Disclaimer: los personajes y la historia son propiedad de su respectivo creador
Advertencia: los personajes contienen Ooc. AU Mundo alternativo
…
…
…
CAPÍTULO IV
— ¿Cuándo puedes comenzar? — preguntó Ronald Weasley.
— El martes, si quieres —respondió Mione. — ¿estás seguro que quieres que trabaje aquí? —
— Mione, ¿te olvidaste que te ofrecí este mismo empleo cuatro años atrás? ¿y que fuiste demasiado orgullosa para aceptarlo?—
El celular sonó. Ronald lo atendió.
La castaña se fue, preguntándose si tomaba la decisión correcta aceptando el empleo de secretaria, el mismo que un día rechazó. Pero ahora le urgía mucho. Los tiempos cambian, ¿no?
Hasta la muerte en un accidente de carro, los padres de ella vivían en una casa alquilada en Thwaite Manor, donde también vivían Ron uno de los hermanos mayores de Ginny y mejor amigo de Harry. Todos crecieron juntos, pues eran vecinos.
De adolescentes, Harry estuvo de novio con Ginny y Ron con Mione. Todos creían que no había duda que un día se casarían; aunque Hermione fuera renuente en aceptar el hecho, Ronald tenía la esperanza que todo saldría bien. Pero eso no pasó. Ya de adulta, la castaña tuvo coraje de encarar los hechos y decirle a Ron que no lo amaba. Harry y Ginny ya estaban casados en aquella ocasión y quedaron desolados, en especial al constatar la desilusión del pelirrojo. Hermione llegó a sentirse culpable por haber cambiado, mientras que el Weasley menor continuaba siendo el mismo. Su complejo de culpa aumentó cuando Ron, sabiendo que ella estaba embarazada, le propuso casamiento. Hermione prefería que él no lo hubiese hecho, pues sufrió mucho por tener que decirle que no.
Consecuentemente, se sintió incapaz de aceptar el empleo que le ofrecía. El trabajo sería la solución, pero estaba segura que Ronald continuaría con la esperanza de un día casarse. Pero, en las circunstancias actuales, habiendo cambiado tanto las cosas, resolvió aceptar su generosidad. Además, Ron ahora tenía un noviazgo firme, y con el pasar de los años la relación entre ellos se fue poniendo menos íntima.
La castaña dio un salto cuando el pelirrojo gritó: — ¡Marión! Sal ya de ahí.—
Hermione vio un enorme jarrón oscilando en el aire. Una cabeza cubierta de cabello marrón y un par de ojos tan negros como la oscuridad de un pozo profundo, apareció de repente muy cerca del jarrón.
Marión pronunció una mala palabra, de la que cualquier madre quedaría horrorizada de oír, en especial saliendo de los labios rosados de una niña de poco más de tres años.
— No reacciones —dijo Weasley con una sonrisa, al ver la mirada escandalizada en los ojos caramelos de ella. — De acuerdo con mi hermana, Marión se olvidará de todo si no haces mucho alboroto. —después de una pausa, Ron agregó: — ¿Que tal un café? —
— Me encantaría, pero estoy a cargo de los niños esta tarde. —
— Es mucho mejor que tú cuides a Marión, que cualquier otra persona — comentó el pelirrojo rascándose la nuca. —ella es una niña difícil, con una voluntad de hierro, y el temperamento de un huracán cuando se enfada.—
En aquel instante, Marión tiraba arena a los otros niños, cosa que le fue prohibida varias veces.
.
— Eres una niña mala —dijo Mione tomándola de la mano, mientras caminaban de regreso a la mansión.
— Soy buena, mamá —ella respondió, haciendo cara de gatito abandonado bajo la lluvia. Se veía tan bonita con el vestido rojo de lunares blancos y las dos coletas que le había hecho, que casi hizo que cediera. Casi
—Entonces ¿porque le arrojabas arena?—
La pequeña niña no respondió, solo frunció los labios y el entrecejo mirando hacia otro lado. Para acto seguido soltarse de su agarre y salir corriendo por delante, balanceando la tela de su vestido.
