No soy la dueña de Slam Dunk ni de ninguno de sus personajes, aunque la verdad es que me encantaría
¿Hay alguien aún que se acuerde de esta historia? Lo más probable es que no, ni siquiera yo. Sin embargo, aquí va. Cambié la clasificación de censura por razones que verán después. Espero les agrade. Gracias por leer.
La intrusa que ocasionó un desastre
Capítulo Nueve: Primera vez. Y segunda, tercera, cuarta y quinta
Ayako jugaba incesantemente con sus dedos, mientras esperaba a que Rukwa regresara. Luego del "incidente" a la salida del gimnasio de la escuela, se quedaron mirando el uno al otro por quién sabe cuánto tiempo. Ninguno de los dos parecía ser capaz de articular ni una sola frase coherente. La había besado, y lo peor era, que le había gustado. Sabía que lo que estaba haciendo era un completo error, considerando que aún creía sentir algo por Sendoh, e incluso cuando ella había decidido terminar esa relación, sentía que estaba engañándolo. Habían pasado, con suerte, tres horas desde que habían estado juntos, y ya había besado a otro muchacho.
Y no a cualquier muchacho. A Rukawa. Al joven que nunca se imaginó que podía llegar a sentir algo por alguna persona. Menos, por ella. Sabía que, a lo menos, él "la toleraba". Sin embargo, nunca podría haber siquiera imaginado que él podría sentir algo por ella. Después de todo, ¿quién habría imaginado que Rukawa podría estar con alguien?
Luego de que saliera de su estado estupefacto, Ayako dijo que debía ir a casa. Sin embargo, se dio cuenta de que, producto del enojo terrible que sintió cuando Sendoh le dijo que la había engañado, se había ido y olvidado su bolso en la pequeña cafetería en la que se encontraron. Por lo tanto, se encontraba ahí, bajo la lluvia, sin nada más que su enojo. Se maldijo mentalmente, recordando además que sus padres se encontraban de viaje fuera del país, y que su hermana andaba por ahí con sus amigos de la escuela. No había nadie en su casa, y ella estaba ahí, frente a Rukawa, completamente confusa y enojada.
Rukawa, quien todavía no salía de su asombro, le ofreció ir a su casa para llamar por teléfono a Mia. Por la forma en que ella lo observó luego del ofrecimiento, se dio cuenta de que estaba completamente confundida. Y él también lo estaba.
No se había dado cuenta hasta que la besó, que realmente lo que sentía debía ser algo muy parecido al amor. Nunca había sentido un calor tan inmenso dentro de sí como cuando sus labios tocaron los suyos, nunca había querido tener a otro cuerpo tan cerca del suyo, nunca había deseado que alguien no se separara jamás de él. Al contrario, toda su vida, lo único que había querido era mantener a todo el mundo detrás de esa barrera imaginaria que había construido a su alrededor. Y ahora, se daba cuenta de que Ayako era la única que parecía haber cruzado esa frontera.
Ayako esperaba impaciente, en la habitación de Rukawa, a que este regresara con ropa seca para ella, que le había ofrecido apenas cruzaron el umbral de la casa. Sus padres también se encontraban, por trabajo, fuera de la ciudad hasta el lunes siguiente. Menos mal, pensó, considerando que estaba hecha un desastre, malhumorada y completamente empapada, y sin ninguna intención de ser lo suficientemente amable como para conocer a los padres del muchacho. Suspiró y dejó que sus ojos vagaran por la sencilla y pálida habitación de Rukawa, quien era sorprendentemente ordenado para alguien de su edad. Miró por la ventana, rezando mentalmente para que dejara de llover, cuando sus ojos se detuvieron en el escritorio que se encontraba junto a esta. Se dio cuenta de que no había nada especial o curioso en la habitación, parecía bastante impersonal, salvo por una fotografía en la superficie de madera del escritorio.
Se acercó lentamente y la tomó, para luego quedar completamente gélida de sorpresa: Era ella. Se acordaba perfectamente bien de ese día. Había terminado de estudiar en la biblioteca cercana a la escuela, y debido a que era un día especialmente cálido, decidió ir a caminar por la playa. Se detuvo en el muelle, y como siempre, se quitó las sandalias que llevaba y dejó que sus pies sintieran el roce de la brisa marina.
