Ohayo! Sé que es raro que yo este publicando tan seguido el capitulo siguiente, esta historia atrapo toda mi inspiración y pues termine mucho antes esta conti, la subo por una persona especial con quien estuve hablando hasta hace poco, SaHinaUchiha, esta actualización va para ti nena! Por un mundo pro sasuhina! Por cierto Naruto es de Kishimoto, yo solo creo las historias que se me ocurren y las llevo hasta el final, sea como sea todas mis historias verán su final! Los personajes adicionales son completamente míos de mi propiedad! Ahora sí, Buena lectura!

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Cap. XX. Inesperados Visitantes.

Podía sentir sus firmes pasos detrás de si, su corazón marcaba un ritmo irregular cada vez que el se encontraba cerca, la fresca brisa rozaba su piel descubierta y solo podía pensar en las manos de el acariciando cada rincón de su cuerpo.

"Como puedo amarlo tanto" Se pregunto subiendo sus manos al nivel de su pecho, su embriagante aroma todavía se encontraba atado a sus sentidos y el olor a bosque le parecía aburrido comparándolo con el.

El sol iluminaba intensamente el dorado paisaje, cada planta se rendía totalmente al cambio de estación dejando cada vez mas cerca el invierno, su época favorita del año, bufo por lo debajo y enfoco su atención en el pequeño cuerpo que iba delante de si con pasos nerviosos, su cuerpo parecía vibrar a cada movimiento y su cabello bailaba lánguidamente pudiendo apreciarse el enredo que yacía entre algunos de sus mechones.

Suspiro sintiéndose torpe y detuvo su andar al darse cuenta del alboroto que parecía haber en la mansión, retrocedió dos pasos chocando contra el firme pecho del pelinegro, su rostro se sonrojo al sentir las manos del hombre tomarla por los hombros intentando tranquilizarla.

-Llego alguien- Hablo de manera neutral apretando sus dedos en los delgados hombros de la ojiblanca, pudo ver a unos cuantos guerreros ir de un lado a otro por lo que supuso era alguno de los invitados de la boda del Hyuuga mayor. –Por la boda-

-Hai- Dijo suavemente intentando controlar el miedo que sintió, por un momento había imaginado que su padre los había mandado a buscar. –Por Neji-oniisan- Murmuro intentando infundirse valor y con ligereza rompió el agarre del pelinegro.

Bufo y cruzo sus brazos retomando la marcha hacia la mansión, debía ser alguien muy importante para que Hiashi Hyuuga hiciera que sus mejores guerreros los recibieran de aquella manera.

-Hinata-sama- Una voz aguda llego hasta ella obligándola a girarse para encontrar una mirada esmeralda que pasaba de preocupación a una de total alivio. –Hiashi-sama la estaba buscando por todos lados- Explico tomando a la Hyuuga del antebrazo y separándola definitivamente del pelinegro.

-Nani?!- Su voz subió dos tonos y aterrada busco la mirada del pelinegro, leyó en ellos la misma confusión que estaba sintiendo y como pudo intento liberarse del agarre de la pelirrosa. –No te ha dicho la razón?- Interrogo disimulando su miedo al obligar a la ayudante a detener su marcha.

-Los hermanos Mizumaki acaban de llegar- Revelo haciendo que todos los colores del rostro de la ojiblanca se perdieran dejándola tan pálida como la nieve. –Hinata-sama?- Pregunto al ver la expresión de terror que había tomado los bellos rasgos de la heredera.

-Hinata-chan!- Una voz burlesca llego hasta las dos mujeres haciendo que un escalofrío corriera por el cuerpo de la Hyuuga, un gemido de temor escapo de su boca sin poder controlarlo al ser abrazada por la espalda. –Cuanto te hemos echado de menos- Completo la voz divertida apretando un poco más el pequeño cuerpo de la ojiblanca.

-Misaki-san…- Susurro aterrada escuchando como contra su cuello se opacaba la risa de la castaña, los brazos de la mujer la liberaron y con un brusco movimiento la giraron dejándola frente a tres pares de esmeraldas que la veían intensamente. –Gomen yo… Yo no sabía que… Que vendrían- Tartamudeo sintiendo el calor inundar su rostro.

