Ohayo! Han pasado unos mesecitos desde que prometí traer la conti pero realmente se me dificulta bastante subir desde mi teléfono y además todos los cambios que he estado viviendo han sido complicados! En fin, no les aburro con mis explicaciones, Naruto y todos los personajes de esta historia son de Kishimoto ustedes saben que si y los que no son de mi propiedad! Que tengan una buena lectura.

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Cap. XXIII. Los Invitados llegan y las Sorpresas Atacan a los Hyuuga.

El frio golpeo su rostro haciéndola fruncir el ceño al tiempo que se giraba para darle la espalda al lugar de donde provenía, cerro sus ojos con fuerza al sentir el irregular caminar alrededor de su futon al tiempo que escuchaba el murmullo del shoji cerrarse detrás de la intrusa, se movió lánguidamente entre las sabanas para seguir acostada un poco mas sintiendo la respiración de la recién llegada.

-Hinata-chan es hora de despertarse- La cantarina y alegre voz lleno sus sentidos obligándola a abrir con pesadez su mirada perlada, encontrándose directamente con unos blancos tobillos que se movían de un lado a otro con agilidad, frunció el ceño y cubrió su rostro completamente.

La recién llegada suspiro resignada a otra mañana de pelea con la ojiblanca, hacia semanas que prácticamente tenia que arrastrarla fuera del futon, sabia que no dormía demasiado y pasaba los días enmudecida, incluso había dejado de ir a su cabaña de pintura, negó lánguidamente y movió ligeramente la sabana dejando a la vista el ceño fruncido de la pelinegra.

-Es muy temprano Sakura-chan- Se quejo resignándose a sentarse para poder encontrarse con aquella siempre enérgica pelirrosa. –No deberías estar ayudando a mi Nii-sama?- Interrogo estirando un poco su cuerpo sintiéndose todavía cansada, bostezo sin poder controlarlo haciendo que la aludida riera abiertamente.

-Neji-sama se levanto muy temprano y pidió no ser molestado el resto de la mañana- Explico agachándose para quedar al nivel de la ojiblanca viendo con diversión como la Hyuuga arrugaba la nariz para cruzarse de brazos. –Vine a adelantar algunas cosas con usted- Agrego acercándose un poco mas revelando entre sus manos el pequeño cepillo.

-Podía hacerlo sola- Se quejo girándose lánguidamente para instantes después sentir el delicado toque de la pelirrosa sobre su cabello relajándola instantáneamente, se fijo entonces en el murmullo que parecía salir del otro lado de su habitación haciendo que su estomago se revolviera por los nervios.

-Ino-chan dijo que vendría mas tarde- Empezó a hablar la pelirrosa deslizando el cepillo por el ahora corto cabello negro que portaba la Hyuuga, su corazón salto al pensar en el porque ahora la heredera llevaba el cabello de esa manera. –Dijo que no… No quiere dejar pasar ningún detalle- Continuo con nerviosismo escuchando la cálida risa de su acompañante turbarla de su posición.

-Ino-chan es demasiado perfeccionista, no le hagas caso- Comento ligeramente sintiendo cierta calma en su corazón al pensar que su padre había dejado ir a la rubia sin ninguna objeción ganándose de esta manera la furia del único hijo varón del feudal. –Déjala hacer lo que quiera- Agrego recordando como parecía brillar la rubia ahora que se había liberado de la jaula de oro en la que se había convertido aquella mansión.

-Demo!- Se quejo deteniendo el cepillar del cabello para girarse y ver de frente a la ojiblanca encontrándose con un rostro ligeramente sonrojado, detallo las ojeras que se dibujaban en aquel perfecto rostro y temió averiguar que las producia al igual que el insomnio que sabia estaba sufriendo. –Ino-chan sigue siendo la ayudante principal no puede simplemente dejarme hacer mi trabajo?- Termino su queja relajando su posición al ver nuevamente la pequeña sonrisa que se dibujaba en los labios de su compañera.

-Ino-chan es Ino-chan no cambiara así le diga mil veces que eres muy capaz de atenderme sin problemas- Admitió poniéndose de pie con un ágil movimiento, sintió como a su lado la pelirrosa también se ponía de pie y empezaba a caminar hacia el fondo de la habitación seguramente preparando sus cosas.

