Octubre 17, 1916

Querida Éponine,

Creo firmemente que la mayoría de la sociedad subestima la dificultad de emprender un negocio. Ser dueño de un negocio es difícil, es costoso y a veces, durante los primeros meses, no tiene éxito. Ultimadamente, el mayor problema de comenzar un negocio es la incertidumbre, la gente no sabe quién eres y por lo mismo, te evitan. Se quedan con lo conocido, pero cuando ven a alguien comprando tu comida, lo hacen también. Para usar un viejo cliché, son como borregos, solo espera, continúa persistiendo y eventualmente, las cosas resultarán a tu favor.

Aunque yo no he probado tu comida personalmente, algo que lamento todos los días, estoy seguro de que una vez que la gente comience a comprar tus productos, el negocio crecerá.

Es por esta razón que te imploro que vayas al café, esas mujeres serían una brillante clientela, ¿amas de casa ricachonas? ¡Perfecto! Ellas son el tipo de clientes que necesitas, son leales, compradoras rutinarias y lo más importante, estas mujeres tienen dinero, a diferencia de la mayoría de Paris, y estarán dispuestas a gastarlo en postres cuando la gente promedio apenas tiene para comer.

Esto me recuerda; ¿aún estas financieramente estable? Me dijiste que tu negocio está operando con pérdidas. Si necesitas más dinero, sabes dónde encontrarlo y por favor no dudes en usarlo.

Si he de morir en esta guerra, lo que es muy probable, el dinero se quedará sin gastar, así que no permitas que el hecho de que es mi dinero te evite gastarlo. No tengo testamento; creo que eso significa que si muero, el dinero irá a parar al gobierno. Entonces será continuamente gastado en la guerra, lo cual es algo que en verdad no quiero. ¿Por qué le pagaría a la gente que me mató? Eso no tiene ningún sentido. La otra opción es que el dinero se quede contigo, porque estás viviendo en mi residencia. Es algo terriblemente complicado y no puedo recordar exactamente cómo funciona, pero por favor, no dudes en gastar ese dinero.

Ahora, con respecto a Courfeyrac, comprendo tu preocupación, estas completamente en lo correcto al cuestionar lo que sucedería si yo muriera y tú le tuvieras que decir a Courfeyrac sobre todas las muertes al mismo tiempo. Es por eso que necesitas contarle pronto, la gente dura menos de tres meses en el frente. Yo he sobrevivido más de dos años; el tiempo, el destino y las estadísticas están en mi contra. No estoy sintiendo lástima por mí; más bien estoy siendo honesto conmigo mismo al respecto. No creo durar mucho más tiempo, y es por eso que debes contarle a Courfeyrac acerca de las muertes de Combeferre y Grantaire lo antes posible. Como siempre, confío en tu decisión.

Las cosas en el frente están muy aburridas; no hay otra forma de decirlo. Después de un tiempo te acostumbras a lo desagradable, insalubre e inhumano que es tu entorno y ya nada te sorprende. Esta batalla en particular ha durado demasiado tiempo. Me siento como una terrible persona por decir esto, ya que miles de personas han perdido la vida aqui, pero necesito un cambio de locación, algo diferente.

Odio estar aquí y creo que es porque estoy aburrido, todo se ha vuelto tan monótono, tan rutinario.

Siento que este mes hemos hecho un poco de progreso, pero no quiero darme muchos ánimos ya que en cualquier momento los alemanes podrían lanzar un ataque y estaremos de nuevo a la defensiva, luchando por nuestras vidas. Así de voluble e impredecible es esta guerra, es por eso que ha durado tanto, porque es muy impredecible, no hay garantías y por eso, todo es un riesgo, por esa razón, nuestros comandantes se niegan a moverse, teniendo como resultado este punto muerto en el que nos encontramos.

