Los personajes de esta historia son propiedad de Clamp.

Solo hago esta historia con fines de entretenimiento

¡Gracias por leer!


¿Quién inventó la felicidad?

Shaoran es el chico del cual he estado enamorada desde la primaria, desde que éramos unos niños, él es como… como… un ángel bajado del cielo, alto, guapo, su rostro parece haber sido tallado por los mismísimos dioses, una mandíbula perfecta, unos ojos color ámbar que hechizan solo con una mirada, un cabello color chocolate que pareciera siempre estar despeinado, sus labios ni tan gruesos y tan delgados, todo una combinación perfecta, además de que es el mejor de la clase, buen atleta, futbolista, y que a pesar de ser así físicamente siempre se ha caracterizado por ser una persona sencilla y amable aunque a veces un poco serio, suele pasar horas y horas con su ceño fruncido pero todo eso hace parte de su encanto, y así muchas otras cualidades que tiene embobadas no solo a mi si no al 90% del instituto, chicas mayores y menores a él. Así que se preguntaran que oportunidad tengo yo ahí, pues ¡Ninguna!, el simplemente esta en otro nivel.

Tengo la dicha de ver esos ojos maravillosos a diario ya que estamos en la misma clase y tengo el gusto de decir que si somos amigos, pero nada más como sería mi anhelo, sé que él no se fijaría en alguien como yo, una "chica real" como solía decirme Tomoyo, seguramente se fijaría en la típica chica delgada, alta, cabello largo, tez de porcelana, lo había visto tener un par de citas con chicas como esas, es ley de vida solía recordarme a mí misma, los chicos guapos salen con chicas guapas.

Y ¿qué es ser una chica real?, pues aunque debo aclarar que yo no estoy muy de acuerdo con este calificativo, ya que eso representa caer nuevamente en estándares de belleza, simplemente para las revistas de moda es ser una chica con curvas de verdad, tener unos kilitos de más, y si, así era yo una chica de estatura promedio con "curvas de verdad", a veces me acomplejaba por ello y me sentía un poco insegura, pero ¿qué más podía hacer?, la vida me había hecho así, aunque viéndolo desde el lado positivo no todo era malo, a pesar de que mis caderas son anchas tengo una cinturita envidiable, sí señor, mis pechos no están nada mal, y mis ojos, estoy agradecida con la vida de haber heredado aquellos ojos verdes esmeralda de mi madre y el color castaño del cabello de mi padre.

-¡Sakura!... ¡Sakura!... ¡Planeta tierra llamando a Sakuraaaaaa! – la voz de Tomoyo me trajo de nuevo a la realidad.

- ¡Que!.. ¡Que!….hay lo siento, me perdí un momento – le dije mientras hacía pequeños círculos imaginarios en la mesa.

-¡Ja! así lo veo Sakurita, pero trata de estar presente mientras el profesor da la clase, mira ya ha llegado – alcé mi mirada con recelo de que el profesor se hubiera dado cuenta de mi despiste pero gracias al cielo se encontraba preparando el material para la clase del día.

-¡ohh... cielos! y yo pensando en no sé qué cosas

-No sabes…. ¿Qué cosas?, ¡de verdad! – los ojos pícaros de Tomoyo me miraban fijamente y me ponían nerviosa

-¡No! – le contesté con un tono de enojo y sintiendo las mejillas arder – no se ha que te refieres Tomy

-Pues yo creo que estabas pensando en el bomboncito sentado en el último asiento de esta fila – mi cara se tornó del color del tomate y sabía que la carcajada de Tomoyo se había escuchado hasta la China.

-¡Señorita Daidouji!, sería muy amable de contarnos el chiste a la clase por favor, para ver si así nos reímos todos – Tomoyo se sobresaltó al escuchar al profesor quien se había levantado de su asiento y la fulminaba con la mirada, se veía muy molesto.

-¡Lo siento mucho profesor, no volverá a suceder! – Tomoyo hizo un par de reverencias, se sentó avergonzada y por fin se quedó en silencio, mientras yo rogaba a los santos que Shaoran no estuviera viendo este espectáculo pero era algo imposible, regresé a ver a su asiento y tragué seco al ver su ceño fruncido y fulminándonos con la mirada, sabía que el odiaba que hiciéramos ruido en clases, debía decir que era todo un nerd.

