¡Hola! Aquí estoy de nuevo con otro capítulo, espero que lo disfruten.

Como ya saben esta es una adaptación la historia original pertenece a Lynne Graham y que todos los créditos son total y exclusivamente de ella.

Disclaimer: los personajes y la historia son propiedad de su respectivo creador

Advertencias: los personajes contienen Ooc, lemon.

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CAPÍTULO III

De súbito, despierta y consiente que estaba sumisa en los brazos de Viktor, Mione se separó de él y lo abofeteo con fuerzas antes de correr hacia la puerta del edificio donde vivía. Subió corriendo las estrechas escaleras, llegando al último piso en tiempo record. Puso la llave en la cerradura, después de haber tenido dificultad en encontrarla en la cartera.

Sólo percibió que Krum estaba justo detrás de ella cuando abrió la puerta.

— ¡Vete! —gritó intentando cerrar la puerta, cuando estuvo dentro.

Viktor impidió que la castaña cerrase la puerta en su cara

Za Bozhiyata lyubov. —él miraba el pequeño y claustrofóbico apartamento, desnudo como una celda.

— No te quiero aquí —ella dijo.

El ojionix solo frunció el ceño antes de hacerla a un lado y entrar.

El espacio era mínimo. Había una cama; una pequeña mesa contra la pared, con una cocina portátil de dos hornillas encima; y del lado opuesto otra mesa.

Él examinó todo con mirar de desagrado.

— Es limpio. No vas a encontrar ningún insecto aquí. —Mione estaba terriblemente avergonzada, pero luchaba para ocultarlo. — Tal vez quieras hacer una búsqueda a fin de ver si encuentra el producto del robo del cual me acusas. —

— Te apoderraste de un de millón de Libras en operraciones en la Bolsa de Valorres, imagino que hayas escondido todo en algún lugar segurro. ¿Tal vez dónde pasas tus fines de semana? —el azabache la observaba fijamente, a fin de no perder cualquier cambio de expresión.

— ¡¿Un de un millón de libras ?! —ella repitió a modo de pregunta retórica. — ¿y crees que viviría aquí, como un pájaro enjaulado, si tuviese todo ese dinero? —

— Sería una locura de tu parte aparrentar riqueza, pero, esto... frrancamente. —Viktor lanzó una mirada alrededor y frunció las cejas. — tu salario en Earth Concern podía ser bajo, pero crreo que podrías vivir un poco mejorr. —

— Puedo tener gastos que desconoces. —ni bien hablo se arrepintió — un millón de libras...—Hermione susurró, tentada a sonreír sardónicamente al imaginar cómo sus últimos años habrían sido diferentes si hubiese tenido acceso a por lo menos una migaja de esa cantidad.

— ¿Qué hiciste con el dinerro? —Krum insistía.

— ¡Nunca tuve tu maldito dinero en mis manos, santo dios! —la castaña protestó, irritada por tener que probar su inocencia a una persona que se rehusaba a oírla.

— Depositaste cincuenta mil libras en tu cuenta corriente. ¿Qué hiciste con el resto? —

Cincuenta mil.

Mione recordó algo.

Un mes después de haber sido despedida de Industrias Krum, quedó atónita al recibir el extracto de su cuenta bancaria informando sobre el depósito de la citada cantidad. Fue inmediatamente al banco para declarar que hubo una equivocación, y que el dinero depositado en su cuenta no le pertenecía. Increíblemente, en el banco, no se interesaron por el caso, afirmando que no hubo error alguno

Algunos días más tarde Mione se preguntó si Viktor había depositado el dinero como forma de calmar su conciencia, después del modo brutal como la trato. Pero luego concluyo que era imposible, la rabia se había apoderado de ella en aquel momento pensando que seguramente lo hizo para no deberle nada, la había tratado como si de una prostituta se tratara.

Furica con todo esto, le llevó semanas persuadir al gerente del banco de la necesidad de que fuese retirado ese dinero de su cuenta.

— Pero... ¿cómo supiste que tenía la mencionada cantidad en mi cuenta corriente? —

— Poseo mis prropios métodos. Y ahorra, ¿confiesas tu culpa? —

Hermione se quemaba de odio.

Era demasiada coincidencia.

Alguien preparó todo aquello.

Pero, ¿quién? ¿Y cómo podría descubrir y probar su inocencia?

