Mayo 16, 1915

Querida Éponine,

No, desafortunadamente Marius no me menciono tu cumpleaños, pero por favor Éponine no lo tomes como una ofensa ni te enojes con Marius, la mayoría de los chicos aún creen que estamos en Marzo, tus cartas nos ayudan a muchos de nosotros a recordar que día es y cuánto tiempo hemos estado aquí. Estoy seguro de que si Marius supiera que día es me lo habría recordado y probablemente te habría mandado sus mejores deseos. Todos aquí en las trincheras te mandan sus mejores deseos y al parecer, tuviste un muy buen cumpleaños.

Ahora, es cierto que pudiste haber encontrado una copia de Orgullo y Prejuicio porque como dijiste, es un clásico; por ende tiene sentido que lo tenga. En cuanto a la Señorita Elizabeth Bennet, admiro su ingenio aunque encuentro su terquedad intolerable. Sin embargo, te recomiendo mucho que leas Medea; creo que describe a las mujeres de una forma que Austen nunca se atrevería.

Mi cumpleaños es el 9 de Noviembre, sin embargo, decidí no celebrarlo. Creo que no tiene sentido recompensar a alguien por venir al mundo. Deberíamos ser recompensados por lo que hacemos por el mundo. Ahí es cuando deberíamos celebrar. Todos venimos al mundo pero muy pocas personas lo cambian. Deberíamos celebrar a aquellos que cambian el mundo y no simplemente recompensar a la gente por hacerse más vieja. Para mí no tiene sentido, aunque eso no detiene a nadie de celebrarlo.

Estaba a punto de comenzar a planear la revolución junto con los hombres en el frente, sin embargo, en lugar de eso decidí discutir con uno de mis superiores lo infelices que son los hombres. Fue un error. Se negaron a escucharme; de hecho, prácticamente me sacaron de su oficina temporal. No entiendo porque harían eso. Estos hombres están perdiendo la guerra por nosotros y aun así son demasiado orgullosos para escuchar cualquier otra opinión al respecto. Nosotros somos los hombres en el campo de batalla, nosotros somos los hombres que arriesgan su vida y aun así ellos se niegan a escucharnos. Me enfurece tanto que casi no puedo describirlo. Combeferre me dice repetidamente que me calme. El aún cree que podemos negociar hasta conseguir una posición de poder. Ya no quiero negociar. Lo he intentado; no funciono; ahora es momento de utilizar mi método. Espontáneamente nos levantamos temprano por la mañana, deponemos a nuestros líderes y los tomamos prisioneros, entonces comenzamos a organizar al batallón de modo diferente, les permitimos a los hombres tener más influencia en nuestros planes de batalla, cambiaremos de técnica y sorprenderemos a los Alemanes. Estoy tan harto de ser un peón de estos tenientes, estoy listo para tomar el control, estoy lleno de ideas que estoy seguro traerán el fin de la guerra. El hecho de que estos hombres me han negado legítimo acceso a este ejército solo significa que lo tendré que tomar ilegítimamente. No soy Combeferre y no tendré inconveniente con hacerlo.

En una nota menos seria, encuentro totalmente inspirador el escuchar que las damas están utilizando el café para discutir sus creencias políticas y dar voz a sus opiniones. Ya es momento de que les permitamos a las mujeres obtener un rol más importante en nuestra sociedad y estoy seguro que sus mentes aportaran ideas brillantes que también ayudaran a cambiar el curso de la guerra. Éponine, te animo a que asistas a esas reuniones; eres justo lo que necesitan, eres fuerte, determinada y llena de opiniones. Podrías darle voz a tus propias opiniones y hablarles a las mujeres sobre los peligros de la guerra, podrías contarles lo que te escribo y utilizarlo para inspirarlas y añadirlas a nuestra causa. Creo firmemente que es momento de que te involucres en ayudar a poner fin a esta guerra. Me cuentas como tus palabras (y comida) inmediatamente ayudan a los soldados cuando están muy enfermos. Por eso creo que debes tener algún talento en la oratoria. No puedes desperdiciar ese talento en el hospital, tus palabras deberían estar en las calles, alentando a la gente, y tal vez tendrás el poder de comenzar una rebelión en las calles de Paris mientras yo comienzo una en Ypres.

Antes de dejarte, debo preguntarte algo de parte de una de mis compañeros soldados. Hace algunos días uno de nuestros hombres; Andre Martin fue herido gravemente por un cañón que exploto en las trincheras. Los doctores pudieron estabilizarlo pero tuvieron que enviarlo a Paris. Solo tengo curiosidad de si has oído de él o si incluso lo has tratado o si al menos tienes noticias de si sobrevivió.

Te deseo lo mejor, por favor Éponine comienza a asistir a esas reuniones y escríbeme lo que pasa. Espero que la próxima vez que hable contigo habré tomado el mando del ejército, espero que estemos en camino hacia la victoria.

Hablamos pronto.

