Cap. XXVII. La Inocencia de tu Amor.
Gimió extasiada dejándose caer sobre sus rodillas, sus ojos detallaron maravillados como bajo una ligerísima capa de hielo nadaban los peces en el estanque artificial que su padre le había regalado muchos años atrás.
-No sabia que ellos pudieran nadar así- Su emoción era tal que su voz sonaba mas aguda que de costumbre, acerco los dedos sin poder contenerse para rozar aquel hielo transparente viendo como algunos peces acudían hasta ellos obligándola a reír por lo debajo.
Detallo aquellos gestos infantiles intentando comprender como no se había dado cuenta antes de lo que había empezado a crecer dentro de si mismo, la escucho reír inocentemente viendo como sus delgados y ahora aun mas pálidos dedos hacían círculos sobre la capa de hielo que la separaba de sus peces.
-Yo no sabia que ellos podían sobrevivir así- Hablo obligándose a separar sus ojos del estanque para centrarla en el pelinegro que estaba totalmente impasible a su lado. –Yo pensé que los sacaban antes de que el agua se congelara demo… No imaginaba que se congelaba desde tan temprano en la estación- Explico sintiendo de golpe como sus mejillas se sonrojaban, nunca antes se había interesado realmente como sus ayudantes sabían en que momento especifico debían sacar sus valiosos peces de aquel estanque para guardarlos en lugares mas cálidos en la mansión.
-Supuse nunca lo habías visto- Dijo neutralmente viendo como ella solo asentía regalándole una de sus tantas tiernas sonrisas, se regaño a si mismo frunciendo el ceño al darse cuenta que esa sonrisa en particular solo aparecía cuando el estaba cerca haciéndolo sentir un poco mas incomodo por no haber sido lo suficientemente perspicaz y darse cuenta incluso antes de ser su guardián los sentimientos que esa heredera había guardado por el.
-Otosan no me deja salir al jardín en las primeras nevadas dice que es peligroso- Explico sintiendo como sus manos empezaban a hormiguear donde sus palmas se apoyaban sobre la capa de nieve, las temperaturas habían bajado considerablemente con el pasar de las horas haciendo que todos los habitantes del feudo empezaran a cubrirse con prendas mas cálidas, un suspiro de resignación escapo de sus labios al tener que separarse de su actual descubrimiento y con delicadeza se empezó a poner de pie.
La vio frotar sus manos bajo las amplias mangas del kimono al tiempo que un vaho espeso escapaba de sus labios, frunció el ceño al ver que ella admiraba distraídamente los pequeños copos de nieve que habían empezado a caer, una fría brisa golpeo su cuerpo estremeciéndolo y sin ser totalmente consciente avanzo hasta colocarse detrás del pequeño cuerpo de la Hyuuga.
Sus ojos intentaban descifrar las perfectas formas de los copos de nieve, sintiendo como estos se derretían automáticamente al entrar en contacto con su cálida piel, sonrió levemente al tiempo que subía sus manos para ver como los pequeños copos al tocar sus palmas se hacían pequeñas gotas de agua fría.
-Deberíamos volver- La ronca voz llego a sus sentidos estremeciéndola, se giro un poco sintiendo como su rostro se sonrojaba al ver la pálida piel del pecho del pelinegro estar tan cerca de su cara, subió un poco su mirada para ver la mirada divertida del Uchiha haciéndola respirar intranquila.
Solo se limito a asentir, tomo dos respiraciones profundas para intentar tranquilizar el latir de su corazón pero se ahogo en la segunda inhalación al sentir los cálidos dedos del pelinegro entrelazarse con los suyos jalándola hasta su ancho pecho.
-Estas caliente- Murmuro haciendo que su aliento chocara contra la piel del pelinegro notando como se erizaba ante el contacto, lo escucho reír por lo bajo haciendo que sus ojos volvieran a encontrarse con los profundos del hombre que la acerco un poco mas a si mismo, Hinata suspiro complacida al sentir el fresco aliento del hombre chocar contra su nariz e instintivamente entreabrió sus labios.
-Sabes que no puedo hacer esto- Susurro roncamente bajando un poco su rostro, detallo los rosados labios de la mujer temblar ante su cercanía haciéndolo tragar grueso y apretar un poco mas sus dedos contra los de la ojiblanca sintiendo como esta suspiraba de nueva cuenta nublando momentáneamente su raciocinio.
