No soy la dueña de Slam Dunk ni de ninguno de sus personajes, aunque la verdad es que me encantaría

La intrusa que ocasionó un desastre

Capítulo Ocho: Confesiones bajo la lluvia

Ayako no podía dejar de pensar en la mirada de Rukawa mientras caminaba calle abajo, en dirección a su encuentro con Sendoh. ¿Qué había querido decir con esas palabras? "La primera vez que te vi". ¿Qué quiso decir con eso? ¿Y qué significaba esa forma en la que había estado observándola? No sabía explicarlo, pero la manera en que había posado sus ojos sobre ella había logrado que sintiera los escalofríos más terribles recorrer la delgada línea de su espalda. Nunca había sentido algo similar, ni siquiera cuando comenzó a sentir algo distinto por Sendoh. Había algo en sus ojos, una especie de luz que había hecho que algo inexplicable creciera en su interior.

Miró sus manos nerviosamente, mientras sacudía la cabeza con lentitud. Era imposible siquiera considerarlo. Ellos no se conocían demasiado. Ciertamente su compañía era agradable, parecían entenderse a un nivel en el que no eran necesarias las palabras. Sin embargo, no podía ser posible que ella sintiera algo siquiera remotamente diferente a la amistad. Era absolutamente imposible: Rukawa era una piedra, ella hablaba hasta por los codos. Rukawa era una piedra, ella no dejaba de moverse en todo el día. Rukawa era una piedra, a ella le gustaba reír. Rukawa era una piedra, ella regalaba sus sonrisas a quien pareciera quererlas.

Rukawa era una piedra.

Pero parecía ser el único que realmente conocía su interior sin tener que hablar. Era lo suficientemente perceptivo para darse cuenta cuándo era el momento apropiado para decir solo una palabra que la hacía sentir mejor. Era lo suficientemente preocupado para tener el gesto de acompañarla a su casa cuando era tarde y se encontraba sola. Y se dejaba llevar por su presencia hasta el punto de sonreír cuando se encontraba a su lado. Además, tenía una paciencia infinita cuando se trataba de escucharla o acompañarla.

Todo le daba a entender que Rukawa era una piedra. Pero era la piedra a la cual había estado aferrándose desde hace un tiempo para no caer.

Sacudió la cabeza lentamente, tratando de desterrar aquellos pensamientos de su mente. Sin embargo, sabía que podría haber estado pensando en el asunto por horas, si no hubiese sido por la figura que se detuvo frente a ella. Sonrió levemente cuando se encontró con la figura de Sendoh, pero algo en su rostro hizo que su corazón se detuviera por un momento.

"¿Qué te sucede?" – Ayako no se molestó en saludar, pues sabía por la expresión de Sendoh que algo estaba muy mal – "¿Te encuentras bien?"

Sendoh bajó la mirada, tratando de juntar coraje. No había forma de lograr decir algo semejante sin que todo llevara a un desastre como final. Sin embargo, aunque sabía que la amenaza de Rukawa era real, que era perfectamente capaz de decirle la verdad a Ayako, no había manera en que pudiera vivir con ese secreto. Sabía que ella se merecía la verdad. No quería pensar que se merecía a alguien mejor que él, porque sabía que él era más que capaz de ofrecerle todo que ella quisiera, y más si era necesario. Pero por eso mismo, lo que necesitaba era que fuese honesto con ella. Era lo mínimo que le debía después de la forma en que se había comportado con él.

"Necesito…"- empezó, aclarando un poco su garganta, nerviosamente – "Necesito decirte algo"

"Pues claro, dime" – dijo Ayako, frunciendo el ceño – "Sabes que puedes decirme lo que sea"

"Ojalá fuera tan simple…" – continuó Sendoh, acariciando levemente la mejilla de la muchacha – "Ojalá pudiera decirte todo lo que tengo que decirte sin tener que perderte"

Ayako sintió aquella última frase como una bofetada en el rostro, tan fuerte que tuvo que dar un paso atrás. ¿Qué quería decir con eso? ¿Acaso lo que tenía que decirle iba a ser una confirmación de todas las dudas que la habían acechado en el pasado? ¿Era lo que iba a decir lo que había estado pensando desde semanas atrás?

"¿De qué hablas?" – dijo ella, con un hilo de voz – "¿Qué es lo que sucede?"

"Pasó…algo" – dijo Sendoh, evadiendo su mirada – "…alguien"

"¿Alguien?" – Ayako contuvo el aliento, dándose cuenta de que sus palabras cada vez más se acercaban a lo que había estado pensando desde hacía un tiempo – "Explícate"

Sendoh pasó sus dedos por su puntiagudo cabello. Lo único que rogaba en aquellos momentos era que pudiera decir las cosas de tal manera que ella lograra perdonarlo eventualmente. Sabía que si razonaba con ella, que si le explicaba todas las circunstancias de lo que había pasado con Leah, ella lograría entender.