-Debe darse un baño rápido para poder empezar a arreglarle el cabello y…- Dejo la frase a medio terminar al sentir los delgados y fríos dedos de la ojiblanca sobre sus hombros, se giro con dificultad encontrándose con una expresión de culpabilidad que la confundió.

-Gomen demo… Prefiero bañarme mas tarde- Dijo muy bajito intentando mantener la vergüenza a raya, quería estar a solas un poco mas de tiempo, quería alejarse de toda esa farsa un poco mas. –Ven antes del medio día y te prometo que no opondré resistencia a tu obligación- Ofreció viendo como la mirada esmeralda mostraba la resignación que sus palabras le habían causado.

-No permitiré que Ino-chan la arregle esta vez!- Dijo decidida haciendo que su oyente riera abiertamente de nueva cuenta, una calidez se instalo en el pecho de la pelirrosa al notar como poco a poco algo de la personalidad pasiva de la pelinegra volvía a la normalidad.

-Hai- Acepto deslizando por si misma el shoji dejando el camino libre para que su ayudante se marchara, sintió los pasos lentos y derrotados de la pelirrosa sobre el tatami llenándola de ansiedad repentinamente, su corazón dio un vuelco contra sus costillas haciéndola perder el equilibrio momentáneamente.

-Nos vemos mas tarde Hinata-chan- Dijo alegremente la pelirrosa sin percatarse del cambio anímico de la aludida, Hinata por su parte sujeto con mas fuerza de la necesaria el shoji viendo con nerviosismo el camino que empezó a marcar la pelirrosa intentando respirar lo mas calmadamente posible, otro golpe contra sus costillas la hizo gemir obligándola a inclinarse sobre su cuerpo empujando con dificultad el shoji para cerrarlo.

-Que sucede?- Se dijo en un susurro sintiendo nuevamente los sonidos al otro lado de los shoji, podía sentir la ansiedad de todos los habitantes de la mansión bailar en su estomago, se sujeto con fuerza intentando desaparecer esa sensación que aparecía cada cierto tiempo golpeando la fachada que se había empeñado en representar.

-35 días- Murmuro para si apoyando las manos en la fría madera de su habitación, un frio viento golpeo nuevamente su rostro llenándola con un aroma que hacia días no sentía pero que despertaba hasta la mas pequeña de sus células. –Sasuke-kun- El nombre se deslizo cándidamente por sus labios encendiendo de alguna manera su cuerpo y obligándola a ponerse en movimiento en un segundo, no fue consciente de como tomo su yukata gruesa y empezó a avanzar de manera nerviosa por los pasillos dejándose guiar por aquel familiar y añorado aroma, veía sin ver realmente a todos los habitantes de la mansión moverse de un lado a otro sin notar siquiera su presencia.

"Eres tu" Se convenció marchando en la dirección contraria de todas las ayudantes de la mansión sorprendiéndose de que su cuerpo la guiara a la entrada principal del feudo donde estaban varias carretas de todos los invitados a la boda de su hermano, negándose a suponer que era un error siguió su dudosa marcha entre todas las personas que se ponían en movimiento hacia los salones principales dándole la impresión de ser un lugar bastante pequeño. –Sasuke…- Murmuro deteniéndose de golpe intentando contener el rápido latido de su corazón, subió sus manos para cubrir el grito silencioso que quiso salir de su garganta al encontrarse frente a frente con un hombre de largo cabello negro y ojos oscuros penetrantes, una mirada que reflejo la sorpresa al verla parada en medio de la multitud, un suspiro de decepción escapo sin que pudiera evitarlo de sus pequeños labios cerrando los ojos se dejo caer en medio del pasillo controlando a duras penas el llanto que quería escapar de su perlada mirada al darse cuenta que no era la persona que ella tenia tantos días esperando.

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Estiro los brazos detrás de su cabeza dejando que sus músculos se relajaran, sintiendo las frías corrientes de aire chocar contra su piel caliente por el entrenamiento, podía sentir el alboroto de toda la mansión haciendo que una ansiedad impropia de su persona se removiera en el estomago obligándolo a revolverse el cabello.

