No soy la dueña de Slam Dunk ni de ninguno de sus personajes, aunque la verdad es que me encantaría
La intrusa que ocasionó un desastre
Capítulo Diez: La caída
Ayako observó atentamente a Rukawa, quien se había sentado al borde del muelle de madera, contemplando el mar. Ella se había detenido momentáneamente en aquella cafetería que estaba junto a la playa para comprar algo de beber, mientras él caminó lentamente hasta el muelle a esperarla. Con los jugos de ambos en las manos, Ayako vio su imponente espalda erguida, muy quieta, mientras contemplaba cómo las olas impactaban contra la madera del muelle. Su corto cabello negro se mecía con la brisa marina, y se ruborizó al recordar cómo sus dedos se habían aferrado a ese cabello la noche anterior.
No tenía idea de cómo había pasado lo que había pasado. Sin embargo, no sentía ninguna clase de arrepentimiento. ¿Cómo podría arrepentirse, cuando había pasado la noche más maravillosa de toda su vida junto a él? En muchos aspectos, él continuaba siendo un misterio para ella, pero incluso con eso en mente, se dio cuenta de que estaba dispuesta a quedarse a su lado para desentrañar el laberinto que él representaba para ella. Además, ya no sentía que fuese realmente un misterio. Él, que nunca dejaba que nadie se acercara, había bajado la defensa hasta el punto de permitir que ella dejase ver una faceta que nadie conocía. Y, por su lado, ella se había dejado llevar solo por lo que sentía, algo que nunca había logrado con nadie.
Por su parte, Rukawa alzó la cabeza y cerró los ojos, dejando que el calor del sol lo empapara completamente. Aquel día tenían práctica, y no habían ido. Y por primera vez en su vida, le importó menos que nada. Nunca había dejado de asistir a ninguno de los entrenamientos, bajo cualquier circunstancia. Pero aquella mañana, cuando por fin Ayako abrió los ojos y encontró los suyos, supo que no quería estar en ningún otro lugar. Quería quedarse ahí, con sus brazos cerrados en torno al cuerpo de Ayako, quizás para siempre. O lo más cercano a eso, al menos.
Se dio la vuelta cuando Ayako aclaró su garganta sugerentemente. Estaba sonriendo ampliamente, mientras le hacía un gesto con la cabeza para que se moviera para hacerle lugar y así poder sentarse. Rukawa se movió hacia un lado, pero alzó una ceja cuando Ayako sacudió su cabeza negativamente, sin dejar de sonreír.
"Muévete hacia atrás un poco".
Rukawa obedeció, para luego observar cómo Ayako caminaba hacia él y se sentaba cómodamente entre medio de sus piernas, dándole la espalda. Le entregó el vaso con jugo, mientras exhalaba un suspiro y se apoyaba contra el pecho de Rukawa, quien instintivamente puso su brazo en torno a su cintura. Ya no se cuestionaba esa clase de cercanía. Considerando lo que había pasado la noche anterior, habría sido ridículo preguntarse si es que a ella le molestaba tenerlo tan cerca. Sencillamente, apoyó su mejilla contra los rizos indomables de Ayako, quien bebía en silencio su propia mezcla de frutas líquidas. Recordó todas aquellas veces en que se torturó pensando en otro hombre apoyando su cabeza contra aquel cabello, y sonrió para sus adentros, pensando que ya no tenía aquella preocupación. Porque sin importar que otros brazos se hubiesen cerrado en torno a su figura en otras ocasiones, al menos en un aspecto, él había sido el primero. Y, en cualquier caso, no le habría importado haber sido el segundo o cualquier otro lugar en su vida: Porque ella había sido la primera en todo para él, y con eso era suficiente para sentir la mayor felicidad que hubiese experimentado alguna vez.
"Los del equipo deben estar preguntándose dónde demonios estamos" – dijo Ayako, dejando escapar una leve risa – "Aunque me imagino que ninguno debe haber imaginado que estamos aquí, juntos".
Ayako no necesitó mirar a Rukawa para saber que estaba sonriendo.
"Le prometí a Mia que almorzaría con ella en casa" – continuó ella, jugueteando con los dedos que Rukawa había dejado descansar sobre su estómago – "Puedes acompañarme, si quieres".
"¿Si es que quiero?" – preguntó él, alzando una ceja.
