Palabra: reconocimiento.
Patética imitación de romance
So what if you can see the darkest side of me?
No one would ever change this animal I have become
And help me believe it's not the real me
Somebody help me tame this animal
Animal I Have Become, Three Days Grace
Lo ve y entiende.
Es enfermizo.
Es una adicción de la que nadie puede recuperarse, porque lo tiene agarrado a uno por el cuello, amenazando con poner el quinto dedo.
«Un día vas a matarme». Eso es lo que no le dice. Esas palabras nunca salen de sus labios.
—¿Cómo imaginas que arda el mundo? —pregunte Shigaraki. Lo tiene pegado contra la pared y él no se atreve a respirar.
Traga saliva y le cuesta responder.
—Hermoso —responde.
Todo lo que arde es hermoso y horrible a la vez.
Muchas veces se ha imaginado a Enji Todoroki ardiendo envuelto en fuego azul. Cuando lo hace, sonríe.
Shigaraki le pone un dedo en las comisuras de los labios, buscando atención.
Dabi alza los ojos y se reconoce en ellos.
Son producto de un mismo molde roto mil veces.
Así que lo agarra por la playera y lo atrae hacia sí. Lo besa como si el mundo fuera acabarse en los próximos dos segundos y él quisiera acabar de destruirlo.
No le suplicó una vez a Enji Todoroki que lo matara.
Fueron muchas.
Las suficientes para odiarlo.
Las suficientes para temer su mirada furiosa, impasible ante la sangre y las lágrimas y el vómito.
Cundo despierta a las tres de la mañana y encuentra a Shigaraki viéndolo sufrir, sin saber sin despertarlo o deleitarse en el espectáculo, se le clavan sus ojos y le parece ver toda la comprensión que nunca tuvo antes.
Shigaraki está igual de jodido.
Por eso lo entiende.
Le pone los dedos bajo la barbilla mientras se sienta encima de él.
—Dime que te ayude a olvidar —pide.
«Suplícame», dice su mirada.
Dabi quiere rebatirlo, decirle que él nunca va a suplicar por nada, no después de todas las veces que suplicó por la muerte sin conseguirla. Pero hay algo en sus ojos que lo entiende, aunque no le importe su sufrimiento.
—Por favor.
Las palabras salen como un suspiro que odia oír en su voz.
Shigaraki le hace polvo la ropa para no forcejear quitándosela.
Nunca hay ternura en sus dedos y tampoco la hay en los de Shigaraki. Su tacto desea destruirlo todo tanto como se ha destruido a sí mismo.
Shigaraki y él están metidos en un círculo vicioso y no le importa.
—Pronto cambiará todo —dice el otro, en su oído—. Lo siento en el aire.
Dabi no pregunta qué.
No teme.
El cambio siempre es necesario para arrasar con todo lo que existe. La era de los héroes merece acabar con lágrimas y gritos y súplicas. A veces lo imagina y se deleita. Sonríe como niño.
La imagen del centro siempre es la mejor.
Enji Todoroki en llamas, como una hoguera. Ilumina al nuevo mundo.
«Estoy contigo porque quieres hacerlo todo mierda». No lo dice porque sería lo equivalente, en su lenguaje, a declarar amor eterno.
Lo que siente por Shigaraki no es amor. No hay romance. Son una patética imitación de la ternura que les fue arrebatara. A veces la curiosidad le gana y quiere saber quién deshizo a Shigaraki. Pero nunca pregunta. No hace falta. Lo mira y se reconoce en sus ojos.
«¿Fue tu madre? ¿Fue tu padre?»
Pero la mirada de Shigaraki nunca le devuelve la respuesta.
Probablemente ni él mismo la sabe.
—Hazme caso —pide.
Si supiera el caso que le hace últimamente. Si supiera las vueltas que su mente le da a aquel arreglo de mierda lleno de sábanas mugrientas y ropa que desaparece.
Lo mira, sin decir nada.
—Huelo un cambio —dice Shigaraki—. ¿Tú no?
Dabi niega con la mirada.
—Sólo fuego.
Pero es él. Ardiendo. Todo el tiempo.
Touya Todoroki siempre arde. Está muerto, pero su cadáver no deja de arder y de recordarle su vida pasada.
Siempre acude a Shigaraki.
—Ayúdame a olvidar —pide.
Shigaraki mete una mano en su cabello y jala su cabeza hacia atrás. Son sólo cuatro dedos, pero eso no evita que Dabi se quede congelado. Lo examina antes de acercarse más.
