CAPÍTULO III

- Venga, Meiko y Miki, que llegaremos tarde.- dijo Yuu desde el recibidor.- ¿Se puede saber qué demonios estais haciendo? A este paso en vez de ir de boda iremos al bautizo del primer hijo que tengan.

- ¡Ya vamos, ya vamos!- gritó Miki desde la habitación donde ella y Meiko terminaban de arreglarse.

- ¿Ha llegado ya la canguro?.- preguntó Meiko.

- Sí, está abajo con los niños.- respondió Miki.

En ese mes Meiko había mejorado mucho, al menos aparentemente. Miki sabía que las heridas que tenía en el corazón tardarían mucho tiempo en sanar, pero de momento se conformaba con que comiera y no estuviera todo el día llorando.

Ambas bajaron apresuradamente las escaleras y se subieron en el coche.

- Por fin parece que se van a casar.- dijo Miki.- Me alegro por ellos.

Llegaron a la iglesia y fueron a saludar a Ginta, que era un manojo de nervios.

- Venga, chaval, que todos hemos pasado por eso.- le dijo Yuu, sonriendo.- Ya verás qué bien te sientes cuando haya acabado todo.

Entraron en la iglesia y se sentaron en los primeros bancos, a la espera de la llegada de la novia. En la entrada, los periodistas aguardaban espectantes la llegada de la que sería la mujer del tenista más prometedor de Japón.

Satoshi se sentó al lado de Meiko y la saludó. Se pusieron a hablar, mientras Miki y Yuu tranqulizaban (o eso intentaban) a Ginta, que ya no sabía qué hacer con las manos.

- Tranquilo, Ginta.- le dijo Yuu.- No te aflojes más la corbata, que se te va a caer si la aflojas más.

- Es que tarda mucho.- dijo Ginta, secándose las manos con el pañuelo.

- Eso es normal.- dijo Miki.- La novia siempre llega entre diez y treinta minutos tarde. No te agobies.

Ginta intentó tranquilizarse. Diez minutos no era tanto.

Pasaron los diez minutos. Y luego otros diez. Y otros diez...

Llevaban más de tres horas esperando y Arimi seguía sin aparecer. Yuu casi tenía que sujetar a Ginta para que no se derrumbara. Los invitados empezaron a marcharse, mientras los que quedaban se miraban sin comprender.

A lo lejos se oyó un teléfono.

- Disculpen.- dijo el sacerdote.- Es el teléfono de la sacristía.

El cura fue corriendo a coger el teléfono.

- Miki...- dijo Ginta.

- ¿Sí?

- Esto ya no es normal, ¿verdad?

- Pues...- empezó Miki.- No mucho, pero seguro que hay una explicación razonable para todo esto.

En ese momento se asomó el cura por la puerta que conducía a la sacristía.

- Es para el novio... de la novia.- dijo, con el auricular del teléfono en la mano.

Ginta ya tenía el su mano el auricular, seguido por sus amigos, preocupados por la tardanza de Arimi.

- ¡Arimi, ¿qué ha pasado?!.- preguntó Ginta, alarmado.- Pero, deja de llorar mujer... ¿qué? ¿En dónde? ... ¿¡QUÉ?!

Los demás se miraron entre ellos, ¿qué le estaba contando? ¿por qué no había acudido a su propia boda?

- Ahora mismo voy hacia allí.- dijo Ginta, casi al tiempo que colgaba.- Necesito que alguien me lleve en su coche.

- Yo te llevaré.- dijo Miwa.- ¿Qué ha pasado?

- Arimi y su padre están en la comisaría.

Todos le miraron incrédulos. ¿En comisaría?

Mientras iban al aparcamiento, Ginta les contó lo que había ocurrido.

- Por lo visto, el padre de Arimi decidió celebrar por su cuenta la boda de su hija y bebió más de la cuenta. Él era el que la tenía que llevar a la iglesia y se equivocó un montón de veces de camino... hasta que la policía le detuvo por conducir borracho.

- Será mejor que te acompañemos.- dijo Miki.

- Sí.- coincidió Meiko.- Tú tienes que sujetar al padre de Arimi para que no se caiga y nosotras tendremos que sujetar a Arimi para que no mate a su padre.

- De nuevo la boda es aplazada.- dijo Yuu.- Hablaré con el cura para ver cuándo vuelve a tener la iglesia disponible.

