CAPÍTULO V
Miwa se despertó al oir llamar a la puerta principal. Era el panadero. Se incorporó lentamente de la cama y recordó lo ocurrido la noche anterior: Meiko y él habían hecho el amor. Primero en el salón, en la alfombra, luego él la había subido a su dormitorio, no al principal, sino al suyo.
Se maldijo a si mismo. ¿Por qué demonios lo había hecho? Ahora su relación con Meiko se echaría a perder. Se había aprovechado de la situación, de su frágil estado y se había acostado con ella. Era despreciable. Tenía que haberse aguantado las ganas. Después de esto, no podía quedarse en esa casa, Meiko no estaría segura con un tipo como él allí. Pero lo peor es que la había fallado y se iba a volver a quedar sola. Había conseguido que su situación, ya de por si delicada, empeorara.
Se vistió y, armándose de valor, se decidió a bajar.
En la cocina estaba Meiko, leyendo el periódico. No sabía que decir.
- Buenos días.- dijo Meiko, en aparente calma.
Pero Miwa la conocía lo suficiente para saber que no era así.
- Buenos días.- respondió. Durante unos segundos permaneció en silencio, sopesando lo que debía decir.- Meiko, sobre lo de anoche yo quisiera...
- Fue culpa mía.- le interrumpió ella.
Miwa la miró sin comprender.
- Me aproveché de ti.- siguió Meiko.- Me sentía sola y te utilicé.
- Meiko, no estás siendo objetiva.- dijo Miwa.- Yo también tuve la culpa. Dos no lo hacen si uno no quiere.
- Pero me diste la oportunidad de parar y no lo hice.
Miwa se cayó, no muy seguro de haber parado si ella se lo hubiera pedido.
- Meiko.- dijo él por fin.- Creo que debes saber que yo todavía estoy enamorado de ti.
Esta vez fue Meiko la sorprendida.
- Durante todos estos años no ha habido día que no haya pensado en ti, envidiando a Namura por su privilegiada suerte. Yo deseaba que ocurriera lo de anoche... pero no de esta manera, no así. Yo quería esperar a que hubieras superado lo de Namura, no quería precipitar las cosas. Lo he estropeado todo.
Los dos permanecieron en silencio, sin saber qué decir.
- Yo... no sé si siento algo por ti, Miwa.- reconoció Meiko.- Ahora Namura no está y debo rehacer mi vida. Lo de anoche significó algo para mi, pero no sé si es amor hacia ti o es sólo el recuerdo de mi difunto esposo, el deseo de recordar lo que hubo entre ambos.
Miwa apretó los puños. Si tan sólo hubiera sido más paciente...
- No puedo asegurate nada en estos momentos, Miwa.- dijo Meiko, mirándolo a los ojos por primera vez en toda la mañana.- Necesito tiempo para reflexionar y olvidar.
Miwa la miró. Cómo deseaba volver a besarla.
- ¿Qué es lo que sugieres, pues?.- dijo por fin.
- Olvidemos lo ocurrido anoche.- dijo Meiko.- Al menos durante un tiempo, para que yo pueda poner en orden mis ideas. Es... demasiado pronto, lo siento.
- Lo entiendo.- dijo él, sonriendo, aunque era lo último que deseaba hacer.- Me iré en cuanto haga las maletas.
Meiko puso cara de preocupación.
- No tienes por qué irte.
- Meiko, si me quedo no te puedo asegurar que lo de anoche no se vaya a repetir.- dijo Miwa.- Te quiero y quiero estar contigo. Creí que sería capaz de contenerme, pero está comprobado que no, por lo que será mejor que esté en otra casa para evitar nuevos problemas.
- También fue culpa mía.- insistió Meiko.
- Pero yo fui el que empezó. No tengo disculpa.
- Necesito a alguien a mi lado.
Miwa sonrió.
- ¿Recuerdas tu primera novela, Meiko? ¿Recuerdas lo que te dije entonces? Tienes que tener más confianza en ti misma. Tienes más fuerza y más talento del que crees. En esa ocasión utilizaste tu talento: ahora ha llegado el turno de la fuerza.
Meiko le miró y sonrió, aunque las lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas.
- Gracias, Miwa.
- Bueno, espero que tengais un feliz fin de semana.- dijo Michael a Kei, con una gran sonrisa.- Disfrutad mucho.
Kei miró cómo Shuzu y Michael se subían en un taxi y se iban. No podía ser cierto lo que estaba ocurriendo. Miró de reojo a An, que también había seguido a la pareja con la mirada. A ella le hacía tanta gracia como a él.
- Bueno, será mejor que vayamos al hotel a dejar las maletas.- dijo Kei, no muy convencido de sus propias palabras. Lo que en realidad quería hacer era coger el primer avión con destino a Japón y volver a casa. Desde luego, estaba seguro de que iba a perder a Shuzu pero, por alguna razón, no le preocupaba demasiado, pero no le hacía ni pizca de gracia que fuera a pasar el fin de semana con Michael.- ¿Qué quieres hacer después?
An permaneció callada unos segundos.
- Pues podemos ir a dar una vuelta por la isla, para poder decir que al menos hemos visto algo y luego volver al hotel. La verdad es que no me apetece mucho salir.
Kei no pudo menos que alegrarse. A él tampoco le apetecía salir, pero la idea de An de dar una vuelta para poder decir "conozco la isla" le pareció estupenda.
Pasaron la tarde observando maravillados las vistas y algunos espectáculos para turistas y comprando algunos recuerdos para las amistades. Kei se quedó asombrado de lo comedida que era An a la hora de comprar.
- Pero, si te gusta, ¿por qué no lo compras?
- Porque no sirve para nada y no tengo donde ponerlo. Además, es la típica cosa que luego te arrepientes de haber comprado.
