Diciembre 23, 1915
Querida Éponine,
Combeferre falleció hoy y no sé qué hacer conmigo. Él era una de las personas que yo creía que sobreviviría; era fuerte, no era optimista pero tampoco era pesimista. Era el único de nosotros que no lloraba en sueños, quien no se movía cuando paraban los tiroteos y ahora ya no está y yo estoy perdido. No tengo a nadie, a nadie en absoluto y una vez más he perdido las ganas de vivir. Cada vez me hundo más, estoy seguro de que he llegado al fondo pero esta guerra me ha demostrado que las profundidades de la desesperación humana no tienen fin. Ya ni siquiera siento dolor; la idea de sentir algo me es completamente extraña.
Creí que estaba bien, no parecía mostrar señales de sufrimiento en esta guerra pero debo haber estado equivocado ya que cuando me alejé para ayudar a traer comida a las trincheras, se arrojó a la tierra de nadie donde lo asesinaron en segundos. Su cuerpo aún sigue allí pero no quiero mirar sobre las trincheras, no quiero verlo. Esperó profusamente hasta que me fuera, me sugirió que fuera a ayudar a los soldados a traer la comida y no sé por qué le hice caso. Mis manos aún tiemblan por mi tortura y apenas puedo sujetar algo pero Combeferre había asumido el papel de guía en el frente y yo honré las palabras de mi guía. Lo escuché. Deseo no haberlo hecho.
No puedo evitar sentir que de haber estado con él, habría podido detenerlo. Bajarlo de la trinchera y llevarlo a donde estuviera a salvo pero sé que es por eso que me envió a ayudar. Para él, esto, las trincheras no significaban seguridad. Prefirió enfrentar la tierra de nadie con la esperanza de que la otra vida fuera mejor que aquí. Estoy seguro de que lo es.
He conocido a Combeferre toda mi vida, desde la edad de seis para ser exactos, fuimos juntos a la escuela y asistíamos a la universidad juntos aunque estudiábamos en diferentes facultades. Parece casi correcto que estuviéramos peleando juntos y estaba seguro de que probablemente moriríamos juntos, pero ahora, incluso eso me ha sido arrebatado.
Él escapó pero yo sigo aquí. No estoy seguro de qué me mantiene con vida, qué evita que salte sobre las trincheras, tal vez eres tú.
Estaba seguro de que era Combeferre, él me animaba a contarte sobre mi pasado, a bromear contigo sobre Antígona y más recientemente me decía que te perdonara. Que estaba siendo demasiado cruel y que estaba sosteniendo un rencor innecesario en una época en que nuestras vidas pueden acabar repentinamente. Él me repetía tus palabras; "¿Quieres morir enojado con ella? ¿Quieres dejarla pensando que la odias?" Y yo lo ignoraba porque estaba seguro de que yo estaba en lo correcto y que tú estabas equivocada. Testarudamente esperé que te disculparas. Yo no me disculparía primero y gané pero así no es como sabe la victoria.
Cuando fui a ayudar a traer la comida le dije a Combeferre que regresaría pronto y él respondió simplemente con un "Te veré entonces" y ahora mientras estoy aquí escribiéndote, analizo sus palabras, intentando ver si sus palabras tenían otro significado.
Te veré entonces.
¿Quería decir en la próxima vida? ¿Cuándo yo esté muerto también? ¿O simplemente fue un acto espontaneo cuando saltó de las trincheras?
Por supuesto que no, Combeferre no es espontaneo; él es sabio, lento y deliberado en sus acciones. Lo era.
Esto estaba planeado pero no puedo evitar pensar que si iba a morir sin mí, me dejaría algunas palabras de inspiración o de ánimos. Ya ni siquiera sé. Lo único que sé es que estoy tan, tan confundido. No sé lo que sucede. Todo parece estar fuera de mi control y lo odio.
Es que siempre pensé que Combeferre saldría de esto con vida. Creí que sería él quien te informara de mi muerte, que sería él quien te visitara, quien probara tu increíble comida, quien vería Paris de nuevo. Se suponía que él sobreviviría esta guerra. No yo. Aunque yo no he sobrevivido aún, no debería adelantarme a los hechos.
Te ruego que por favor no le digas a Courfeyrac sobre la muerte de Combeferre. Sé que no aceptas las mentiras pero por favor, te lo suplico, hazme caso solo esta vez. Courfeyrac no se recuperará si se entera de la muerte de uno de sus mejores amigos, eso te lo prometo. Por favor, una vez comience a sanar, cuando lo veas mejorando, entonces podrás decirle pero la información podría matarlo si se entera ahora. A fin de cuentas sé que no puedo controlarte, Éponine pero por favor, si en verdad te preocupas por Courfeyrac debes escucharme. Intenta no pensar en esto como mentir; ¿tal vez contener la verdad suena mejor?
Noté en tu carta anterior que dijiste que una vez que regrese a París, tú y tu familia volverían a las calles. Éponine, nunca más debes temer volver a vivir en las calles o en la pobreza. Esto te lo prometo, y no lo digo para que cambies de opinión sobre la escuela de Azelma, te lo digo porque es la verdad. Vivirás en mi casa, si regreso de la guerra son más que bienvenidos a vivir conmigo, y si no regreso de la guerra, quiero que tengan mi hogar. Te prometo que jamás estarás sin hogar. Mi casa ahora es tuya.
Te deseo una feliz Navidad Éponine, espero que sea tan increíble como la anterior. Por favor, olvida lo que escribí la última vez, por favor escríbeme de nuevo.
Feliz Navidad y espero que tengas un buen comienzo de 1916.
Enjolras.