"¿Recuerdas…?" – dijo, lentamente – "¿Recuerdas a Leah?"

Ayako terminó de confirmar sus sospechas: Sacudiendo la cabeza lentamente, se alejó un paso de la figura de Sendoh. Vio cómo sus ojos se llenaban de remordimiento, pero en esos momentos no era capaz de darse cuenta de la honestidad de sus sentimientos. No quería que siguiera hablando, pero de alguna manera necesitaba escuchar la verdad.

"¿Qué…?" – Ayako se aclaró la garganta, al percibir cómo su voz se quebraba – "¿Qué quieres decir con eso? ¿Por qué tendría que recordarla ahora?"

"Lo siento" – dijo el joven, dando el paso que Ayako había retrocedido – "Lo siento tanto, Ayako. Te prometo que no quise hacerlo, fue solo algo que sucedió, una estupidez de momento, yo-"

"¿Una estupidez de momento?"- repitió ella, frunciendo el ceño y alzando la voz con enojo – "¿Es eso a lo que se reduce lo que tú y yo tenemos? ¿A algo que por una estupidez de momento puede terminarse al segundo en que tu antigua novia aparece?"

"¡No, Ayako, claro que no!" – exclamó él, dándose cuenta de que todo se le iba de las manos – "Pero tú sabes lo manipuladora que puede ser Leah, me dio a entender algo diferente, yo solamente quería que fuésemos amigos y nada más, lo prometo, nunca quise que ese beso pasara, y si no hubiese sido por ese idiota de Rukawa, quizás nada de esto habría pasado a mayores y-"

"¡¿Rukawa?!" – preguntó Ayako, ensanchando la mirada – "¡¿Qué demonios tiene que ver Rukawa en todo esto?! ¡¿De qué hablas?!"

"¡Él me vio!" – Sendoh sabía que todo estaba mal, especialmente lo que estaba haciendo en ese mismo instante: Intentaba desplazar toda su culpa a alguien más, incluso estando consciente de que la responsabilidad de todo el asunto era suya y de nadie más. Pero no podía evitar incluir a Rukawa en todo el problema, porque sabía que todo habría estado bien, o por lo menos no se habría acabado si es que él no se hubiese inmiscuido.

Ayako dio un paso atrás, como si algo la hubiese golpeado en el pecho. ¿Rukawa lo había visto? ¿Había visto a Sendoh siendo infiel? ¿Y había tenido el descaro de no mencionárselo? ¿Cómo era posible? ¿Desde cuándo Rukawa era tan mala persona que dejaba que se rieran de alguien en su cara, sabiendo que estaban convirtiéndola en una tonta frente a los ojos de todos los demás?

Tal vez tenía razón sobre él. Quizás, al igual que Sendoh, era un mentiroso. Y no sólo eso, sino que además era un farsante que fingía ser una especie de amigo suyo, mientras a sus espaldas dejaba que le mintieran de todas las maneras posibles.

"Me obligó a decirte dentro de veinticuatro horas" – continuó el muchacho, ante el silencio de la joven – "Creo que si no lo hubiese hecho yo, lo habría hecho él"

"Nada de eso importa ahora" – murmuró Ayako, demasiado cansada para continuar peleando – "No quiero volver a verte"

Sendoh sintió que sus mayores pesadillas se estaban materializando frente a sus ojos: Ayako tenía esa mirada de determinación que algún día hizo que se enamorara de ella, pero que ahora le demostraba que, una vez más, no iba a cambiar de opinión frente a lo que estaba ocurriendo. Aunque no sabía de qué se sorprendía: Siempre supo que si llegaba a decir la verdad, ella jamás iba a perdonarlo.

"Ayako, por favor, no entiendes, estás exagerando, fue solo una idiotez que nunca volverá a suceder, yo nunca quise-"

"No diré una palabra más" – dijo la muchacha, cerrando los ojos con lentitud – "Lo único que te pedí, fue que no me mintieras. Y eso fue lo primero que hiciste. No quiero volver a verte".

Y así, sin siquiera desgastarse en mirarlo una vez más, Ayako se volteó y caminó en dirección contraria, mientras gruesas gotas de lluvia comenzaban a caer lentamente sobre su cabeza. Sendoh, por otro lado, sintió cómo un frío estremecedor empezaba a invadir su pecho, mientras veía la figura de Ayako desvanecerse al final de la calle. Sin embargo, ya conocía ese frío: Era el dolor de perder a alguien que lo consumía por dentro.


