CAPÍTULO IV

- ¡Bienvenidos!.- dijo Michael con una gran sonrisa, mientras le cogía las maletas a Shuzu.- ¿Habeis tenido buen viaje?

Shuzu se puso a hablar amigablemente con Michael, mientras Keikum no decía ni una palabra. No, no habían tenido buen viaje: su vuelo se había retrasado casi dos horas, habían tenido turbulencias, la señora que se sentaba a su lado había vomitado, no había dejado de discutir con su novia y habían ido al otro extremo del mundo para que esta pasara un fin de semana en Hawaii con otro tío. No, definitivamente no habían tenido buen viaje, por lo menos por su parte.

Cuando llegaron a la casa de Michael An salió a recibirles, pero Keikum pudo notar que a ella le hacía tanta ilusión como a él el motivo por el que habían vuelto a verse.

Durante el día no hablaron del verdadero motivo de su visita y se limitaron a contarse sus vidas en ese mes, lo ocurrido en la boda (aunque en realidad no fue boda) de Ginta y Arimi, de su trabajo y del tiempo. No fue hasta bien entrada la noche que no se decidieron a hablar de lo ocurrido entre ellos en ese mes.

- Kei y yo no hemos dejado de discutir en todo este tiempo.- afirmó Shuzu y mandó callar a Kei cuando este intentó suavizar la rotunda afirmación.- Si no hacemos algo serio, no tendremos más remedio que acabar rompiendo. ¿Y cómo os ha ido a vosotros?

Michael suspiró, mientras An se iba de la habitación con la excusa de recoger los vasos y las tazas.

- Lo cierto es que tampoco nos ha ido muy bien.- reconoció Michael.- No tenemos nada en común, no nos gustan las mismas cosas. Yo necesito acción, aventura, emoción,... Ella muchas de esas cosas no puede hacerlas por su corazón, ¡y eso que ya está mucho mejor!. Prefiere quedarse en casa escuchando o interpretando música clásica. Ni siquiera tenemos en común las ideas políticas o filosóficas.

Kei maldijo para sus adentros. Si por lo menos a Michael y An les fueran bien las cosas no hubieran odido hacer el intercambio de parejas.

- Está claro que hay que hacer algo.- dijo Shuzu.- Creo que es hora de ir a Hawaii.

- Estoy de acuerdo.- dijo Michael.- Pero sugiero ir a distintos sitios, para no encontrarnos a nestras parejas. Además, tendremos que esperar dos o tres semanas, para que pueda dejar todo listo en el trabajo mientras esté fuera.

- Me parece bien.- dijo Shuzu.- Así yo también podré terminar con mis contratos y hablar con mi agente para tener ese fin de semana libre.

- ¿Es que An y yo no tenemos nada que decir al respecto?.- intervino Kei, por primera vez en bastante rato.- Yo no estoy de acuerdo con esto, me parece una locura y una estupidez.

- Querido, te recuerdo que la idea fue mia, acaso te parezco estúpida?-dijo Shuzu, dolida.

- Pues...

Antes de que Kei y Shuzu empezaran a tirarse los trastos a la cabeza, Michael intervino.

- No tiene por qué ocurrir nada.- dijo.- No tiene por qué haber sexo de por medio, si no quereis. Simplemente será estar un fin de semana con otra persona para aclarar nuestras ideas respecto a nuestra pareja actual.

- Sí, y yo voy y me creo que no va a haber sexo.- replicó Kei.

- Cada uno hará lo que quiera.- replicó Shuzu.- Si An y tú no quereis ir a Hawaii, allá vosotros, pero Michael y yo sí iremos.

Kei apretó los puños. Si ella iba, él no iba a ser menos.

- Muy bien.- murmuró entre dientes.- ¿Cuándo?

- El fin de semana después de la boda de Ginta y Arimi.- dijo Michael.


Meiko tuvo que esperar otras dos semanas antes de poder volver a su casa. Los padres de Miki y Yuu retrasaron unas semanas su vuelta, atrasando también el camping, pero por fin se habían ido y ya era hora de que ella se marchara también.

- ¿Estás segura?.- le preguntó Miki.- Sabes que puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

- Ya os he molestado bastante.- respondió Meiko.- Estaré bien, Miwa va estar conmigo para hacerme compañía.