-Deja de hacer eso- Una suave voz lo regaño deteniendo totalmente su marcha, la risa fluyo sin control por su boca llenando aquel casi desierto pasillo siendo acompañado al instante por un jadeo de sorpresa que quedo atrapado en sus labios.

-Buenos días…- Murmuro roncamente separando sus labios de la pequeña boca de la mujer que se congelo en su lugar haciéndolo sonreír mas ampliamente al ver el ligero rojo que se había dibujado en sus mejillas. –Iba a la cocina a ver que desayunaba- Comenzó a hablar tomando a la mujer de la mano y arrastrándola con el.

-Matte…- Intento decir al tiempo que luchaba por liberarse de esos protectores dedos que se esforzaban por seguir unidos a los de ella. –Naruto detente un momento- Exigió poniendo su cuerpo rígido sin ningún tipo de resultado, desde hacia casi un mes que el rubio hacia lo mismo siempre que le apetecía que ella lo acompañara a algún lugar.

-Con la boda de Neji-san hay demasiado alboroto no puedo ni entrenar bien- Se quejo haciendo caso omiso de los reclamos que estaba dando la rubia a su lado.

-No entrenas bien porque no quieres- Refuto la rubia llevando su otra mano hacia la cálida mano del rubio para intentar liberarse. –Sabes bien que hoy no es un día para mantener las rutinas de siempre- Dijo un poco mas seria al sentir como su compañero se detuvo de golpe, sus miradas se encontraron recordando cosas que los ponían incomodos.

-El teme no ha vuelto- Reflexiono apretando un poco mas fuerte aquella pequeña mano entre la suya, podía sentir el irregular respirar de la mujer como cada vez que mencionaba al desaparecido pelinegro. –No han dado todavía con el cierto?- Interrogo viendo intensamente a la mujer que se tenso automáticamente bajando su mirada.

-Iie… Karin-chan me dice que no hay rastros de donde pudo haber ido- Confeso sintiendo la incomodidad de hablar de su amigo como un enemigo, sintió como su mano era liberada y abrazándose a si misma encontró su mirada con una igual de preocupada frente a ella, ambos sabían que los escuadrones no hacían demasiado esfuerzo por encontrarlo, el Uchiha había logrado ganarse el respeto de todos sus iguales.

-El es demasiado inteligente para que lo encuentren- Aseguro tomando los estrechos hombros de la rubia sintiéndola temblar ante su contacto. –Y menos si no soy yo quien lo busca, es casi imposible que lo encuentren sin mi- Se burlo sonriendo abiertamente haciendo que la rubia también sonriera con melancolía, la apretó contra su pecho sintiéndose tranquilo al sentir aquel cálido cuerpo contra su piel.

-Pasabas días buscándolo- Acepto separándose un poco del rubio, se sonrojo levemente y con un suave roce de labios se libero empezando nuevamente su marcha hacia la cocina de la mansión, su cuerpo se tenso automáticamente al sentir como una ligera multitud se movía en los otros pasillos hacia la entrada del feudo llenándola de ansiedad.

-No entiendo porque deben ser tan curiosos- Se quejo abiertamente y empezó a marchar en dirección a donde podía sentir se movían algunos guerreros y ayudantes haciendo que nuevamente la ansiedad se asentara en su estomago llamándolo a avanzar con mas prisa hacia el lugar donde todos se dirigían.

-Que podría estar causando tanto revuelo?- Interrogo la rubia avanzando un poco mas rápido para seguir los pasos cada vez mas largos del rubio, podía escuchar el murmullo al otro lado de los pasillos confundiéndola, no había un feudal invitado que causara tanta curiosidad, incluso los mas excéntricos habían recibido el respeto y discreción con la que los habían educados a todos.

Su cuerpo se estremeció al sentir un aroma conocido chocar contra todos sus sentidos, la fría brisa rasguño su rostro al tiempo que su cuerpo se tensaba al ver en medio de la multitud a la única pelinegra de la familia Hyuuga, su mirada se había perdido en algún punto frente a ella y la vio caer de rodillas cubriendo su rostro ahogando un llanto que golpeo su cuerpo de una manera que esperaba no volver a sentir.