"Y mañana en la escuela puedes comer conmigo también" – dijo ella, encogiéndose de hombros, como restándole importancia al asunto – "Y el día siguiente, también. Y el día después de ese. Y el siguiente".
La joven sonrió cuando sintió que un suave beso se posaba en su cabeza rizada. Se giró levemente para mirarlo, cuando de repente, sintió que su corazón se paralizaba. Rukawa la miró, confuso, para luego darse cuenta de que había alguien más parado detrás de ellos. Se giró rápidamente, para luego sentir una enorme furia corriendo por sus venas, dándose cuenta de quién era el que estaba ahí.
"¡¿Qué haces aquí, con él?!" – gritó Sendoh, dando un paso hacia ellos.
En menos de un segundo, Rukawa estaba de pie. Ayako se incorporó lo más rápido que pudo, y estaba a punto de acercarse cuando un brazo delante de ella le indicó que se quedara en donde estaba. Miró a Rukawa, quien tenía una expresión oscura en su rostro, y aunque no tenía ninguna intención de acercarse demasiado a Sendoh, supo que el muchacho estaba tratando de protegerla.
"No veo por qué sea asunto tuyo" – dijo Ayako, rechinando los dientes – "Nada de lo que yo haga te concierne ahora, Sendoh. Lograste eso cuando te fuiste con tu noviecita Leah".
"Y veo que, mientras tú y yo estábamos juntos, tampoco perdías el tiempo" – dijo Sendoh, dejando escapar una risa grave – "¿Exactamente hace cuánto estás acostándote con este novato imbécil?"
Ayako quiso ir directamente a empastarle una enorme bofetada a Sendoh, cuando nuevamente, el brazo de Rukawa se lo impidió. El joven estaba temblando, puesto que estaba reprimiendo las ganas de ir a partirle la cara a puñetazos a Sendoh. ¿Cómo se atrevía a acusarla de ser infiel, cuando él había sido lo suficientemente idiota para dejarla ir?
"Lo que haga o deje de hacer con quien se me plazca no es tu problema" – dijo Ayako, tratando de zafarse del brazo de Rukawa. La ira que sentía no la había sentido jamás, y todos los sentimientos desagradables que había experimentado el día anterior la estaban dominando – "Ahora, lárgate de aquí, no quiero verte".
"¿Así nada más?" – Sendoh no estaba esperando esta reacción de ella. Se imaginaba que le diría que esto no era lo que pensaba, que nada había pasado entre ellos dos, que eran solo amigos, que la había consolado, lo que fuera. Pero no, al parecer, estaban juntos. Al parecer, ya era demasiado tarde – "¿Vas a dejarme a mí, por él? ¿Por este tarado que no es capaz de decir cinco palabras seguidas?"
Ahora fue el turno de Ayako de aferrarse al brazo de Rukawa, quien intentó avanzar para golpearlo. Lo mejor que pudo, se puso frente a él y puso su mano en su mejilla, forzándolo a que la mirara. El muchacho, rechinando los dientes, molesto por esta especie de "manipulación" de Ayako, bajó la mirada y se encontró con sus ojos.
"No lo hagas, no vale la pena" – dijo ella, por lo bajo. Luego, se volteó hacia Sendoh y se acercó lentamente a él – "Te dije que te largaras. Lo que sea que hayamos tenido, se acabó, Sendoh".
Sendoh sintió su rechazo incluso más fuerte que el día anterior. Miró a Ayako, quien tenía una expresión segura y confiada en su rostro. Ayer, había visto duda en su mirada, y eso le había dado la esperanza de que quizás, si insistía, podría recuperarla. Hoy, ya no había dudas en sus ojos. Estaba completamente segura de lo que estaba haciendo. Y eso lo enfureció lo suficiente como para descargar toda su ira en contra de ella.
"Pues este imbécil sí que debe ser espectacular en la cama" – dijo, sonriendo irónicamente – "Pensé que eras muchas cosas, Ayako. Pero nunca me imaginé que fueras una regalada".
Ayako no alcanzó a responder nada, cuando de repente vio que el cuerpo de Sendoh se elevaba por los aires y caía pesadamente sobre la madera del muelle. En menos de un segundo, Rukawa había avanzado lo suficiente para encajar un puñetazo enorme en el rostro de Sendoh, quien ni siquiera alcanzó a ver el golpe. La muchacha trató de detenerlo, pero antes de que pudiera, Rukawa ya se encontraba sobre Sendoh, descargando puñetazos en contra del otro joven, quien rápidamente comenzó a devolvérselos. Trató, lo mejor que pudo, de acercarse a ellos para terminar la pelea, pero ambos parecían completamente fuera de sí.
