Declaimer: Bleach no me pertenece sino a su respectivo autor TiteCubo, solo hice la historia.
Aclaraciones: me veo en la necesidad de hacer una serie de aclaraciones para que no se lleven sorpresas.
1.- Bleach tiene demasiados ships forzados entre estas parejas, y si, ya sé que en este fandom hay quienes las defienden y quienes no, pero, en fin, es un fic y ya.
2.- No me gustó el final de Bleach porque siento que las parejas estuvieron mal manejadas, en especial la de Orihime con Ichigo desde el momento en que se introdujo el seudo enamoramiento de la chica por Ulquiorra y todo el drama que se creó. Es por esto que, como el final fue un completo despelote, yo colaboro, haciendo una continuación igual o peor de loca.
3.- No son fan de Bleach, pero mi imaginación no discrimina XD, y como yo existo para plasmarla espero que lo disfruten al leerlo así como yo al escribirlo.
4.- He escrito historias con finales felices, pero tampoco son algo común en mí, así que plasmé una situación humana, real y hasta posible.
Pantalla.
Se habían casado. Para alegría suya, de su amor y de sus amigos, luego de las intensas batallas que vinieron una tras otra, y en la que se vieron involucrados para salvar el destino de su mundo, al final él se le había declarado y ella había aceptado sus sentimientos sintiéndose correspondida al fin.
Al inicio, su vida fue de ensueño, y quién no se sentiría así luego de estar finalmente con el hombre de sus sueños, que la protegió y defendió de los peligros. Por supuesto que ella lo estaba. Y justo cuando pensó que no podría ser más feliz, llegó su retoño. Un pequeño nacido de ella e Ichigo, el niño más lindo que sus ojos hayan visto, tierno, amable, lleno de la fortaleza de su padre y del cariño y compasión de su madre.
Si, todo estaba donde debía estar…entonces…¿por qué sentía ese vacío en el pecho? ¿Por qué sentía que había algo que no estaba en su lugar?
Porque con el pasar del tiempo tanto ella como Ichigo se dieron cuenta de un aspecto muy importante. Cuando él tomó la decisión de expresar sus sentimientos a Inoe, lo hizo de manera genuina, porque le gustaba, sí. Pero hubo una parte de él que le reclamó esta acción, no debió haberse casado con ella sabiendo que poseía sentimientos fuertes por la pelinegra shinigami que en ese tiempo fue un gran apoyo y una excelente compañera de combate.
Aún en su adultez tenía contacto con ella en alguno que otro trabajo y se seguía admirando por la shinigami incluso más que antes, porque Rukia había cambiado, estaba un poco más alta- sin llegar a alcanzarlo aún- su cabello había crecido, su cuerpo se volvió más maduro y las emociones, que él pensó se habían ido gracias al matrimonio de ella con el pelirrojo, volvieron y se aferraron como si las mismas fuesen cadenas.
Gracias a este nuevo descubrimiento se sintió mal, mal porque su esposa, a pesar de que actuaba igual de distante que él en lo que a intimidad de esposos se trataba, sentía que le seguía teniendo un gran cariño, algo que él correspondía igualmente.
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Una alerta. El grupo de su esposo había recibido la noticia de que Gargantas propias de Hueco Mundo habían vuelto a aparecer en sectores específicos del país y Kurakara fue uno de ellos. Recordó a Ichigo irse con los demás a averiguar más sobre el nuevo suceso, observando como este y la pelinegra se marchaban un sentimiento extraño se instauró en su pecho.
Ese día Ichigo no volvió, pero le avisó que estaría ausente por unos cuantos días, a lo que ella se inquietó. Mientras atendía a su hijo, pensaba que aquello que sentía eran celos, pero lo descartó recriminándose por la desconfianza unilateral suya. Ichigo no le haría eso, pero…¿y ella? ¿ella no lo haría?
En cuanto escuchó "Hueco Mundo", a su mente llegó la imagen del pelinegro Arrancar que la mantuvo cautiva. No se haría la idiota, tenía 27 años ya, era madre, ha sido esposa y había adquirido una madurez que hasta a ella la sorprendía, por lo que le fue fácilmente reconocer que en su pecho nació la necesidad de ir a verlo. Estando en Las Noches, ella pasó momentos que no se los deseaba ni a su peor enemigo, pero, a pesar de que Ulquiorra no escatimó en ser amable con ella, fue quien la trató con un poco más de "tacto".
En ese lugar la tortura psicológica era un acto de bondad si lo comparaba con los golpes de las sirvientas de Aizen. Luego de un tiempo, ellos involuntariamente formaron una rutina, las torturas habían cesado, él llegaba a dormir a su enorme sillón mientras leía uno que otro libro que el Hollow le traía a modo de "pago" por su estancia. Al principio le pareció algo curioso, Ulquiorra no parecía ser de las personas que se cansara, ¡incluso apostaría que no sentía cansancio!, pero se equivocó en cuanto lo veía llegar en silencio, darle los libros y lanzarse al sillón para posteriormente voltearse y caer en los brazos de Morfeo.