-Hinata-san…- La alarmada voz de la rubia llego primero a sus sentidos siendo seguía por el pequeño cuerpo de su prometida que avanzo rápidamente entre todos los presentes para agacharse junto al dolorido cuerpo de la heredera de la mansión.

-Cuanto tiempo- Una grave y oscura voz callo todo el murmullo que llenaba ese espacio que de golpe pareció ser una mínima habitación de aquella gran mansión, su cuerpo se tenso y sus puños se cerraron al buscar entre la multitud un cuerpo demasiado familiar.

-Teme…- Murmuro entre dientes sin poder creer lo que veían sus ojos, justo frente a la pelinegra un hombre de larga cabellera negra estaba cruzado de brazos con una expresión de sorpresa y en la carreta a dos escalones de llegar al suelo del feudo estaba erguido orgulloso un pelinegro bastante familiar para el rubio.

-Dobe- Dijo firmemente el pelinegro al encontrar su mirada con una azulina que parecía no salir de su sorpresa, sus sentidos habían enloquecido al sentir el penetrante aroma a lavanda de la que era poseedora la hija mayor de los Hyuuga, se tenso automáticamente al verla llorar a unos pasos de el entre los brazos de la rubia que tenia reflejada la sorpresa en sus facciones, sus ojos azules temblaron al encontrarse con sus ojos negros.

-Que interesante- Una grave y aterciopelada voz lleno el ambiente haciendo que todos desviaran su atención al otro pelinegro que se giro para encarar al que acababa de bajar de la carreta. –Deberíamos ir a presentar nuestros respetos al feudal, Sasuke- Sugirió girándose totalmente hacia el aludido que asintió y dejo que el mayor pasara para empezar a seguirlo.

-Que demonios?- Repitió el rubio empezando a marchar detrás de los recién llegados, vio con curiosidad la haori que llevaba el pelinegro con un emblema bastante peculiar, un emblema que estaba olvidado en sus memorias anteriores a su vida con los Hyuuga, memorias de cuando era alguien libre.

El pelinegro vio de reojo como el rubio lo seguía con pasos torpes haciendo que su sonrisa de superioridad se ampliara a cada paso que avanzaba entre aquel lugar, podía sentirlo tan conocido y ajeno a la vez, podía sentir la rabia viajar por sus venas reclamando sus años de esclavitud, reclamando una verdad de la que el mismo prefirió mantenerse alejado.

-Sasuke porque no me hablas?! Teme!- Grito indignado tomando al pelinegro del hombro y girándolo para que lo viera de frente, su rabia convulsiono en su interior al ver el siempre sereno rostro del que era su amigo y apretó un puño dispuesto a marcar aquellos rasgos imperturbables.

-Dobe porque siempre eres tan impaciente?- Se quejo liberándose fácilmente del agarre del rubio y apretando en una de sus manos el puño que sabia iba directo a su rostro, vio la confusión bailar en el fondo de esos ojos azules obligándolo a bufar exasperado. –Ve a la carreta onegai- Pidió con voz firme viendo como era ahora incredulidad lo que brillo con fuerza en los ojos azules, libero su mano al tiempo que este solo asentía y se giraba para empezar una dudosa marcha en la dirección que le había indicado.

-Es el hijo Namikase?- El hombre alzo la voz captando la atención del pelinegro, Sasuke solo pudo asentir escuchando como un suspiro cansado salía de los labios del mayor. –Vaya que tendré mucho que explicar- Murmuro cruzándose nuevamente de brazos al tiempo que se detenía frente a un shoji obligándolo a clavar su mirada en el esperando tener permiso para entrar.

-Naruto es un dobe no entenderá nada hasta que lo vea por si mismo- Admitió cruzándose de brazos sintiendo una satisfacción empezar a correr por su cuerpo, podía sentir el respirar al otro lado de aquel estudio que conocía demasiado bien y el pesado metal que estaba atado a su cintura capto su atención haciéndolo sonreír involuntariamente una de sus manos acaricio con posesividad el mango de aquella antigua katana. "Hora de empezar a saldar cuentas" Se dijo a si mismo sonriendo de lado, tenia muchas semanas deseando hacer aquello, desde el instante en que decidió luchar con el feudo Hyuuga.

