No soy la dueña de Slam Dunk ni de ninguno de sus personajes, aunque la verdad es que me encantaría
La intrusa que ocasionó un desastre
Capítulo Tres: Apariciones
Rukawa se despertó temprano, muy temprano, aquella mañana de lunes. Saltó de su cama con una energía inusual, que no se comparaba con aquella que solía no acompañarlo durante las mañanas, en especial desde el momento en que debía separarse de las sábanas para ir a la escuela. Trató de hacer el menor ruido posible, mientras se deslizaba con rapidez por el pasillo que salía de su habitación, dirigiéndose a aquel cuarto que, dentro de la biblioteca de su padre, había destinado para su afición personal. Una vez en que entró en la biblioteca se dirigió al pequeño armario que era tan oscuro, que le servía perfectamente como el cuarto en el cual podía revelar sus fotografías. Tiró de la cadena que pendía de la bombilla, para que la luz lograra apoderarse de aquel reducido espacio.
Durante un momento, en cuanto aquellas fotografías se convirtieron en lo único en lo que sus ojos se posaban, sintió una especie de calma desconocida. Se acercó con lentitud, para después alargar una de sus blancas y delgadas manos hacia una de las fotografías, que tenía colgada de un alambre, hacia abajo, para que se secara mejor. Tomó la fotografía entre sus manos, observándola con atención, mientras a través de la imagen, esperaba transportarse hasta el momento en que la había tomado.
¿Quién era esa muchacha? Sólo había logrado captar aquel instante en el que el mar, el viento y aquel pequeño tatuaje se unieron hasta el punto en que él no pudo dejar de mirarla. Sólo había visto su espalda pálida y sus brazos alargados, pero había sido suficiente para que no pudiera dejar de pensar en su misteriosa figura. Había algo en la manera en la que formaba parte de aquel paisaje, había algo en la tranquilidad con la que disfrutaba de la forma en que la brisa marina la tocaba que había creado ese deseo de atrapar su imagen con su cámara.
Su mente comenzó a considerar las millones de formas que podía tener su rostro, sin detenerse ante lo increíble que resultaba que él estuviera ansioso por querer verlo. Nunca se había sentido atraído por ningún ser humano, jamás había considerado a nadie ni siquiera levemente interesante, pero por alguna razón desconocida, ahora se sentía arrastrado por la idea de que ese alguien interesante había aparecido de la nada, en el momento y lugar menos esperados.
Sacudió la cabeza, ante lo absurdo de la situación, mientras abandonaba el pequeño armario, hacia su habitación. Sólo cuando llegó a ella, y se acercaba al baño, descubrió que aún sostenía la foto en sus manos. Pensó en devolverse y dejarla con el resto, pero algo dentro de él hizo que se acercara a su escritorio, y la pusiera, levantada, sobre este. La contempló unos segundos más, para después voltearse e ir directamente a la ducha.
Ayako sonrió disimuladamente al ver el mensaje de texto que había llegado a su celular en medio de su primera clase de la mañana. Por supuesto, era de Sendoh: "No tienes idea de lo raro que es esto: Me desperté pensando en ti, así que creo que es necesario que pase por ti esta tarde para que me expliques por qué"
Dejó el celular de lado, permitiendo que una imperceptible sonrisa se escapara por entre sus labios. Sentía que estas eran las cosas que lograban que sus inseguridades quedaran de lado, que lentamente el lugar que creía que antes se encontraba vacío comenzaba a desaparecer lentamente. Sin embargo, las dudas continuaban persiguiéndola, sin darle ninguna clase de tregua. ¿Por qué cada vez que comenzaba a darse una segunda, una tercera, una quinta oportunidad incluso, aquel presentimiento sin explicación comenzaba a decirle que lo que hacía no era lo correcto? Parecía como si, de hecho, su propia mente fuera la que se dedicara a lanzarle advertencias acerca de lo que ocurriría después. Sin embargo, fue Ayako la que decidió que aquellas dudas estaban infundadas, que en realidad no tenía razones lo suficientemente fuertes para no creerle…aunque la verdad era que, aunque le costara admitirlo…a ella misma le resultaba difícil confiar en sus propias palabras.