Rukawa observó por las pequeñas ventanas de la parte superior del gimnasio cómo caía la lluvia. Luego del encuentro con Ayako en la playa, había decidido ir a practicar a la escuela, de la misma forma como cuando necesitaba que sus pensamientos se calmaran.

Era ella la chica del tatuaje. No sabía cómo, pero una parte de él siempre lo había sabido. Por lo menos, con el paso de las semanas, había deseado que fuese ella. Ahora sabía que ella era la única mujer que era realmente hermosa en el planeta, y que había algo creciendo dentro de sí que ya no podía esconder o ignorar por más tiempo. No podía seguir negando que era ella la que había estado llenando sus pensamientos, y que su forma de ser había logrado provocar una especie de impacto en él. Sabía que nunca le había dado a entender nada, pero era esa forma en la que invadía todos los espacios lo que lo descontrolaba y no dejaba que todo volviese a la normalidad. ¿Y qué era la normalidad, de todas maneras? ¿Esa constante apatía en la que se encontraba? ¿Todos los días iguales al anterior? ¿Haciendo lo mismo día tras día, noche tras noche, sin encontrar ese horizonte en el cual una cancha no estuviera involucrada?

Lanzó el balón a la canasta, dejando que sus dudas se fueran con él hacia donde él no podía alcanzarlo. ¿Qué podía hacer en esos momentos? ¿Decirle a Ayako lo que estaba atormentándolo? Ella era la única con la que sabía podía hablar, pero… ¿Qué le diría? ¿Lo que sentía? Era inútil. Ella sentía lo que Rukawa temía sentir por alguien más. Ella estaba con alguien más, con un desgraciado que no la merecía. Sin embargo, incluso si es que Sendoh le decía la verdad, nada indicaba que Ayako quisiera ir con él en caso de que se diera cuenta de lo que le estaba ocurriendo. Nada le decía que la joven sintiera algo más que amistad por él. Quizás lo mejor era que ella hiciera lo que quisiera, que estuviera con quien quisiera, y que él siguiera su camino.

Sin embargo, no lo atormentaba el hecho de que ella no pudiera, eventualmente, sentir algo por el muchacho: Observó con lentitud cómo sus manos se alzaban frente a su mirada. No quería que otras manos se entrelazaran con las de ella. No soportaba la idea de que otros brazos se cerraran en torno a su figura. No quería ver que otra mejilla se apoyara sobre los rizos de su cabeza. No quería que otros dedos se deslizaran por la parte posterior de su cuello, mientras trazaban los bordes y líneas de su tatuaje.

Obviamente, sin duda alguna, quería que él fuese quien ocupara el lugar que ella había destinado para otro hombre. Era paradójico, pues él estaba acostumbrado a ser siempre el primero. En todo lo que se proponía, Rukawa era siempre el mejor. Sin embargo, en estas circunstancias, se daba cuenta de que no le importaba llegar en segundo lugar. Sólo quería estar en ese segundo lugar.

Sacudiendo la cabeza, mientras escuchaba el fuerte sonido de las gotas de lluvia al caer sobre el techo del gimnasio, decidió que era suficiente por un día. Se volteó lentamente para dejar aquel lugar, pero la imagen que vino después lo detuvo: Ahí, parada en el borde la puerta, completamente empapada, se encontraba la figura de Ayako. La camiseta se le pegaba al cuerpo, decorada por sus largos rizos, que en esos momentos eran las cuerdas por las que se deslizaban las gotas de agua. Se veía desde lejos que estaba temblando, aunque por la expresión de su rostro, no sabía si es que era de rabia o de frío.

Se acercó lentamente, mientras observaba atentamente cómo los ojos de la muchacha lo seguían. Estaban enrojecidos, probablemente por varias horas de llanto seguidas. Se sorprendió por la forma en que la expresión dolorida de su mirada provocaba estragos en su interior. Se sentía extrañamente culpable, aunque no estaba seguro de qué. Sin embargo, lo que lo estaba torturando era que ella mostrara de forma tan abierta que estaba sufriendo.

Se detuvo frente a ella, mientras trataba de controlar la expresión de su rostro.

"¿Qué haces aquí?" – preguntó él, dándose cuenta de que era la primera vez que iniciaba una conversación por interés propio.

Ella, aún temblando, sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas una vez más. Había caminado por horas, sin seguir ningún camino en específico. Sin embargo, se dio cuenta de que la traición de Sendoh no era lo que más le molestaba: Era la de Rukawa. Desde ese momento, guió sus pasos hacia donde sabía que podía encontrarlo.