- Gracias.- dijo Ginta.- Te lo agradezco.


- Ttu ssíh me pherdonasss, verdá?.- balbuceó el padre de Arimi a Ginta, echándole todo su apestoso aliento.

- Si le digo que no, ¿me dejará de todos modos casarme con su hija?

- Noh.- dijo el hombre, intentando aparentar seriedad y firmeza.

- Entonces sí le perdono.

Ginta empujó a su futuro suegro dentro del coche y miró a Arimi. Esta lloraba sin cesar, vestida de novia, mientras Meiko, Miki y Yayoi intentaban consolarla sin mucho éxito.

Iban a marcharse cuando en ese momento llegó Yuu. Ginta le saludó y se acercó.

- ¿Cuándo es la próxima fecha disponible?.- preguntó.

Yuu le miro con pena.

- Me temo que tendreis que esperar tres semanas más.

Ginta suspiró. ¿Cómo le podía pasar esto? ¿Qué había hecho para merecer tal castigo?

- Ginta.- dijo Tsutomu.- Yayoi y yo vamos a llevar a Arimi a casa, ¿vienes con nosotros o llevas al bo... al padre de Arimi?

- Dejaré al viejo en su casa, para que se ocupe de él su mujer. Dentro de un rato estoy allí.

- De acuerdo. Hasta luego.

Meiko y Miki también se iban a marchar cuando Miwa sujetó a Meiko del brazo.

- ¿Vamos a tomar algo?.- preguntó Miwa. Al ver la cara de Meiko, se apresuró a añadir: - Sólo a hablar un rato.

La escritora miró a Miki, que le sonrió. Desde luego, le convenía salir y nadie mejor que Miwa para ello.

- Está bien.- dijo Meiko.- Pero quiero llegar a casa antes de las nueve. Tengo que dar de cenar a Miki-chan.

- No te preocupes por eso.- se apresuró a añadir Miki.- Ya lo haremos Yuu y yo. Tú no tengas prisa, ¡hasta luego!

Se fue casi corriendo hasta el coche, donde intercambió unas palabras con Yuu y se subieron ambos el el vehículo y se fueron. Miwa sonrió. Ellos también querían lo mejor para Meiko.


- ¡Eres el tipo más odioso que he visto en toda mi vida, Kei!.- gritó Shuzu, mientras salía enojada de la cocina.

- ¿Qué es lo que he hecho?.- peguntó este, mientras la seguía.- Sólo he dicho que tu sopa sabe igual que el agua del cubo de la fregona, ¡pregúntale a cualquiera!

Vio a Shuzu coger el teléfono y marcar un número.

- ¿A quién llamas?.- dijo Kei.- ¿A tu agente, para que te de la receta de una sopa comestible? Si no sabrías hacer ni siquiera la de sobre...

- Pues no.- dijo secamente Shuzu.- Estoy llamando a Michael. ¿Sabes que día es hoy?

- Martes.- dijo Kei, con desconfianza. ¿A qué venía todo esto?

- No me refiero a eso, imbécil.- gruñó Shuzu.- Hoy hace un mes desde que nos pusimos aprueba antes del intercambio de parejas.

Kei dio un respingo. ¿Es que acaso esa noche hablaba en serio?

- ¡Hola Michael!- saludó Shuzu.- ¿Cómo estás?

Kei la miraba alucinado. No podía estar pensando en serio lo del intercambio de parejas.

- Oye, ¿te acuerdas de lo que hablamos la última vez que nos vimos?- dijo Shuzu.- Mira, mañana iremos Kei y yo a Nueva York, ¿vale? Venga, ya nos veremos.

La joven colgó y se fue al dormitorio, para hacer las maletas.

- Shuzu, ¿no estás exagerando un poco?.- dijo Kei.- Lo que estás pensando hacer es algo muy serio.

- Sé lo que hago.- dijo Shuzu.- Está claro que nosotros por el camino que vamos no nos lleva a ningún sitio, de modo que tendremos que cambiar de parejas. Puede que estar con otra persona durante dos días nos ayude a ver las cosas de otro modo.

- No creo que esa sea la solución.- insistió Kei.

- Me da igual lo que tú creas.- dijo Shuzu.- No olvides el bañador.


- ¿Cómo te encuentras?.- le preguntó Satoshi a Meiko en la cafetería, mientras removía lentamente el capuccino que había pedido.- Te encuentro mucho mejor que la última vez que te vi.