-Ya… No eres mi… Guardián- Dijo entrecortadamente apoyándose en la punta de sus pies para rozar fugazmente los delgados labios del pelinegro, gimió satisfecha al sentir como el Uchiha aguanto la respiración sorprendido por su delicado beso haciendo que el calor se concentrara nuevamente en todo su rostro.
-Kuso…- Gruño guturalmente aplastando la cintura de la mujer contra si mismo sintiendo como jadeaba sorprendida, sus ojos se encontraron detallando un brillo travieso bailar en el fondo de las pupilas perladas y con un media sonrisa de suficiencia se inclino para besar lenta y profundamente esos carnosos labios, sintiendo el dulce e intenso sabor de la Hyuuga obligándolo a hacer de lado las apariencias que según recordaba debía guardar.
-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-
Sonrió levemente al admirar al otro lado del jardín como unos pelinegros conocidos para ella se hablaban muy cerca el uno del otro, pudo sentir incluso la vergüenza correr por su cuerpo cuando vio a la menuda pelinegra alzarse para besar al hombre para que instantes después el le devolviera el beso de manera lenta apretándola totalmente contra ese ancho cuerpo.
"Definitivamente no saben lo afortunados que son" Se dijo a si misma desviando su mirada y centrándola en la taza de te que tenia entre las manos, detallo vagamente la columna de humo que flotaba ante ella relajando todo su cuerpo y con un suspiro cansado deslizo el shoji para darle mas privacidad a la pareja que por error había estado admirando.
-No crees que es de mala educación hacer lo que acabas de hacer?- Una aterciopelada voz llego hasta ella obligándola a subir su mirada achocolatada, la incomodidad lleno su cuerpo al ver unos penetrantes ojos negros detallarla intensamente.
-Itachi-kun…- Sonó entre aliviada y sorprendida al ver como el pelinegro cerraba el shoji de los pasillos internos para quedarse encerrado con ella en aquella pequeña pero cálida habitación. –Por un momento pensé que… Eras otra persona- Dijo dudosa girándose instintivamente para asegurarse a si misma que había cerrado el shoji exterior.
-Neji-san?- Soltó con curiosidad al ver como el cuerpo de la castaña se puso rígido ante la mención del Hyuuga para resignarse solo a afirmar por su pregunta, detallo entonces como las manos de la mujer temblaban ligeramente haciendo que una ansiedad impropia de su persona se asentara pesadamente en el fondo de su estomago.
-El no esta muy complacido con toda esta situación- Revelo soltando un suspiro quedo y girándose para ver fijamente al pelinegro que parecía perder su siempre tranquila apariencia según avanzaban los segundos encerrados en aquel lugar. –Esta buscando la manera de hacer que Hinata-chan se vaya lo mas pronto posible con los Mizumaki- Las palabras fluyeron rápida y claras a través de sus labios, sus ojos vibraban ansiosos pero sin separarse un instante de los oscuros que estaban al otro lado de la habitación.
-Lo imagine- Soltó entendiendo el significado entre líneas de lo que aquella mujer estaba revelando, la vio sonreír con cierta satisfacción aturdiéndolo al tiempo que la veía volver su mirada al shoji que había cerrado unos momentos antes, haciendo que la curiosidad corriera veloz por su cuerpo. –Porque haces esto?- Interrogo viendo como los hombros de la mujer se enderezaron mostrando la tensión que aquella pregunta le hacia sentir.
-Solo es hacer lo correcto- Dijo muy bajito pero lo suficientemente audible para que el hombre la escuchara, su mirada se centro ahora en el tatami a sus pies detallando uno que otro diseño natural del tejido de esas cálidas piezas. –No tengo porque esconder algo que no me beneficiara- Completo dándole a la situación un giro egoísta haciendo que el pelinegro la detallara aun mas interesado.
-Estas segura que no te beneficiara a largo plazo?- Soltó neutralmente uniendo sus manos bajo los pliegues de las mangas de su kimono negro, escucho un suspiro pesado escapar de los labios de la castaña ante el y con sorpresa la vio negar con pesadez.
