Antes que nada debo decirle a quienes tal vez en algún momento siguieron la historia y reciben esta notificación que me disculpen, mi vida cambio radicalmente al punto que no puedo escribir mas de un párrafo en meses, tengo 3 historias inconclusas que quiero si o si darles un final, tengo shot que no publico porque quiero darles cierre a estos fics largos, todo aquí es ficción, historias que inicie en su momento como desahogo y que me ayudaron un montón, amo escribir amo describir sentimientos y espero esta actualización llegue para quienes me la pidieron en su momento hace meses! Subiré varios capítulos para ustedes! Lo dije una vez, ninguna historia mía quedara sin final! Tómeme lo que me tome! Besitos!

Cap. XXVI. El Comienzo del Invierno.

Sus ojos fijos en la porcelana de su taza de te solo hacían que el nerviosismo se hiciera mas evidente con el temblor que se podía ver claramente en sus manos, sentía sobre su persona varios pares de ojos haciéndole imposible disfrutar de ese improvisado desayuno al aire libre.

-Es bueno saber que todavía se puede comer así no creen?- La aguda voz a su lado la estremeció pero solo pudo asentir como respuesta sin subir demasiado su mirada, sabia que cada gesto que hiciera seria analizado a fondo y no podía permitirse dar ningún indicio de lo que todos allí intuían estaba sucediendo.

-Considero que es una tradición que no ha sido lo suficientemente valorada- Otra voz respondió, subió su mirada fugazmente para ver como la mujer de cabellos naranja centraba su mirada en la persona que estaba justo a un lado de ella haciéndola enterrar nuevamente su rostro en la vajilla frente a ella detallando lo escasamente tocado de los alimentos.

-Sinceramente no se porque los feudales tienen tanto miedo de exponer a sus hijos a los desayunos al aire libre- Ahora era una voz masculina la que opinaba, una voz que ella repudiaba con cada célula de su ser, cerro sus ojos detallando el posible gesto que seguramente adornaba las facciones de ese castaño haciendo que un escalofrío viajara veloz por su columna.

-Nosotros estamos a unos días de las costas por lo que no es muy común ver nieve en esta temporada- La aterciopelada voz de la pelinaranja volvió a responder haciendo que un suspiro resignado escapara por sus labios sin que pudiera controlarlo. –Solo a mediados del invierno es que podemos tener nevadas como estas- Siguió explicando al tiempo que unos bajos sonidos de porcelana contra metal opacaba la respiración de todos los presentes.

-Y su ototo siempre es tan reacio a desayunar con ustedes?- La pregunta escapo venenosa de la mujer que tenia a su lado haciendo que se ahogara con un poco de su te obligándola a subir enteramente su mirada para ver como tanto el pelinegro como la pelinaranja se congelaban ante la frase.

Tosió por lo debajo intentando no llamar demasiado la atención de sus demás acompañantes, pero se dio cuenta que solo un par de ojos verdes detallaban completamente su comportamiento, desvió su rostro incomoda intentando esconderse de aquel agradable hombre y concentro toda su atención en la perspicaz mirada azulina que parecía retar de manera divertida a la mujer de ojos verdosos que estaba a unos centímetros de si misma.

-Mi ototo es partidario de entrenar desde muy temprano, como sabrán fue hasta hace poco que se reunió conmigo- Fue la aterciopelada e inexpresiva voz del pelinegro mayor que corto totalmente el reto silencioso entre ambas mujeres. –Y como tal no entiende la importancia de los desayunos en familia- Concluyo alzando su taza de te para volver a perderse entre sus pensamientos.

-Es cierto, Sasuke-kun viajo a nuestro feudo como el guardián de Hinata-chan- La suave voz del hermano del medio de los Mizumaki capto la atención de todos en el comedor. –Un guerrero digno de su apellido- Elogio clavando su mirada totalmente en la única perlada de aquella mesa, viendo como la pelinegra se sonrojaba y bajaba nuevamente su mirada.