Meiko permaneció callada durante unos segundos. Durante ese tiempo, Miwa temió haber metido la pata y que ella se hubiera enfadado con él.

- Estoy mucho mejor.- reconoció Meiko, por fin.- El no estar sola en casa me ha ayudado a superar la muerte de Namura. Gracias a Miki y Yuu he podido darme cuenta de que la vida sigue. También gracias a ti: sé que has llamado todos los días para saber cómo me encontraba. Han pasado casi dos meses desde el accidente y ya puedo llevar una vida normal.

- ¿Y por las noches?

Meiko se sobresaltó y le miró, ruborizada.

- No pienses mal, Meiko.- le reprochó Miwa.- Me refiero a otra cosa. Por las noches es cuando la gente hace repaso de todo lo acontecido y nos sentimos más vulnerables, nos deprimimos y lloramos. Por eso te pregunto cómo estas por las noches, cuando no hay nadie a tu lado para consolarte. Durante el día puedes llevar una vida normal, en parte también porque no puedes permitirte más lágrimas, pero por la noche puedes dar rienda suelta a tus sentimientos.

Meiko miraba la taza de café como si fuera lo más interesante del mundo, sin contestar a Miwa.

- Intento no parar durante el día para no tener tiempo para pensar por las noches, de puro agotamiento.- reconoció.- Pero no siempre lo consigo y cuando esto ocurre, me duermo llorando. No consigo superar su muerte, Miwa.- dijo, mientras empezaba a llorar.- Pero debo hacerlo ¡no puedo permitir que no lo haga! Mis hijos me necesitan, Namura no hubiese querido que acabara así. Pero no sé cómo hacerlo. Durante el día estoy bien, porque no quiero que nadie se preocupe por mi, pero durante la noche...

"Llevo un mes en casa de Miki y Yuu. Sé que puedo quedarme todo el tiempo que quiera, pero no voy a ser más que una carga. Pero me aterra la idea de volver a esa casa, son muchas las cosas que viví allí con él. No me atrevo. No sé qué hacer"

Miwa la miró con tristeza, mientras ella lloraba. Dios, era tan preciosa... Si pudiera, en ese momento la besaría con pasión, la estrecharía entre sus brazos y la protegería de todo mal. Pero por desgracia las cosas no funcionaban así, tenía que aguantar las ganas. Ya no era un estudiante de instituto.

- ¿Por qué no le pides a Miki que esté unos días en esa casa contigo? Seguro que lo haría encantada.

- No puedo pedirle eso, ya ha hecho bastante por mi estas últimas semanas.- dijo Meiko, secándose los ojos con un pañuelo.- Lo peor será que no sé si podré controlarme delante de mi hijo y no quiero que él me vea llorar. También ha sufrido mucho, pero los niños superan estas cosas más rápido que nosotros, pero si me ve así, se lo recordaré.

- Te sugiero una cosa.- dijo Miwa de pronto.- Aprovecha que son las vacaciones de verano y mándalo con los padres de Miki y Yuu y sus hijos. Siempre van de camping dos semanas y seguro que no les importa llevarse a Natsuu. Además él se lo pasará muy bien. En cuanto a Miki-chan, a ella sí la puedes llevar a casa. Todavía es muy pequeña y no es consciente de lo que ocurre a su alrededor. Luego, busca a alguien para que esté contigo y te haga compañía.

- ¿Y a quién se lo voy a pedir?.- respondió Meiko.- No se lo puedo pedir a Niki o Yuu, he estado un mes en su casa; Ginta y Arimi están preparando su boda y Yayoi y Rokutanda esperan su primer hijo. Kei y Shuzu ya tienen bastantes problemas, para encima añadirles los míos y tú...- Meiko se le quedó mirando.- ¿Podrías venir tú?

- ¿Yo?.- se extrañó Miwa. Él no le había dado esa idea pensando en él.- Pues si tu me lo pides lo haré, pero, ¿qué pensarán los demás?

- Lo que piensen los demás me da lo mismo.- dijo Meiko, con decisión.- Los que me importan lo que piensen lo entenderán.

Miwa sonrió. No había cambiado, seguía siendo la misma Meiko de la que se había enamorado en el instituto.

- Está bien.- concedió Satoshi.- Iré a tu casa.

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