Julio 17, 1916
Querida Éponine,
Es bueno escuchar que Madame Julien y tú están bien, y espero que estés disfrutando de Niza. Yo fui varias veces con mi familia cuando era mucho más joven y debo decir que siempre recuerdo esa época con gran cariño. Deberías intentar aprender cómo hacer una socca mientras estás ahí. Es un hot cake pero no en el sentido tradicional, y yo solía adorarlos. Nunca los he comido en otro lugar más que en Niza, aunque, debo decir que nunca me he dedicado a buscarlos.
Creo que será mejor que deje de interferir con tus planes e ideas, ya que, al parecer, tienes todo muy bien planeado y la verdad es que confío en ti, siento que puedes lograr algo haciéndolo estrictamente a tu manera. Así que de ahora en adelante intentaré evitar criticar o cuestionar cualquiera de tus planes. En lugar de eso, soy todo oídos, estoy dispuesto a escuchar tus ideas, tus discursos y tus planes. Te apoyo y creo en ti. Puedes lograr un cambio para las mujeres y para los hombres aquí en el frente. Estoy comenzando a creer y a confiar en ti, a veces nos desesperamos tanto aquí en el frente por un escape, que olvidamos que varias personas en Francia trabajan para terminar con esta guerra, para crear un mundo de algún modo pacifico y más importante, para permitirnos, a los soldados aquí en el frente, volver a casa.
A veces, durante las pausas en la pelea, regresamos a las trincheras a beber vino y a hablar. Recuerdo que cuando la guerra comenzó también jugábamos fútbol, pero ahora estamos demasiado cansados y con demasiado dolor para siquiera pensar en jugar algún deporte. Y discutimos absolutamente cualquier tema cuando hablamos, hablamos de historia, política, deportes, todos los temas de los que usualmente hablan los hombres, y debo decir que es agradable tener con quien hablar. Por favor no intérpretes esto de mala manera, ya que disfruto hablar contigo, pero estos hombres entienden como me siento de un modo en que tú jamás lo harás, y jamás quiero que entiendas cómo me siento. Ellos han estado años separados de sus familias, han pasado hambre, dolor y han visto a sus amigos fallecer a su lado. Es tan reconfortante saber que hay otras personas allá afuera que sienten lo mismo que yo. Es también tranquilizador y cuando escucho que sienten lo mismo que yo, puedo descansar sabiendo que no estoy perdiendo la cabeza. O que si sí la estoy perdiendo, que al menos no soy el único.
Hace un par de noches, la conversación se dirigió hacia lo que desearíamos hacer cuando esta guerra termine, y para ser honesto, hasta entonces no había pensado mucho en eso. Es como si estuviera en modo de supervivencia y en lo único que puedo pensar es en el presente, en sobrevivir el presente. Ni siquiera pienso en lo que sucederá mañana y mucho menos en lo que sucederá cuando esta maldita guerra termine.
Así que les hablé sobre ti. Ellos ya sabían que yo tenía a alguien en casa con quien compartía correspondencia frecuentemente, pero en verdad no les había contado a estos hombres mucho sobre mi vida antes de la guerra. Pero pues tú no eras parte de mi vida, ya que nos hemos vuelto más cercanos como resultado de esta guerra, así que, supongo que debería decir algo sobre mi vida personal o algo de ese tipo.
Les conté sobre ti, sobre Gavroche y Azelma, sobre lo mucho que te extraño y como no pensaba que eso fuera remotamente posible ya que cuando dejé París apenas te conocía. Pero ahora sí te conozco, he llegado a conocerte a través de cartas y de algún modo, extraño algo que nunca tuve en realidad, lo que sé que no tiene sentido alguno. Les dije cómo eres diferente a las demás mujeres que he conocido y que te subestimaba severamente cuando nos conocimos. Les conté lo fuerte que eres y cómo eres capaz de lograr absolutamente todo lo que te propongas.