-A mi me había sonado su apellido demo no le di importancia al saber que era un guerrero de los Hyuuga- Hablo despreocupadamente el mayor de los castaño al tiempo que colocaba un bocado dentro de su boca sin apartar su mirada del mayor.

-Umiko-chan es cierto que hay otro guerrero en este feudo que es el descendiente del clan Namikaze?- La curiosidad genuina en la burlesca voz de la única mujer Mizumaki hizo que todos prestaran atención a las mujeres viendo intermitente entre la una y la otra.

-Hai… El hijo mayor de Minato Namikase y el futuro líder del clan- Dijo orgullosa mostrando sus blancos dientes en una sonrisa prepotente. –Sobrevivió junto con Sasuke-kun en el feudo Hyuuga… Mi familia no sabrá como pagar el hecho de que con su ignorancia proporcionaran un lugar seguro para que se desarrollara correctamente- Hablo solemne haciendo una leve inclinación a la pelinegra sobresaltándola en su lugar.

-Iie… Fue mi Otosan quien decidió traerlos al pueblo y cuidarlos- Admitió sintiendo como su corazón golpeaba irregularmente sus costillas pensando en lo que aquellas palabras significaban. –Naruto-kun y Sasuke-kun siempre sobresalieron en todos los sentidos- Confeso sonriendo de lado al pensar en ambos hombres.

-Les tienes mucho aprecio no Hinata-chan?- Nuevamente la ronca y tranquila voz del castaño llamo su atención obligándola a girarse para ver la suspicacia aparecer en los ojos verde olivo que la miraban al otro lado de la mesa.

-Hai- Admitió sin vergüenza, sabia que pronto ese ambiente acabaría, los Mizumaki sabían el motivo de la permanencia de la otra familia presente con un hombre en edad de matrimonio. –Ellos siempre estuvieron cerca de nosotros- Murmuro sin despegar su mirada de la de su actual prometido.

El castaño guardo silencio sin despegar su mirada de la pelinegra, viendo como esta le mantenía la mirada con cierto desafío marcado en sus delicadas facciones, bajo su rostro para beber un poco mas de su te al tiempo que por el pasillo se escuchaban apresuradas pisadas llegar hasta ese salón completamente abierto.

"Kotaro-san…" Pensó la ojiblanca sintiendo cierta tristeza llenar su pecho al pensar en cuanto daño le haría al saber que su antiguo guardián estaba todavía en ese lugar para reclamarla para si, sus ojos detallaron fugazmente la llegada de su hermana menor y se relajo entendiendo que con esa inocente presencia la conversación seria mas ligera.

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Escucho el sonido sordo del metal chocar contra el bambú del dojo, respiro profundamente intentando regular el aire de su cuerpo con una sola inhalación, centro su mirada en el ancho cuerpo al otro lado del lugar haciéndolo sonreír de lado.

-Vaya como te entrenaron los Uchiha?- Interrogo sorprendido el rubio moviendo su cabeza de un lado a otro despejando su rostro de las gotas de sudor que fluían continuamente por su frente y cuello. –Y yo que pensaba que estarías descansando- Se burlo dejándose caer sobre el frio bambú llenándose instantáneamente del frio ambiente.

-No quieres saber que paso?- Soltó levemente viendo como el hombre al otro lado se tensaba al escuchar aquella frase. –No quieres saber como….- Dejo su frase a medio terminar al ver como el rubio se ponía de pie de un salto y se giraba hacia el dejando que sus ojos azules reflejaran la curiosidad que sentía por aquel tiempo que el no estuvo en el feudo.

-Lo importante es que no te asesinaron teme- Dijo despreocupadamente cruzando sus manos detrás de su nuca, vio la incredulidad pasear fugazmente por el siempre serio rostro del pelinegro haciéndolo suspirar demostrando su derrota en aquel tema. –Sabes que tuviste mucha suerte de que fuera justamente tu aniki quien te encontrara verdad?- Se resigno a decir empezando una conversación que no sabia si le gustaría escuchar.