Enero 10, 1916
Enjolras,
Lamento mucho lo que le pasó a Combeferre. No lo conocía muy bien pero parecía amable, reservado, seguro de sí mismo pero tratable y tienes razón, no merecía morir, nadie merece morir en esta guerra y me destroza escuchar de tanta gente pereciendo en lo que se ha vuelto una guerra tan inútil.
No sé cómo es pelear en el frente así que no puedo saber por qué Combeferre se pudo haber suicidado. Pero sí he visto a hombres perder la cabeza, gritando y gimiendo por las noches, destruyendo sus camas y arrancando las sábanas y ropa de su cuerpo como si estuvieran siendo atacados o estrangulados. Ese es el mayor cambio entre el turno de día y el de la noche.
Durante el día los hombres solo se quedan sentados mirando nada en particular, completamente sin vida. Algunos de ellos hablan y son muy joviales. Pero una vez que cae la noche el ambiente en el hospital cambia, es menos ajetreado pero por alguna razón se siente más ruidoso, más abrumador. Incluso en el silencio hay una tensión en el aire, es atemorizante. Algunas veces paso junto a una cama y noto que los hombres se alejan tanto como les es posible, intentando hacerse invisibles. Me miran con los ojos muy abiertos como si fuera un soldado enemigo. En sus mentes y en la oscuridad, probablemente lo soy.
Me hace preocuparme por el futuro del país, del mundo, ¿qué sucederá en el futuro si estamos perdiendo algunas de las mentes más grandiosas en esta guerra? Me preocupa quién nos librará de esta guerra y nos llevará a un mejor futuro. Temo que no quedará nadie que nos guíe para salir de esta guerra.
No te preocupes Enjolras, no le he informado a Courfeyrac de la muerte de Combeferre, sé que no lo tomará bien. Recuerdo que antes de que comenzara esta guerra, cuando asistía al café y los veía a los tres concentrados en papeles y libros por horas. Siempre eran ustedes tres. Comprendo que las noticias serán desgarradoras para Courfeyrac pero no puedo evitar preguntarme cuándo será el momento indicado para informarle de la muerte de Combeferre. Sin importar cuando se entere, la noticia será dolorosa, le dolerá y podemos esperar dos meses o seis meses pero aun así la noticia es desgarradora. Sé que no quieres que le diga y respeto tus deseos pero tarde o temprano él se enterará y temo por su salud cuando se entere.
Llevaremos a Courfeyrac a casa en un par de días luego de que terminen de observar cómo se está acomodando el hueso de su pierna y asegurarse de que no hay infecciones en ninguna de sus heridas abiertas. La Navidad la pasamos a su lado, le llevamos regalos y los intercambiamos pero a veces parecía que iba a llorar, no estoy segura si era de felicidad o debido a que extraña a sus amigos pero siendo honesta, creo que es lo último. Gavroche y Azelma fueron al mercado y le compraron un hermoso libro de poemas con ilustraciones pero temo que le recuerde mucho a Jehan. Si recuerdo bien, ellos eran muy cercanos. De hecho, Courfeyrac se llevaba bien con todos tus amigos. Debía haber tenido una de esas personalidades increíblemente carismáticas con las que personas como yo podemos solo soñar. Aunque no puedo estar segura, porque todo rastro de esa personalidad ha desaparecido. El hombre sigue en silencio excepto por breves 'si' y 'no' para responder las preguntas de las enfermeras. Espero que sacarlo del hospital le inspire más vitalidad, aunque no tengo idea de cómo vamos a superar las escaleras hasta tu casa.
La Navidad fue muy tranquila y sin mucho festejo, todos estábamos muy cansados, muy exhaustos por esta guerra para considerar celebrar algo. Y la verdad es que se sentiría incorrecto celebrar ahora cuando tanta gente a nuestro alrededor está muriendo. No parece lo correcto.
Fuimos a misa y rezamos por todos los soldados, los heridos, los muertos y aquellos que siguen peleando. Te ruego, Enjolras, que continúes luchando, por favor. Estoy segura de que es duro para ti seguir adelante y estoy segura de que es imposible tener algo de optimismo. No espero eso de ti, no espero nada de ti excepto que sigas luchando. Quiero que sigas luchando y que regreses a París.
Recuerdo escribirte la Navidad pasada y decirte que esperaba que estuvieras con nosotros la próxima Navidad. Y aquí estoy de nuevo. A veces siento que no ha cambiado mucho en este último año. Yo sigo trabajando como enfermera, tú sigues peleando, esta guerra continúa. Pero una vez más te digo que espero tu regreso con ansias, espero que estés en casa la próxima Navidad. Espero que todos estén en casa, todos los hombres que están en la guerra. Espero que esta guerra se haya terminado y que podamos comenzar con el proceso de recuperación, como individuos, como nación y como planeta.
Mantente a salvo Enjolras, mantente con vida y por favor vuelve a escribir pronto. Lamento mucho la muerte de Combeferre pero sé que nada de lo que diga aliviará el dolor. Ni siquiera un poco.
Éponine.
A/N:
Hola chicos!
Gracias como siempre por leer, aunque temo que no sé cuándo subiré el nuevo capítulo porque, no sé si se enteraron pero el 19 de septiembre de 2017 un terremoto azotó mi Ciudad de México (que es donde yo vivo) y pues la verdad estuvo un poco fuerte así que estaré ayudando en lo que pueda y no sé si pueda encontrar tiempo para traducir. Espero lo puedan entender porque no es broma cuando les digo que ustedes son mi motor que me inspira a seguir pero ahora, mi ciudad me necesita.
Una vez más, gracias a todos los que leyeron, no olviden que los quiero mucho y pues espero que nos leamos pronto.
Bren.