-Eres tan kawai!- Dijo efusivamente la castaña y nuevamente volvió a abrazarla haciendo que la ojiblanca volviera a emitir un gemido de dolor. –No sabes cuan aburrida me he sentido en el feudo sin tu alegre compañía- Agrego con tono melodramático liberando definitivamente a la Hyuuga. –Y Kotaro te ha echado tanto de menos- Sonrió ante lo ultimo encontrando sus picaros ojos con los nerviosos de la ojiblanca.

-Déjala respirar Misaki, siempre eres tan exagerada- La ronca voz resonó en la cabeza de la ojiblanca haciendo que sus labios temblaran al encontrar su mirada con el hermano mayor de los Mizumaki. –No piensas saludar a tu prometido?- Se burlo sonriendo abiertamente al ver el temor reflejarse en sus perladas pupilas.

-Gomen…- Se disculpo torpemente y avanzo dos pasos hacia el castaño más tranquilo de los tres. –Bienvenido a mi feudo Kotaro-sama- Murmuro sintiendo la mirada del mayor pasearse por todo su cuerpo creándole un escalofrío.

-Ha pasado algún tiempo Hinata-chan- Dijo suavemente el castaño tomando el rostro de la Hyuuga obligándola a encontrar sus perlados ojos con los de él. –Dime Kotaro onegai- Pidió sonriendo tiernamente haciendo que la Hyuuga se sonrojara levemente.

-Ha… Hai- Tartamudeo liberándose sutilmente del agarre que el castaño estaba ejerciendo en su rostro, sin querer hacerlo se giro hacia el mayor de los tres, la sonrisa del hombre se ensancho y su cuerpo reacciono impulsándola en la dirección contraria de aquel hombre.

-Bienvenido Ryusei-sama- Hablo lentamente y se inclino ante el castaño que rio limpiamente, su cuerpo se estremeció al sentirlo avanzar hacia ella, cerró los ojos con fuerza al sentir la mano del hombre atrapar fieramente su hombro.

-Así está mejor Hinata-chan, siempre es agradable ser recibido por una heredera tan bella como tu- Agrego ampliando su sonrisa al sentir como el pequeño cuerpo de la Hyuuga se estremecía ante su contacto.

-Hinata-sama- Una cuarta voz lleno el ambiente entre los recién llegados haciendo que la nombrada levantara su rostro y se encontrara con la mirada preocupada de la pelirrosa a unos pasos de ella.

-Hai!- Afirmo liberándose del mayor y avanzando hacia la ayudante. –Sumimasen, pasen al salón principal- Invito señalando el gran shoji que separaba la entrada de la mansión con el resto de las habitaciones.

Los castaños asintieron y empezaron a caminar en la dirección que la pequeña Hyuuga les había enseñado, la fresca brisa de la tarde golpeo contra ella haciéndola sentir miserable de pronto, entendiendo que con esas personas en su feudo ella no podría volver a ver al pelinegro a solas.

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Tiro con fuerza del shoji intentando drenar un poco la frustración que sentía al saber a esas personas en el feudo Hyuuga, gruño roncamente soltando un puñetazo contra la lustrosa madera que reflejaba borrosamente sus rasgos.

-Kisama- Su voz ronca lo saco momentáneamente de su estado colérico, la rabia seguía paseando pesadamente por su sangre, tensando sus músculos fieramente, su mente revivió el sonrojo de la ojiblanca al estar frente al que sería su esposo y un gruñido gutural volvió a escapar por su garganta.

-Teme?- Una grave y tranquila voz lo hizo girarse con rapidez, frunció el ceño al ver a su rubio amigo en la entrada del dojo, parecía bastante sorprendido de verlo en aquel lugar, se irguió totalmente intentando disimular la frustración que sentía. –Que haces aquí?- Soltó avanzando dos pasos hacia el pelinegro que gruño y se cruzo de brazos.

-Entrenar- Soltó ácidamente clavando su oscura y fiera mirada en la confusa de su amigo, vio como el rubio se detuvo y con incredulidad parecía estudiarlo detenidamente. –Que tanto me ves dobe?- Se quejo intentando centrar toda su atención en quien lo acompañaba y no en la pequeña mujer que estaba acabando con su paciencia.

-Ya viste a los recién llegados no es así?- Dijo dejando que una ligera sonrisa adornara sus labios, vio como el pelinegro aguanto la respiración y supo que esas personas eran las causantes de aquel estado colérico de su amigo. –Ino-chan me dijo que había llegado el prometido de Hinata-chan- Explico intentando restarle importancia y como supuso el pelinegro gruño en respuesta.