Les dije que apenas puedo recordar tu aspecto y el de todos. En mi mente todos ustedes son sombras sin mucha definición, sin rasgos faciales reales ni algo parecido. Les conté que no conozco el sonido de tu voz. Probablemente no lo reconocería si lo oyese, pero algún día, espero poder distinguir tu voz entre una multitud. Les conté que amas cocinar, que quieres abrir tu propio negocio y luchar por los derechos de las mujeres. Les conté lo mucho que te admiro por ello, por querer ser independiente y por querer mejorar las vidas de las mujeres de Francia.
Les conté que eres lista, mucho más de lo que habría esperado. Les conté que solías leer mis libros y escribirme tus opiniones, lo que era iluminador porque jamás me había expuesto a personas que estuvieran dispuestas a desafiar mi opinión, pero tú lo estabas, y te agradezco por ello.
Y les conté cómo cuidaste de Courfeyrac hasta que recuperó la salud prácticamente tú sola. Les conté que jamás te rendiste con él, ni siquiera cuando la situación se ponía increíblemente difícil. Les conté que dejaste tu trabajo para cuidar de él a tiempo completo y que ahora se está recuperando extremadamente bien y todo es gracias a ti. Les conté que eres más como una madre para tus hermanos que una hermana, que no quieres otra cosa más que Azelma sea independiente y que Gavroche se quede en París y termine la escuela.
Les conté que contigo, Gavroche y Azelma, me siento parte de una familia, siento que mi lugar está en París con todos ustedes. Casi puedo vernos sentados a la mesa para cenar, yendo al mercado o incluso pasando tiempo con el resto de los Amis en el café. Me doy cuenta ahora que esas cosas son las que me ayudan a soportar esta guerra. La idea de volver a casa y verlos a todos, de finalmente hablar contigo y escucharte responder. Quiero escucharte interrumpirme cuando no estés de acuerdo conmigo y quiero verte burlarte de mi como solías hacerlo en nuestras primeras cartas.
Y después de contarles todas estas cosas, no puedo evitar preguntarme, ¿alguna vez piensas en cómo serán nuestras vidas si sobrevivo esta guerra?
Escribe pronto,
Enjolras.
Julio 28, 1916
Querido Enjolras,
Han pasado dos años y aún sigo escribiéndote como lo prometí, por supuesto que puedes confiar en mí. Ay Dios, no encuentro palabras para describir lo increíble que es finalmente estar lejos de París. Amo esa ciudad, en verdad la adoro pero ¡es sofocante estar ahí todo el tiempo! Con todos los posters, la propaganda y tanta gente deprimida y famélica en las calles, es hermoso haber escapado de la Ciudad aunque solo sea por un par de semanas. Y Niza ha sido tan refrescante, a veces todo lo que uno necesita es un cambio de escenario para cambiar su forma de sentir.
Desde la última vez que te escribí he estado ferozmente determinada a seguir con mi idea de movilizar a las mujeres de París al igual que comenzar a vender en el mercado. Sin embargo, resulta que tanta determinación causa que me presione demasiado que apenas puedo pensar. No quería cocinar y definitivamente no quería leer ninguno de tus libros sobre política. Y Courfeyrac ha estado tan emocionado, ha pasado sus días ideando planes de negocios y enlistando los que él cree son los mercados más rentables en París. He estado fingiendo entusiasmo e interés pero, la verdad es que estoy tan preocupada de que esta aventura falle, que nadie me comprará nada, que las mujeres de París se negarán a escucharme, ¡que la idea de trabajar para conseguir esta meta me da náuseas!
Pero aquí en Niza puedo relajarme, puedo olvidarme de París y trabajar para cumplir mis metas en paz y con mucha menos presión. A Courfeyrac también le agrada aquí.
Se sienta en el balcón y se pone a tomar el sol, y no deja el balcón hasta que ha oscurecido. Él ama el calor al igual que los niños, pero yo personalmente lo encuentro un poco demasiado sofocante y es un suplicio descubrir donde está más fresco, afuera o adentro.