Por cierto, el banco tendría condiciones de saber quién transfiriera los cincuenta mil libras de una cuenta a la otra. Pero no discutiría el asunto con Viktor. Sin duda él diría que, por miedo a la investigación, ella transfirió el dinero en un intento de esconder su deshonestidad

— Sólo trrabajaste con Ludo recientemente, ¿qué hiciste antes? ¿Viajaste? ¿te diverrtiste en fiestas? —

No hubo fiestas en su vida en los últimos años.

A pesar de las protestas de su amiga, vivió prácticamente sola. Haciendo algunos trabajos esporádicos, con los cuales ganó algún dinero, pero no el suficiente para vivir con Marión en Londres.

En fin, no tuvo mucha elección.

Sería pedir ayuda a Viktor declarando que él tenía una hija, o recurrir a Ginny y Harry.

Entre ambas opciones, la familia ganó.

En verdad, Mione preferiría dormir en un banco de plaza a decirle al búlgaro que tenía una hija. Un hombre que la despidió de su empleo a la mañana siguiente de la noche en que pasaron juntos, no merecía ser padre.

— ¿Y las fiestas? —el azabache insistió. — ¿te pasabas la vida yendo a fiestas? —

La castaña tiró la cabeza para atrás, y mintió: — ¿Por qué no?

— ¿Con quién? —él preguntó, encogiendo sus facciones.

Mione se divertía con la rabia de él. Si, Viktor la deseaba, la encontraba atractiva. Y ella, a pesar de odiarlo, vibraba cuando la tocaba. Él era un hombre terriblemente sensual.

— Te prregunté ¿con quién? —insistió.

— ¿Y qué te importa con quién salía? —

— Quierro saber. Y quiero saberr también donde has ido los fines de semana durante los últimos años. —

— ¿Acaso te prregunté lo que has hecho en los últimos fines de semana? —la castaña se sorprendió oyendo su propia voz hacer la pregunta.

— Yo pregunté prrimero —él retrucó. — ¿con cuántos hombrres saliste? —

—Y tu ¿con cuántas mujeres saliste? —

— Los fines de semana, ¿con quién te la pasas? ¿Con quién? —

La castaña pensó luego en la cantidad de días que pasó en la compañía del padrino de Harry, un hombre que conocía desde los trece años. Sirius Black era un agradable señor bastante habilidoso que compartía su inmensa mansión con su ahijado Harry y su esposa Ginny. Y tenía siempre mucho cuidado para no interferir en la vida privada de la pareja.

— Con un hombre mucho mayor que tú, Viktor. —

— ¿Casado? —

—No, no lo es. —

— Ese hombre se quierre casar contigo —el azabache rumió.

— ¿Casar? ¡Oh, no! —

— Perro tú vas a su casa todos los fines de semana... y te quedas con él allá. —

— Cierto —dijo sin entrar en detalles, y Krum profirió una blasfemia.

— Si no querías saber la verdad, ¿por qué preguntaste? —Mione respondió, satisfecha por no haber tenido que mentir. Al final, pasaba horas con Sirius.

Tuvo alguna esperanza que Viktor la dejase en paz después de eso. Pero, furioso, él preguntó: — ¿Fue ese el hombrre que te dio el vestido que usaste anoche? —

— ¡Lo fue! —en fin, Harry trabajaba para su padrino, y todo lo que Ginny poseía venía indirectamente de él.

— Con cerrteza ya habías gastado todo tu dinerro —dijo de nuevo sin dar el brazo a torcer.

— Sobró algo —Mione mintió.

Dios, aquel diálogo estaba poniéndose cómico, ella pensó maliciosamente, divergiéndose con los celos de Viktor.

— Sin la menor verrgüenza me dices que erres una... —

— ¿Mujer de dudosa moral? —Hermione se anticipó.

— Las actividades que confiesas están muy próximas a la prostitución —el ojionix la condenó con crueldad. — ¿y Bagman? ¿está en esto? —

La castaña quedo pálida

Viktor se portaba de manera absolutamente cruel.

— ¡No! —

Bogoroditsa... Dios tenga piedad de él, ya no vas a tenerr contacto alguno con Bagman de aquí en adelante. Ni me ofenderrás más refirriéndote a tus relaciones de ese tipo que si quiera hayas tenido. —

La conversación ahora se tornaba violenta, reflexionó Mione quien se estaba aterrando.

— Yo... —

— Ni una palabrra más —el búlgaro la interrumpió.

