Disclaimer: los personajes de El Origen de los guardianes no son de mi propiedad, esto lo hago sin fines de lucro solo por diversión y la historia es completamente mía.
Capítulo 6: El trabajo de Lacie.
La mañana siguiente, Lacie despertó con su cuerpo normal, se sentía sucio y pegajoso, realmente necesitaba un buen baño. Giró la vista hasta toparse con el hombre que yacía dormido a su lado, suspiró profundo y rodó los ojos.
–Bastardo, no puedo creer que me hayas mordido – murmuró llevándose una mano al hombro sintiendo un leve ardor a causa de la herida. – lo peor fue que te quedaste dormido a la mitad – se quejó pasándose la mano contraria por el cabello. – Ah, no debí haber venido aquí en un principio. Si tan solo fueras ese mocoso – con lentitud, se bajó de la cama y cubrió su entrepierna con el bóxer que llevaba puesto la noche anterior. Dispuesto a vestirse, se agachó a limpiarse los restos de fluidos que tenía de su compañero, aquello no le hacía mucha gracia, puesto que, a pesar de que el contrario había usado condón, cuando se lo quitó había hecho un completo desastre.
Con parsimonia se vistió, tomó el resto de sus pertenencias y salió de allí. Sabía que Jacqueline le estaría esperando con un buen regaño y probablemente con algo de ropa limpia, el solo pensar en las palabras de su hermana mayor le daban ganas de no regresar a casa y buscar un lugar en donde pudiera ducharse, sin embargo, tras meditarlo a fondo, decidió seguir su camino, puesto que estaba seguro de que nadie le ayudaría acogiéndolo debido a su mala reputación. Inmerso en su mente, Lacie no fue capaz de percatarse que había llegado a la línea divisora y, que incluso, la había atravesado, no fue sino hasta que se encontró frente a la guarida en que dejó de idear un plan de escape. Con cuidado y cautela se adentró, intentando no hacer ruido para no llamar la atención de su hermana, después recibiría el regaño, por el momento, el chico solo estaba concentrado en tomar un baño caliente y quedarse en la bañera por un largo rato, aun era temprano después de todo.
–Probablemente esté en su habitación – murmuró mientras abría la puerta de su cuarto. Sus ojos se abrieron sorprendidos y pestañeó un par de veces para comprobar que su vista no le mentía; sobre su cama aún tendida, yacía profundamente dormida Jacqueline, aferrada a una de las cadenas que llevaba en sus manos como si se tratase de un muñeco de peluche. Lacie sonrió ante aquel gesto, ¿lo había esperado toda la noche? Bajó la mirada y con un gesto de ira y tristeza empuñó sus manos, se sentía frustrado, si tan solo le hubiera obedecido en aquel entonces. – ¡Oye! – habló de manera fuerte cuando se encontró mas calmado – ¿Qué haces aquí? – esta vez, la movió un poco de su lugar y de a poco, la chica empezó a desperezarse.
–¿Dónde estabas? – fue lo primero que dijo Jacqueline tras despertarse, aun somnolienta.
–¿Eso importa? Además, yo pregunté primero. – respondió de mala gana.
–Te estaba esperando, ¿Qué mas haría aquí? – se sentó al borde de la cama y talló sus ojos para luego bostezar cubriendo su boca. – ahora, ¿Dónde estabas?
–Por ahí. – aquella respuesta no hizo feliz a la mayor, sin embargo, sabía que de nada serviría preguntar una vez mas, puesto que, con seguridad, el chico no iba a decirle qué había hecho la noche entera para no llegar.
–¿Por qué siempre eres así? – preguntó con molestia mientras sostenía sus cadenas y las tiraba al piso haciendo un ruido estruendoso.
–¿'Así'? No sé a que te refieres – Lacie puso su pie bajo la cadena que daba al brazo derecho de su hermana.
–¡Así! – exclamó – ¡Siempre eres tan…! – frunció el entrecejo.
–¿Tan? – a este punto, el peliazul había dejado de ponerle atención a los reclamos de la mayor y se había concentrado en jugar con la cadena, pensando cómo podría usarla para gastarle una broma.
–¡Tan egoísta! – gritó tirando de la atadura con la que Lacie jugaba, provocando que éste cayera.
–¡¿Egoísta?! – gritó ofendido desde el suelo. – ¿sabes? En realidad no quiero escuchar eso de ti.
