El cuervo y la Roza
Parte 1.
El cuervo volaba por los alrededores del pequeño pueblo buscando comida en todos los rincones, abecés algunos insectos, en otras tenía algo de suerte y llegaba a encontrar algún animal muerto del que podía devorar sus entrañas o incluso sus ojos, su platillo favorito, pero en estos últimos días no ha tenido la misma suerte.
Tras un largo recorrido por los aires sin encontrar ni por asomo algo apetecible, el ave decide descansar en la copa de un árbol a espaldas de una casona de gran tamaño donde había un extenso parque.
El cuervo veía a las palomas con algo de recelo y envidia, desde lo alto de un árbol veía como cada una de esas golondrinas era alimentada con maíz y pan por docenas de ancianos, cada tarde sin falta alguna como una especie de ritual ininterrumpido, no importaban los años, lo único que podía variar era los hombres que no siempre eran los mismos. Algunas veces simplemente dejaban de acudir pero al poco tiempo uno nuevo llegaba y alimentaba a las mismas palomas, rastreras, flojas, sin preocupación de que un día no tengan un festín de semillas. Realmente no era muy afán de las semillas pero en aquel momento tenía tanta hambre que podría dejar pasar su orgullo por aquel momento, sin embargo había un problema, no era una ni dos ni una docena de palomas las que se aglomeraban alrededor de los ancianos para atascarse con las semillas, fácilmente podrían alcanzar los cientos contra un solo cuervo, además del evidentemente odio que tenía contra ellas, no hacía falta mencionar el odio era mutuo, las palomas no son muy agraciadas con los cuervos, de hecho son muy territoriales y sin lugar a dudas terminaría con varios rasguños y picotazos antes de siquiera lograr hacerse con una sola semilla de girasol.
Podría intentar buscar en otro sitio, pero aún no se avía recuperado del todo sus energías como para atreverse a batir sus alas otra vez, la sombra que le proporcionaban las hojas del tronco eran tan refrescantes y las ramas tan cómodas que no venía al caso apresurarse en dejar su lugar de reposo, después de todo las palomas ni siquiera se avían percatado de ella y cavia la posibilidad de que pudiera conseguir algo de comer en algún descuido.
De un momento a otro la parvada de palomas se levantó con tal sincronía y estrepito que parecía como si el suelo entero se levantara y elevara, el cuervo por un momento temió que le hubieran descubierto y esa tormenta de plumas blancas y grises arremetiera contra ella para finalmente terminar con la corta vida del joven ave que apenas había visto un par de lunas llenas tras dejar su nido.
La nube de pajarracos se aglomero sobre el árbol como un enjambre, el cuervo creyó que sería su final, pero de repente las aves se alejaron así como así, y todas se aglomeraron a unos árboles del sitio, y alrededor de una pequeña ancianita que recién se había sentado en una banca junto a un pequeño arrollo. De un momento a otro lo que era un océano de palomas se había disuelto ante aquel anciano que ahora se veía completamente solo, sujetando entre sus temblorosas manos una bolsa con el dibujo de un girasol, la misma estaba ya completamente vacía y triste como el hombre que la sujetaba.
El cuervo bajo al suelo, y rebusco a los alrededores de la banca para ver si encontraba al menos una semilla de girasol, pero por más que inspecciono no encontró nada más que algunas plumas de esas asquerosas palomas.
—No hay nada, ellas se lo han tragado todo— pensó con derrota, no soportaba más sus tripas, tenía que buscar en otra parte algo de comida pero temía no poder dar otro recorrido tan largo como antes. Ya estaba por darse por vencido cuando ante el callo un trozo de carne, por el sobresalto casi estuvo a punto de salir volando pero al ver el pedacito hay tirado como una plegaria cumplida arremetió contra el trozo de carne y se lo trago de un solo bocado.
