CAPÍTULO VI
Cuando Kei se despertó, encontró a An acostada junto a él. ¿Quién le iba a decir que, después de todo lo que se opuso a todo eso del intercambio de parejas, al final sería feliz?
Miró a An. Le parecía mil veces más hermosa de lo que pudiera ser lo Shuzu, tal vez porque su rostro iba acompañado de una inocencia y una dulzura que no poseía Shuzu. Sonrió. Sí, sin duda, si tenía que estar enamorado de una de ellas, era de An y no de Shuzu.
Tenían muchas cosas en común y además le gustaba su carácter. Sí, sin duda la prefería a ella. Pero, ¿le preferiría a él antes que a Michael? Habían pasado la noche juntos y ninguno estaba borracho, pero ¿lo habría hecho por despecho o por amor? En el pasado, Kei-kun ya ganó a Michael por el amor de Miki (aunque Yuu, a su vez, ganó a Miki).
Recordó esa noche, cuando Miki volvió con Yuu. An estuvo también allí, sufriendo igual que él al ver al amor de su vida con otra persona. Sí, sin duda tenían muchas cosas en común.
An se movió un poco y abrió los ojos. Se giró y le miró.
- Buenos días.- le dijo Kei, sonriendo dulcemente.
An le devolvió la sonrisa, pero con preocupación.
- ¿Sabes lo que hemos hecho?.- le dijo.
Kei la miró extrañado.
- Pues,... yo diría que sí. ¿Y tú?
An se sentó y le miró.
- ¿Pensabas en Shuzu?
- ¿Pensabas en Michael?
- Yo pregunté primero.
Kei volvió a sonreir y la besó dulcemente en los labios.
- No.- respondió.- Pensaba única y exclusivamente en ti, en cómo he podido tardar tanto en darme cuenta de tu presencia.
Ella se abrazó a él.
- Igual que yo.- dijo sonriendo.- Pero, ¿cómo se lo diremos a Michael y a Shuzu?
Kei meditó durante unos instantes, mientras acariciaba la suave piel de An.
- Bueno, la idea fue de ellos.- dijo.- Además, seguro que ellos dos también han hecho buenas migas. Hacen buena pareja.
An sonrió.
- Es verdad.
- Entonces, el lunes lo hablaremos y se lo diremos.- dijo Kei, besándola en la frente.- De momento, aprovechemos el tiempo que nos queda en Hawaii que Shuzu tan amablemente se ha ofrecido a pagar.
- De verdad Arimi.- refunfuñó Ginta.- Estoy que me subo por las paredes. ¿Cómo? ¿Cómo nos ha podido pasar, no una ni dos, sino tres veces que hayamos tenido que aplazar la boda?
Arimi le miraba cómo daba vueltas por toda la casa, enfadado. Entre que habían tenido que volver a aplazar la boda y los periodistas no le dejaban descansar, estaba de muy mal humor esos días.
- ¡Tendríamos que llevar dos meses casados y en vez de eso tenemos que esperar otras dos semanas para poder decir "hasta que la muerte nos separe"!
- Bueno, Ginta, no te pongas así.- intentó tranqulilizarle Arimi, aunque ella también se sentía terriblemente frustrada.- Yayoi no se puso de parto a propósito.
- Ya, y Namura no se murió intencionadamente, de modo que la culpa es de tu padre, por emborracharse.
Arimi suspiró. El comportamiento de su padre le iba acostar reproches por parte de Ginta toda su vida.
El joven tenista se sentó al lado de su prometida y le cogió las manos.
- Quiero que seas mi esposa.- dijo, mirándola a los ojos.- Quiero que estemos juntos,que seas la señora Suou y que...
- ¿Qué hagamos el amor?.- añadió Arimi, picarona.
Ginta notó cómo le subían los colores.
- ¿Qué?.- balbuceó.
- ¿Crees que no me he dado cuenta las ganas que tienes?.- continuó Arimi.- Me he dado cuenta y te agradezco de todo corazón que no me presiones.
Ginta seguía como un tomate.
- Ah, bueno, pues... de nada.