–¿Ah no? ¿y porqué? – esta vez, Jacqueline se puso de pie.
–¡Porque si hay alguien egoísta en esta casa eres tú!
–¡¿Cómo puedes decir esas cosas?! ¡Si preocuparme por ti y por nuestro padre es ser egoísta entonces lo soy!
–¡Nunca te he pedido que te preocupes por mi! – respondió Lacie levantándose del suelo.
–¡De verdad que eres imposible! – Jacqueline realmente se sentía enojada, sabía que no importaban las palabras que le dijese a su hermano, ninguna de ellas sería capaz de llegar hasta él, odiaba la manera en que se había vuelto todo, odiaba completamente el hecho de que el menor de los O'latern fuera alguien tan retorcido y odiaba que ella tuviera, en parte, la culpa. No podía mas, debía controlar sus emociones si no quería causar un alboroto como la última vez. Una lágrima rodó por su mejilla adornando su cara con gestos de molestia, pronto llegaron mas y Lacie no dijo nada, simplemente bajó la vista.
–Quiero que salgas de mi habitación – dijo de manera forzosa evitando el contacto visual con la mayor.
–Descuida – contestó Jacqueline limpiándose el rostro – No pensaba quedarme.
–Te odio ¿sabes? – susurró cuando la chica dio media vuelta para salir, sus orbes violeta se inundaron nuevamente y con mucho esfuerzo retuvo el llanto.
–Lo sé – respondió tranquila, para finalmente marcharse. La puerta se cerró tras ella y con prisa, se adentró en su habitación para recostarse en su cama a llorar. –Yo también me odio – murmuró en el silencio de su recámara.
En la habitación contraria, Lacie yacía sentado en el piso, con la espalda recargada en la cama, cubrió su rostro con ambas manos y una pequeña gota cristalina hizo paso desde sus ojos hasta el piso, al darse cuenta, parpadeó un par de veces y recordó que necesitaba bañarse. Se levantó de su lugar, buscó entre su armario ropa limpia y una toalla hasta que salió al baño, no sin antes asegurarse de que Jacqueline seguía en su cuarto, cuando finalmente se halló en la bañera, se recostó cómodamente y suspiró.
–Maldición – se quejó – ¿Por qué siempre las cosas terminan así contigo, Jacqueline? – cerró los ojos, no supo en realidad cuanto tiempo, pero cuando los abrió, su piel estaba un tanto arrugada. Entonces decidió salir de la bañera, se sentía mas limpio y ya no sentía restos de su compañero de cama, se secó, se vistió y con melancolía salió de la casa. No quería estar con su hermana.
…
Aquella mañana, como solía hacer cuando no tenía mucho trabajo, Jack se había levantado temprano y de manera juguetona molestaba a los yetis que trabajaban en la siguiente navidad, para luego escaparse a la madriguera y molestar a Conejo y después visitar a Jamie y a sus amigos, después de todo estos estaban de vacaciones.
–No me digas – suspiró Conejo, mientras esquivaba una bola nieve que pasó rosando su larga oreja – estás aburrido, paleta.
–¡Por su puesto que no! – respondió de inmediato Jack, colocándose sobre una roca – Y no me llames "paleta" – dijo en un tono más bajo.
–¿Entonces que haces aquí? – Continuó el Conejo de Pascua, sin perder de vista lo que hacía.
–Solo pasaba a ver que todo estuviera en orden, ya sabes, y si se podía… charlar un poco – Conejo detuvo sus labores, se giró y observó intrigado, ¿de cuando acá Jack lo visitaba para charlar? – ¡ah! ya sé que es extraño, pero… Norte me dijo… que podía preguntarte a ti sobre Lacie.
–¡De ninguna manera! – respondió inmediatamente el guardián de la esperanza, elevando la voz, mientras se sonrojaba – no quiero recordar a ese sujeto – dijo y de nueva cuenta volvió a sus labores, esta vez mas apresurado – ¿Por qué no le preguntas a Hada? – comentó mas tranquilo.
–¡Que gran idea! – respondió Jack entusiasmado – por cierto Conejo – susurró antes de irse, llamando la atención del mayor – no trabajes demasiado – y se fue, no sin antes guiñarle un ojo, dejando atónito al guardián, volteó a sus labores una vez que el albino se marchó y se percató entonces que su trabajo había sido cubierto por escarcha, apretó los dientes con furia y gritó tan fuerte como pudo. Aquello iba a pagárselas.