—Dios, ¿por qué me contaste todo esto? ¿no podías haberr mentido? —él maldijo en búlgaro y la mujer de ojos caramelos dio un paso atrás. — no, es mejorr que sepa la verrdad. —

— Yo creo que es mejor que te vayas ya. —ella le apuntó la puerta.

— ¿Porr qué? ¿justamente ahorra que me vas a informar el prrecio de tu trrabajo? —

Sin entender lo que Viktor quería decir, Hermione indagó: — ¿Qué precio? —

— Estoy dispuesto a pagarr cualquier prrecio para tenerte en mi cama—

La castaña se mordió el labio, y balbuceó: — Yo... —

—Tú declarraste, sin la más mínima verrgüenza, que... —Krum evitó decir una palabra ofensiva. — sabes cómo te deseo. Di tu prrecio. —

Hermione casi se ahogó con el esfuerzo de tragar, Viktor creía que ella era una mujer promiscua, que tenía un amante fuera de Londres. Que tenía amantes, no sólo uno. Creyó que él la estrangularía. Pero, de un momento a otro, se dio cuenta que, en vez de asesinarla, el ojionix resolvía negociar sus favores en la cama.

Se quedó perpleja. ¿Viktor la desearía tanto así? ¡Estaba siendo tan cruel esa noche! Por primera vez lo veía descontrolado.

Involuntariamente quedó fascinada por las emociones vibrantes de él, luchaba entre el deseo de matarla y el deseo de...

¡Oh!

— No soy un tipo —Mione susurró, sólo para atormentarlo.

— Algún día, de una forrma u otra, tal vez cuando yo haya saciado este deseo obsceno de tu cuerpo, te sacarré de mi cabeza, de mi sangrre. —él dijo con voz solemne, como si estuviese haciendo un juramento sobre la Biblia. — Entonces, te castigarré por esta negociación inmunda que me reduce al nivel de un animal. —

Con la boca seca, creyendo que imprudentemente desencadenara mucho más de lo que podría manejar con aquel temperamento nórdico, la castaña fijo sus ojos caramelos en la ventana y se quedó mirando a través de esta, no confiando en sí misma, mucho menos en él, pues sentía la llama de la pasión vibrando en el aire, entre los dos.

— Viktor... yo no quise decir... —

— Y pensar que podrría haberme librrado de todo esto... —él murmuró. — el primer día que hablé contigo en la fatídica entrrevista, ¡creí que no deberría contratarr una mujer que deseaba desnudar y meter en la cama más prróxima! Conduje una entrrevista que considerré una verdadera pesadilla... y tú aguantaste todo estoicamente. —

— ¿Intentabas asustarme? —Mione preguntó, pasmada.

— Fui un tonto. Te di el empleo—

La castaña estaba cada vez más perpleja

Viktor se había interesado en ella desde el principio, aún que sin demostrarlo claramente. Jugaba a esperar, entreteniéndose con la perspectiva de que un día Mione se rendiría, sin restricciones.

Y ella fue tan ingenua como un corderito, que cayó en la boca del lobo. Se preguntó muchas veces por qué Viktor no había tomado precauciones la noche en que Marion fue concebida. Considerándose que era un hombre mucho más experimentado que ella, quien se entregó después del primero beso, aún se sorprendía por la falta de consideración del azabache a las consecuencias que podrían presentarse.

Pero sólo en aquel instante se le ocurría que, en lo referente a Marión, no lamentaba nada de lo que pasó.

No podía imaginar su vida sin su hija.

— Ahorra, al menos, ¡sé bien con qué tipo de mujerr estoy lidiando! —declaró Krum con furia.

De súbito, Hermione percibió que Viktor estaba tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo.

Ella ya se pegaba a la mesa, intentando evitarlo, y protestó: — Tú no sabes nada de mí. —

— Tú me enciendes, ¿qué más prreciso saber? —

De forma improvisa la castaña sintió que sus senos estaban rígidos, un calor le recorría los miembros. Pero ella luchaba con todas sus fuerzas contra sus emociones.