Enjolras


Mayo 28, 1915

Mi querido Enjolras,

He escuchado de tu amigo Mr. Martin. Lo trajeron al hospital; un cañón le voló la mitad de ambas piernas. No tengo idea de cómo logró sobrevivir el viaje hasta Paris pero llego a nosotros en una condición relativamente estable. Desafortunadamente desarrollo una infección en una de sus heridas. Las enfermeras le amputaron un poco más pero creen que la infección se pasó al flujo sanguíneo. Murió cuatro días después de llegar a Paris, lo siento muchísimo. Nunca llegué a hablar con él, se pasó la mayoría del tiempo inconsciente debido a las múltiples operaciones que le hicieron. Aunque, si sirve de consuelo, cuando pase por su cama su rostro estaba relajado, tranquilo y en paz. Me gusta pensar que no podía sentir dolor alguno.

Me asusta mucho cuando escucho de hombres muriendo en tu batallón, me recuerda lo cerca que estas de la muerte cada día y eso me aterroriza. Debes venir a casa, regresaras a casa con vida.

He comenzado a leer Medea y debo decir que tuve que releer tus cartas anteriores para asegurarme de que no me hayas comparado con ella, por suerte no lo hiciste. Es una mujer absolutamente traicionera quien creo era malvada hasta la médula. Pensar que les hizo eso a sus hijos y todo por venganza es horrible y desagradable, al igual que la verdadera definición de una mujer despreciada. Aunque debo comentar lo interesante que es que los autores clásicos le dieran más protagonismo a las mujeres en comparación con los autores de ahora, tal vez la sociedad no está progresando sino retrocediendo.

Tus noticias sobre tus generales definitivamente me hacen pensar eso. Considerando que no han ganado terreno en casi un año se esperaría que recibieran cualquier ayuda que les ofrecieran pero por supuesto que no, son demasiado orgullosos. Gavroche dice que tal vez estén preocupados de que les pelearías la cómoda cama cuando te volvieras comandante y por eso no te quieren escuchar. Si tan solo fuera tan simple.

Las reuniones han sido interesantes. Todas las mujeres se reúnen en el segundo piso del café y leen los periódicos y discuten las noticias. Todas dan voz a sus opiniones, lo que yo pienso que es encantador, pero les falta la cohesión y la dirección de un grupo que está dispuesto a realmente hacer algo para lograr un cambio. Parecen estar más que contentas de solo hablar y creer que como mujeres, no les corresponde desafiar al gobierno y tratar de influenciar la guerra y la política.

Aunque solo es el principio aun así estoy decepcionada.

Esperaba ver un grupo de mujeres audaces, que estuvieran dispuestas a desafiar a nuestro gobierno, a protestar y salir a las calles; en lugar de eso lo que vi fue un grupo de enfermeras ligeramente más radicales. Necesitan alguien que las una, alguien que esté a cargo y que sea el líder que estas mujeres necesitan. Necesitan alguien como tú. Recuerdo como solías reunir a los estudiantes y luchaban por la igualdad. Te recuerdo luchar por educación gratuita para todos, recuerdo que algunos maestros se unieron a tu causa. Eras y aun sigues siendo inspirador, necesitamos alguien como tú.

Yo soy demasiado tímida para tomar el cargo, siento que estas mujeres no se interesan por mi opinión. Todas parecen mucho más maduras y experimentadas que yo. Sacaron comparaciones de viejas guerras inglesas y rusas y comenzaron a discutir como la historia se estaba repitiendo. Siento como si estuviera de regreso en el café cuando tú estabas aquí. Recuerdas como solía sentarme en un rincón tratando de ocultar el hecho de que estaba escuchando? Probablemente ni si quiera notabas que estaba ahí, recuerdo lo concentrado que estabas en tus discursos y como los chicos, y casi todos en la habitación se aferraban a cada palabra que decías. Era increíble y era inspirador. Eres exactamente lo que necesitamos pero lo que no podemos tener.

Sé que quieres que me exprese; es solo que me siento fuera de mi liga con estas mujeres, son elocuentes y dicen palabras que apenas entiendo. La única razón por la que me dejaron unirme es porque parezco burguesa como ellas. Te prometo que si me hubiera tratado de unir a su grupo como una vagabunda me hubieran negado la entrada. Eso también necesita cambiar; si nos vamos a rebelar contra este gobierno necesitamos a todos los que estén dispuestos a apoyar nuestra causa, no solo a los ricos. El gobierno no escuchará la voz de un montón de mujeres enojadas pero si a miles de mujeres enojadas; bueno, hicieron que Louis escuchara en 1789, quien dice que no podemos hacer que Monsieur Poincare escuche en 1915?

Tal vez comenzare a escribir un discurso, aunque te lo enviare antes de leerlo frente a las damas. Tal vez tú puedas hacerlo sonar más burgués y sofisticado.

Mantente a salvo Enjolras, espero que la próxima vez que hable contigo seas el líder de las Fuerzas Armadas Francesas.

Mis mejores deseos.

Éponine


A/N:

Hola chicos!

Aquí les dejo un capítulo nuevo, espero que les guste.

Enjolras está comenzando a poner manos a la obra, al igual que Éponine pero pronto habrá más problemas para ellos, así que esperen los próximos capítulos.

Gracias como siempre a los que leen esta historia, ustedes alegran mis días.

Pues eso es todo por ahora, los quiero mucho!

Bren