-Que tiene que ver?- Dijo tomando al rubio de la Haori, su frustración creció desmedidamente al ver la sonrisa burlona que adornaba el rostro de su amigo y no muy convencido lo libero bufando exasperado.

-Solo algo que recordé- Comento fingiendo inocencia mientras su sonrisa se hacía cada vez más grande. –Por cierto, porque estas tan molesto?- Soltó tomando al pelinegro del hombro, un estremecimiento corrió por el cuerpo del Uchiha al escuchar aquella pregunta en voz alta.

-De que demonios hablas?- Se quejo liberándose del agarre y empezando a caminar hacia la salida del dojo, su mente solo podía procesar la delicada figura de la ojiblanca cerca de aquel hombre, gruño por lo debajo intentando liberarse de esos pensamientos tan extraños.

-Me parece extraño que dejaras sola a Hinata-chan apenas recibiera la noticia de los recién llegados- Respondió haciendo que el pelinegro detuviera su marcha. –Sabes bien que ella esta prometida con ese feudal- Comento avanzando sigilosamente hacia el lugar donde el pelinegro se había quedado parado.

-Lo sé- Dijo gélidamente, se giro para encontrar al rubio a unos cuantos pasos de su cuerpo, frunció el ceño nuevamente y apretó con fuerza el marco del shoji. –Porque crees que debes recordármelo?- Reto sin separar sus ojos de los del rubio.

-No te lo recuerdo, solo digo que me pareció extraño…- Dijo dándose por vencido de esperar alguna respuesta diferente del pelinegro. –Hinata-chan debe sentirse perdida sin ti a su lado- Confeso bajando su mirada, un bufido frustrado llego hasta sus oídos sorprendiéndolo.

-Ella se asusta con demasiada facilidad- Murmuro recordando todas las veces que esa pequeña heredera le había causado dolores de cabeza por su personalidad tan dócil. –Los Mizumaki son personas que le causan incomodidad- Dijo un poco más alto fijando sus ojos en la mansión principal, viendo como las ayudantes iban de un lado a otro probablemente atendiendo a los recién llegados.

-Hinata-chan es más fuerte de lo que aparenta ser Sasuke-teme- Dijo recuperando su característica alegría y con más confianza paso a un lado del pelinegro y dio un salto limpio hacia el césped ya totalmente dorado creando un crujido al aplastarlos.

Gruño cruzándose de brazos y vio al rubio empezar a alejarse a paso tranquilo, sus ojos avanzaron a través del amplio jardín totalmente dorado, la brisa hacia bailar las hojas bronce llenando el ambiente de un ligero murmullo que parecía querer invitarlo a recuperar su tranquilidad.

"No debe molestarme el hecho de que ella este junto a esos hombres" Pensó para sí, su cuerpo se estremeció rígidamente al crear ese pensamiento, parecía que no estaba de acuerdo con lo que su razonamiento le indicaba que tenía que hacer.

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Apretó sus manos nerviosa, podía sentir su respiración hacerse cada vez mas sonora, bajo su vista centrándose en la madera pulida, por los otros pasillos de la mansión podía escuchar el murmullo de todas las ayudantes moverse para atender a los recién llegados, a sus invitados.

"Por Kami" Se estremeció recordando esas miradas esmeraldas sobre ella, su realidad caminando pesadamente hacia su persona, para reclamarla como su propiedad, como su nacimiento la había arrastrado a vivir.

-Hinata-san?- La suave voz de su acompañante la saco de sus pensamientos obligando a encontrarse con unos ojos esmeralda que la veían con preocupación. –Se siente mal?- Interrogo deteniéndose a unos pasos del estudio de su padre haciendo que un escalofrío recorría su cuerpo llenándola de temor.

-Iie… Solo estoy sorprendida- Admitió apretando sus puños contra la seda que mantenía oculta su pálida piel, vio como el recelo marco las delicadas facciones de la pelirrosa y recordó porque siempre le había gustado aquella extrovertida mujer.

Cerro sus ojos intentando relajar totalmente su nervioso cuerpo, subió sus manos hasta su cabello sintiendo con horror como este se encontraba húmedo y enredado, deslizo sus dedos lo más suave que su terror le permitía por sus enredados cabellos intentando dejarlo nuevamente liso al tiempo que escuchaba el ligero toque en el shoji para anunciar su llegada.

