No soy la dueña de Slam Dunk ni de ninguno de sus personajes, aunque la verdad es que me encantaría

La intrusa que ocasionó un desastre

Capítulo Cuatro: Algo más de las diez

Sendoh caminó, exhausto, fuera del gimnasio de su escuela. Estaba completamente muerto de cansancio, ya no había luz alguna en el horizonte, y la verdad, era la perspectiva de que aquel día terminara con la compañía de Ayako lo que lo animaba a encontrar algo de fuerzas dentro de su asquerosamente agotado cuerpo. Sonrió al imaginarse la mirada brillante, atenta y curiosa que siempre iluminaba su rostro, y que inconscientemente lograba que todo su ser se estremeciera por una emoción desconocida. Ni siquiera él mismo podía ponerle un nombre a esa emoción, pero la verdad era que no era capaz de concebir un solo día sin que ella diera alguna muestra de su presencia, ya fuera porque la veía, porque leía un mensaje suyo o porque escuchaba su voz mediante la línea telefónica.

Ella iluminaba sus días, uno tras otro, con esa radiante e increíblemente poderosa energía que la rodeaba.

Sin embargo, en ese mismo instante, aquella luz desapareció por completo ante una figura que se encontraba de pie frente a la salida. Sendoh entrecerró la mirada, sintiendo un disgusto recorrer todo su cuerpo, sin poder encontrar ni un solo rastro de la alegría que antes se había apoderado de él.

Ahí se encontraba ella, de pie relajadamente frente a él, con su usual mirada coqueta y jugueteando con un trazo de su eterno cabello rubio. Sonrió ampliamente en cuanto vio la figura del muchacho frente a ella, y aún más cuando la expresión de este se tornó incluso peor. Sendoh, en un intento inútil de ignorarla, pasó por su lado sin siquiera saludarla, pero ella fue más rápida que él, ya que antes de que alcanzara dar un solo paso, ya se había volteado y había tomado su mano. Aquel simple acto logró que escalofríos recorrieran la espalda de Sendoh, mientras soltaba un suspiro frustrado. La muchacha dejó escapar una pequeña risa, mientras sacudía la cabeza cuando el joven se volteó para mirarla.

"Hola, muchas gracias, yo también estoy bien, hasta luego" – dijo Sendoh, automáticamente, mientras se volteaba para seguir su camino. Sin embargo, en cuanto dio un solo paso, la figura de la muchacha ya se encontraba frente a él.

"Hey, no tan rápido" – dijo ella, riendo

"¿Pero qué es lo que quieres ahora?" – preguntó Sendoh – "Voy atrasado y no tengo tiempo para conversar contigo"

"¿Tienes una cita con tu novia de Shohoku?" – dijo ella, guiñándole un ojo – "Supongo que no creíste de verdad que no me enteraría, ¿cierto?"

"No sé cómo podría llegar a ser asunto tuyo, Leah"

"Tú siempre has sido, y seguirás siendo, asunto mío, Akira" – dijo ella, alzando la mirada y acercándose a él.

"Pues tú ya no eres asunto mío" – continuó el muchacho, entornando la mirada con enojo – "Y de hecho, cuando eras asunto mío, eras también el asunto de varios muchachos más"

La joven entrecerró los ojos, repentinamente herida por las palabras de Sendoh. Bajó la mirada, un tanto avergonzada, mientras se balanceaba hacia adelante y atrás, lentamente, sobre sus pies. Por supuesto, tuvo exactamente el efecto que ella estaba buscando: Él jamás había soportado aquella actitud infantil que Leah solía adoptar cuando no quería enfrentar sus errores, pero no con el efecto que tendría en cualquier persona normal. De hecho, aquel simple gesto, el de bajar la cabeza y contemplar sus pies, siempre había logrado que Sendoh tratara de olvidar todo el daño que le había provocado, y que se decidiera a darle una oportunidad más, puesto que, simplemente, todo su enojo desaparecía desde el momento en que ella parecía estar arrepentida.