Jack no podía contener la risa mientas volaba hacia la guarida de Hada, realmente le hubiese gustado ver la cara de Conejo tras aquella broma. Sin embargo, estaba mas emocionado y ansioso por saber mas sobre aquel chico que había conocido.
-¿Conejo te envió conmigo? – preguntó Hada sin parar de moverse. Jack solo asintió. – No lo entiendo – prosiguió, no sin antes guardar los dientes que sus ayudantes le habían traído.
-Me dijo que tú sabrías más al respecto – dijo en un tono inocente.
-Bueno, no es cómo si yo no conociera su historia – comentó ella, poniéndole un poco más de atención al albino – quiero decir, todos conocen su historia.
-No todos – interrumpió.
-Bueno, casi todos – sonrió la guardiana – Mira, Jack, yo podría simplemente dejarte echar un vistazo a su vida pasada.
-¿¡Lo harías!? – interrumpió nuevamente, entusiasmado. Hada le miró con compasión.
-Jack, el caso es – continuó ella en un tono desalentador – que tengo prohibido hacerlo sin el consentimiento de él – La sonrisa del albino se deshizo – pero si quieres, puedo contarte lo que todos sabemos – comentó un poco mas animada, dándole esperanza al chico – si de verdad quieres saber más, deberás hablar con él, aunque no creo que sea una buena idea.
-Bien – respondió Jack – al menos es algo.
-Lo que yo puedo decirte, es que fue traído como ayudante de Jack O'latern, desconozco las razones. Entiendo que era un chico obediente – dijo dubitativa – aunque no puedo afirmarlo. Y por alguna razón, decidió hacerse alguien promiscuo y sin moral. Se la pasaba haciendo bromas subidas de tono y lo peor era, que involucraba espíritus, tanto blancos como oscuros. – Hada miró a Jack, estaba tranquilo, escuchando atentamente su historia – eso es todo lo que puedo contarte por ahora.
-¿No hay mas? – preguntó decepcionado.
-Lo hay – respondió para su sorpresa – pero no creo que yo sea la apropiada. – dijo con algo de tristeza – ¡Cupido sabe más de la historia! – su tono se volvió alegre – ella fue testigo de todo – Jack no dijo nada. Solo asintió y agradeció que le hubiese explicado. Salió de ahí, dispuesto a olvidar el asunto por el día y dedicarse a hacer feliz a Jamie.
…
La historia de Hada no le había ayudado en mucho, si bien, había entendido el porqué era tan conocido, no entendía porqué lo odiaban tanto, y a todo eso, ¿Cupido había sido testigo? ¿de qué? ¿qué había hecho Lacie? ¿Por qué nadie quería que se relacionara con él? Todas esas preguntas rondaban su mente mientras se dirigía a ver a su pequeño amigo. Iba tan concentrado que solo pudo sentir el golpe contra el suelo, no sabía qué lo había golpeado, pero estaba seguro que era algo duro y pesado como para derribarlo.
"Debo tener cuidado" pensó, "y poner más atención en el camino". Abrió los ojos despacio, sobando la parte de su cabeza que había sido lastimada y buscando con su otra mano su cayado. Su corazón se aceleró cuando vio a aquel chico sentado de rodillas frente a él, sosteniendo su cabeza con ambas manos.
-Imbécil – pronunció molesto – si no te molesta, trato de… - se detuvo de repente al ver al peliblanco en la misma situación - ¡Ah! – gritó sonriendo – ¡pero si eres tú!. ¡Qué coincidencia! – Jack se quedó atónito, sin decir nada. Aquel muchacho, a pesar de ser un hombre, se veía bastante atractivo, su piel era blanca, aunque no tanto como la suya, y sus rasgos faciales eran finos, como los de una chica. - ¿Qué? ¿Te comió la lengua la estúpida marmota? – se burló.
-¡ah! Pero si es…
-Lacie – dijo el otro levantándose y extendiendo su mano, ofreciendo su ayuda – Lacie O'latern. – sonrió de manera cálida, haciendo que Jack sintiera amabilidad – es un alivio que puedas hablar, mocoso – su amabilidad se había ido al diablo.
-Lo siento – respondió el guardián sosteniendo la mano que le era ofrecida – estaba pensando en algunas cosas, no vi por donde iba.