Nunca imaginó que Rukawa pudiera estar ahí. Recordaba que él le había dicho que le gustaba tomar fotografías de cosas, pero no de personas. Porque la gente no era interesante. Sin embargo, había tomado una fotografía suya, y no solo eso, la había conservado y ubicado en un lugar especial. Aquella habitación podría haber sido la de un hotel, de alguien sin nombre ni pasado, y sin embargo, una fotografía suya parecía ser lo único distinto en aquel lugar.
No vio cuando una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla: No sabía por qué, pero se dio cuenta de que tener un lugar especial en la vida de alguien era lo que siempre había soñado. Había esperado eso de Sendoh, y de todos sus novios anteriores. Sin embargo, al parecer, solo en la vida de quien menos habría imaginado, en la de Rukawa, su persona parecía ser tan importante, que se merecía ser lo único especial en una habitación.
Rukawa observaba atentamente cómo Ayako estaba de pie, con la fotografía que había tomado tantas semanas atrás, en sus manos. Vio cómo una lágrima brillante caía sobre el papel, y resistió el impulso de correr a su lado para enjugarla. Se daba cuenta de que su cuerpo y su mente eran un laberinto de emociones que desconocía, pero al mismo tiempo, sentía que era la primera vez en su vida en que estaba genuinamente despierto. Toda su existencia era un constante aburrimiento, salvo cuando se encontraba en una cancha. Ahora, parecía ser todo lo contrario, y aunque lo asustaba, sentía que no debía correr en la dirección opuesta.
Se acercó lentamente y se detuvo cerca de Ayako, quien no parecía haberse dado cuenta de que estaba ahí. Aprovechó el momento para observar bien sus largos rizos castaños, que hace no mucho, habían estado entre sus dedos. Levantó una mano tímida y dejó que el dorso de su mano rozara su cabello mojado.
Ayako se dio vuelta, con la cara empapada de lágrimas, y observó atentamente a Rukawa, quien estaba frente a ella en silencio. Vio cómo el muchacho depositaba las prendas que había llevado sobre el escritorio detrás de ella, sin mirarla demasiado. Parecía estar debatiéndose en su interior, pero al parecer, su usual forma de ser, distante y distraída, había ganado la disputa. Se volteó para salir de la habitación y así dejar que se cambiase de ropa, pero se detuvo cuando sintió una fría mano aferrarse a la suya.
Rukawa se volteó y parpadeó varias veces cuando la pequeña figura de Ayako se aferró a su espalda y cerró sus brazos en torno a él. Instintivamente, el muchacho se inclinó hacia abajo y rodeó la cintura de Ayako con un brazo, mientras con el otro, acarició suavemente su cabello. Inhaló el suave perfume que emanaba de ella, mientras sentía nuevamente ese extraño calor dentro de su pecho. ¿Qué era todo esto?
"Lo siento" – dijo Ayako, levantando su mirada hacia él – "Lo siento por haberte culpado de todo lo que pasó con Sendoh. No era mi intención echarte toda la culpa, tú no tenías nada que ver".
Rukawa la observó atentamente y limpió con su mano las lágrimas en la mejilla de Ayako. Luego, se inclinó levemente y apoyó su frente contra la suya.
"Yo también lo siento" – dijo, suavemente.
"¿Por qué? Sendoh fue el que me engañó con otra, no tú".
"No es por eso"
"¿Por qué lo lamentas, entonces?"
"Porque te hicieron daño."
Ayako sintió en ese momento un extraño escalofrío recorriendo su espalda. Miró atentamente a Rukawa, quien aún tenía su frente contra la suya, con los ojos cerrados, y se dio cuenta de que la invadía un sentimiento muy extraño, que aún no era capaz de nombrar. Sin embargo, ese mismo sentimiento la hizo tomar su rostro entre sus manos y besarlo con urgencia.
Rukawa, quien aun no salía de su asombro por el primer beso, se sintió aún más perplejo por el segundo. Sabía que el impulso que lo había invadido a él no necesariamente había golpeado a la muchacha de la misma forma. Y sin embargo, ahora sentía una extraña esperanza, algo que no sabía bien qué era, pero que lo ayudó a abrazarla con más fuerza y a responder ese beso cálido y maravilloso. Quizás, muy en el fondo, ella sentía algo parecido por él.
Ayako, por otro lado, dejó todas las dudas atrás y se dejó llevar por esta ola extraña de calor que la envolvía. Se dio cuenta de que, quizás por primera vez en su vida, estaba actuando por instinto. Y era también lo mejor que le había pasado.