Sasuke se cruzo de brazos y bajo su mirada centrándose en aquellas betas del bambú donde entrenaban, donde siempre había entrenado desde que se había vuelto un guerrero del feudo Hyuuga, desde que se había resignado a servir a otros incluso teniendo consciencia de su ascendencia.

Flash Back.

Aguanto la respiración intentando desaparecer totalmente su presencia de aquel sendero no transitado, salto hacia lo alto del grueso árbol donde se encontraba detallando con cierta impaciencia un escuadrón de guerreros terriblemente familiares.

Sintió como su vista se nublo obligándolo a sujetarse de manera brusca de la rama mas cercana creando un ligero murmullo que hizo que el ultimo de los guerreros se detuviera y subiera su mirada en el conjunto de arboles donde el se estaba escondiendo.

"Kuso" Se maldijo pensando cuando había sido la ultima vez que había probado bocado, se había limitado a bordear todos los pueblos que había pasado escapando del feudo Hyuuga, recordando con satisfacción que había sido la decisión mas sensata.

Se dejo caer un poco de altura al sentir como el guerrero había empezado a saltar en su dirección, cerro su mano sobre el mango de la katana que se había enfriado considerablemente, no se sentía cómodo pensando en empezar una lucha con alguno de sus antiguos compañeros.

-Vamos!- Una tercera voz sonó por toda la zona haciendo que desenvainara por instinto viendo como el metal brillaba intensamente al tiempo que la brisa chocaba contra su cuerpo favoreciéndolo. –Debemos llegar antes de que oscurezca- La orden hizo que el hombre que estaba a unos centímetros del pelinegro descendiera en un grácil movimiento levantando las hojas secas al caer sigilosamente contra el suelo.

-Me pareció escuchar algo- Dijo a modo de disculpa y con unos suaves murmullos desapareció en la dirección contraria donde pensaba ir el pelinegro, guardo la katana disfrutando el suave ronroneo del metal contra la vaina de cuero, volvió a nublarse su vista obligándolo a bajar nuevamente a tierra firme, sintió su irregular respiración secándole la garganta al tiempo que fruncía el ceño por la notoria debilidad de su cuerpo.

-Ocho días- Susurro para si pensando cuantos amaneceres había visto desde que había dejado el pequeño cuerpo de la ojiblanca, sintió un nudo apretarse a nivel de su pecho haciéndolo tambalearse, sus manos rasguñaron el tronco de un árbol y su respiración se agito sin ningún motivo creando una molestia en su persona que silbo insistentemente en sus oídos.

-Estas bien?- Una ronca pero todavía infantil voz sonó a unos pasos de su cuerpo obligándolo a sacar su katana para cubrir su cuerpo, pego su espalda del grueso árbol y se obligo a enfocar el lugar de donde había salido aquella voz. –Cuidado con eso- La voz sonó relajada recordándole vagamente otra muy similar.

Gruño con fuerza viendo como ante el aparecía un delgado hombre de intensos cabellos naranjas, se sorprendió al reconocer una mirada azulina que conocía demasiado bien, se irguió todo lo largo de su cuerpo descubriendo que aquel joven era solo unos centímetros mas bajo.

-Necesitas ayuda?- Soltó la pregunta con un tono despreocupado que se le hizo totalmente familiar haciendo que un vacío se asentara en su estomago. –Estamos cerca de mis territorios así que podría ayudarte- Siguió hablando entrelazando sus manos detrás de su nuca revolviendo sus cabellos algo largos para ser un guerrero.

-Tu familia…- Interrogo haciendo que el joven detuviera todas sus acciones para centrar su mirada en la oscura de el, sus rasgos le recordaron totalmente a su rubio amigo y conteniendo un sentimiento extraño dentro de su pecho soltó las palabras. –Eres un Uzumaki?- Murmuro viendo como aquellos azulinos ojos se abrieron con sorpresa para luego volverse recelosa detrás de sus espesas pestañas.

-Iie…- Negó haciendo que el sentimiento dentro de su pecho se relajara pero se tenso al ver que iba a seguir hablando. –Mi prima es Uzumaki yo soy el único sobreviviente del clan Namikase- Explico tendiéndole con cierto recato su mano dándole a entender que se acercara.

