente.

-Gomen…- La voz asustada llego a sus oídos haciéndolo girarse hacia donde se podía ver un delgado cuerpo encogerse aun más de lo que ya estaba abrazada contra sí misma, el kimono dorado vibraba ante los constantes pero casi imperceptibles sollozos de la frágil mujer.

-Hinata-san?- Interrogo incrédulo de suponer que aquella figura temblorosa y asustada fuera la misma niña malcriada que le estaba perturbando la razón pero, un gemido lastimero escapo de entre los pliegues de aquel resplandeciente kimono.

-Sasuke-kun…- Murmuro sintiendo como los ligeros pasos del pelinegro se acercaban a ella, sintiendo vergüenza de sí misma y de su situación, escondió su rostro aun mas entre las grandes mangas de su kimono. –Quisiera estar sola- Concluyo sintiendo que no podría mantener por mucho tiempo más aquella voz firme, probablemente su padre había estado orgulloso de escucharla dando una orden.

-Que le ha pasado?- Murmuro entre dientes tomándola por los hombros, la sintió temblar ante su agarre haciendo más intenso el olor a sangre. –Hinata…- Ordeno con voz profunda sintiendo como ella dejaba de sollozar de golpe.

Sus ojos se encontraron con los profundos del pelinegro, sus dedos se enrollaron aun más fuerte en sus hombros haciéndola temblar, intento abrir la boca pero el punzante dolor en el costado derecho la hizo gemir obligándola a bajar su mirada.

-Vamos a su habitación- Indico el pelinegro recibiendo solo un ligero asentimiento de cabeza, la tomo del brazo ya que parecía que no podría mantener su propio peso, vio de reojo como la mano libre pasaba por sus mejillas intentando limpiar aquellas lagrimas que no parecían querer dejar de salir.

Apoyo su cuerpo contra el pelinegro, se sentía tan pesado para poder mantenerlo en pie ella sola, la tristeza comía lentamente cada pedazo de su corazón, destrozándolo y hundiéndola aun mas en su deseo de desaparecer, necesitaba el valor suficiente para poder arrancarse de golpe ese dolor que la ahogaba de a poco, torturándola.

Sus ojos vagaron rápidamente por las facciones totalmente rojas de la mujer encontrando una mancha lila que se abría en una pequeña línea sobre su labio superior, la rabia fluyo por su cuerpo y la obligo a ponerse donde la luz iluminaba todo su rostro detallando aquel golpe.

-Como se hizo esto?- Dijo entre dientes tomando la barbilla de la ojiblanca que ante el contacto cerro los ojos y sus labios temblaron conteniendo un sollozo que fluyo nuevamente por sus mejillas.

-Fue mi culpa- Murmuro al sentir como los dedos que le sujetaban firmemente la barbilla temblaban bruscamente, lo escucho gruñir ante su frase y busco su mirada oscura entre las sombras que cubrían sus facciones. –Yo no…- Se corto al escuchar un rugido gutural chocar contra su rostro.

-Quien?- Pregunto subiendo un poco más el fino rostro de la mujer que ante su pregunta negó frenéticamente apartando con delicadeza la mano que tenia presa su barbilla, unos sigilosos pasos alertaron al pelinegro que gruño y en un ágil movimiento desapareció del lado de la ojiblanca.

-Hinata-san…- Una voz suave la congelo en su posición, sintió los nerviosos pasos de la mujer llegar hasta ella y girarla sobre sí misma para quedar frente a frente, cubrió su boca atrapando el grito de susto que verla le había producido. –Que le ha sucedido Hinata-san?- Interrogo sacando una pequeña botella de su obi y regándola en un pequeño paño lo coloco sobre la cortada de la ojiblanca.

-Duele- Gimió intentando contener el grito que había querido escapar por su garganta ante el ardor que ese húmedo contacto le estaba produciendo. –No fue nada Karin-chan- Respondió intentando mantener a raya las ganas de llorar por aquel malestar.

-Hiashi-sama ha tenido razón de mandarme a revisarla, mire que irse de la reunión y lastimarse de esta manera- Dijo apenada al ver las facciones de la Hyuuga contraerse en muecas intentando aguantar el dolor.

-Soy muy descuidada- Acepto intentando sonreír, dejo escapar un gritito al sentir la nueva humedad sobre la herida abierta. –Duele mucho- Admitió apartando un poco su rostro de aquel frio contacto.

