CAPÍTULO II
Ya habían pasado dos semanas desde el funeral de Namura. Miki se acercó a la puerta de la enorme mansión, llevando a sus hermanos de la mano. Quería ver cómo se encontraba Meiko y sus hermanos podrían jugar con Natsuu, que también había sufrido mucho.
Tocó el timbre. Unos años después de casarse, Meiko y Namura habían vuelto de Hiroshima para trasladarse de nuevo a su ciudad natal. Él se había convertido en un importante hombre de negocios y ella en una reconocida escritora de éxito, con un gran poder económico.
La muerte de Namura había salido en portada de las revistas del corazón y de economía durante días. Incluso se había aventurado que no se tratara de un accidente, sino de un asesinato, pues los hombres con los que Namura había estado haciendo negocios no eran precisamente unos angelitos.
Les abrió la criada. Era la misma que durante años había estado al servicio de los Akizuki, la única que realmente se había preocupado por ella. Al poder Meiko contratar servicio, a la primera que se lo ofreció fue a ella, que aceptó sin dudarlo un segundo, a pesar de la ira de los padres de Meiko.
Entraron en la casa. Casi al instante, bajó Natsuu corriendo por las escaleras para reunirse con sus amigos y se fueron los cuatro corriendo y jugando.
- ¿Dónde está Meiko?- preguntó Miki a la sirvienta.
- En su habitación.- respondió la señora, con un suspiro. - No sale de allí para nada. Lleva días encerrada y apenas come nada.
Miki empezó las escaleras. Si Meiko no cambiaba de actitud, tendría que tomar medidas. No podía dejarse morir, debía seguir adelante. Si era necesario, Miki iría a su casa o Meiko a la suya, pero así no se iban a quedar.
Tocó a la puerta y nadie respondió. Miki giró el pomo y entró. En el suelo, sentada, abrazada a sus rodillas, estaba una deshecha Meiko, con los ojos hinchados de tanto llorar, pálida y muy delgada, con ojeras de no dormir.
Miki se acercó, pero Meiko no cambió ni tan siquiera de postura.
- Meiko...- dijo Miki, acercando una mano a la cara de su amiga.
- ¿Por qué, Miki?.- susurró esta.- ¿Por qué ha tenido que morir? Nos costó tanto esfuerzo estar juntos, pasamos tantas cosas... y al final tuvo que venir la única cosa contra la que no se puede luchar. ¡No es justo!.- lloró, abrazando a su amiga.
Miki también la abrazó. Nunca había visto a Meiko en ese estado. Era una chica muy fuerte que podía superar cualquier obstáculo. La única vez que Miki la vio en un estado mínimamente parecido al que se encontraba ahora fue cuando, en el instituto, tuvo que separarse de Nachan. Pero en esa ocasión todavía podía albergar esperanzas, no como ahora. Namura se había ido y no iba a volver jamás.
- No es justo, Meiko.- respondió Miki.- Por supuesto que no es justo. Pero no puedes seguir así, tienes que recuperarte. Tienes que cuidar de Miki y Natsuu, también ellos han perdido a Namura y ahora no puedes dejar que te pierdan a ti también. Sé que es duro, pero tú eres muy fuerte y podrás superarlo. Nachan no hubiera querido que estuvieras así.
Meiko siguió llorando.
- ¿Porqué no os venis tus hijos y tú unos días con Yuu y conmigo? .- ofreció Miki. Si no estaba en esa casa durante unos días, lo más seguro es que mejorara.- Natsuu estaría con mis hermanos y tú no estarías sola.
Meiko levantó la mirada.
- ¿De verdad no te importa?
- Pues claro que no.- dijo Miki con una gran sonrisa.- Para eso están las amigas. Si yo estuviera en tu situación tú harías lo mismo por mi.
Dieron unos golpes en la puerta y entró la criada.
- Disculpen, señoras.- dijo con su tímida voz.- El señor Miwa está en el recibidor. Ha venido a ver cómo se encuentra la señora.
- Dile que ahora mismo bajamos.- dijo Meiko, para sorpresa de las dos mujeres.
Cuando Satoshi salió de la casa de Meiko estaba más tranquilo. Sabía lo mucho que Meiko amaba a Namura y estaba muy preocupado por ella, pero al saber que iba a estar en casa de Miki y de Yuu se sentía mejor. Allí la cuidarían y se recuperaría.
Todavía la quería. Había tenido muchas novias y amantes, pero ninguna había conseguido que se olvidara de Meiko, su único amor. Cuando Meiko volvió con Namura, creyó que lo superaría, que podría olvidarla, pero no había sido así. Habían pasado más de seis años desde entonces pero a él le parecía que fue ayer cuando besó a Meiko. Las dos veces que se besaron fueron los dos mejores momentos en la vida de Satoshi.
