No soy la dueña de Slam Dunk ni de ninguno de sus personajes, aunque la verdad es que me encantaría

La intrusa que ocasionó un desastre

Capítulo Cinco: Justo lo que no quería ver

Ayako se encontraba distraída mirando el pizarrón durante la clase de inglés, cuando sintió que su celular vibraba en su bolsillo. Con desgana, se dispuso a revisarlo, dándose cuenta de que se trataba de un mensaje de Sendoh. Frunció el ceño, un tanto molesta, pero impaciente al recibir alguna seña de vida de su parte. La noche anterior, luego de que Rukawa la acompañara hasta su casa, no había recibido ningún tipo de explicación por parte del muchacho al cual había estado esperando. De hecho, se quedó despierta hasta una hora bastante poco razonable, esperando un mensaje, una llamada o algo por el estilo. Nada había ocurrido.

"Lo siento tanto…me quedé discutiendo un par de asuntos sobre el partido de práctica del sábado con Uozumi y perdí la noción del tiempo. No quise dejarte esperando, de verdad que lo siento. ¿Paso por ti a las cinco?"

La joven se mordió el labio inferior, molesta al darse cuenta de que no podía estar demasiado molesta, porque, dentro de su enojo, la excusa de Sendoh era relativamente razonable. No podía culparlo por haberse quedado hasta tarde conversando con su capitán, puesto que muchas veces a ella le había ocurrido lo mismo y el muchacho no se había molestado con ella. Tecleó rápidamente una respuesta afirmativa, mientras suspiraba y se disponía a continuar prestando atención a la clase. Sin embargo, no lograba entender por qué su mente no quería dejar ir aquel asunto: Por alguna razón que no lograba comprender, algo dentro de ella no podía dejar de pensar que tal vez eso que había leído en su mensaje no era realmente lo que había ocurrido. Por algún motivo, algo dentro de ella le decía que él mentía. ¿Por qué continuaba pensando en ello? ¿Por qué le costaba tanto trabajo creerle?

¿Por qué sentía que no podía confiar en él?


A la hora del almuerzo, Rukawa caminaba lentamente por los pasillos. Estaba más distraído que de costumbre, pero no tenía idea de por qué. Todo el mundo a su alrededor parecía aún más difuso, como si de verdad se encontrara caminando entre medio de un millón de sombras sin rostro ni forma. Se sentía aún más aburrido que de costumbre, debido a la perspectiva de tener que soportar otra hora de clases y luego, nada más, ya que la práctica se había suspendido por un examen que tenían todos los de tercer año. Molesto ante la idea de tener que regresar a su casa a estudiar, decidió caminar hacia el patio en lugar de ir a la azotea, como de costumbre. Pensó que, como era habitual, nadie se le acercaría por miedo a su imponente figura, por lo que igualmente podría disfrutar de unos momentos de soledad. Sin embargo, no era como si aquellos momentos a solas le faltaran…o como si le molestaran. Porque…a él no le molestaba estar solo, ¿verdad? No necesitaba la compañía de ningún ser humano…¿cierto?

El sol lo golpeó en la cara mientras dirigía sus pasos hacia la parte posterior del jardín. No creía estar yendo a ningún lugar en particular, sólo sabía que iba hacia donde el ruido del molestoso resto de estudiantes no lograba escucharse.

Sin embargo, no sabía hacia dónde lo habían llevado sus propios pasos, sin su propio permiso, hasta que vio su pequeña y delgada figura apoyada contra el enorme sauce. Inmediatamente, como si su memoria le hubiese tendido una trampa, me mente trajo nuevamente el recuerdo de lo que había ocurrido la noche anterior. Casi podía sentir un extraño cosquilleo en la mejilla que había sido besada por Ayako. Su espalda parecía prepararse para nuevos escalofríos. Y sus pies amenazaban con dirigirse hacia ella.