— Ni siquiera te gusto. Me llamaste ladrona y traidora —susurró. — cómo puedes aún me... —

— ¿Desearte? Si. La libido es un apetito, mila. Cuando estoy cansado, duermo. Cuando siento hambre, como. Cuando... —

—Cállate, cállate y déjame en paz. —la joven mujer de ojos caramelos comenzó a temblar, como si estuviese sujeta a una fuerza magnética. — ¡No se te ocurra tocarme!—

— ¿Tienes miedo de esto...? —con la punta del dedo, el búlgaro recorrió la línea del escote de la blusa, dejando un rastro de fuego por donde pasaba. La sangre en las venas de ella parecía entrar en ebullición. — ¿No es esta un interresante descubrrimiento? —Viktor murmuró. — Al final tú tienes, como todo el mundo, un talón de Aquiles, mila. Tu cerebrro no puede contrrolar aquello que te hago sentir, y que, naturralmente, te asusta—

— No... —

— ¿No qué? —con un movimiento indolente el azabache colocó las manos en las caderas de Mione y la levantó poniéndola en la mesa. — ¿No quierres que te toque porque tienes miedo que descubrra que estás desesperrada por mis carricias? ¿no quierres que te toque porque puedes entrregarte a mí a cambio de nada? —él le decía con marcado acento comprimiendo cada una de sus palabras. — Te entregaras, lo jurro. Y, en mi caso, no habrrá prrecio.—

— ¡Ponme en el piso! —Hermione gritó

Viktor la besó.

La besó y sintió el corazón de ella acelerarse. La besó hasta oírla gemir como un animal que sufría el dolor del amor.

Mione se sentía débil, como una víctima de un accidente, aún trémula con el impacto.

Dedos anchos comenzaron a desabotonar su blusa. Horrorizada, ella agarró la mano, en un intento de impedirlo

— ¡No! —pidió.

— Tú erres mía —él susurró, subiendo sus manos por la cintura de ella.

Hacía tanto tiempo que la castaña no sentía ese tornado de emociones, que sus dientes se apretaron por el placentero dolor de la excitación.

Sin que pudiera notarlo el búlgaro casi la desnudó por completo, descubriendo curvas deliciosas que Mione intentaba esconder.

Con un gemido áspero y sensual, él le acarició las puntas de sus pechos con dedos firmes, observando con satisfacción el resultado de sus caricias.

—Uhmm no…—De ojos cerrados, ella gemía, luchando para controlar su reacción de placer evidente. — no.. no... —

— Que extrraño... Tu cuerpo me atrrae a pesar de saberr que tu corrazón es materrialista —Krum murmuró ignorando sus intentos de negación, jugando con los senos rígidos. Ejecutaba movimientos eróticos usando los pulgares.

A un momento dado ella sintió un aire frío recorrerla, ¡Estaba desnuda! y él también se desnudaba.

Entonces Hermione recordó el pasado.

Pasado y presente se mezclaban indistintamente, haciéndola olvidarse de todo.

Como si estuviese en un trance hipnótico, se zambulló en las profundidades de los ojos de Viktor, y se entregó sin restricciones.

— ¡Erres tan linda! —él balbuceó.

Hermione quiso retribuir el elogio, pero su voz no salió. Se limitó a levantar la mano y rozar la piel caliente del duro y trabajado tórax.

— Viktor... —fue un gemido de completa rendición.

Se estremeció cuando él comenzó a deslizar los labios desde su cuello bajando por el valle de sus pechos descendiendo por su abdomen, un temblor la recorrió cuando le separó los muslos y exploró con los labios el calor y la humedad de su bajo vientre.

—Hmmjmp—gimió ahogada acariciándole el negro cabello.

Mientras le besaba sus pliegues de forma tan íntima, emitió un gemido ronco de excitación que se hizo eco al gemido de ella.

Krum la tomo por los muslos moviéndola hasta la cama, besándola con locura como si con eso confirmase su posesión total.

Cuando estuvo ahí con ella la envolvió enseguida con brazos firmes mientras arrastraba sus labios por todo su cuerpo haciéndola sentir húmeda y caliente.

¡O, Bozhe moi! tu vas a ser mi muerte—le dijo acariciándole la cara para luego resbalar su boca y comenzar a mordisquearle lentamente la cima de sus pequeños senos

—Uhmm ah…—exclamo ella como un gato que maullaba

Un grito quedo ahogado en su garganta cuando resueltamente él entró.

Hubo un momento de dolor que la hizo morderse el labio y sentir el gusto de la sangre, Viktor murmuró cualquier cosa en búlgaro y la sensación que la dominó fue tan violenta que la hizo gemir, por el choque de placer.

Pero azabache la penetró de nuevo, en el lugar que consideraba solamente suyo.

Mione lo abrazó, en un acto de aceptación, y permitió que él le enseñase una vez más el ritmo primitivo del amor.