"Lo siento" – dijo Sendoh, sacudiendo la cabeza con tranquilidad – "No debí decirte eso, ya ha pasado tiempo suficiente desde la última vez que…no importa" – dijo, finalmente – "La verdad es que debo irme ahora, Leah, están esperándome"

"¡Espera!" – exclamó ella, cuando Sendoh se alejaba. El muchacho se detuvo y se volteó una vez más. Leah dio unos pasos hacia su figura, mientras alzaba aún más su pequeña cabeza para encontrarse con su mirada. Sendoh se detuvo frente a ella, esperando pacientemente. Leah se mordió el labio inferior con nerviosismo, mientras jugueteaba con sus propios dedos – "Lo siento"

Sendoh soltó un suspiro frustrado, mientras sentía que su nivel de enojo incrementaba súbitamente. Ya ni siquiera recordaba cuántas veces la muchacha había dicho lo mismo, cuántas veces le había pedido perdón…había perdido la cuenta luego de las primeras diez. Detestaba que lo dijera con tanta liviandad, de manera tal que esas palabras no significaban nada en su boca.

"Sé que no me crees" – dijo ella, con rapidez, notando la forma en la que el muchacho comenzaba a observarla – "Y quién puede culparte, la verdad…" – bajó una vez más la mirada, mientras Sendoh sentía que su corazón se encogía ante la postura afligida de la joven frente a él – "Solamente es que…no puedo estar lejos de ti"

El joven cerró los ojos ante sus palabras por un instante. Sabía exactamente cómo se sentía la muchacha: Él había estado en esa posición, con la misma frase rondando incesantemente por su cabeza, desde el momento en que la había conocido…y desde que había descubierto los millares de engaños que la rodeaban.

"Leah…" – comenzó Sendoh. Desvió la mirada cuando la muchacha alzó la cabeza con ojos esperanzados – "Entiendo cómo te sientes, pero…las cosas son diferentes ahora" – volvió a posar sus ojos sobre su rostro, de manera que no interpretara de otra manera lo que iba a decirle – "Estoy con alguien más, y esta vez es de verdad. Lo que sucedió en ocasiones anteriores no volverá, jamás, a repetirse. Lo siento mucho…"

"Lo sé" – dijo Leah, sonriendo con tristeza – "Lo único que te pido es que no me apartes de tu vida, Akira. Sé que es tarde para pedirte que confíes en mí, pero quiero que olvidemos lo que ha pasado entre nosotros…y seamos amigos. Tú como tú, y yo como yo"

Sendoh entrecerró los ojos, dudoso de qué responder. Ciertamente, esta era la primera vez que veía a Leah reaccionando de una manera relativamente madura, nunca le había propuesto algo semejante, porque ello significaría que ella admitía los errores que había cometido, lo cual jamás había ocurrido. Sin embargo, algo en aquellos ojos de un brillante turquesa le decía que, tal vez, las cosas habían cambiado para ella, sin que él se hubiera dado cuenta de ello. Evaluó las posibilidades de que Leah estuviera tratando de engañarlo una vez más, pero se dio cuenta de que ella sólo podría lograr algo semejante si es que él estaba dispuesto a dejarla. Y eso no iba a ocurrir.

La razón de que supiera que Leah no podía hacer lo mismo con él que meses atrás estaba, de hecho, esperándolo a la salida de la escuela Shohoku. Por lo tanto, lo único que hizo fue asentir.

Leah sonrió ampliamente, mientras daba un paso hacia él y estiraba su mano para que el muchacho la estrechara. Sendoh alzó una ceja, pero sonrió a su vez cuando cerró su mano en torno a la suya.

"Leah Stevenson" – dijo la muchacha, riendo – "Mucho gusto"

"Akira Sendoh" – respondió él, sonriendo levemente – "Igualmente"

El muchacho sacudió la cabeza con resignación, aunque verdaderamente divertido con la situación. Caminó rápidamente calle abajo, puesto que ya estaba muy atrasado y no quería que Ayako se molestara con él. Sin embargo, sentía que, después de todo, había sido un buen momento. Nadie quería más que él que todo el asunto con Leah quedara en el pasado, y tal vez esto era una señal de buena fe por parte de ella…¿verdad?

Lean observó la alta figura de Sendoh desaparecer en cuanto dobló por la esquina. Sonrió con suficiencia, mientras se volteaba con soltura y tranquilidad, bordeando en la alegría.