De repente, preso de una especie de pánico desconocido, Rukawa caminó hacia un árbol cercano y se apoyó en él, de espaldas a la figura de la muchacha. ¿Qué demonios le pasaba? ¿Qué era ese extraño sudor frío que sentía en la parte posterior del cuello? ¿Y qué rayos hacía apoyado en ese árbol? Porque…estaba apoyado, ¿verdad? En ningún caso estaba…escondiéndose, ¿no es cierto? Por supuesto que no. Él era Kaede Rukawa, él jamás se escondía de nadie…y aquella no era la primera ocasión. Por supuesto que no. Sólo estaba ahí porque…porque…había…sombra. Por supuesto, eso era. Hacía calor y necesitaba…sombra. Nada más que eso.

"¿Sombra?" – pensó, ante la estupidez de su propia conclusión, sacudiendo la cabeza. Debía reconocer que se sentía extraño ante esa marejada de eventos ridículos a los que se estaba enfrentando. En primer lugar, no tenía ningún motivo para estar allí. Segundo, no tenía ningún motivo para sentirse avergonzado o incómodo frente a ella. Tercero, no tenía ninguna razón para continuar recordando aquel insignificante gesto por parte de la joven la noche anterior. Y cuarto…no tenía un "cuarto", pues se le habían agotado las excusas. Sólo sabía que sentía como un perfecto idiota.

"¿Pero qué haces ahí?" – escuchó una risa jovial que ya era capaz de distinguir perfectamente. Rukawa miró hacia abajo, para encontrarse con la figura que había estado tratando, inconscientemente, de evitar. La muchacha le sonrió con amabilidad, mientras parecía estar disfrutando de alguna broma dentro de su mente, pues parecía que le costaba trabajo en mantener una expresión normal. – "¿Vas a contestarme o no?" – preguntó, luego de que Rukawa no dijera absolutamente nada por varios segundos – "¿Qué haces parado ahí?"

"Uhm…aquí hay sombra" – Rukawa se pateó mentalmente ante la idiotez que salió de su boca, antes de que pudiera inventar alguna razón más convincente para estar ahí.

"¿Sombra?" – Ayako alzó una ceja, sonriendo – "Oh, pues…hay sombra allá en el sauce. ¿Quieres acompañarme?"

El joven no pudo encontrar una buena razón de por qué no, así que, como siempre, se encogió de hombros, mientras acomodaba sus pasos a los de la muchacha. Ayako lo miró un par de veces, mientras sonreía.

Cuando Rukawa se sentó a una distancia más que prudente de la muchacha, no pudo evitar darse cuenta de que todo aquello era más que absurdo. No había ni un solo motivo por el que debiera sentirse siquiera levemente incómodo en la presencia de la muchacha. Evidentemente, lo que ella había hecho era simplemente un gesto de agradecimiento que para él había sido increíblemente inesperado, puesto que no estaba ni siquiera un poco acostumbrado a esa clase de muestras de cortesía. Solamente ella había hecho algo que le parecía adecuado y su mente lo había interpretado como algo un tanto fuera de lugar, si es que se consideraban las circunstancias, que eran que él era…él. Nada más que eso. Todo ello porque, evidentemente, para ella no había significado nada más que un gesto amistoso…y para él, había sido…nada. Por supuesto que nada. Porque para él, Ayako era una muchacha agradable, pero…nada más.

"¿Qué piensas hacer esta tarde?" – Rukawa desvió su mirada hacia la joven, que lo miraba con curiosidad. De repente, aquel pánico desconocido lo invadió una vez más.

"¿Por qué?" – preguntó, un tono más alto de lo que pretendía

"Porque…no hay práctica" – Ayako ensanchó la mirada, mostrando con ella lo obvia que resultaba la pregunta

"Oh, eso…" – Rukawa sintió que se le escapaba un inaudible suspiro de alivio – "No lo sé"

"¿Te pasa algo?" – preguntó Ayako, frunciendo el ceño. Ciertamente, el muchacho no parecía ser él mismo aquella tarde.

"¿Por qué?"