Al salir de clases, habíamos decidido ir a tomar un helado para olvidar el pequeño incidente con el profesor, relajarnos un poco, y dejar de lado que gracias a mi querida amiga ahora teníamos más tarea de lo normal, Tomoyo había invitado a Shaoran y a su amigo Eriol Hiraguizawa a que nos acompañaran, debo decir que Tomoyo estaba totalmente loca por el mejor amigo de Shaoran, quien también tenía su encanto pero no era mi estilo, era todo del tipo de Tomoyo, cabello azul oscuro, ojos grises misteriosos que combinaban perfectamente con unos anteojos cuadrados, a de más de que era inglés y venia de una familia aristócrata, que se notaba en sus modales refinados pero eso no le quitaba lo mujeriego, que a mi parecer le restaba puntos para estar con mi adorada amiga.

-¡Demonios Sak!, el profesor ha exagerado un poco ¿no crees?, creo que ahora todos me odian – Tomoyo hizo un puchero con su boca mientras revisaba los apuntes en su cuaderno.

-Tranquila Tomy, a todos nos puede pasar, ya verás como a todos se les olvida muy pronto – traté de darle ánimos, dándole unas pequeñas palmaditas en la espalda.

-Así es, preciosa Tomoyo, yo ya te he perdonado ¿A que sí Shaoran? – de pronto vi como un brazo rodeaba los hombros de Tomoyo, e inmediatamente se ponía roja como un tomate y yo me estremecía al escuchar ese nombre.

-E..Eriol no te vi llegar – le contestó tartamudeando, y me sorprendía ya que Tomy siempre se había caracterizado por ser una chica muy segura de sí misma, es más podría decir que la mitad del instituto estaba atrás de esos huesitos, y no era para menos tenía la cabellera larga de un color negro precioso, sus ojos amatistas y una tez blanca, toda una princesa de Disney, pero ella no era la que debía ser rescatada ella era la que rescataría al príncipe, sin embargo todos los que habían tratado de acercársele habían sido rechazados de la manera más elegante posible, si, mi amiga tenia estilo para eso, el único que lograba ponerla nerviosa y en ese estado era este chico inglés, que había llegado a poner su mundo de cabeza y no podía juzgarla yo me ponía en las mismas condiciones cuando Shaoran estaba cerca de mí, lo que me recordó que él también estaba cerca de nosotras en ese preciso momento.

-¡Rayos! Tomy que te puedo decir, ya las cosas están hechas – Shaoran hizo una pequeña mueca de amargura en su rostro – pero seguro entre todos lograremos hacerla más rápido, ¿verdad Sakura?

-Yo…. este… si… Tomy no te preocupes tenemos a dos cerebritos con nosotros – empecé a reír y ver la cara de enojo de Shaoran, odiaba que le dijeran así, pero demonios el chico era una haz para todo sobre todo para las matemáticas y el inglés, Eriol por su parte ni se inmuto.

-Hey pequeño lobo, hoy no tenías una cita con la preciosura de Akiho – Eriol había hablado supongo que sin pensar y ahí es cuando mi mundo se derrumbó a mis pies, la palabra cita y preciosura habían entrado en mi ser como dos cuchillos filudos y vi como Shaoran se sonrojaba y se despeinaba su achocolatado cabello solo con la mención del nombre de la chica, e instintivamente regresé a ver a mi amiga, quien también mostraba una cara de pocos amigos, al escuchar hablar a Eriol así de otra mujer.

Y se preguntarán quien es Akiho Shinomoto pues una de las chicas más populares del instituto, toda una belleza andante, siempre traía el pelo corto ensortijado en las puntas, y sus ojos eran de un azul mar, además de que, al igual que Eriol también había llegado hace un par de años de Inglaterra y tenía esos aires de reina que a mi parecer eran un poco exagerados, si la mitad del instituto estaba atrás de Tomoyo, la otra mitad estaba loco por Akiho, y se me hacía chiquito el corazón solo de pensar que Shaoran formaría parte de esa mitad, ya que a pesar de no estar en nuestra clase, Akiho había llegado hacer una muy buena amistad con Shaoran a través de los partidos de fútbol ya que él era el capitán del equipo y ella era la capitana de las porristas, y obviamente esos equipos siempre iban juntos a todo lado, ohhh si tal como se ve en las películas.

