Marzo 27,1916
Querida Éponine
Continuaré bebiendo cuanto quiera y cuando quiera, y siendo brutalmente honesto, no tienes autoridad alguna para decirme lo contrario; no eres un oficial, un general o un comandante y ver a esos hombres, los hombres que sí tienen autoridad, beber hasta quedar inconscientes, eso me autoriza a hacer lo mismo. Tú nunca comprenderás como ese estar aquí. Cuando bebo me siento entumecido y así es como quiero estar, no quiero sentir, no quiero pensar, jalaré del gatillo y esperaré lo mejor. No quiero que me interese. Cada día cientos si no miles de hombres mueren en esta batalla y ¿para qué? Honestamente no lo sé. Hemos detenido el avance alemán, pero ahora estamos atorados en otro estancamiento, como hemos estado la mayoría de la guerra. A donde quiera que vayamos, peleamos, pero no avanzamos, no hacemos progreso, no ganamos.
Y no ganaremos, no ganaremos esta guerra de desgaste, así que, por favor, no me critiques por las elecciones que tomo en este tiempo. No te haré caso, al igual que tú no me haces caso a mí. ¿Cuántas veces te he dicho que vayas a las reuniones? Que hagas la diferencia, pero nunca lo haces. Estás en una posición privilegiada en este momento; tienes acceso a la gente que ha luchado, tienes acceso a libros, ensayos y manuscritos que profesan y explican los méritos de la paz sobre la guerra, tienes tiempo y más importante, tienes una audiencia que está dispuesta a escuchar y con suerte, dispuesta a actuar. Sin embargo, solo te sientas en casa a escribir cartas criticándome. Estoy cansado, estoy cansado del hecho de que esperas que haga caso a todo lo que me dices que haga, pero tú ignoras completamente lo que yo te digo.
Creo que sí deberías renunciar a tu trabajo, y deberías dedicar tu tiempo a la escritura y la lectura, a algo productivo que en verdad podría influenciar el futuro, pero no renuncies a tu trabajo y te quedes inactiva. No pases el tiempo vagando por París sin nada que hacer. Estamos en medio de una guerra y tú debes hacer algo para que termine, es tu deber como ciudadana francesa querer que los soldados de tu nación vuelvan a casa, así que haz algo al respecto. No sé cuánto más claro tenga que decirlo. Deja de procrastinar y deja de evitar asistir al café; tienes que hacer algo, lo que sea para llevarnos a casa, para llevarme a mí de vuelta a casa. Sé que es egoísta pero simplemente quiero verte intentando llevarnos, a los soldados, a casa. No quiero verte rendirte, y al dejar de leer y no asistir al café es como si te hubieras rendido, como si te hubieras acostumbrado a esta guerra y al hecho de que podría no tener fin, que jamás volveré a casa. No quiero que te des por vencida, no puedes renunciar a mí. ¿Cómo esperas que me levante cada mañana a luchar para volver a casa, para volver a ti si tú no peleas por mí, si estás esperando ver mi nombre en una de esas listas de muertes? Te necesito peleando, el saber que estás luchando me motiva a seguir, y necesito toda la motivación que pueda conseguir. Por favor hazme caso cuando te digo esto.
Sila gente no se opone a esta guerra, si no luchan contra esta guerra los líderes de nuestra nación no la terminarán. ¿Has leído sobre la guerra de 100 años? No quiero ser parte de otra guerra de duración similar y estoy seguro de que tú tampoco quieres vivirla. ¿Te das cuenta de que conforme perdemos más y más hombres, el gobierno se siente más obligado a imponer el servicio militar obligatorio en Francia? ¿Qué edad tiene Gavroche? Casi cumple los 16, y ¿crees que, si se alistara, aunque fuera menor de edad, lo rechazarían? El ejército está desesperado por conseguir hombres dispuestos a luchar, aceptarán a cualquiera y aceptarán a Gavroche si tú no haces algo para evitarlo. De hecho, asegúrate de tirar esta carta a la basura después de que la leas, estoy seguro de que, si Gavroche se entera de que sería aceptado en el ejército, se alistaría antes de que siquiera tuvieras la oportunidad de intentar disuadirlo.
En verdad no querrás enviarlo a esta guerra, puedo decirte con certeza que no sobreviviría, yo tampoco quiero que entre a la guerra, pero yo no puedo detenerlo y tú sí. Tú puedes intentar ponerle fin a esta guerra y evitar que chicos como Gavroche sean enviados hacia su muerte por un gobierno egoísta y obstinado.
Espero que esto finalmente haga que me escuches.
Es desafortunado escuchar que aún no has hecho progresos con Courfeyrac, pero sé que vas a perseverar y que él agradece lo que estás haciendo por él, incluso aunque no lo mencione. Rezo por su pronta recuperación, es una persona tan increíble y si algún día vuelve a ser como era antes puedo asegurarte que llenará de calidez tu hogar y a tu familia. Es una increíble cualidad que el posee; espero que algún día la recupere.
Puedo asegurarte que no eres la única que siente que esta guerra ha durado toda una vida, y también ansío estar en casa contigo. Te prometo que estoy haciendo todo lo posible por sobrevivir y aunque no puedo prometerte que volveré a Francia con vida, te prometo que estoy intentando volver vivo a París. No quiero morir, no sin conocerte. Espero que podamos conocernos en esta vida, es una esperanza que me hace continuar cada día, que me anima a luchar.
Por favor escribe pronto.