"¡Deja de preguntarme por qué cuando te pregunto un por qué!" – la muchacha soltó una risa jovial ante la expresión confundida del joven – "En fin, solamente quería saber qué hace un muchacho como tú cuando no está jugando basketball" – miró de reojo a Rukawa, quien se encogió de hombros, dando a conocer su respuesta de esa manera. Ayako sacudió la cabeza, divertida ante la incomodidad del joven sentado a su lado. Sin embargo, de repente, la voz del muchacho la sacó de sus pensamientos.

"Fotografías"

Ayako giró la cabeza hacia Rukawa, quien estaba observando directamente hacia el espacio vacío del patio frente a ellos, casi como si efectivamente estuviera tratando de evitar la mirada de la muchacha.

"¿Qué dijiste?" – preguntó Ayako, luego de varios segundos sin que el muchacho le contestara

"Cuando no juego…" – dijo Rukawa, lentamente – "Tomo fotografías"

"¿En serio?" – preguntó ella, sorprendida – "Me imagino que un pasatiempo como ese va de acuerdo a tu forma de ser…" – luego, hizo una pausa, y agregó – "¿Y a qué cosas les tomas fotografías?"

"A todo" – respondió Rukawa, encogiéndose de hombros – "Lo que se cruce en mi camino"

"Oh…" – murmuró Ayako, muy atenta – "¿Sólo a cosas?"

"¿A qué te refieres?" – preguntó el muchacho, frunciendo el ceño

"¿Tomas fotografías de objetos nada más, o también a personas?"

Rukawa frunció el ceño aún más, ciertamente confuso, pero también con una leve picazón en el cuello. Aquella pregunta lo hacía sospechar, como si hubiera algo en la mirada de la joven que diera un sentido diferente a sus palabras. ¿Qué quería decir cuando le preguntaba eso? ¿Acaso sabía que él era de aquellas personas que ni siquiera remotamente pensaría en tomarle una fotografía a otro ser humano? ¿O todo lo que había ocurrido los últimos días simplemente lo estaba desquiciando, en el sentido más literal de la palabra?

"¿Por qué preguntas eso?" – Rukawa no pudo resistirse, por lo que dejó salir la duda de su pecho

"Porque nunca he visto que algo más te llame la atención, aparte del basketball" – Ayako se encogió de hombros, como si la respuesta fuese obvia – "Y me imaginé que la gente extraña tampoco sería la excepción…¿estoy en lo cierto?"

Rukawa la observó durante unos instantes, mientras consideraba la respuesta que iba a darle. Era impresionante la manera en la que ahora analizaba cada cosa que pretendía decirle a aquella muchacha, cuando hace unos días atrás todo parecía tan simple. No entendía cómo había llegado a esa situación, cuando en realidad nada de lo que ella había hecho era fuera de lo común, de acuerdo a su forma de ser. Ayako solamente estaba actuando como cualquier día con él, pero de alguna manera u otra, Rukawa sentía que algo había cambiado en la forma en la que él solía tratarla. Dudaba seriamente de que se tratara de algo importante, porque, después de todo él era…él: No se interesaba por nada ni nadie que no tuviera que ver con algún asunto de importancia, y siempre que estuviera relacionado con él de alguna manera. Sin embargo, no podía evitar darse cuenta de que no estaba habituado a lo que estaba ocurriendo, y que no estaba seguro de que le agradara. Ciertamente, él odiaba lo desconocido cuando se trataba de sus relaciones con los demás. O, mejor…en su ausencia de relaciones con los demás.

"Sólo tomo fotografías de cosas que me llaman la atención, no de gente" – dijo Rukawa, en el mismo tono monótono de siempre, y sin siquiera mirarla – "La gente no es interesante"

"No sé por qué no me extraña aquella respuesta" – dijo Ayako, sonriendo y dejando que una leve risa se escapara por entre sus labios

Rukawa no pudo evitar que aquella risa jovial entrara por sus oídos, pero para quedarse. No entendía por qué lo sorprendía cada vez que ella reía estando a su lado. Tal vez era por eso mismo, porque en el fondo nunca nadie solía reír en su compañía. Estaba tan acostumbrado a las reacciones de rechazo e indiferencia a su alrededor, que solamente eran una respuesta a su propia manera de reaccionar, que no podía concebir la idea de que realmente alguien pudiera sentirse así de cómodo estando a su lado.