-Namikaze?- Repitió avanzando a paso lento hacia el lugar del pelinaranja, lo vio asentir distraídamente y girarse para empezar a caminar por un sendero totalmente oculto a los ojos de los forasteros.

-Hai… Yo no recuerdo nada realmente demo mi prima me dice que paso en una guerra…- Sasuke se estremeció al pensar en aquello, una guerra que el conoció muy bien en su mas corta infancia. –Soy el menor de tres hermanos…- Su voz se apago un poco haciendo que el pelinegro se sintiera incomodo por aquellas revelaciones.

-Un amigo y yo…- Hablo roncamente captando la atención de aquel joven rostro, vio sus bellos ojos azules brillar interesado en sus palabras. –También sobrevivimos a esa guerra demo… Fueron solo clanes guerreros los atacados en esa ocasión- Revelo deteniéndose al ver como el joven pelinaranja se detenía justo cuando aparecía ante ellos una gran muralla.

-Hai… Itachi-kun me habla mucho de esas épocas- Dijo de forma sombría haciendo que un escalofrío corriera por todo el cuerpo del pelinegro, su memoria le llevo inmediatamente a un rostro muy similar al suyo con largos cabellos negros enmarcando una suave mirada oscura, la ultima vez que había visto ese rostro fue a través de los túneles de la mansión Uchiha.

-Itachi-kun?- Repitió viendo como el pelinaranja asentía y volvía a empezar su marcha acercándose a la muralla de un gris manchado con moho verde oscuro que creía por entre las piedras muy similar al del feudo Hyuuga.

-Itachi-kun es el esposo de mi prima Umiko- Siguió hablando sin verse realmente afectado por estar revelando una historia que realmente no era únicamente suya, los ojos del pelinegro se nublaron al encontrar un símbolo familiar adornar los costados del portón de madera pesado que estaba ligeramente abierto donde unos hombres totalmente cubiertos se inclinaban dejando pasar al joven ante el.

-Uchiha?- Su voz salió totalmente baja, sus sentidos totalmente turbados por los recuerdos que empezaban a aparecer uno detrás de otro, reconociendo aquellas puertas, detallando aquel amplio y decolorado jardín, ahogo un gemido perturbado al ver en uno de los pasillos centrales una mujer de cabello naranja junto a un hombre de largos cabellos negros hablaban tranquilamente sin prestar demasiada atención a la presencia que acababa de llegar por una de las puertas laterales de esa conocida mansión.

-Nagato…- Fue la suave voz de la mujer la que recibió al joven ante si, se sorprendió de ver como el aludido bajaba su rostro avergonzado al tiempo que asentía haciendo que el delgado cuerpo de la mujer se removiera creando un ronroneo de la seda contra la pulida madera.

-He encontrado a un viajero perdido- Se excuso avanzando con rapidez para acortar la distancia entre el y la mujer que se había bajado con extrema facilidad del pasillo de la mansión para reunirse con el a mitad del jardín ahora opaco. -Gomen…- Soltó captando la atención del pelinegro que clavo su mirada en la pareja de pelinaranjas.

-Sabes que no puedes andar solo por ahí- Recrimino con aire maternal enredando sus dedos en el sedoso cabello del menor. –Si llegara a sucederte algo no podría perdonármelo jamás- Murmuro abrazándose al cuello del joven haciéndolo bufar con incomodidad.

-No fui lejos estaba en los bosques- Se quejo intentando separarse de la mujer. –Además te dije que encontré a un viajero perdido, no me estas escuchando- Lloriqueo haciendo que una sonrisa traicionera adornara la boca del pelinegro.

-Si te escucho demo no puedo evitar preocuparme- Dijo todavía con un tono de inconformidad por el comportamiento del menor. –A ver quien es ese viajero perdido…- Sus palabras se fueron apagando al tiempo que sus ojos vibraban nerviosos e incrédulos al encontrar su mirada azulina con la oscura del recién llegado.