La hija de Viktor era tan parecida a él en cuanto a carácter se refería, Hermione reflexionaba con tristeza. Además de sus ojos y tez, también había sacado su temperamento, no obstante tenía un tamaño diminuto. Con tres años y medio era pequeña para su edad; pero, por causa de su naturaleza agresiva ningún niño osaba molestarla. Marión era brillante y necia... Y en general se comportaba mal, Mione tenía que reconocerlo.
Con todo, Harry y Ginny siempre la trataron exactamente igual de como trataban a sus tres hijos, James, Albus y Lily, criaturas fáciles de lidiar.
Marión era diferente, un extraño en el nido, con su temperamento explosivo. Nunca había sido sometida a la mano firme de la disciplina, como sería indispensable en su caso, la castaña recapacitó, sintiéndose culpable.
.
— ¿Y bien? —preguntó Ginevra a la castaña, ni bien ella entró en la enorme cocina de la mansión.
— Voy a comenzar el martes.—
La pelirroja sonrió, satisfecha.
Ella y Hermione pese a ser mejores amigas era chicas muy diferente, no solo en cuanto a físico se refería, sino también en carácter. Mientras que Ginny era muy dinámica y sociable Hermione era más austera y seria. Ambas veían la vida con distintos ojos.
— Que bueno que finalmente tomaste una decisión —dijo Ginny. — nosotros cuatro vamos a cenar fuera esta noche para celebrar. —
— Está bien, pero creo que a la novia de Ron le gustaría ir también — la castaña observó.
— Lavender está viajando de momento —comentó la pelirroja de ojos cafés frunciendo el ceño. — al final, ¿qué tiene ella que ver? Ron y Lavender aún no están comprometidos ó... Voy a reservar una mesa para nosotros en el Coach... —
—¡No! —Mione la interrumpió.
— ¿Por qué no? —Ginny ya tenía el teléfono en la mano.
Hermione suspiró. Por lo visto, su amiga aún soñaba con verla casada con su hermano, como si se tratase de una historia de Romeo y Julieta. — No me parece buena idea. —
— ¿Algo más pasó entre tú y Krum?—
La castaña se sonrojó. Tomada por sorpresa, no tuvo tiempo de prepararse para fingir indiferencia.— Yo... —
—No reaccionaste con él, ¿ó si? —indagó la pelirroja. — ¡otra vez! No voy a aguantar más eso. Tomaré el arma de Sirius, iré a Londres y mataré a aquel desgraciado. —
—¡Ginny! —
— ¡Cierra la boca! —ordenó la pequeña Weasley. — tú lo proteges. Aún lo proteges. Harry y yo ya nos ofrecimos para llevarlo a tribunales, pero no quieres... —
— No estoy protegiendo a Viktor, estoy protegiendo a Marión.—Mione susurró. — Sabes como un caso de esos traería publicidad, y no estaría en condiciones de esconderle el hecho a ella. No podría llevar al padre de mi hija a juicio. —
—Dormiste con él una vez. Y ahora, ¿lo volviste a hacer? —Ginny preguntó, incrédula.
— No quiero hablar del tema. —la piel cetrina de Hermione estaba pálida.
— ¿Aún lo amas? —
—No seas ridícula. —
— Eres mi mejor amiga, pero no te entiendo. —la pelirroja ahora hablaba con voz penosa. — mi hermano te adora. Es un muchacho simpático, cariñoso, con un corazón de oro y tiene éxito en los negocios. Si quieres llevar la vida a tu modo, ¿por qué no con Ron? Al menos un día él se casaría contigo. —
— Es mejor que me apresure, ¡de lo contrario me atrasaré! ¡tengo tanto que hacer! —observó la castaña, ignorando las palabras de su amiga y subiendo al cuarto.
…
…
…
Dos horas más tarde, después de haber lavado los platos del almuerzo, fue a sentarse al lado de Sirius que dormitaba en la silla de mimbre, en el jardín. Un gran sombrero de paja le cubría el rostro.
— ¿Con problemas de nuevo? —él indagó, haciendo saltar a Mione. Ella creía que el hombre estaba entregado a un sueño pesado.
— ¿De dónde sacaste esa idea? — Hermione preguntó.
— Oí a Ginny discutiendo contigo. —él suspiró. — ¿qué tal pasar el otoño con Marión en mi casa de campo? Ambas necesitan un poco de privacidad. —
—Creo que sí. —la castaña se sonrojó, preguntándose cuanto habría oído de la conversación.