De reojo, y comprobando que no se diera cuenta, Rukawa deslizó su mirada hacia la figura de la muchacha. Ella se encontraba abstraída mirando hacia el horizonte, sin prestar mucha atención a su alrededor. El muchacho dejó libremente que sus ojos recorrieran sus facciones, tan finas y tan distintas, que antes no había notado. Se preguntó por qué jamás se había dado cuenta de aquella especie de brisa que parecía flotar a su alrededor. Se cuestionó por qué nunca había notado la manera en que cortaba el aire cuando caminaba. Se preguntó, una vez más, cómo nunca había sido capaz de ver aquella manera en que las cosas a su alrededor parecían adecuar su ritmo simplemente para armonizar con su presencia.

Un segundo, pensó.

¿Por qué demonios se refería a ella de esa manera? ¿Por qué rayos su cabeza estaba dando vueltas de esa forma? ¿Por qué ocupaba aquellas palabras para pensar en ella? ¿POR QUÉ PENSABA EN ELLA?

Esto no podía ser bueno, pensó. Estaba peligrosamente cerca de un delirio que no tenía ni pies ni cabeza. Frunció el ceño, furioso consigo mismo, mientras trataba de pensar en otra cosa. Sin embargo, no pudo evitar que sus ojos volvieran hacia ella, pero ahora de una manera diferente. Había algo en esos momentos, algo que no podía dejar de notar, pero que no podía ponerle un nombre. ¿Qué era eso que había en su mirada? ¿Por qué su silencio se sentía más pesado y más denso que en ocasiones anteriores? ¿Por qué estaba más abstraída que de costumbre?

Luego de un par de minutos, Rukawa, en un tono más alto y más desagradable que de costumbre, decidió romper aquel silencio ensordecedor, completamente en contra de su voluntad. De hecho, le recordó mucho a la situación de la noche anterior, cuando la había encontrado afuera de la escuela, completamente sola: Sentía que era culpa de la muchacha que él sintiera aquella curiosidad, que se estaba acercando demasiado a una horripilante y desastrosa preocupación:

"¿Pero qué demonios te pasa?" - preguntó el muchacho, frunciendo el ceño

El comentario del muchacho arrancó a Ayako de sus pensamientos. Lo miró, sorprendida, mientras trataba de encontrar una buena respuesta. ¿Que qué le pasaba? Nada, por supuesto…¿verdad? Y a todo esto…¿por qué Rukawa le preguntaba una cosa así?

"Nada" – dijo ella, frunciendo el ceño – "¿Por qué me preguntas eso?"

"¿Qué te pasa?" – preguntó él, una vez más, en el mismo tono de enojo

"Nada" – repitió ella, repentinamente molesta por la forma en que el muchacho le hablaba – "¿Qué te pasa a ti? ¿Y desde cuándo es que se te ocurre preguntar lo que le pasa al resto? La gente no es interesante, ¿no es cierto?"

Rukawa, sin poder explicarlo, sintió que una furia terrible lo recorría. Sin decir una palabra más, se levantó del piso y caminó hacia la dirección opuesta. Aquella era la reacción a la que estaba acostumbrado: Desaparecer. Ayako lo observó con los ojos ensanchados, completamente perpleja. No es que le sorprendiera la manera de reaccionar del muchacho, sino la razón que la había desencadenado. Le había preguntado algo que ella no quería contestar. ¿Qué tan terrible podía ser eso? Observó cómo la alta y delgada figura del joven desaparecía entre los árboles, sin ningún indicio de querer regresar.