Rukawa no recordaba haberse sentido así de furioso alguna vez en su vida. Había estado en infinitas peleas, con compañeros, delincuentes y con el tarado de Sakuragi más veces de la que podía contar, pero nunca había empezado una por el deseo de defender a alguien. Y cuando ocurrió, tampoco se imaginó que habría sido por un insulto dirigido a una mujer. Lo único que sabía, era que tenía que partirle la cara por lo que había dicho.
"¡YA BASTA!" – gritó Ayako, interponiéndose entre los dos – "¡SENDOH, VETE DE AQUÍ!" – luego, se giró hacia Rukawa – "¡Y TÚ DEJA DE PELEAR!"
Rukawa y Sendoh se miraban, con las caras empapadas en sangre y arañazos, completamente furiosos. Y aunque Ayako continuaba entre ellos, ninguno de los dos tenía la intención de dar por terminada la pelea.
Sin embargo, lo que pasó después, ninguno de los dos se lo podría haber imaginado. Luego de unos instantes, Sendoh dejó escapar un suspiro molesto e hizo un gesto de despedida sin ánimo, haciendo como que no pretendía seguir ahí peleando con Rukawa. El otro joven, creyendo que ya había terminado, se volteó momentáneamente para recoger su chaqueta, dándole la espalda a Sendoh. Luego, sintió un grito por parte de Ayako, lo que hizo que se volteara rápidamente: Sendoh había esperado a que se diera vuelta para encajarle un puñetazo por la espalda, pero Ayako se había interpuesto en el camino para evitar que lo golpeara.
Sendoh no se dio cuenta de que Ayako estaba frente a él hasta que fue demasiado tarde. Soltó un grito ahogado cuando su puño se estrelló directo contra la mejilla de Ayako, quien inmediatamente cerró los ojos de dolor. Sin embargo, eso no fue todo: Había golpeado con la suficiente fuerza para hacer volar a Rukawa, por lo que el golpe contra el pequeño cuerpo de Ayako fue mucho peor. La joven se elevó por sobre el muelle y salió expedida hacia el mar. Sendoh observó con horror cómo la cabeza de Ayako se azotaba contra una piedra, para luego caer en medio de las olas.
Rukawa sintió que su sangre se congelaba al ver la escena, como si fuese en cámara lenta. Sintió verdadero terror cuando vio caer a Ayako al mar, y desperdició valiosos segundos esperando que apareciera entre las olas. Luego, en tan solo un instante, sintió todo el cuerpo congelado al introducirse en el fondo del agua. Nadó lo más rápido posible hacia lo profundo, distinguiendo levemente una sombra clara que se hundía en el agua. Extendió la mano y sintió que sus dedos se cerraban en torno a un brazo delgado. Pateó hacia arriba sosteniendo el cuerpo de Ayako y, al salir hacia la superficie, trató de sacudir el agua de sus ojos para observarla mejor. Vio que la joven estaba pálida, con los ojos cerrados y que un poco de agua se escapaba por entre medio de sus labios.
Sostuvo su cabeza por fuera del agua y se apresuró lo más que pudo para llegar a las rocas. Una vez ahí, se preocupó de subir el cuerpo inerte de Ayako sobre las piedras primero, para después saltar sobre estas y acercarse a ella. Tomó la cabeza de Ayako con una mano, para poner los dedos de la otra sobre su garganta. Tenía un pulso muy débil, pero al menos estaba ahí, palpitando contra sus dedos. Exhaló un suspiro levemente aliviado, pero esa sensación duró muy poco: Iba a rodearla con sus brazos para levantarla de las rocas, cuando se dio cuenta de que su mano derecha estaba empapada de sangre, que emanaba de la cabeza de la muchacha.
"¡¿Ayako?!" – exclamó, sacudiéndola levemente.
Se dio cuenta de que esa era la primera vez que decía su nombre en voz alta.
Mia irrumpió entre medio de las puertas de la urgencia del hospital del condado, sin aliento y temblando fuera de sí. Miró frenéticamente a su alrededor, cuando de repente sus ojos se detuvieron en la figura de un muchacho, que estaba sentado en una silla de la sala de espera, inclinado hacia adelante, con los codos apoyados en sus rodillas, sosteniendo su cabeza oscura entre sus manos. Frente a él, con una expresión horrorizada en su rostro, apoyado contra la pared, se encontraba otro muchacho.