-Digamos que soy una mujer practica- Intento darse a entender empezando a avanzar de manera lenta hacia el lugar donde estaba el pelinegro, se detuvo a dos pasos de distancia y subió su mirada de manera retadora hacia la intensa mirada del hombre. –No me parece productivo saber que los Mizumaki podrían heredar parte de este feudo si ella da a luz un hijo varón- Confeso viendo como los ojos negros se dilataban por la sorpresa de lo que aquella frase ponía en juego.
-Quieres decir que…- No termino su frase al ver como su acompañante sonreía victoriosa y asentía lentamente, la sintió pasar a su lado casi rozando su propio cuerpo para deslizar el shoji y dejar que el murmullo del resto de la mansión se colara de manera incomoda en la ahora pesada habitación.
-Entre clanes guerreros no se intercambian tierras y ella es lo suficientemente joven para producir una nueva línea de guerreros de primera, todos hombres si tienen suerte- Siguió hablando pero ahora centrando sus achocolatados ojos en los pasillos que se cruzaban unos con otros dejando a la vista cada cierto tiempo varias mujeres pasar de un lado a otro llevando y trayendo bandejas y abrigos pesados, seguramente para los pocos feudales que todavía quedaban en aquella mansión.
-No tienes la confianza de dar a luz un hijo varón?- Interrogo sintiendo un poco de incomodidad al escucharla hablar de una manera tan desprendida de un posible bebe, con sorpresa la vio negar todavía sin despegar su mirada de los pasillos de la mansión.
-Es indiferente el que tenga un hijo varón, ella es una Hyuuga y están asegurando la descendencia del clan con ese trato- Explico mirando de reojo al pelinegro, el viento frio de la tarde corrió por los pasillos creando un murmullo sordo obligando a la castaña a abrazarse a si misma.
-Hiashi-san no parece de esos hombres- Reflexiono avanzando de manera recelosa hacia la castaña, se detuvo a un paso de aquel delgado cuerpo notando como parecía temblar y se abrazaba a si misma, se percato de que estaba sollozando por lo bajo haciéndolo sentir aun mas incomodo.
-No fue Hiashi-san el que arreglo ese matrimonio- Confeso girándose sobre si misma para encontrar su mirada deprimida con las del Uchiha mayor. –El sabia que Hinata-chan sentía algo por alguien de este feudo demo… No sabia quien era- Continuo dejando que una solitaria lagrima paseara por su mejilla, el frio aire choco contra ambos produciéndoles escalofríos por toda la piel.
-Entonces Sasuke deberá hablar con el Feudal hoy mismo- Dijo decidido el pelinegro y con paso rápido salió de aquel lugar, la castaña lo vio alejarse con cierta melancolía dejando paso a un pesado suspiro que escapo de sus labios liberándole lentamente del peso que sentía desde hace tantas semanas, el peso de saber el verdadero valor de aquella dulce heredera.
-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-
Sus labios volvieron a curvarse en una sonrisa sin que pudiera evitarlo, el palpitar irregular y rápido de su corazón golpeaba sus costillas creándole una sensación placentera haciendo que su rostro volviera a teñirse de carmín al fijarse una vez mas en la cálida mano que la sujetaba con firmeza y la llevaba con delicadeza por los pasillos internos de la mansión Hyuuga.
"Kotaro-san se molestara si nos ve así" Pensó de golpe al ver como en un pasillo frente a ellos pasaba la estela de un cabello castaño brillante, retrocedió dos pasos intentando liberar su mano pero solo consiguió que el pelinegro apretara mas fuerte el agarre haciendo que un sonido gutural brotara desde el fondo de su pecho.
-No me importa- Dijo roncamente restándole importancia a lo que podría ver aquella familia, quería mas bien que se fueran acostumbrando a la idea de que no saldrían de aquel lugar con la Hyuuga como trofeo. –Te dije que no te casaras con el- Agrego girándose para ver de manera intimidante a la ojiblanca que solo pudo asentir nerviosa sin que el sonrojo desapareciera de sus mejillas.
El asintió de mala gana y volvió a jalar el pequeño cuerpo para retomar la marcha que llevaban hacia el salón principal de la mansión, negó inconforme al intentar calmar esos sentimientos incomodos que siempre tensaban su cuerpo de pensar que alguien mas que no fuera el se acercara demasiado a la ojiblanca.