Su cuerpo se congelo al ver como un reconocimiento brillo en esos ojos azul cielo, las delgadas manos de la mujer cubrieron su boca dejando notar el temblor en sus extremidades, la vio retroceder dos pasos chocando contra el delgado cuerpo del joven pelinaranja que se extraño ante su comportamiento.

-Itachi- Su voz subió dos tonos haciendo que el pelinegro volviera su atención al hombre al otro lado del jardín, cuyos ojos igual de oscuros que los suyos parecían haberse endurecido con el pasar de los años, su cuerpo se hizo liviano al ver como el otro pelinegro se ponía de pie con un movimiento fluido dejándose caer en el jardín.

-Umiko-chan que sucede? Quien es el?- La voz del joven pelinaranja se le antojo bastante aguda en comparación a su amigo y se obligo a sonreír al pensar en que había encontrado parientes vivos de su atolondrado mejor amigo.

-Sasuke…- Su nombre en aquella aterciopelada voz le recorrió la piel en forma de electricidad erizando cada poro a su paso, soltó un suspiro cansado sintiendo como de su pecho desaparecía un peso que no sabia existía relajándolo totalmente.

-Aniki- Murmuro roncamente sintiendo como unos gruesos brazos se enrollaban de manera melancólica en su cuello obligándolo a devolver el abrazo, sintiéndose por primera vez en años en casa. –He vuelto- Completo muy bajo haciendo que el rostro del hombre mayor asintiera contra su cuello haciéndolo sonreír sinceramente por primeras vez en años.

Fin del Flash Back.

Sus ojos estaban fijos en el amplio jardín donde empezaba a verse una ligera cortina de nieve que caía lánguidamente sobre la tierra empezando a blanquear todos los espacios en tonalidades bronce, sus sentidos se concentraron en los salones al otro lado de la mansión, no podía verlos pero sabia que hacia pocos minutos habían terminado de desayunar los invitados junto con los hijos del feudal, incluida la pelinegra.

-Sasuke-kun- Una suave voz lleno sus sentidos relajándose, se giro un poco para encontrar la delgada figura de su rubia amiga con una alargada bandeja donde llevaba varios platos servidos, vio en sus ojos aparecer una nostalgia impropia de su personalidad.

-Entonces quien te encontró realmente fue Nagato- Analizo el rubio juntando sus manos en pose pensativa haciendo que la línea de los labios del pelinegro se elevara en una muy tenue sonrisa. –Y porque tardaste tanto en volver?- Indago dándose cuenta del tiempo que le había tomado al pelinegro llegar al lugar donde estaban asentados ambos clanes.

-Umiko-san prefirió esperar a que llegara la fecha de la boda para venir al feudo dijo que era… Inoportuno llegar antes- Dudo de la ultima frase recordando que la pelinaranja casi había tenido un ataque al enterarse de lo que estaba planeando hacer.

-Tal vez para no incomodar a TenTen-sama?- Inquirió la rubia llamando la atención de ambos hombres, bajo su mirada hasta la bandeja que se encontraba frente a su cuerpo apretando sus manos sobre su regazo, tenia el presentimiento que no seria nada fácil la convivencia de todos los invitados que se estaban quedando en el feudo.

-Tal vez porque no quería que hubieran discusiones que pudieran presenciar otros feudales- Intento adivinar ahora el rubio, su voz relajada dejaba en claro que no era un asunto que lo perturbara demasiado haciendo que una incomodidad extraña bailara por todo su estomago, era una sensación que no lo había abandonado desde que piso nuevamente esas tierras.

-Simplemente le pareció lo mas diplomático no importunar a los Hyuuga antes de esas fechas demo, ahora solo debemos hacer la propuesta- Explico el pelinegro cruzándose de brazos y tomando una de las tazas de te que lanzaban columnas de humo blanco desde la bandeja frente a la rubia.

