Extra.

Aziraphale se levantó temprano la mañana siguiente, si bien no dormía, había disfrutado de la compañía de Crowley a su lado en la cama, quizás algún día le pidiese que volvieran a hacerlo, pero le urgía una taza de té caliente y recordarle al demonio que como Niñera debía estar en la casa, pendiente de Warlock.

Crowley gruñó y se removió de un lado al otro, dejando un mar de risos rojos sobra las simples sabanas grises del ángel, pero luego del cuarto llamado por parte del ángel, por fin pudo abrir sus ojos.

—Es muy temprano, Zira… —el siseo le fue imposible de evitar, más cuando su rostro se vio envuelto en el vapor cálido de la taza que Aziraphale le tendía.

—Lo sé querido. —el ángel susurro en su dirección.

Siempre hubo detalles puntuales que le gustaron del demonio. Sus ojos y su cabello rojizo estaban en la cima de la lista, sin lugar a dudas. Y si él no fuese tan correcto, en esos momentos hubiera estirado su mano para intentar acomodar el torbellino que esos risos parecían formar sobre la cabella adormecida de Crowley.

—Pero necesitas alistarte, no es correcto que te vean salir de… bueno, mi casa.

—Sí, lo sé… solo dame un momento. De todos modos, Warlock no se despierta hasta incluso más tarde.

—Quizás porque alguien en particular se encarga de arruinar sus siclos de sueño. —la voz cantarina le quito fuerza al reclamo, por mucho que Aziraphale frunciera sus labios en disgusto.

Crowley no contestó, pero le era imposible esconder su sonrisa de satisfacción en una taza de té tan pequeña.

La niñera volvió a surgir en la privacidad del baño del jardinero, no se molestó en hacer un milagro demoniaco con maquillaje, solo resalto unas bolsas oscuras debajo de sus ojos para dar el inequívoco el efecto de que no había estado sintiéndose bien el día anterior.

—Que tengas un buen día, querida. —Aziraphale no se dejó impresionar por el gruñido del demonio, y se aseguró de que nadie en la casa viese entrar a Crowley en un facsímil de una 'caminata de la vergüenza'.

Luego de unas horas de lectura y una que otra taza de chocolate más, el hermano Francis estaba más que listo en tomar su lugar de trabajo como cualquier otro día normal.

El almuerzo lo encontró metido entre un voluminoso seto que necesitaba una poda, pero que irremediablemente cayo en segundo plano ante la promesa de un sabroso estofado de res. La mesa era grande para la totalidad de los empleados, así que estarían en una grácil comunión por al menos una hora entera.

El hermano Francis bendijo la mesa como de costumbre, aunque no todos eran especialmente creyentes, era algo que había comenzado a ser normal desde la llegada del jardinero.

—Lamento molestar. —Aziraphale dejó su comida cuando el tono afectado de Crowley atravesó la nube de placer sibarita del ángel.

Era la niñera entrando con un muy lloroso Warlock en sus brazos, y seguida por Abigail muy de cerca.

Toda la cocina se silenció al sonido de sus pasos en dirección recta al jardinero.

—Según me ha dicho Abi —Crowley hizo una mueca ante el diminutivo, pero de todas maneras continuo. —, usted tuvo la suerte de poder calmarlo ayer. —dijo, antes de pasarle el niño como si no fuera más que la cría del animal más peligroso de la tierra.

Que podría serlo, ya que, si era peligroso, y si era el hijo de… solo que no había nada de terrenal en el niño.

—Oh, claro… por que el joven maestro Warlock sabe que Francis podrá arrullarlo.

Aziraphale se puso de pie, ante las miradas de toda la cocina, incluida la de Crowley, mientras murmuraba a media voz a un niño que poco a poco se iba calmando.

Lo que rompió la atmosfera tierna del momento, no fue la Niñera con su bufido disgustado, y su comentario a media lengua cargado de desdén… No, el ama de llaves entro con un semblante preocupado, acercándose al demonio con determinación.

—Quizás se oiga raro, pero usted es una de las pocas personas a las que no le he preguntado… ¿No ha visto a mi marido?

Crowley se quedó helado, y detrás de las gafas sus ojos corrieron por toda la cocina hasta encontrar al ángel, quien pareció aterrado por un instante.

—¡No! —Crowley fue cortante y eso era normal en la Niñera, por lo que a nadie le ofendió su poco tacto.

Aziraphale chasqueó sus dedos una vez que Warlock paso de manos, y antes de que el demonio saliera de la cocina, el hombre estaba en la puerta de atrás, como si hubiese caminado kilómetros y kilómetros sin proponérselo, y sin saber cómo es que había regresado.

Francis volvió a su seto sin una segunda mirada a su plato olvidado, solo tarareando una melodía que cree haber oído en su último paseo en el Bentley.

Crowley por su parte, subió a Warlock a su cuna con una muy persistente sonrisa bailándole en los labios.

Fin del extra.