El muchacho frunció el ceño levemente cuando Ayako se separó bruscamente de él. Sin embargo, alzó una ceja, confundido, cuando la muchacha dio un pequeño paso atrás, con una misteriosa mirada en sus ojos y tomó aire profundamente. Sin dejar de mirarlo, se quitó la chaqueta que Rukawa le había puesto sobre los hombros a la salida del gimnasio y observó cómo caía al suelo lentamente. Luego, se irguió un poco, y observó a Rukawa, quien completamente perplejo, vio cómo ella, en un solo rápido, seguro y confiado movimiento, se quitaba la camiseta mojada y la dejaba caer en el mismo lugar. Se acercó lentamente al muchacho, hundiéndose en sus sorprendidos y profundos ojos azules, para luego detenerse frente a él.
Él no dejaba que nadie le dijera lo que debía hacer. Menos, que alguien lo obligara a hacer algo. Pero en ese momento, no opuso ninguna clase de resistencia cuando Ayako tomó el borde de su camiseta y la deslizó por sobre su cabeza.
"¿Dónde demonios se encuentra Rukawa?" – gritó Akagi a los compañeros de equipo, molesto – "¿Le recordaron que, aunque es domingo, teníamos práctica hoy?"
"Supongo que sabía" – dijo Kogure, encogiéndose de hombros – "Ayako siempre le recuerda cuando tenemos práctica"
"¿Y dónde está Ayako?" – preguntó de vuelta Akagi – "Ella sí que nunca llega tarde".
"No lo sé" – respondió el otro joven – "Pero recuerdo que me dijo que sus padres se encuentran de viaje, así que debe vigilar a su hermana menor. Creo que la pequeña es bastante traviesa".
Mia sonrió ampliamente, escondida entre los arbustos que estaban fuera del gimnasio, y sacudió su pequeña cabeza. Si tan solo esos grandulones supieran dónde estaba su hermana.
El día anterior, Mia había seguido a Rukawa hasta el gimnasio, sin que él se diera cuenta. Esperó pacientemente a que apareciera su hermana, pues sabía que ese día iba a ver a Sendoh. Y, como la conocía tan bien, sabía que iría directo hacia Rukawa después.
Ella reprimió un grito de felicidad cuando los vio besándose. Luego, los siguió a una distancia prudente, hasta detenerse ante la casa de Rukawa. Se escondió tras una pared cuando los vio entrar, y luego sintió cómo su teléfono vibraba en su bolso. Vio la pantalla y notó que era un número desconocido. Claramente, Ayako había olvidado su teléfono en donde fuera que se hubiera encontrado con Sendoh, y ahora estaba tratando de encontrarla para ir a casa. Sin embargo, algo le decía que no debía contestar. Los dos jóvenes necesitaban más tiempo.
Y al parecer, algo más.
Mia caminó alegremente hasta su casa y cerró la puerta tras de sí, mientras su teléfono continuaba sonando, insistente.
Rukawa cerró los ojos con fuerza cuando sintió que un rayo de sol se colaba por su ventana y lo golpeaba directo en la cara. Instintivamente trató de darse vuelta para darle la espalda a la luz y continuar durmiendo, cuando se dio cuenta de que algo se lo impedía.
La oleada de recuerdos lo golpeó de lleno en el pecho, y por primera vez en su vida, salió del estado de inconsciencia en el que siempre se sumergía por las mañanas, luego de despertar, en menos de un segundo. Bajó la mirada rápidamente, para darse cuenta de que una pequeña cabeza castaña y rizada descansaba sobre su pecho. El muchacho dejó que sus ojos vagaran sobre la figura de la joven, quien estaba profundamente dormida, cubierta únicamente por la delgada sábana, a la altura de su cintura. Rukawa contó lentamente los pequeños lunares que cubrían sus hombros, para luego darse cuenta de que tenía una pequeña marca de nacimiento en la mitad de su espalda.
Sin embargo, recordó que el día anterior había visto esa pequeña marca, y que la había tocado suavemente con sus dedos. Recordó también que tenía una cicatriz delgada a la altura de su cadera derecha, por una operación de apendicitis cuando tenía diez años. También recordó que tenía otra cicatriz en su rodilla izquierda, producto de una caída, cuando estaba aprendiendo a andar en bicicleta.