Miki y Yuu se lanzaron una discreta mirada. Así que Miwa, ¿eh?

- Bueno, entonces te dejaré.- dijo Miki, sonriendo.- Pero si te hace falta algo, no dudes en llamar.

- Por supuesto.

- ¿Quieres que cuidemos de Miki-chan mientras te vas haciendo de nuevo a la casa?.- dijo Yuu, aunque en realidad no lo dijera por eso.

- No será necesario.- respondió Meiko.- Además, ahora que vuestros hermanos no están, debeis aprovechar.

Miki se sonrojó visiblemente, mientras Yuu se echó a reir.

- ¡Tienes razón! Creo que ya he olvidado cuándo fue la última vez que estuvimos solos.

Vieron partir el coche. Yuu abrazó a Miki, mientras entraban en la casa.

- ¿Crees que estará bien?.- le preguntó ella, preocupada.

- Por supuesto.- respondió Yuu.-Miwa cuidará de ella. Y tarde o temprano tenía que marcharse, volver a esa casa. No valía la pena retrasarlo más.

La abrazó con amor y empezó a besarla en el cuello. Miki se sonrojó. Después de tantos años juntos, todavía se ruborizaba al sentir los labios de Yuu. Este empezó acariciarle todo el cuerpo.

- Yuu...- dijo Miki, acariciándole la cabeza.- ¿Qué haces?

- Como antes he dicho, he olvidado cuándo fue la última vez que estuvimos solos.

- Pero, ¿aquí?

- ¿Qué tiene de malo?- respondió él.


De nuevo ante el altar. Ginta miraba, casi sin terminar de creérselo, cómo avanzaba Arimi hacia él, preciosa, vestida con un delicado vestido blanco. Por fin, por fin iban a contraer matrimonio.

La tomó del brazo y la miró a los ojos, emocionado. Estaba más bella que nunca. Ella le correspondió, casi con lágrimas en los ojos.

Caminaron juntos hasta ponerse enfrente del altar. El cura comenzó a hablar.

- Queridos hermanos, estamos aquí reunidos para unir en santo matrimonio a Arimi y a ...

- ¡GINTAAAAAAAA!

Al cura se le cayó la Biblia al suelo del susto y Arimi y Ginta pegaron un bote. Se giraron y vieron llegar a Rokutanda corriendo, con la cara desencajada.

- Ella... agua... Yayoi... roto...- balbuceaba.

- ¿Quieres tranquilizarte y decir de una vez qué te pasa?.- se enfadó Ginta.- Te recuerdo que estamos en una ceremonia sagrada.

Tsutomu tragó saliva y cerró los ojos, concentrándose en la respiración para calmarse, tal y como le había enseñado Yayoi.

- ¡YAYOI HA ROTO AGUAS Y VA HA TENER EL NIÑO AHORA!-gritó de pronto, fuera de si. Durante unos instantes todos le miraron alucinados, sin terminar de creerselo, hasta que oyeron hablar a Yayoi.

- Lamento interrumpir, pero ¿alguien tendría la bondad de llevarme al hospital?

Entonces todos empezaron a dar vueltas como locos.

- ¿Cómo van las contracciones?

- ¡VOY A SER PADRE!

- ¡Yo conduciré!

- ¡VOY A SER TÍO!

- ¡Tú tranquila, que enseguida llegamos al hospital!

- Así que de nuevo atraso la boda, ¿no?

Fueron en dos coches. En el primero iba Yayoi con Meiko y Arimi (que no sabía que hacer con los faldones), con Miwa conduciendo. En el segundo conducía Yuu, mientras Miki trataba en vano de tranquilizar a Ginta y a Rokutanda. En esta ocasión, el encargado de averiguar la nueva fecha para la boda fue Kei-kun, que a duras penas era capaz de aguantar la risa.

Cuando llegaron al hospital fue todo un espectáculo: una novia, una embarazada de parto, un marido en estado de histeria y un novio casi igual que el marido, además de los acompañantes.

Fue una niña. Rokutanda no se cansaba de mirarla, igual que Ginta. Arimi y los demás bromeaban, dicendo que les harían falta todas las fregonas de Japón para recoger todas las babas.