-¿Heh? ¿ser guardián no es nada fácil, eh? – respondió sacudiéndose el polvo de la ropa – como sea, yo también estaba pensando.
- Que… coincidencia – dijo, sintiéndose incómodo.
-Bueno – continuó Lacie – me gustaría quedarme contigo pero… - sonrió lascivo dispuesto a irse.
-¡Espera! – gritó Jack, sosteniendo la muñeca del espíritu – ah… yo… lo siento… - comentó soltándolo – es solo… que quiero… preguntarte algunas cosas – bajó la mirada, nervioso. Mientras tanto, el rostro de Lacie esbozaba una sonrisa, entre lasciva y siniestra. Lo tomó de la cintura y lo llevó a lo que parecía un apartamento abandonado, sin que Jack se percatara de ello.
-Bien – dijo en un tono suave, soltándolo – pregunta.
….
-¿Así que te prostituyes? – preguntó Jack con la cabeza ladeada, comprendiendo un poco de lo que Hada le había dicho.
-¡¿Prostituirme?! – Lacie soltó una carcajada – creo que te equivocas niño – sonrió de manera lasciva – Yo no hago tal cosa.
-Pero dijiste que te acostabas con los mortales, ¿Tan bueno es? – Jack no lograba entender del todo, pero estaba seguro de algo: le molestaba la manera de pensar de Lacie, aunque no sabía la razón, ni siquiera eran cercanos después de todo, solo se habían frecuentado un par de veces y era solo para discutir.
-Si, así es, es muy bueno, ¿y que? – contestó molesto – No suenes como Jacqueline – se quejó, mientras su flequillo se deslizaba cubriendo sus ojos – Mírame bien, Frosty – mencionó con desgano mientras movía sus caderas seductoramente, caminado con lentitud en dirección al aludido – Este es mi trabajo – continuó, esta vez con un tono mas dulce, acercándose al rostro de Jack para sostenerlo con sus finas manos y después, posar su frente en la contraria, observando a detalle los orbes azules que le miraban fijamente sin decir nada – Yo puedo transformarme en mujer – susurró, abriendo con sus pulgares la boca del peliblanco unos milímetros, acariciando con suavidad sus labios pálidos con la mano derecha mientras que con la izquierda rozaba la fría mejilla del ojiazul – los seduzco con esta apariencia – continuó, Jack podía sentir el suave aliento de Lacie mientras que mechones azules desbordaban por su cara y sus labios entraban en el juego del mayor, la respiración de ambos se volvió agitada y el hijo del espíritu del Haloween solo emitió un leve quejido – después hago que tengan sexo conmigo – continuó, esta vez, la voz que Jack pudo escuchar fue la de una chica, abrió los ojos y se percató de que Lacie había cambiado a su forma femenina – y una vez que se corren dentro – el peliblanco cerró los ojos nuevamente – les muestro que se han divertido con un chico. – las piernas del guardián empezaron a sentirse pesadas, su corazón se aceleró y cuando quiso ver la causa, la boca de Lacie le impidió moverse.
Se quedó perplejo, no sabía que había pasado, pero ahora, el chico de cabellos azules estaba sentado sobre él, con una pierna a cada lado de su cuerpo, besándolo de manera lasciva. Quería detenerlo pero algo se lo impedía, abrió su boca y lentamente comenzó a corresponder el beso, introduciendo su lengua y explorando a detalle la boca contraria. Se sentía demasiado bien. Pudo sentir como la temperatura de su compañero aumentaba a medida que profundizaba el beso. Lacie por su parte, de vez en vez soltaba leves gemidos mientras movía con suavidad sus caderas, tratando de excitarse a sí mismo y a Jack, jugando con el cabello del contrario e intentando sujetar el rostro del menor.
-Jack – gimió cuando se soltó del beso, en busca de aire - ¿Por qué no vamos a la cama? – sonrió. – Quiero saber qué se siente hacerlo con un niño – su voz sonaba agitada, su rostro estaba rojo y sus ojos brillaban. Jack negó con la cabeza y lo empujó, bajándolo de sus piernas.
-No seré parte de tu juego – dijo, levantándose de su lugar, dispuesto a marcharse.
-¡Pero quiero hacerlo! – suplicó – ¡Mira! Incluso me he puesto duro – comentó, mostrando su entrepierna abultada, Jack simplemente se sonrojó, ¿se había puesto así por unos simples besos?