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Podía sentir su cuerpo vibrar al sentir aquella voz tan cerca, su piel quemaba ansiosa y el vértigo se había instalado definitivamente en el fondo de su estomago sintiendo como iban y venían las nauseas, las manos alrededor de sus hombros la invitaban a ponerse de pie pero sus piernas no le respondían todavía, todavía no podía creer que aquello realmente estuviera pasando.

-Es un sueño- Gimió para si limpiando las lagrimas que corrían por su rostro, podía sentir sus mejillas arder a mas no poder, podía sentir las miradas confusas y sorprendidas de todas las personas a unos pasos de ella, podía incluso sentir el palpitar del corazón de la mujer que estaba a su lado.

-Onegai Hinata-san póngase de pie- Suplico una vez mas la rubia intentando elevar sin éxito aquel delicado cuerpo, podía sentir la incertidumbre llenarla así como sabia había llenado a su prometido, subió su mirada buscando en todas las direcciones ver a los recién llegados sin resultado.

-Puedo ayudarte?- Una tercera voz hizo que ambas subieran sus miradas encontrándose con una mirada azulina que era enmarcada por un cabello naranja brillante, la mujer sonrió tendiéndole una mano a la rubia para que se pusiera de pie.

-Gomen- Atino a disculparse la Yamanaka al darse cuenta que había tomado aquella rosada mano sin poder contenerse viendo como la sonrisa de la otra mujer se ampliaba un poco mas.

-Puedo ayudarte a llevarla si lo deseas- Ofreció irguiéndose totalmente dejando a la vista un extraño símbolo que colgaba orgulloso sobre el nacimiento de sus senos y podía verse bordado en una de las mangas oscuras del kimono que portaba.

-Hinata-san no se ha sentido muy bien- Se excuso la rubia tomando uno de los brazos de la ojiblanca para ponerla de pie pero nuevamente no pudo alzarla.

-Vaya…- La voz se volvió baja al escucharla pronunciar el nombre de su protegida por lo que recelosa se coloco entre la recién llegada y la ojiblanca. –Su nombre es bonito- Admitió recuperando nuevamente su sonrisa y con un ágil movimiento se coloco al otro lado de la ojiblanca para ayudar a la rubia a levantarla.

-No se preocupe puedo hacerlo- Se apresuro a decir al escuchar como la seda creaba un murmullo pesado al chocar descuidadamente con la tierra y las rocas de la entrada irregular del feudo.

-No te preocupes en serio quiero ayudar- Dijo restándole importancia a lo que sea que había preocupado a la rubia. –Por cierto soy Umiko Uchiha- Completo al tiempo que entre las dos ponían de pie a la ojiblanca que jadeo y clavo su mirada en la recién llegada que le devolvió la mirada con una tierna sonrisa.

-Uchiha?- Repitió con cierta incredulidad sin despegar su mirada perlada de la azulada que la veía con una chispa de diversión en sus ojos, una chispa que se le hacia totalmente familiar, unos ojos azules que ella conocía demasiado bien.

-Ino-chan!- La voz llego quejumbrosa entre la multitud captando la atención de las tres mujeres al ver aparecer segundos después el grueso cuerpo del rubio que venia con cara de derrotado hacia ellas, haciendo que las mujeres se estremecieran, cada una con motivos totalmente opuestos.

-Que paso?- Interrogo la mencionada intentando ocultar la sorpresa que le causo el nombre de aquella extraña al rubio, había algo que no encajaba en lo que estaba sucediendo y no quería causarle mas preocupaciones a su prometido, miro fugazmente a la pelinaranja que veía de manera extraña a Naruto.

-El teme no quiso decirme nada y además me dijo que volviera a la carreta- Explico justo al momento de detenerse delante de la rubia sin prestarle demasiada atención a la tercera mujer del grupo. –No entiendo que quiere que venga a buscar o que pretende que haga con la carreta- Dijo desviando totalmente su concentración haciendo que una despreocupada risa se colara entre ellos obligándolo a girarse hacia la extraña del grupo.

