Hola a todos c:
Quise salir de mi zona de confort, escribiendo algo que no fuese de One Piece.
Este es un one-shot que se me ocurrió al escuchar la canción "El 7 de septiembre" del grupo musical Mecano.
Esta historia se puede considerar tanto en un universo alterno, como en el universo canon de la serie de My Hero Academia, quise escribirlo de una manera en el que el contexto pudiera ser lo más neutral posible.
Muchas gracias de antemano por leer.
El 7 de Septiembre.
Era un día especial en la vida de Enji Todoroki, nunca podría olvidar esta fecha…
Habían pasado ya muchos años desde que ese día pasó a convertirse en una ocasión única en medio de tantos días del calendario.
El hombre no podía apartar su par de iris color azul de una carta que sostenía entre sus manos; era una vieja carta escrita por quien fue su esposa alguna vez.
No dejaba de observar cada palabra plasmada en aquel papel, la letra era minuciosa, elegante y reflejaba el estilo de su creadora.
Hacía tiempo que ya habían roto sus lazos como marido y mujer…
Pero, después de años de separación, aun perduraba una peculiar costumbre entre ellos.
El teléfono de Enji comenzó a sonar, anunciado una alarma.
Guardando la carta con cuidado dentro de una pequeña caja (que contenía distintos objetos que albergaban memorias y significados muy especiales para él) prosiguió a cambiarse de ropa.
Un par de minutos después, Enji Todoroki vestía un elegante traje de color gris con una discreta camisa color oscuro por debajo.
Antes de salir de su habitación tomo un pequeño sobre que estaba sobre su mesita de noche; era una carta que él había escrito durante los últimos días, especialmente para esta ocasión.
Ya era hora de salir de su hogar e ir a su encuentro con ella…
Era el día de volver a ver la tranquila mirada de Rei.
—Buenas noches, señor Todoroki—saludo un joven anfitrión del restaurante en donde todos los años llevaban a cabo su reunión especial.
La misma mesa de siempre, en el mismo salón reservado, alejado de la zona común para comensales, el mismo lugar que los había visto encontrarse cada año.
Un ramo de flores azules yacía en las fuertes manos de Enji, eran las flores preferidas de...
—Rei…—musito el hombre al verla llegar.
Ella le sonrió, una suave y melancólica sonrisa, acompañada de una cálida mirada, los ojos oscuros de Rei siempre le habían inspirado ternura y confianza.
—Enji…
—Rei… Yo… Buenas noches… ¿Estás bien?—balbuceo Enji Todoroki, adelantándose a Rei para cederle el asiento, dejando el ramo de flores sobre la mesa. Era imposible para Enji no sentirse algo torpe en presencia de Rei; a pesar de conocerla desde hace mucho tiempo. Habían compartido tantas cosas, experiencias, momentos…
—Estoy bien. ¿Y tú? ¿Qué tal estuvo tu día?—pregunto Rei amablemente mientras tomaba su lugar.
Rei vestía un sencillo vestido de color azul pálido, Enji estuvo absorto viéndola fijamente durante unos segundos.
—Estoy bien…—respondió el hombre mientras se aclaraba la garganta—. Todo normal, la misma carga de trabajo que suelo tener… ¿Tuviste algún problema al venir aquí?—realmente era difícil romper el hielo en cada ocasión donde se reunía con Rei, pero prefería pasar por aquella incomoda sensación que dejar pasar la oportunidad de reunirse con ella una vez más.
—No… ¿Y tú?
—No.
—Que flores tan hermosas. Nunca dejaré de asombrarme del cómo puedes conseguir un ramo tan frondoso y bello—comento Rei con una voz jovial.
Enji quería sonreír, oír tales palabras de su antigua esposa le hacía sentir tan bien, sabía que eran un detalle que no debía de faltar en esas reuniones, era su flor favorita del mundo, pero el hombre no pudo hacerlo, algo en su interior aún le impedía sonreír con plena libertad…
La cena transcurrió, Rei y Enji compartieron una charla construida a base todas las noticias que involucraban a sus hijos; era el tema más importante que tenían por discutir y el que lograba romper el ambiente de tensión que siempre existía al principio de la reunión.
—Me alegra que todos estén bien…—dijo Enji, esbozando por primera vez en la velada, una tenue y algo triste sonrisa—. Es maravilloso.
—Enji…
— ¿Si?
—Antes de venir aquí, estuve hablando con Fuyumi, ella estaba muy alegre por ti y por mí, ella realmente celebra este día—declaro Rei sonriendo con un toque de nostalgia.
—Parece que sí… También hable con ella hace días. Igualmente lo noté, estaba muy entusiasmada por que llegara este día—admitió Enji, esforzándose por tratar de sacar el pequeño sobre del interior de su saco.
No dijeron nada por un par de minutos, el único sonido que reinaba en aquella estancia era el de la sutil música de fondo que proporcionaba el restaurante. Enji no había podido ver directamente a los ojos de Rei, era demasiado difícil… No se sentía digno de ello…
—Rei… Antes de que esto termine, quiero darte esto—dijo finalmente el hombre, armándose de valor, mientras tomaba la carta y se la brindaba a Rei, con una expresión muy seria que pretendía esconder su nerviosismo.
La mujer tomó el sobre con expresión algo sorprendida, nunca antes había recibido una carta de ese estilo por parte de su ex esposo.