Esto podrá sonar tonto, pero he estado pensando en ti y en todos en París, ¿sabías que sólo nos separan 150 millas? Sé que esto debe ser increíblemente extraño de leer, pero hasta ahora he comenzado a notar lo cerca que estoy de la capital. Mientras que algunos hombres están en el Frente Oriental, al menos yo puedo quedarme aquí y sentir que estoy protegiendo mi patria.

No quiero faltarle el respeto a todos esos hombres que están peleando en el frente Oriental; son soldados igual que yo, arriesgando sus vidas por la protección de nuestro país, al igual que yo. Pero debido a que estoy estacionado en las tierras de mi país, siento que literalmente estoy luchando por ella.

También es algo extraño pensar que a sólo 150 millas de distancia la vida continúa con normalidad. Lo normal para mí es pasar todo el día metido en una trinchera diminuta intentando dormir antes de ser enviado a luchar. ¿Qué clase de normalidad es esa?

A veces imagino que puedo volver a casa, a París y llevar una vida normal contigo, imagino que volveré a la universidad y cuando no esté en clases, iré a ayudarte con tu negocio, por supuesto que para cuando llegue allí ya estarás haciendo pays salados, que será lo que comeré antes de volver a clases.

A veces es lo que me anima a llegar al final del día, el saber que esta guerra debe terminar pronto, y que todo lo que tengo que hacer para llegar a casa y a una vida 'normal' es sobrevivir. Es extraño lo simple que es escribirlo, y lo difícil que es implementarlo.

Escribe pronto,

Enjolras.


Octubre 29, 1916

Querido Enjolras,

Por favor continúa siendo fuerte, está guerra no durará mucho más, y tú volverás a una vida normal, te lo prometo.

Debo decir que ha sido un mes extraño. Una extraña mezcla de felicidad, esperanza, pérdida y desesperación; aunque siento que la simplicidad de la vida que llevaba tenía que terminar tarde o temprano, y siento que estoy preparada para el repentino cambio.

Primero te contaré las malas noticias, que en realidad no son malas ni inesperadas. Le dije a Courfeyrac sobre la muerte de Combeferre. Fue hace un par de días, Azelma es taba en el trabajo, Gavroche estaba en la escuela y nosotros en el mercado. Ojalá hubiera podido decirle mientras estábamos en casa, pero tampoco quería informárselo cuando los niños estuvieran en la casa, ya que no tenía idea de cómo reaccionaría a las noticias y no quería que los niños lo vieran enojado o violento de nuevo. Así que tuve que decirle mientras estábamos en el trabajo.

Comenzamos hablando de lo mortífera que ha sido esta guerra, y él parecía tranquilo y estuvo de acuerdo con que había sido una terrible pérdida de vidas. Continué diciéndole que había recibido una carta tuya esta mañana con la noticia de que Combeferre había muerto mientras tu regimiento lanzaba un ataque. Me habría gustado ser más gentil al decírselo, pero ¿cómo le cuentas gentilmente a alguien de la muerte de su amigo? Es imposible.

No estoy muy segura de que me crea. Courfeyrac sabe cuándo llegan tus cartas, sabe que la línea del tiempo no concuerda, pero no lo ha dudado frente a mí y espero que nunca lo haga. No hubo una gran reacción como la que esperaba, no hubo escenas, no hubo violencia, de hecho fue lo contrario. Después de un par de minutos de trabajar en silencio me dijo que no se sentía muy bien y que quería volver a casa, y por supuesto que se lo permití. Aunque estaba preocupada, me preocupaba volver a casa ese día y encontrarlo muerto.

No sé cómo decir esto pero Azelma, Gavroche y yo somos personas increíblemente expresivas y dramáticas. Si nos enteramos que alguien ha muerto, inmediatamente hay llanto, gritos y posiblemente destrucción de todo lo que nos encontremos en el camino, así que la falta de reacción por parte de Courfeyrac es un poco desconcertante. De hecho, hubiera preferido que hiciera un escándalo, que gritara, llorara o rompiera todo porque así, al menos lo podría comprender. O no entender, sino ver su reacción, ver su dolor, saber que algo está sucediendo. Pero su rostro ni siquiera cambió cuando le di la noticia, simplemente asintió un par de veces y se quedó en silencio antes de acomodar unas tartas y el mostrador y dirigirse a casa, fue atemorizante.