Enjolras
Abril 7, 1916
Querido Enjolras,
Por favor, no me tientes a enojarme contigo, ni a pelear contigo porque no lo haré, no te daré lo que quieres, no cuando intentas hacerme enojar y convertirme en el enemigo. Quiero que sepas que te advierto sobre el alcohol porque me preocupo por ti. Yo crecí en un bar, sé lo que el alcohol les hace a las personas y no quiero ver que te destruya como ha hecho con tantos hombres antes que tú.
No estoy segura si te has dado cuenta aún, pero tu estado de ánimo, o al menos el que retratas en tus cartas, muchas veces refleja cómo han estado las batallas en el frente. Por ejemplo, escribiste una carta el 27 de marzo, ¿correcto? En los días que la precedieron había habido un par de ataques fallido de los franceses hacia los alemanes, lo que resultó en una gran cantidad de franceses muertos, por ende, no estabas feliz, y en consecuencia recibí una carta llena de enojo. Aunque no es particularmente de mi agrado estar en el lado receptor de tus diatribas, prefiero que las dirijas hacia mí y no hacia alguno de tus compañeros, ya que lo último que necesitas en este momento es que ellos se vuelvan en tu contra. No sé en realidad lo que intento decir, creo que ahora entiendo que no estás enojado conmigo, sino que estás enojado con la situación y a la única persona a quien se lo puedes explicar es a mí, y lo acepto. Recuerda, estoy aquí para ti, durante tus mejores momentos y también en los peores. Mientras me quieras aquí, aquí estaré para ti, esperando tus cartas, respondiéndolas con entusiasmo y esperando tu regreso.
Tampoco aprecio que involucres a Gavroche en tus argumentos. No he hablado con él sobre la guerra en mucho tiempo, espero que ver lo que le ha sucedido a Courfeyrac y a los demás hombres en el hospital haya sido un método eficaz de disuasión, pero no puedo estar segura. Ya no hablamos tanto como solíamos hacerlo, ninguno de nosotros. Es como si esta guerra estuviera separando a la familia. Todos estamos estresados, todos constantemente preocupados; jamás pensé que tendría un efecto tan negativo en los ciudadanos regulares. Aunque en mi última carta dije que la gente se había acostumbrado a la guerra, eso no significa que no hay gente llorando en las calles cuando leen que un ser querido ha fallecido. Todos estamos sufriendo, como pueblo, como nación estamos sufriendo, simplemente nos estamos acostumbrando al dolor. Y a veces es eso lo que más duele, de hecho, sentir dolor parece casi normal, y cuando hay un momento de felicidad, cuando una sonrisa o una carcajada escapa de los labios de alguien, su rostro se ensombrece, lleno de culpa como si hubiera cometido un crimen. Es casi un crimen, ¿no es así? ¿Cómo podemos ser felices cuando hay hombres como tú sacrificando sus vidas por nuestra libertad? No parece correcto.
En cuanto a volver al café durante las reuniones, lo haré, te prometo que algún día lo haré, es solo que justo ahora estoy tan concentrada en ayudar a Courfeyrac a recuperarse que apenas y me alejo de su lado, y no creo que sería correcto hacer que los niños se ocuparan de él. Ellos no saben cómo tratarlo cuando tiene sus ataques, cuando se pode violento. Ellos creen que está enojado con ellos, pero no es así, eso lo sé porque se pone a llorar después, llora y sacude la cabeza como si no pudiera controlarse, como si supiera que lo que está haciendo y no fuera su intención reaccionar de ese modo, pero no pudiera detenerse. Nadie merece vivir así. A veces pienso que su castigo es peor que la muerte, está atrapado en sus recuerdos y lo persiguen constantemente. No puede seguir así por siempre, siento mucho miedo por él. Siempre me aseguro de cerrar las ventanas y de no dejar objetos filosos cerca de él, pero la verdad es que no tengo idea de qué hacer.
He renunciado a mi trabajo, pero Azelma ahora trabaja tiempo completo en el hospital, y estoy pensando en hablar con Gavroche para que consiga trabajo repartiendo periódicos después de la escuela o algo así, obviamente no he pensado mucho en ello aún. Es doloroso estar encerrado en casa, hay un límite en lo que puedo cocinar y limpiar, y todos están tan bien alimentados ahora que ya no comen todo lo que está a la vista y muchas sobras terminan en la basura, y no puedo evitar sentir que estamos desperdiciando demasiado.
Incluso cuando intento leer, consigo distraerme, perderme en mis pensamientos; estoy cuidando constantemente de Courfeyrac quien yace en silencio en cama, o estoy pensando en ti, en si sigues con vida, si estás teniendo un día bueno o malo en el frente y me encuentro mirando la misma página por horas sin leer una sola palabra. Me siento inútil cuando no estoy trabajando, pero no dejaré solo a Courfeyrac, solamente espero que se recupere pronto, tal vez entonces volveré al café, tal vez él quiera ir conmigo, aunque eso también podría descontrolarlo, toda esa plática sobre la guerra y muerte. No sé qué hacer, estoy completamente perdida.
Mantente a salvo,
Éponine
A/N:
¡Hola chicos!
Pues en forma de disculpa por el retraso con las publicaciones quise darles un regalo, así que… *redoble de tambores* ¡he subido dos capítulos seguidos! Espero poder seguir teniendo un poco de tiempo libre para continuar entregándoles estas traducciones.
Muchas gracias como siempre a todos los que leen y siguen esta historia, aunque no comenten ni nada, con leer se ganan un pedazo de mi corazón.
Pues de mi parte es todo por ahora, recuerden que los quiero con todo mi corazón y que siempre los tengo muy presentes; sin ustedes esta historia y su traductora no seríamos nada.
Espero que nos leamos pronto.
Un beso.
Bren.