Rukawa dejó que sus pasos lo alejaran lo más posible de la muchacha, sin poder encontrar una buena razón para sentirse así de furioso. Ella sólo había actuado de la misma forma a la que él estaba acostumbrado a actuar cuando alguien decidía prestarle más atención de la que él quería. Sin embargo, no podía entender por qué se sentía como si ella, por primera vez, lo hubiese tratado como todos los demás solían tratarlo. Y no es que le molestara de verdad, puesto que todo aquello formaba parte de la rutina que nunca había tratado realmente de evitar. Tal vez era porque ya se había acostumbrado a que ella se comportara de una manera diferente. Sin embargo, eso tampoco le molestaba.

Ella tampoco era tan importante. De hecho, no era importante en lo absoluto.

Pero si era así…¿por qué sentía que no quería que fuese así?


Sendoh caminó con lentitud por la calle, mientras observaba la puesta de sol. Adoraba aquel brillo que se reflejaba en el mar cuando se acercaba la noche. Sonrió mientras la brisa marina despeinaba su cabello, a pesar de lo puntiagudo del mismo. Recordó las veces en las que había recorrido aquel camino, que antes parecía tan común y corriente. Sin embargo, pudo darse cuenta de que aquella imagen estaba incompleta desde que alguien más la había llenado.

Sonrió una vez más, mientras recordaba que Ayako disfrutaba del mismo silencio en aquel mismo lugar, cada vez que pasaban por allí. En ese momento, aquella primera vez que habían caminado por ahí, Sendoh se había dado cuenta de que lo vacío que parecía aquel paisaje hasta ese entonces. Su presencia lograba que todo se viera diferente, incluso cuando una imagen tan hermosa como un atardecer parecía estar absolutamente completa y perfecta. Y sin embargo, se había equivocado: La primera vez que habían caminado juntos por ahí se había dado cuenta de lo hermoso que se veía todo cuando ella se había volteado hacia él y había sonreído de aquella forma que sólo ella podía lograr, tan característica y a la vez tan reconfortante.

Sendoh se preguntó una vez más si lo que sentía por ella era amor. No estaba seguro, pero podía darse cuenta de que se parecía mucho. Solamente había estado "enamorado" una vez en su vida…sólo para darse cuenta, al final, de que aquello no era amor. Era una especie de enfermedad, a la que había logrado sobreponerse, eventualmente.

Sin embargo, Sendoh no tenía idea de lo persistente que podía llegar a ser un virus…

"¿Por qué sospechaba que podría encontrarte aquí?"

Aquella voz tan familiar, y a la vez tan extraña cada vez que la oía, hizo que Sendoh se detuviera en sus pasos. Se volteó con lentitud, para después bajar la mirada hasta su figura. La muchacha se encontraba con su cabeza inclinada hacia atrás, mientras los rayos de sol que aún quedaban iluminaban su cabello dorado aún más. Sonrió ampliamente, ante la mirada confusa del muchacho.

"Hola, Leah" – dijo él, esbozando una leve sonrisa. Tenía que recordarse que eran "amigos" ahora, y que no era propio de él tratar de una manera desagradable a una persona como ella, que tanto había significado para él en algún momento

"Hola" – dijo ella, sonriendo aún más

"¿Qué haces por aquí?" – preguntó él, haciendo un ademán de seguir caminando. La muchacha lo siguió, adecuando sus pasos a los suyos

"Nada en particular" – respondió ella, encogiéndose de hombros alegremente – "Sólo quería ver la puesta de sol…¿recuerdas cómo solíamos venir por aquí siempre?"

"Leah…"- empezó Sendoh, en un tono acusatorio y frunciendo el ceño

"¡Hey, es sólo un comentario!"- exclamó ella, sonriendo – "Te dije que sólo quería ser tu amiga de ahora en adelante, y eso es exactamente lo que pretendo" – Ante la mirada reprobatoria de Sendoh, la muchacha le guiñó un ojo y soltó una carcajada. El muchacho sacudió la cabeza, sonriendo – "¿Adónde vas tú?"