Los niños jugaban en el jardín, en una casa de madera que Harry construyó para los cuatro, al menos los hijos de él, pues Marión estaba apartada jugando sola con tierra.
El día estaba lindo pero el sol no conseguía elevar la moral de Hermione. Ella ya había partido de Londres hacía dos semanas. No comía ni dormía bien. El silencio del campo, esta vez, no ejercía la magia de siempre.
— Quiero mucho a la esposa de mi ahijado, pero reconozco que su vida fue muy fácil hasta ahora. Se casó con su amigo de la infancia, a los diecinueve años, y nunca tuvo que luchar por su supervivencia. Todo lo que ella deseó le fue presentado en bandeja: un marido, un hogar, hijos. Hazle acordar de esa realidad la próxima vez que discutan. —
—Ginny ha sido muy buena conmigo... —
— ¡No cuando te continúa metiendo a su hermano garganta abajo! pude presentir, desde que tenías dieciséis años, que jamás te casarías con Ron. Él no es hombre para ti. —
Mione dejó escapar un suspiro. A veces Sirius la perturbaba. Leía su mente como si fuese un libro abierto.
— Eso era tan claro como la luz del día —continuó. — Por el hecho de que Ron es su hermano y el mejor amigo de Harry, Ginny creía que todo saldría bien entre ustedes y se casarían.—
—Pero yo lastimé mucho a Ron... —
— Y lo lastimarías mucho más si cedieras a las insistencias de su hermana para que se casasen. —después de una pausa, Sirius preguntó: — ¿Es un ruido de un auto lo que estoy oyendo?—
Hermione giró la cabeza en el mismo instante en que un auto entraba por el jardín. Un Masseratti. Quedó paralizada en el lugar donde estaba.
— ¿Quién es? — el hombre rumió.
Viktor saltó del auto, sin darse el trabajo de cerrar la puerta. Atravesó la grama en largos pasos y se sacó los lentes de sol, poniéndolos en el bolsillo del saco. Se veía realmente imponente y el gesto crispado de su rostro no hacia más elevar aquello.
— La Mafia llegó —susurró Sirius, divergiéndose.
Mione quedó aniquilada. Sólo de ver a Krum tuvo la sensación que él la agarraba del cuello.
— Voy a llevarrte de regrreso a Londres conmigo —mascullo él entre dientes. — No te prreocupes en hacer las maletas, ¡sólo entra en el auto! Me encargarré que trraigan tus cosas más tarrde. —
Sirius lo miró con intenso interés. Y la castaña recordó inmediatamente las mentiras que conto en Londres, dando a entender que tal vez hubiese alguien que se interesaba por ella en el lugar donde pasaba los fines de semana.
— Y, en cuanto usted…—el búlgaro declaró, dirigiéndose al padrino de Harry, con una mirada fulminante—. ¿No ve que Hermione podrría ser su hija? —
— ¡Viktor! —Mione lo reprendió.
Sirius encaraba a Viktor, con sus brillantes ojos pardos. Parecía divertirse. — ¿Él es siempre así? —preguntó el viejo. — ¿Ó fue mordido por una animal venenoso? —
—Viktor... te mentí... —
— ¿Sobrre qué? —él la arrastró al coche. En aquel exacto momento, alguien encendía el motor.
— ¡Oh, mi Dios! —Mione gimió, al ver las flores amarillas que coloco en una de las coletas de Marión.
La niña se sentaba en el asiento del conductor. Viktor fue el primero en llegar al auto. Agarró a Marión y la sacó del interior del auto. La niña enojada reaccionaba con puntapiés. Ella no lo vio acercarse, y se divertía al volante. La castaña quedó aterrada cuando Marión enterró sus dientes en la mano de Viktor.
— ¡Dios! ¡es un animalito! —él miraba su mano que tenia profundas marcas de dientes. Marión pronunciaba palabras de baja calaña y miraba a Viktor como un boxeador pronto para la lucha. — ¡que niña malcriada! —el azabache exclamó, refregando su mano magullada. — Y sucia también.—
— ¿Quién es malcriada? —la niña de ojos onix protestó. Ella no sabía que su madre ya estaba cerca.