"Okasan… Por Kami que debo hacer" Reflexiono sintiendo como su cuerpo se adormecía, se detuvo a detallar a la pelirrosa agachada, esperando que le dieran permiso para dejarla pasar, libero su cabello y lo enrollo para dejarlo sobre uno de sus hombros, avanzo dos pasos temerosa justo cuando el shoji se deslizaba ante su rostro, dejando ver la perfecta silueta de su padre frente a una gran mesa cubierta de papeles.

-Puedes retirarte- La grave y pesada voz fluyo a través de su cuerpo haciéndola temblar y congelándola en el pasillo, vio como la mirada reprobatoria de su padre se clavaba en ella haciendo temblar sus labios. –Hinata pasa- Ordeno haciendo que su cuerpo cobrara vida y se moviera nervioso hacia el interior.

-Gom…- Su voz nerviosa se cortó al sentir el shoji deslizarse a sus espaldas encerrándola totalmente con aquel hombre que la mirada con rabia contenida.

-No te disculpes- Ordeno haciéndole una seña para que se sentara al tiempo que volvía a centrar su mirada en el pergamino que tenía entre sus manos. –Supongo que ya saludaste a los feudales Mizumaki- Agrego con su siempre neutra voz restándole importancia al notorio nerviosismo de su hija mayor.

-Ha… Hai Otosan… Me… Me encontraron en el jardín principal- Tartamudeo dejando que sus manos descansaran en su regazo intentando tranquilizarse al sentir la fría seda contra su suave piel.

-Debías estar para recibirlos… Ino-chan te estuvo buscando en la cabaña y en tu habitación…- Su mirada se desvió un segundo del pergamino para mirar fijamente a su hija viendo como esta se estremecía. –Donde estabas Hinata?- Pregunto irguiéndose totalmente, el pergamino ronroneo al deslizarse de entre los dedos del hombre y volver a su enrollada forma original.

-Estaba molesta- Se sincero separando su mirada perlada de una despiadada que estaba empezando a leerla completamente. –Fui al bosque, no quería que nadie me encontrara- Admitió bajando aun mas su rostro al escuchar un gruñido inconforme.

-Donde estaba Sasuke-kun entonces?- Soltó ácidamente congelando totalmente el cuerpo de su única hija pelinegra. –El salió unos minutos después de ti y tampoco lo encontraron por la mansión- Explico uniendo sus manos frente a su rostro sin separar su mirada del cuerpo tembloroso de su hija.

-Me encontré con el cuando ya venía de regreso Otosan- Mintió mordiéndose el labio inferior, cerró los ojos con fuerza al escuchar un bufido irritado y el suave sonido de la seda deslizarse por el tatami.

-No te encontró antes?- Soltó deteniéndose junto al pequeño cuerpo de la mujer, la vio encogerse un poco mas haciendo que bufara irritado y pasara de ella. –El conoce muy bien los alrededores de este feudo, diría que incluso mejor que nosotros mismos- Explico rozando lánguidamente sus estanterías, detallando el lugar vacio que había dejado la espada que el pelinegro gano anteriormente.

-No lo sé Otosan… Yo lo vi cuando volvía a la mansión- Repitió sintiendo miedo de no poder ver lo que estaba haciendo su padre, lo podía sentir a su alrededor, caminando lentamente, estudiándola, analizando sus palabras, descubriendo sus mentiras.

-Hmp- Un gruñido escapo bajo entre sus dientes, se giro lentamente hasta quedar frente a la espalda agachada de su hija y con paso firme llego hasta ella sujetándola por los hombros sintiéndola temblar a su tacto. –Hoy le daré su ayudante a Sasuke-kun- Revelo sintiendo como la mujer bajo sus manos contenía la respiración.

Mordió su labio con fuerza conteniendo el gemido que quiso escapar al escuchar aquella frase, sintió los dedos de su padre apretarse en sus hombros, contuvo la respiración intentando mantener al margen el vacio que se abrió en su pecho.

-Ella se ira con él al feudo Mizumaki y será su esposa…- Prosiguió bajando poco a poco su rostro hasta quedar junto al oído de la pequeña mujer. –E Ino-chan será a partir de hoy la ayudante de Neji porque así lo desea el- Completo sintiendo el frágil cuerpo de su hija temblar, se dio cuenta de su cabello húmedo y con desdén lo empujo liberándolo del enredo que le había hecho la ojiblanca.