Habían hablado mucho, muchísimo, luego de aquella confusa y nerviosa primera vez. Más de lo que Rukawa había conversado nunca con otro ser humano. Para dispersar la tensión, y también cierta vergüenza que ambos sentían, Ayako le contó todos los detalles de aquellas marcas que él había visto. Luego, fue el turno de él de responder las preguntas de ella. Por ejemplo, le contó que se había caído de las escaleras cuando tenía doce años, y que por eso tenía una cicatriz a la altura de su ceja derecha. También, le contó de aquella vez que había ayudado a su padre a cambiar una rueda pinchada del automóvil cuando tenía catorce años, y que se había cortado la muñeca izquierda.
Ambos se miraron por un largo rato, envueltos en las sábanas, con las mejillas encendidas, jugando nerviosamente con los dedos del otro. Rukawa, que nunca siquiera había estado cerca de tocar a una muchacha, se sentía nervioso y tenso, puesto que no sabía qué demonios tenía que hacer, y luego de haberlo hecho, tampoco sabía el resultado. La única guía que tuvo fue repetir cosas que había escuchado de sus compañeros de curso, quienes fanfarroneaban acerca de sus "experiencias" en los períodos libres dentro del salón, las que estaba seguro que nunca habían ocurrido.
Ayako, por su parte, tampoco tenía experiencia alguna en la materia. Había escuchado a sus amigas hablar de sus "primeras veces", que habían planeado cuidadosamente, para luego describir con todo detalle. Sin embargo, nunca se imaginó que la suya sería así, con alguien a quien sentía que apenas conocía, pero al mismo tiempo, conocía tanto. Sin embargo, le había sorprendido lo suave y tímido que había sido Rukawa. Al parecer, él tampoco tenía mucha idea de qué esperar de ese momento, por lo que el resultado de todo fue algo confuso, y siendo honestos, bastante torpe.
Sin embargo, mientras ella continuaba observando los dedos de Rukawa entrelazados con los de ella, sintió cómo el muchacho se acercaba lentamente hacia su figura. Se sumergió en sus ojos, que ahora parecían brillar con una impresionante determinación, mientras deslizaba su brazo derecho por debajo de su cabeza y la abrazaba. Inhaló profundamente su perfume cuando el joven se apoderó de sus labios con fuerza, mientras desenlazaba sus dedos de la mano izquierda de entre los suyos, y los dejaba cerrarse en torno a su cadera.
Rukawa se dio cuenta de que, incluso después de lo que había pasado, ella se había quedado con él. Había pensado que ella, quizás espantada por toda la situación, se vestiría rápidamente y se largaría. Pero no, se había quedado con él, habían conversado por horas, e incluso, no había hecho ningún gesto que indicara que quisiera dejarlo. Por lo tanto, quiso atreverse a intentarlo una vez más, con la esperanza de que fuese menos tensa que la vez anterior.
Y lo fue.
Y la tercera fue aún más cercana y confiada.
Para la cuarta vez, ninguno de los dos se dio cuenta de que era más de medianoche.
Y al final de la quinta, Rukawa, casi sin aliento, golpeó con fuerza la pared que se encontraba atrás de su cama al sentir cómo las uñas de Ayako rasgaban la piel de su espalda, al mismo tiempo que la joven arqueaba violentamente todo su cuerpo, por debajo de el suyo, dejando escapar el último grito extasiado de aquella noche.
Sendoh tomó aire y repitió mentalmente, por enésima vez, el discurso que tenía preparado. Se encontraba frente a la puerta de la casa de Ayako, con los nervios de punta, cerca de las diez de la mañana. Había pensado que algunas horas de silencio absoluto le darían un poco de espacio a la joven, quien quizás, luego de una noche de descanso, estaría más dispuesta a escucharlo. Sabía que había manejado la situación como un perfecto imbécil, había responsabilizado a Rukawa por algo que solo era culpa suya, y además, había logrado enfurecer a Ayako. Tenía un listado enorme de cosas por las que quería disculparse, aunque Rukawa no figuraba en ninguna parte de aquella lista. Sin embargo, incluso estaba dispuesto a hacerlo si con eso lograba que Ayako lo perdonase.
Nervioso, alzó la mano para tocar la puerta, cuando súbitamente, esta se abrió de par en par. En el umbral, reconoció la figura de Mia, la hermana pequeña de Ayako, a quien había visto en alguna ocasión anterior. La joven de quince años estaba aun en pijama, con el pelo revuelto, pero extrañamente, tenía puestos unos enormes y redondos anteojos de sol.