—si tenías hambre— escucho la voz del hombre, el cuervo estuvo a punto de salir volando otra vez pero otro trozo de carne le fue arrojado y no aguanto la tentación de devorarlo. Era jamón, frio pero suculento jamón que el hombre había arrancado de un emparedado de pan de trigo que este también degustaba pese a tener unos pocos dientes entre sus encías.
El hombre siguió arrancando trozos de su emparedado para arrojárselos al cuervo quedándose solamente con el pan para degustarlo. Antes de terminar de comerse todos los trozos el cuervo ya se sentía satisfecho pero por mera gula que otra cosa se quedó para seguir degustando de aquella delicia, pero dado a su ahora falta de apetito se demoró más en terminar.
Un segundo estrepito de aleteos simultáneos alertaron al cuervo y desde la distancia observo como la parvada se alejaba de la viejecita y se aglomeraban a la distancia probablemente ante otro hombre que les ofrezca algo de comer.
Al poco tiempo el atardecer comenzó a hacerse presente desde las copas de los árboles, el anciano se levantó de su silla y dejo en la silla un pedazo del pan que le había quedado de su emparedado, el cuervo se acercó al trozo de pan mientras el hombre se retiraba y probo un poco solo por curiosidad, y no se dio cuenta que el hombre había regresado solo para ver al ave y está en su incomodidad y sobresalto se fue volando como si el hombre le fuera a arrancar las alas.
Los hombres son peligrosos, ellos nos odian, era lo que su madre le había dicho cuando era polluelo, odian a los cuervos y nos culpan de sus desgracias.
Días después el cuervo regreso al mismo sitio y se encontró con el mismo hombre, alimentando las palomas como la última vez y como tal la parvada lo abandono en cuanto el maíz que les había traído se había terminado.
El cuervo no supo si acercarse una vez que estaba libre su paso, pero antes de que tomara una decisión, el hombre dejaba caer apropósito un trozo de jamón y volteo a la rama donde este reposaba hizo una seña como si le dijera que fuera a comer. Esa vez el ave decidió no bajar, pero por algún motivo que no se explicaba regreso al día siguiente y nuevamente paso lo mismo, el ave se sentía algo inquieta por que el hombre le invitara a comer, pero es que no se sentía muy cómoda repitiendo el patrón de las palomas, aquella vez fue solo por necesidad y no tenia deseos de repetirlo a menos que nuevamente fuera un caso urgente.
Parte 2:
Los días siguieron y el hombre siempre dejaba un trozo de carne en el suelo tras alimentar a las palomas, el cuervo simplemente se quedaba posado en una rama cercana pero no se atrevía a bajar, pero tampoco se atrevía a irse, al contrario que las palomas que tras comer se iban a buscar a alguien más que les alimentara. Con el tiempo el llego a notar algo más aparte de la rutina, se dio cuenta de algo que no veía en otro ancianos, la mayoría de estos siempre eran acompañados o en su defecto recogidos por otros hombres para ir y venir del parque, pero este hombre se quedaba solo, venia solo se quedaba solo cuando las palomas terminaban y se iba solo tras llegar la noche
Tras varios días, el cuervo decidió bajar a probar las migas de carne y jamón que este le repartía, desde entonces el cuervo tal y como el anciano se reunían en aquel punto del parque a solo unas pocas horas del atardecer, el cuervo bajaba de las ramas cuando las palomas se iban, y comía de sus migas pese a no tener mucha necesidad, pero a diferencia de la parvada él no se retiraba, permanecía cerca del hombre y en ocasiones incluso cuando este se retiraba le seguía hasta su hogar sobre todo cuando las noches se volvían más oscuras y las calles eran más solitarias.
Sin darse cuenta y con el tiempo el cuervo no solo perdió el miedo a aquel anciano, si no que de alguna forma se sintió unido a él, desde entonces todos los días se reunían en el parque aun si no tuviera necesidad de alimentarse, hasta que un día el hombre dejo de ir al parque. Lo busco en su casa, la ventana estaba cerrada, algo poco habitual pero desde su lugar pudo verlo a la distancia, tendido en su cama y con una sábana cubriéndolo como si aún estuviera durmiendo.