Por supuesto que sabía que estaba saliendo con otra muchacha. Por supuesto que, como siempre, él creía que por fin iba a enamorarse nuevamente e iba a conseguir su final feliz. Sin embargo, ella no concebía que Sendoh pudiera tener un final feliz si es que no era con ella, así como tampoco ella misma no era capaz de imaginar no estar con él de la manera en la que había estado alguna vez. Sabía que había cometido un par de equivocaciones, que para ella no eran tan graves. Después de todo, ¿quién no mentía en alguna ocasión? Si es que él esperaba sinceridad sin condiciones…tal vez estaba esperando demasiado.

Sin embargo…

"Siempre vuelves a mí, cariño" – pensó – "Y esta vez no será la excepción"


Ayako llevaba más de cuarenta minutos esperando que Sendoh apareciera de algún lugar, cuando comenzó a impacientarse: ¿Por qué todos estos muchachos se obsesionaban con el basketball hasta el punto de olvidar sus compromisos? Entrenaban horas y horas durante todos los días, y aún así, siempre parecía haber tiempo para practicar un poco más. Hizo rodar sus ojos cuando una cierta confirmación de lo que acababa de pensar apareció por la salida de la escuela: Rukawa, tambaleándose de cansancio, caminaba lentamente hacia afuera. No pudo evitar mirarlo con cierta ternura luego de la conversación que habían tenido durante el almuerzo: La verdad es que la había sorprendido de todas las maneras posibles. No sólo había cruzado más de diez palabras seguidas con él, sin que ninguna fuera "basketball", "campeonato" o "cancha", sino que además, se había quedado con ella a pesar de que el tema que trataron no era precisamente usual. Además, la había dejado pensando durante horas todo lo que le había dicho. Sin embargo, tenía que admitir que tenía algo de razón acerca de la situación. De hecho, durante el poco tiempo que duró, se dio cuenta de que había logrado ver un poco más de lo que el muchacho solía mostrar. La manera en que le había dicho que debería dejar de pensar en todo lo que los demás estaban pensando, le había permitido ver un poco más allá de la coraza espantosa que lo cubría.

De hecho, Ayako sentía que lo envidiaba un poco en cuanto a su forma de ser: La muchacha sabía que ella era de esas personas que solían preocuparse demasiado por los demás, hasta el punto de que tomaba, en algunas ocasiones, las opiniones ajenas más de la cuenta. Pero, por otro lado, Rukawa era de esas personas que no se preocupaban de lo que los demás pudieran pensar, por lo que actuaba de acuerdo a lo que quería hacer, y no de acuerdo a lo que esperaban de él.

Y, pensó, en lo que se refería a su relación con Sendoh, tal vez ella misma debía actuar un poco de esa manera.

"Hasta que el balón te dejó ir…" – dijo Ayako, sonriendo levemente

Rukawa pestañeó varias veces, luchando fervientemente contra el impulso de cerrar los ojos y dormirse de pie. Ayako soltó una risa alegre, ante lo graciosa que le parecía la expresión del muchacho.

"Vete a casa a dormir" – dijo la joven – "Mañana podrás seguir con tu romance con la cancha"

El muchacho asintió, demasiado cansado para dar una respuesta coherente, mientras se volteaba para continuar con su camino. Miró su reloj, tratando de calcular cuánto demoraría en llegar a su casa ahora que aún tenía su bicicleta descompuesta. Eran pasadas las diez, y la noche parecía invitarlo a que se desplomara en cuanto cruzara el umbral de la puerta de su casa, sin importar si es que se dormía en las escaleras en el intento de subir para llegar a su habitación. Suspiró, imaginando la perspectiva casi adorable del descanso que lo esperaba en tan sólo unos veinte minutos cuando, súbitamente, se detuvo en su andar.