-Mañana vendré a revisarla correctamente- Susurro rozando con sus dedos la mejilla lastimada de la ojiblanca haciéndola gemir por lo debajo. –Por Kami Hinata-san su rostro- Se lamento haciendo que la ojiblanca retrocediera dos pasos separándose totalmente de la pelirroja.

-Nos vemos mañana Karin-chan- La corto abriendo de un solo movimiento su shoji, avanzo dos pasos al interior oscuro de su habitación y la tiro detrás de si en un rápido movimiento dejando a una pelirroja totalmente confundida al otro lado.

-Hiashi-sama te hizo esto?- La grave voz resonó en toda la habitación obligándola a apoyarse totalmente en la delgada estructura de madera que separaba su habitación del pasillo exterior. –Te lo hizo el?- Repitió apareciendo de un salto ante la sorprendida y aterrada mirada de la ojiblanca.

-Yo dije en voz alta lo que sentía- Confeso bajando su mirada, su hermoso kimono dorado relampagueo con los débiles rayos que se filtraban hacia su habitación. –Fue mi culpa- Admitió sintiendo nuevamente las lagrimas escapar de sus ojos, subió rápidamente su mano y empezó a limpiarlas llevándose consigo el poco maquillaje que le quedaba en el rostro.

Avanzo la poca distancia que los separaba y atrapo entre sus manos el rostro de la ojiblanca, la sintió tensarse ante el contacto y un gemido de dolor escapo de sus labios, su cabello enmarañado caía de cualquier forma enmarcando su rostro que lo miraba sorprendida.

-Debe dolerte mucho- Murmuro bajando su boca hasta quedar a milímetros de la de ella, sus ojos se centraron en los perlados de la mujer que solo reflejaban la sorpresa de lo que él estaba haciendo. –Porque?- Pregunto posando sus labios sobre la marca lila que hinchaba su siempre delicada comisura.

-Yo…No… Te entiendo- Dijo entrecortadamente al sentir el contacto cálido sobre su herida, las cálidas manos del pelinegro rodearon su cintura apretando su cuerpo contra él, sus labios pasaron desde el morado hacia la herida abierta, su cuerpo se apoyo totalmente contra el shoji mientras el empezaba a soltar el obi que mantenía ajustado el perfecto kimono.

-Eres tan infantil- Se quejo jalando y dejando caer de un tirón el obi nacarado abriendo el pesado kimono ante él, deslizo sus manos por los hombros de la ojiblanca y empujo la seda fría hacia atrás jalando a la mujer contra su cuerpo creando un sonido sordo al chocar la seda contra el tatami.

-Gomen- Susurro contra su pecho, el calor que las manos del pelinegro desprendían apretaban su cintura empezando a subir lentamente por su espalda y enredándose en su largo cabello. –Yo… No suelo…- Se cortó al sentir los labios salvajes del pelinegro posarse suavemente contra su boca brindándole una cálida sensación que paseo lentamente por su cuerpo, despertando cada célula de su piel.

-Eres descuidada y confianzuda con todos en esta mansión- Dijo contra la suave boca de la mujer, sus dedos consiguieron los ganchos que sujetaban el moño de su cabello, los tiro liberando los ondulados mechones de cabello que cayeron felices sobre sus manos dejando caer en sonidos sordos los palitos de cristal.

Sus manos se enredaron en el delicado nudo de la yukata de algodón liberando y sintiendo como su aroma a lavanda se volvía aun más dulce al dejar totalmente al descubierto aquella tersa piel, tiro hacia atrás del cuerpo de la Hyuuga la prenda admirando las curvas desnudas de esa pequeña mujer.

-No puedo hacer esto- Confeso cubriendo sus senos con sus manos, había sentido la tensión del pelinegro al dejarla totalmente desnuda y aunque sentía que podría desmayarse en cualquier momento avanzo dos pasos más hacia el escuchándolo gruñir desde el fondo de su garganta.

-No puedo permitir que lo hagas- Su voz sonó ronca por el deseo que se apodero de todas sus células pero, aquel frágil cuerpo tembló de la vergüenza haciéndolo suspirar resignado, libero ágilmente su haori y se la quito de una sola vez dejando su pecho al descubierto.

-Sasuke- Murmuro sensualmente justo cuando las manos del pelinegro la rodearon cubriendo su desnudez con la haori, aturdiéndola con su fuerte aroma varonil que la hizo suspirar entrecortadamente.