Porque si bien era cierto que Sendoh no había sido nada menos que el muchacho más noble y adorable con ella hasta ese momento…no era menos cierto que su antiguo historial le daba razones VERDADERAS para dudar.
Sendoh caminó, distraído, por los pasillos de su escuela. Su mirada vagaba con lentitud por la multitud de rostros que se cruzaban frente a él, sin que necesariamente les prestara la atención adecuada. Sin embargo, si bien era cierto que la mayoría de las veces se sentía dominado por la apatía de las clases, también era cierto que últimamente había encontrado la perfecta manera para dejar sus pensamientos volar sin ningún tipo de restricción.
Fijó su mirada en el muchacho que lo acompañaba con lentitud, cuya mirada aburrida parecía dispersa en el medio del bullicio de los alumnos que se dirigían al descanso de aquella mañana. Sonrió ante la evidente normalidad de aquel comportamiento: Fukuda era de aquellos que detestaban llenar el silencio con palabras insulsas, ya fuera porque lo consideraba innecesario, o simplemente porque no tenía nada que decir. Sin embargo, su amistad y compañerismo les permitía entender que aquella conducta era perfectamente normal.
"Así que…" – dijo Fukuda, en un tono un tanto aburrido – "Estás saliendo con la entrenadora de Shohoku"
Sendoh alzó una ceja con perspicacia: Sabía que Fukuda era más perceptivo de lo que parecía, pero no era capaz de imaginarse una situación que le permitiera enterarse de su reciente relación con Ayako.
"Tengo que decirle a Hikoichi que deje de perseguirme" – dijo Sendoh, con una sonrisa que pretendía restarle importancia al asunto – "Tal vez debería conseguirle yo una novia a ese chico"
"No fue Hikoichi el que me dijo" – dijo Fukuda, mirándolo de reojo, como si quisiera evaluar su reacción – "Fue Leah"
Sendoh no pudo evitar que un pinchazo atravesara su pecho con una intensidad inesperada con el sólo sonido de aquel nombre. A pesar de todo el tiempo que había pasado, aún aquella simple palabra lograba que algo dentro de sí le indicara que no importaba exactamente el período que mediara entre la primera vez que había escuchado aquel nombre, y la última vez que él lo había pronunciado.
"No necesito decirte que, evidentemente, ella quería que supieras" – dijo Fukuda, aún mirándolo por el rabillo del ojo – "Ya sabes cómo es ella"
"Creo que aún lo sé" – dijo Sendoh, desviando la mirada – "Lo que no sé es lo que ella pretende"
"Lo mismo de siempre" – le respondió el muchacho, dejando que sus ojos vagaran por el rostro de Sendoh disimuladamente – "El problema es si tú vas a dejarla hacer lo mismo de siempre"
"No puedes estar hablando en serio" – dijo Sendoh, frunciendo el ceño – "Sabes perfectamente que todo se acabó entre ella y yo"
"Lo mismo dijiste la última vez" – murmuró Fukuda, alzando las cejas con lentitud – "Y la vez anterior. Y la anterior a la vez anterior"
"Y todas esas veces me enseñaron, por fin, la maldita lección que necesitaba aprender"
"Y eso también lo dijiste las últimas diez veces…"
"¿A qué quieres llegar con esta conversación, Fukuda?" – dijo Sendoh, abiertamente molesto con las insinuaciones de su amigo
"Yo no quiero llegar a nada" – dijo el muchacho, mirándolo directamente por primera vez desde que había comenzado a hablar. Sin embargo, la forma en que su mirada se dirigía le indicaba que las palabras siguientes serían el objeto de todo lo anterior – "Pero lo que sí quiero, simplemente, es no verte en pedazos una vez más"
Sendoh bajó la mirada ante la repentina muestra de preocupación por parte de su amigo. No estaba acostumbrado a que aquel muchacho expresara en voz alta que, en definitiva, estaba alerta respecto de los eventos de su vida. Sin embargo, aquello no era lo que estaba ocupando sus pensamientos en esos instantes.