Frunció el ceño. Eran pasadas las diez. Por lo tanto, era tarde. De hecho, él había sido el que cerró el gimnasio en cuanto terminó su práctica solitaria. Pero ella seguía ahí, sola. No necesitaba preguntarse qué era lo que estaba esperando, o más bien, a quién estaba esperando. Sin embargo, no podía evitar darse cuenta de que, evidentemente, él no había llegado. Rukawa cerró los ojos con fuerza, mientras trataba de obligarse y volver a caminar, pero la verdad era que no podía. Algo le decía que no era lo que debía hacer. Se repitió mil veces que no era su asunto, que no le importaba, que quería irse, que estaba cansado, que quería dormir, que las escaleras, que la habitación, que eran pasadas las diez…es decir, un millar de cosas que, en tan sólo un segundo, se convirtieron en irrelevantes y se fueron directamente a la basura. Porque ese "algo" que parecía estar detrás de su cuello, representado por un cosquilleo casi molesto, hizo que se diera vuelta y que dieran un par de pasos hacia ella.

Ayako alzó la mirada, sorprendida, cuando Rukawa se detuvo frente a ella, con el ceño fruncido y la expresión increíblemente molesta. Sin embargo, parecía estar, más que nada, molesto consigo mismo, puesto que aquella expresión sólo la había visto cuando cometía algún error dentro de la cancha, y mentalmente, parecía castigarse.

"Son pasadas las diez" – dijo Rukawa, casi en un tono acusatorio, como si fuese culpa de Ayako que ella estuviera ahí, por su propia voluntad, tarde y que él no pudiera irse por alguna razón idiótica que aún no se revelaba ante él.

"¿En serio, tan tarde?" – Ayako se dio cuenta de que, en realidad, llevaba más tiempo esperando del que había contado realmente - "Con mayor razón, entonces, debes irte a dormir, Rukawa, mañana hay entrenamiento y el capitán dijo que-"

"Son pasadas las diez" – repitió él – "Y sigues aquí"

"Oh…" – murmuró ella – "Me imagino que él también perdió la noción del tiempo y se retrasó…tal vez debería llamarlo y decirle que lo esperaré en-"

"No" – la interrumpió Rukawa – "Es tarde, y…y…" – El muchacho parecía no poder encontrar las palabras adecuadas, porque en realidad, no tenía muy claro qué era lo que pretendía decirle. Sin embargo, se dio cuenta en ese momento de lo que significaba ese cosquilleo desagradable que había hecho que se detuviera.

"¿Y…?"

"No debes estar sola" – dijo Rukawa, finalmente, para luego elaborar un poco más la frase para darse entender con claridad – "Ya oscureció, y no deberías estar sola esperando a alguien que ya no llegó"

La muchacha parpadeó varias veces, sorprendida de las palabras del muchacho. ¿Desde cuándo él decía algo respecto a la seguridad de otras personas?

"En ese caso…" – dijo Ayako, en cuanto salió de la sorpresa – "Creo que iré a casa"

"Te acompañaré" – dijo Rukawa, caminando a su lado

"¿Pero qué demonios te pasa?" – Ayako no pudo evitar exclamar la pregunta ante aquellas inesperadas reacciones por parte del muchacho, mientras comenzaba a caminar a su vez – "¿Desde cuándo acompañas a las mujeres indefensas para que no les suceda nada en medio de la noche?"

Ahora bien, pensó Rukawa, ESA era una MUY buena pregunta. Y, la verdad, era que no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo. No tenía ninguna buena razón para justificar la manera en la que estaba actuando, pero solamente sentía que era lo correcto. Si bien era cierto que, casi siempre, la línea entre lo correcto y lo incorrecto era muy difusa para él, pero muy pocas veces era capaz de ver las cosas sin ningún tipo de matiz. Una de ellas era respecto a lo que quería para él: Desde que era un niño había decidido que quería jugar basketball de manera profesional, desde siempre quiso ser el mejor. Y respecto a ello, siempre todo había sido blanco o negro. En relación a todo lo demás que aparecía en su vida, es que surgían los matices y las líneas difusas. Sin embargo, por primera vez al parecer, aquella línea extraña había desaparecido momentáneamente.