-Bueno no es una cita Eriol, simplemente la voy a ayudar con unas actividades para su club de teatro – Shaoran lo fulminaba con su mirada – iré mas tarde a su casa – ¡Rayos, demonios y centellas!, iban a estar solos en su casa, si debía admitir que me moría de celos por dentro, pero no tenía porqué, simplemente no éramos más que amigos, cerré mis puños con tanta fuerza que sentí que mis propias uñas me lastimaban.

-Ya claro, seguro Akiho estará muy agradecida con tu "ayuda" – Eriol empezó a carcajearse y Shaoran le propinó un puñetazo en su hombro.

-¡Auch, eso dolió! – dijo Eriol mientras se masajeaba su hombro.

-Deja de hacerte el chistoso

-Ya lo siento – Eriol alzo sus manos en modo de rendición y continuamos nuestro camino hasta la heladería, la tarde fue muy agradable reímos y comimos mucho, mucho helado, algo de lo que me arrepentiría después, pero mi mente se encontraba en otro lugar, no dejé de pensar en ningún momento sobre el hecho de que horas más tarde Shaoran estaría en la casa de Akiho, estarían juntos, y rogaba a los cielos que sus padres si estuvieran en casa, solo de imaginarme que podrían llegar a…

-¡Sakura!, en que piensas tanto, otra vez estas perdida – la voz de Tomoyo me trajo de nuevo a la realidad – se lo que estás pensando, pero tranquila, Shaoran es un chico muy tímido, ahí donde lo vez todo guapo y atlético jaja… - ¡Rayos!, Tomoyo me conocía tan bien que hasta sabía lo que estaba pensando – a demás no creo que Akiho sea del tipo de Shaoran – Akiho es del tipo de todos pensé para mí misma, aquella tarde le había rogado a Tomoyo que me ayudara con unos ejercicios de matemáticas ya que ella sabía un poco más que yo, no estaba dispuesta a pedir ayuda a Shaoran y dejar nuevamente al descubierto mi debilidad en esta materia, seguramente entre las dos podríamos lograrlo, así que nos encontrábamos tumbadas en el piso de mi habitación sobre un montón de almohadas y los cuadernos esparcidos por todo lado.

-¿Qué dices?, no sé a qué te refieres – le dije mirando los ejercicios anotados en el cuaderno, tratando de disimular mi sonrojo.

-Ohh vamos Saku, quien te conoce mejor que yo eh…., anda sácalo de una vez, sé que te sentiste morir cuando Eriol, mencionó a Akiho – tenía razón.

-Bueno yo… siiii…. quise matarlo, y tu tampoco te hagas Tomoyo que también vi tu rostro cuando mencionó a la "preciosura". – le dije mientras doblaba mis dedos como dos comillas.

-No importa, solo fue el momento ya lo superé

-Cielos Tomoyo, quisiera ser como tú, así de fuerte y decidida, además eres tan linda como Akiho hasta más, en cambio yo….

-Tu ¿Qué?... tu ¿Qué? Sakura, ya vamos a empezar, hasta cuando debo decirte que tú también eres hermosa, solo es cuestión de que te lo creas – Tomoyo me había tomado de las manos, y sentía todo su apoyo a través de ellas – a demás cuantas no envidiamos tener esas piernas Sak, por favor.

-Eres una hermosa Tomoyo, te adoro, gracias por estar siempre ahí – la abracé, antes de que el sentimentalismo se apoderara de mí y mis inseguridades volvieran a atacar – ahora continuemos que esas "X" no se van a despejar solas – nos reímos juntas y empezamos con la aburrida tarea.