Apenas pude concentrarme en el trabajo; mi mente estaba con él y lo que podría estarse haciendo. Recordé aquellos primeros meses cuando se negaba a hablar y me preocupaba que hubiéramos logrado lo que tanto temíamos, una regresión cuando habíamos logrado tanto progreso. Así que fui a casa, no podía quedarme en el trabajo estando tan preocupada por él.

Llegué a casa para ver la puerta de su habitación cerrada y sonidos de sollozos saliendo de ella. Fue el sonido más doloroso, tan doloroso que casi me hería físicamente escucharlo llorar así. Entré a su habitación y me quedé con él mientras lloraba, por horas. Sentí que no había nada que pudiera hacer, pero ese, al menos era un pequeño gesto de mi apoyo hacia él. No sé si él lo interpretó así o si lo ayudó, pero espero que si. Aún estaba llorando cuando Gavroche regresó de la escuela, pero se fue a su habitación, no nos molestó.

La mañana siguiente Courfeyrac estuvo hablando mucho, maldijo la guerra, maldijo al gobierno y se burló de la guerra en general. Fue un total alivio verlo hablando, y parece estar tomándolo mucho mejor de lo que esperaba.

Cuando vuelvas a casa, por favor no le menciones lo que te estoy diciendo. Siento que eso sería un insulto a su confianza y creo que él piensa que tú pensarías mal de él al descubrir su reacción. Así que por favor, te ruego que no le digas a nadie, en especial al mismo Courfeyrac.

No estoy segura de cuándo le diré sobre la muerte de Grantaire, dudo que sea pronto.

Ahora a lo mejor de las última dos semanas. El jueves fui al café y repartí tarjetas a las mujeres mientras les servía café y tartas que había preparado. Al parecer las amaron, ya que volvieron conmigo cuando me senté a escuchar sus discusiones a tomar más y más tartas. Le agradezco infinitamente al café por permitirme vender mis productos ahí. Creo que no les importó mucho, ya que ellos venden venden café exclusivamente, y me gusta creer que los pasteles hicieron que las señoras se quedarán más tiempo y que en consecuencia bebieran más café.

Justo cuando pensaba que el evento no podía haber sido un éxito mayor, el día siguiente mientras trabajaba en el local, un grupo de mujeres vino a comprar pastel para una fiesta de té a la que asistirían. No podía creerlo, el evento había sido un rotundo éxito, jamás me habría imaginado que saldría tan bien, pero entonces, se puso mejor. El dueño del café vino al local cerca de la hora de cerrar. Me preocupaba que dijera que ya no podía vender mis pasteles en su café, pero para mi sorpresa, me pidió que volviera para la siguiente reunión, la próxima semana a la misma hora. Es increíble ¿no? No creo necesitar tu dinero justo ahora.

Sin embargo, tengo que irme, todo este éxito repentino me ha inspirado a hornear y a comenzar a desafiarme con nuevas recetas.

Mantente a salvo y escribe pronto,

Éponine.


A/N:

Hola chicos!

Aquí les dejo el nuevo capítulo, al parecer las cosas van mejorando para Éponine y su negocio. Lamento decir que esta felicidad no durará mucho. Pero al menos hay un cese al fuego con Enjolras, aunque eso le aburra demasiado.

Por favor cuéntenme qué les pareció este capítulo y qué piensan que sucederá con ellos. ¿Creen que Gavroche vaya a la guerra?

Como siempre, muchas gracias a todos los que leen y siguen esta historia, significa mucho para mí.

Pues por mi parte es todo, no olviden que los quiero mucho y nos leemos pronto.

Bren.