El murmullo de la nieve cayendo creaba un eco en todos los pasillos de la mansión obligando a todos los habitantes a moverse con mas prisa entre los pasillos para resguardarse de las corrientes frías que corrían libremente por la mansión, pudo detallar una voz conocida a unos pasos de su posición haciéndolo fruncir el ceño.
-Hinata-chan, Sasuke-kun- La siempre alegre voz de la mujer los recibió incluso antes de que pudieran verla, el susurro de la seda chocando con los tatamis del salón principal llamo la atención de los recién llegados advirtiendo que no se encontraba sola. –Que bueno que llegaron, justo estaba pensando que Ino-chan iba a tener que ir a buscarlos- Comento con cierta pena girándose hacia la aludida que estaba sentada con el rostro inclinado y sus pequeñas manos se movían nerviosas entre los pliegues de su ropa.
-Te dije que el teme siempre consigue la forma de encontrar a Hinata-chan- La burlesca voz de un hombre hizo que el mencionado gruñera y se girara para ver a su amigo sonreír abiertamente mientras estaba sentado de cualquier manera junto al rígido cuerpo de la rubia. –Umiko-chan me contaba como son los dojos del clan Uchiha, va a ser genial entrenar allá- Dijo emocionado saltando de su posición para quedar un poco mas cerca del pelinegro que ante la acción se digno a liberar la pequeña y suave mano que venia casi arrastrando desde el otro lado de la mansión.
-Dobe no seas distraído tu tienes tus propios dojos- Se quejo abiertamente resignándose a permanecer en aquella habitación mas de lo que pretendía. –Umiko-san donde esta Itachi?- Interrogo recordando para que había ido en primer lugar al salón de la mansión Hyuuga, sabia que ambos eran amantes de los espacios abiertos, la mansión Uchiha era una prueba de eso.
La pelinaranja se removió un poco incomoda clavando sus azules ojos en los del Uchiha menor, intentando disimular la sorpresa que aquella pregunta le causo, suspiro pesadamente y se dejo caer elegantemente en uno de los cojines que estaban alrededor de la pesada mesa de roble.
-Fue a buscarte hace un buen rato- Se digno a contestar viendo como el cuerpo del aludido se tensaba ante su respuesta. –Supongo que no pudo encontrarte ya que me lo preguntas- Soltó restándole importancia al asunto, se giro totalmente para quedar frente a la mesa y tomar una de las tazas de te que estaban ahí servidas.
El pelinegro frunció el ceño sintiendo como nuevamente la ansiedad de estar en aquel feudo bajaba pesadamente hasta asentarse en su estomago, apretó inconscientemente los puños al tiempo que una leve risa sonaba a sus espaldas confundiéndolo totalmente.
Sus perlados ojos habían estado recorriendo los amplios pasillos de la mansión Hyuuga intentando en vano calmar la inquietud que le producía el actuar del pelinegro, había sido educada para mantener la compostura bajo cualquier situación pero, el hecho de tenerlo allí no como guardián sino como un pretendiente el producía mas ansiedad de lo que creía poder soportar.
"Es tan complicado Okasan… Quisiera saber que debo hacer para que esto termine de una vez" Reflexiono sintiendo como su corazón empezaba a latir de manera irregular al notar nuevamente el brillante cabello castaño de la menor de los Mizumaki aparecer al otro lado del salón principal.
Un ronroneo bajo llamo su atención haciendo que clavara su mirada en los tatamis descubriendo así al pequeño gato que hacia semanas había dejado al cuidado de su hermana menor, rio ligeramente al tiempo que se agachaba para tomar al pequeño animal entre sus manos.
-Estas precioso- Murmuro viendo los audaces ojos del felino mirarla fijamente, el ronroneo se hizo mas intenso al tiempo que intentaba liberarse para quedar totalmente en el regazo de la pelinegra.
-Que estas haciendo?- La ronca voz del pelinegro a sus espaldas la sorprendió obligándola a girar un poco su rostro para encontrarse con esos ojos negros que la veían con cierta confusión.
-Nani mo…- Respondió simplemente dejando que una sonrisa adornara sus labios justo cuando el pequeño animal reclamaba su atención frotándose contra los pechos de la ojiblanca haciendo que se sonrojara levemente.