Los tres hijos de Ginny también se aproximaban, pues oyeron los gritos de su prima. James, un niño de ocho años, insistió con Marión para que pidiese disculpas.
— Marión nunca pide disculpas —se quejó Albus.
— Disculpe —dijo Lily, una niña pelirroja, más ó menos de la edad de Marión. Por lo visto, ella ya había adquirido el hábito de pedir disculpas en nombre de su prima.
— No pido disculpas —berreó niña, encarando a Krum sin el más mínimo miedo.
— ¿Qué estás haciendo ahí parada? —él le preguntó a la castaña. — Entrra en el auto. Pero… ¿sobrre qué me mentiste? —
Marión le agarró el pantalón, insistiendo: — ¡No pido disculpas! —
— Si, si. Ahorra anda a jugar a otrro lado—el ojionix ordenó, haciéndose de paciencia.
— No me manda a mí —Marión protestaba, pronta para la pelea. — es un hombre muy malo. —
— James, por favor, lleva a Marión a dentro —pidió Mione, recuperando el coraje.
Mientras el primo mayor arrastraba a su hija, ella iba frunciendo mas su entrecejo hasta que finalmente exploto en llanto, pidiendo ayuda a su madre. Enterrando las uñas en la palma de su mano para contener ganas de ir y tomar a su hija en brazos, la castaña ignoró la súplica.
— ¿Sobrre qué me mentiste? —Krum volvió a preguntar llamando su atención.
— Antes que nada, dime. ¿Cómo me encontraste? —
— Tengo mis métodos. Pero te prregunté sobrre que mentiste. —
Cuando los sollozos de Marión disminuyeron a la distancia, la castaña respiró, aliviada. Todo lo que quería de momento era librarse de Viktor ¿Sabría él que aquella era la casa de sus mejores amigos?
—Sirius no es mi amante —Mione confesó. — Y estoy aquí con amigos. —
— ¿Y cuál de esos amigos es tu amante?—
Mione quedó llena de rabia, y no respondió. Apenas dijo: — Quiero que te vayas—
— No me voy sin ti.—
Los dos miraron hacia portón al oír el ruido de un coche que se aproximaba.
Era Ron.
— Por favor, vete —Mione ahora suplicaba.
— ¿Qué diablos está haciendo aquí, Krum? —indagó Ronald
— Viktor ya estaba de salida —Hermione explicó, intentando calmar los ánimos de los dos hombres.
— Preséntame —dijo el azabache, con los ojos lanzando llamas.
—Ron. Ronald Weasley—dijo Ron, poniéndose al lado de Mione, en actitud protectora. — Y, si no sales de esta propiedad inmediatamente, tendrás dificultades. —
— ¿En serio? —el búlgaro sonrió.
— Si, no lo dudes —respondió el pelirrojo.
—Ron, por favor —pidió la castaña.
— Vengo esperando por este momento desde hace mucho tiempo —dijo Weasley furioso.
— Hermione va a volverr conmigo a Londres.—
Una vez constatado que no tenía nada más que hacer para convencer al ojionix, Mione se dirigió al pelirrojo. — Esto no tiene nada que ver contigo Ron—dijo.
— ¿Nada que ver conmigo? ¡él te robó de mí hace cuatro años! —Ron vociferó, aún sabiendo que no era verdad. Ella rompió con él dieciocho meses antes de comenzar a trabajar en las Industrias Krum.
— Y estoy dispuesto a hacerr eso de nuevo, pero no voy a perrder el tiempo contigo. Siéntate en el auto mila que nos vamos ahorra.—Viktor declaró.
— Paren con la discusión... ¡los dos! Los niños pueden presenciar todo. ¿Están locos?—
Ron avanzó contra Krum y este reaccionó al ataque dándole un golpe en el estómago, haciéndolo caer al piso, con un gemido.
— Entrra en el auto —le exijo a Mione enseguida. — porrque si este tipo se levanta, acabarré con él. —
— No puedo, tengo que encargarme de los niños. —
— Ve a hacer un paseo en carro, Mione —sugirió Sirius—. Eso dará tiempo para que estos dos se calmen. —
La castaña se revolvió. «¡Hombres!», pensó, son todos iguales.