La verdad era que todo se resumía a un solo nombre: Leah Stevenson, la estudiante de intercambio, natural de Estados Unidos, que había llegado a su escuela hacía más de un año. Y desde que había puesto un solo pie en la escuela, la vida de Sendoh se transformó en una montaña rusa definitivamente espantosa: Se habían conocido durante una clase de química, en la que ambos debieron trabajar juntos. Luego, habían comenzado a salir. Después de eso, habían decidido a dar un paso más, y realmente estar juntos como novios. Hasta ese entonces, todo había transcurrido de manera normal. Sin embargo, mientras Leah se había dedicado a mentir, Sendoh se había dedicado a estar enamorado de ella.
El muchacho ya había perdido la cuenta de los otros jóvenes con los que lo había engañado. Y a pesar de que Sendoh había decidido terminar su relación, el dolor que le produjo sólo logró que su vida entera girara en torno a ella. Había intentado salir con otras muchachas, pero de alguna manera u otra, siempre ella había vuelto a aparecer. Por lo tanto, Sendoh se había ganado, con el tiempo, una reputación de mujeriego y mentiroso terrible, puesto que, lo quisiera o no, nunca había logrado estar con una muchacha sin que Leah se interpusiera en el camino. Y ya que Sendoh jamás podía controlar la tentación cada vez que ella aparecía, las infidelidades, para él, eran cuestión de cada día.
Porque, aunque trataba de evitarlo…tenía que admitir que Leah siempre había tenido el mismo efecto que la gravedad sobre él.
Sin embargo, se dijo a sí mismo mientras continuaba caminando por el pasillo, la situación era diferente ahora: Ayako había aparecido, y tal como había notado desde el momento en que la conoció, aquella especie de energía que la rodeaba había logrado cautivarlo. No sabía exactamente qué era lo que sentía por ella…pero aquello que sentía, no quería dejarlo ir por ningún motivo.
Ni siquiera por Leah.
Rukawa no se dio cuenta de que había chocado con el cuerpo de otra persona hasta que vio una pequeña figura caer al piso. Debido a que era tan alto, por lo general no veía al resto de las personas que caminaban a su alrededor, sumado al hecho de que en realidad no le interesaba mirar a nadie. Bajó la vista con lentitud, para encontrarse con un rostro familiar, que en esos momentos tenía el ceño fruncido.
"¿Y?" – preguntó ella, soltando un suspiro frustrado – "¿Te vas a quedar ahí o vas a tener la cortesía de ayudarme?"
Rukawa, con la eterna tranquilidad que lo caracterizaba cuando se encontraba fuera de la cancha, estiró su blanca mano para coger la suya. Ayako hizo rodar sus ojos ante la lentitud de los movimientos del muchacho, pero finalmente, tomó la mano frente a ella y se levantó del piso.
"De veras que tendrías que prestar más atención al caminar" – dijo ella, en un tono acusatorio – "No es como si fueras tan pequeño que no logras ver al resto"
Ayako, de manera natural, caminó junto a Rukawa por el pasillo, que ya estaba atestado de estudiantes que se dirigían a almorzar. El muchacho se resignó a su compañía, que ciertamente no le molestaba…pero tampoco le importaba demasiado. Caminaba con la mirada perdida, inmerso en el silencio que rodeaba sus propios pensamientos. Sin embargo, y aunque estaba acostumbrado a la soledad, no se había dado cuenta de que había acomodado su andar al de Ayako, de manera tal que no fuera a adelantarla. El joven bajó su mirada para encontrarse con la figura pensativa de la muchacha, quien también había decidido caminar junto a él en completo silencio.
Extrañamente, y sin su propio permiso, Rukawa se preguntó en qué estaría pensando. Usualmente, y aunque le agradaba algo su entrenadora, él no solía conversar con ella. Sin embargo, le llamó la atención que ella no intentara llenar el silencio con su hablar constante. Si bien era cierto que él no era bueno para socializar, sí era bueno para observar. Y aunque esta actitud podía no significar nada en absoluto, no era el comportamiento al que estaba acostumbrado por parte de la muchacha.