-Porque estas tan seguro que Hiashi-sama aceptara lo que tengas que decirle teme?- El rubio dejo escapar la pregunta sin pensar demasiado en ella, ganándose una mirada reprobatoria de su prometida y un gruñido bajo del pelinegro. –Piénsalo bien, creo que el preferiría dejarla en manos de cualquier otra familia solo para dejar claro su punto con Hinata-chan- Intento explicarse viendo de la mujer al pelinegro y viceversa viendo como a cada palabra que decía ambos iban modificando sus expresiones a unas muy similares, dejando que sus facciones mostraran la inseguridad de lo esos pensamientos podrían significar para el futuro de la heredera.

-Creo que es algo mas valioso que simplemente mantener su punto de vista ante los sentimientos de Hinata, es algo que se el ha deseado desde que Neji-sama dejo claro su punto de vista sobre como tomaría el patriarcado- Explico superficialmente viendo como ambos rubios intercambiaban miradas de confusión afianzando aun mas el sentimiento de seguridad con respecto a los beneficios que el Hyuuga obtendría dándole a la pelinegra como esposa.

"Ten por seguro que de cualquier forma saldré ganando yo Hiashi-san" Medito bajando su mirada para detallar el lánguido movimiento del oscuro liquido en la delicada vajilla con la que estaba desayunando, el vaho de calor que llegaba a su rostro relajaba sus músculos haciéndolo suspirar por debajo despertando la necesidad de la tranquila compañía de la pelinegra en aquella nebulosa mañana.

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Sus ojos detallaban el rápido y delicado movimiento de unos largos dedos sobre un hermoso tapizado de colores primaverales, su mente se había perdido entre las azucenas y margaritas que se dibujaban perfectamente en medio de aquel laborioso tejido adormeciéndola un poco en su posición.

-Creo que terminaras dormida- Una cantarina voz la saco de su ensimismamiento haciéndola abrir los ojos avergonzada por las palabras que le había dedicado la otra mujer, el calor acudió rápido a sus mejillas haciendo que su acompañante riera con simpleza ante su infantil comportamiento.

-Gomen yo… No quería interrumpirte- Murmuro todavía llena de vergüenza, se irguió un poco mas en su posición juntando las manos sobre su regazo y encontrando su mirada perlada con una achocolatada que la veía de manera recelosa.

-No creo que sea el mejor lugar para esconderte de tu prometido- Empezó a hablar con ligereza sonriendo para si al ver como la pequeña muchacha frente a ella saltaba ante la mención del castaño. –Y mucho menos de Sasuke-kun- No se aguanto de agregar aquel nombre viendo como el rostro de la ojiblanca llegaba a un tono carmín totalmente brillante obligándola a soltar la risilla burlona que estaba conteniendo.

Bajo su mirada abochornada por saberse descubierta, podía escuchar la cantarina risa de la castaña frente a ella llenar sus sentidos, la vergüenza acudió nuevamente a su cuerpo al aceptar de manera lastimosa que no había sido lo suficientemente discreta como para ocultar que realmente se estaba escondiendo de aquellos dos hombres.

-Se que amas a Sasuke-kun- La voz de su acompañante la hizo temblar obligándola a encontrar sus ojos con esos achocolatados que brillaban de manera enigmática frente a ella. –Lo supe desde el primer día que lo vi, que vi como lo mirabas- Revelo dejando definitivamente el tejido para acomodarse frente a la Hyuuga viendo con cierta tristeza como sus palabras parecían poner en el máximo estado de alerta el menudo cuerpo de la ojiblanca.

-Sasuke-kun dijo que yo terminaría revelando lo que sentía por el- Dijo deprimida al recordar unas palabras que parecía le había dedicado el pelinegro en otra vida, un tiempo no tan lejano pero lo suficientemente distante como para producirle nostalgia. –No creo que mi Otosan acepte que me haga su esposa- Agrego apretando sus manos con mas fuerza sobre su regazo, separo sus ojos perlados de los de su acompañante para evitar dejar a la vista la debilidad que le producían esos sentimientos.