No sabía por qué lo hacía, pero tenía la impresión de que estaba haciendo algo que debía hacer. Simplemente, por algún motivo desconocido aún para él, creía que no debía dejarla ahí simplemente. Al principio, pensó que lo que hacía era una manera de…retribución: Aquella tarde, una parte de él había valorado la suerte de confianza que la muchacha había depositado en él. Estaba casi seguro de que para ella no había sido fácil realizar esos comentarios, en especial con alguien como el muchacho. Sin embargo, le había confiado una especie de secreto que la aquejaba, aún cuando él, en el exterior, no parecía ser de aquellas personas que estaban dispuestas a escuchar, así como tampoco en el interior, si es que lo consideraba con detención. De hecho, se dijo, ese era el punto que tal vez lo había impulsado a "devolver" algo de aquella confianza: Se había dado cuenta, aquella tarde luego de la conversación, y en aquel mismo momento, cuando había comenzado a atar unos cuantos cabos sueltos, de que aquella joven, a la que conocía tan poco, pero había visto todos los días desde hacía tanto, era tal vez la única persona que parecía no tener una idea preconcebida sobre él. Ayako nunca había realizado los mismos juicios sobre él que hacían los demás. No había asumido desde un principio que él era un arrogante, petulante y desagradable muchacho, más cercano a un robot que a una persona real. Y eso lo había demostrado al darle una suerte de "oportunidad", al confiar en él con algo que quería sacar de su sistema. Porque, de todas las personas que habrían esperado en línea, dispuestos a escucharla, ella había escogido conversar con él, aunque tal vez sin el resultado que creía.

Y esta era la forma que él había escogido para, de cierta manera, agradecerle por creer que él no era lo que todos los demás decían y pensaban de él.

Sin embargo, no había ni una sola forma que se le ocurriera en esos momentos para contestar la pregunta que había hecho la muchacha, al menos no con la verdad. Primero, porque simplemente no se le ocurrían las palabras adecuadas para explicarle todo lo anterior. Y segundo, porque, si bien la compañía de la muchacha no le resultaba para nada desagradable, no estaba acostumbrado a expresar en voz alta todo lo que, eventualmente, ocupaba sus pensamientos.

Por lo tanto, decidió hacer lo que hacía siempre: Observando completamente hacia el horizonte, simplemente se encogió de hombros, mientras escuchaba a la muchacha que caminaba a su lado soltar un suspiro frustrado, que se parecía más a un gruñido que a otra cosa.

"Si tus admiradoras llegan a ver esto" – dijo Ayako, sacudiendo la cabeza – "Mañana verás mi cadáver en las noticias"

Ante el silencio de Rukawa, Ayako se dejó estar a lo que su mente le recordaba incesantemente: Sendoh no había llegado. Pensó que solamente se había retrasado, pero la verdad era que era igualmente lógico que le avisara que iba a llegar más tarde. Sin embargo, había olvidado completamente el acuerdo de encontrarse luego de que terminara el entrenamiento de cada uno de ellos. Nuevamente, un millar de dudas comenzaron a acosarla, mientras ella trataba de dispersarlas con excusas que creía eran verídicas. No obstante, en cuanto Sendoh explicara lo que había sucedido, Ayako se preguntaba si es que le creería…o si decidiría creerle en aras de continuar bajo la idea de que realmente ella le importaba.

No se dio cuenta de cuánto tiempo había caminado con Rukawa a su lado, hasta que de repente se encontró frente a la puerta de su casa. Sonrió mentalmente ante la ironía de que, tan sólo el día anterior había besado a Sendoh en aquel mismo lugar, y que ahora, en lugar de él, se encontrara aquel muchacho a quien Sendoh detestaba tanto como detestaba los lunes. Alzó la mirada con cuidado, hasta encontrarse con el rostro de Rukawa, quien esperaba a que la muchacha se decidiera a entrar finalmente. A la mente de Ayako regresaron todas aquellas consideraciones acerca de aquel muchacho frente a ella: No sabía por qué él había decidido actuar como un caballero, acompañándola hasta su casa para que nada malo le ocurriera, pero una parte de ella lo agradecía. Por alguna razón, recordó las numerosas veces que había pensado que aquel muchacho era algo más que lo que mostraba, que sus pensamientos eran más profundos de lo que aparentaba…pero por sobre todo, se dio cuenta de que, una vez más, él demostraba esa especie de amabilidad y paciencia con ella, y que además, parecía ser completamente sincera. Se veía exhausto, y sin fuerzas para dar siquiera un paso más, pero no había rastro de molestia en su rostro. Sin embargo, no lograba ver más allá de su silencio eterno, sin importar que el muchacho pareciera dar muestras de algo muy poco propio de él.