— No tengo la mínima intensión de entrar en el auto con él —expresó. — Y, si hubiera más peleas, usaré la manguera del jardín para calmar los ánimos.—
El azabache simplemente la cargó en brazos y la arrojó, como si se tratase de un paquete, dentro del Masseratti. Se sentó a su lado antes que Hermione se recuperase de la sorpresa.
— Déjame salir ya. —
— Tú crreaste la situación; porr lo tanto, merreces todo lo que está pasando —acuso él, poniendo el vehículo en marcha.
La castaña hizo un esfuerzo para abrir la puerta; pero estaba trancada.
Krum frenó el carro al llegar al portón y preguntó, con los ojos llenos de odio: — ¿Hace cuánto conoces a Weasley? —
—No te incumbe.—
Viktor agarró los cabellos castaños de ella, impidiéndole moverse.— No me hables así —dijo. — Estoy haciendo un esfuerrzo enorrme para no perrderr la cabeza.—
La atmósfera se tornaba cada vez más explosiva. Los ojos color caramelo de Mione enfrentaban los profundos y oscuros de Viktor. Ella estaba bastante tensa. Además, se sentía en ese estado desde hacía dos semanas. Era como si estuviese presta a morir.
— No tenías derecho de venir aquí —se quejó.
— ¿No? —con el dedo pulgar él contorneó el labio inferior de Hermione; y ella se estremeció.
— Quiero, ver la evidencia que tienes contra mí. —
—No. Es confidencial y está guardada bajo siete llaves. —
— Entonces, llévala a las autoridades. No voy a permitir que me chantajees. Haz lo peor, y... —
— ¿Qué tal si hiciera lo mejorr? —el azabache se inclinó y colocó el pulgar entre los labios de ella, buscando la humedad, el calor de la lengua. — ¿sabes que puedo hacer lo mejor si quierro? —
Un estupor fuera de lo común se apoderó del cuerpo de Mione, haciendo que sus brazos y piernas pesaran mucho. Ella sentía también el peso de sus senos. Deseaba ardientemente que Viktor la tocase; y su necesidad era tan grande que llegaba a doler.
— Ni es prreciso que lleguemos a lo mejorr. Un toque de mis manos ó labios es suficiente. —Krum miraba el rostro ruborizado de Hermione, los ojos suplicantes.
— No consigues controlar tus necesidades.—
—Pero yo puedo... —
— ¿Puedes? —ella levantó su mano queriendo acariciar su rostro. Le hipnotizaba el aroma masculino del búlgaro. Y él le mordió suavemente los dedos, antes que ella pudiese impedirlo.
La castaña olvido respirar mientras Krum los chupaba, uno a uno. Estaba como envenenada, al borde de una erótica anticipación, y tan intensa que la consumía.
— Viktor... —Mione emitió un jadeo ligado con un gemido, deseando contacto más íntimo.
El azabache le agarró de los hombros. — ¡Dios! ¡Cómo te deseo! El caso es que, después de calcinarnos, me prreguntaría si harías lo mismo con Weasley. Crreo que sí. Al final, él es del tipo que pondrría luego una alianza en tu dedo. No me sorprrende el hecho que no quieras que te encontrrara. Sería sexo conmigo y segurridad con él. ¿Concuerrdas? —
— Ron no es mi amante... —
— Apenas una flecha de reserrva para tu arco de Cupido. ¿Acerté? —el búlgaro rió, con sarcasmo y desdén. — ¿Cuántas flechas más tienes de reserva? Llevas una doble vida, Hermione. Casi me olvidaba de Bagman y su humilde empleo que sin duda se transformarrías en altamente lucrrativo si no fuese por mi interferrencia. Aquella casa allá arriba, ¿es de Weasley? —
Mione estaba furiosa porque Viktor mencionara todo aquello. ¿Cómo pudo haberse olvidado, por un momento, el modo como él la trató? Si, se olvidó completamente. Si no fuese por el control de él, mayor que el de ella, habrían hecho el amor allí mismo, en el auto. Se avergonzaba por su incapacidad de resistir a la desesperada hambre que Viktor le despertaba.