—No te arrepientas.
Como si él si lo hiciera.
Así que lo pregunta.
—¿Recuerdas algo?
Shigaraki mira a la nada y por un momento, a Dabi le parece que tiene más sentimientos que la furia y la desidia. Usa su enojo para demostrar su preocupación por el resto de la Liga de Villanos y para hacerse un lugar en el mundo. Usa su desidia para todo lo demás. Pero ante la pregunta sus ojos se vacían y parecen perdidos, flotando sin órbita en un vasto universo donde no hay nadie ni nada al alcance de sus dedos.
Inhala.
Luego exhala.
—Qué chingados te importa.
«No», interpreta Dabi.
Y Shigaraki lo jala hacia sí. Dabi entiende lo que quiere y le recorre el pecho y el vientre con las uñas siempre mal cortadas y deja escapar una chispa que provoca que el otro arqueé la espalda.
Sus labios le recorren desde el cuello mientras van bajando. Le sonríe antes de intentar bajarle el pantalón con los dientes, antes de quemarlo a pedazos.
Kurogiri a veces lo acusa de no tener paciencia, pero está equivocado. Todos están equivocados si creen que es un impulsivo que quema todo a su paso. Para empezar, el fuego lo está matando. Lo está despellejando en vida. Necesita administrarlo para llegar vivo al momento en el que Endeavor arda. Y sí él lo considera necesario para destrozarle la ropa a Shigaraki es que es necesario.
Espera.
Se le da bien esperar.
El momento adecuado.
Lo hace cuando tiene a Shigaraki a su merced, cuando sus manos ya le recorrieron toda la piel.
(¿Es eso lo mismo que sentir que se le desmorona la sociedad en las manos?)
—Dabi…
Él se acerca a su oído.
—Touya —murmura—. Ese es mi nombre.
Por una vez quiere oírlo mientras todo se derrumba a su alrededor.
—Touya…
—Te mato si se lo cuentas a alguien.
Shigaraki ríe y su risa se confunde entre los gemidos. Sabe perfectamente que Dabi no miente. Su identidad es su secreto mejor guardado. Y eso también significa que ha elegido ponerle en las manos su mayor vulnerabilidad.
—No si yo lo hago primero.
—Ponme atención.
Tres dedos en su mejilla.
Se han vuelto rutina.
A Dabi no le importa.
—¿Qué carajos quieres?
Shigaraki se sienta a horcajadas sobre él.
—Que me mires.
Dabi bufa. En el fondo, es un niño. No sabe su edad, pero le calcula menos años que los que él mismo carga en sus espaldas.
—Hay un héroe buscándonos —dice, una noche, a las tres de la mañana, cuando despierta. Se ríe—. Tengo sospecho.
—¿De verdad?
Dabi asiente.
—Entonces atráelo hasta nosotros —responde Shigaraki—. Lo aplastaremos si sólo es un espía. —Una pausa—. No. Lo aplastarás.
Todo está cambiando. Se están haciendo más famosos que antes.
—Esperaré —decide Dabi—. Primero tenemos que sacar a Twice y a Toga de ese estercolero en el que los metiste.
—Saldrán solos. —Shigaraki sonríe—. Y nos encargaremos de ese imbécil que mató a Magne.
Tres dedos en su mejilla.
—Por lo mientras….
Dabi entiende el toque. Se acerca a besarlo. A ahogarse en Shigaraki y a dejar que Shigaraki haga lo propio. Es lo único que tienen. Es lo único que tendrán. Patética imitación de romance.
Notas de este capítulo:
1) No planeaba tardarme un mes con el último mini capítulo pero luego me pasó la vida y el tiempo y los planes de escribición y así fueron las cosas. ¡Pero finalmente terminé! Quería acabar justo antes del final de arco de Overhaul y con la frase que le da título al fic porque es quiero recalcar que estos novios tóxicos es lo único que tienen.
2) Me divertí bastante escribiendo desde el pov de ambos aunque morí un poquito porque son narradores difíciles y bueno, espero que ustedes se hayan divertido con esta historia. No duden seguir revisando mis historias de BNHA porque además, ¡ya vienen mis cosas de la DabiHawks Week! Y además de un par de AUs (probablemente), hay planes para hacer cosas canon (porque, claro, me gusta hacer sufrir).
Andrea Poulain
a 7 de mayo de 2020