-Hasta que se digno a salir de las cocinas de la mansión- Comento abiertamente el rubio poniéndose de pie en un ágil movimiento y avanzando despreocupadamente hacia la ojiblanca. –Sabias que lo único que hace es comer? Todas las ayudantes le dan comida y el come como si no hubiese comido en horas cuando en realidad no han pasado ni dos horas- Agrego como si fuera lo mas interesante del mundo.
Sasuke apretó los labios en un gesto intentando no golpear a su distraído amigo, se cruzo de brazos desviando su mirada para encontrar como la pelinaranja y la rubia sonreían enternecidas por lo que estaba comentando el Uzumaki, obligándolo a gruñir por lo debajo.
Sus ojos se centraron en el pequeño cuerpo que estaba a unos pasos de el, viendo como el rostro sonrosado de la ojiblanca asentía a las tonterías que le estaba comentando el rubio mientras este acariciaba al gato entre los brazos de la Hyuuga rozando inconscientemente la piel descubierta de la ojiblanca.
-Hinata-chan!- Una aguda y burlesca voz lleno todo el pasillo haciendo que todos los presentes se giraran centrando su atención en la recién llegada que con su característica sonrisa llegaba hasta ellos. –Has estado desaparecida todo el día, Kotaro te ha estado buscando por todos lados- Agrego sin desviar su mirada de la pequeña mujer viendo como se tensaba ante sus palabras y el rosado de sus mejillas se hacia cada vez mas rojo.
El pelinegro soltó un gruñido amenazante e intento avanzar hacia la recién llegada pero el pequeño cuerpo de la ojiblanca se giro totalmente hacia la castaña cortándole el paso.
-Hai… Justo quería ir a buscarlo en este momento- Confeso sintiendo la oscura mirada querer atravesarla obligándola a temblar levemente. –Onegai me llevaría con el?- Interrogo sintiendo como la mirada azulina a su lado la veía con incredulidad y no teniendo valor para enfrentarla clavo sus perlados ojos en el brillante tatami que empezaba a enfriarse al tiempo que los copos de nieve se hacían mas intensos en el exterior.
-Hai vamos!- Dijo satisfecha la castaña dedicándole una sonrisa victoriosa al pelinegro que la vio de manera amenazante sin dejar de fruncir el ceño y con los puños fuertemente apretados entre sus brazos cruzados. –Nos vemos mas tarde Uchiha-kun- Agrego a modo de despedida ignorando totalmente al resto de los presentes.
-Ella siempre es así?- La suave voz de la pelinaranja saco a todos los que quedaban en el salón de su sorpresa obligándolos a centrarse en ella. –Había oído que los Mizumaki eran excéntricos demo no de esta manera tan escandalosa- Comento intentando recordar las pocas cosas que había oído de ese feudo en particular.
-Creo que ella lo hace solo para causar molestias- Una quinta voz apareció haciendo que todos se giraran hacia el shoji que daba a los jardines principales de la mansión, el manto blanco que empezaba a formarse en el suelo y la espesa cortina de copos de nieve solo resaltaban la imponente silueta del recién llegado.
El menor de los Uchiha suspiro intentando mantener a raya la creciente molestia de saber que la ojiblanca estaría sola con el mas tranquilo de los Mizumaki, sintió que un dolor se instalaba en medio de sus cejas obligándolo a fruncir el ceño.
-Sasuke debemos hablar ahora- Dijo el mayor de los Uchiha clavando su mirada en el aludido viendo como este dejaba su gesto de molestia para mirarlo con cierta incomprensión.
-Solo les recuerdo que Hiashi-sama pidió que cenáramos todos juntos así que onegai no lleguen tarde a la cena- Corto el tenso ambiente la pelinaranja mirando fijamente del mayor al menor de los pelinegros obligándolos a asentir de mala gana, ambos con el ceño fruncido por la aclaratoria.
El pelinegro mayor retrocedió dos pasos para que el menor saliera del salón principal, este como paso lento se resigno a seguirlo intentando concentrarse en otra cosa que no fuera pensar que la delicada ojiblanca estaba en esos momentos encerrada totalmente a solas en algún lugar de la mansión con alguien que se creía su dueño.