Lo único que vino a su mente fue la figura del desagradable de Sendoh. Se preguntó si es que esta extraña conducta tenía algo que ver con él.
De repente, casi como si una mano invisible lo golpeara, profundizó en aquel último pensamiento: Esa expresión un tanto afligida…¿tenía algo que ver con Sendoh? La mirada pensativa de Ayako…¿era provocada por su culpa? Sabiendo que no era su asunto, y tratando de convencerse de que realmente la situación carecía de toda importancia, Rukawa se sorprendió ante la posición a la que llegó sin su propio consentimiento. Sin embargo, no podía evitar pensar que tal vez aquella muchacha estaba sufriendo por algo que se relacionaba con el imbécil de Sendoh. No lo sorprendía en lo absoluto, ya que el muchacho tenía una especie de fama que era conocida por todos, incluso por quienes no se interesaban en lo absoluto por temas que no estaban relacionados con una cancha de basketball, como él, puesto que era casi imposible no escuchar los millares de comentarios que volaban por los salones de clases. Lo que lo sorprendía, en realidad, era que ella se prestara para tales situaciones. Desde que la había conocido, la había considerado una muchacha más seria de lo que aparentaba. Y no obstante, ahora estaba involucrada con un idiota que era todo menos serio. ¿Qué era lo que había pasado? Nunca se había detenido, realmente, a considerarlo, de hecho, no creía haberse dado cuenta de ello hasta ese instante pero…siempre había pensado que ella era mejor que esto.
Y en realidad…¿A él qué demonios le importaba?
Rukawa sacudió la cabeza, decidiendo que en realidad debía concentrarse en asuntos más importantes, y en gente más importante…en esos momentos no podía recordar ninguno, pero de todas maneras, seguramente todo lo anterior no tenía nada que ver con él. De hecho, recordó que en realidad, el mundo entero no tenía nada que ver con él.
"¿En dónde piensas almorzar?"
La voz de Ayako lo arrancó momentáneamente de sus pensamientos internos. Vio que ambos habían llegado al patio de la escuela, en donde la mayoría de los estudiantes se dispersaba para disfrutar del sol, de la brisa y del contacto con el césped. Rukawa se encogió de hombros, escuchando el suspiro resignado de Ayako como respuesta.
"Me agrada almorzar bajo el sauce del final" – Rukawa siguió con la mirada la dirección que apuntó Ayako con el dedo – "No sé si te gustaría acompañarme"
Rukawa miró con suspicacia la propuesta de la joven. Ciertamente, no estaba acostumbrado a la compañía de ningún compañero…o más bien, no estaba acostumbrado a la compañía de ningún ser humano durante sus ratos libres. Sin embargo, algo en la voz tranquila y serena de la muchacha hizo que pensara que no era tan mala idea. Después de todo, siempre podía volver a ser el descortés que siempre había sido e irse en cuanto no quisiera seguir allí. Nuevamente, se encogió de hombros. Sin embargo, sintió una extraña sensación de alivio cuando escuchó la risa desenfada de Ayako, quien sólo sacudió la cabeza con resignación y caminó en dirección al sauce que le había indicado.
El muchacho caminó lentamente, mientras observaba el espacio alejado, pero tranquilo, al cual se dirigían. Estaba seguro de que nunca había puesto un pie en aquel sector de la escuela, lo cual lo extrañaba, puesto que en cuanto entró a Shohoku, se dedicó a buscar el lugar más aislado y silencioso en el cual nadie pudiera molestarlo. De hecho, durante todo ese año, no había bajado de la azotea del edificio si es que no era estrictamente necesario, o bien, para practicar con el resto del equipo.