Pero no podía alegrarse por la muerte de Namura. Él no había deseado nunca que él muriera. Le apreciaba, era un gran hombre. Y Meiko le amaba. Y él no podía desear nada que pudiera herir a Meiko.
Además, ahora que había muerto, ella le idolatraría, le convertiría en un dios, eso si llegaba a olvidarle. Era poco probable que ella llegara a enamorarse de él, y menos ahora. Pero no por eso él no iba a intentarlo. Aunque tenía que esperar. No podía hacerlo ahora. Deseaba que se recuperara pronto.
- ¡¿Tenemos que esperar tanto?!- exclamó Ginta, levantándose enérgicamente.
- Lo siento, es lo más pronto que puedo.- dijo el sacerdote.- Tienen que entender que hay muchas parejas ansiosas por casarse, la mayoría con embarazos de por medio (y no podemos permitir que esos niños nazcan en el pecado) y otras que tienen la fecha pedida desde hace un año.
- Pero nosotros tuvimos que aplazarla por la muerte de un amigo.- dijo Arimi.- No fue por capricho.
- Lo siento es todo lo que puedo hacer. Antes de un mes es totalmente imposible.- dijo el cura, levantándose, dispuesto a irse.
- Es mejor que nada.- dijo Arimi, acompañándolo a la puerta.- Ha sido muy amable por venir hasta aquí.
Cuando cerró la puerta, miró a Ginta. Después de estar tanto tiempo esperando, lo habían tenido que aplazar el día antes. Desde luego, la muerte de Namura había afectado a todos.
- ¿Estás bien?- le preguntó Arimi, sentándose a su lado.
Ginta la miró.
- Deseaba tanto casarme ya contigo...- dijo.
- Lo sé. Yo también.- dijo ella, besándolo.
Él también la beso. Primero fue un beso sencillo, lleno de ternura. Poco a poco, empezó a volverse más apasionado y se abrazaron con fuerza. Él la tumbó en el sofá y empezó a desatarle la blusa. De pronto, ella se levantó.
- Espera, espera.- dijo, sofocada.- Falta poco para la boda. Esperemos.
Ginta suspiró. Le decía eso desde hacía por lo menos seis o siete meses. Arimi le dijo hace tiempo que quería llegar virgen al matrimonio y él respetaba su opinión, aunque de vez en cuando caía en la tentación. Tenía muchísimas ganas de estar con ella así, además ella había sido su única novia, de modo que, o le era infiel a Arimi (algo totalmente impensable para él) o él también llegaría virgen al matrimonio ¡y eso a él no le hacía mucha ilusión!
Se miró la entrepierna, en esos momentos abultada. No le quedaba más remedio que esperar.
- ¿Has visto esa tienda, Kei? ¡Entremos!- dijo Shuzu con entusiasmo.
Kei, por su parte, se miró las manos, cargadas con decenas de bolsas llenas de estupideces y caprichos. Y cómo pesaban... si por lo menos fueran ligeras. No podría con una bolsa más.
- Shuzu, ¿por qué no volvemos al hotel a dejar las bolsas y descansar? Estoy harto de dar vueltas.
La joven se volvió y le miró enojada.
- Oye, Kei, yo no he venido a Nueva York para estar encerrada en el hotel, sino a trabajar y a disfrutar de mi tiempo libre.
- Puede que tu disfrutes yendo de tiendas, pero yo no.- replicó él.
- Oh, claro, cómo no. ¡Eres un aburrido!
- Si tan aburrido soy carga tú con las bolsas.
En ese momento, alguien le empujó por detrás.
- ¡Oiga, tenga más cuidado!.- protestó Kei. Pero cuando miró a la persona que le había empujado se encontró ante un joven rubio y de grandes ojos azules que le sonreía.- ¡Michael!
Los dos amigos se estrecharon las manos con alegría. Hacía mucho tiempo que no se veían.
- ¿Qué haces aquí, Kei-kun?.- le preguntó Michael en japonés.
- De viaje con Shuzu.- le respondió este, señalando a Shuzu, que se acercaba a saludar al americano.- ¿Te apetece un café?
Los tres fueron a la cafetería más cercana y se sentaron a hablar.
- ¿Te enteraste de lo de Namura?.- le preguntó Kei.
- Sí.- afirmó Michael.- En realidad yo a él no lo conocí, pero sí conozco a Meiko y lo mucho que le quería, de modo que lamento mucho lo que le pasó. Por desgracia, no nos dio tiempo a ir al funeral.
- ¿No os dio tiempo?.- intervino Shuzu extrañada.- ¿De quién hablas?
- ¿No lo sabeis?.- dijo Michael sorprendido.- Estoy saliendo con An-yuu desde hace unos meses. ¿Por qué no venis a cenar con nosotros esta noche? Será divertido.
Keikum no estaba muy seguro de aceptar la oferta. Tal y como iban las cosas, no sería aconsejable, pero Shuzu no opinaba igual que él y se le adelantó.