-Otosan…- Logro articular con dificultad, se corto al sentir los dedos de su padre atraparla por el cabello y jalarla levemente dándole puntadas fugaces de dolor. –Yo…-

-Esto se acaba hoy Hinata…- Decreto apretando el agarre sobre su cabello y obligándola a ponerse de pie en un dificultoso movimiento, abrió en un solo movimiento el shoji llevándose consigo el frágil cuerpo de su hija escuchándola gemir de dolor.

-Matte…- Pidió sintiendo las lagrimas acumularse en sus ojos. –Onegai… Otosan yo…- Un gruñido la corto obligándola a caminar con dificultad por los pasillos de la mansión.

-Urusei!- Gruño entre dientes caminando cada vez con más rapidez sin importarle realmente las miradas confusas de las ayudantes que dejaba a su paso. –Esta será la última vez que actúas como te plazca- Su voz ronca salió acida al sentir las suaves manos de su hija apretar las suyas intentando liberarse.

-Me duele Otosan- Sollozo escuchando el fuerte caminar de su padre resonar por la madera, su pequeño cuerpo no podía seguirle el ritmo. "Que esto acabe de una vez" Suplico mentalmente dejando libres sus saladas lagrimas gimiendo por lo debajo mientras se dejaba arrastrar a la voluntad de su progenitor.

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Dejo caer su espada, rindiéndose a que no podría concentrarse totalmente en su entrenamiento, habían pasado solo unos minutos desde la partida de su rubio amigo pero estar solo lo estaba desesperando aun más.

-Kuso…- Maldijo por lo debajo y agachándose tomo la espada para volverla a guardar en su funda, unos pasos apresurados y nerviosos corrían por el jardín en su dirección haciendo que una extraña sensación de ansiedad se instalara en medio de su estomago.

-Teme…- La agitada voz del rubio llego a el incluso antes que su cuerpo, se movió con rapidez hacia la entrada del dojo viendo como el rubio se detenía sin tener intenciones de dejar el jardín.

-Que quieres Naruto?- Dijo intentando mantener su expresión neutral, pero algo en la mirada nerviosa de su amigo agudizo mas la ansiedad produciéndole un ligero mareo.

-Hinata-chan… Ella- Se corto al ver como la expresión del pelinegro se contraía en una mueca de incomodidad. –Ven conmigo- Pidió y así como llego empezó a correr por el jardín sin siquiera girarse a ver si el pelinegro lo seguía.

"Esa baka" Se quejo mentalmente apretando el mango de la espada en su cinturón y en un ágil salto cayo a unos pasos de donde se encontraba el rubio todavía corriendo. –Dobe que diablos es lo que pasa- Interrogo situándose a un lado del rubio viendo como el aludido contraía su rostro con molestia.

-Hiashi-sama está molesto Sasuke y creo que es por algo que vio en Hinata-chan- Medio explico cruzando en una esquina de la mansión y deteniéndose de golpe corto el camino del pelinegro. –Kuso…- Maldijo por lo debajo notando que no eran los únicos que se encontraban en el jardín esperando.

-Dobe que…- Corto su frase al oler la ligera fragancia de la ojiblanca en el aire, el mareo volvió a apoderarse de su cuerpo haciendo más lenta su reacción para girarse hacia los pasillos de la mansión, temiendo por primera vez lo que vería.

-Onegai…- La suave y suplicante voz de la hija mayor del feudo lleno sus sentidos, haciéndolo gruñir de golpe. –Otosan onegai… Me duele- Volvió a sollozar al tiempo que la imponente figura del feudal Hyuuga aparecía en el pasillo llevando prácticamente de rodillas a su hija pelinegra.

-Urusei!- Volvió a gruñir tomando con más fuerza el suave cabello de su hija, sintiendo como poco a poco algunos mechones se separaban de su pálida piel. –Te lo dije Hinata… No quería volver a repetirlo- Gruño girándose para ver el rojo rostro de su hija cubierto por sus lagrimas, la seda de su vestido se había empezado a romper al pasar duramente por la madera.

-Gomenasai Otosan- Se disculpo intentando ponerse de pie por tercera vez, sujetándose con dificultad de las manos de su padre. –Yo…- Se corto soltando un agudo grito al sentir la gravedad actuar sobre su cuerpo muy rápido haciendo que el lado izquierdo de su cuerpo se entumeciera al caer contra la madera.