-Eres afortunada Hinata- La voz a su lado sonó muy baja sorprendiéndola, ahogo un grito al sentir las cálidas manos de la castaña atrapar una de sus nerviosas manos intentando tranquilizarla. –Solo había oído lo que significaba sentir amor por alguna persona, no lo he sentido y no se si llegue a sentir por tu aniki lo que puedo leer en tus ojos, como se iluminan cuando ves a Sasuke-kun, como suspiras cuando el abandona el lugar donde se encuentran, es como si ambos tuvieran que tener al otro para funcionar correctamente… Es realmente envidiable Hinata- Explico con calma notando como la pequeña boca de la Hyuuga se iba abriendo a cada una de sus palabras, sonrió fraternalmente al ver como los ojos perlados se cristalizaban y dejaban escapar pequeñas gotas brillantes mojando su tersa piel.

Ahogo un lamento al comprender lo evidente que siempre había sido con respecto al pelinegro, su amor era tan grande que cualquier persona que prestara un poco de atención hubiera notado que siempre existió un sentimiento mas allá del simple agrado que pudiera sentir por cualquiera que la acompañara día y noche, las lagrimas empezaron a correr silenciosas por sus mejillas obligándola a cubrir sus labios para que no escaparan lamentos innecesarios.

-No debes sentirte triste por saber lo que significa amar a alguien- Intento consolar la castaña atrapando el estilizado cuello de la ojiblanca en un cálido abrazo, sintió pena al ver como esta reacciono rápidamente enredando sus frágiles brazos por su cintura sollozando en silencio contra su frio kimono.

Gimió escondiendo un poco mas su rostro en el cuello de la castaña, dándose cuenta que nunca había recibido ningún tipo de consuelo para lo que significaba estar viviendo dichos sentimientos, los rechazara o los viviera, los negara o intentara ocultarlos siempre estuvieron, quemando cada célula de su ser, dejando a la vista lo que ella pensaba tenia escondido por no revelarlo a través de palabras, desde el comienzo había puesto en peligro la vida del pelinegro sin ser realmente consciente de eso.

El murmullo del shoji deslizarse en el pasillo interno de la mansión hizo que ambas mujeres se separan, la castaña sonrió con melancolía viendo como la menor solo atinaba a bajar el rostro y limpiar torpemente las lagrimas que habían marcado senderos ardientes en sus mejillas.

-Hinata-san?- La ronca y siempre tranquila voz lleno la habitación produciendo que el corazón de la aludida brincara contra su pecho ahogándola levemente, sintió a su lado como la mujer se movía y una cantarina risa muy baja llego a sus sentidos obligándola a subir su mirada incrédula.

-Sasuke-kun…- Dijo a modo de saludo la castaña moviéndose desde el lado de la ojiblanca hasta volver a quedar frente su gran tejido primaveral restándole importancia a aquella tensión que empezó a flotar entre los otros dos habitantes de aquella pequeña habitación.

-Me acompaña?- Murmuro seriamente irguiéndose en su posición, sus ojos no se habían separado de los perlados que brillaron ante su proposición, su vista periférica le mostro como la otra mujer se removió ansiosa en su posición notando como se giraba un poco para mirar de reojo la notable rigidez en la única Hyuuga de aquella habitación.

-Creo que tomare un descanso- Hablo luego de unos momentos mas en silencio, se había percatado que la ojiblanca se había congelado totalmente en su posición y el hombre en la entrada de la habitación parecía estar perdiendo la paciencia ante su inmovilidad y mutismo recién adquiridos.

Sus ojos perlas se separaron bruscamente de los oscuros del pelinegro para ver con cierto terror como la castaña se ponía de pie con un movimiento relajado dejando que la seda creara un ronroneo al acariciar lánguidamente los tatamis de la habitación, gimió al ver como esta paso junto al hombre se detuvo para verlo fijamente y después salió a paso rápido cerrando detrás de si el shoji encerrándolos en aquel ahora asfixiante lugar.

-Gomen- Se apresuro a decir al ver que el pelinegro avanzo dos pasos hacia ella, lo vio fruncir el ceño justo cuando se inclinaba para quedar sentado frente a su persona. –Tenia miedo de salir y yo… Yo solo…- No pudo continuar, sus ojos se cerraron instintivamente al sentir los cálidos labios del pelinegro sobre los suyos casi haciéndola caer con la fuerza con la que se acerco a su cuerpo para poder besarla.