Los ojos azules de Enji buscaron los ojos oscuros de Rei, y por primera vez en la noche, se encontraron y aquellas miradas se observaron fijamente, grabando en su memoria las reacciones de aquel con quien habían compartido años y experiencias de sus vidas.
Era un extraño sentimiento… Su historia había acabado, pero aún había algo importante, un vínculo profundo que nunca podría desaparecer…
—Creo que ya es hora de que me retire—anunció Enji con voz serena, el haberle dado aquella carta a Rei era un enorme alivio. El hombre se puso de pie y se dirigió hacia la puerta de salida—. Aprecio mucho que aceptaras venir una vez más…
—Es algo que siempre atesoraré, Enji.
El corazón de Enji Todoroki sintió un sobresaltó, las palabras de Rei eran genuinas, tan amables y puras; era una persona con un corazón hermoso y una nobleza increíble, era tan afortunado haber conocido a alguien como ella…
Sintió un nudo en la garganta y pronto se esforzó para tranquilizarse.
—Por favor, saluda a los chicos de mi parte. Aunque entiendo que probablemente no querrán escuchar nada que provenga de mí…
—Descuida, ellos realmente te quieren, en serio—le aseguró Rei con una completa y tranquila convicción. La mujer de cabello blanco se levantó de su asiento, también parecía estar lista para retirarse del lugar.
Enji sonrió una vez más, una melancólica y muy tenue sonrisa.
—Quisiera poder verlos pronto…—confeso Enji con voz débil, llevando su mirada hacia el piso, sintiendo una gran vergüenza y frustración en su interior. Era más que comprensible que sus hijos no quisieran verle con frecuencia, después de las fallas que había cometido hacia la familia y todos los problemas que vinieron con ello, aun no podían sentirse completamente cómodos cerca de él.
Rei se acercó a él, gesto que desconcertó en gran medida a Enji, nunca antes en una reunión se habían aproximado al uno al otro de esa forma.
Un cálido abrazo se concretó… Los fuertes brazos de Enji envolvieron la delicada figura de Rei.
¿Cuántos años habrían pasado desde la última vez en que ambos compartieron un gesto tan tierno y sencillo como ese?
Pronto, los ojos de Enji Todoroki se cerraron y dejaron fluir lágrimas, mientras seguía abrazando a Rei, cuyo semblante era de total paz…
—Cuídate mucho, Enji—dijo Rei sonriéndole con ternura, separándose de la gran y fuerte figura de aquel hombre pelirrojo. Nunca antes había presenciado a ese hombre derramar un par de lágrimas; un suceso invaluable.
—Tú también...—respondió Enji, recobrando su tranquilidad y tomando un gran respiro—. Cuida de todos, por favor… Si tienen algún problema con lo que sea, sabes que cuentan con mi ayuda…
—Lo sé, lo sabemos.
—Buenas noches, Rei…
—Buenas noches, Enji.
Y finalmente Enji Todoroki salió de aquel salón, sintiendo como si hubiese pasado por una tormenta, su corazón palpitaba con rapidez y ahora podía notar que una ligera capa de sudor había cubierto su rostro, además del rastro que dejaron las lágrimas que derramó.
Para cuando llego a casa, fue rápidamente hacia su habitación, dispuesto a admirar algunas de sus posesiones más valiosas; la carta de Rei, fotografías de sus hijos, una de las pocas fotografías familiares…
Y a la distancia, Rei también hacía lo mismo desde su hogar, la mujer se había retirado a su habitación después de charlar con su hija y dar un breve resumen del cómo había sido aquella velada.
Contemplo por varios minutos una vieja fotografía familiar.
Quería leer la carta de Enji… La abrió con mucho cuidado y comenzó a observar el texto escrito de la propia mano de Enji. Era una letra pulcra y con trazos muy rectilíneos, reflejaba bien la personalidad de aquel hombre.
La primera parte del texto eran remembranzas de familia, que eran muy pocas y lejanas, pero que Enji realmente valoraba. Cuanto Enji extrañaba a sus hijos; como le alegraba enterarse de cada mínimo detalle del avance que hacían en sus vidas; sobre como ellos eran su principal motor para vivir, como ellos le inspiraban una increíble fuerza y valor para seguir en su día a día, como sus hijos le recordaban la realidad y lo hacían sentirse vivo; sobre como en los momentos de soledad profunda y en el trance más oscuro, la simple imagen de ellos le hacía recobrar la llama de su fuerza de voluntad.
Después el difícil y amargo pasaje de los errores que Enji había cometido, el daño que había hecho, las terribles penas y la tormentosa culpa que persistía dentro de él en las noches llenas de angustia y recuerdos espantosos; cada día era una lucha y una conquista sobre sí mismo, para continuar en el camino hacia la expiación que aún seguía construyendo hasta el día de hoy.
Siguió un denso manifiesto sobre el tremendo agradecimiento que sentía hacia ella, por su consideración, la enorme bondad, sinceridad y clemencia que le había brindado en los últimos años.
Rei se había convertido en algo más que su antigua esposa… Era alguien a quien podía abrir su corazón y revelar los detalles de su alma, una de las personas más valiosas en su vida.
Y al final de la misiva rezaba una ambigua frase:
"Que aunque empeñado en soplar, hay llamas que ni con el mar…"