Parte 3.
El anciano fue llevado al cementerio, hogar de algunos de sus hermanos y lugar donde los humanos entierran a sus difuntos, le sorprendió un poco la cantidad de hombres que habían asistido al funeral, en todo este tiempo que había permanecido al lado del anciano el cuervo no había visto a ninguno de ellos en ningún momento, pocos lloraban, la mayoría solo mostraba expresiones serias y murmuraban lo que sería de algo llamado testamento.
Cuando descubrieron el féretro para que todos contemplaran el cuerpo sin vida, el cuervo quiso acercarse para asegurarse que fuera él y que en verdad estuviera sin vida, pero en cada ocasión siempre había alguien que intentaba ahuyentarlo o incluso derribarlo, algunos le gritaban de maldiciones como si fuera él, el responsable le quitara la vida al anciano pero solo quería despedirse, pero solo recibía amenazas e insultos.
—Lárgate ave de rapiña—
—Augurio de muerte, aléjate de nosotros—
—Esbirro de satán, busca en otro lado—
Luego de varios intentos fallidos entre los que casi lograban cogerlo, no tuvo más remedio que apartarse de la multitud antes de que realmente le atraparan y conformarse a quedarse posado en una tumba cercana y ver a la distancia, algunos de sus hermanos se le acercaron.
—Sabemos que te gustan mucho los ojos, pero los humanos nunca te dejaran probarlos— dijo uno.
—Además es un anciano, esos ojos ya deben estar secos—
El cuervo no dijo nada y solo permaneció posado mientras la ceremonia se llevaba a cabo, luego de algunas oraciones, el féretro fue sumergido hasta la profundidad de un inmenso hoyo y otros hombres comenzaron a echarle tierra sepultando finalmente a aquel hombre solitario. Sus hermanos no parecían comprender por qué no respondía y enfocaba su mirada ante aquella nueva tumba. Algunos hombres colocaron algunas rozas sobre ella y luego se apartaron dejando finalmente el cementerio, miro los rózales y sintió algo de repudio ante lo que estos significaban para él.
Tras la partida de los hombres, la tumba quedo otra vez sola como siempre ha sido, pero el cuervo no se fue, y cada noche visitaba el sepulcro aunque esto no le trajera ningún beneficio, confirmando que nadie se acercaba a aquel rincón del mundo ni una sola vez, nadie, excepto una chica que solo vio un par de veces y que realmente nunca llego a quedarse demasiado tiempo, pese a las lágrimas saladas que corrían por su rostro el cuervo no creyó que realmente le echara de menos tanto como él.
Por las siguientes noches mientras resguardaba la tumba se quedó pensando en lo que le había dicho cuando había intentado acercarse a el cuerpo. Se sintió insultado y trataba de comprender el porqué de aquello, los humanos le odian porque era un augurio de muerte, ¿esa era la diferencia que los cuervos tenían con las palomas?
Los días pasaron y el cuervo había dejado incluso de comer pasando más tiempo ante la tumba que en alguna rama o volando por el pueblo. Los días y noches pasaron rápido y ante el paso del tiempo los rózales que habían sido dejados aquel día del entierro ahora estaban marchitos y secos, pero de entre sus restos una rosa blanca, reluciente y fuerte creció y aferro sus raíces a la tumba. El cuervo se sintió algo insultado por aquella planta que de la nada había nacido, y el día en que esta floreció y deslumbro la tumba con su belleza el cuervo sintió mayor repudio que nunca y se dispuso a arrancarla con su pico, pero cuando estuvo a punto de hacerlo la roza le hablo, y le suplico que no la cortara.