-Entonces arreglatelas solo, tienes dos manos – Lacie abrió los ojos, sorprendido.
-¿Estas rechazándome después de que tú eres el culpable de que esté así? Te arrepentirás si no lo haces.
-Correré el riesgo – tomó su cayado y se dirigió a la salida, las manos de Lacie le detuvieron.
-¡Vamos! – imploró una vez mas – incluso lo haré como una chica – terminó de decir, mostrando su apariencia femenina. Jack apretó con fuerza los dientes.
-He dicho que no – susurró, soltándose del agarre.
Finalmente salió de ahí, dejando a Lacie con el rostro totalmente rojo, probablemente de ira, o probablemente de excitación, quizás de ambas. El espíritu del día de los inocentes sopló con fuerza hacia arriba haciendo un puchero y uno de los mechones que caía por su frente se levantó. Pudo escuchar el sonido del viento cuando Jack emprendió vuelo, en verdad no podía creer que se había atrevido a rechazarlo, tomó su sudadera y el resto de sus pertenencias para después salir de aquel sofocante lugar que le hacía que el dolor entre sus piernas aumentara.
…
No quería admitirlo pero aquella sensación que las caderas de Lacie le daban era realmente excitante, había sentido como poco a poco su miembro y el del peliazul comenzaban a endurecerse, un sonrojo se apoderó de su rostro cuando sintió aquella punzada en su entrepierna una vez mas y apresuró su vuelo, no soportaría mas tiempo aquel estado. Pasados unos minutos que le parecieron eternos, llegó a la cabaña de Norte, aceleró su paso, queriendo llegar lo mas pronto posible a su habitación para encargarse de aquel problema, sin embargo, la voz de alguien le detuvo en el proceso.
–Pensé que estarías con Jamie – los ojos de Jack se abrieron de golpe cuando la voz de Conejo sonó por la sala donde el gran mundo giraba.
–Si, iba a jugar con él pero, recordé que había… olvidado… algo – la voz de Jack sonaba ansiosa y su nerviosismo empezaba a ser cada vez mas y mas notorio.
–¿Te pasa algo? – preguntó el roedor acercándose al menor de los guardianes.
–No sucede nada – respondió al instante dando un paso hacia atrás, cubriendo de manera instintiva su entrepierna con su cayado, Conejo se detuvo en seco y segundos mas tarde sonrió de manera divertida.
–Oho, ¿enserio? – Jack se dio cuenta que había cometido un grave error.
–¿Y qué es eso que tienes ahí? – comentó bromeando, apuntando la entrepierna del albino, - ¿ese es el ejemplo que le das a Jamie? – se burló – apuesto a que ahora te encargarás de él. ¡Vaya guardián de la diversión! – se rio – ¡sí que tendrás diversión, eh? – Jack estaba totalmente rojo, entre apenado y excitado, las sensaciones que el espíritu del día de los inocentes le había brindado, aún podía vivirlas, su mente las recordaba y esto hacía que su 'amigo' presionara con más fuerza sus pantalones, aquello empezaba a ser doloroso - ¡Ya no eres un mocoso! – terminó por burlarse. – está bien – continuó, – no le diré nada a Norte, ve y arregla tu asunto.
Finalmente Conejo dejó que Jack se fuera, no sin antes llamarle "pervertido", haciendo que la vergüenza del menor aumentara. Quería morirse (sí, otra vez), ¿Por qué de todas las personas tenía que haberlo visto él? Sin duda era lo peor. Y aunado a ello, ahora comprendía porqué todo el mundo le había advertido sobre Lacie, sin embargo, a pesar de lo sucedido, quería saber mas de él, no entendía la razón, pero estaba seguro de una cosa: quería ser cercano a Lacie O'latern.
-Esto es lo peor – murmuró, mientras movía su miembro entre sus manos.
…
N/A: Espero que les haya gustado. Creo que no valió la pena tanta espera jeje. Lo siento, pero en este año, he estado demasiado ocupada, la universidad no me deja tiempo, mis vacaciones son de una semana entre cuatrimestre y las ocupo para hacer papeleo. Es realmente pesado. Pero bueno, aquí estamos nuevamente, siento que fue un poco apresurado, pero quería sacarlo adelante, lo tenía a la mitad y empezaba a hacerse tedioso, y bueno, henos aquí. Sin más, nos leemos luego. Gracias por esperar.
Ciao :*