-Naruto…- Murmuro la cantarina voz de la pelinaranja haciendo que los otros tres la miraran con sorpresa, la mujer se libero un poco del peso de la ojiblanca y como pudo enrollo sus brazos alrededor del cuello del hombre confundiéndolo aun mas. –Que alegría- Dijo al tiempo que un suspiro relajado escapada de su boca, se alejo un poco del rostro del rubio para acariciar sus mejillas y verlo fijamente.

-Gomen…- Murmuro incomodo intentando liberarse del agarre de la mujer, podía sentir las miradas confusas de las otras dos presentes haciéndolo que de un movimiento brusco se alejara totalmente de la pelinaranja. –No te conozco porque… Como sabes mi nombre?- Soltó atropelladamente viendo como la mirada azulina frente a el brillaba nuevamente mientras la mujer volvía a acercarse a el.

-Como no me recuerdas?- Interrogo tomando nuevamente las mejillas del rubio escuchándolo gruñir. –Demo si sigues siendo el mismo baka que conocí- Dijo y empezó a reír al tiempo que un gruñido de advertencia escapaba sin previo aviso del hombre frente a ella que, sin embargo no causo ningún efecto en la extranjera.

-Mire yo no la conozco, no debería recordarla porque no se quien demonios es así que…- Se corto sintiendo su rabia fluir mas rápidamente por su sangre tensando sus músculos justo cuando la mujer volvió a reír fuertemente tomándolo nuevamente del rostro.

-Baka!- Dijo divertida sin inmutarse por la cara molesta que tenia el rubio. –Como no vas a recordar a tu querida prima Umiko Uzumaki?- Soltó viendo como el hombre ante ella se congelaba, sonrió con ternura y volvió a acariciar aquellas mejillas ásperas por el sol, definitivamente su pequeño primo había pasado demasiado trabajo por demasiado tiempo de su vida.

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Un jadeo de inconformidad lleno el ambiente sin inmutar a los otros presentes, dos pares de ojos iguales se giraron para verlo de reojo mientras que uno totalmente opuesto seguía con la vista fija en el documento que tenia entre sus dedos.

-Debo decir que no habrá manera de agradecer lo que ha hecho por mi ototo- Sonó la aterciopelada voz del mayor de los pelinegros haciendo que ambos castaños subieran nuevamente su mirada. –La guerra golpeo muy fuerte nuestras tierras y nos tomo muchos años levantarla nuevamente, demasiados diría yo- Siguió hablando sin inmutarse por la rabia que podía sentir en el ambiente de aquel estudio tenuemente iluminado.

-No podemos estar seguros que diga la verdad Otosan- Murmuro venenoso el menor de los castaños sin separar su vista del menor de los pelinegro que no había bajado la mirada ni un segundo desde que había entrado en aquella habitación.

-Entiendo que tenga dudas con respecto a lo que estoy diciendo…- Volvió a hablar el mayor captando la atención de los Hyuuga nuevamente. –El documento que tiene en sus manos Hiashi-san demuestra nuestro parentesco y comprendo que no seamos bien recibidos demo… Mi familia fue invitada por TenTen-chan- Concluyo cruzándose de brazos mirando de forma retadora al patriarca de aquel feudo.

-No son las formas de hacer esto Itachi-kun- Admitió el mayor de los castaños relajándose en su posición y mirando nuevamente al pelinegro menor que como lo recordaba tenia una expresión indetectable en su rostro pero cuya mirada reflejaba algo que nunca antes había podido leer en ellos.

-Lo se y me disculpo Hiashi-san demo para mi fue una sorpresa saber que mi ototo siempre estuvo con vida a varios días de distancia sin que pudiera recuperarlo siquiera- Hablo fluidamente como quien estaba acostumbrado a dar discursos ante importantes personajes de su mundo, su relajada forma de actuar dejaba en claro que desde siempre estuvo sometido a los cuidados que le daba el linaje en el que fue concebido.

-Porque no habíamos escuchado que el clan Uchiha seguía existiendo? En lugar de eso solo se hablo de su extinción- Ataco el menor de los castaños cruzándose de brazos, escuchando un siseo de amenaza salir de los labios del menor de los pelinegros.