La jovencita no lo pensó dos veces. Le importó absolutamente nada que con suerte alcanzara la altura suficiente para mirarlo: Se acercó corriendo a Sendoh y le azotó la mejor cachetada que pudo en la mitad de la cara. Al ver que el joven recibía el golpe en silencio, le asestó otra, que era más parecida a un puñetazo. Nuevamente, ni un solo sonido salió de él. Iba a golpearlo una tercera vez, cuando su brazo se detuvo producto de que alguien tomó su muñeca con delicadeza. Se dio vuelta, y ahí estaba Rukawa, con una terrible expresión de derrota en sus ojos.
"Detente" – murmuró él, con suavidad – "No sigas".
"¡¿CÓMO PUEDES DECIR ESO?!" – gritó Mia, dejando que las lágrimas cayeran por su rostro – "¡POR SU CULPA AYAKO ESTÁ EN ESTE MALDITO HOSPITAL!"
"No es solo culpa suya" – dijo Rukawa, reprimiendo una mueca dolorida – "Yo también estaba ahí"
Mia se acercó a Rukawa y hundió su pequeña cabeza contra su pecho, llorando desconsoladamente. El joven recordó lo mucho que Ayako quería a esta pequeña molestosa, y por lo mismo, actuó como ella habría querido. Lentamente, la rodeó con sus brazos, enormes para el tamaño de la chica, y posó una de sus manos en su cabello. No sabía, hasta ese momento, que él mismo había cambiado, gracias a Ayako. Sentía que, al parecer, se estaba transformando en la mejor versión de sí mismo, todo gracias a esa energía que la joven desprendía cuando se encontraba con él.
Luego de la caída de Ayako, el joven se había apresurado a llevarla a un hospital, seguido por un histérico Sendoh, que no dejaba de disculparse, gritar, temblar y desesperarse. Habían llegado a la urgencia, que menos mal no se encontraba muy lejos de la playa. Una vez ahí, Rukawa había llamado a la casa de Ayako, avisándole a Mia lo que había ocurrido. Después, solo hubo silencio. Ambos jóvenes eran incapaces de cruzar palabra entre ellos, pero estaban demasiado ensimismados como para intentar que el otro se fuera. A Rukawa le enfurecía el hecho de que Sendoh creyera que, después de lo que había pasado, tenía algún derecho a estar ahí. Pero no tenía la energía como para decir algo, puesto que toda su atención estaba en Ayako. Llevaban dos horas ahí, sin que nadie apareciera por entre medio de esas puertas a avisarles sobre el estado de la joven. La espera era cada vez más terrible, y no ayudaba mucho el hecho de que Mia era incapaz de dejar de llorar.
Rukawa había visto cómo el pequeño cuerpo de Ayako se estampaba contra esas rocas, y de repente, sintió que él mismo moría por dentro. Se maldijo por ser tan idiota, por no haberse dado cuenta antes de lo mucho que ella significaba para él. Incluso después de la noche anterior, aún albergaba dudas acerca de lo que sentía. Y sentía una culpa terrible, puesto que tenía que pasar algo tan horrendo como esto para darse cuenta. La había tenido una noche para sí mismo, y ahora cabía la posibilidad de que nunca más fuese así.
Los tres alzaron la mirada con rapidez cuando un médico apareció del pabellón de urgencia, con una expresión preocupada en su rostro. Por un segundo, Rukawa temió lo peor, pero cuando el médico se acercó, vio que este exhalaba un suspiro aliviado.
"Tiene un traumatismo de cuidado en el cráneo" – dijo, mirando a Mia con una leve sonrisa – "Pero está bien".
Los tres jóvenes dejaron escapar el aire de sus pulmones al mismo tiempo, sintiendo que el alma les volvía al cuerpo. Rukawa dio las gracias mentalmente, a quien fuera que lo pudiera escuchar, y dejó que el calor del alivio llenara todo su ser.
"Está despierta, por si quieren pasar a verla" – dijo el médico, sonriendo nuevamente.