-No lo digas así- Se quejo roncamente al terminar de amarrar la haori a la pequeña cintura de la ojiblanca que se estremeció ante el contacto, sus manos descansaron a cada lado de sus caderas escuchándola jadear roncamente.

-No te vayas- Suplico al tiempo que lanzaba sus brazos alrededor del cuello del pelinegro apretando su pequeño cuerpo contra el caliente y duro de el que la recibió gustosamente enredando sus brazos en la cintura deslizándolas hacia la espalda baja.

-No sería lo correcto- Murmuro contra su cabello, la sintió negar enérgicamente escondiendo aun mas su cara en el cuello de él, su respiración irregular choco contra su piel erizándola haciéndolo dudar de su frase anterior.

-No quiero quedarme sola- Dijo aun más bajo separando su rostro solo lo suficiente para ver los ojos del pelinegro, este retenía el deseo al fondo de su mirada, bajo todos sus entrenamientos de autocontrol. –Onegai Sasuke- Gimió sensualmente escuchándolo tragar con fuerza mientras bajaba su rostro hasta rozar delicadamente su boca.

-No entiendes lo que me estas pidiendo- Explico avanzando dos pasos hacia el futon, llevándose consigo aquel pequeño cuerpo. –Si me quedo, no podre mantenerme lejos nunca más- Su voz sonó ronca de deseo al tiempo que bajo su boca tortuosamente por su mandíbula hasta rozar su cuello para seguir hacia el hombro.

-Onegai- Suplico una última vez sintiendo como este la apretaba contra él y en un movimiento rápido su espalda se encontraba apoyada en el futon, sus negros ojos centellaron de deseo reprimido mientras su cuerpo duro caía lentamente contra ella haciéndola jadear fuertemente.

-Dormiré contigo Hinata- Acepto derrotado separándose de la mujer y tendiéndose de costado uno de sus brazos atrapo el vientre plano hasta arrastrar ese frágil cuerpo hasta hacerlo chocar contra su pecho.

-Arigatou- Susurro dejándose caer en el costado que la dejaba justo frente a frente con el pelinegro, estiro un poco su rostro para darle un rápido beso en los labios y luego acomodarse como una pequeña gatita en contra de su cálido pecho desnudo.

"Eres mi perdición" Se dijo apretando el cuerpo de la mujer un poco mas contra el suyo sintiéndola reír contra su piel y haciéndolo suspirar de manera relajada, debía admitir que su autocontrol había mejorado lo suficiente como para poder tenerla desnuda y no querer poseerla de todas las maneras que pudiera imaginar.

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El tibio amanecer llego hasta su piel, el aroma de la naturaleza calentando poco a poco el frio césped y las pocas plantas que aun mantenían su verdor en contra del cambio de estación la hizo sonreír melancólicamente.

"Que estoy permitiendo?" Pensó para sí al cerrar suavemente el shoji de aquella conocida habitación, el ambiente tranquilo de aquel pasillo no se comparaba con el escándalo que se hacía cada vez más fuerte al otro lado de la mansión.

Su cuerpo recibió el cálido contacto de la brisa al amanecer haciendo que un suspiro cansado se deslizara entre sus dientes mientras avanzaba lentamente para dejar definitivamente ese pasillo exterior.

Su mirada vago distraídamente por los pasillos ahora más oscuros, escuchando el murmullo de los pasos ir y venir en todas las direcciones hacia los pasillos de las habitaciones, el aroma a madera recién pulida lleno sus sentidos relajándola un poco obligándola a apoyarse distraídamente en una de las columnas de la sala principal.

-Ohayo- Una suave voz llego hasta sus oídos tensándola en su posición al tiempo que una lánguida risa lleno todo el espacio opacando así el suave ir y venir de los pasos a unos metros de su posición.

Se giro lentamente para encarar unos ojos achocolatados que la miraban con curiosidad, la vergüenza la sorprendió obligándola a inclinarse temblorosamente ante la recién llegada haciendo que una nueva carcajada brotara de la boca de su acompañante.

-Soy TenTen…- Dijo suavemente avanzando dos pasos hacia el cuerpo de la rubia que se puso mas rígido al sentirla acercarse. –Sumimasen… No fue mi intención asustarte…?- Se corto al darse cuenta que no sabía el nombre de la rubia que tenia ante sí.