-Fui protegido por mi familia materna- Admitió el Uchiha mayor alzando un brazo sin tocar siquiera al menor pero logrando de esta manera que retrocediera. –Como comprenderán esas guerras se iniciaron para destruir ambos clanes, tanto el Namikase como el mío propio…- Explico cerrando sus ojos ante lo que aquello significaba en su vida, unos recuerdos muy vividos que aun lo atormentaban en las noches.

-Creí hasta cierto punto que el clan Namikase si fue destruido completamente demo… Sasuke me ha informado que hay un descendiente directo de Minato Namikase el ultimo líder del clan que murió en batalla, según tengo entendido Uzumaki Naruto llego a este feudo con mi ototo- Siguió hablando pero en ese instante el castaño menor golpeo el escritorio donde se encontraba apoyado bufando con molestia.

-No me vendrás a decir que el dobe de Naruto es descendiente del rayo de la aldea escondida de entre las hojas- Se burlo escuchando como ahora era el mayor de los Uchiha el que bufaba en advertencia sin despegar su mirada ahora inexpresiva de el.

-Mi esposa es prima directa y mayor de Uzumaki Naruto cuyo verdadero nombre es Namikase Naruto nombre que fue cambiado para protegerlo en medio de la guerra como podrá comprender el era muy joven y probablemente al igual que paso con mi ototo no tenga demasiados recuerdos de sus familias y menos cuando la guerra había comenzado desde antes que ambos tuvieran uso de razón- Excuso mirando de reojo la incomodidad que parecía crecer a cada palabra que el decía en el menor que había desviado su mirada al suelo.

-Que es lo que desea Itachi-kun?- Soltó rindiéndose a aquellas explicaciones, tenia entre sus manos documentos que afirmaban cada palabra dicha por el Uchiha mayor y como tal no podía negar el linaje privilegiado de sus mejores guerreros, sabia que tarde o temprano ese pasado lleno de gloria los reclamaría.

-Deseo únicamente que ambos sean reconocidos como lo que son- Dijo encogiéndose de hombros girándose fugazmente hacia su hermano menor que apretó las manos sobre la fresca seda de la que estaba hecha su hakama, suspiro intentando controlar la ansiedad que sentía al saber que debía cumplir con aquella petición. –Son hombres libres y tienen el mismo rango que usted como feudal posee, como antiguo clan guerrero lo sabe Hiashi-san-

-Hai… Sasuke-kun fue libre el día que decidió huir de mi feudo…- Explico sobándose la sien derecha comprendiendo lo que había tras aquellas palabras. –Naruto-kun será informado para que pueda marchar con ustedes en cuanto termine su visita- Concluyo dejando que el pergamino hiciera un sonido sordo entre sus manos al volver a su forma original enrollada entre sus dedos.

-Una cosa mas Hiashi-sama- Por primera vez desde que había entrado a aquella habitación se escucho la voz del menor de los Uchiha reconocido ya como un igual para los castaños que estaban frente a el.

-No eres quien para dar ordenes en este lugar Uchiha- Dijo seriamente Neji cruzándose de brazos y clavando su fría mirada en el pelinegro, lo vio fruncir el ceño y cruzarse de brazos también haciéndolo sentir triunfante.

-Hiashi-sama…- Llamo desviando totalmente su atención del comportamiento infantil del próximo feudal, vio como el mayor asentía dándole de esta manera la palabra pero con cierto brillo desconfiado en sus ojos perlados. –He venido a llevarme a Hinata- Dijo desafiante sintiendo como ambos ojos perlados lo miraban fieramente dándole a entender que no había una negativa que pudieran usar como excusa para cumplir su capricho y al saberse conocedor de esto una sonrisa triunfante se dibujo en sus finos labios, había logrado obtener lo mas preciado para ambos castaños frente a el, el feudo Hyuuga ahora se quedaba sin su mas preciado tesoro.

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Que tal quedo? Si se como mantener las cosas en suspenso no? Y además ya era hora que apareciera nuestro querido protagonista! Espero sus comentarios.. Muchas gracias a todos los que aun hoy comentan es el combustible que los escritores necesitamos para continuar con las ideas locas que nos encanta escribir y que a ustedes les gustan! Nos leemos pronto! Besitos