-Córtalo- Ordeno clavando su mirada en la mujer que estaba a unos metros de el viendo todo lo que pasaba con su hija mayor, vio como el miedo se reflejo en sus ojos y frunció aun mas su ceño. –Córtalo todo- Repitió escuchando como la ojiblanca sollozaba entre él y la mujer que estaba congelada ante él.

-Hiashi-sama- Murmuro sintiendo el miedo y la impotencia correr por su cuerpo, trago con dificultad dándose valor. –Demo…- Dudo por lo debajo sin desviar la mirada del hombre que tenía cerca de si, su corazón latió fuertemente al escuchar los tristes sollozos de la ojiblanca a unos centímetros de sí misma.

-Ino-chan…- La suave y rota voz de la ojiblanca llego hasta ella haciendo reaccionar su cuerpo que se agacho para tomar a la Hyuuga por los hombros. –Onegai… Hazlo- Pidió clavando su mirada cristalizada en los ojos azules de su ayudante.

Avanzo dos pasos apretando el mango de su espada dispuesto a desenfundarla en el siguiente segundo pero, un fuerte agarre detuvo su mano sobre la misma, obligándolo a gruñir impaciente.

-Sasuke no puedes…- Susurro el rubio retrocediendo un paso llevándose consigo el cuerpo pesado del pelinegro, podía sentir rabia e impotencia correr por su cuerpo al ver como la mayor de las hijas Hyuuga sollozaba destrozada frente a las miradas doloridas de los ayudantes de la mansión.

-Arréglate que tienes que atender a tu prometido- Su fría voz lleno todo el ambiente, obligándolo a soltar un suspiro cansado. –No me hagas repetirlo- Amenazo clavando su mirada en el tembloroso cuerpo de su hija.

-Iie- Respondió lánguidamente intentando ponerse de pie, su cuerpo temblaba y le dolía dificultándole la acción, sus ojos nublados se encontraron con unos azules que la miraban con dolor.

-Que dijiste?- Reto el castaño avanzando dos pasos hacia la delicada mujer que con dificultad se giro para encararlo.

-No quiero hacerlo- Susurro sintiendo como su corazón golpeaba sus costillas, vio como su padre volvía a fruncir el ceño y el miedo corrió por todo su cuerpo advirtiéndole que se detuviera. –No me gusta estar con ellos, con su hermano mayor…- Se corto al ver con horror como la mano de su padre se alzaba contra su rostro, cerró los ojos y sintió el ardor en su suave piel haciéndola gemir por lo debajo.

-Los veras en la cena Hinata y te sentirás complacida de que hayan venido- Ordeno tomándola del brazo con fuerza viendo como aquella mirada perlada lo veía lleno de terror.

-El intento abusar de mi- Gimió por lo debajo sintiendo como nuevamente sus ojos se llenaban de lagrimas. –No quiero verlos… No quiero tener que vivir con ellos… Prefiero…- Un gruñido la corto haciéndola cerrar los ojos instintivamente.

-Que prefieres?- La voz de su padre sonó muy baja, su piel se erizo al sentir como el aliento de el chocaba contra ella. –Estoy seguro que ya no hay dote que proteger- Susurro separándose un poco y viendo como los ojos de su hija se abrían llena de sorpresa al tiempo que su cuerpo nuevamente empezaba a temblar. –Te veré en la cena- Concluyo liberando el brazo de la ojiblanca haciendo que cayera contra la fría madera en un sonido sordo.

Se abrazo a si misma sintiendo el miedo correr por su cuerpo, un miedo que esperaba no sentir jamás, las lagrimas volvieron a nublar su vista obligándola a restregar su piel alejándolas de si, el pesado caminar de su padre le indicaba que empezaba a alejarse de aquel lugar, dejándola sumida en la vergüenza que significaba ser una Hyuuga.

Con dificultad tomo el tembloroso cuerpo de Hinata e intento levantarlo, sintiendo las miradas de todas las ayudantes que se encontraban en aquel lugar, se giro hacia el jardín encontrándose no solo más miradas curiosas sino dos miradas conocidas que parecían haberse congelado en su posición.

-Ino-chan…- Su voz rota salió roncamente de su garganta, se sujeto con más fuerza de la necesaria a las pequeñas manos de su ayudante y termino de erguirse para caminar junto a la rubia. –Gomenasai yo…- Se corto al ver como su acompañante negaba lentamente.