-Si los miras desde este punto de vista son totalmente iguales no crees?- La burlesca voz del único hombre en el salón hizo que las mujeres se giraran a verlo, el sonrió intentando relajar el ambiente haciendo que ambas soltaran suspiros resignados.
-No sabes cuan iguales pueden llegar a ser- Se quejo la pelinaranja exagerando el gesto de fastidio por lo dicho haciendo que el rubio riera abiertamente y se dejara caer nuevamente junto a la mujer.
"No son los únicos que son exactamente iguales" Se dijo la única rubia en la habitación, sonrió complacida al ver como poco a poco el Uzumaki se abría a tener una relación con la pelinaranja.
-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-("v")-'-
Caminaba lentamente, su corazón palpitaba salvajemente contra sus costillas haciendo que su respiración fuera irregular, sintió entre sus manos al pequeño felino removerse incomodo por la presión con la que lo sostenía contra su pecho, sus ojos volvieron a centrarse en el delgado y perfecto cuerpo que iba unos pasos delante de ella.
"Debo decirle la verdad" Pensó intentando darse fuerza para tener esa conversación con el pacifico Mizumaki, intento no sentirse incomoda por saber que aquel tranquilo hombre si sentía un gusto por su persona, sabia que con sus hermanos cerca no podrían hablar pero estando solos tal vez el, aceptara no seguir aquel juego de poderes que se estaba desarrollando entre los lideres feudales.
-Te esta esperando aquí- La aguda voz de la castaña fue baja y distante captando la atención de la ojiblanca, vio sus rasgos totalmente serios sorprendiéndola. –Sucede algo Hinata-chan?- Murmuro centrando su atención en ella, haciendo que la aludida se sonrojara por haber sido descubierta analizando a la mujer.
-Gomen- Se limito a decir al tiempo que el shoji frente a ambas se deslizaba a un lado dejando a la vista un pequeño estudio improvisado, bajo su vista escuchando un suspiro cansado por parte de la castaña.
-No lo hagas mas difícil Hinata-chan, has que los Uchiha se retiren de este lugar y nosotros podamos marcharnos como estaba previsto- Susurro la castaña congelando a la ojiblanca en su posición, se giro levemente para mirarla y encontrarse nuevamente con esos rasgos serios otorgándole mas edad de la que realmente poseía.
Sus palabras fueron interrumpidas por el murmullo de la seda de la hakama del único hombre en la habitación obligando a ambas mujeres a girarse en su dirección, su largo cabello iba suelto turbando momentáneamente la decisión de la ojiblanca.
-Déjanos- Ordeno suavemente aquella ronca voz haciendo que un escalofrío viajara rápidamente por la espalda de la ojiblanca, sintió los cálidos dedos del castaño intentar tomarla de las manos, su cuerpo se resistió momentáneamente mientras escuchaba el quedo sonido del arrastrar de un kimono empezar a desaparecer por aquel ahora desierto pasillo.
-Kotaro-kun…- Susurro por lo bajo apretando mas sus manos alrededor del animal que tenia contra su pecho haciéndolo gruñir levemente, ambos centraron su atención en el, Hinata intento tranquilizarse viendo como el castaño solo sonreía levemente, lo vio darse la vuelta y perderse nuevamente en el interior de la habitación.
-Hinata-chan onegai- Pidió educadamente justo cuando se dejo caer sobre uno de los cojines del lugar, sus largos dedos señalaron un cojín justo a su lado haciéndole una seña para que ella ocupara ese lugar.
"Debo ser fuerte" Se dijo para darse animo al tiempo que asentía y marchaba al lugar indicado por el castaño, escucho nuevamente el lamento del animal entre sus manos y se obligo a dejar el nerviosismo de lado para mantenerlo junto a ella.
Sus ojos brillaban expectantes, haciendo que el bello tono verdoso de sus ojos resaltara en medio de sus perfilados rasgos masculinos, sus labios firmemente unidos le indicaba que estaba pensando tal vez como comenzar a hablar, el siempre había sido así de considerado con su persona haciendo que una pesadez se instalara en medio de su pecho.
-Hinata-chan quisiera que hablara conmigo con honestidad onegai- Pidió roncamente haciendo que los perlados ojos de su acompañante se centraran totalmente en su rostro. –Se que los Uchiha están aquí para intentar cambiar la opinión de Hiashi-san con respecto a nuestro compromiso y quisiera saber la razón de esto- Fue directo obligando a la ojiblanca a sonreír complacida.