Aunque por supuesto, la guerra no ha estado alejada de nuestras mentes. Hay una notable falta de jóvenes en el pueblo y hay carteles de la guerra por todos lados, pero aquí me siento libre. Es como si París fuera un horno y cuando estoy ahí no puedo respirar, no puedo pensar y lo odio. Y me encanta aquí; amo el aire fresco, el sonido del océano ¡y la comida! Increíble vino, mariscos deliciosos, ojalá pudiera llevármelo todo a casa conmigo, es en verdad inspirador. Sin embargo, sé que debo regresar pronto a París, después de todo, Gavroche debe regresar a la escuela y yo necesito continuar la lucha para traerte a casa. Pero no puedo evitar sentir que este será el inicio de un gran número de viajes por Francia y tal vez a otros países una vez que termine la guerra.
Hace algunos días, Courfeyrac mencionó que le encantaría ir a visitar a su familia quienes viven al norte de París. Puede que sea difícil viajar al norte, ya que está más cerca de la guerra pero creo que debemos intentarlo. Le ha escrito un poco a sus padres, pero le encantaría volver al hogar de su infancia y visitarlos; y a mí me encantaría salir de París de nuevo. Aunque tal vez extrañe pronto mi hogar y anhele volver a París, eso sería agradable, tal vez al dejar la ciudad podré enamorarme de ella de nuevo. En verdad espero que eso pase. Extraño lo que solía sentir por la ciudad, que tenía interminables posibilidades. Así era lo que sentía por esta ciudad cuando finalmente tuve la oportunidad de experimentarla justo después del comienzo de la guerra, pero ahora estoy harta de ella. Estoy cansada del sonido de los camiones, que entran y salen de las angostas calles recolectando vendajes. Estoy cansada de los carteles que ruegan que más hombres se enlisten al ejército, y estoy harta de las canciones nacionalistas que insisten que la gente cante en las calles. Nuestro país, nuestro gobierno no se preocupa por nosotros, así que ¿por qué debería preocuparme yo por ellos? Estoy exhausta y quisiera que esta guerra terminara ya.
A veces pienso en cómo será la vida cuando la guerra termine. Imagino cómo será cuando estés de vuelta en casa, tú y el resto de los chicos volviendo a estudiar en la universidad, y Madame Julien y yo cocinando para ustedes cuando tengan exámenes. Y tu podrás ayudar a Gavroche con sus matemáticas, ya que la mayoría de lo que le enseñan ahora es demasiado difícil para mi y Courfeyrac comienza a batallar también. Me gusta burlarme de él cuando eso sucede, y le pregunto ¡cómo es que logró entrar a la universidad cuando no puede manejar matemáticas básicas! El simplemente grita que un título en Educación/Francés no requiere más que matemáticas básicas, antes de que su rostro serio comience a reír. Siento lástima por Gavroche si decide que quisiera ser un matemático, ¡ni Courfeyrac ni yo podremos ayudarlo con sus estudios entonces!
Pero sí pienso en cómo será la vida cuando vuelvas a casa y no puedo esperar para cuando eso suceda, pero entonces comienzo a preocuparme, ¿y sino regresas? Y entonces comienzo a sentirme mal y deseo no haber comenzado a pensar en el futuro en primer lugar, es tan incierto. Me digo a mí misma que volverás y en verdad lo creo. Has sobrevivido hasta ahora y puedes sobrevivir esta guerra. Sólo mantente a salvo, por favor mantente a salvo y regresa pronto a casa, todos esperamos con ansias tu regreso.
Éponine.
A/N:
Hola chicos!
Aquí les dejo el nuevo capítulo, espero que les guste. Como siempre, muchas gracias a todos los que leen esta historia; a los nuevos lectores les digo: ¡bienvenidos!
Pues por mi parte es todo, al menos por ahora. No olviden que los quiero mucho y nos leemos pronto.
Los quiero.
Bren