Esta acción, se prestó más de una vez para que Nnoitora hiciera comentarios en doble sentido con respecto a ella y la cuarta espada. Comentarios que ella se esforzaba en desmentir en la cara pervertida del tipo, y Ulquiorra solo se limitada a ignorar ya que él no se rebajaría a las estúpidas depravaciones de su compañero.
Cuando Ulquiorra murió desvaneciéndose frente a ella y extendiendo su mano para alcanzarla, ella sintió su corazón romperse sin razón aparente. Incluso lloró su muerte encerrada en su habitación no comprendiendo los motivos. ¿Acaso ella había desarrollado el síndrome de Estocolmo? No…no era eso. A ella le había gustado Ulquiorra y mucho, tanto como para hacerla dudar de sus sentimientos por el pelinaranja.
Su voz le daba unos escalofríos demasiado placenteros para su gusto, a pesar de ser la personificación del vació, en su mirada ella se sentía atrapa, más de una vez mientras dormía, lo miraba detallando: su cuerpo delgado pero musculoso, su rostro inmaculado adornado por las dos líneas en sus mejillas. Tanto lo miró, que una vez no se controló y él la había atrapado a milímetros sacándole un enorme susto.
Esa vez, se sintió tan tentada a probar sus labios, que parecía hipnotizada.
Por esta y otras razones, su corazón empezó a cabalgar como loco en su pecho, acompañado de una significativa punzada de dolor pues ella estaba casada y era una mamá.
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Podría decirse que ambos cayeron ante sus sentimientos encontrados al mismo tiempo, pero sin conocimiento de que se sentían exactamente igual.
Los sentimientos por Rukia se desbordaron en esa misión.
Se habían separado con el fin de cubrir más territorio. Tanto él como la pelinegra decidieron hacer equipo y buscar alrededor de Hueco Mundo de la manera más sigilosa que pudieron, no habían encontrado nada, ¿qué significó aquello entonces?
Inspeccionaron los restos de Las Noches y nada, por esto decidieron acampar para esperar a sus compañeros.
-No me has quitado la mirada de encima, ¿hay algo que quieras decirme?- la primera en hablar fue la morena que observaba atenta la improvisada fogata.
-N-No, para nada- vaya susto, debía controlarse.
-¿Ahora titubeas Ichigo?- preguntó burlona.- hacía tiempo no te veía así.
- ¡Eh! ¡No se de qué habla! Estoy bien, y si te miraba era porque eres mi compañera y es lógico que te mire.
-Bien, bien…
La presión en su pecho lo estaba matando conforme los minutos pasaban y observaba a la chica. Cada rasgo, cada expresión, cada cabello, ¡enloquecería!
-¡Rukia!- era ahora o nunca- me gustas.- la expresión de ella fue de sorpresa- Sé cuál es mi situación, y no pretendo ser un canalla, es por eso que lo mismo que te digo a ti, se lo diré a Inoue. Quiero que sepas esto, nada más.
Luego de unos minutos de silencio ella respondió tan tranquila como siempre:
-Es probable que yo me sienta de la misma manera, y también estoy casada. Estar contigo ha hecho que dude y…no tengo remordimiento.
Otro silencio volvió para darles oportunidad de reflexionar sobre sus palabras y quizá retirarlas. Rukia era consiente de lo excelente que era Orihime, que ella no se merecía una traición así, pero lo que más la frenaba era el niño de ambos. De las contadas veces que tuvo contacto con el niño, se dio cuenta que sus padres eran el mundo para él. Ella no tenía hijos, algo dentro de ella se lo impidió porque ella quería que su hijo llamara al pelinaranja padre y al saber que esto nunca se lograría descartó la idea.
Por su parte Ichigo se sentía exactamente igual, el pelirrojo era su amigo, habían estado luchando hombro con hombro durante todos esos años, confesar sus sentimientos fue como una puñalada en la espalda. Además, qué pensaría Inoue y su hijo…
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Había salido a dar una vuelta para tratar de despejarse, su pequeño dormía tranquilamente así que aprovecho ya que no era de despertar sino hasta el día siguiente.
Mientras divagaba en sus pensamientos por aquel parque vació cerca de su casa un riatsu que ella conocía muy bien la hizo detenerse.
Había una persona detrás de ella que la amenazaba sin tocarla:
-¿Quién eres? ¿Por qué tienes el riatsu de la mujer?
Esa voz…esa voz varonil ella la conocía demasiado bien.
-Soy Inoue Orihime.
Cuando el nombre de su discordia llegó a sus oídos la soltó de inmediato. ¿Era ella? ¿Por qué lucía distinta?
Orihime notó su confusión a pesar de que el muchacho no expresaba nada en su rostro, se alegraba de no haber perdido la capacidad de entenderlo.
-Veo que para los Hollow el tiempo pasa distinto- le señaló con una sonrisa cálida. Él se veía exactamente igual que la última vez, pero extrañamente no se sintió vieja, él siempre mayor que ella y se atrevía a decir que lucían de edades similares.