Arimi le abrazó. Ginta era como un niño grande.
- No te preocupes cariño.- le dijo al oido.- La próxima vez ya será la definitiva.
- Eso espero.- contestó Ginta.- Porque sino estoy dispuesto a hacer una locura.
Michael y Shuzu se miraban sin terminar de creer lo que acaban de oir. Desde luego, la idea había sido de ellos y entre ellos habían compenetrado perfectamente, pero no esperaban que fuera a ocurrir lo mismo con An y Keikum.
- Bueno...- dijo por fin Michael.- Me alegro de que vosotros también disfrutarais del fin de semana. ¿Qué va a pasar con nuestras relaciones anteriores?
Kei abrazó a An. No estaba dispuesto a cederla.
- No sé vosotros dos, pero mi relación con Shuzu terminó y, si An quiere, me gustaría empezar una con ella.
Shuzu se puso roja de rabia. No tenía ningún interés en seguir con Kei, prefería a Michael, que era más divertido y le gustaba más, pero le molestaba que Kei también quisiera dejarlo. Estaba acostumbrada a hacer sufrir a los hombres cuando cortaba una relación. ¿Qué tenía An que no tuviera ella?
- En ese caso, no hay más que hablar.- dijo Michael, con una sonrisa.- Os deseo lo mejor a los dos y que seais muy felices.
Kei y An sonrieron. Michael se lo decía de corazón. Miraron a Shuzu.
- Yo tampoco quiero seguir con Kei.- dijo la modelo.- Aunque... me molesta que él no quiera seguir conmigo, pero no voy a poner impedimentos a vuestra relación, como espero que vosotros no se la pongais a la nuestra.
Sonrieron. Todo había acabado bien.
- Ya os dije que lo del intercambio de parejas era una gran idea.- añadió Shuzu.
Ginta estaba enfrente de la enorme puerta de la iglesia cerrada a cal y canto. Arimi, vestida con su precioso vestido blanco, estaba a su lado. Llevaban más de dos horas esperando y el cura no aparecía. Hacía ya más de una hora que Miwa, Rokutanda y Yuu habían salido en busca del sacerdote.
- ¿Cómo nos puede estar pasando esto?.- decía Ginta, mientras se pasaba con nerviosismo las manos por el pelo.- Ya es la cuarta vez, ¡la cuarta!
Miki se sentó a su lado.
- Vamos, Ginta, no te pongas nervioso.- intentó tranquilizarle Miki.- Seguro que todo esto tiene una sencilla explicación.
Los invitados, una vez más, empezaron a marcharse y los periodistas murmuraban sobre un posible intento de llamar la atención en la prensa.
Seguían pasando las horas. Comenzó a anochecer. Arimi ya no se molestaba en contener las lágrimas y Yayoi y Meiko intentaban en vano consolarla, mientras Miki permanecía al lado de Ginta.
Miraron a los que, por causas varias, todavía estaban allí. Uno estaba comiendo, otro resolvía un crucigrama, otro dormía, otro escuchaba la radio... todos ellos eran periodistas. Sólo los mejores amigos de los novios y sus padres (qué remedio) estaban allí.
Hacía rato que Rokutanda y Miwa habían vuelto, sin haber encontrado ni rastro del cura. Sólo faltaba Yuu.
En ese momento se vieron las luces de un coche que se carecaba y se levantaron.
Yuu bajó apresuradamente y abrió la puerta trasera, dejando salir al cura.
- Lo siento, lo siento.- decía el cura.- Se me olvidó que hoy era vuestra boda, lo lamento de veras.
- Lo encontré en un mesón del pueblo de al lado.- explicó Yuu.- Estaba cenando con unos amigos.
- Me temo que ya es muy tarde para casaros.- dijo el cura.- Tedremos que aplazarla... dos semanas más.
Esto fue demasiado para Ginta.
- ¡QUEEEE!
Cegado por la rabia agarró el cuchillo del periodista que estaba comiendo y se lo puso en el cuello al cura.
- Ahora mismo vas a abrir la puerta, vamos a entrar todos y nos vas a casar como Dios manda, ¿entendido?