"Yo iré primero" – dijo Mia, para luego mirar a Rukawa – "Después puedes ir tú"
La jovencita desapareció entre las puertas, ignorando la mirada suplicante de Sendoh. Rukawa, por su lado, se giró hacia él. Tenía unas ganas enormes de golpearlo, pero algo en su mirada lo detuvo. Sabía que había actuado producto del dolor y de la ira que le provocó el rechazo de Ayako, y que en realidad, no había querido golpearla. Sendoh captó el silencioso mensaje de Rukawa, y antes de que pudiera hacer algo, simplemente le dijo:
"Ella no querrá verme ahora" – dijo, derrotado – "Es mejor que solo entres tú, Rukawa" – Al ver que el muchacho sólo asentía, agregó – "Cuídala bien por mí. Cuando sea el momento adecuado, le pediré perdón por todo esto".
Y sin decir otra palabra, Rukawa vio cómo el muchacho arrastraba los pies hasta la salida. Lo siguió con la mirada, incapaz de decirle algo.
De repente, sintió un leve toque en su hombro. Se volteó, y ahí estaba Mia, sonriente y mucho más relajada.
"Ayako está bastante drogada" – dijo, riendo – "Pero está bien. Tiene que quedarse aquí hasta mañana, y le dieron una semana de reposo en casa. Así que tú y yo deberemos turnarnos para cuidarla."
Rukawa se dio cuenta de que, nuevamente, no quería oponer ninguna resistencia ante las órdenes de otra persona. De hecho, en esos momentos, cuidar de Ayako le parecía la mejor idea que alguien podría haberle propuesto. Con una leve sonrisa, asintió y se dirigió rápidamente hacia la habitación de la joven. Entró con cuidado, tratando de no hacer demasiado ruido, para luego sentir una leve punzada de angustia cuando vio el cuerpo de Ayako sobre la cama. Tenía unas enormes vendas alrededor de la cabeza, y su mejilla izquierda estaba inflamada por el golpe que había recibido de Sendoh. Se veía que le costaba trabajo respirar normalmente, y que cada vez que pestañeaba, hacía una mueca de dolor.
Caminó lentamente hacia ella, para luego sentarse en la silla que, seguramente, Mia había dejado ahí para que él la ocupara, al borde de la cama de Ayako. La joven, con la mirada perdida, trató de enfocarse en él, pero luego cerró los ojos, adolorida. Rukawa tomó su mano, y con la otra, acarició con suavidad la mejilla golpeada de Ayako.
"Estas drogas son maravillosas" – murmuró Ayako, arrastrando las palabras – "Ahora entiendo por qué la gente se hace adicta a estas cosas".
Rukawa sonrió levemente, dándose cuenta que, incluso en estas circunstancias, ella era capaz de hacerlo reír.
"Lo siento" – dijo él, acariciando nuevamente su mejilla – "No debí darme la vuelta, debería haber-"
"¿A que soy la primera mujer a la que le has pedido disculpas más de una vez?" – lo interrumpió Ayako, sonriendo levemente, y tratando otra vez de enfocar la mirada en Rukawa, pero sus ojos parecían no obedecer producto de todas las drogas para el dolor que tenía recorriendo por sus venas – "¿A que sí?" – preguntó de nuevo, riendo suavemente.
"Sí lo eres" – dijo Rukawa, sonriendo con suavidad también. Luego, se dio cuenta de que quería decirle algo más, pero sin tener que explicar su verdadero significado – "Eres la primera" – El muchacho levantó la mano y, con delicadeza, bajó los párpados de Ayako con sus dedos – "Intenta descansar ahora".
Ayako asintió con la cabeza levemente y soltó un suspiro suave. Rukawa iba a echarse hacia atrás, dispuesto a acomodarse en la silla para iniciar su vigilia, cuando un apretón en su mano lo detuvo.
"¿Rukawa…?" – murmuró ella, sin poder abrir los ojos. El joven acercó su rostro al de ella, para escucharla mejor.
"¿Sí?" – Pensó que Ayako iba a seguir diciendo incoherencias, pero lo que vino después, ciertamente no lo esperaba.
"Te amo".
Rukawa sintió que su cuerpo se congelaba, mientras giraba la cabeza para observar a Ayako, quien tenía los ojos cerrados. Se acercó a ella para pedirle que lo repitiera, en caso de haber escuchado mal, pero la joven ya estaba profundamente dormida. Parpadeó varias veces, esperando que se despertara, pero luego, solo rozó levemente su nariz con la suya. Se dio cuenta de que ella no lo estaba escuchando, pero de todas formas, apoyó su frente con suavidad contra la suya y murmuró:
"Te amo, Ayako".
Continuará…