-Tu esencia cambió mujer.
-¿He? ¿A qué te refieres?
- Tu esencia de hembra humana huele a que te reprodujiste. - Por alguna razón afirmar aquello le hizo sentir una incomodidad y furia inexplicables.
-Bueno…ahora soy mamá. Tengo un hijo y me casé.
-¿Con Kurosaki Ichigo?
-Sí.
Con esta afirmación, el Hollow decidió dar por terminada la conversación y regresar a Hueco Mundo, no tenía nada que hacer ahí.
-¡Espera, Ulquiorra!- Orihime previendo lo que el pelinegro haría trató de detenerlo- No te vayas. Quiero saber cómo sobreviviste y qué haces aquí.
-Mi cuerpo humano fue destruido, y mi alma regresó a Hueco Mundo donde volví a mi forma original.
-¡En verdad me alegro de que estés bien!- soltó de pronto la chica dándole un efusivo abrazo que lo dejó en blanco. Realmente esas preguntas las hizo para detenerlo, no porque realmente quisiera saber la respuesta, le bastaba con saber que él estaba ahí, así como el calor que ella empezó a sentir por todos los sentimientos que sentía por el varón.
-Inoue Orihime…yo vine aquí para llevarte a Hueco Mundo como mi mujer.
En medio de su abrazo ella quedó en piedra. ¿Qué afirmaciones eran esas? Su corazón dio un vuelco. Empezó a sentirse acalorada…
-Me voy.
Así había terminado aquél encuentro. Ella no pudo decir nada, pero al volver a su casa fue otra historia, porque ella recordó una y otra vez las palabras de ese hombre y temblaba, excitada y abrumada por el cúmulo de sensaciones que le causó con tan escuetas palabras. Esa noche se tocó a sí misma dándose placer y llegando a un orgasmo con el nombre de "Ulquiorra" en sus labios.
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Cuando volvió a su casa, pensó en todo lo ocurrido y tomó valor para cumplir con su promesa.
Cuando estuvieron a solas, él fue sincero, le confesó todo tal cual se lo dijo a Rukia y realmente llegó a pesar que aquello destrozaría todo su mundo, pensando en su pequeño. Sin embargo, para su sorpresa ella le dijo que lo comprendía porque estaba en una situación exactamente igual. Le confesó lo sucedido en el parque, le habló de los sentimientos por el Arrancar tomándolo por sorpresa.
Esa noche, ambos se liberaron, aceptaron que aquel matrimonio no había sido un error, pero que había acabado, no habían celos de por medio, sino una tranquilidad que ninguno supo explicar. Sin embargo, decidieron guardar las apariencias por su hijo, por aquel niño que era su mundo y que se merecía una familia. Mantendrían aquella pantalla hasta que su retoño tuviese la capacidad suficiente de comprenderlos a ambos.
Expresaron estar de acuerdo si el otro quería estar con el objeto de sus actuales sentimientos, siempre y cuando fuese un secreto y tomarán todas las precauciones posibles. ¿Qué serían juzgados? Sí, lo sabían, pero no les importaba, si hubo algo que dejó aquel matrimonio, a parte de su hermoso hijo, era una confianza inquebrantable entre ellos porque no solo fueron cónyuges, fueron amigos también.
Y con esto en claro, Ichigo inició una relación con Rukia luego de que esta finalizara su respectivo compromiso. Aquella relación fue condicionada y confinada al secreto, pero ella lo aceptó, por el bien de todos, en especial del pequeño
Para ella fue más difícil. Estaba tratando con una especie distinta después de todo, y por lo que pudo apreciar, una muy posesiva. Fue por esto que cuando lo encontró, trató de explicarle lo mejor que pudo, tanto su situación como sus condiciones, si él se negaba, estaba dispuesta a dejarlo ir, en casa la necesitaba su persona especial.
Es por esto que, también le dejó en claro, que su prioridad siempre sería su hijo y que jamás lo abandonaría por él. Al principio fue difícil, pero se debía a la forma de ser del joven, pero luego de un estira y afloja terminó aceptando. No estarían juntos presencialmente, se verían una que otra vez, pero nada que fuera seguido. A él no le hizo gracia saber que ella seguiría viviendo bajo el mismo techo que el pelinaranja, pero tampoco sería exigente. Él no sabía que era el amor porque no lo veía con sus propios ojos, pero si la atracción y mientras ella aceptara ser su pareja y solo se apareara con él, estaría bien. Mientras pudiera apreciarla, verla con esa aura brillante, siendo luz en su oscuridad y satisfaciendo su curiosidad, él entendería. Por ella, Ulquiorra haría lo que fuese, y eso implicaba volverse el protector de ella y de su hijo, el bastardo shinigami se cuidaba solo y si moría pues mejor, no se quejaba.
Aquella situación fue muchas cosas, un acuerdo bizarro, un juego entre adultos, una pantalla de los padres, una crueldad con los involucrados, pero no importaba, después de todo, cada uno era consciente de que eso no era ninguna historia dulce con final feliz y de caramelo, era la vida real.