-No tiene que disculparse de nada Hinata-san- Se apresuro a decir al tiempo que empujaba con cierta dificultad el shoji que separaba la habitación de la ojiblanca del pasillo. –Vamos a arreglarla y todo pasara muy pronto…- Intento hablar pausadamente colocando a la Hyuuga en medio de la habitación y caminando hacia el shoji para cerrarlo encontró su azulada mirada con una siempre inexpresiva.

Suspiro con pesadez y se hizo a un lado dejando que aquel silencioso hombre entrara en la habitación, no escucho sus pasos pero no le dio demasiada importancia, deslizo con más cuidado de lo normal el shoji para terminar de esconder aquello que estaba segura ya empezaba a hablarse en los rincones de la mansión.

Se detuvo a dos pasos del cuerpo tembloroso de la delicada Hyuuga, la escuchaba sollozar por lo debajo haciendo que una sensación extraña se formara en medio de su pecho dándole nuevamente un mareo perturbándolo.

-Ino-chan córtalo- Su voz rota lleno la habitación obligándola a abrazarse a sí misma nuevamente, podía sentir el hormigueo de los hematomas que se estarían formando en diferentes partes de su cuerpo haciéndola sentir más miserable.

-Yo lo hare- La grave voz sonó a sus espaldas congelándola, evito girarse sintiendo unos cálidos brazos envolverla por la cintura y tomando con suavidad su largo cabello ya totalmente seco.

-Demo… Sasuke-kun- Intento oponerse la rubia pero vio como el hombre negaba y se empezaba a agachar sosteniendo así el frágil cuerpo de la ojiblanca, con sorpresa vio como la Hyuuga se giraba un poco para poder verlo de frente.

-Gomen…- Se disculpo avergonzada tomando entre sus manos temblorosas el rostro del pelinegro. –Tenías razón- Admitió viendo como los ojos del pelinegro se tornaban opacos y su expresión se volvía neutra.

-Yo lo arreglare- Dijo serenamente liberando el cabello de la mujer y sentándose totalmente en el tatami la dejo entre sus piernas. –Hasta entonces debes evitar a Hiashi-sama- Ordeno sin despegar sus ojos de los perlados que se volvieron a llenar de temor.

-No quiero que te pase nada- Murmuro sintiendo como su corazón empezaba a latir con fuerza empezando a doler. –Se que no sientes lo mismo que yo demo… No puedo permitir que por mi vayan a hacerte algo- Dijo apresuradamente viendo como las facciones del pelinegro se suavizaban un poco y negaba.

-Evita estar con Hiashi-sama Hinata… Nunca he tolerado ese tipo de comportamiento, ni siquiera de un feudal- Admitió restándole importancia a la gravedad de lo que estaba pensando realizar.

-Te dará a Sakura-chan, la obligara a ir con nosotros al feudo Mizumaki…- Dijo apresuradamente sintiendo como sus ojos volvían a nublarse un poco. –Me… Me quitara a Ino-chan- Agrego nerviosa viendo como el rostro del pelinegro le indicaba que la había entendido.

-Espera a que yo te busque… Evita estar sola incluso con tus hermanos- Retomo sus frases pensando rápidamente en la única solución viable para acabar definitivamente con el sufrimiento que parecía causarle aquella condición de Hyuuga a la pelinegra.

-Hai- Acepto por lo debajo intentando controlar el dolor de lo que aquello significaba, cerró los ojos y dejo que su rostro se apoyara en el pecho descubierto del pelinegro, suspiro al sentir su calor relajar su cuerpo e inconscientemente se abrazo a la cintura del hombre rindiéndose a su destino más cercano.

Bufo incomodo por la intimidad que le profesaba aquella mujer contra su piel, la sintió suspirar erizando la piel donde su aliento choco obligándolo a relajar su postura, sabía que solo había una forma de que aquella mujer evitara ese destino que apareció para reclamarla y el solo no podría romper aquellas cadenas que la encadenaban a una muerte en vida, una vida que él conocía perfectamente bien.

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Bueno bueno, todos sabíamos que tarde o temprano el notaria algo no? Y bueno, Hinata simplemente no pudo evitarlo, o mejor dicho tenía mucho miedo como para actuar en consecuencia, espero sus comentarios! De verdad todos y cada uno de ellos es leído y si tienen cuenta el mando un PM ya que como me tardo infinidad de tiempo en actualizar se que las personas olvidan incluso lo que preguntan! A mí me ha pasado mucho cuando me contestaban los reviews! Nos leemos pronto! Espero… Matta ne!