- ¿A que es igual que yo?.- dijo Rokutanda, lleno de orgullo.

- ¡Qué dices!- exclamó Ginta.- La niña ha tenido suerte y es clavada a su madre. ¡Valiente desgracia si no!

- Hoy no te haré caso en tus tonterías.- dijo Rokutanda.- Después de todo, yo soy padre, tú tío y te he fastidiado la boda, ¡jajajaja!

- ¡Es verdad, jajaja...ja...ja!.- Ginta dejó de reir al darse cuenta que, otra vez, se le había ido la boda al garete.- ¡Mierda!

En ese momento entró Kei y se acercó a Arimi y compañía.

- ¿Qué tal ha ido?.-preguntó.

- Bien, ha sido una niña preciosa.- dijo Meiko.

- ¿Qué ha dicho el cura?.-preguntó Arimi.

- Que tendreis que esperar otras dos semanas.

Arimi suspiró. Desde luego, lo suyo era mala suerte.


Cuando Meiko y Miwa llegaron a la casa ya era más de media noche. Se habían quedado todo el rato posible en el hospital con Yayoi y después habían llevado a Kei a su casa, para que no tomara un taxi.

- Menos mal que no he llamado a la niñera para que cuidara de Miki-chan.- dijo Meiko.- Le pedí a su abuela que se ocupara de ella hasta mañana.

- ¿Tanto esperabas que se retrasara la boda?.- le preguntó Miwa.

- No, lo que esperaba es que alguien acabara borracho y tuviéramos que llevarlo a su casa.

Rieron y fueron al salón, para tomarse una taza de té y relajarse un poco. Había sido una tarde muy ajetreada.

Estuvieron hablando hasta bien entrada la noche. Sin darse cuenta, habían acabado sentados en la alfombra, enfrente de la chimenea encendida. Miwa decidió no pensar en las similitudes que existían entre ellos y las películas románticas.

- Creo que será mejor que nos vayamos a dormir.- dijo Meiko, poniéndose en pie.

Miwa la sujetó por la muñeca.

- ¿Estás bien?.- le preguntó.

- ¿Por qué no iba a estarlo?

- Tal vez el parto de Yayoi te haya traido recuerdos...

-No, tranquilo, estoy bien.- dijo ella, liberándose dulcemente de su mano.- Buenas noches.

Miwa la siguió con mirada. Algo le decía que ella no había sido sincera, pero no quería agobiarla.

Él también se fue a su cuarto y se empezó a desvestir. Se tiró sobre la cama con la camisa desabrochada. Había sido una jornada dura, desde luego. Rokutanda había sido padre y a Ginta se le había echado a perder la boda de nuevo.

Ser padre... debía ser una experiencia maravillosa, sin duda. Hasta ese día él nunca se había preocupado por tener o dejar de tener hijos. Estaba considerado como uno de los solteros de oro del país, sin prisa por casarse.

En ese momento oyó un ruido. Se levantó y salió de su habitación, para averiguar la procedencia de ese ruido.

Llegó hasta el salón y allí encontró a Meiko, llorosa.

- Meiko...

Ella se volvió, sorprendida.

- Creí que dormías.- respondió ella.

- Estaba meditando sobre lo ocurrido hoy.- dijo él, sentándose a su lado.- Y veo que tú también.

Meiko desvió la mirada.

- Tenías razón.- murmuró.- Lo de hoy ha abierto las heridas.

Rompió a llora y se abrazó a Miwa.

- ¡Le echo tanto de menos!.- sollozó.

Miwa la abrazó con fuerza, intentando consolarla. Estuvieron así durante unos segundos, Meiko llorando y Miwa abrazándola.

Miwa no pudo contenerse más y empezó a besarla en el cuello, poco a poco, con delicadeza.

Meiko seguía llorando mientras él la besaba.

- Miwa...- murmuró ella.- Esto... no está bien..- dijo, mientras ella también empezaba a abrazarle.

- Entonces dime que pare y lo haré.- respondió él, sin dejar de besarla y recostándola en la cálida alfombra.

- Oh, Miwa...- murmuró ella, mientras empezaba a besarle.