—Oh mi Di..oh —ella gimoteaba, mientras él se movía sosteniéndola por los piernas

Las arremetidas fueron haciéndose espaciosamente cada vez más fuertes hasta que alcanzó el clímax en una explosión de placer, susurrando su nombre con ojos llenos de lágrimas.

El búlgaro lentamente escurrió su cuerpo para un lado, en el espacio que sobraba de la pequeña cama; con uno de los brazos apretaba el cuerpo de Hermione contra el suyo, caliente y húmedo de sudor.

Muy lentamente fue bajando la mano hasta el vientre de ella, y paró de repente al contacto con una cicatriz.

— ¿Qué prroblema te causó eso? — preguntó, tenso. Él ya examinaba el lugar con ojos atentos, mientras Mione buscaba algo para cubrir su desnudez que ahora, ella más alerta, comenzaba a incomodarla. — ¿Fuiste operrada? ¿Una cirugía grrande? —Krum indagó de nuevo.

— No, apenas un pequeño problema femenino —Mione mintió. — La cicatriz da la impresión de que la cosa fue peor. —

— ¿Qué te pasó? —él insistía.

— Ya te dije, un insignificante problema femenino. —

— No me está parreciendo insignificante... —

—Pero lo fue, y siento mucho el hecho que encuentres mi cicatriz tan desagradable. —

— Sabes que no fue eso lo que quise decir, pero quedé perrturbado. Y, si fue el resultado de un prroblema insignificante, debes haber consultado un cirrujano de quinta categorría.—

Viktor saltó de la cama, y la castaña se puso a pensar en el día del nacimiento de Marion.

Después de largas horas de sufrimiento, fue necesario que se sometiese a una cesárea. Pero recordaba, por encima de todo, la sensación de abandono que sufrió en el hospital. Todas las otras mujeres de la enfermería tenían consigo a sus maridos o novios visitándolas.

Y Hermione se sintiera mortificada por la compasión que causaba a todos, visitantes y enfermeras.

Por eso prefirió decir que su marido había muerto en vez de confesar que su bebé era el resultado de una noche de amor con un hombre que no quiso posar más sus ojos en ella.

Y ahora, después de todo por lo que pasó, estaba otra vez en la cama con Viktor.

Se avergonzaba de sí misma. Giró y enterró el rostro en la almohada. No tenía argumentos para presentar en su defensa. Cuatro años atrás ella amó al búlgaro de verdad e imaginó que ahora, tal vez cambiado, él desease algo más que apenas sexo. En su ingenuidad lo imaginó así.

¡Cómo se equivocó!

Un deseo abrasador los juntó; pero, apagado el fuego de la pasión, volvieron a estar separados. Viktor la despreciaba, tenía una opinión negativa sobre sus principios morales.

Solo quiso humillarla; usarla como fue usado un día, según creía.

Pero... reflexionaba la castaña,

¿cómo pudo ella aceptar y sentir placer en los brazos de un hombre que odiaba? ¿Y cómo continuar viviendo con la cabeza levantada sabiendo que, en el instante en que él la desease, estaría pronta para recibirlo?

— Cambié de idea sobrre llevarrte a vivir conmigo —dijo él, quebrando el silencio reinante.

Claro, pensó la mujer de ojos caramelos, Viktor ya había conseguido lo que deseaba, y con el mínimo esfuerzo.

En cuanto a ella, sería una idiota si aceptase la oferta de vivir bajo el mismo techo, sabiendo ahora los sentimientos de él.

— Serr atendida por sirvientes en un ambiente lujoso servirría apenas para confirrmar que puedes obtenerr todo lo que quierres usando como pago el sexo —el búlgaro agregó, como si estuviese hablando con una prostituta declarada, cuyo pecado fue entregarse al amor.

— Quiero que te vayas ya —ella dijo al fin, con voz ahogada, pues continuaba con el rostro enterrado en la almohada.

Hermione quería que Viktor se retirase antes que comenzara a llorar.

— Cuando me digas donde pusiste todo aquel dinerro que me rrobaste, entonces te encontrraré un lugar mejorr para vivir —declaró fríamente. — Por ahorra, busca un trrabajo, un empleo respetable, para no ser tentada nuevamente a conseguir dinerro por medios ilícitos. —

La castaña levantó la cabeza, sus ojos transformándose en fuego, y dijo: — ¿Qué quieres que haga? ¿Que trabaje como conserje? —

— No imporrta lo que hagas, mientrras sea un trrabajo honesto. —

Mione cayó en llanto, todo su cuerpo comenzó a sacudirse violentamente.