-Ino Yamanaka- Se apresuro a decir mientras se erguía en su posición viendo como la castaña asentía y ampliaba su sonrisa. –TenTen-sama necesita que la lleve a algún lugar especifico?- Interrogo viendo como la vergüenza tomaba las facciones de la mujer.

-Hai… Salí de la habitación hacia el baño demo… No recuerdo en que pasillo me dijo Sakura-chan que se encontraba- Explico juntando sus manos en su espalda, no le era cómodo sentirse tan fuera de lugar en aquella amplia mansión.

-No es demasiado lejos de su habitación TenTen-sama- Compartió la rubia empezando a caminar hacia uno de los pasillos que estaba más oscuro que el resto, sintió los ligeros pasos de la castaña seguirla algo intranquila y sintió pena por ella, sola en un lugar que no conocía y sin nadie con quien pudiera quejarse abiertamente.

-Ano…- Dijo dubitativamente al ver la estrecha espalda de la rubia caminar con tranquilidad por el oscuro corredor, podía sentir a sus alrededores los movimientos de otras personas pero no las veía y eso le crispaba los nervios. –Eres ayudante de Neji-san también?- Interrogo viendo como la rubia se detenía frente a una puerta de bambú, el verde del material brillaba en medio de aquella oscuridad impropia para la hora de la mañana.

-Iie, soy ayudante de Hinata-san… Sakura-chan es la ayudante asignada a Neji-sama- Explico dejándose caer sobre sus rodillas y empujando lentamente el pesado bambú para dejar escapar de la habitación unos tenues rayos de luz que iluminaron escasamente el rostro avergonzado de la castaña.

-Son tantos nombres…- Susurro para sí intentando que la rubia no la escuchara, su rostro era bastante hermoso, unos intensos ojos azul cielo brillaban en medio de su cara, su pequeña y perfilada nariz sobre unos carnosos labios rojo intenso, muy diferente a ella.

-Con el tiempo se le hará mas natural TenTen-sama- Aseguro poniéndose de pie lentamente, encontró sus ojos con los perturbados de la castaña que asintió bajando la mirada. –Nos alegra tenerla por fin con nosotros- Confeso sonriendo tiernamente causando que la castaña se estremeciera en su posición.

-Domo Ino-chan- Murmuro subiendo su mirada para encontrarse con la alegre y confiada mirada de la rubia que le dio confianza para empezar aquel nuevo día. –A qué hora desayunan?- Pregunto recordando que el castaño le dijo que la hora no era la misma que en su feudo.

-Antes de las 9 de la mañana ya han comido todos los hijos de Hiashi-sama demo el come como a las 7- Explico viendo como la castaña asentía a cada palabra que decía como intentando memorizarla para no cometer un error.

-Hiashi-sama no come con sus hijos entonces?- Interrogo viendo como la rubia negaba lentamente y avanzaba dos pasos y quedaba a su lado haciéndola sentir insegura nuevamente en aquel oscuro pasillo.

-A menos que se levanten a su hora de desayunar no, Hiashi-sama prefiere empezar el día en solitario- Murmuro intentando no sonar demasiado atrevida, casi nunca hablaba del líder del feudo. –Mandare a Sakura-chan para que la venga a buscar le serviremos el desayuno con Neji-sama- Aclaro alejándose otros dos pasos del cuerpo nervioso de la recién llegada.

-Arigatou Ino-chan- Agradeció avanzando dos pasos hacia el interior del iluminado baño, un suspiro la traiciono escapando de sus labios haciéndola bajar la cabeza con vergüenza, haciendo más profunda su incomodidad ante aquella extraña pero amable rubia.

Ino solo asintió débilmente mientras empezaba a alejarse de aquella habitación, le era un poco incomodo aquella familiaridad con la que la castaña la trataba, era como solía tratarla la ojiblanca, nunca como un ser inferior a ella.

"Hinata-san" Pensó recordando en cada pesado paso que daba la imagen que vio ese amanecer, la vergüenza corrió por su cuerpo de solo dibujar en su memoria lo que presencio y prefirió ignorar.

Flash Back.

-Ohayo!- Saludo alegremente viendo como las dos mujeres le devolvían el saludo con la misma energía, se acerco hasta ellas recibiendo un pequeño plato con sopa y una taza de té humeante.