"Rayos, eres tú" – dijo Mia, claramente molesta – "Pensé que eras el chico del periódico"
"Lamento decepcionarte, pequeña" – sonrió Sendoh, tratando de ser lo más amable posible. En esos momentos, contar con el favor de la hermana pequeña de Ayako era una buena idea, considerando lo mucho que la joven la quería. Sin embargo, Mia parecía no tener ningún interés en lo que él tuviera que decir, especialmente cuando la chica comenzó a cerrarle la puerta en las narices – "¡Espera!" – exclamó Sendoh, poniendo su mano derecha en la puerta.
"¿Qué quieres?" – preguntó ella, quitándose los anteojos, permitiendo que Sendoh se encontrara con su furiosa mirada – "¿No tienes una novia a la que molestar un domingo por la mañana?"
"Precisamente por eso estoy aquí" – dijo Sendoh – "Vine a hablar con Ayako"
"Aya ya no es tu novia, afortunadamente" – respondió Mia, sonriendo ampliamente. Luego, se fijó en lo que el muchacho tenía en su mano izquierda, y antes de que él pudiera hacer algo, Mia le quitó el bolso de Ayako con un rápido movimiento – "Gracias por venir a dejar sus cosas." – Hizo un gesto de despedida sin mucho ánimo – "Ahora ya te puedes largar".
"Mia, lo que pase entre Ayako y yo no es asunto tuyo" – Sendoh perdió rápidamente la paciencia con la jovencita – "Y voy a hablar con ella, te guste o no".
"Buena suerte con eso" – Mia simplemente se encogió de hombros – "No está aquí, y no creo que tenga algún interés en escucharte".
Mia cerró rápidamente la puerta en el rostro de Sendoh, y se mordió el labio inferior, nerviosa. Aquella mañana se había levantado especialmente temprano, luego de que el teléfono la despertara. Del otro lado de la línea, la voz histérica de Ayako la asustó, quien no paraba de disculparse por no haber llegado la noche anterior a casa. Le preguntó mil veces si estaba bien, mientras Mia hacía rodar sus ojos incesantemente, asegurándole que ya era lo suficientemente mayor para pasar una noche sola. Cuando le preguntó dónde estaba, Ayako, nerviosa, le explicó que se había quedado en la casa de una amiga.
"Una amiga", pensó, riendo para sus adentros. Le dijo que estaba todo bien, y que la vería a la hora de almuerzo, en casa. Antes de colgar, Mia le pidió que saludara a Rukawa de su parte. Ayako comenzó a gritar por el otro lado del teléfono, por lo que Mia solo rió y le colgó.
Antes de volver a su habitación, Mia rezó mentalmente para que el idiota de Sendoh no fuera a buscarla y arruinara todo.
Sendoh se quedó pasmado cuando la puerta se cerró violentamente en su rostro. ¿Ayako no estaba en casa? ¿Dónde podría estar? De repente, recordó que le había mencionado que tenía práctica aquel domingo, por lo que se armó de valor y dirigió sus pasos hacia el gimnasio de Shohoku. Ya no importaba si es que se encontraba con todo ese equipo de porquería, incluyendo al engreído y desagradable de Rukawa. Necesitaba a Ayako, no podía perderla.
Caminó rápidamente por aquellas calles conocidas, cuando de repente, sintió que su sangre se congelaba: Había tomado un atajo que lo haría llegar antes de lo esperado a Shohoku, y ahí, en la esquina, vio a Ayako. Ella no se había percatado de su presencia, y estaba a punto de llamarla, cuando vio una figura alta salir de una casa, de la que parecía que ella había salido también. Rukawa cerró la puerta de entrada con rapidez, para luego caminar al lado de Ayako. Vio bajo el sol como caminaban juntos, y de repente, todos sus peores miedos se vieron confirmados cuando, tímidamente, Ayako entrelazó sus dedos con los de Rukawa.
Ella llevaba la misma ropa del día anterior.
Continuará…
PD: ¿Les ha gustado? Sé que fue un twist importante el que incluí, pero la verdad es que me pareció adecuado. Ojalá les haya agradado. He leído todos sus reviews antes de querer volver a escribir, y la verdad es que todos sus mensajes fueron los que me envalentonaron. Ojalá no los haya decepcionado!