"Voy a buscar a Ayako a su escuela" – dijo Sendoh, sin poder evitar la sonrisa que se dibujó en sus labios

"Oh…" – dijo Leah, como si no importara demasiado – "Me gustaría conocerla algún día, la verdad"

"Sí, claro" – dijo Sendoh, riendo – "Como si fuera a dejar que eso ocurriera alguna vez"

"¡Oh, vamos, qué malvado eres!" – exclamó ella, simulando estar ofendida – "Conozco a las novias de la mayoría de mis amigos, entonces ¿por qué no puedo conoc-?"

"Y se los has quitado a la mayoría de ellas, ¿o no?" – dijo el muchacho, mirándola de reojo con una sonrisa. La muchacha hizo un gesto de enojo, ante lo cual el joven no pudo evitar reírse.

Y aquel momento de vulnerabilidad, Leah pensó que era el mejor para poner en marcha los planes que tan cuidadosamente había diseñado. Mordiéndose el labio para concentrarse, se tropezó intencionalmente, dejando que su tobillo se doblara y perdiera el equilibrio. Emitiendo un pequeño grito de sorpresa, que obviamente captó la atención del muchacho, dejó que su cuerpo se precipitara hacia adelante. Sin embargo, y tal como lo esperaba, los reflejos de Sendoh seguían siendo igual de buenos, tal y como lo recordaba. En un movimiento rápido, la muchacha cayó directamente sobre la figura del muchacho, que se había adelantado a la caída de la joven y la atrapó justo antes de que se estrellara contra el piso. Cerró sus brazos en torno a su cuerpo, mientras soportaba su ínfimo peso en sus brazos. Leah dejó que sus manos descansaran sobre los hombros del muchacho, quien se encontraba peligrosamente cerca de ella.

"Sigues igual de torpe" – dijo él, mientras comenzaba a levantar la figura de la muchacha

"Y tú sigues estando ahí para atraparme" – murmuró ella

Cuando Sendoh se dio cuenta de las intenciones de la joven, ya era demasiado tarde: Una vez más, había quedado atrapado por la mirada de aquellos ojos turquesa, tan brillantes como recordaba desde la última vez. Una vez más, había logrado contar las pequeñas pecas que decoraban sus mejillas. Una vez más, lo había envuelto la dulce fragancia que se desprendía de su cabello. Una vez más, había quedado perplejo por el suave roce de su nariz contra la suya. Una vez más, ella estaba en sus brazos. Y una vez más…él no quería dejarla ir. Había olvidado lo hermosa que era, había olvidado cómo se sentía cuando ella estaba a su lado, había olvidado la desesperación que sentía cuando ella desaparecía y se torturaba pensando que estaba en los brazos de alguien más.

Triunfante, Leah se acercó tan sólo un milímetro hacia el rostro del muchacho, quien sólo dejó que un impulso lo recorriera sin ningún tipo de clemencia. La muchacha simplemente se dispuso a que ocurriera lo que ocurría siempre, porque siempre había sabido que nunca iba a ser diferente: Sendoh le pertenecía, no importaba cuántas veces le dijera que estaba en algo serio con otra muchacha, pues de alguna manera u otra, él siempre regresaba en cuanto ella deseaba que volviera. Y esta vez no fue la excepción: Sin siquiera pensarlo una vez, Sendoh dejó que sus labios se posaran sobre los de la joven, mientras sentía una vez más aquel sabor a caramelo que siempre había sentido cuando la besaba. Leah dejó que una sonrisa se extendiera levemente sobre su rostro, mientras dejaba que el muchacho cerrara sus brazos en torno a ella incluso más. Sendoh sintió los mismos escalofríos que sentía siempre, mientras sus labios recorrían los de la joven, sin dejar lugar para sus pensamientos. Sin embargo, de golpe, una sola imagen vino a su mente, tan rápido como un rayo: Ayako, de pie frente a él, con una sonrisa extendida sobre sus bellas facciones. Abrió los ojos de golpe, sólo para darse cuenta de que aquella muchacha a quien besaba…no era ella.