"¿Por qué no me dijiste que Sendoh me engañó con Leah?" – le preguntó, mientras su voz se quebraba – "¿Por qué dejaste que se riera de mí?"

Rukawa cerró sus manos hasta que se transformaron en puños: Maldito hijo de perra. Obviamente, le había dicho la verdad y se había asegurado de meterlo al medio de la historia hasta lograr que ella lo detestase a él también. Y ella no lograba darse cuenta que soportar ver la forma en que él le mentía era lo más difícil que había tenido que aguantar desde hacía muchísimo tiempo.

"Él debía decirte, no yo" – dijo, simplemente. Instintivamente, estiró su mano para coger la chaqueta que estaba colgada al borde de la puerta y la extendió para cubrir los hombros de Ayako.

"¿Y si no me decía?" – preguntó ella, ignorando el gesto de preocupación, tan extraño, que él había realizado – "¿Y si Sendoh no me contaba la verdad? ¿Ibas a dejar que continuara viendo mi cara de idiota por quién sabe cuánto tiempo?"

"Sabes bien que no es así" – Rukawa, sin esperar otra respuesta, cogió su bolso del piso y se adentró en la lluvia, sin mirar atrás. Quería dejar la situación tal y como estaba, sabía que nada bueno podía salir de esa conversación. Ella, por un lado, quería culparlo de algo que él creía no era responsabilidad suya. Pero, por otro lado, Rukawa sabía que si se quedaba un solo minuto más frente a la muchacha, iba a decir algo que no se atrevía siquiera a considerar seriamente. Estaba asustado, por primera vez en toda su vida quizás, y como siempre, sabía que debía salir corriendo. Sin embargo, no contaba con que Ayako no pretendía dejarlo ir. Ensanchó la mirada cuando sintió un golpe relativamente fuerte en la espalda. Bajó la mirada, y vio cómo su balón, olvidado en la cancha, lo había impactado, evidentemente porque la muchacha lo había arrojado. Se volteó, enojado como cada vez que alguien lo provocaba.

"¡Ni siquiera pienses en irte y dejarme hablando sola aquí!" – exclamó ella, completamente furiosa – "¡Y te hice una pregunta y quiero que la respondas!"

"Ya te contesté" – dijo Rukawa, pasando una mano por su cabello mojado para que no le estorbara sobre los ojos.

"No, me dijiste una frase igual de críptica que tú" – dijo ella, rechinando los dientes y acercándose a él. El joven tuvo que inclinar su mirada para poder observarla a los ojos – "Como siempre, me dijiste algo que no significa nada, que respondes simplemente para salir del paso y librarte de mí, de manera tal que no tengas que contestarme con la verdad"

"¿Por qué dices eso?" – preguntó él, entornando la mirada – "Te diré por qué, porque estás enojada con ese imbécil y crees que es por mi culpa"

"¡PUES CLARO QUE ES CULPA TUYA!"

"¿Cómo es posible que sea mi culpa que él te haya engañado?" – preguntó Rukawa, desconcertado y enojado – "¿Y qué si no te hubiera dicho? Seguirías con él, ¿no es cierto? No sabrías nada y esto no estaría pasando"

"¡Pero tú sí sabrías! – gritó Ayako, pegándole un puñetazo a Rukawa en el pecho, que obviamente él ni siquiera sintió – "¡Sabrías que se estaba riendo de mí todos los días! ¡Habrías dejado que me mintiera por siempre!"

"¡Y TÚ TE HABRÍAS QUEDADO CON ÉL!" – Rukawa no creía haber estado tan enojado en toda su vida. Su cuerpo entero era un laberinto de ira, traición y algo más que no lograba distinguir – "¡TE HABRÍAS QUEDADO CON ÉL SABIENDO QUE NUNCA LOGRARÍA LLEGAR A VERTE!"

A pesar de todas las emociones que la habían invadido desde hacía horas, Ayako no pudo dejar de notar que tal vez esta era la primera vez que el muchacho decía más de cinco palabras seguidas que no fueran por obligación. Sabía que esta era la primera vez en que el muchacho decía algo que en realidad quería decir. Sabía que esta era la primera vez que el joven frente a ella trataba de expresar algo parecido a un sentimiento.

"¡Pues claro que me habría quedado con él!" – gritó Ayako – "¡Mientras él y su antigua novia se reían de mí! ¡Y contigo riendo en el fondo también!"

"¡Jamás podría reírme de ti!" – gritó Rukawa, acercando su rostro al de la muchacha, mientras las gotas de lluvia empapaban sus mejillas – "¡No puedo creer que realmente estés tratando de culparme a mí de todo esto!"