Viktor llego cerca de la cama, y ordenó: — ¡Basta con eso! —

— ¡No lo consigo! —

— Inténtalo. —

Ella alejó su mirada, no quería encararlo más.

Por Dios, Viktor la acusó de criminal, la persiguió tenazmente hasta expulsarla del empleo, impidió que tuviese una promoción, y ella ahora lo compensaba ofreciéndole su cuerpo.

Santo Dios, ¿qué enfermedad tenía? ¿Qué estaría pasando?

— No me vengas con fingimientos diciendo que no me deseas, tanto como yo —Krum declaró con fiereza. — Y no me confundas con tus otrros amantes, lágrrimas de cocodrrilo no me conmueven. Puedo ver a trravés de tus ojos...—

— ¡Eres un ciego! —Mione murmuró.

— Soy más fuerrte que tú. Más duro que tú —declaró resentidamente. — y temible cuando me irrito. Acuérrdate siemprre de eso, y nos llevarremos bien. —él abrió la puerta y dijo: — a las ocho, esta noche. En ese momento estarrás más calmada. Te llevarré a cenar. —

— ¡No me digas! —la castaña murmuró. — ¿Me quieres alimentar para que tenga fuerzas en la cama? ¿Es eso? —

Ella estaba más furiosa consigo misma que con Viktor, perdió completamente el control en sus brazos. Y concluyó que el búlgaro la usaría hasta cansarse, y después la dejaría.

— ¿Qué te pasa? —preguntó él ahora con imperturbabilidad.

— ¡Nada! —

— Parra con esa actitud histérrica, entonces. —

— Estoy cansada, solo es eso. —

Él ya estaba en la puerta y volvió, con manos gentiles alejó una mecha de cabellos acaramelados del rostro de ella, y susurró, agachándose al lado de la cama:— Estarría mintiendo si dijese que lamento lo que pasó hace poco, y te exijo que nunca adquierras una actitud defensiva cuando estás conmigo. —

¿Actitud defensiva?, pensaba Mione.

¡Qué ironía!

Viktor Krum destruyó todas sus defensas en un único encuentro, y parecía ignorar lo que ese encuentro significó para ella.

— Duerme ahora... Bozhe moĭ... ¿Cómo puede una perrsona dormir en este nido? —él murmuró con grima. Tomó su mano enseguida, enterándole una llave. — Puedes quedarrte en mi casa de la ciudad, perro solo por uno o dos días. Mandarré un automóvil a buscarte dentrro de una horra. —él se enderezó el cuerpo y fui hasta la puerta: — vuelvo a casa a las seis más o menos. —

Y, en aquel instante, Hermione leyó con claridad la mente de él.

Se encogió toda.

Oyó la puerta cerrarse y un sollozo murió en su garganta adolorida, nunca más permitiría que Viktor volviese a hacerle lo mismo. Saldría de su apartamento para siempre, mucho antes de la hora marcada.

¿Sería eso huir como un conejito cobarde?

Si, tal vez. Pero, con la poca resistencia que tenía cuando estaba en compañía del búlgaro, solamente una nueva vida la salvaría de la ruina. Para Viktor Krum ella no pasaba de una prostituta que merecía todos los insultos que le eran dirigidos. No importaba el hecho de que esa mujer nunca habría tenido otro hombre...

Su orgullo e inteligencia no contaban para Viktor.

Tampoco sus emociones.

Lo único que le importaba a él era humillarla por supuestamente robarle

Hermione se sentía perdida en un mar de dolor, cansada de luchar y de enfurecerse. No recordaba haber pasado por una experiencia semejante, tan amarga, en su vida. Pero, muy en el fondo de su mente sabía que, a pesar de todo, huir no ahogaría su dolor.

El dolor continuaría con ella por mucho tiempo.

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Notas finales:

¡¿les gusto el capítulo?!

Me encanta esta novela, de veras. Y espero que les esté gustando esta adaptación, como ya saben la historia es propiedad de Lynne Graham.

Las frases que dice Viktor, son exclamaciones de asombro, ¡Madre de Dios! o ¡Dios mio! y ¡Por el amor de Dios!

No se olviden de comentar y darme su opinión al respecto.

Un besito a todos.

Hasta la próxima :3