Después de que Tomoyo, se había marchado y me sentí nuevamente sola en mi habitación, empecé a divagar sobre que estaría haciendo Shaoran en este momento, ¿seguiría en la casa de Akiho?, la intriga me estaba matando, así que para dejar de deprimirme por nada, prendí mi laptop y en mi lista de reproducción busque a una de mis artistas favoritas Maaya Sakamoto, y a todo volumen puse una de sus mejores canciones Sonic Boom, ¡que canción!... Era la única que lograba transportarme a otro mundo… "Te diré lo que había decidido hace mucho tiempo, y haré que mis sentimientos te alcancen"… empecé a cantar a todo pulmón, mientras abrazaba una de mis almohadas cuando de pronto una imagen fugaz cruzó por mi mente ¡Shaoran!, tan cerca y a la vez tan lejos, me dije, acompañado de un suspiro salido de lo más profundo de mi corazón.

-¡Monstruo estas ahí! – el grito de mi hermano me sacó de mis pensamientos absurdos - ¡Ven a cenar, que papá acaba de llegar!

-¡Que no me digas monstruo hermano!, ¡bajo enseguida! – cené tranquilamente con mi familia, nos contamos todo lo acontecido en el día, nos despedimos y cada uno fue a su habitación, la noche no fue una de las mejores ya que en mi cabeza habían pensamientos que iban y venían y cuando finalmente lograba dormir, las pesadillas empezaban a aparecer, y me despertaba sobresaltada.

Por la mañana no me fue difícil levantarme, ya que prácticamente no había dormido nada, así que ese día milagrosamente iba a llegar temprano al instituto. Cuando llegué se veía vacío, a penas y pude contar unos 10 alumnos en el patio, caminé con toda la tranquilidad hacia el salón, abrí con toda la paciencia del mundo la puerta observando a uno de mis zapatos los cuales tenían una extraña mancha blanca en la punta, de repente una voz altero todos mis nervios y me quedé paralizada solo de escucharla.

-¡Llegas temprano! – alcé mi mirada con recelo, y ahí estaba el, con sus cabellos desordenados y sus ojos ámbar observándome desde el ultimo asiento del salón.

-¡Sha…Shaoran!, ¿siempre llegas a esta hora? – no era momento de tartamudear y era lo único que salió de mi boca, estaba extremadamente nerviosa y sentía una desconección entre mi cabeza y mi boca.

-Bueno si, siempre he dicho que es mejor que sobre antes de que falte tiempo – sonrió de una manera tan deliciosa – ¡no piensas entrar! – ¡rayos!, me había quedado parada en la puerta del salón ya que los nervios habían hecho que mis piernas no reaccionaran de la manera correcta, empecé a caminar lentamente como un robot hacia mi asiento, pero moría de la curiosidad así que decidí no sentarme y me acerqué hacia donde estaba el, me atreví a preguntar.

-¿Qué tal ayer, lograste ayudar a Akiho? – el corazón que me latía a mil por hora, quería salírseme del pecho, noté que sus mejillas se empezaron a sonrojar, ¡demonios! ¿Por qué siempre le pasaba eso cuando, mencionaba ese nombre?, es que ¡acaso le gustaba mucho!.

-En realidad sí, pero su hermano creo que la ayudó más que yo – ¡no estaban solos!, un alivio empezó a recorrer mi ser – además de que no era nada difícil, en fin fue una tarde un poco aburrida – dijo mientras desordenaba un poco más su cabello.

-Ya veo, he escuchado que van a realizar una obra de teatro, ¿Verdad? – seguro el sería un hermoso príncipe, pensé

-Sí, pero yo no pienso participar, ni loco, Akiho ha intentado reclutarme en su club, pero yo siempre me he negado, creo que no se me vería bien uno de esos trajes antiguos – volvió a sonreír, esa sonrisa me hechizaba y me derretía por dentro, ¡que las clases jamás empiecen por favor!

-Yo creo que se te vería muy bien un traje rojo – lo solté sin pensar, mis mejillas empezaron a arder.

-No lo creo, además…. – tomó una de mis manos, ese contacto me estremeció toda, mientras me miraba fijamente a los ojos - ¡a mí me gusta el verde!

-¿Eh?


Continuará...