Ayako se sentó bajo la sombra del árbol, mientras sacaba de su bolso un pequeño paquete. Rukawa, por su lado, se sentó un tanto alejado de la muchacha, pero a una distancia que no necesariamente implicaba desagrado ante su compañía. Contempló con atención que, en aquel lugar no se veía absolutamente nadie aparte de ellos dos. La brisa del principio de la tarde acarició su rostro, mientras elevaba su mirada y notaba que las largas y tristes hojas del sauce se mecían con lentitud y suavidad. Lamentó no haber traído su cámara, puesto que aquella escena podría haber formado parte de su colección.
"Es tranquilo este lugar, ¿verdad?"
Nuevamente, la voz de Ayako lo sacó de sus pensamientos. La muchacha se veía un tanto más relajada, ahora que estaba en donde, al parecer, quería estar. Rukawa asintió con lentitud, mientras volvía a desviar su mirada hacia el cielo.
"Siempre vengo aquí cuando quiero estar en silencio" – dijo Ayako – "O cuando de verdad no quiero compañía"
Rukawa frunció el ceño, sin entender el sentido de sus palabras: Si quería estar sola, ¿por qué le había pedido que la acompañara? Ayako lo miró y en sus ojos pudo leerse la mezcla de confusión con cierta entretención.
"No me malentiendas, no es que no me agrade tu compañía" – dijo, riendo – "Pero me imaginé que tu no serías de los que hablan hasta por los codos, si comprendes a lo que me refiero" – hizo rodar sus ojos mientras señalaba vagamente hacia él, como si lo que acababa de decir fuera completamente obvio ante la sola presencia de Rukawa
El joven no pudo evitar que sus labios se curvaran levemente hacia arriba, al entender perfectamente a lo que se refería: Él era de los que no hablaba. Sin embargo, aún no entendía la razón por la que, igualmente, había solicitado que la acompañara.
No obstante, lo que realmente no entendía…era por qué él había accedido.
"Lo lamento si te sentiste incómodo el otro día" – dijo Ayako, bajando la mirada – "Sendoh no debió haber intentado provocarte"
Ahí estaba, pensó Rukawa, esa era la razón por la que le había pedido que la acompañara. Sin embargo, no pudo evitar que una ira desagradable recorriera su espalda, puesto que no quería ni siquiera que fuera de la cancha, ese idiota fuera un tema de conversación. O, más bien, que tuviera que escuchar de él.
"No importa" – dijo Rukawa, finalmente, luego de un par de minutos de silencio – "Él no me interesa"
"Lo sé" – dijo Ayako, soltando una carcajada – "Pero lo detestas de todas maneras, ¿verdad?"
Rukawa se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. Vio que la muchacha desviaba la mirada hacia la parte vacía del patio.
"Sé que no vas a decirle a nadie" – dijo, suspirando levemente – "Pero, la verdad es que no es una mala persona, Rukawa" – ante la mirada escéptica del muchacho, agregó – "De veras. De hecho, si es que lo conocieras, creo que no te desagradaría…tanto"
Ayako rió cuando vio la expresión de asco y molestia que, involuntariamente, Rukawa tenía en su rostro. Se sorprendió de la facilidad con la que podía hablar con él de otra cosa que no fuera basketball. Más bien, se sorprendía de que ella hablara con él, y más que nada, de que él estuviera dispuesto a escucharla.
"Ustedes se parecen más de lo que crees, ¿lo sabías?" – dijo Ayako alzando una ceja y mirándolo de reojo para después reírse de su expresión – "El problema es que están en la canasta contraria de la cancha"
"No se me ocurre ni una sola cosa que podamos tener en común" – dijo Rukawa, entornando la mirada – "Aparte de que practicamos el mismo deporte"
"¿En serio?" – preguntó Ayako, divertida – "A mí, se me ocurren varias: El basketball, lo testarudo que son ambos, lo competitivos que pueden llegar a ser, además ambos son bastante presumidos…y, por supuesto, que yo los conozco a los dos fuera de la cancha" – rió cuando Rukawa hizo rodar sus ojos, evidentemente sin encontrarle la razón en nada de lo que acababa de decir la joven – "Sin embargo, eso último, que yo los conozca, es lo único que no es un problema entre ustedes"
"¿Por qué no quieres que los demás sepan?" – preguntó Rukawa, a propósito de lo que había dicho anteriormente
"Porque creo que todos se enfadarían" – admitió la joven, perdiendo un poco de la alegría que la había acompañado momentos antes – "Todos consideran que Sendoh es "el enemigo", y yo soy la entrenadora, entonces-"
"¿Y qué?" – la interrumpió Rukawa. Ayako fijó su mirada en él: No recordaba ni una sola vez en que el muchacho se hubiera interesado en algún tema en específico, menos alguno que tuviera que ver con ella. Sin embargo, la sorprendió la manera en que la estaba mirando. No había ni un solo rastro de la constante molestia y evidente aburrimiento que lo caracterizaba. No creía que pareciera estar preguntando por curiosidad, sino que parecía que, realmente, estaba prestándole verdadera atención.