El cuervo se detuvo por la impresión y luego se apartó de la roza un poco aunque aún la siguió con el ojo, bien atento, entre sus espinas y pétalos no había nada que se pareciera a una cara, era una flor normal como muchas otras, como las que habían sido arrancadas y postradas sobre la fría lapida de aquel anciano. Tal vez solo había sido una mala jugada de su mente, hacía tiempo que no probaba bocado y ya no era el mismo de antes.
—Los augurios de muerte son ustedes, ustedes que se alimentan de ellos aun cuando estén bajo tierra— bufo el cuervo con repudio mientras consideraba si ir o no a buscar algo de comer.
—Los humanos creen lo que creen creer— respondió la roza.
El cuervo volvió a mirar la roza con extrañeza y volvió a sentir ganar de arrancarla.
—Su olor me parece repulsivo, el olor de ustedes es el olor a la muerte ¿Por qué los humanos las usan para cubrir sus rocas? Eso es algo que nunca entiendo—
—Somos una ofrenda—
— ¿Una ofrenda?—
—una ofrenda para ellos, para apaciguarlos y acompañarlos—
—Los muertos no necesitan ofrendas, son muertos, no requieren de nada parecido—
— ¿Entonces por qué no te separas de la tumba?— le cuestiono la roza. El cuervo quiso responder con alguna respuesta ingeniosa para ganarle a la roza y desquitarse con ella o darle algún motivo para arrancarla de raíz pero no se le llego a ocurrir nada y al final solo fue sincero.
—Todos morimos tarde o temprano, pero pocos sufrimos la soledad como este hombre, no solo me alimento más de una vez, no solo me dio refugio una vez que estaba lloviendo, no solo lo veía sentado en la misma banca de siempre, estaba solo, solo como nunca antes me avía tocado ver, y permanecía a su lado solo porque temía que la muerte le reclamara sin nadie a su lado—
— ¿Por qué?— le cuestiono la roza.
— En la tierra de los olvidados uno siempre desaparece—
—Los hombres mueren como tú algún día lo aras, y muchos más mueren solos—
—Este hombre no tenía que estar solo, tenía familia, familia que ahora vive en su casa, familia que ahora destruyo su jardín y se deshicieron de todas sus cosas, familia que no viene, aun cuando él me contaba lo mucho que los extrañaba en vida—
—Pero eso nunca te importo cuando te lo decía ¿o sí?—
—No al principio, solo gozaba de su comida—
— ¿Y eso no te hace igual que ellos? Igual que las palomas que solo buscaban sus semillas de girasol o maíz seco—
—No soy como las palomas, y tampoco soy lo que los hombres dicen de los cuervos—
— ¿Eso qué significa?—
—Que nunca lo dejare solo otra vez—
Parte 4.
Hay muchas historias sobre las rozas que crecen en las lapidas, muchos las interpretan como símbolo de liberación del espíritu cuando aquellas finalmente florecen y su belleza son comparadas con la pureza del alma del individuo, pero lo más curioso de la tumba del viejo Edward Salazar, es que la noche que su flor floreció posaba sobre su lapida también apareció un cuerpo petrificado, cuya mirada contemplaba la tumba y la flor que había crecido de forma milagrosa.
Nota del Autor:
¿Cuánto tiempo ha pasado no? Siento mucho haberme ausentado por tanto tiempo, y aprecio mucho a todos aquellos que aún me siguen esperando, no saben cuánto los he extrañado. Dudo mucho llegar a continuar con mis fics, la verdad creo que me sería muy difícil poder retomarlos, ciertos eventos me apartaron, y las cosas no han mejorado mucho desde entonces, pero aun quiero ofrecerles algo, por mucho tiempo fantasee en escribir un último fic, donde lo diera todo, o concluir al menos "El tercer sello" o "El Señor de los Dragones", pero las cosas no siempre pueden darse. Desde ahora, procurare traerles un nuevo relato, un cuento corto, para darles mi aprecio, recompensarlos de alguna forma, y demostrar, que nunca deje de escribir.