-Sin duda alguna me hubiera enamorado de Kotaro-kun- Murmuro viendo como el brillo en esos ojos verdes aumentaba al escuchar su suave voz. –Demo no puedo seguir mintiéndole ni a mi tampoco- Agrego sintiendo como su corazón empezaba a latir desbocado al ver como el castaño se acercaba lentamente a ella, se obligo a aflojar sus manos permitiéndole al castaño tomar una de ellas.
-Que es lo que dices?- Hablo suavemente apretando la cálida y suave mano de la ojiblanca entre sus grandes manos, sintió un cosquilleo al estar en contacto con esa tersa piel. –Tu Otosan…-
-Iie… No tiene nada que ver con lo que decida mi Otosan, ni siquiera con el que los Uchiha estén o no estén aquí…- Empezó sintiendo el nerviosismo correr por todo su cuerpo, algo le decía que podía confiar en que el no la juzgaría duramente por decirle la verdad y eso la impulso a continuar hablando.
-Mi corazón pertenece a alguien mas Kotaro-kun-Revelo sin despegar sus perlados ojos de los verdosos del castaño, sintió como su mano era apretada con un poco mas de fuerza, obligándola a gemir por lo debajo. –Y no creo que pueda olvidarlo ni aunque no vuelva a verlo nunca mas onegai…- Se corto al sentir las grandes manos del castaño apoyarse a cada lado de su cuerpo, un miedo corrió rápidamente por su delgado cuerpo haciendo que liberara definitivamente al pequeño felino que corrió lejos de la pareja.
-Es el que era tu guardián no es cierto?- Pregunto un poco mas bajo sintiendo como sus sentidos se llenaban totalmente con todo lo que era la Hyuuga, se obligo a mantener la compostura pero sin separarse de ese pequeño cuerpo.
-Kotaro-kun…- Susurro colocando sus manos en el pecho del hombre, lo escucho ronronear bajo su tacto haciendo que un sonrojo involuntario cubriera totalmente sus mejillas.
-Yo no tengo potestad para romper el compromiso Hinata-chan…- Confeso roncamente disfrutando de la sensación de esas pequeñas manos contra su pecho ligeramente expuesto. –Quien tiene la ultima palabra es tu Otosan yo solo…- Se corto al ver como los perlados ojos de la mujer se cristalizaban levemente.
-Onegai Kotaro-kun… Onegai no seriamos felices juntos…- Dijo intentando mantener al margen las ganas de llorar que le había causado saber que ni siquiera convenciendo al hombre ante si podría librarse de ese compromiso. –No podría amarlo y Kotaro-kun merece alguien que lo ame- Se sincero justo cuando una de las manos del hombre se enrollaban en su cintura obligándola a jadear haciendo que sus manos ejercieran mas presión en el pecho del hombre para alejarlo.
-No me opondré si tu Otosan rompe el compromiso- Dijo finalmente al ver como aquellos ojos perlados dejaban libre varias lagrimas, la sorpresa bailo en las pupilas de la mujer al tiempo que sus mejillas volvían a ponerse rojas por su cercanía. –Demo si el no lo rompe…-
-No seriamos felices Kotaro-kun…- Volvió a insistir sintiendo como su boca se secaba al sentir el fresco aliento del castaño chocar contra su rostro. –No podría amarlo nunca-
-Si no rompe el compromiso Hinata-chan yo intentare hacer que tus días sean tranquilos, incluso puedo vivir con el hecho de saber que amas a alguien que no volverás a ver- Se confeso viendo como aquellos ojos vibraron ante sus palabras, sus rosados labios se abrieron levemente ante la sorpresa por sus palabras.
-Demo…- Toda su queja fue totalmente cortada al sentir como la presión en su cintura se hizo mas fuerte y sus labios nuevamente eran atrapados por el castaño, su amplio pecho se apretó totalmente a ella haciéndola jadear por la sorpresa, cerro los ojos intentando mantener a raya la impotencia que aquello le causaba.
Estaban tan sumidos en el otro que no se percataron de un par de ojos que eran testigos unos metros mas adelante de lo que acababa de pasar.