"¿A qué te refieres con eso?" – preguntó Ayako, frunciendo el ceño.
"¿Y qué si los demás piensan todo lo que dices?" – se explicó Rukawa – "No es asunto de ellos"
"Pero…los muchachos pensarían que yo estoy-"
"Eso no importa" – Ayako ensanchó la mirada cuando él la interrumpió de nuevo – "Es asunto tuyo, a ellos no les incumbe"
"Entonces, ¿dices que al diablo con lo que piensen los demás y que no importa que crean que soy una especie de traidora?" – preguntó ella, riendo – "No tiene sentido, Rukawa, ¿por qué querría pelearme con todos los muchachos?"
"¿Y por qué no?" – preguntó él.
Ayako abrió la boca para responder, pero se dio cuenta de que no tenía nada qué responder. Porque la verdad era que…una parte de ella sentía que Rukawa tenía razón. Era cierto que le importaba mucho lo que los muchachos fueran a pensar de su relación con Sendoh, pero…en realidad, era su relación, no la de ellos. Esa era la idea, ¿no?
Rukawa vio cómo Ayako sacudía la cabeza, sin decir nada, y miraba nuevamente hacia el horizonte. Y él se disponía hacer lo mismo cuando, de repente, algo hizo que centrara su atención por completo en la figura de la muchacha: Producto de la cercanía de la tarde, el viento que comenzó a soplar hizo que su cabello suelto danzara con la armonía de la brisa. La mirada perdida de la muchacha se vio enmarcada por sus rizos suaves, pero a la vez rebeldes, que flotaban alrededor de su rostro, cuyo color contrastaba con lo pálido de su piel. El muchacho ensanchó su mirada, debido a que el mismo golpe que lo había impactado aquel día en la playa se repitió en ese mismo instante. No pudo evitar notar que el parecido de la imagen era increíble, pero la luz bajo la que se encontraban ambos en ese momento le daba un matiz diferente: Había algo en la expresión de sus ojos, en lo pensativo de toda su silueta, incluso de la manera en que su sombra se proyectaba a su lado, que logró que no pudiera desviar la vista de toda la imagen de la muchacha.
Estaba seguro de que Ayako no era la muchacha del muelle, pero había algo alrededor de ella que no había visto jamás. Nunca se había detenido a mirarla con atención, y dentro de todo lo incómodo de la conversación, Rukawa se dio cuenta de que no se arrepentía de haber pasado aquellos momentos con ella. No la conocía de verdad, no sabía nada acerca de la muchacha …pero algo había en aquel silencio que los rodeaba que había provocado que lograra ver aquello que no había notado jamás.
De hecho…las palabras correctas era que, por primera vez, la había visto.
"¿Por qué me estás mirando de esa manera?" – por enésima vez aquel día, la voz de Ayako lo sacó de lo inmerso que se encontraba en sus propios devaneos mentales. Rukawa sacudió la cabeza, dándose cuenta del tenue matiz de absurdo que tenía aquella situación, para luego desviar la mirada nuevamente hacia las hojas del sauce.
"Por nada" – dijo, finalmente – "Creí que te parecías a alguien"
Y a pesar de todo, pensó…demonios que se parecía.
Continuará…