— ¡No! La casa no es de Ron. —
—Ah, sí. Tal vez no sea lo suficientemente rrico para tus ambiciones. Quien sabe Weasley sea simplemente una reserrva, en caso de necesidad. ¿De quién es la casa?—
— No te voy a contar. —
—Lo descubrriré. Sabes eso, ¿no? —
— Por favor, déjame en paz —Mione suplicó. — Y olvídate que me conociste un día. —
— Harré eso después que te tenga en mi cama durrante algún tiempo. —
— Eres un infeliz… lo que pasó ahora, no pasará nunca más. —
—Me deseas tanto Hermione, que no conseguirrás alejarrte de mí.—
El dolor de la humillación la sofocaba. Estaba segura que, para Viktor, no pasaba de una prostituta, una mujer deshonesta, promiscua y ávida de dinero. La despreciaba, y usaba el sexo sólo para reducirla a un ser indigno, física y emocionalmente.
— No soy lo que piensas —la castaña murmuró. — ¡Y no entiendo porqué me odias tanto! —
—Algún día te lo contarré. —él tenía el rostro duro como piedra.
Metió marcha atrás y ella preguntó. — ¿Qué estás haciendo? —
—Estás tan desesperrada por verrme lejos de aquí, ¡que quiero descubrrir porqué!—
Desconfiando de las intenciones de Krum, Hermione protestó: — ¡No! No vuelvas a la casa. —
— Tú creaste el problema, mila, ¡tus dos mundos están a punto de chocar! ¿lo notas? —
— ¡La casa es de Sirius! —la castaña dijo deprisa. — De Sirius Black. Ron es hermano de la esposa de Harry, su ahijado... —
—Me dijiste que ese hombrre era una visita. ¿Acaso eres una mentirrosa compulsiva, Hermione?—
— No estoy mintiendo esta vez. Sólo no quiero otra escena. —
—¿Ó tal vez estés aterrada por si Weasley descubrre un poco mucho sobrre ti? —sugirió Viktor, de manera desagradable.
— No vuelvas a casa de Sirius. —
Viktor deslizó el dedo muy lentamente a lo largo del brazo de ella, provocándola. Mione se puso rígida.
Él la besó entonces, casi destrozándole los labios. Pero no dolió, sólo la excitó. Con la lengua él le probaba los labios, llevándola a la locura. Y Mione deseaba más, cada vez más. De súbito, sin darse cuenta de cuando pasó, notó que ya no estaba sentada, sino sobre él con las piernas al lado de su cadera. Viktor rozó con la mano en las trémulas piernas, alejando el vestido del camino.
Ella estaba completamente sin control, el corazón disparado. Se agarraba a Viktor, a sus cabellos, al cuello, y él le acariciaba el trasero firme. Inesperadamente, alguien golpeó la ventana del coche, gritando. La castaña irguió los pesadas párpados, bien lentamente. Una alarma contra incendio no tendría efecto más desastroso. Ella sentía su alma separada de su cuerpo. Viktor maldijo en búlgaro, furioso por haber sido interrumpido.
— Cristo... tú, Hermione, me haces hacer locuras —la condenó abruptamente, separándose.
Mione lo miro mientras se apartaba. ¡¿Ella lo hacía hacer locuras?! ¡¿ella?! El eterno síndrome de Eva, Mione reflexionaba amargamente. Sólo en aquel instante reconoció el auto rojo estacionado, y evidentemente abandonado a las corridas, a un lado del portón... Era el auto de su Ginny.
Hermione quedó pálida de horror. Krum, inconforme por haber sido sorprendido en aquellas circunstancias, e inexplicablemente, en vez de irse, como la castaña esperaba, abrió la ventana en busca de aire. Hermione se aparato lo más que pudo, escondiéndose detrás de él, en pánico al oír a su amiga pelirroja gritar.
— ¡¿Creé que este es un lugar para encuentros de amantes?! —Ginny no conseguía disfrazar su irritación. — ¿Cómo se atreve estacionar en la entrada de mi casa, y portarse de manera ultrajante? ¡Eso es una vergüenza!—
Aterrada, Hermione susurró al oído de Krum: — ¡Vete, por el amor de Dios!—
…
…
…
Notas finales:
Uff aquí este capítulo, ya casi me dan unas semanas de vacaciones en la universidad antes de que comience el nuevo semestre, tal vez pueda actualizar más pronto el próximo capítulo.
Espero que les haya gustado.
Hasta la próxima, no se olviden de comentar.
U n besito a todos :3