-Te dije… Que no te disculparas- Dijo entre un beso y otro atrapando con firmeza la estrecha cintura de la ojiblanca, sonrió contra los carnosos labios de la mujer al sentir como aceptaba sus palabras moviendo su cabeza de arriba abajo al tiempo que acomodaba sus piernas para dejarlo entre ellas enrollando sus suaves manos contra su nuca apretando fervientemente sus cabellos.

-Sasuke-kun- Murmuro contra los delgados labios del hombre separándose solo para mirarlo fijamente, detallo en sus oscuros ojos el mismo brillo que no pudo descifrar la noche antes de que se marchara del feudo, un sentimiento que no lograba reconocer pero que sin embargo le daba una inmensa tranquilidad, algo en ella le aseguraba que eso que no entendía del todo en el fondo de esos penetrantes negros ojos era lo que mantenía al Uchiha con ella, lo que le proporcionaba seguridad.

Junto sus labios una vez mas con los deliciosos labios de Hinata gruñendo al sentir como todo su cuerpo ardía deseoso de tenerla a su merced pero mas que poseerla físicamente quería poseer el derecho de tenerla junto a si mismo, de tener la seguridad que cada mañana despertaría teniendo ese menudo y frágil cuerpo a su lado, porque por encima de poseer su compañía deseaba seguir siendo el único dueño del palpitar irregular de aquel corazón.

"Que me has hecho Hyuuga" Pensó con algo de confusión al reconocer una línea de pensamientos que no se había permitido liberar, no se había permitido analizarlos cuando era solo un simple guardián porque no era algo que tenia autorizado, cuando decidió tomarla físicamente no pensó en ello porque asumió que con una sola vez dejaría de desear poseerla, se acostumbro a sus maneras suaves y silenciosas, aprendió a admirar la delicadeza con la que hacia las cosas incluso admiraba como parecía no tener miedo de amarlo con tanta intensidad como le había demostrado en tantas ocasiones, al punto de ser humillada por su propio padre.

-Pasa algo?- La suave voz de la mujer lo hizo salir de sus pensamientos, sintió entonces como sus pequeñas manos acariciaban su cabello y espalda, había escondido su rostro en el cuello de la mujer llenándose de ese delicado y dulce aroma que la caracterizaba sintiéndose tranquilo de saberla cerca.

-Quería mostrarte algo- Admitió recordando porque había ido en busca de la Hyuuga, se separo sin querer hacerlo realmente para alzarse un poco y encontrar su mirada con una sorprendida pero al instante la vio sonreír y asintiendo se acomodo todo lo que podía al tenerlo todavía casi acostado sobre ella.

Se irguió en su ágil movimiento llevando consigo el ligero cuerpo de la mujer, la escucho soltar un jadeo de sorpresa obligándose a detallarla, su rostro se había sonrojado levemente y sus manos nerviosas alisaban la seda contra su cuerpo haciendo que una sonrisa traicionera se instalara en sus labios al verla actuar de manera tan infantil.

-Debe ser algo maravilloso- Sus palabras lo sorprendieron viendo con intensidad como ella se emocionaba ante el hecho de que el quisiera mostrarle cualquier cosa, un calor pesado se instalo en su pecho haciendo que su corazón latiera de forma irregular rememorando instantáneamente que solo cuando tenia a esa pequeña mujer cerca se sentía de esa manera.

Bufo algo exasperado al sentir como el estaba analizando mas de la cuenta las sensaciones que aquella cercanía le producían y con brusquedad tomo una de las pequeñas manos de la mujer para empezaran a llevarla consigo.

"Esto no puede estar pasando realmente" Se dijo a si mismo entendiendo en un instante que todo eso que le causaba la ausencia y cercanía de la mujer a su lado era lo que tanto había criticado en sus compañeros que se habían retirado de la guardia, porque en algún momento de aquella historia la Hyuuga malcriada había logrado traspasar sus barreras para asentarse definitivamente en su corazón.