- ¡Por supuesto! ¿Dónde?
Cuando Michael se fue Kei protestó por el comportamiento de Kei.
- ¡¿Es que te tienes que quejar por todo?!.- se enfadó Shuzu.- Hace mucho tiempo que no vemos ni a An-yuu ni a Michael, ¡y así ya tenemos plan para esta noche! Si no fuera por mi, nos pasaríamos la vida entera en la habitación del hotel.
- Pues antes no te molestaba.- añadió Keikum, con tono picarón.
Shuzu se puso colorada rápidamente y empezó a murmurar un montón de cosas, entre ellas que no tenía nada que ponerse y que debían ir en ese mismo instante a comprar un vestido. Kei suspiró. Cada vez era más insoportable.
Llamaron al timbre y esperaron. La noche era fría y a Kei realmente le hubiera gustado quedarse en el hotel, pero Shuzu ni tan siquiera se planteó la posibilidad de anular la cita.
- No pienso quedar mal por tu culpa, Kei.- había dicho.- Iremos los dos esta noche sin falta.
An-yuu abrió la puerta y les saludó cálidamente. No había cambiado mucho en estos años, salvo que llevaba el pelo más largo y parecía algo menos fragil que la última vez que la vieron. Kei la encontró guapísima y así se lo dijo.
- Ya será para menos.- contestó ella riendo.
Dentro de la casa se estaba muy bien. El ambiente era agradable y acogedor, con el olor de una comida casera (algo de lo cual Kei hacía mucho que no disfrutaba).
- Ahora mismo baja Michael.- dijo An-yuu.- Está hablando con su hermano por teléfono.
Durante la cena Kei notó que entre An-yuu y Michael había algo de tensión, por lo que dedujo que habían discutido esa tarde.
Fue una cena exquisita, muy sabrosa, que dejó totalmente satisfechos a los cuatro. Una ves retiraron los platos, se fueron al cuarto de estar para hablar. Después de hablar de trabajo, dinero y algunas cosas más, acabaron hablando de Miki y de Yuu, los responsables de que ellos cuatro de conocieran.
- No estoy de acuerdo.- dijo Shuzu rápidamente.- Yo creo que nos hubiéramos conocido igual.
- Piénsa antes de hablar, Shuzu.- dijo Kei.- Si yo no hubiera conocido a Miki y me hubiera enamorado de ella, no habría ido al festival de su instituto, Michael no habría ido a esa parte de Japón si no le hubieran invitado a su casa, An-yuu no se habría enterado siquiera de nuestra existencia y tú no habrías ido detrás de Yuu, conociendo a todos sus amigos.
- La verdad es que tienen una relación envidiable.- reconoció An-yuu, sin poder evitar mirar de reojo a Michael.- Siguen tan enamorados como el primer día.
- Es cierto, ¿cómo la harán?.- dijo Michael.
- Tuvieron que pasar muchas dificultades.- dijo Kei.- El superarlas juntos les fue uniendo más y más.
- Pues yo creo que fue por los padres.- dijo Shuzu.- El extraño comportamiento de sus padres hizo que se hicieran inseparables. Deberíamos hacer lo mismo.
- ¿Les vas a pedir a tus padres y a los mios que se intercambien las parejas?.- dijo Kei burlón.
Shuzu le lanzó una mirada asesina.
- No.- contestó enfadada.- Hagámoslo nosotros.
Los tres amigos la miraron sin terminar de entender (o sin querer entender) lo que decía la modelo.
- No me mireis así.- dijo Shuzu, orgullosa de su idea.- Pensadlo: ninguno de nosotros va bien en nuestra relación amorosa. No hay más que veros que discutis tanto como nosotros. Yo propongo que nos intercambiemos las parejas durante un tiempo y así ver lo que amamos a nuestra actual pareja.
- ¡Ni hablar!.- dijo Kei apresuradamente. No estaba dispusto a compartir a Shuzu con Michael. ¿O acaso lo que le molestaba era tener que irse con An-yuu?
- A mi tampoco me parece buena idea.- añadió An-yuu.- Estas cosas nunca acaban bien.
Michael se rascaba la barbilla, pensativo.
Kei y An-yuu se miraron horrorizados. No podía estar pensando en ello realmente.
- A mi no me parece mal.- dijo Michael.- A los padres de Miki y Yuu les salió bien y ahora son muy felices. Pero hay que ir con cuidado, porque también puede ser un desastre. Propongo que durante un mes intentemos arreglar las cosas con nuestra pareja actual. Si no conseguimos nada, llevaremos a cabo el intercambio durante un fin de semana...
- En Hawaii.- se apresuró a añadir Shuzu.- Los gastos corren de mi cuenta.
Los cuatro se miraron. Shuzu y Michael estrecharon las manos.
- Trato hecho.
Kei y An se miraron. No tenían más remedio que aceptar.
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