- Por Dios, hijo.- murmuró el cura, temblando.- Mira lo que estás haciendo.
- ¡Te he dicho que abras y nos cases de una puñetera vez!
El cura sacó las llaves del bolsillo y, temblando, abrió la puerta.
- Por favor ,Ginta, ¿qué haces?.- suplicaba Arimi.- No hagas ninguna locura, ¡que me voy a quedar viuda antes de haberme casado!
- Te dije que de hoy no pasaba, Arimi.- respondió Ginta, sin soltar el cuchillo.- ¡Y de hoy no pasa!
El cura, sudando, fue preparando todo. Los invitados que quedaban y los periodistas miraban entre aterrados y espectantes cómo iba a resolverse la situación en la que se encontraba.
- Que... queridos hermanos, estamos aquí reunidos para...- empezó el cura.
- ¡Déjate de leches y ve a la parte que nos importa!
- Esta bien...- dijo el cura.- Tú Ginta, ¿quieres a Arimi por legítima mujer hasta que la muerte os separe por la gloria de Dios?
- Sí.
- Y tú Arimi, ¿quieres a Ginta por legítimo esposo hasta que la muerte os separe por la gloria de Dios?*
- Sí, claro, a ver quien le dice ahora que no.
- Entonces yo os declaro marido y mujer, puedes besar a la novia.
Ginta soltó el cuchillo y abrazó a Arimi, besándola, mientras el cura se derrumbaba por el miedo que había pasado y los periodistas corrían a informar a sus editoriales.
Por fin, por fin se habían casado.
- Miwa, ¿puedo hablar contigo?.- dijo Meiko.
El joven la miró sorprendido. Qué rapidez.
Fueron a dar un paseo por el parque, caminando lentamente.
- He estado pensando en lo que siento por ti y por Namura.- dijo Meiko mirando el pequeño arroyo que pasaba por allí.
Miwa intentaba parecer tranquilo y no ansioso, que era en realidad como se encontraba.
- Amé muchísimo a Namura, como ya sabrás.- continuó Meiko.- Pero mi vida todavía continúa. Debo ser feliz, se lo debo a mis hijos y me lo debo a mi misma.
Se detuvo y tiró una piedra al agua.
- Cuando estábamos en el instituto yo también sentía algo por ti, pero lo que sentía por Namura eclipsó cualquier otro sentimiento,... que fue lo que pasó todos estos años. Ahora que Namura no está y no va a volver, esos sentimientos volvieron a salir a la luz... y tuve miedo. Tenía miedo de deshonrar la memoria de mi marido, de no saber respetar su memoria. Pero ahora sé que él hubiera deseado esto para mi.
- ¿Qué estas diciendo, Meiko?.- dijo Miwa, sin terminar de creer lo que decía la joven.
- Que te quiero, Miwa.- dijo ella, girándose y abrazándolo.- Te quiero y quiero estar contigo... pero debes tener un poco de paciencia conmigo, pues todavía no he podido olvidar del todo a Namura.
Miwa le levantó la cabeza y la miró a los ojos.
- Te esperaría hasta el fin del mundo.- dijo, y después la besó.
Habían pasado un par de meses desde la boda de Ginta y Arimi y de nuevo estaban todos reunidos, pero en esta ocasión era para la inauguración de la tienda de decoración de Miki.
Miki abrazó a Yuu, sin terminar de creer tanta felicidad. Miró a sus amigos. Ellos también eran felices: Yayoi y Rokutanda con su pequeña hija Minami, Ginta y Arimi locos el uno por el otro, Meiko y Miwa guardando las apariencias en públicos, pero ansiosos por besarse. Miwa en ese momento jugeteaba con Natsuu y Miki-chan, mientras Arimi-chan y Kei-chan robaban pastelitos de la mesa. También habían logrado la felicidad Kei-kun y An y Michael y Shuzu.
Todo era perfecto. Pero faltaba una cosa.
- Chicos, tenemos algo que anunciar.- dijo Miki, abrazando a Yuu.- Yuu y yo... vamos a tener un hijo.
Sí, definitivamente su felicidad era completa.