¡¿Pero qué demonios estaba haciendo?

Bruscamente, y sin importarle que la muchacha pudiera caer directamente al suelo, se alejó de la figura de Leah, sintiendo el más terrible pánico recorrer su espalda. No podía creer lo que acababa de hacer. Antes, cada vez que la muchacha había regresado, él había corrido hacia ella. Sin embargo, ahora estaba Ayako, quien no sólo había devuelto sus emociones al lugar al que pertenecían, sino que también era la mujer más cercana a la perfección que conocía. Y, por supuesto, no se merecía algo como esto.

"¿Qué pasa?" – preguntó Leah, sorprendida

"No puedo hacer esto" – dijo Sendoh, con ganas de patearse a sí mismo hasta la inconsciencia – "No puedo, Leah, lo siento…no voy a hacer esto una vez más"

"Pero…"

"No puedo hacerle esto a Ayako" – dijo el muchacho, sintiendo la desesperación de la posibilidad de perderla en caso de que esto llegaba a sus oídos – "No puedo…lo siento, de verdad, perdóname"

Sin una palabra más, Sendoh se volteó y dejó atrás a la figura de Leah. No podía culparla, porque lo cierto era que él había abierto la puerta a esta posibilidad desde el momento en que había decidido que ella entrara a su vida una vez más. Sin embargo, ya no valía la pena pensar en ello. Lo único que llenaba sus pensamientos era la imagen de Ayako, y la terrible culpa por lo que acababa de hacer. Nunca más dejaría que algo así pasara, se repetía una y otra vez, incesantemente. Nunca más dejaría que algo así se interpusiera entre ellos. Lo que tenía con Ayako podía no ser amor, pero se parecía mucho. Y esa similitud hacía que todo valiera la pena.

Lo único que tenía que hacer era olvidar lo que acababa de ocurrir, y realmente poner todo de sí mismo, todos sus esfuerzos, en la relación que tenía con la muchacha. Compensar todos los errores que acababa de cometer, mediante la entrega de lo mejor de sí para que aquello funcionara de la manera en que él quería. Sólo necesitaba eso: Dedicación. Y no cometer los mismos errores.

Sacudió la cabeza, dispuesto a olvidar, a desterrar su mente lo que había pasado recién con Leah. Sólo necesitaba eso: Olvidar.

Lamentablemente, había alguien que no podía olvidar lo que acababa de ocurrir. Porque era justamente lo que no quería ver. No quería otra razón que lo uniera a ella, pero ahora entendía perfectamente la razón por la que lo había desquiciado la actitud de la muchacha: Ciertamente, ahora se daba cuenta de la forma en la que su mirada lo había atrapado aquella tarde. Ahora entendía por qué se había dado cuenta de que algo le sucedía. Ahora entendía el por qué de la furia que lo había dominado.

Rukawa siguió con la mirada de Sendoh, hasta que desapareció a la vuelta de la esquina. Había llegado justamente en el momento indicado, cuando la imagen de una mentira se desarrolló frente a sus ojos.

Cerró sus puños, hasta sentir que sus propias uñas le hacían daño. Una incontrolable rabia recorrió su cuerpo, ante la imagen mental que apareció en esos momentos, en donde Sendoh sonreía y reía como si nada frente a Ayako. Y ella, completamente cegada por la falta de sinceridad de aquel desgraciado, dejaba de lado sus dudas, para después dejarlas volver cuando se encontraba sola.

No podía explicar por qué sentía el impulso de golpear algo. Descargó su enojo contra la pared más cercana, hasta que vio sangre salir de sus nudillos magullados.

No podía explicar por qué estaba enfurecido, pero se dio cuenta de que ahora entendía perfectamente por qué se había puesto furioso cuando Sendoh no había llegado a buscarla la noche anterior:

Siempre supo que él no la merecía.

Continuará…