-Vaya que es extraña la prometida de Neji-sama- Comento distraídamente la pelirrosa mientras se estiraba en su posición y descansaba su cuerpo sobre sus manos estirando todo su torso. –Es como si le diera pena preguntar dónde queda cada cosa- Siguió haciendo reír a la pelirroja que estaba justo frente a ella.

-Se parece a Hinata-san entonces- Agrego divertida tomando su plato y colocándolo sobre el de la pelirrosa para llevarlos hacia la cocina pero se detuvo unos segundos clavando su mirada en el rostro de la rubia que al sentir la presión subió su mirada.

-Sucede algo Karin-chan?- Interrogo viendo como la pelirroja no parecía muy cómoda con lo que estaba pensando decir, suspiro y movió lentamente su cabeza para intentar restarle importancia. –Karin-chan!- Llamo haciendo que la mujer negara frenéticamente y clavara sus ojos en la vajilla sucia.

-Deberías despertar a Hinata-san… Debo revisarla en cuanto termine mi turno en la cocina- Confeso pasando sus manos por los tallados delicados de la porcelana en la cual solían desayunar todos los días. –Se lastimo anoche y tiene una herida muy fea en su labio- Sus palabras escaparon llenas de tristeza haciendo que la rubia se pusiera de pie en un salto.

-Nani?! Y porque no me dijo nada!- Se quejo girándose para empezar su marcha rápida hacia el pasillo de las habitaciones de los hijos del feudal pero un carraspeo la hizo detenerse a mitad de camino.

-Hiashi-sama fue quien me dijo que ella estaba lastimada- Agrego haciendo que la rubia apretara sus puños compulsivamente sintiendo la impotencia recorrer su cuerpo, dándose cuenta del matiz que escondía aquella confesión de la pelirroja.

-La despertare para que esté lista para la revisión- Murmuro por lo debajo empezando nuevamente su marcha, los tenues rayos de sol llenaban el cielo de colores amarillos y rosados, empezando a calentar el ambiente mientras las brisas frías todavía rondaban por los pasillos llevándose consigo el fresco de la noche anterior.

Sus manos nerviosas se posaron en el shoji que tanto conocía y con cuidado para no asustar a la ojiblanca lo deslizo hacia un lado, sus ojos se abrieron como platos y su mano acudió a su boca para atrapar el grito que estuvo a punto de romper su garganta.

En medio del futon estaba el pelinegro tendido boca arriba, su pecho descubierto subía y bajaba a un ritmo tranquilo indicándole que estaba todavía dormido y apretada a su costado derecho con una yukata negra que claramente no era de ella se encontraba la ojiblanca, descansando su rostro sobre el pecho del pelinegro, su brazo rodeaba posesivamente el abdomen del hombre mientras uno de los brazos de el hacía lo propio con la estrecha cintura de la mujer.

"Por Kami" Pensó alarmada, unos pasos dudosos en uno de los pasillos cercanos la hizo reaccionar y deslizo nuevamente el shoji para esconder de otros ojos curiosos lo que ella había visto, su corazón golpeo fuertemente sus costillas sintiendo un terror insano recorrer todo su cuerpo.

Fin del Flash Back.

"Sasuke está jugando con fuego" Medito soltando un suspiro frustrado, ella conocía bien la personalidad de su amigo y si bien no era totalmente fría como lo demostraba en su trato con el resto de sus compañeros tampoco era lo suficientemente dócil como para realizar aquello sin recibir nada a cambio y ese cambio era lo que la ponía nerviosa, tanto el como la ojiblanca estaban retando demasiado su suerte al dormir juntos en la habitación de la heredera y prometida de otro hombre.

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Un ronco sonido escapo de su boca dejando fluir su frustración, el shoji susurro al sentir el peso al otro lado de la madera, vio la silueta de la rubia dibujarse con los tenues rayos de sol, se separo a los pocos segundos y empezó una marcha nerviosa hacia el otro lado de ese pasillo solitario.

-Sasuke…- La sensual voz de la ojiblanca lleno todos sus sentidos al tiempo que las suaves manos de ella acariciaban distraídamente sus abdominales haciéndolo soltar un ronco sonido relajándolo irremediablemente.

-Cuando te despertaste?- Interrogo sintiendo el aliento de la pequeña mujer chocar contra su pecho erizándole la piel, la sintió suspirar y separarse lentamente de su cuerpo sentándose justo a su lado.