"¿Y A QUIÉN MÁS PUEDO CULPAR?" – contestó ella, acercándose peligrosamente a Rukawa, justo en el punto en que sus narices llegaron a tocarse – "¡TÚ SABÍAS TODO Y NI SIQUIERA TUVISTE LA DECENCIA DE ADVERTIRME SOBRE EL IDIOTA CON EL QUE ESTABA! ¡¿Y QUIERES SABER POR QUÉ?! ¡PORQUE ERES UNA BASURA, IGUAL QUE TODOS LOS DEMÁS! ¡SÓLO PIENSAS EN TI MISMO, EN LO QUE ES MEJOR PARA TI, Y EL RESTO NO TE IMPORTA! ¡PRETENDISTE SER MI AMIGO, PERO IBAS A DEJAR QUE SENDOH ME HICIERA DAÑO, COMO TODOS LOS DEMÁS!"

Ayako quería continuar gritando.

Ayako deseaba con todo su ser seguir golpeando con sus palabras a Rukawa, sin cesar si era posible. Lo único que quería era continuar molestándolo, de manera tal que pudiera encontrar un culpable por todo lo que le estaba ocurriendo. Quería que sintiera al menos una pizca del dolor que estaba sintiendo en esos momentos. Deseaba que Rukawa, al menos, lograra entenderla, o por lo menos convencerla de que él no era el desgraciado que era Sendoh, que no era el maldito que ella estaba imaginando en esos momentos. Que aquella persona que había encontrado en él seguía siendo la misma. Que el muchacho continuaba siendo esa especie de punto fijo al que ella recurría cuando no encontraba salida alguna.

Sin embargo, Rukawa quería otra cosa. Algo que jamás había pensado que querría. Algo que nunca esperó sentir. Y que, a pesar de todas sus dudas, lo dominó en aquel instante, hasta lograr que hiciera lo que jamás imaginó que podría llegar a hacer.

Mientras la veía gritar, con toda la furia ardiendo en su cuerpo, Rukawa sintió que ya era suficiente, que no iba a desperdiciar otro minuto pensando en que lo que debía hacer era lo correcto. Solamente se dejó llevar por la emoción incontrolable que hacía meses que no lo dejaba descansar en paz.

Notando la mirada sorprendida de la muchacha, Rukawa avanzó un paso más, hundió su mano en los rizos indomables de la muchacha, se aferró a la parte posterior de su cuello y, sin pensar por siquiera un segundo, se sumergió en los labios de Ayako. Apenas sintió aquel dulce sabor, cerró los ojos y dejó que solamente su imagen llenara sus pensamientos. Al principio, la rigidez de la muchacha le dio a entender que lo rechazaba, que no quería tenerlo cerca, lo cual logró que sus manos temblaran. Sin embargo, en tan solo un segundo, sintió bajo sus labios una suavidad que solamente había soñado hasta aquel momento. Sintió lentamente cómo el perfume de su cabello llenaba sus pulmones, mientras tímidamente Ayako posaba una de sus manos en su mejilla. Aquel toque provocó que unos escalofríos desconocidos recorrieran su espalda, mientras cerraba sus dedos en torno a la espalda de la joven, pues sentía que nada era lo suficientemente cerca. Dejó que sus dedos se enredaran en sus rizos castaños, mientras un calor extraño lo invadía sin piedad. Sin embargo, aquellas sensaciones quedaron en nada cuando Ayako decidió acercarse aún más, mientras recorría con sus manos el cuello del muchacho, para después aferrarse con fuerza a su espalda. Sin pensarlo más, Rukawa suspiró en la boca de la joven, al sentir el suave y a la vez cálido toque de su lengua contra la suya, que provocó que el muchacho se apoderara de sus labios con urgencia.

En menos de un segundo, que pareció eterno, Ayako se separó bruscamente de Rukawa, completamente atónita. No sabía qué era lo que estaba haciendo, menos lo que él estaba tratando de hacer. Sin embargo, sabía que esta era la primera vez que el joven hacía algo como esto. Y eso era lo que más la asustaba. Pero, de todas maneras, no podía negar que lo que había hecho había sido producto de lo que ambos sentían, y eso sí que no podían negarlo.

"¿Qué haces?" – preguntó Ayako, parpadeando varias veces y con la voz entrecortada – "¿Por qué hiciste eso?"

Rukawa descubrió que no tenía ninguna respuesta coherente. Lo único que sabía era que debía decirle una sola cosa, que era lo que había estado pensando hacía meses:

"Porque eres la única que no sabe lo hermosa que eres"

Continuará…