"Gracias por acompañarme" – dijo Ayako, esbozando una sonrisa – "No tenías que hacerlo, de todas formas"

Rukawa la observó durante unos segundos, dándose cuenta de que aquella situación y aquellas palabras con las que ella estaba tratando de llenar aquel espacio eran tan incómodas para ella como para él. Por lo tanto, volvió a su postura inicial…y por enésima vez durante todo el tiempo que habían caminado juntos, simplemente se encogió de hombros. Y, por alguna extraña razón, sintió el impulso de devolverle la sonrisa cuando ella soltó una jovial risa ante la respuesta del muchacho. Sin embargo, como nunca en su vida, logró resistir a un impulso cuya fuente no lograba identificar aún.

"En fin…" – continuó Ayako, observando hacia la punta de sus pies –" Supongo que te veré mañana…"

El joven asintió una vez, mientras observaba su reloj: Resistió las ganas de exhalar un suspiro, al darse cuenta de que eran las once de la noche. Por lo general, a esa hora, el solía ir por su quinto ciclo de sueño durante la noche. Sin embargo, por algún motivo desconocido, no se arrepentía de lo que había hecho. Sabía que no era más que un simple gesto el de acompañarla, como una mera cortesía hacia una muchacha agradable que siempre solía sacarlo de la rutina de sus días sin que ella misma se diera cuenta, excepto…por el hecho de que, en primer lugar, él sabía que la cortesía no se encontraba entre sus cualidades y, en segundo lugar…de que no tenía idea de por qué utilizaba esas palabras para referirse a ella. ¿Sacarlo de la rutina? Tal vez era cierto…¿Pero cuándo exactamente él había decidido que quería ser sacado de su rutina? ¿Desde cuándo se había dado cuenta de que existía una rutina? Y lo más importante…¿Le molestaba esa rutina, que de repente sentía que Ayako lo salvaba de ella?

Parpadeó un par de veces, para ahuyentar aquellos extraños pensamientos de su cabeza. Asintió una vez e hizo un gesto de despedida con la mano, decidiendo que ya era suficiente de aquella absurda discusión sus propios devaneos mentales. Se dio vuelta para emprender su camino, y mientras daba un par de pasos hacia la esquina, escuchó otros pasos apurados detrás de él. Se volteó cuando sintió que Ayako lo tomaba del brazo y tiraba levemente de él hacia abajo. Ensanchó la mirada cuando vio a la muchacha elevarse de puntillas y, suavemente, posar sus labios sobre su mejilla. Fue un toque muy leve y momentáneo, pero fue suficiente para que Rukawa sintiera los más extraños y paralizantes escalofríos recorrer su espalda sin misericordia. Por un segundo, sintió que no podía moverse, puesto que su cuerpo estaba demasiado ocupado en inhalar el dulce perfume que el cabello de Ayako desprendía. Pero luego, su mente se concentró en el delicado roce de los labios de la joven sobre su mejilla.

La muchacha lo soltó luego de un momento, mientras le sonreía ampliamente, divertida de la expresión que Rukawa tenía en aquellos instantes. Dejó escapar otra risa, mientras se inclinaba levemente hacia él una vez más.

"Gracias otra vez" – le dijo, guiñándole un ojo – "Lo digo de veras"

Se despidió con un gesto, para después entrar a su casa. Rukawa, por otro lado, se quedó de pie, quieto como estatua, durante un par de segundos más. Al parecer, no podía salir de aquel estado desconocido, en el cual su mente no le permitía pensar en otra cosa que en lo que acababa de ocurrir. Lentamente, se volteó, para caminar en la dirección opuesta, mientras, inconscientemente, su mano se posaba con cuidado sobre su mejilla. Sus pasos parecían carecer de sonido, puesto que ni siquiera podía concentrarse con claridad en hacia dónde iba.

Fue tan sólo un segundo…pero fue todo lo que bastó.

Continuará…