-Cuando Ino-chan abrió el shoji- Confeso bajando su mirada, sentía la vergüenza correr por su cuerpo por lo que se había escondido más contra el cuerpo del pelinegro para que la rubia no descubriera que se había despertado. –Gomen yo… Hablare con ella- Se apresuro a decir al escuchar el gutural sonido animal que escapo de la garganta del pelinegro.

-Ella no dirá nada- Aseguro estirándose un poco mientras se apoyaba sobre sus codos para quedar más cerca de la mujer que se estremeció al sentirlo moverse hacia ella. –Tú en cambio podrías dejar escapar alguna pista- Dijo viendo como la mujer lo miro sorprendida, su boca estaba un poco más oscura que de costumbre y la herida sobre el labio se había cerrado dejando una oscura raya endureciendo su suave piel.

-Sasuke-kun yo nunca diría nada para perjudicarte!- Dijo ofendida apoyando sus manos en el duro torso del hombre, las sintió arder ante el contacto haciéndola jadear inconscientemente, deseaba tanto poder besar aquella piel.

-Tu boca no demo… Tus ojos si lo dirían- Susurro roncamente mientras se terminaba de sentar quedando justo frente a la ojiblanca, vio sus mejillas sonrojarse haciendo que su sonrisa torcida brotara de su boca sin control acercándose a ella deliberadamente lento.

-Siempre te he mirado de la misma manera- Confeso sintiendo el aliento del pelinegro rozar sus labios, haciendo que una puntada de dolor la hiciera estremecer al intentar abrir un poco mas su boca.

-Vendrán a tratarte dentro de poco- Recordó posando fugazmente sus labios sobre los carnosos de ella sintiéndola jadear cuando sus bocas se encontraron, trago grueso intentando controlar su deseo de volverla a acostar y marcarla, tentándolo al tenerla tan a su disposición.

-Debes irte- Aseguro apoyando sus manos entre las piernas del pelinegro y acercando un poco mas su cuerpo al de el, el calor varonil del hombre la mareo nublando su razonamiento y dejándose controlar por el instinto dejo que sus manos se deslizaran lentamente hacia arriba.

-Iie- Dijo roncamente sintiendo los suaves dedos de la mujer dibujar un camino desde sus muslos hasta sus abdominales, produciéndole una corriente eléctrica desde las zonas acariciadas hasta el resto de su cuerpo despertando lentamente su virilidad.

El pelinegro se separo pesadamente de ella soltando un gruñido de frustración, se sonrojo al ver que su cuerpo había reaccionado a su tacto haciéndola sentir poderosa, ella había logrado despertar el deseo de aquel hombre y con el simple roce de sus dedos.

-Nos veremos luego del desayuno- Dijo haciendo que la mujer subiera su mirada, se veía imponente, su cuerpo trabajado brillaba con los rayos de la mañana y su mirada parecía nublada por el deseo haciendo que su boca se secara de golpe.

-Hai- Acepto la orden impresa en la frase del pelinegro, este cerro los ojos echando su cabeza hacia atrás causándole gracia a la ojiblanca, sabía que estaba intentando controlarse para poder salir sin ser visto de su habitación.

-Quédate con la haori- Dijo roncamente al centrar su mirada nuevamente en la mujer que se encontraba sentada en medio del futon desarreglado, un sonrojo cubrió su rostro mientras asentía débilmente su piel pálida parecía brillar contra la tela oscura de su prenda haciendo que el deseo fuera casi imposible de controlar.

Unos pasos al otro lado del pasillo los despertaron del nuevo ambiente que se estaba formando entre ellos, el murmullo de dos mujeres conversando hizo que el pelinegro frunciera el ceño y caminara rápidamente hacia la salida de aquella habitación, debía darse prisa antes de que alguno de los otros dos Hyuuga se despertara y lo encontrara con la ojiblanca.

"Debo haberme vuelto loco" Se recrimino al abrir el shoji en un ágil y silencioso movimiento, su cuerpo se tenso ante la antelación del salto que haría y sus músculos vibraron de emoción haciéndolo sonreír prepotentemente, se le complico la existencia con solo una suave proposición de esa delgada mujer.

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Que tal quedo? Fue muy cursi? Onegai un review para esta escritora, he pasado momentos oscuros y esto es lo único que me ha desconectado efectivamente por lo que escribir se ha vuelto nuevamente una forma de drenar muchas cosas para mí! Gracias a todos los que me leen espero este capi les guste y esperando saber de ustedes! Nos leemos pronto!