Shuzu siempre compraba primero y pensaba después (cuando él ya estaba cargando las bolsas) y no pudo menos que compadecerse del pobre Michael... si es que habían salido de la habitación del hotel.
Cuando terminaron el recorrido turístico volvieron al hotel y bajaron al salón a cenar. Shuzu, en vez de buscarles un hotel normal y corriente, con bailarinas hawaianas, les había buscado uno de cinco estrellas, con un gran salón ilimunado por una brillante araña de cristal, en el que tocaban música clásica para deleitar a los clientes durante la cena.
Bajaron a cenar y estuvieron hablando de sus parejas, de sus problemas y de cómo les había tratado la vida.
- ¿Cómo empezaste a salir con Shuzu?.- le preguntó An.
- Lo cierto es que me abordó ella.- reconoció Kei.- Solíamos coincidir en reuniones de amigos y yo muchas veces tocaba en fiestas a las que ella estaba invitada. Una noche en la que ambos habíamos bebido demasiado ella se me insinuó y yo, borracho y sintiendo cierta debilidad por ella, accedí. Pensé que, a la mañana siguiente, ella chillaría aterrada ante lo que había hecho, pero no fue así. Llevamos ya bastante tiempo juntos, pero creo que está llegando a su fin.
- ¿La quieres?
Kei permaneció unos segundos en silencio, haciendo girar el vino de su copa. ¿La quería? Antes estaba seguro de que así era, pero ahora...
- Creo que no.- reconoció al fin.- Me parece que nuestra relación estaba más basada en la atracción física que en el amor. Además, ella, aunque no me lo diga, siempre me ha estado comparando con Yuu... y supongo que yo a ella con Miki.
- ¿Lo has superado ya ?.
- Creo que si, pero no puedo evitar envidiar su relación. Es tan perfecta, se llevan tan bien...
- Te entiendo.- murmuró An.
- ¿Y tú? ¿Cómo empezaste a salir con Michael?
An sonrió.
- La verdad es que no lo sé. Íbamos con el mismo círculo de amigos, Ryan y los demás, y siempre coincidíamos. Como los demás eran parejas entonces siempre nos acababamos quedando los dos solos y... pasó lo que tenía que pasar.
Al terminar la cena Kei se levantó y se dirigió al pianista, al que pidió permiso para tocar un poco. Empezó la melodía que hacía años había compuesto para Miki. Se dejó llevar. Cuando tocaba el piano se relajaba totalmente, se dejaba llevar por la música y olvidaba todos sus problemas.
De pronto, un violín le acompañaba. Alzó la vista y vio a An, sonriente, tocando el violín a su lado. Kei sonrió. An era una chica estupenda.
- Pero, ¿le quieres?.- le preguntó Miki a Meiko, después de que esta le hubiera relatado lo ocurrido con Miwa.
Meiko se levantó y empezó a pasear lentamente por la habitación.
- No lo sé, Miki, ahí está el problema.- dijo Meiko.- Lo de anoche significó algo pero no estoy segura. No me puedo olvidar de Namura, pero tampoco puedo ignorar lo de anoche. Puede que deseara estar con Miwa, pero también es posible que lo hiciera sólo para recordar a mi marido.
Miki se levantó abrazó a su amiga.
- ¿Recuerdas lo que me dijiste hace años, cuando yo salía con Kei?
Meiko sonrió.
- Parece que todos os habeis puesto de acuerdo para que recuerde mis años de instituto.
- En esa ocasión reconociste que sentías algo por Miwa, pero que lo que sentías por Namura era más fuerte, por eso lo dejaste.- continuó Miki.
- Sí, es cierto.- reconoció Meiko.
- Puede que durante todos estos años hayas seguido amando a Miwa, pero como Namura estaba a tu lado, no te diste cuenta, pues él ocultaba tus sentimientos hacia Miwa.
- Suena un poco extraño, ¿no te parece?.- intentó bromear Meiko.
- Pero es una posibilidad.- insistió Miki.- Meiko, te conozco desde secundaria. Tú, por muy sola que estuvieras, nunca cometerías la estupidez de acostarte con un hombre por el que no sintieras nada.
Meiko desvió la mirada.
- Yo no estaría tan segura.
- Meiko, debes ordenar tus sentimientos. Si amas a Miwa, no te reprimas: Namura ya no está y tú debes seguir con tu vida. A él le hubiera parecido bien que consiguieras un nuevo amor. Y siempre le gustó Miwa... bueno, salvo cuando le pegó.
Meiko sonrió.
- Le arreó bien, ¿eh?
- Sí, ¡seguro que tenía madera de boxeador!.- rió Miki.- Pero debes pensar en ello.
- Es que ha pasado poco tiempo...
- ¡Nadie te está diciendo que te cases con él!... todavía.
Meiko decidió ignorar el último comentario.
-Mira,.- continuó Miki.- Puede que haya pasado poco tiempo desde que ocurrió el accidente, pero eso no quiere decir que haya pasado poco tiempo para que tú te recuperes. Es distinto para cada persona. Hay quien lo supera en pocos meses y hay quien no se recupera nunca. El que haya pasado poco tiempo y tú estés interesada en otro hombre no quiere decir que le quisieras poco. Tómate tu tiempo, no te precipites, pero no te cierres a Miwa. Él te quiere y lo sabes. Dale una oportunidad.
Meiko la miró, llorosa.
- Pero, ¿y Natsuu? ¿Qué pensará si empiezo a salir con otro hombre que no es su padre?
- Natsuu es muy pequeño, de modo que lo que tendría que hacer Miwa es ganárselo, igual que con Miki-chan. Tienes derecho a ser feliz, Meiko, no lo olvides.
